Llamados a ser santos

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“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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jueves, 7 de agosto de 2025

Spiritus et Sponsa de Juan Pablo II y la Sagrada Liturgia

 



La carta apostólica  Spiritus et Sponsa  publicada el 4 de diciembre de 2003,  conmemoraba el XL aniversario de la Constitución del Papa Pablo VI Sacrosanctum Concilium sobre la sagrada liturgia. 


El Papa Juan Pablo II en su Carta plantea “¿Qué es la liturgia sino la fuente pura y perenne de "agua viva" a la que todos los que tienen sed pueden acudir para recibir gratis el don de Dios? (cf. Jn 4, 10) … “la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza" (n. 10)”… “no se limita al ámbito interno de la Iglesia, sino que se abre al horizonte de la humanidad entera”… “por una parte, supone el anuncio del Evangelio; y, por otra, exige el testimonio cristiano en la historia”….

Nos sugiere un “examen de conciencia a propósito de la recepción del concilio Vaticano II (cf. Tertio millennio adveniente, 36)”…“que incluya “la vida litúrgico-sacramental”… “¿Se vive la liturgia como "fuente y cumbre" de la vida eclesial, según las enseñanzas de la  Sacrosanctum Concilium  (ib.)”… “¿Hasta qué punto ha entrado en la vida concreta de los fieles y marca el ritmo de cada comunidad?” …“¿Se entiende como camino de santidad, fuerza interior del dinamismo apostólico y del espíritu misionero eclesial ?”…

Nos llama a prestarle atención especial a la “música sagrada, al arte sacro”… “en relación con la infinita belleza divina, que se intenta expresar, de algún modo, en las obras humanas”…


Nos alienta a profundizar en las riquezas y potencialidades que encierran los “libros litúrgicos”… “en un principio de plena fidelidad a la sagrada Escritura y a la Tradición, interpretadas de forma autorizada en especial por el concilio Vaticano II”…. ; en la “pastoral litúrgica…en un “ renovado interés por la palabra de Dios según la orientación del Concilio”...

Nos invita a renovar “el arte de la oración”... “....suscitar el gusto por la oración”…. “no sólo a través de la liturgia, sino también a través de los "ejercicios piadosos", con tal de que se realicen en armonía con la liturgia, como si derivaran de ella y a ella condujeran (cf. n. 13) y a una nueva evangelización”… notando que “a pesar de la secularización, en nuestro tiempo está emergiendo, de diversas formas, una renovada necesidad de espiritualidad”… “la liturgia ofrece la respuesta más profunda y eficaz. Lo hace especialmente en la Eucaristía, en la que se nos permite unirnos al sacrificio de Cristo y alimentarnos de su cuerpo y su sangre”…

A su vez “redescubrir el “ valor del domingo”... domingo, día del Señor, en el que se hace memoria particular de la resurrección de Cristo”… “fundamento y núcleo de todo el Año litúrgico" (Sacrosanctum Concilium, 106; cf. Vicesimus quintus, 22)”…

También “cultivar con más esmero en nuestras comunidades la experiencia del silencio”… “para lograr la plena resonancia de la voz del Espíritu Santo en los corazones y para unir más estrechamente la oración personal con la palabra de Dios y la voz pública de la Iglesia”… “a. una educación específica en el silencio”… “a ejemplo de Jesús, el cual "salió de casa y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Mc 1, 35)…

Y finalmente también nos llama la atención a “respetar las normas ligurgicas”…. “haciéndolas cercanas a las diversas regiones, situaciones y culturas”….“asegurando a la liturgia su identidad y su decoro”… “pero evitar que caigan en abusos incluso graves, que oscurecen la verdad del misterio y crean desconcierto y tensiones en el pueblo de Dios (cf. Ecclesia de Eucharistia, 52”…

Concluye reiterándos la necesidad de la espiritualidad litúrgica", que lleve a tomar conciencia de Cristo como primer "liturgo", el cual actúa sin cesar en la Iglesia y en el mundo en virtud del misterio pascual continuamente celebrado, y asocia a sí a la Iglesia, para alabanza del Padre, en la unidad del Espíritu Santo.”…


Invito leer el precioso y exhaustivo texto EL MISTERIO DE LA LITURGIA firmado por la Abadía del Niño Dios, Victoria,  Entre Ríos,  ARGENTINA


lunes, 18 de marzo de 2024

La belleza de la liturgia – Entrevista a Mons. Piero Marini para Totus Tuus (Aleksandra Zapotoczny)

 



Su excelencia Piero Marini, Arzobispo titular de Martirano, fue durante veinte años el Maestro de las Celebraciones litúrgicas pontificias. (Desde 1987 a 2007 durante el pontificado de Juan Pablo II y Benedicto XVI).

