Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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lunes, 20 de mayo de 2024

Maria Madre de la Iglesia


 El concilio Vaticano II, después de haber proclamado a María «miembro muy eminente», «prototipo» y «modelo» de la Iglesia, afirma: «La Iglesia católica, instruida por el Espíritu Santo, la honra como a madre amantísima con sentimientos de piedad filial» (Lumen gentium, 53).

A decir verdad, el texto conciliar no atribuye explícitamente a la Virgen el título de «Madre de la Iglesia», pero enuncia de modo irrefutable su contenido, retomando una declaración que hizo, hace más de dos siglos, en el año 1748, el Papa Benedicto XIV (Bullarium romanum, serie 2, t. 2, n. 61, p. 428).

En dicho documento, mi venerado predecesor, describiendo los sentimientos filiales de la Iglesia que reconoce en María a su madre amantísima, la proclama, de modo indirecto, Madre de la Iglesia.

2. El uso de dicho apelativo en el pasado ha sido más bien raro, pero recientemente se ha hecho más común en las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia y en la piedad del pueblo cristiano. Los fieles han invocado a María ante todo con los títulos de «Madre de Dios», «Madre de los fieles» o «Madre nuestra», para subrayar su relación personal con cada uno de sus hijos.

Posteriormente, gracias a la mayor atención dedicada al misterio de la Iglesia y a las relaciones de María con ella, se ha comenzado a invocar más frecuentemente a la Virgen como «Madre de la Iglesia».

La expresión está presente, antes del concilio Vaticano II, en el magisterio del Papa León XIII, donde se afirma que María ha sido «con toda verdad madre de la Iglesia» (Acta Leonis XIII, 15, 302). Sucesivamente, el apelativo ha sido utilizado varias veces en las enseñanzas de Juan XXIII y de Pablo VI.

(…)

El Papa Pablo VI habría deseado que el mismo concilio Vaticano II proclamase a «María, Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores ». Lo hizo él mismo en el discurso de clausura de la tercera sesión conciliar (21 de noviembre de 1964), pidiendo, además, que «de ahora en adelante, la Virgen sea honrada e invocada por todo el pueblo cristiano con este gratísimo título» (AAS 56 [1964], 37).

De este modo, mi venerado predecesor enunciaba explícitamente la doctrina ya contenida en el capítulo VIII de la Lumen gentium, deseando que el título de María, Madre de la Iglesia, adquiriese un puesto cada vez más importante en la liturgia y en la piedad del pueblo cristiano.

(Juan Pablo II de la  AudienciaGeneral 17 de septiembre de 1997)

Aprovecho la oportunidad de esta festividad mariana para recordar mi post 

Juan Pablo II y la dimensión de su carisma mariano (2 de 2) Catequesis sobre la Santisima Virgen Maria 

lunes, 29 de mayo de 2023

María "Madre de la Iglesia" en la Plaza San Pedro


 (foto del articulo de Osservatore Romano, utilizado tambien como fuente parcial)

Al acercarnos a la Basílica de San Pedro vemos al costado derecho sobre el Palacio Apostólico un mosaico de Nuestra Señora Mater Ecclesiae Madre de la Iglesia y debajo de la imagen el escudo de Juan Pablo II con su lema Totus Tuus, imagen muy querida por quienes la asociamos tan directamente con Juan Pablo II.

La historia de la imagen va mas allá en el tiempo pues se trata de una imagen histórica, “rebautizada” por el Papa Pablo VI y anunciado su nombre en la catequesis del 18 de noviembre de 1964 . “Maria, - decia el Papa Pablo VI – como sabemos, ocupa una posición singularísima; Ella también es miembro de la Iglesia, ha sido redimida por Cristo, es hermana nuestra; y precisamente en virtud de haber sido elegida Madre del Redentor de la humanidad, y en razón de su perfecta y eminente representación del genero humano, puede considerarse con todo derecho moral y típicamente Madre de todos los hombres, y especialmente nuestra como creyentes y redimidos, Madre de la Iglesia, Madre de todos los Fieles. Por ello, queridos Hijos e Hijas, nos complacemos en anunciarles que concluiremos esta sesión del Concilio Ecuménico, que ha delineado la doctrina de la Iglesia, con el gozo de otorgarle a Maria el titulo que tan bien le corresponde de Madre de la Iglesia «Mater Ecclesiae».

