Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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viernes, 12 de enero de 2018

Comentarios del Profesor Seifert a la «Relectura de Humanae Vitae» del P. Chiodi


Nota: El siguiente texto es una declaración redactada por el profesor Josef Seifert, célebre filósofo austríaco y cofundador de la Academia Internacional de Filosofía (IAP), fiel colaborador de Juan Pablo II,  elegido por JPII como miembro vitalicio ordinario de la Pontificia Academia de la Vida (cargo que termino con la destitución de todos los miembros de la PAV en 2016)
El 14 de diciembre de 2017, el profesor P. Maurizio Chiodi pronunció, en la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma, un discurso titulado «Relectura de Humanae Vitae (1968) a la luz de Amoris Laetitia (2016. Ha sido nombrado como nuevo miembro de la PAV, la Pontificia Academia para la Vida, fundada por el Papa Juan Pablo II para explicar y defender las verdades que la Iglesia enseña sobre la vida humana en Humanae Vitae y otros documentos. Sin embargoChiodi no sólo rechaza abiertamente la enseñanza moral de la Iglesia acerca de la anticoncepción, magníficamente enunciada en Humanae Vitae, según la cual existe un vínculo maravilloso y profundo entre la unión conyugal amorosa y la procreación, por lo que todo acto de anticoncepción que establezca una separación entre el significado unitivo y procreador del acto conyugal es intrínsecamente malo en cualquier situación. Además de negar estas enseñanzasChiodi afirma que la anticoncepción es incluso obligatoria moralmente en ciertas circunstancias. En su opinión, la paternidad responsable puede obligar a un matrimonio a aplicar métodos artificiales de control de la natalidad.
Podría parecer así que el P. Chiodi pretende responder a dos de las cinco famosas dubia. La respuesta tácita de Chiodi podría formularse así: «No existen, en efecto, actos humanos que sean intrínsecamente malos en todas las circunstancias».
Chiodi invoca la exhortación apostólica del papa Francisco sobre la familia, Amoris Laetitia, como nuevo modelo y paradigma de la teología moral, que suprime el concepto (expuesto de forma solemne y magisterial en Humanae VitaeFamiliaris Consortio y Veritatis Splendor) de que la anticoncepción es un acto humano intrínsecamente malo, en todo lugar y en todo momento. Chiodi añade, en radical y directa contradicción con la enseñanza del Magisterio de la Iglesia contenida en Humanae Vitae, en virtud de la cual existen «circunstancias –me refiero al capítulo 8 de Amoris Laetitia– en las que, precisamente por motivos de responsabilidad, exigen la anticoncepción.» Chiodi señaló que «cuando los métodos naturales resulten imposibles o inviables, es preciso encontrar nuevas formas de responsabilidad».
(Leer completo en InfoCatolica)

martes, 28 de noviembre de 2017

"Amoris laetitia" Robert A. Gahl, Jr. : Una respuesta a la lectura de Rocco Buttiglione


Sanar mediante el arrepentimiento

“…Buttiglione, anteriormente ministro italiano de cultura y experto en la filosofía del Papa Juan Pablo II, ha intentado defender a Francisco de los críticos conservadores que sostienen que el Papa ha roto con la enseñanza de Juan Pablo II acerca del divorcio y un nuevo matrimonio.

Con un enfoque populista centrado en el "sensus fidei" de los católicos sin el estorbo de teorías teológicas, Buttiglione sostiene que una interpretación simple de "Amoris laetitia" es también la más fiel, la única capaz de entender y apreciar la novedad pastoral propuesta por el Papa.

Pero desgraciadamente la interpretación de Buttiglione acerca de la distinción entre moralidad objetiva e imputabilidad subjetiva, una distinción subrayada y desarrollada en "Amoris laetitia", es engañosa. Si se la tomara en serio, con sus plenas implicaciones pastorales, fomentaría un enfoque pastoral despiadado, y no misericordioso, sobre los pecadores arrepentidos.