«La primera Misa en la que preste servicio para Juan Pablo II fue la del miércoles de Ceniza de 198: este fue el inicio – recuerda el arzobispo – y estaba contento de aquel clima tan penitencial.»

Mons. Marini ha dedicado su libro “Liturgia e belleza. Nobilis Palchritudo” al recuerdo de la experiencia vivida en las celebraciones del Santo Padre.

Que significado particular tiene la Eucaristia para un sacerdote?

Para comprender el significado que la Eucaristía tiene para un sacerdote es necesario considerar la Eucaristía y el sacerdote en la Iglesia. La Sagrada Escritura, la Tradición de la Iglesia y el Concilio Vaticano II hablan siempre de un único sacerdocio, el de Cristo. Hay, sin embargo, dos modalidades de participación al mismo sacerdocio: uno universal, llamado también “de los fieles”, y otro ordenado, especifico de los ministros ordenados. Cada sacerdote, por la ordenación, es configurado a Cristo en su cualidad específica de cabeza y pastor. La misión del sacerdote en la Eucaristía es hacer presente a Cristo. Verdaderamente alter Christus: la imagen de Cristo en la comunidad, en la Iglesia. La imagen, sobre todo, de servir como Cristo, para ser santo no tanto para sí cuanto para la comunidad. Humildad, dialogo. Tiene que ser un hombre de oración porque tiene que enseñar a los demás a rezar con la Plegaria Eucarística. Anunciar la palabra que él tiene antes que meditar.

Que recuerdo tiene de su primera Misa?

Fui ordenado el 27 de junio de 1965… ha pasado una vida.. Pero sin duda el recuerdo de la primera Misa permanece para siempre.  Esta celebración tuvo lugar ne mi pequeña iglesia parroquial, donde además fui bautizado y donde recibir la primera comunión: para mi, ha sido una cosa muy importante volver a mi comunidad como sacerdote. Estaban presentes mis padres mis hermanos, mi párroco. He sido el primer sacerdote de mi diócesis, Piacenza-Bobbio, que ha concelebrado la Santa Misa con el Obispo y otros sacerdotes durante la ordenación, según las nuevas indicaciones del Concilio. Antes uno no se podía acercar al altar: quien había sido ordenado celebraba la Misa lejos del altar, pronunciaba las palabras para si, ayudado por el sacerdote. Al día siguiente, celebre la Misa con un amigo sacerdote en un Santuario. Montelungo, ante la Virgen. Conservo con afecto el recuerdo de esta celebración que fue muy sencilla, en espíritu de humildad, reservada. Y, después, la tercera Misa – en mi parroquia – la celebre en la solemnidad de los apóstoles Pedro y Pablo, que da esa visión de unión a la Iglesia Romana.

¿Qué significa vivir una liturgia solemne, cuales son los criterios fundamentales?

Una buena celebración depende del modo en que ha sido preparada, pues no se puede improvisar nada. La belleza está en la sencillez y en el orden: la liturgia necesita de la colaboración de nuestros sentidos: la vista, el oído, el olfato, el tacto.  Reclama la presencia de las imágenes, de la música, del canto, de la luz, de las flores, de los colores, de la coreografía. La Misa es una celebración en comunidad,  en la que están implicados diversos oficios, ministerios, porque la comunidad no es un cuerpo sin miembros.  Durante la preparación de la Misa se tiene en cuenta esta verdad. Están los monaguillos, los lectores, los que preparan la oración de los fieles. La primera realidad de la Misa  es la de una asamblea reunida – es el primer signo de la presencia de Cristo. Esta asamblea tiene que colocarse en un lugar, por eso es necesario cuidar también la domus ecclesaie. El Señor, cuando se disponía a celebrar la Pascua con sus discípulos, mando a algunos por delante para preparar un puesto en el piso superior; el piso noble de la casa.

Tres elementos fundamentales son necesarios para la celebración. Ante todo el ambón, - atril, el lugar desde el que se proclama la palabra de Dios. Nosotros, nuestra vida, no podemos vivir sin esta palabra. Muchos ven en el ambón el signo de la tumba vacía, el lugar del anuncio de la resurrección. La cátedra (la silla)  significa que la comunidad no esta sin guía, nosotros vivimos en espera del guía definitivo. El Señor que no se ve está representado por el sacerdote que preside.

En fin, el altar, que  durante el Medio Evo fue el punto más venerado de la iglesia porque en él se conservaban las reliquias de los mártires, y ante el altar se hacia la genuflexión ahora, por desgracia, hemos perdido todo esta devoción. El altar se ha convertido en una mesa donde se colocan las flores, las vinajeras, los micrófonos, los Misales. En el altar Cristo se sacrifica. Es el punto crucial para encontrar al Señor.  Naturalmente la belleza de la liturgia no está en los elementes exteriores, sino que depende sobre todo de la preparación interior, de su capacidad de dejar transparentaren gesto de amor llevado a cabo por Jesus.

