Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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viernes, 29 de agosto de 2025

Candido Pozo: La maternidad espiritual de Maria

 


El 25 de marzo de 1985, solemnidad de la Anunciación del Señor, S. S. Juan Pablo 11 firmaba la Encíclica Redemptoris Mater .  

Parece claro que el Pueblo de Dios esperaba de un Papa como él, un gran documento mariano. Se trata de un Papa que ha llevado a su escudo papal no sólo el anagrama de María, sino las palabras «Totus tuus» que sintetizan el núcleo fundamental de su consagración personal de esclavitud mariana, hecha mucho antes de su pontificado y renovada ante la imagen de la Virgen de Czestochowa en su primer viaje, como Papa, a Polonia ; de un Papa que en sus viajes apostólicos no omitia nunca la visita al santuario mariano más representativo de cada nación, para desde él fomentar con su ejemplo y su palabra la piedad mariana de cada pueblo.. En este sentido, puede decirse que Juan Pablo  II, aun dentro de su magisterio tan rico y abundante sobre la Virgen, estaba «en deuda» con la Iglesia.

En todo caso, es lógico que no pudiera escribir su gran documento sobre María, sino después de haber hablado de Dios, es decir, del misterio trinitario. Ello explica su gran trilogía previa de Encíclicas, en la que cada una de ellas está dedicada a una de las tres divinas personas: Redemptor hominis (4 de marzo de 1979)  trata del Hijo, Divesin misericordia  (30 dé noviembre de 1980) del Padre, Dominumet vivificantem  (18 de mayo de 1986)7 del Espíritu Santo.

Pero es significativo que a continuación Juan Pablo II haya querido hablar a la Iglesia sobre la Madre del Señor . El enfoque de su  Encíclica «Sobre la Bienaventurada Virgen María en la vida de la Iglesia peregrina» estaba condicionado por la primera de sus Encíclicas. Si la visión de Cristo que Juan Pablo II había subrayado en ella, era la de «Redentor del hombre», es normal que ahora el ángulo de acceso a la figura de María fuera el de «Madre del Redentor» (Redemptoris Mater), es decir, la relación de María con la obra redentora de Cristo, «su presencia activa y ejemplar en la vida de la Iglesia» .

(…)

 En la Encíclica Redemptoris Mater, el Papa explica la respuesta de María al ángel como respuesta de fe; así la interpretó ya Isabel en la visitación: «Feliz la que ha creído» (Lc 1, 45): «La plenitud de gracia anunciada por el ángel significa el don de Dios mismo; la fe de María, proclamada por Isabel en la visitación, indica cómo la Virgen de Nazareth ha respondido a ese don» . Pero no podemos olvidar que la formulación histórica de la respuesta de fe de María tiene acentos de la más total entrega: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38). Es conocido que la palabra «fe» tiene en el Nuevo Testamento diversos sentidos.

(..-)

No puede subvalorarse la importancia de esta fe. Sin embargo, hay que declarar su insuficiencia, si no se desarrolla de modo que sea «la fe que actúa por la caridad» (Gal 5, 6). Cuando la fe no llega a un comportamiento coherente, habrá que reconocer con tristeza que «como el cuerpo sin espíritu está muerto, también la fe sin obras está muerta» (Sant 2, 26).

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La respuesta de fe de María evidentemente no se circunscribe a aceptar como verdadero el anuncio del ángel, sino que pasa a una disponibilidad absoluta frente a los planes de Dios. Como esclava se somete a su voluntad y se ofrece para unir su destino al de su Hijo: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38). La Encíclica Redemptoris Mater llama a la profecía del anciano Simeón (Lc 2, 34-35), «un segundo anuncio a María».

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En efecto, el primer anuncio, el del ángel, tiene tonos gloriosos y triunfales . Del Hijo que se promete a la Virgen, se dice que «será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de su padre David, reinará sobre la casa de Jacob eternamente, y su reino no tendrá fin» (Lc 1, 32-33). Ahora María tiene que oir de labios de Simeón otras palabras, «sugeridas por el Espíritu Santo» (cfr. Lc 2, 25-27)28, que suenan de modo mucho más lóbrego. El «segundo anuncio» contiene dos elementos: de Jesús se profetiza que será «signo de contradicción» (Lc 2, 34), es decir, «bandera discutida» según nuestra traducción litúrgica (el tema impresiona fuertemente a Juan Pablo II quien, como es sabido, en los Ejercicios Espirituales que, siendo Cardenal, predicó a Pablo VI, centró alrededor de él todas sus consideraciones); como consecuencia de este combate en torno a Cristo y de la mención que se hace a Jesús, María tendrá que sufrir acerbamente: «a tu misma alma la traspasará una espada» (Lc 2, 35).

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Mientras María «avanzaba en la peregrinación en la fe» , la oscuridad es patente en Nazaret durante el largo período de la vida oculta. El Papa señala que en esos años, para usar expresiones de San Juan de la Cruz.   María vive la «noche de la fe» en cuanto que un «velo» cubre la realidad del misterio. El uso de esta terminología es normal en Juan Pablo 11; no se olvide que la tesis doctoral de Karol W ojtyla en teología fue sobre «La fe según San Juan de la Cruz» . Probablemente no siempre hemos meditado bastante estos aspectos, cuando nos hemos referido a la vida oculta de Jesús en Nazaret.

