Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
Mostrando entradas con la etiqueta Buttiglione. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Buttiglione. Mostrar todas las entradas

viernes, 2 de mayo de 2025

El horror, el santo y nuestros días (4 de 4)




Auschwitz/Oswiecim – Maximiano Kolbe

“Sería erróneo convertir la figura de Kolbe en un símbolo de rendimiento ante el opresor, o de rehusar enfrentarse al mal por medios de este mundo. Esta posición seria más propia del ethos protestante (refiriéndose a las enseñanzas de Dietrich Bonhoeffer)  pero contrario al espíritu de un pueblo que recuerda con veneración las victimas de tantas luchas sangrientas por la independencia de su patria, bajo la guía espiritual del Cardenal Stefan Wyszynski, el capellán de los insurgentes de Varsovia.  En sus actividades dentro de la iglesia y la sociedad la espiritualidad del padre Kolbe siempre estuvo marcada por  virilidad y  espíritu cortés.   Sería suficiente recordar el titulo de su diario, Rycerz Niepokalanej, El Caballero de la Inmaculada, cuya tirada superaba los 800.000  ejemplares en Polonia antes de la guerra.                                                                                                                                                                                                                                            

El mensaje de Kolbe es de un equilibrio católico integral: el oprimido puede y debe luchar por la justicia con armas de este mundo pero la verdadera victoria es la victoria espiritual, y es la que recupera y reconstruye la verdad en uno mismo y en los demás.  Es solamente con la mirada fija puesta en esta victoria que es posible evitar cruzar inadvertidamente el límite hacia la injusticia y perder de vista las razones humanas que convierten la lucha en digna y noble. Kolbe no tiene nada que ver en las consecuencias de secularización (que algunos suponen pueden surgir del pensamiento de Bonhoeffer.) Su vida demuestra que en esta tormentosa era de la historia del hombre, es cada vez mas imperiosa la capacidad del hombre por la humanización a fin de que el corazón humano no se rinda ante la barbarie.

 

Si tratamos de abreviar en pocas palabras el dictamen sobre la historia contemporánea que surge de lo que hemos tratado de exponer podemos decir que el conflicto que marca la historia contemporánea es un conflicto por o contra la imagen cristiana de lo humano.   Existieron varias formas de totalitarismos que intentaron construir una ciudad sin Dios en la cual (no obstante sus ocasionales reclamos humanísticos) el hombre se halla inexorablemente reducido a ser  un mero instrumento del poder. En vista de este conflicto fundamental,  en cierto sentido,  todos los demás esfuerzos son secundarios. Nuestra intención no es minimizar la lucha  que divide clases y naciones sino argumentar que estos conflictos pueden resolverse de manera equitativa, justa y humana solamente si están orientados por una visión cristiana del hombre: de otra manera terminan por provocar un aumento de injusticia y finalmente la  auto destrucción de la humanidad.

 

Es bien fácil establecer como esta visión de historia contemporánea difiere de aquella que se halla mas divulgada entre nosotros – la idea que las raíces de la crisis de la civilización europea, que nos ha cargado con terribles y continuos ciclos de guerras mundiales, debe buscarse en la esfera de la economía, en la lucha entre clases y entre naciones. Lo que se vislumbra en primer plano y ocupa mayormente nuestra atención es la lucha entre las diferentes formas de totalitarismo moderno. Sin dudas, el caos de intereses conflictivos nos vuelve sordos a la pacifica resistencia de todos aquellos que rechazan renunciar a su dignidad humana y, en lugar de ponerse de un lado u otro de estas formas de totalitarismos que compiten entre si por la dominación mundial, buscan construir una alternativa.

 

Polonia se ha visto envuelta en dos de las formas más violentas de totalitarismos modernos, y frente a estas adversidades reafirmó otra visión del hombre creando una oposición esencialmente moral.  En septiembre de 1939 las estructuras físicas del estado polaco se rindieron inmediatamente ante la superioridad alemana. Sin embargo, los nazis no lograron destruir la resistencia moral del pueblo.  Exterminaron a los intelectuales  y mataron una sexta parte   de los sacerdotes con la intención de destruir la conciencia espiritual de la nación. La resistencia moral se reconstruyo a si misma alrededor de la presencia de testigos de la iglesia católica y, por medio de ella, por algunos grandes hombres de fe. Ya hemos hablado del padre Maximiliano Kolbe. En este contexto, debemos mencionar también al cardenal Sapieha, arzobispo metropolitano de Cracovia, figura gigante de obispo y sacerdote y símbolo de la resistencia espiritual, en cuya esfera de influencia maduró la vocación sacerdotal del joven Karol Wojtyla.

 

Guiada por otra gran figura de sacerdote y obispo, el Cardenal Stefan Wyszyński, la iglesia también se opuso al totalitarismo comunista a través de su propia resistencia moral anclada en la visión del hombre como “imagen visible del Dios invisible”.  Este testigo estimuló la conciencia de la gente. Englobaba la voluntad de continuar la lucha por la verdad y la libertad, y al mismo tiempo mantenía viva la conciencia que más importante que la reforma política del régimen dominante es la reforma de la conciencia – el redescubrimiento,  individual y comunitario, de una perseverancia esencial y una constante humanidad frente a los reclamos del poder. Los hechos de Danzig en 1979, la protesta pacífica y firme de todo un pueblo en defensa de la verdad y el derecho, habla de una manifestación practica de una inclinación espiritual nueva, de la cual habla,  quizás en el testimonio más lúcido que se haya escrito,  Józef Stanisław Tischner en su The Ethics of Solidarity.”