San Juan Pablo II recordaba este nombramiento durante su visita a Brescia en 1982 en su encuentro con el pueblo de Concesio (pueblo natal de Giovanni Battista Montini, el Papa Pablo VI)

Y también lo recordó el Santo Padre Benedicto XVI en el rezo del Ángelus desde la Plaza Pablo VI de Brescia en su visita apostólica a Brescia y Concesio en el 2009.

Por otro lado Juan Pablo II Juan Pablo II explica exhaustivamente el origen y las razones del nombramiento de María como “Madre de la Iglesia” en su Audiencia del 17 de septiembre de 1997.

La imagen (mosaico) de la Plaza San Pedro mide unos 2,5 mts de altura y fue colocada allí entre noviembre y diciembre del año 1981. Después del atentado que sufriera el Papa las autoridades del Vaticano quisieron dejar un signo visible y así se decidió dejar marcado el lugar del atentado, donde ahora, entre el adoquinado del costado derecho (Porta di Bronzo) fue colocada una placa de mármol con el escudo de Juan Pablo II y la fecha del atentado.




Pero el Papa convencido que debía su vida a la intervención de la Virgen María quiso tener en la plaza una imagen de María recordando además que ya alguien le había expresado que en la plaza “faltaba” algo porque entre las estatuas de Cristo, los apóstoles y los santos no estaba presente la Virgen María. Fue así que se decidió encontrar un lugar y el Papa expreso su deseo que fuese una imagen de María como Madre de la Iglesia. La imagen elegida fue el fresco histórico que había sido salvado y transferido a la nueva Basílica después de completada la cúpula de Miguel Angel. Esta imagen original se encuentra en la Capilla de la Columna situada en el costado izquierdo de la Basílica, imagen que llamada asi porque había sido pintada sobre una columna de la vieja basílica, colocada en este altar recién en 1607.

 


En esta imagen se inspira la reproducción en mosaico que ahora vemos en la Plaza San Pedro sobre un remate esquinero que sobresale del complejo mayor del Palacio Apostólico. (segun la foto al comienzo de este post).

 San Juan Pablo II bendijo la imagen de su protectora el 8 de diciembre de 1981 durante  Ángelus  

“Hoy, solemnidad de la Inmaculada Concepción, rezamos nuestra plegaria del Ángelus, por primera vez, ante la Virgen Santísima, Madre de la Iglesia, que mira a la Plaza de San Pedro desde el mosaico, colocado en un ángulo de este Palacio Apostólico. En el marco de esta plaza estupenda faltaba una imagen, que evocase también visiblemente la presencia de Aquella a quien "la Iglesia católica, instruida por el Espíritu Santo, venera como Madre amantísima con afecto de piedad filial" (Lumen gentium, 53). Estoy contento de inaugurar, en la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, este testimonio de nuestro amor y devoción, y confío que Ella, con solicitud constante, quiera continuar "cuidándose de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad" (cf. ib., 62) permitiendo también a nuestra generación experimentar la invencible potencia de su protección materna. Ahora bendeciré la imagen de la Virgen "Madre de la Iglesia", manifestando el deseo de que todos los que vengan a esta plaza de San Pedro eleven hacia Ella la mirada, para dirigirle, con sentimiento de filial confianza, el propio saludo y la propia oración.”





sábado, 21 de mayo de 2022

La presencia de Maria

 


La Iglesia de todos los tiempos, comenzando por el Cenáculo en Pentecostés, rodea siempre a María de una veneración particular y se dirige a Ella con una peculiar confianza.

La Iglesia de nuestro tiempo, mediante el Concilio Vaticano II, ha hecho una síntesis de todo lo que se había desarrollado durante las generaciones. El capítulo VIII de la Constitución dogmática Lumen gentium es, en cierto sentido, una “carta magna” de la mariología para nuestra época: María presente de modo particular en el misterio de Cristo y en el misterio de la Iglesia, María, “Madre de la Iglesia”, como comenzó a llamarla Pablo VI (en el Credo del Pueblo de Dios), dedicándole después un documento aparte (Marialis cultus).