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 María convive en Nazaret con un Jesús desconcertantemente consagrado a tareas que nada parecen tener que ver con su misión ni siquiera parecen estar en concordancia con la descripción contenida en el anuncio del ángel. Es por ello maravilloso contemplar que «de este modo María, durante muchos años, permaneció en intimidad con el misterio de su Hijo, y avanzaba en su itinerario de fe» . Realmente María «vivía en la intimidad con este misterio sólo por medio de la fe».

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Aunque el Papa hace su afirmación en un contexto en el que la referencia se hace, sobre todo, al heroísmo con que «esperando contra toda esperanza, creyó» (Rom 4, 18), es sumamente sugestivo que escriba que la «'obediencia de la fe' por parte de María a lo largo de todo su camino tendrá analogías sorprendentes con la fe de Abraham» 49. Por su fe Abraham fue constituido «padre de todos los creyentes» (Rom 4, 11). La respuesta de fe de María al ángel es la razón última por la que Ella es la «Madre de los vivientes» , es decir, de los que creyendo reciben la vida verdadera.

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María, asunta en cuerpo y alma a los cielos, está espiritualmente presente en la Iglesia gracias a su permanente intercesión ante su Hijo resucitado, es decir, por su mediación intercesora.

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 La mediación de María es una mediación participada de la de Cristo y que, por ello, nada resta ni añade «a la dignidad y eficacia de Cristo, único mediadof» 57. En este contexto, el Papa recuerda la f6rmula de San Bernardo: «Mediadora al Mediador» , porque pone de relieve la subordinaci6n de la mediación de María a la de Cristo. Esta subordinación implica también una unión a las intenciones deCristo. La mediación de María «participa, por su carácter subordinado, de la universalidad de la mediación del Redentor, único Mediador»

(…)

Juan Pablo II indica una pista teológica que puede ser sumamente' fecunda para mantener con nitidez la singularidad de la mediación de María, comparada con la de los santos: «Efectivamente la mediación de María está íntimamente unida a su maternidad y posee un carácter específicamente materno que la distingue del de las demás criaturas que, de un modo diverso y siempre subordinado, participan de la única mediación de Cristo». María es Madre de Cristo y Madre de los discípulos. Tanto con respecto a Cristo como con respecto a los discípulos tiene una relación materna. Por ello, en su intercesión María «se pone 'en medio', o sea hace de mediadora no como una persona extraña, sino en su papel de madre, consciente de que como tal puede -más bien 'tiene derecho de' - hacer presente al Hijo las necesidades de los hombres»  De este modo, dentro de las mediaciones subordinadas a la de Cristo, el único Mediador, se señala una nota específica de la mediación intercesora de María que se da en Ella y solamente en Ella, es decir, una nota que no se da en la mediación de ninguno de los santos: es una mediación materna no simplemente porque María es Madre de Cristo ante el que intercede.

 C. Pozo Facultad de Teología GRANADA

 

(En este enlace puede leerse el texto competo en pdf bajo el titulo: Candido Pozo: Lamaternidad espiritual de Maria) 


martes, 16 de agosto de 2022

«Me felicitarán todas las generaciones…» la profecía del magníficat

 

(25 de marzo de 2000, Juan Pablo II en oración, en la Basílica de la Anunciación (Nazaret)

La palabras de Isabel «feliz la que ha creído » siguen acompañando a Maria incluso en Pentecostés, la siguen a través de las generaciones, allí donde se extiende, por medio del testimonio apostólico y del servicio de la Iglesia, el conocimiento del misterio salvífico de Cristo.  De este modo se cumple la profecía del Magnificat: «Me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo» (Lc l,48-49) .

 

En efecto, al conocimiento del misterio de Cristo sigue la bendición de su Madre bajo forma de especial veneración para la Theotokos.  Pero en esa veneración está incluida siempre la bendición de su fe. Porque la Virgen de Nazaret ha llegado a ser bienaventurada por medio de esta fe, de acuerdo con las palabras de Isabel. Los que a través de los siglos, de entre los diversos pueblos y naciones de la tierra, acogen con fe el misterio de Cristo, Verbo encarnado y Redentor del mundo, no sólo se dirigen con veneración y recurren con confianza a Maria como a su Madre, sino que buscan en su fe el sostén para la propia fe. Y precisamente esta participación viva de la fe de Maria decide su presencia especial en la peregrinación de la Iglesia como nuevo Pueblo de Dios en la tierra.

 

Juan Pablo II Redemptoris Mater, 27  

 

martes, 31 de mayo de 2022

Redemptoris Mater: con Maria en la peregrinación de la fe – Miroslaw Mróz (3 de 3)

 


En dicho contexto, Maria transmite a la Iglesia esta característica de peregrinar en la fe, que es esencial. «Pero en la Iglesia de entonces y de siempre Maria ha sido y es sobre todo” la que es feliz porque ha creído”: ha sido la primera en creer (RM, 26)»  «Las palabras de Isabel “feliz porque ha creído” siguen acompañando a Maria incluso en Pentecostés, la siguen a través de las generaciones, allí donde se extiende, por medio del testimonio apostólico y del servicio de la Iglesia, el conocimiento del misterio salvífico de Cristo»(RM 27) El creyente tiene, pues, el derecho de buscar e la fe de Maria el apoyo a la propia fe, y de alzar los ojos a Aquella que continua presente con su fe en la vida de la Iglesia y en la vida de todos los cristianos.