 

Traducido de Rocco Buttiglione:  KAROL WOJTYLA – The thought of the man who became Pope por (William B. Erdman Publishing Co. 1997

 

El horror, el santo y nuestros días (3 de 4)

 



(peregrinaciòn  a Auschwitz durante el Congreso de la Misericordia en Cracovia, 2011)

 

Auschwitz/Oswiecim – Maximiliano Kolbe

 

“Reflexionemos por un momento sobre estas palabras. Auschwitz es un lugar construido para la destrucción del hombre, para el aniquilamiento de su dignidad. El poder, por cierto,  no puede matar a todos los hombres porque los necesita como sirvientes e instrumentos.  Pero para garantizarse estos instrumentos primero debe aniquilar su dignidad, su auto estima. En el campo de exterminio, el hombre es reducido a pura animalidad, y de acuerdo a la destrucción programada de su personalidad espiritual se demuestra científicamente que no conlleva valores superiores sino que es tan solo un animal levemente mas evolucionado que los demás.  Es como un mono entrenado que puede ser domesticado, pero que está siempre dispuesto a regresar a la ley de la jungla. Desde ese punto de vista  la humanidad no consiste en lo que es mas profundo en el hombre sino en lo que es más superficial. Observando la brutalidad de las victimas  (y la de sus asesinos) cada uno de ellos se ve forzado a pensar en su dimensión más profunda y en que podría convertirse en cualquier momento en caso que ofendiera a los poderes existentes o si no se mostrase totalmente obediente a sus órdenes.   El fin último del campo de extermino es, en cierta manera, metafísico: muestra que los valores humanos en cuyo nombre sería posible desafiar al poder no existen, porque el hombre solo es materia sujeta a coerción por medios materiales cualquiera fuese su fin. Por lo tanto, si en el hombre no hay verdad ni justicia, si solo se trata de palabras huecas, entonces,  en principio,  la razón de toda oposición al poder totalitario desaparece. Entonces cualquier posible oposición debiera radicar – si así pudiera – tan solo en el plano de la fuerza.  Precisamente por esta razón y en virtud de la profundidad metafísica que responde al horror de Auschwitz, el testimonio del padre Kolbe no es mero testimonio sino una victoria.  Porque al sacrificar su vida convierte en inútil el campo de exterminio: lo anula espiritualmente mostrando al mismo tiempo que la humanidad es lo más profundo que existe en el hombre. Es más fundamental para él y le pertenece más íntimamente que el instinto de supervivencia y cualquier otra tendencia que el hombre tiene en común con otros animales. En el lugar construido para el aniquilamiento del hombre, para la negación de su naturaleza espiritual, Kolbe muestra la esencia de la grandeza humana.

 

Ningún éxito de la alianza anti nazi puede anular lo que ocurrió  en Auschwitz,  ningún castigo para con los asesinos puede equipararse con el sufrimiento de víctimas inocentes. No es posible borrar Auschwitz o lugares de muerte similares de la historia humana. Pero el padre Kolbe impregnó de una profundidad inesperada la lectura de su significado.  Porque esos lugares son los la cruz de Cristo sobre la cual gime el hombre contemporáneo.  El cristiano sabe que, vivido en el espíritu de Cristo, como participación de su sufrimiento y su testimonio para el hombre, son lugares de victoria fundamental del hombre y para el hombre.

 

Para comprender mejor el pensamiento de Juan Pablo II, debemos prestar atención al texto polaco de su discurso porque en un punto la traducción (al ingles) no es enteramente fiel. Cuando nuestra traducción dice “se lleva a cabo una victoria particular para la fe” las palabras exactas que el Santo Padre pronunciara son: “dokonalo sie szczegolne zwycietwo czlowieka przez wiare” – literalmente, “se lleva a cabo una victoria particular del hombre por medio de la fe”.  Lo que se conquista, por medio de Kolbe, no es la fe cristiana sino el hombre, el hombre que por medio de la fe llega a la total posesión de su propia humanidad.  Esta posesión coincide con el reconocimiento que su propia verdad humana es un don que brota continuamente de la misericordia de Dios.  En el campo, el hombre como tal experimenta la prueba de la cruz, pero es la fe la que le permite superar la prueba, para recuperar completa y definitivamente, por medio de la prueba, su propia verdad y su dignidad humana.”

 

Traducido de Rocco Buttiglione:  KAROL WOJTYLA – The thought of the man who became Pope por (William B. Erdman Publishing Co. 1997) 

 

  

 


El horror, el santo y nuestros días (2 de 4)

 


Auschwitz/Oswiecim -  Maximiliano Kolbe  

 

Traducido de Rocco Buttiglione:  KAROL WOJTYLA – The thought of the man who became Pope por (William B. Erdman Publishing Co. 1997)

 

“Adorno le adjudica esta imagen al sobreviviente judío, que fácilmente podría aplicarse a la raza aria y relacionar el destino de las victimas con el de los asesinos. (13) Cuando la fuerza es enteramente disociada de la justicia, el homo sapiens no logra reivindicar elevarse más allá de la mera animalidad alegando su capacidad de acceder a un orden superior de valores.  