Las Santas Misas presididas por el Sumo Pontífice se cuidan en los mínimos detalles y con gran solemnidad, cosa que no sucede a veces en las celebradas en parroquias

La celebración es la misma, pero el modo es diferente. Es verdad que en la Basilica de San Pedro tenemos también loa posibilidad de secciones y servicios para la celebración de la liturgia, mientras que una pequeña comunidad no dispone de los mismos medios, de todos modos, esto no justifica el descuido, ell desorden de los ornamentos, sobre todo la falta de amor en la celebración misma. No significa que las Misas silenciosas no sean bellas, no podemos confundir la participación con el  hacer. Es necesario dar especio a la celebración en si, evitar el “participacionismo”. Hay que dejar que los signos nos hablen una parte importante está bien en el silencio, en crear equilibro entre la participación personal y la comunitaria entre la escucha de la palabra, el canto, y la meditación. Los gestos en la liturgia son importantes porque son los gestos de Jesus.

La Eucaristía es el centro de la vida cristiana. ¿Cómo se explica la escasa practica de los fieles en la participación cotidiana y dominical a la Santa Misa?

Para responder a esta pregunta es necesario hacer primero algunas aclaraciones. Ante todo precisar el concepto del domingo, que no es solo la participación en la Misa. Ya los mártires de Abitene en el siglo IV tenían claro que el domingo está compuesto de varios elementos un tiempo para vivirlo y santificarlo, un lugar donde reunirse, el hecho de reunirse, la celebración de la Eucaristía. El cristiano, aunque no tenga la posibilidad de recibir la comunión y de participar en la Santa Misa – ocurre en tantas partes del mundo – tiene el deber de santificar el domingo, de reunirse para rezar y hacer memoria del Señor.

Es necesario distinguir entre la participación en la Misa diaria y la participación en la dominical. El cristiano es tal si participa en la Misa dominical, sin participar en aquella ferial, pero un cristiano no es tal si participa solo en la Misa ferial y no en la dominical.  En cuanto a la escasa practica dominical, pienso que en el pasado se nacía cristiano, mientras que hoy, en nuestra sociedad, se deviene, nos encontramos ante una descristianización muy difundida. Se ha perdido la función de la familia en la educación en la fe.

 

¿Qué formación deberían tener los fieles para que su participación en la Eucaristía fuese vivida con mas profundidad?

La Iglesia tiene que volver a enseñar, volver a descubrir la liturgia. La pastoral litúrgica ordinaria tendrá que confrontarse pacientemente con la analfabetizacion de los hombres y mujeres de nuestro tiempo acerca de los contenidos fundamentales de la fe cristiana.  Analfabetizacion que a menudo padecen también los mismos cristianos asiduos a la comunidad eucarística. Como el Papa ha insistido muchas veces, es necesario que las homilías y las catequesis sean mistagógicas. Significa que tenemos que comenzar la educación a la liturgia explicando a nuestros fieles los signos que realizan, todo lo que se hace en el ambón, en el altar, porque hay que persignarse al iniciar la Misa y en la proclamación del Evangelio.

Juan Pablo II ha sido un hombre que ha vivido de para la Eucaristía y de la Eucaristía…



Juan Pablo II se movió durante su vida impulsado por dos grandes motivos: testimoniar el Evangelio y anunciar el amor a los hombres. Celebrando la Eucaristía en todas partes del mundo, ha construido la Iglesia. «La Eucaristía hace la Iglesia y la Iglesia hace la Eucaristía» Y Benedicto XVI vive en sintonía con esta enseñanza. Juan Pablo II ha sido un constructor de la Iglesia a través de la liturgia en el espíritu del Concilio Vaticano II, dándonos el testimonio de la Iglesia Universal.

 