 Este saludable influjo de Maria, que forma parte de la  única mediación de Cristo, posee un carácter específicamente materno porque deriva de su divina maternidad.  Sin duda alguna, Maria, en la economía de la redención, «es para nosotros madre en el orden de la gracia» LG, 61) y «esta función constituye una dimensión real de su presencia en le misterio salvador de Cristo y de la Iglesia» RM, 38)

 Maria experimento los efectos de esta sobrenatural mediación de Cristo y en modo particular permanece Madre de la Iglesia naciente : su maternidad, intercediendo por todos sus hijos, coopera a la obra salvadora de su Hijo. Se realiza aquí la dimensión universal de la mediación materna de Maria, que revela su plena eficacia precisamente en Su carácter de “intercesión”.

Esto se reveló por primera vez en Caná de Galilea, y continúa aun cuando expuestos a las fatigas y peligros como “peregrinos de la fe”, tenemos necesidad de ayuda y de mediación.

 Maria como “Asunta al cielo”, con este particular modo de maternidad intercede por la Iglesia peregrina en la tierra, en la realidad escatológica de la “comunión de los santos”. Esta es su principal tarea: siendo mediadora de gracia, puesto que está unida a Cristo en su primera venida, puede interceder gracias a la continua colaboración con el hijo para que quienes han recibido la palabra de Dios con fe a través del anuncio del Evangelio y del bautismo, nazcan a la vida nueva e inmortal y para que Dios pueda formarse en ellos con plenitud.  

Se puede, pues, decir que Maria conserva la fe de los hombres que le han sido confiados porque sabe cómo hacerla perseverar en el corazón, como realizar las promesas, como profundizar en el tesoro de la sabiduría y también como dar un autentico testimonio. No sorprende que Maria sea modelo para que quienes quieran parecerse a Ella conserven virginalmente la fe integra, la esperanza solida, la sincera caridad (RM, 44)

Maria, sin embargo, no es sólo un simple modelo y una simple figura de la Iglesia, es mucho mas¨«con materno amor coopera a la generación y educación de los hijos e hijas de la madre Iglesia» (RM 44). Esto significa que la Iglesia recibe abundantemente de esta “cooperación” de Maria cuando implora, en el orden de la gracia, para sus hijos redimidos por el sacrificio de Cristo, la especial fuerza de la perseverancia y de los dones visibles del Espíritu Santo. Descubre en ello el pleno valor de las palabras pronunciadas por Cristo a la Madre en la hora de la Cruz: «Mujer, ahí tienes a tu hijo» y al discípulo:  «Hijo, ahí tienes a tu Madre». (Jn 19, 26-27): esta es en efecto, “la hora”, cuando fue determinado el lugar especial de Maria en la vida de los discípulos de Cristo (RM, 44).

La dimensión mariana en la vida cristiana fue revelada durante el Concilio Vaticano II, y en modo particular durante la solemne proclamación de Maria como Madre de la Iglesia, es decir “Madre de todo le pueblo cristiano tanto de fieles como de pastores”. Este hecho fue subrayado por Pablo VI en la Profesión de fe de 1968, más conocida con el nombre de Credo populi Dei: «Creemos que la Santísima Madre de Dios, nueva Eva, Madre de la Iglesia, continúa ne le cielo su misión maternal para con los miembros de Cristo cooperando al nacimiento  y al desarrollo de la vida divina en las almas de los redimidos. »   (AAS 60/1968, 438)

Juan Pablo II evidencia esta verdad sobre la Virgen Santísima  Madre de Cristo y Madre de la Iglesia, dando al mismo tiempo un firme mensaje a todos los cristianos de que la unidad entre ellos será restablecida sólo cuando se apoyara sobre la fuerza de la fe. Resuena aquí una profunda convicción del Papa sobre la deseada unidad de todos los cristianos, quesera posible solo cuando juntos podrán avanzar en la “peregrinación de la fe”, de la que Maria es modelo.

Por esto, el Santo Padre expresa la esperanza de que los fieles, mirando a Maria como a Madre común que reza por la unidad de toda la familia humana y que precede en este camino a los testigos de la fe en Cristo, podrán alcanzar lo que el Señor desea: «que todos sean uno» (Jn, 17,21)

Juan Pablo II, con el anuncio del año mariano (desde la solemnidad de la Anunciación del Señor 1987 hasta la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen al Cielo 1988) y la publicación de la encíclica Redemptoris Mater, puso de relieve ante todos la figura de Maria, ese «signo grandioso del Cielo»  (Ap 12,1), para encontrar en él, el «signo de esperanza cierta y de consuelo para el Pueblo peregrinante de Dios» (RM 50) Maria, Madre del Redentor, como un dia en Cana de Galilea, sostenga también hoy a todos los que buscan su protección y su ayuda.