La pregunta de Adorno – si aun es posible hacer filosofía después de Auschwitz, básicamente si aun es posible ser humano – no ha encontrado respuesta en la cultura contemporánea.  Sin embargo ha sido encarada por Juan Pablo II, primero implícitamente en su encíclica  RedemptorHominis,  y  explícitamente en su homilía en la Misa celebrada en la explanada de Brzezinska el 7 de junio de 1979. Esta homilía esta centrada en una figura fascinante que gozara de gran prestigio en la vida eclesiástica y cultural polaca antes de la guerra. El padre Kolbe, encarcelado en el campo de exterminio fue consuelo y ayuda constante para sus compañeros, un recordatorio viviente de su dignidad humana, violada en ese lugar.  Durante una represalia Kolbe se ofreció a ir a la cámara de gas en reemplazo de un compañero, padre de familia númerosa, aceptando el desafío de ser condenado a morir de hambre.  Karol Wojtyla siempre practico  gran devoción por   San Maximiliano M. Kolbe.  Para Juan Pablo II fue el modelo de estos tiempos difíciles, no solamente por su propia estatura espiritual, sino también por el significado particular que, en la Providencia de Dios, asume su sacrificio.  Porque es en ello que radica la respuesta a la fundamental pregunta filosófica: Si es posible y cómo ser humano después del horror de la guerra.  Esta respuesta no es fruto de una reflexión abstracta,  sucede a un hecho y busca neutralizar la memoria del sufrimiento, sino que es una respuesta cuyo testigo ha sido sellado con sangre.

Desde el comienzo, en su homilía dedicada la figura del padre Kolbe, Juan Pablo II acoge la opinión de Adorno en el significado de Auschwitz de nuestra época, pero lo revierte. El comienza así:

"...Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Jn 5, 4)

Estas palabras de la Carta de San Juan me vienen a la mente y me llegan al corazón, cuando me encuentro, junto con vosotros, en este lugar donde se ha llevado a cabo una particular victoria del ser humano mediante la fe. Por la fe que hace nacer el amor de Dios y del prójimo, el único amor, el amor supremo que está dispuesto a “dar la vida por sus amigos” (Jn 15, 13; cf. 10, 11). Una victoria pues por el amor que hace viva la fe hasta el extremo del último y definitivo testimonio…..La victoria mediante la fe y el amor la consiguió este hombre en este lugar, construido para la negación de la fe –de la fe en Dios y de la fe en el hombre– y para aplastar radicalmente no sólo el amor, sino todos los signos de la dignidad humana, de la humanidad. En este lugar del terrible estrago……el P. Maximiliano Kolbe, ofreciéndose voluntariamente a sí mismo a la muerte, en el búnker del hambre, por un hermano, consiguió una victoria espiritual, similar a la del mismo Cristo.”

(13)  Adorno:  Negative dialects, pp 327-28)

 


 

El horror, el santo y nuestros días (1 de 4)

 

Traducido de Rocco Buttiglione:  KAROL WOJTYLA – The thought of the man who became Pope por (William B. Erdman Publishing Co. 1997)



 (fotografia de Auschwitz.org)  

 Auschwitz/Oswiecim -  Maximiliano Kolbe   

 “El campo de concentraciòn de Oswiecim, el pueblo polaco que los alemanes llamaron Auschwitz , es el símbolo más elocuente del horror de la guerra por un lado,  y por otro la culminación de la cultura del inmanentismo. En un universo que expulsa a Dios,  el respeto al hombre es nulo.  El hombre se torna un simple objeto, similar a otros objetos naturales, a merced de la voluntad de poder de otros hombres. Así cualquiera, acorde a su propio proyecto de vida, trata a otros como si fuese una herramienta.   De esta manera cualquier hombre se transforma en objeto del proyecto de otros hombres y  la vida social se convierte en un escenario de instrumentalización reciproca donde triunfa el principio darwiniano de “supervivencia del más apto”. (que Spencer aplicó a la especie humana). El hecho de que el mismo error que testimonia Auschwitz haya sido reproducido en un entorno político radicalmente diferente, muestra como la gran división que atraviesa la historia contemporánea – aquella que se opone radicalmente a  matanzas y victimas -  influencia nuestra manera de pensar acerca de los seres humanos.    La antítesis radica en la posición de aquellos que  - aunque persiguieran su propio interés - aun respetan cierta medida de verdad y justicia,  y aquellos que no aceptan límites en su carrera hacia el poder.

El horror de Auschwitz es tan inmenso que necesariamente debe tener un significado filosófico. No se trata solo del número de víctimas y de su horrenda manera de morir.  Auschwitz es el símbolo de la humillación del hombre que, bajo diferentes (aunque no menos emblemáticas) formas, no cesa de repetirse en nuestro tiempo.  Se nutre de una profunda desviación espiritual, que debemos comprender en sus raíces si queremos ponerle fin a la barbarie.

Nadie ha enfrentado estas cuestiones más frecuente y profundamente que Theodore Adorno. El se pregunta si después de Auschwitz aun es posible escribir poesía o filosofía. Porque el mundo al cual pertenece Auschwitz es un mundo sin alma, y las actividades espirituales que perduran solo sirven para equipararlo con una apariencia de legitimidad que contradice vergonzosamente su realidad. Si la II Guerra Mundial marca la catástrofe del inmanentismo ético, es precisamente en Auschwtiz donde el dogma fundamental de la filosofía de la historia, la manifestación paralela de justicia y fuerza, se contradice de la manera más cruenta.  Y la victoria militar de los Aliados no alcanza para refutar este juicio. Uno de los principales vencedores en la guerra mantuvo en su propio país un sistema Gulag a la altura de un comandante de campo Nazi.  Más aun a fin de obtener la victoria, las fuerzas Aliadas causaron la muerte de cientos de miles de inocentes en Hiroshima y Nagasaki.  Mas allá de cierto nivel parecería que la fuerza casi inevitablemente se separa de la justicia.(1) La historia humana, una vez orientada hacia un progreso definitivo, se enfrenta con la amenaza de la destrucción.  Aunque no haya golpeado todas las ciudades y destruido vidas humanas, arrasó con los valores y la conciencia que debiera animar aquellas vidas.  El drama del hombre moderno consiste en haber sobrevivido físicamente su propia extinción espiritual.”