Buttiglione afronta la cuestión especialmente controvertida que plantean los pasajes más difíciles de "Amoris laetitia": si una persona que está divorciada y casada de nuevo civilmente, o es simplemente convivente, puede o no recibir la santa comunión.
Hace hincapié en la distinción entre objetivo y subjetivo para observar que una persona que comete lo que es, objetivamente, un pecado mortal podría no ser, subjetivamente, culpable de ese pecado y, por lo tanto, podría ser dispensada de la plena responsabilidad. Dicha persona podría sentirse atrapada y lamentar lo que la ha llevado a este dilema, sin saber cómo resolverlo.

Todo esto es verdad. Pero Buttiglione va más allá y sostiene que el confesor debe decidir si el penitente puede ser admitido a los sacramentos sin ser guiado por principios predeterminados. Los principios predeterminados llevarían a la casuística y, además, "la variedad de situaciones y circunstancias humanas es demasiado amplia" para que aquellos la cubran. De este modo, el pecado cometido por una persona que sigue teniendo relaciones sexuales con otra persona con la que no está casado puede no representar una culpabilidad grave. Así, Buttiglione implica al confesor, que puede abrir la puerta a los sacramentos sin asegurar el pleno arrepentimiento del penitente.

Pero mientras Buttiglione tiene razón en decir que algunos pecados del pasado pueden no ser subjetivamente imputables, su sugerencia de que el confesor pueda dar al penitente un "pase" gratuito por dichos pecados en el futuro no puede conciliarse con la tradición, que sostiene que los pecadores habituales deben arrepentirse para ser perdonados y que su arrepentimiento debe incluir un firme propósito de enmienda (ver Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1451 y Concilio de Trento, DS 1676). Jesús le dice a la mujer sorprendida en adulterio: "Anda, y en adelante no peques más" (Jn 8, 11). Los buenos confesores saben guiar a sus penitentes hacia un pleno arrepentimiento, ayudándoles a reflexionar sobre lo que pueden hacer para liberarse de una situación difícil o, también, de un dilema aparente. Al ayudar al penitente a adquirir un firme propósito de enmienda, el pastor le hace un favor, instruyéndole así en la plenitud de la verdad de Jesús.”


(Invito leer completo en  Chiesa Espresso) 

viernes, 24 de noviembre de 2017

Andrea Tornielli entrevista a Rocco Buttiglione: Amoris Laetitia – “dubbia” y “correctio”


Continúan las discusiones y debates acerca de parte del contenido de la Exhortación Apostólica postsinodal del Papa Francisco titulada Amoris Laetitia, sobre el amor en la familia. Podemos estar de acuerdo o no con las dudas y/o  correcciones; no obstante es interesante que se haya generado este debate pues nos ayuda a reflexionar y hablar sobre la familia, el amor, el matrimonio y la Iglesia, temas actuales de hoy y de siempre.

Andrea Tornielli ha entrevistado al filósofo Rocco Buttiglione, profundo conocedor del pensamiento de Juan Pablo II. En esta entrevista con Vatican Insider  reflexiona y “desmenuza (discutiéndolas) las acusaciones de los firmantes de la «correctiofilialis»” 

(Publico aquí solo una parte (tres preguntas) e invito a leer el resto (son siete las preguntas – 7 «herejias») en la página oficial de Vatican Insider)

¿Qué piensa sobre la «correctio filialis» enviada al Papa y sobre el grupo de estudiosos que hace afirmaciones tan duras sobre el sucesor de Pedro? 

Jesús no escribió un manual de metafísica y mucho menos de teología. Se encomendó a un grupo de hombres y después a uno, Pedro. Les prometió la asistencia del Espíritu Santo. Aquí, un grupo de hombres se erigen en jueces por encima del Papa. No exponen objeciones, no discuten. Juzgan y condenan. ¿Quién les autorizó a constituirse en jueces por encima del Papa? 

Después de su publicación, algunos de los que firmaron el documento afirmaron que nunca habían dicho que el Papa fuera un hereje. ¿Se deduce esto al leer el texto? 