 Redemptoris Mater: con Maria en la peregrinación de la fe de  Mirosłav Mróz, publicado en  Totus Tuus, Nr 5 oct/nov 2010

Redemptoris Mater: con Maria en la peregrinación de la fe – Miroslaw Mróz (2 de 3)

 


Para el Concilio como para Juan Pablo II, Maria es “figura de la Iglesia” en el orden de la fe, y este ejemplar modo de “preceder” de Maria se refiere también a la Iglesia (RM, 5). Todo ello se realiza en un gran proceso histórico o en un camino o “itinerario de fe”, que el Papa define “historia de las almas”.

Precisamente aquí se abre un vasto  campo de referencia  Maria, que constituye también el cumplimento escatológico de la Iglesia. El Papa se concentra, sin embargo, en sus reflexiones sobre todo en la fase actual que de por si no es aun historia, y sin embargo la plasma sin cesar, incluso en el sentido de historia de la salvación.  Su excepcional peregrinación de la fe representa  un punto de referencia constante para la Iglesia, y, en cierto modo, para toda la humanidad. De veras es difícil abarcar y medir su radio de acción. Maria, para la Iglesia que sigue sus huellas es “Estrella del mar”, Maris Stella, porque hacia Ella deberían alzarse los ojos de todo aquellos que se insertan en la Iglesia a través del bautismo y se convierten en su cuerpo místico.  

De Maria es necesario aprender el testimonio de fe y la perfecta unión con Cristo, punto de referencia para quienes dentro de la Iglesia miran al cumplimiento de la esperanza de la propia vida en Dios. En Maria, en efecto, se puede encontrar el propio horizonte de vida y santidad.

 La encíclica esta dividida en tres partes: Maria en el misterio de CristoLa Madre de Dios en el centro de la Iglesia peregrinaMediación materna. En ella se encuentran numerosas meditaciones bíblicas sobre escenas de la vida de la Madre de Dios, que permiten referirse a cuestiones atuales que conciernen a la Mariología, al culto mariano pero también al problema del ecumenismo.

En la primera parte, el Papa subraya el camino de “obediencia de fe” de Maria, que Ella recorre desde Nazareth hasta los pies de la cruz. Maria participa a traves de la fe, en este desconcertante misterio de anonadamiento de Cristo, que «se humillo a si mismo haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de  cruz» (Flp 2,8).   Contrariamente a los discípulos de Cristo que huyeron, la Madre participa mediante la fe en la muerte redentora del Hijo. Actúa, pues según la perspectiva de la bendición de la fe, que constituye oposición a la desobediencia y a la falta de fe de los primeros hombres.

Juan Pablo II, citando a San Ireneo, dirá: «El nudo de la desobediencia de Eva se ha desatado con la obediencia de Maria» (Adversu Haereses III, 22,4) A la luz de esta comparación se mira concretamente a Maria com persona, cuya presencia en le misterio de la salvación  se ilumina gracias a Su fe. De este modo, resulta claro que el saludo de Isabel a Maria: «Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» (Lc 1,45)  se convierte para Juan Pablo  II en la clave de interpretación de la fe de Maria y de su presencia en el plano de la salvación (Rm 19). Maria, en efecto, «entra en contacto con la verdad de su Hijo sólo en la fe y mediante la fe y asi lleva en si la radical “novedad” de la fe : el inicio de la Nueva Alianza» (RM, 19)

Se revela aqi con toda claridad un esencial contenido mariológico, es decir «la verdad sobre Maria» (RM 12). Ella, llena de gracia, promesa eterna en el misterio de su Hijo, avanzando en su peregrinación de la fe, hace presentes a todo el eterno designio de salvación del hombre en Cristo.  «Entre todos los creyentes es como un “espejo”, donde  se reflejan del modo más profundo y claro “las maravillas de Dios”» (RM, 25). Su total entrega al Señor, e incluso el modo de ver los eventos salvadores según el plan de Dios, tiene sorprendentes analogías con la fe de Abraham. Así como la fe de Abraham constituye el inicio de la antigua Alianza, asi la fe  de Maria da comienzo a la  Nueva Alianza.   

 Redemptoris Mater: con Maria en la peregrinación de la fe de  Mirosłav Mróz, publicado en  Totus Tuus, Nr 5 oct/nov 2010.

Redemptoris Mater: con Maria en la peregrinación de la fe – Miroslaw Mróz (1 de 3)



 

La encíclica Redemptoris Mater de Juan Pablo II, publicada el 25 de marzo de 1984, solemnidad de la Anunciación del Señor, es un texto que está profundamente enraizado en la realidad de la preparación de la Iglesia al año 2000,Jubileo bimelenario del nacimiento de Jesus.

El Papa decidió proclamar el año 1987-1988 año de Maria para resaltara asi el papel de Maria en el misterio de la Encarnación y para, junto a Ella, exponer la verdad sobre Jesucristo y la Iglesia (RM 3), aria, en efecto, precede al nacimiento de Jesucristo en la historia de la  humanidad, y siendo Madre del Redentor, se convierte en el fundamento de fe de la Iglesia peregrina a lo largo de los siglos.

Juan Pablo II, revelando a Maria en el misterio de Cristo, encuentra el modo para poder profundizar en le conocimiento del misterio de la Iglesia. Maria, en cuanto Madre de Cristo, está unida, en efecto de  modo particular a la Iglesia. El hijo de Dios «por obra del Espíritu Santo nace de la Virgen Maria»; la Iglesia, sin embargo – según la enseñanza de las Cartas paulinas -, es constituida como su cuerpo: la realidad de la Encarnación encuentra así su prolongación en el misterio de la Iglesia.