  

(1)   Simone Weil, citando a Homero, dice que “la justicia vuela de los vencedores”    

 

 

 

viernes, 15 de noviembre de 2024

Karol Wojtyla visto desde el enigmático Vistula (Wisła)

 


(extraigo solo una pequeña parte del primer capitulo del libro de Rocco Buttiglione The thought of the man who became pope John Paul II (William Eerdmans Publishing Co. (El pensamiento de Karol Wojtyla, Encuentro, Madrid 1992) Desconozco la “historia” de este libro, pero tambien ésta parece interesante. Esta version lleva una introducción de Michael Novak de 1996 y un prefacio de Buttiglione mismo fechado 16 de octubre de 1978 donde en tres páginas brinda valiosísima información y bibliografía para seguir investigando. Mi texto está traducido del inglés)

“Stanislaw Grygiel fue amigo y estrecho colaborador de Karol Wojtyla desde que Wojtyla era profesor universitario y arzobispo de Cracovia. Grygiel escribió un libro titulado “Hombre visto desde el Vistula”. Quizás no fuese un muy buen titulo, pero es de profundo significado. No se es visto igual cuando se es visto desde el extremo de Europa occidental o desde los territorios que se extienden a lo largo del Vistula, en las grandes planicies delimitadas por el Oder, el Mar Báltico, y las montañas Tatra, limitando por el este con las repúblicas bálticas, Belarus, y Ucrania.   Grygiel me dijo en una oportunidad que el río Vistula separa y a la vez – paradójicamente - une el este con el oeste.

Aunque a veces pensemos distinto, Polonia pertenece a Europa Occidental: cuando nació la identidad nacional Polonia eligió la iglesia católica y la liturgia latina. Pagó cara esta elección pero nunca titubeó. Por otro lado, esta ubicada en el borde del Este y comparte con éste la herencia étnica y la lingüística eslava.. Precisamente debido a su ubicación el pueblo de Polonia habla el lenguaje de dos mundos espirituales, uniéndolos. La geografía misma de Polonia le permite una catolicidad particular – una apertura a la universalidad a la cual puede permanecer fiel solamente profundizando, antes que negando, su elección romana. Mirada “desde el Vistula” se levante ante nosotros una idea totalmente diferente de Oeste y del Este, con sus diferencias y sus uniones, sus significados peculiares y destinos comunes..



Hay una manera particular de considerar la historia mundial que surge de la experiencia especifica de la nacion polaca y su cultura, profundamente arraigada en la mente y el pensamiento de Karol Wojtyla. En su caso, no es un mero estado de ánimo sino un profundo y concienzudo análisis, a veces explícitamente expresado, siempre acompañando, como premisa implícita su propio enfoque a los mas diversos temas éticos, religiosos, teológicos y filosóficos. ..

Un aspecto del carácter tan distintivo de su pensamiento puede captarse en la manera que Juan Pablo II mencionara en varias oportunidades, especialmente durante su viaje a Polonia, el significado providencial de su elección como papa polaco en las vísperas de concluirse el segundo milenio de evangelización. En su homilía para la Misa celebrada en la Plaza de la Victoria en Varsovia fue explícito:

Mi peregrinación a la patria, en el año en que la Iglesia en Polonia celebra el IX centenario de la muerte de San Estanislao, ¿no es quizá un signo concreto de nuestra peregrinación polaca a través de la historia de la Iglesia: no sólo a través de los caminos de nuestra patria, sino también a través de los de Europa y del mundo? Dejo ahora aparte mi persona, pero no obstante debo junto con todos vosotros hacerme la pregunta sobre el motivo por el cual precisamente en el año 1978 (después de tantos siglos de una tradición muy estable en este campo) ha sido llamado a la Cátedra de San Pedro un hijo de la nación polaca, de la tierra polaca. De Pedro, como de los demás Apóstoles, Cristo exigía que fueran sus "testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta el extremo de la tierra" (Act 1. 8). Con referencia, pues, a estas palabras de Cristo, ¿no tenemos quizá el derecho de pensar que Polonia ha llegado a ser, en nuestros tiempos, tierra de un testimonio especialmente responsable? ¿Que precisamente de aquí —de Varsovia y también de Gniezno, de Jasna Góra, de Cracovia, de todo este itinerario histórico que tantas veces he recorrido en mi vida, y que en estos días aprovecho la ocasión para recorrerlo de nuevo— hay que anunciar a Cristo con gran humildad, pero también con convicción? ¿Que precisamente es necesario venir aquí, a esta tierra, siguiendo este itinerario, para captar de nuevo el testimonio de su cruz y de su resurrección? Pero, si aceptamos todo lo que en este momento me he atrevido a afirmar, ¡qué grandes deberes y obligaciones nacen de ello! ¿Seremos capaces?”


jueves, 7 de septiembre de 2023

Que relación existe entre la verdad y la política - Rocco Buttiglione

 

¿Qué relación existe entre la verdad y la política? 