Leamos el texto: “nos vemos obligados a dirigir una corrección a Su Santidad, a causa de la propagación de herejías ocasionada por la Exhortación apostólica «Amoris laetitia» y por otras palabras, hechos y omisiones de Su Santidad”. Si esta no es una acusación de herejía, yo no sé qué es. Los que firmaron el documento que dicen que nunca afirmaron que el Papa fuera un hereje no leyeron el texto que firmaron. 

Antes de entrar detalladamente en las 7 «herejías», me gustaría detenerme sobre el lenguaje utilizado: se hacen afirmaciones («propositiones») dando a entender que el Papa las escribió, dijo o sostuvo: en realidad ninguna de ellas ha sido afirmada por Francisco. ¿Es correcto el método? 

No, no es un método correcto. Las proposiciones no resumen correctamente el pensamiento del Papa. Pongamos un ejemplo: en la segunda proposición atribuyen al Papa la afirmación de que los divorciados que se han vuelto a casar y que permanecen en ese estado «con absoluta advertencia y deliberado consenso» están en la gracia de Dios. El Papa dice otra cosa: en algunos casos un divorciado que se ha vuelto a casar y permanece en tal estado sin plena advertencia y deliberado consenso puede estar en la gracia de Dios. 

¿Por qué es tan significativo este ejemplo? 

Los críticos comienzan sosteniendo que en ningún caso un divorciado que se ha vuelto a casar puede estar en la gracia de Dios. Y luego algunos (yo, por ejemplo) les han recordado que para tener un pecado mortal es necesaria no solo una materia grave (y el adulterio es ciertamente materia grave de pecado), sino también de plena advertencia y deliberado consenso. Ahora parece que se echan para atrás: incluso ellos han comprendido que en algunos casos el divorciado que se ha vuelto a casar puede estar exento de culpa debido a atenuantes subjetivos (la falta de la plena advertencia y del deliberato consenso). ¿Qué hacen para encubrir la retirada? Le atribuyen al Papa la afirmación de que el divorciado que se ha vuelto a casar que permanezca en su situación con plena advertencia y deliberado consenso sigue estando en estado de gracia. Esta falsificación de la postura del Papa, a la que se ven obligados, indica cuán desesperada es su situación desde el punto de vista lógico. Admiten implícitamente que hay algunas situaciones en las que el divorciado que se ha vuelto a casar puede recibir la Comunión, pero toda la revuelta contra «Amoris laetitia» nació de un rechazo visceral frente a esta posibilidad. 

La Iglesia, cuando condenaba proposiciones juzgadas heréticas, siempre era muy precisa en establecer qué se hubiera dicho y las intenciones de aquel que lo había dicho. En este caso no ha sido así… 

A los correctores les gusta convertirse en un Nuevo Santo Oficio, pero evidentemente no conocen los procedimientos… 

Hablando sobre las 7 «herejías» atribuidas al Pontífice, se ve que giran alrededor del punto de la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar. ¿Son fundadas en su opinión? 

La primera corrección atribuye al Papa la afirmación de que la gracia no es suficiente para permitirle al hombre evitar todos los pecados. El Papa dice, con toda evidencia, muy otra cosa: la cooperación del hombre con la gracia a menudo es insuficiente y parcial. Por ello no logra evitar todos los pecados. La cooperación con la gracia, además, se desarrolla en el tiempo. Cuando el hombre comienza a moverse hacia la salvación lleva consigo una carga de pecados de los que se liberará poco a poco. Por ello una persona que no logra llevar a cabo por completo las obras de la ley puede estar en la gracia de Dios. Es la noción del pecado venial. 