No sorprende pues el hecho que el Papa contemple la realidad de la encarnación y se refiera a Maria, Madre de la Palabra Encarnada, sino también al misterio de la Iglesia, que se explica en la fe de Maria (RM, 5) Este “doble vinculo” que une la Madre de Dios a Cristo y a la Iglesia adquiere un significado histórico y teológico. «No se trata aquí solo de la historia de la Virgen Maria, de su personal camino de fe y de la “parte mejor” que ella tiene en el misterio de la salvación, sino además de la historia de todo el Pueblo de Dios, de todos los que toman parte en la misma peregrinación de la fe»  (RM,5)

Las palabras a las que se refiere Juan Pablo II en su encíclica están tomadas de la Constitución dogmatica del Concilio Vaticano II sobre la Iglesia, según las cuales la Iglesia sigue las huellas de Maria: Ella «avanzaba en peregrinación de la fe manteniendo fielmente su unión con el Hijo» (LG,58)”

(del texto Redemptoris Mater: con Maria en la peregrinación de la fe” de Miroslaw Mróz, publicado en Totus Tuus Nr. 5 Oct7Nov 2010)


sábado, 30 de enero de 2021

Redemptoris Mater – la plenitud del tiempo y la peregrinación (palabras de Juan Pablo II en Corrientes, Argentina)

 


“Cuando “ vino la plenitud del tiempo ”, cuando el Mensajero divino transmitió a la Virgen de Nazaret la voluntad del Padre Eterno, cuando María respondió “hágase” (fíat); entonces comenzó aquella particular peregrinación, que nace del corazón de la Mujer, bajo el soplo esponsal del Espíritu Santo.

“María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá... a la casa de Zacarías” (Lc 1, 39). Fue allá para saludar a su prima Isabel, de más edad que Ella, que estaba esperando dar a luz a un hijo: Juan Bautista.

Por su parte, Isabel, al responder al saludo de María con aquellas palabras inspiradas, llenas de veneración hacia la Madre del Señor, alaba la fe de la Virgen de Nazaret: “Dichosa la que ha creído que se cumplirá lo que le ha dicho de parte del Señor” (Ibíd., 1, 45) .

De este modo, la visita de María en Ain-Karim asume un significado realmente profético. En efecto, vislumbramos en ella la primera etapa de esta peregrinación mediante la fe, que tiene su inicio en el momento mismo de la Anunciación.

Esta peregrinación mediante la fe constituye la idea guía del Año Mariano, que anuncié el día 1 de enero pasado, y que se inaugurará en la próxima solemnidad de Pentecostés.

Desde el día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo vino sobre los Apóstoles en el Cenáculo de Jerusalén, María no sólo participa en la peregrinación mediante la fe de toda la Iglesia, sino que Ella misma “avanza” precediendo y guiando maternalmente a todo el Pueblo de Dios, a lo largo y ancho de la tierra.

“La Madre de Jesús, de la misma manera que, glorificada ya en los cielos en cuerpo y alma, es imagen y principio de la Iglesia que habrá de tener su cumplimiento en la vida futura, así en la tierra precede con su luz al peregrinante Pueblo de Dios como signo de esperanza cierta de consuelo” (Lumen gentium, 68), Son palabras del Concilio Vaticano II que, por aludir a esta verdad, he querido desarrollar en la Encíclica Redemptoris Mater, publicada, con ocasión del Año Mariano, en la reciente solemnidad de la Anunciación.

El punto de apoyo, en tierra argentina, de esta peregrinación mediante la fe, lo constituyen todas las generaciones que han fijado y fijan su mirada en la Madre de Dios, como “Madre del Señor” y “modelo de la Iglesia”.

La peregrinación de la Iglesia y de cada cristiano hacia la casa del Padre, se manifiesta y realiza, de modo agradable a Dios, en las peregrinaciones de los cristianos a los santuarios marianos. Los santuarios son como hitos que orientan ese caminar de los hijos de Dios sobre la tierra, precedidos y acompañados por la mirada afectuosa y alentadora de la Madre del Redentor.

Durante mi primer viaje a la Argentina tuve la dicha de acudir al santuario nacional de Luján, para encomendaros a María en momentos especialmente difíciles para vuestra querida nación. E1 próximo Domingo de Ramos, en el marco de la Jornada mundial de la Juventud –con la que culminará esta segunda visita–, la misma imagen de la Madre de Dios vendrá, desde Luján, al encuentro de los jóvenes que peregrinan en la fe, en tantos otros lugares de la tierra.

Hoy está también entre nosotros la imagen de María, que ha llegado desde su santuario de Itatí, verdadero centro espiritual de todo el litoral. Mi ánimo se llena de gozo y de agradecimiento al Señor al considerar que, a lo largo de los siglos, los hijos de esta tierra han sabido hallar en la Virgen la guía y el modelo seguro para seguir a Jesús.”

(Juan Pablo II Santa Misa en Corrientes, Argentina)

 

jueves, 7 de enero de 2021

EL CULTO A LA VIRGEN, SANTA MARÍA - Gaspar Calvo Moralejo, O.F.M.