Entrevista de Aleksandra Zapotoczny, (publicado en Totus Tuus  Nr 3 junio 2006

 

domingo, 3 de junio de 2012

Benedicto XVI: En el «sí» fiel de Dios se injerta el «amén» de la Iglesia


“el modo de actuar de Dios —muy distinto del nuestro— nos da consuelo, fuerza y esperanza porque Dios no retira su «sí». Ante los contrastes en las relaciones humanas, a menudo incluso en las relaciones familiares, tendemos a no perseverar en el amor gratuito, que cuesta esfuerzo y sacrificio. Dios, en cambio, nunca se cansa de nosotros, nunca se cansa de tener paciencia con nosotros, y con su inmensa misericordia siempre nos precede, sale él primero a nuestro encuentro; su «sí» es completamente fiable. En el acontecimiento de la cruz nos revela la medida de su amor, que no calcula y no tiene medida. San Pablo, en la Carta a Tito, escribe: «Se manifestó la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre» (Tt 3, 4). Y para que este «sí» se renueve cada día «nos ungió, nos selló y ha puesto su Espíritu como prenda en nuestros corazones» (2 Co 1, 21b-22).
De hecho, es el Espíritu Santo quien hace continuamente presente y vivo el «sí» de Dios en Jesucristo y crea en nuestro corazón el deseo de seguirlo para entrar totalmente, un día, en su amor, cuando recibiremos una morada en los cielos no construida por manos humanas. No hay ninguna persona que no sea alcanzada e interpelada por este amor fiel, capaz de esperar incluso a quienes siguen respondiendo con el «no» del rechazo y del endurecimiento del corazón. Dios nos espera, siempre nos busca, quiere acogernos en la comunión con él para darnos a cada uno de nosotros plenitud de vida, de esperanza y de paz.
En el «sí» fiel de Dios se injerta el «amén» de la Iglesia que resuena en todas las acciones de la liturgia: «amén» es la respuesta de la fe con la que concluye siempre nuestra oración personal y comunitaria, y que expresa nuestro «sí» a la iniciativa de Dios. A menudo respondemos de forma rutinaria con nuestro «amén» en la oración, sin fijarnos en su significado profundo. Este término deriva de ’aman que en hebreo y en arameo significa «hacer estable», «consolidar» y, en consecuencia, «estar seguro», «decir la verdad». Si miramos la Sagrada Escritura, vemos que este «amén» se dice al final de los Salmos de bendición y de alabanza, como por ejemplo en el Salmo 41: «A mí, en cambio, me conservas la salud, me mantienes siempre en tu presencia. Bendito el Señor, Dios de Israel, desde siempre y por siempre. Amén, amén» (vv. 13-14). O expresa adhesión a Dios, en el momento en que el pueblo de Israel regresa lleno de alegría del destierro de Babilonia y dice su «sí», su «amén» a Dios y a su Ley. En el Libro de Nehemías se narra que, después de este regreso, «Esdras abrió el libro (de la Ley) en presencia de todo el pueblo, de modo que toda la multitud podía verlo; al abrirlo, el pueblo entero se puso de pie. Esdras bendijo al Señor, el Dios grande, y todo el pueblo respondió con las manos levantadas: “Amén, amén”» (Ne 8, 5-6).
Por lo tanto, desde los inicios el «amén» de la liturgia judía se convirtió en el «amén» de las primeras comunidades cristianas. Y el libro de la liturgia cristiana por excelencia, el Apocalipsis de san Juan, comienza con el «amén» de la Iglesia: «Al que nos ama y nos ha librado de nuestros pecados con su sangre, y nos ha hecho reino y sacerdotes para Dios, su Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén» (Ap 1, 5b-6). Así está escrito en el primer capítulo del Apocalipsis. Y el mismo libro se concluye con la invocación «Amén, ¡Ven, Señor Jesús!» (Ap 22, 20).”

(de la Audiencia generaldel Santo Padre Benedicto XVI en la Plaza San Pedro el  Miércoles 30 de mayo de 2012)

viernes, 23 de diciembre de 2011

No nos olvidemos de los que sufren - "Alma Redemptoris Mater... succurre "


"Alma Redemptoris Mater...

Con estas palabras comienza la antífona mariana, que la Iglesia reza especialmente en la liturgia del Adviento, como también en la liturgia del tiempo de Navidad.  El pueblo cristiano pide ayuda a la Madre del Redentor.....


Quiero ya hoy, en vísperas de las fiestas navideñas, dirigir los pensamientos y los corazones de todos hacia los que, en estas fiestas, se encontrarán bajo el sufrimiento: en los hospitales, en las cárceles, en los campos de concentración, en el exilio, lejos de sus seres queridos... ¡Cuántos modos diversos de sufrimiento prueban el alma y el cuerpo del hombre, de nuestro hermano y de nuestra hermana! Es difícil recordarlos todos.

Desde el corazón de la Iglesia fluyen las palabras de esperanza del Adviento: ¡El Señor está cerca!

Deseo compartir hoy esta esperanza con los que tienen más necesidad de ella. Que, tras las palabras, venga la Luz e ilumine la oscuridad de la existencia humana, incluso de la más difícil. Que venga la Gracia y revele la dignidad humana, que se deriva del misterio del nacimiento de Dios. Que cada uno de los hombres se levante de cualquier depresión en que se encuentre.
Alma Redemptoris Mater! Succurre!”