De la segunda ya hemos hablado. Vayamos a la tercera… 


La tercera corrección atribuye al Papa la afirmación de que se puede conocer el mandamiento de Dios y violarlo y, a pesar de ello, permanecer en la gracia de Dios. También en este punto el Papa dice, con toda evidencia, otra cosa: es posible conocer las palabras del mandamiento y no comprenderlas o reconocerlas en su verdadero significado. El cardenal Newman distinguía entre comprender la noción (he comprendido el sentido verbal de una proposición) y la comprensión real (he comprendido qué significa para mi vida). Algo semejante dice también Santo Tomás, cuando habla del error en buena fe. 

sábado, 26 de agosto de 2017

La Comunión de los divorciados

Con el título “Se publica en la web  del Vaticano la carta del Papa a favor de la comunión de los divorciados vueltos a casar en ciertos casos” el blog de la Parroquia San Juan Bautista cita la carta del Papa Francisco, ofrece comentarios y también presenta detalles sobre el magisterio de San Juan Pablo II y Benedicto XVI sobre esta situación tan controvertida, que ya ha dado que hablar y pienso que seguirá siendo tema de debate por un largo tiempo. Personalmente el tema me parece harto interesante y creo que todos deberíamos analizarlo a conciencia, aunque por cierto confunde.  
Invito leer los sensatos comentarios del Padre Ricardo Mazza en su propio blog donde aparece este post y analizar también las noticias relacionadas.
Cito textualmente aquí solamente el texto referido a San Juan Pablo II y a Benedicto XVI (pero invito leer el post de la Parroquia San Juan Bautista completo):

El Magisterio de san Juan Pablo II y Benedicto XVI excluye tal posibilidad. En la exhortación apostólicaFamiliaris Consortio de San Juan Pablo II se lee:

    La Iglesia, no obstante, fundándose en la Sagrada Escritura reafirma su práxis de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados que se casan otra vez. Son ellos los que no pueden ser admitidos, dado que su estado y situación de vida contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía. Hay además otro motivo pastoral: si se admitieran estas personas a la Eucaristía, los fieles serían inducidos a error y confusión acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio.


    La reconciliación en el sacramento de la penitencia —que les abriría el camino al sacramento eucarístico— puede darse únicamente a los que, arrepentidos de haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo, están sinceramente dispuestos a una forma de vida que no contradiga la indisolubilidad del matrimonio. Esto lleva consigo concretamente que cuando el hombre y la mujer, por motivos serios, —como, por ejemplo, la educación de los hijos— no pueden cumplir la obligación de la separación, «asumen el compromiso de vivir en plena continencia, o sea de abstenerse de los actos propios de los esposos»
    Familiaris Consortio 83



Y Benedicto XVI indica en SacramentumCaritatis:
    El Sínodo de los Obispos ha confirmado la praxis de la Iglesia, fundada en la Sagrada Escritura (cf. Mc 10,2-12), de no admitir a los sacramentos a los divorciados casados de nuevo, porque su estado y su condición de vida contradicen objetivamente esa unión de amor entre Cristo y la Iglesia que se significa y se actualiza en la Eucaristía...



    .... se ha de evitar que la preocupación pastoral sea interpretada como una contraposición con el derecho. Más bien se debe partir del presupuesto de que el amor por la verdad es el punto de encuentro fundamental entre el derecho y la pastoral: en efecto, la verdad nunca es abstracta, sino que «se integra en el itinerario humano y cristiano de cada fiel ». Por esto, cuando no se reconoce la nulidad del vínculo matrimonial y se dan las condiciones objetivas que hacen la convivencia irreversible de hecho, la Iglesia anima a estos fieles a esforzarse por vivir su relación según las exigencias de la ley de Dios, como amigos, como hermano y hermana; así podrán acercarse a la mesa eucarística, según las disposiciones previstas por la praxis eclesial.
    Sacramentum Caritatis, 29



Por su parte, el Concilio de Trento condenó la tesis de que haya circunstancias que hagan imposible al hombre cumplir la ley de Dios

    Si alguno dijere que es imposible al hombre aun justificado y constituido en gracia, observar los mandamientos de Dios; sea excomulgado.
    Trento, Canon XVIII sobre la Justicicación



Y la Escritura asegura que Dios ayuda siempre a soportar la tentación:



    No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea de medida humana. Dios es fiel, y él no permitirá que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas, sino que con la tentación hará que encontréis también el modo de poder soportarla.

    1ª Cor 10,13