 


Cuando el Concilio Vaticano II se refiere a María, la Madre del Señor, ensalzada sobre los ángeles y los hombres, afirma que es «justamente honrada por la Iglesia con un culto especial. Y... desde los tiempos más antiguos la Santísima Virgen es venerada con el título de Madre de Dios». Prosigue recordando que, a partir del Concilio de Efeso, «ha crecido maravillosamente el culto del Pueblo de Dios hacia María en veneración y en amor, en invocación e imitación, de acuerdo con las palabras proféticas: Todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mí maravillas el Todopoderoso (Lc 1, 48-49)» 1 . Juan Pablo II, en su encíclica Redemptoris Materenseña que la vida cristiana, que se manifiesta en donación y entrega a María como respuesta confiada a su amor de Madre, es la dimensión mariana de un discípulo de Cristo .

 Con esta expresión se manifiesta que esa entrega a la Virgen se hace presente de un modo constante y permanente, como espiritualidad mariana, testimoniada en la devoción y en el culto. Y es un signo de la piedad o relación filial que con María le une. Cuando se quiere profundizar en el mejor conocimiento de lo que es en verdad el culto mariano, es preciso recordar que constituye una forma de veneración a la Virgen que proviene «de raíces profundas en la Palabra revelada y de sólidos fundamentos dogmáticos» 

 Consecuencia lógica de la verdadera fe de la Iglesia, el culto mariano se manifiesta a lo largo del tiempo como devoción a María, la Madre del Señor y una de las expresiones generalizadas del culto con que el pueblo creyente expresa a Dios su gratitud y alabanza. De ese culto que la Iglesia tributa a la Virgen puede afirmarse, al igual que de la devoción mariana, que se refiere siempre al Señor que en María se hace presente como en «una Verónica viviente» que lo recuerda. Ya que ella es «la imagen que reproduce a Cristo en el corazón humano y la refleja haciéndola perceptible en la contemplación del corazón ».

 Basado en la enseñanza de la Sagrada Escritura, el culto mariano manifiesta y refleja una forma de piedad y devoción a la Madre del Señor que ayuda a avanzar por el «itinerario de la fe», siguiendo el ejemplo y los pasos de María. Las enseñanzas del Vaticano II marcan las líneas precisas que ha de seguir el culto mariano y de cuanto es y significa en la vida de la Iglesia. Cristo, que está en ella siempre presente, asocia consigo de modo permanente a su Iglesia para que Dios sea glorificado y santificados los hombres. Lo que realiza de un modo particular, cuando en la acción litúrgica asocia consigo a su esposa la Iglesia, que «invoca a su Señor y por Él tributa culto al Padre Eterno» 5 . En este culto de la Iglesia, afirma el mismo Concilio en otro momento, María «es justamente honrada con un culto especial» ,  que  siempre ha existido y que justa y merecidamente se llama cristiano.

 «que el culto a la bienaventurada Virgen María tiene su razón última en el designio insondable y libre de Dios, el cual siendo caridad (1 Jn 4, 7-8), lleva a cabo todo según un designio de amor: la amó, y obró en ella maravillas (Lc 1, 49); la amó por sí mismo, la amó por nosotros; se la dio a sí mismo y la dio a nosotros» .

 La palabra culto, por otra parte, expresa la forma en que se manifiesta la virtud de la religión, por la que el hombre testimonia y reconoce la grandeza de Dios, su dominio y soberanía sobre todo cuanto existe, y la relación personal que une con Él al mismo hombre. Dicho reconocimiento, interior, vital por parte de la persona humana también se proyecta externamente mediante signos y palabras que están relacionados íntimamente con la diversidad de culturas en las que cada pueblo se expresa y que forman parte y constituyen una de sus peculiaridades distintivas.

 (TEXTOCOMPLETO)  Si no funciona buscarlo como texto:  :

EL CULTO A LA VIRGEN, SANTA MARÍA  - Gaspar Calvo Moralejo, O.F.M. y abre el enlace al pdf.

jueves, 21 de mayo de 2020

Mater Ecclesiae en la Plaza San Pedro


 


«Recuerdo que, cuando a fines de octubre de 1981, tuvo su primera celebración en Plaza San Pedro después del atentado, al final bajó las escalinatas solo, a pie, para saludar a los enfermos uno por uno, y a la multitud. Esa noche yo estaba cenando con el Papa, y Don Estanislao refirió que por la tarde habían llamado tres o cuatro personas alarmadas por los riesgos que corría al acercarse de aquel modo a la multitud y recomendaban prudencia. Él reaccionó vigorosamente, diciendo con fuerza que estaba decidido a continuar su ministerio como antes y hasta el final, sin adoptar medidas que le impedían el contacto directo con la gente. Yo intervine con un razonamiento simple “Usted ha sido salvado por la Virgen. Ahora la Virgen debe conservarlo por muchos años de vida. Sería extraño que la Virgen hubiese intervenido para salvarle la vida sólo por un breve tiempo”. El Papa, con tono calmo, respondió: “Pero… los caminos de Dios a veces son diversos de los nuestros. El futuro está en las manos de Dios”. Luego, con tono muy decidido, añadió: “No estoy para nada atemorizado por los peligros que pueda correr. Quiero continuar en todo y para todo como he hecho hasta ahora”.