Esta presencia de María en el misterio de la Iglesia, esto es, al mismo tiempo en la vida cotidiana del Pueblo de Dios en todo el mundo, es sobre todo una presencia materna. María, por así decirlo, da a la obra salvífica del Hijo y a la misión de la Iglesia una forma singular: la forma materna. Todo lo que se puede proponer en el lenguaje humano sobre el tema de la “índole” propia de la mujer-madre —la índole del corazón—, todo esto se refiere a Ella.

María es siempre el cumplimiento más pleno del misterio salvífico —desde la Inmaculada Concepción hasta la Asunción— y es continuamente un preanuncio más eficaz de este misterio. Ella revela la salvación, acerca la gracia incluso a quienes parecen los más indiferentes y alejados. En el mundo, que junto al progreso manifiesta su “corrupción” y su “envejecimiento”, Ella no cesa de ser “el comienzo del mundo mejor” (origo mundi melioris), como se expresó Pablo VI: “Al hombre contemporáneo la Virgen María... ofrece una visión serena y una palabra tranquilizadora: la victoria de la esperanza sobre la angustia, de la comunión sobre la soledad,/ de la paz sobre la turbación,/ de la alegría y de la belleza sobre el tedio y la náusea.../ de la vida sobre la muerte” (Pablo VI, Exhortación Apostólica “Para la recta ordenación y desarrollo del culto a la Santísima Virgen María”, 57; AAS 66, 1974. 166).

A María, que es la Madre de la divina gracia, confío las vocaciones sacerdotales y religiosas…La nueva primavera de las vocaciones, su nuevo aumento en toda la Iglesia, se convierta en una prueba particular de su presencia materna en el misterio de Cristo, en nuestros tiempos, y en el misterio de su Iglesia sobre toda la tierra. María sola es una viva encarnación de la entrega total y completa a Dios, a Cristo, a su acción salvífica, que debe encontrar su expresión adecuada en cada una de las vocaciones sacerdotales y religiosas. María es la expresión más plena de la fidelidad perfecta al Espíritu Santo y a su acción en el alma, es la expresión de la fidelidad que significa una cooperación perseverante a la gracia de la vocación.

 

(San Juan Pablo II de la Audiencia General 2 de  mayo de 1979)

jueves, 21 de mayo de 2020

Mater Ecclesiae en la Plaza San Pedro


 


«Recuerdo que, cuando a fines de octubre de 1981, tuvo su primera celebración en Plaza San Pedro después del atentado, al final bajó las escalinatas solo, a pie, para saludar a los enfermos uno por uno, y a la multitud. Esa noche yo estaba cenando con el Papa, y Don Estanislao refirió que por la tarde habían llamado tres o cuatro personas alarmadas por los riesgos que corría al acercarse de aquel modo a la multitud y recomendaban prudencia. Él reaccionó vigorosamente, diciendo con fuerza que estaba decidido a continuar su ministerio como antes y hasta el final, sin adoptar medidas que le impedían el contacto directo con la gente. Yo intervine con un razonamiento simple “Usted ha sido salvado por la Virgen. Ahora la Virgen debe conservarlo por muchos años de vida. Sería extraño que la Virgen hubiese intervenido para salvarle la vida sólo por un breve tiempo”. El Papa, con tono calmo, respondió: “Pero… los caminos de Dios a veces son diversos de los nuestros. El futuro está en las manos de Dios”. Luego, con tono muy decidido, añadió: “No estoy para nada atemorizado por los peligros que pueda correr. Quiero continuar en todo y para todo como he hecho hasta ahora”.


Él estaba convencido de que la Virgen lo había salvado. Cuando la Gobernación del Vaticano planteó la cuestión de cómo recordar en la Plaza San Pedro aquel dramático evento allí ocurrido, la respuesta del Papa fue inmediata: en recuerdo del atentado debía ser colocada una imagen de la Virgen. Estaba convencido de que el 13 de mayo la Virgen María había estado presente para guiar la bala de modo que el Papa pudiese sobrevivir. Así, desde el 8 de diciembre de 1981, quien llega a la Plaza San Pedro ve dominar, desde lo alto del Palacio Apostólico, un mosaico de la Virgen con el Niño Jesús en brazos, y a los pies el título “Mater Ecclesiae” y el escudo de Juan Pablo II, con el lema “Totus tuus”»

(De una entrevista al Cardenal Giovanni Battista Re, con ocasión del centenario de San Juan Pablo II)