¿Puede considerarse conforma a verdad una decisión tomada por la mayoría de las parlamentarios? Juan Pablo II trata de este argumento en el n. 89 de la Fides et Ratio, donde denuncia:  «En particular se ha ido afirmando un concepto de democracia que no contempla la referencia a fundamentos de orden axiológico y por tanto inmutables. La admisibilidad o no de un determinado comportamiento se decide con el voto de la mayoría parlamentaria. 105 Las consecuencias de semejante planteamiento son evidentes: las grandes decisiones morales del hombre se subordinan, de hecho, a las deliberaciones tomadas cada vez por los órganos institucionales. Más aún, la misma antropología está fuertemente condicionada por una visión unidimensional del ser humano, ajena a los grandes dilemas éticos y a los análisis existenciales sobre el sentido del sufrimiento y del sacrificio, de la vida y de la muerte.»

Sobre esta cuestión se expresa Rocco Buttiglione, Político y filosofo. Profesor de Ciencias políticas Universidad Libre San Pío V de Roma.

 


En un sistema democrático, la ley la hacen los representantes del pueblo ¿Quién sino el pueblo, puede ser juez de aquello que debe ser considerado bueno o malo dentro de un pais o estado? La voluntad del pueblo indica lo que debe tener valor de ley, cuales son los comportamientos a ser castigados o premiados. De este estado de cosas muchos teóricos de la democracia infieren que no es la voluntad de Dios sobre la naturaleza de las cosas que hace las leyes, sino la voluntad de los hombres, la voluntad del pueblo soberano. Obviamente los creyentes (y no solamente los creyentes, sino también muchos hombres de solidas convicciones morales) nunca han podido aceptar este relativismo. ¿Es realmente el relativismo ético esa filosofía que necesita la democracia? Al Papa Juan Pablo II  le parece que no, busquemos entonces el porque.  Para entrar en la lógica del razonamiento del Papa es necesario hacer una distinción básica: una cosa es la verdad y otra es aquello que es reconocido como verdad dentro de una comunidad política.  La verdad no depende de la voluntad del pueblo sino de la naturaleza de las cosas. Esto surge con claridad de la estructura de la argumentación política. Cuando los políticos discuten entre ellos en el Parlamento no debaten tratando de adivinar que piensa la mayoría, sino que, ante todo, discuten sobre que seria lo mas justo y oportuno respecto al tema mismo sobre el cual se debe deliberar y tratan de convencer uno a otro del debido respeto a la naturaleza del tema.

 Naturalmente, la discusión no puede continuar indefinidamente y el voto (por mayoría) pone termino provisorio al debate. El voto por mayoría no decide sobre la verdad en si, sino de lo que será considerado como verdadero en aquella comunidad nacional. En este sentido, el Parlamento funciona como una especie de conciencia colectiva de la nación. Como la conciencia individual no constituye la versad pero la reconoce, de la misma manera la conciencia colectiva de la nación reconoce la verdad pero no la crea.  Quien compone  la minoría no necesariamente esta equivocado y tiene el derecho de volver a someter el resultado en la primera ocasión que se presente, quizás utilizando los resultados negativos que aquella ley hubiese producido. En la democracia, no hay resultados definitivos: toda ley errónea puede ser cambiada, y puede ser cambiada toda ley buena. Siempre está abierto el camino para anular leyes malas y siempre es necesario mantener la guardia para defender las leyes buenas.  Esta visión contradice otra visión, relativista y además potencialmente totalitaria de las democracia. Se trata de la tesis según la cual la mayoría decide sobre la verdad en si, y la minoría no tiene el derecho de disentir o de volver a poner en discusión la ley mala (que no merece ser ley y debe ser revocada).  Naturalmente existe el deber de obedecer  también leyes injustas porque si no el bien superior de la paz civil se haria trizas. Este deber de obediencia siempre tiene un limite. Ninguna ley puede imponer el deber de hacer un mal directamente. En tal caso la ley debe proveer el derecho a la objeción de conciencia. La conciencia colectiva del Estado no puede prevalecer sobre la conciencia dela persona, obligándola a hacer aquello que esta considera un mal. Precisamente el instituto de objeción de conciencia muestra que la conciencia colectiva del Estado no constituye la verdad sino que es solamente un órgano para su conciencia. 

En otras palabras: el pueblo soberano no hace la verdad, la reconoce. La soberanía del pueblo no significa que el pueblo sea infalible. El pueblo puede equivocarse y de hecho a veces se equivoca. ¿Qué quiere decir “soberano”? Soberano solo quiere decir que no existe una autoridad superior que pueda reformar la decisión del pueblo. Contra una decisión errónea del pueblo es necesario convocar nuevamente al pueblo. Cuenta una historia de tiempos antiguos que una vez un macedonio recurrió al rey Felipe para solicitar justicias. El rey Felipe estaba ebrio y rechazo hacer justicia. Entonces el macedonio le dijo “… y  yo recurro a la apelación”. Felipe indignado le dijo “a quien apelaras? Yo soy el rey, no hay una autoridad mayor que la mia”. Y el macedonio: “apelare a Felipe, pero sobrio”. También el pueblo a veces se embriaga y entonces es necesario trabajar pacientemente para que se interrumpa la intoxicación y vuelva la razón”.

 

 

miércoles, 3 de junio de 2020

Adam Stephan Sapieha: Una figura clave en la vida de Karol Wojtyla


En este blog hay dos posts donde se menciona la influencia del Cardenal Sapieha en la vida de Karol Wojtya. Agrego aquí otras dos breves citas adicionales, una de Norman Davies (que habla del particular espíritu polaco)  y otra de Rocco Buttiglione (específicamente sobre Karol Wojtyla). 