Él estaba convencido de que la Virgen lo había salvado. Cuando la Gobernación del Vaticano planteó la cuestión de cómo recordar en la Plaza San Pedro aquel dramático evento allí ocurrido, la respuesta del Papa fue inmediata: en recuerdo del atentado debía ser colocada una imagen de la Virgen. Estaba convencido de que el 13 de mayo la Virgen María había estado presente para guiar la bala de modo que el Papa pudiese sobrevivir. Así, desde el 8 de diciembre de 1981, quien llega a la Plaza San Pedro ve dominar, desde lo alto del Palacio Apostólico, un mosaico de la Virgen con el Niño Jesús en brazos, y a los pies el título “Mater Ecclesiae” y el escudo de Juan Pablo II, con el lema “Totus tuus”»

(De una entrevista al Cardenal Giovanni Battista Re, con ocasión del centenario de San Juan Pablo II)

jueves, 17 de diciembre de 2009

Gracias cardenal Spidlik por su obra, su espíritu en el Espíritu y feliz cumpleaños!

Hoy cumple años el Cardenal checo Tomas Spidlik, S.J.
En noviembre se cumplían 10 años de la bendición de la capilla Redemptoris Mater, nacida “del pensamiento de Tomas Spidlik”, quien “ha entretejido a través de los años una visión teológica vivaz y en muchos aspectos original, en la que confluyen orgánicamente el Oriente y el Occidente cristianos, intercambiándose recíprocamente sus dones.” Decìa de èl el Santo Padre Benedicto XVI en la Celebración eucarística con la Comunidad del Centro "Aletti" de Roma, con motivo del 90 cumpleaños del Card. Tomáš Špidlík, S.J.
(en el Sitio de la Santa Sede la homilia por ahora esta solamente en italiano) “Ahora ya no dirá ni hará más bromas”, le susurró un colega purpurado viéndolo con las vestiduras rojas y el anillo cardenalicio en el dedo. En el solemne marco del consistorio del 2003, Tomas Spidlík no se inmutó: “Eminencia –respondió-, esté seguro que continuaré diciendo y haciendo solamente bromas serias”. Pero “ahora la Providencia - dice- ha sido mejor que yo en hacer bromas, me ha hecho una sorprendente, regalándome el cumpleaños más bello”: el 17 de diciembre, el cardenal Spidlík cumplirá noventa años y para celebrarlo Benedicto XVI celebrará con él la Misa en la capilla Redemptoris Mater. Una obra de arte nacida de manos del padre Marko Rupnik y del pensamiento de Tomas Spidlík. En la entrevista a L’Osservatore Romano, el cardenal moravo – elegido para realizar la prédica a los cardenales reunidos en cónclave el 18 de abril de 2005 – recorre “como en un film” sus noventa años, recordando encuentros y yendo al núcleo de su pensamiento. Siempre con la sonrisa.”
(tomado de La Buhardilla de Jerónimo - alli puede leerse el texto completo de una entrevista inusual llena de humor y profunda espiritualidad, donde el cardenal Spidlik traza una sintesis de su vida) Invito visitar mi post anterior Capilla Redemptoris Mater

sábado, 15 de noviembre de 2008

Capilla Redemptoris Mater

El 14 de noviembre de 1999 el Santo Padre Juan Pablo II consagraba el altar e inauguraba la capilla Redemptoris Mater - donde se “reflejan las visiones que San Juan tuvo en la isla de Patmos, donde se encontraba «por causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús» (Ap 1, 9)” Antes llamada capilla «Matilde», habia cambiado su nombre a «Redemptoris Mater» en el Año Mariano 1987-88; el mismo año fue dada a conocer la encíclica de la « santa Madre del Redentor ».
La restauración y nueva decoración de la capilla era un regalo del Colegio de cardenales a Juan Pablo II con motivo de las bodas de oro sacerdotales celebradas en 1996. “Me alegra consagrar el altar e inaugurar la capilla renovada – decía el Santo Padre - en cuyos mosaicos revive la riqueza de la tradición oriental, releída con la conciencia de quien conoce también la occidental. Aquí Oriente y Occidente, lejos de contraponerse entre sí, se intercambian los dones, con el propósito de expresar mejor las insondables riquezas de Cristo”.
Mons Marini expresaba en su comunicación que “la Capilla es una invitación a abrir un diálogo entre arte, cultura y fe, temas que a menudo encuentran eco en el pensamiento del Papa y que son parte integrante de su invitación a la Iglesia para que «invente» nuevas vías para la evangelización” a fin de “promover una visión de la Iglesia que respira en su teología, en su liturgia y en su espiritualidad con los dos pulmones del Oriente y del Occidente” interpretando su carta apostólica Orientale Lumen «Las palabras del Occidente necesitan de las palabras del Oriente para que la Palabra de Dios manifieste cada vez mejor sus insondables riquezas»
Juan Pablo II en su homilía de consagración habla brevemente de los trabajos de arte realizados: “En la pared frontal destaca la imagen de la ciudad santa, rodeada de «una muralla grande y alta con doce puertas» (Ap 21, 12). Sobre ella resplandece la gloria de la Trinidad, que ilumina a la multitud de los beatos, situados más abajo, de tres en tres, como iconos vivos del gran misterio. Recorriendo las otras paredes nuestra mirada puede contemplar, a través de imágenes y símbolos, una síntesis grandiosa de toda la «economía» de la salvación. La imagen de la Redemptoris Mater, que resalta en la pared central, pone ante nuestros ojos el misterio del amor de Dios, que se hizo hombre para darnos a nosotros, seres humanos, la capacidad de convertirnos en hijos de Dios (cf. san Agustín, Sermo 128: PL 39, 1997).
“El arte relacional de Rupnik – dice Alfonso Lopez Quintás inspirado en buena medida en los escritos personalistas de Juan Pablo II, quiere expresar la fuerza unificadora de la belleza, vinculada radicalmente a la bondad y la unidad. La belleza, entendida, no como una realidad objetiva que presenta una figura determinada, sino como esa “tercera fuerza” de la que habla un autor oriental admirado por Rupnik: Vladimir Soloviev. Es una “fuerza” que entra en el mundo sin pedir un espacio para ella, sino envolviendo la realidad con una aureola de encanto, traspasándola de luz y dotándola de vida”. Invito visitar la Capilla en el Sitio de la Santa Sede con lujo de detalles
Y también el blog Aprender Roma – con descripción y comentarios de la Capilla.

