Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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domingo, 24 de junio de 2012

San Juan Bautista: profeta del Altísimo





"Et tu puer propheta Altissimi vocaberis
Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo" (Lc 1, 76)


"Estas palabras hablan del Santo de hoy. Con estas palabras el sacerdote Zacarías saludó al propio hijo, después de haber recobrado la capacidad de hablar. Con estas palabras saludó al hijo a quien puso el nombre de Juan por deseo propio y con sorpresa de toda la familia. Hoy la Iglesia nos recuerda estos acontecimientos al celebrar la solemnidad del nacimiento de San Juan Bautista.
También se le podría denominar el día de la llamada de Juan, hijo de Zacarías y de Isabel de Ain-Karim, para ser el último profeta de la Antigua Alianza; para ser el mensajero y el precursor inmediato del Mesías: Jesucristo.
He aquí que el que viene al mundo en circunstancias tan insólitas, trae ya consigo la llamada divina. Esta llamada proviene del designio de Dios mismo, de su amor salvífico, y está inscrita en la historia del hombre desde el primer momento de la concepción en el seno materno. Todas las circunstancias de esta concepción, como después las del nacimiento de Juan en Ain-Karim, indican una llamada insólita.
"Praebis ante faciem Domini parare vias eius: Irás delante del Señor para preparar sus caminos" (Lc 1, 76).
Sabemos que Juan Bautista respondió a esta llamada con toda su vida. Sabemos que permaneció fiel a ella hasta el último aliento. Y este aliento lo consumó en la cárcel por orden de Herodes, secundando el deseo de Salomé que actuaba bajo la instigación de su vengativa madre Herodías.
Pero la liturgia hoy no menciona esto, reservando otro día para ello. La liturgia hoy nos manda alegrarnos por el nacimiento del precursor del Señor. Nos manda dar gracias a Dios por la llamada de Juan Bautista.”

(Ordenaciones sacerdotales en la Basìlica de San Pedro - de la homilíadel Beato Juan Pablo II  el 24 de juniode 1979)

lunes, 9 de enero de 2012

Con el bautismo de manos de Juan Bautista, Jesús quiso hacerse en todo uno de nosotros

“Según el relato del evangelista san Mateo (3, 13-17), Jesús fue de Galilea al río Jordán para que lo bautizara Juan; de hecho, acudían de toda Palestina para escuchar la predicación de este gran profeta, el anuncio de la venida del reino de Dios, y para recibir el bautismo, es decir, para someterse a ese signo de penitencia que invitaba a convertirse del pecado. Aunque se llamara bautismo, no tenía el valor sacramental del rito que celebramos hoy; como bien sabéis, con su muerte y resurrección Jesús instituye los sacramentos y hace nacer la Iglesia. El que administraba Juan era un acto penitencial, un gesto que invitaba a la humildad frente a Dios, invitaba a un nuevo inicio: al sumergirse en el agua, el penitente reconocía que había pecado, imploraba de Dios la purificación de sus culpas y se le enviaba a cambiar los comportamientos equivocados, casi como si muriera en el agua y resucitara a una nueva vida.

(imagen de Wikipedia -

Por esto, cuando Juan Bautista ve a Jesús que, en fila con los pecadores, va para que lo bautice, se sorprende; al reconocer en él al Mesías, al Santo de Dios, a aquel que no tenía pecado, Juan manifiesta su desconcierto: él mismo, el que bautizaba, habría querido hacerse bautizar por Jesús. Pero Jesús lo exhorta a no oponer resistencia, a aceptar realizar este acto, para hacer lo que es conveniente para «cumplir toda justicia». Con esta expresión Jesús manifiesta que vino al mundo para hacer la voluntad de Aquel que lo mandó, para realizar todo lo que el Padre le pide; aceptó hacerse hombre para obedecer al Padre. Este gesto revela ante todo quién es Jesús: es el Hijo de Dios, verdadero Dios como el Padre; es aquel que «se rebajó» para hacerse uno de nosotros, aquel que se hizo hombre y aceptó humillarse hasta la muerte de cruz (cf. Flp 2, 7). El bautismo de Jesús, que hoy recordamos, se sitúa en esta lógica de la humildad y de la solidaridad: es el gesto de quien quiere hacerse en todo uno de nosotros y se pone realmente en la fila con los pecadores; él, que no tiene pecado, deja que lo traten como pecador (cf. 2 Co 5, 21), para cargar sobre sus hombros el peso de la culpa de toda la humanidad, también de nuestra culpa. Es el «siervo de Dios» del que nos habló el profeta Isaías en la primera lectura (cf. 42, 1). Lo que dicta su humildad es el deseo de establecer una comunión plena con la humanidad, el deseo de realizar una verdadera solidaridad con el hombre y con su condición.”

FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR - CELEBRACIÓN DE LA SANTA MISA
Y ADMINISTRACIÓN DEL BAUTISMO A 21 RECIÉN NACIDOS

domingo, 9 de enero de 2011

Oración de Juan Pablo II en homenaje al Bautismo de Jesús


“En la plenitud de los tiempos, - decía el Papa Juan Pablo II en su homilía en el Estadio de Amman, Jordania el 21 de marzo de 2000 - a la vera del río Jordán, Juan Bautista señala a Jesús, sobre el que desciende el Espíritu Santo en forma de paloma (cf. Lc 3, 22), el que no bautiza con agua sino "en Espíritu Santo y fuego" (Lc 3, 16). Los cielos se abren y se escucha la voz del Padre: "Este es mi Hijo, el predilecto, en el que tengo mi complacencia" (Mt 3, 17). En él, el Hijo de Dios, se cumplen la promesa hecha a Abraham y la Ley dada a Moisés.”


Y en Wadi al Karrar, ria adentro de un brazo del rio Jordan, donde se supone tuvo lugar el Bautismo del Señor el Santo Padre se unía en oración a los peregrinos que rinden homenaje al bautismo del Señor y elevaba su plegaria:

¡Gloria a ti, oh Padre,
Dios de Abraham, Isaac y Jacob!
Tú enviaste a tus siervos,
los profetas,
a proclamar tu palabra
de amor fiel
y a llamar a tu pueblo
al arrepentimiento.

En las orillas del río Jordán
suscitaste a Juan Bautista,
una voz que clama en el desierto,
enviado para toda la regióndel Jordán,
a preparar el camino
del Señor,
a anunciar la venida de Jesús.

¡Gloria a ti, oh Cristo,
Hijo de Dios!
Viniste a las aguas del Jordán
para ser bautizado
por la mano de Juan.
Sobre ti descendió el Espíritu
en forma de paloma.
Sobre ti se abrieron los cielos
y se escuchó la voz del Padre:
"Este es mi Hijo, el predilecto".
Del río bendecido
por tu presencia
saliste para bautizar
no sólo con agua
sino también con fuego
y Espíritu Santo.

¡Gloria a ti,
oh Espíritu Santo,
Señor y dador de vida!
Por tu poder
la Iglesia es bautizada,
descendiendo con Cristo a la muerte
y resucitando con él a nueva vida.

Por tu poder
somos liberados del pecado
y nos convertimos en hijos de Dios,
el glorioso Cuerpo de Cristo.
Por tu poder
es vencido todo miedo,
y se predica el Evangelio del amor
en todos los rincones de la tierra,
para gloria de Dios,
Padre, Hijo y Espíritu Santo.
A él toda gloria
en este Año jubilar
y en todos los siglos futuros.
Amén.
Invito visitar Dialogo Religioso - Ain Karim la patria de Juan el Bautista