Norman Davies, considerado por los polacos el “historiador oficial” polaco por su objetividad en analizar la historia de Polonia,  dice en uno de los capítulos (pag 311) de Heart of Europe – The past in the present of Poland

“Completada la 3ra partición de Polonia en 1795 y el nombre de Polonia  borrado del mapa, los poderes dominantes sintieron que la historia estaba de su lado. Con el tiempo – pensaban - los polacos aceptarían su suerte y eventualmente se integrarían a las demás poblaciones absorbidas. Todas las monarquías del este de Europa eran estados dinámicos que habían surgido anexándose una amplia selección de pueblos y provincias conquistados. Tanto Rusia como Austria eran una especie de jardines zoológicos de nacionalidades y Prusia ya contaba con una larga tradición de “abrazar” colonizadores e inmigrantes. No existía entonces ninguna razón especial para que los polacos fuesen más resistentes que los demás. Sin embargo,  lo fueron.  “Si no puedes prevenir que tu enemigo te absorba, al menos puedes prevenir que te digiera” fue una expresión profética de Jean Jacques Rosseau para Polonia que demostró ser más resistente a esa digestión que cualquier otro pueblo. La razón se basa en su milenaria historia cultural.”


Esa milenaria historia cultural de Polonia también dio pruebas de su fuerza indestructible, a pesar de innumerables embates durante los dos totalitarismos durante y después de la 2da Guerra Mundial.  Polonia sufrió y luchó, pero sobrevivió a ambos y no por mera casualidad sino precisamente por esa fuerza interna cultural y religiosa sabiamente atesorada y férreamente defendida.


Rocco Buttiglione(*), quien ha analizado con cuidadosa profundidad el pensamiento  de Karol Wojtyla “el hombre que fue Papa” analiza parte de ese período liderado por la gran figura polaca del Cardenal Adam Stephan Sapieha y su influencia sobre la persona de Karol Wojtyla, una de las figuras dominantes de la “resurrección” del pueblo polaco y su liberación del comunismo cuando éste ya era Obispo de Roma.
Según Buttiglione “La otra gran figura  con la cual se encontró Wojtyla en el mismo periodo de su vida (**) fue Stephan Sapieha. El Arzobispo Sapieha descendía de una de las familias polacas más nobles,  de príncipes. Su abuelo paterno, el Príncipe Leon Sapieha, había tomado parte en la revuelta contra los rusos en 1830. Su padre, Adam Sapieeha, participó en la de 1863; posteriormente fue representante del Gobierno en Paris y en Londres, defendiendo la autonomía de Galicia, y trabajó en la Cámara Alta del Parlamento de Viena. (15) 

Adam Stephan Sapieha fue un hombre de extraordinaria energía y valentía personal. Durante la dictadura de Pilsudski no dudo en oponerse al dictador, y fue considerado héroe nacional por defenderse contra la latinización de las minorías uniatas que utilizaban el rito greco-ortodoxo; se les quería imponer la latinización a la fuerza por razones políticas.  Después de la invasión nazi, a pesar del estricto control alemán de las comunicaciones oficiales Sapieha intentó advertir al Vaticano en dos oportunidades sobre los planes nazis en exterminar a los patriotas polacos y a la minoría judía. En 1940 le pidió al Prof. Bochenski, profesor de filosofía en la Universidad Católica de Friburgo y ciudadano suizo, memorizar un  mensaje que contenía detalles atroces de los crímenes cometidos por el ejército ocupador.  Un segundo intento fue por intermedio de un capellán italiano en febrero de 1942,  que tampoco tuvo éxito. El Vaticano no supo interpretar la importancia del mensaje, o quizás nada podía hacer para intervenir.   

Mientras tanto, Sapieha fue el líder de la resistencia moral de la nación contra los nazis, y comprometió todos los recursos diocesanos además de los suyos propios para ayudar a los perseguidos y apoyar la lucha armada, pero más importante aun la resistencia cultural reforzada por un “trabajo orgánico”. En cuanto al entorno cultural, Sapieha sostenía que era significativa la importancia de la preparación de una nueva generación de sacerdotes.  Fue por eso que no obstante sus innumerables compromisos se ocupó directa y personalmente del seminario clandestino. En los días decisivos cuando los alemanas durante su esfuerzo de abandonar Cracovia, convocaron a todos los hombres que podían servirles, el congregó a todos los seminaristas en la casa del Arzobispado para que no fueran alcanzados por el llamado. Fue así que después de dos años de aprendizaje teológico, durante el escaso tiempo libre paralelamente al duro trabajo en los talleres, Wojtyla pudo comenzar un curso normal de estudios de teología.  El rector del seminario clandestino era el Reverendo Jan Piwowarczyk. Pero Wojtyla fue confiado al cuidado del Rev. Kazimierz Klosaka, un estudiante de filosofía natural. Klosaka le hizo leer su primer trabajo sobre metafísica, Ontologia czyli Metafizyka, un tratado de Kzimierz Wais. Esta obra, que refleja la influencia del Tomismo trascendental,  - la escuela de Lovaina que intentaba reconciliar Kant y Santo Tomas, que sigue siendo muy apreciada por los estudiantes polacos, mayormente por las casi insuperables dificultades que presenta.
Después que los comunistas tomaron el poder, Sapieha se dio cuenta de inmediato que la cultura sería el frente de batalla decisivo. Esta característica del catolicismo polaco la distingue de otras iglesias nacionales. Desde un comienzo, los obispos polacos, decidieron no hacer ningún tipo de peticiones por su cuenta contra el régimen que violaba los antiguos derechos, garantizados por tradición y confirmados en el Concordato de 1925.  Eligieron en cambio tomar una posición de apoyo de los derechos humanos y nacionales fundamentales, renunciando a todo reclamo particular que indicase algún tipo de diferencias,  sin marcar contradistinciones  entre derechos humanos y derechos religiosos, entre la inspiración de la nación y la de la Iglesia. El tiempo probaría que este programa, inicialmente criticado como minimalista, resultaría más que eficaz.

