Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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domingo, 9 de enero de 2011

Oración de Juan Pablo II en homenaje al Bautismo de Jesús


“En la plenitud de los tiempos, - decía el Papa Juan Pablo II en su homilía en el Estadio de Amman, Jordania el 21 de marzo de 2000 - a la vera del río Jordán, Juan Bautista señala a Jesús, sobre el que desciende el Espíritu Santo en forma de paloma (cf. Lc 3, 22), el que no bautiza con agua sino "en Espíritu Santo y fuego" (Lc 3, 16). Los cielos se abren y se escucha la voz del Padre: "Este es mi Hijo, el predilecto, en el que tengo mi complacencia" (Mt 3, 17). En él, el Hijo de Dios, se cumplen la promesa hecha a Abraham y la Ley dada a Moisés.”


Y en Wadi al Karrar, ria adentro de un brazo del rio Jordan, donde se supone tuvo lugar el Bautismo del Señor el Santo Padre se unía en oración a los peregrinos que rinden homenaje al bautismo del Señor y elevaba su plegaria:

¡Gloria a ti, oh Padre,
Dios de Abraham, Isaac y Jacob!
Tú enviaste a tus siervos,
los profetas,
a proclamar tu palabra
de amor fiel
y a llamar a tu pueblo
al arrepentimiento.

En las orillas del río Jordán
suscitaste a Juan Bautista,
una voz que clama en el desierto,
enviado para toda la regióndel Jordán,
a preparar el camino
del Señor,
a anunciar la venida de Jesús.

¡Gloria a ti, oh Cristo,
Hijo de Dios!
Viniste a las aguas del Jordán
para ser bautizado
por la mano de Juan.
Sobre ti descendió el Espíritu
en forma de paloma.
Sobre ti se abrieron los cielos
y se escuchó la voz del Padre:
"Este es mi Hijo, el predilecto".
Del río bendecido
por tu presencia
saliste para bautizar
no sólo con agua
sino también con fuego
y Espíritu Santo.

¡Gloria a ti,
oh Espíritu Santo,
Señor y dador de vida!
Por tu poder
la Iglesia es bautizada,
descendiendo con Cristo a la muerte
y resucitando con él a nueva vida.

Por tu poder
somos liberados del pecado
y nos convertimos en hijos de Dios,
el glorioso Cuerpo de Cristo.
Por tu poder
es vencido todo miedo,
y se predica el Evangelio del amor
en todos los rincones de la tierra,
para gloria de Dios,
Padre, Hijo y Espíritu Santo.
A él toda gloria
en este Año jubilar
y en todos los siglos futuros.
Amén.
Invito visitar Dialogo Religioso - Ain Karim la patria de Juan el Bautista

domingo, 10 de enero de 2010

Jesús bautizado en el río Jordán.


1. Otra intervención significativa del Espíritu Santo en la vida de Jesús, después de la de la Encarnación, se realiza en su bautismo en el
El evangelio de san Marcos narra el acontecimiento así: «Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a él. Y se oyó una voz que venía de los cielos: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”» (Mc 1, 9-11 y par.). El cuarto evangelio refiere el testimonio del Bautista: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él» (Jn 1, 32).
2. Según el concorde testimonio evangélico, el acontecimiento del Jordán constituye el comienzo de la misión pública de Jesús y de su revelación como Mesías, Hijo de Dios.
Juan predicaba «un bautismo de conversión para perdón de los pecados» (Lc 3, 3). Jesús se presenta en medio de la multitud de pecadores que acuden para que Juan los bautice. Éste lo reconoce y lo proclama como cordero inocente que quita el pecado del mundo (cf. Jn 1, 29) para guiar a toda la humanidad a la comunión con Dios. El Padre expresa su complacencia en el Hijo amado, que se hace siervo obediente hasta la muerte, y le comunica la fuerza del Espíritu para que pueda cumplir su misión de Mesías Salvador.
Ciertamente, Jesús posee el Espíritu ya desde su concepción (cf. Mt 1, 20; Lc 1, 35), pero en el bautismo recibe una nueva efusión del Espíritu, una unción con el Espíritu Santo, como testimonia san Pedro en su discurso en la casa de Cornelio: «Dios a Jesús de Nazaret le ungió con el Espíritu Santo y con poder» (Hch 10, 38). Esta unción es una elevación de Jesús «ante Israel como Mesías, es decir, ungido con el Espíritu Santo» (cf. Dominum et vivificantem, 19); es una verdadera exaltación de Jesús en cuanto Cristo y Salvador.
Catequesis Santo Padre Juan Pablo II miércoles 3 de junio de 1998
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domingo, 11 de enero de 2009

EL bautismo del Señor


«Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a él. Y se oyó una voz que venía de los cielos: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”» (Mc 1, 9-11 y par.)
«Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19
).
La Iglesia celebra hoy la fiesta del Bautismo de Cristo en el Jordán .
Como de costumbre el 12 de enero de 1997, Dia del Bautismo del Señor, primer domingo despues de Epifania, SS Juan Pablo II administraba en la Capilla Sixtina el sacramento del bautismo a algunos recién nacidos: diez niñas y nueve niños, de los cuales catorce son italianos, dos polacos, uno español, uno mexicano y uno indio…. Y en su homilia explicaba los pasos de la ceremonia y su significado.

“estos niños dentro de poco recibirán ese mismo bautismo y se convertirán en miembros vivos de la Iglesia. Ante todo, serán ungidos con el óleo de los catecúmenos, signo de la suave fortaleza de Cristo, que se les da para luchar contra el mal. Luego, se derramará sobre ellos el agua bendita, signo de la purificación interior mediante el don del Espíritu Santo, que Jesús nos hizo al morir en la cruz. Inmediatamente después recibirán una segunda y más importante unción con el «crisma», para indicar que son consagrados a imagen de Jesús, el ungido del Padre. Por último, al papá de cada uno se le entregará una vela para encenderla en el cirio pascual, símbolo de la luz de la fe que los padres los padrinos y las madrinas deberán custodiar y alimentar continuamente, con la gracia vivificante del Espíritu”
Y recordaba que “cuando Jesús sale del agua, el Espíritu Santo desciende sobre él como una paloma y, tras abrirse el cielo, desde lo alto se oye la voz del Padre: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco» (Mc 1, 11). Por tanto, el acontecimiento del bautismo de Cristo no es sólo revelación de su filiación divina sino también, al mismo tiempo revelación de toda la santísima Trinidad: el Padre --la voz de lo alto-- revela en Jesús al Hijo unigénito consustancial con él, y todo esto se realiza en virtud del Espíritu Santo que bajo la forma de paloma desciende sobre Cristo, el consagrado del Señor”
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