martes, 25 de marzo de 2008

Redemptoris Mater



El 25 de marzo de 1987, cercanos al fin del segundo Milenio después de Cristo y al comienzo del tercero…
decia el Santo Padre Juan Pablo II en su introducción a la Encíclica Redemptoris Mater, sobre la Bienaventurada Virgen Maria en la Vida de la Iglesia peregrina:

“deseamos dirigirnos de modo particular a la que, en la « noche » de la espera de Adviento, comenzó a resplandecer como una verdadera « estrella de la mañana » (Stella matutina). En efecto, igual que esta estrella junto con la « aurora » precede la salida del sol, así María desde su concepción inmaculada ha precedido la venida del Salvador, la salida del « sol de justicia » en la historia del género humano”



Su amor a Maria venía de más lejos, desde sus muy tempranos años como dijera en Don y Misterio “La veneración a la Madre de Dios en su forma tradicional me viene de la familia y de la parroquia de Wadowice. Recuerdo, en la iglesia parroquial, una capilla lateral dedicada a la Madre del Perpetuo Socorro a la cual por la mañana, antes del comienzo de las clases, acudían los estudiantes del instituto. También, al acabar las clases, en las horas de la tarde, iban muchos estudiantes para rezar a la Virgen….En Debniki, en el período en el que iba tomando fuerza mi vocación sacerdotal, gracias también al mencionado influjo de Jan Tyranowski, mi manera de entender el culto a la Madre de Dios experimentó un cierto cambio. Estaba ya convencido de que Maria nos lleva a Cristo, pero en aquel período empecé a entender que también Cristo nos lleva a su Madre. Hubo un momento en el cual me cuestioné de alguna manera mi culto a María, considerando que éste, si se hace excesivo, acaba por comprometer la supremacía del culto debido a Cristo. Me ayudó entonces el libro de San Luis María Grignion de Montfort titulado "Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen''. En él encontré la respuesta a mis dudas….Comprendí entonces por qué la Iglesia reza el Ángelus tres veces al día. Entendí lo cruciales que son las palabras de esta oración: "El Ángel del Señor anunció a María. Y Ella concibió por obra del Espíritu Santo... He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra... Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros..." ¡Son palabras verdaderamente decisivas! Expresan el núcleo central del acontecimiento más grande que ha tenido lugar en la historia de la humanidad. Esto explica el origen del Totus Tuus. La expresión deriva de San Luis María Grignion de Montfort. Es la abreviatura de la forma más completa de la consagración a la Madre de Dios, que dice: Totus tuus ego sum et omnia mea Tua sunt. Accipio Te in mea omnia. Praebe mihi cor Tuum, Maria”


En Maria Mediadora leemos : La doctrina de la Mediación de María, es desarrollada muy ampliamente por el Santo Padre Juan Pablo II en su Carta Encíclica "Redemptoris Mater". Oportunamente el Concilio Vaticano II mencionó también el título «Mediadora» y habló de hecho de la Mediación de María (LG 60 y 62), pero este tema nunca se había expuesto hasta ahora en documentos magisteriales de forma tan amplia. La Encíclica no va de hecho más allá del Concilio, cuya terminología hace suya. Pero ahonda los planteamientos de éste y les da con ello nuevo peso para la teología y la piedad.


Mons. Jose Maria Arancedo, Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, Argentina comentaba en su homilía el 8 de marzo para la celebración del Dia Internacinal de la Mujer:
“Para la mujer dirigir su mirada a la Virgen, Nuestra Madre, no es sólo un acto de religiosidad, sino también descubrir en ella el secreto para vivir dignamente su femineidad, como el camino para llevar a cabo su verdadera promoción. A la luz de María, nos recordaba Juan Pablo II, la Iglesia lee en el rostro de la mujer los reflejos de una belleza, que es espejo de los más altos sentimientos de que es capaz el corazón humano, así: la oblación total del amor, la fuerza que sabe resistir a los más grandes dolores, la fidelidad sin límites, la laboriosidad infatigable y la capacidad de conjugar la intuición penetrante con la palabra de apoyo y de estímulo (cfr. Redemptoris Mater, 46)”