En marzo de 1945 Sapieha creó un semanario titulado Tygodnik Powszechy  y confio su dirección a Jerzy Turowicz, quien con el tiempo resulto ser un líder emblemático de la cultura polaca.  Un año  más tarde se publica en Cracovia una revista mensual Znak, cuyo lanzamiento también es iniciado por Sapieha.

Cuando Wojtyla regresó de Roma a Cracovia le fue asignada la tarea pastoral  en San Florian, pero el cardenal Sapieha no tardó en decidir que debía continuar sus estudios académicos para lograr un segundo doctorado. A pesar de la expresa preferencia del joven sacerdote de continuar con su trabajo pastoral, el cardenal fue terminante y Wojtyla debió dedicarse a obtener el doctorado en filosofía.”

(*) Rocco Buttiglione: Karol Wojtyla: The Thought of the Man Who Became Pope John Paul II, William Eerdmans Publishing Co. 
(**) La otra fue Jan Tyranowski (ver posts etiquetados Tyranowski) 

(15) Cracovia, ciudad autónoma entre 1815 y 1846 cuando fue ocupada por los austriacos, ha ocupado un lugar especial en la historia polaca del siglo 19. Solo los austriacos, entre los que ocuparon Polonia, eran católicos y no perseguían a la Iglesia. El imperio de la Casa de Habsburgo además era un imperio multinacional y relativamente tolerante a las diversas culturas que convivían bajo su mando. Cracovia se convirtió en un punto de refugio de la cultura nacional polaca dándole origen al utópico sueño de una transformación constitucional del imperio austro-húngaro en una triple monarquía: Austria, húngara y eslavo-polaca. El ambiente cultural explica las buenas relaciones entre las familias de grandes patriotas tales como los Sapieha y Austria-Hungria.




martes, 28 de noviembre de 2017

"Amoris laetitia" Robert A. Gahl, Jr. : Una respuesta a la lectura de Rocco Buttiglione


Sanar mediante el arrepentimiento

“…Buttiglione, anteriormente ministro italiano de cultura y experto en la filosofía del Papa Juan Pablo II, ha intentado defender a Francisco de los críticos conservadores que sostienen que el Papa ha roto con la enseñanza de Juan Pablo II acerca del divorcio y un nuevo matrimonio.

Con un enfoque populista centrado en el "sensus fidei" de los católicos sin el estorbo de teorías teológicas, Buttiglione sostiene que una interpretación simple de "Amoris laetitia" es también la más fiel, la única capaz de entender y apreciar la novedad pastoral propuesta por el Papa.

Pero desgraciadamente la interpretación de Buttiglione acerca de la distinción entre moralidad objetiva e imputabilidad subjetiva, una distinción subrayada y desarrollada en "Amoris laetitia", es engañosa. Si se la tomara en serio, con sus plenas implicaciones pastorales, fomentaría un enfoque pastoral despiadado, y no misericordioso, sobre los pecadores arrepentidos.

Buttiglione afronta la cuestión especialmente controvertida que plantean los pasajes más difíciles de "Amoris laetitia": si una persona que está divorciada y casada de nuevo civilmente, o es simplemente convivente, puede o no recibir la santa comunión.
Hace hincapié en la distinción entre objetivo y subjetivo para observar que una persona que comete lo que es, objetivamente, un pecado mortal podría no ser, subjetivamente, culpable de ese pecado y, por lo tanto, podría ser dispensada de la plena responsabilidad. Dicha persona podría sentirse atrapada y lamentar lo que la ha llevado a este dilema, sin saber cómo resolverlo.

Todo esto es verdad. Pero Buttiglione va más allá y sostiene que el confesor debe decidir si el penitente puede ser admitido a los sacramentos sin ser guiado por principios predeterminados. Los principios predeterminados llevarían a la casuística y, además, "la variedad de situaciones y circunstancias humanas es demasiado amplia" para que aquellos la cubran. De este modo, el pecado cometido por una persona que sigue teniendo relaciones sexuales con otra persona con la que no está casado puede no representar una culpabilidad grave. Así, Buttiglione implica al confesor, que puede abrir la puerta a los sacramentos sin asegurar el pleno arrepentimiento del penitente.

Pero mientras Buttiglione tiene razón en decir que algunos pecados del pasado pueden no ser subjetivamente imputables, su sugerencia de que el confesor pueda dar al penitente un "pase" gratuito por dichos pecados en el futuro no puede conciliarse con la tradición, que sostiene que los pecadores habituales deben arrepentirse para ser perdonados y que su arrepentimiento debe incluir un firme propósito de enmienda (ver Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1451 y Concilio de Trento, DS 1676). Jesús le dice a la mujer sorprendida en adulterio: "Anda, y en adelante no peques más" (Jn 8, 11). Los buenos confesores saben guiar a sus penitentes hacia un pleno arrepentimiento, ayudándoles a reflexionar sobre lo que pueden hacer para liberarse de una situación difícil o, también, de un dilema aparente. Al ayudar al penitente a adquirir un firme propósito de enmienda, el pastor le hace un favor, instruyéndole así en la plenitud de la verdad de Jesús.”


(Invito leer completo en  Chiesa Espresso) 

viernes, 24 de noviembre de 2017

Andrea Tornielli entrevista a Rocco Buttiglione: Amoris Laetitia – “dubbia” y “correctio”


Continúan las discusiones y debates acerca de parte del contenido de la Exhortación Apostólica postsinodal del Papa Francisco titulada Amoris Laetitia, sobre el amor en la familia. Podemos estar de acuerdo o no con las dudas y/o  correcciones; no obstante es interesante que se haya generado este debate pues nos ayuda a reflexionar y hablar sobre la familia, el amor, el matrimonio y la Iglesia, temas actuales de hoy y de siempre.

Andrea Tornielli ha entrevistado al filósofo Rocco Buttiglione, profundo conocedor del pensamiento de Juan Pablo II. En esta entrevista con Vatican Insider  reflexiona y “desmenuza (discutiéndolas) las acusaciones de los firmantes de la «correctiofilialis»” 

(Publico aquí solo una parte (tres preguntas) e invito a leer el resto (son siete las preguntas – 7 «herejias») en la página oficial de Vatican Insider)

¿Qué piensa sobre la «correctio filialis» enviada al Papa y sobre el grupo de estudiosos que hace afirmaciones tan duras sobre el sucesor de Pedro? 

Jesús no escribió un manual de metafísica y mucho menos de teología. Se encomendó a un grupo de hombres y después a uno, Pedro. Les prometió la asistencia del Espíritu Santo. Aquí, un grupo de hombres se erigen en jueces por encima del Papa. No exponen objeciones, no discuten. Juzgan y condenan. ¿Quién les autorizó a constituirse en jueces por encima del Papa? 

Después de su publicación, algunos de los que firmaron el documento afirmaron que nunca habían dicho que el Papa fuera un hereje. ¿Se deduce esto al leer el texto? 

Leamos el texto: “nos vemos obligados a dirigir una corrección a Su Santidad, a causa de la propagación de herejías ocasionada por la Exhortación apostólica «Amoris laetitia» y por otras palabras, hechos y omisiones de Su Santidad”. Si esta no es una acusación de herejía, yo no sé qué es. Los que firmaron el documento que dicen que nunca afirmaron que el Papa fuera un hereje no leyeron el texto que firmaron. 

Antes de entrar detalladamente en las 7 «herejías», me gustaría detenerme sobre el lenguaje utilizado: se hacen afirmaciones («propositiones») dando a entender que el Papa las escribió, dijo o sostuvo: en realidad ninguna de ellas ha sido afirmada por Francisco. ¿Es correcto el método? 

No, no es un método correcto. Las proposiciones no resumen correctamente el pensamiento del Papa. Pongamos un ejemplo: en la segunda proposición atribuyen al Papa la afirmación de que los divorciados que se han vuelto a casar y que permanecen en ese estado «con absoluta advertencia y deliberado consenso» están en la gracia de Dios. El Papa dice otra cosa: en algunos casos un divorciado que se ha vuelto a casar y permanece en tal estado sin plena advertencia y deliberado consenso puede estar en la gracia de Dios. 

¿Por qué es tan significativo este ejemplo? 

Los críticos comienzan sosteniendo que en ningún caso un divorciado que se ha vuelto a casar puede estar en la gracia de Dios. Y luego algunos (yo, por ejemplo) les han recordado que para tener un pecado mortal es necesaria no solo una materia grave (y el adulterio es ciertamente materia grave de pecado), sino también de plena advertencia y deliberado consenso. Ahora parece que se echan para atrás: incluso ellos han comprendido que en algunos casos el divorciado que se ha vuelto a casar puede estar exento de culpa debido a atenuantes subjetivos (la falta de la plena advertencia y del deliberato consenso). ¿Qué hacen para encubrir la retirada? Le atribuyen al Papa la afirmación de que el divorciado que se ha vuelto a casar que permanezca en su situación con plena advertencia y deliberado consenso sigue estando en estado de gracia. Esta falsificación de la postura del Papa, a la que se ven obligados, indica cuán desesperada es su situación desde el punto de vista lógico. Admiten implícitamente que hay algunas situaciones en las que el divorciado que se ha vuelto a casar puede recibir la Comunión, pero toda la revuelta contra «Amoris laetitia» nació de un rechazo visceral frente a esta posibilidad. 

La Iglesia, cuando condenaba proposiciones juzgadas heréticas, siempre era muy precisa en establecer qué se hubiera dicho y las intenciones de aquel que lo había dicho. En este caso no ha sido así… 

A los correctores les gusta convertirse en un Nuevo Santo Oficio, pero evidentemente no conocen los procedimientos… 

Hablando sobre las 7 «herejías» atribuidas al Pontífice, se ve que giran alrededor del punto de la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar. ¿Son fundadas en su opinión? 

La primera corrección atribuye al Papa la afirmación de que la gracia no es suficiente para permitirle al hombre evitar todos los pecados. El Papa dice, con toda evidencia, muy otra cosa: la cooperación del hombre con la gracia a menudo es insuficiente y parcial. Por ello no logra evitar todos los pecados. La cooperación con la gracia, además, se desarrolla en el tiempo. Cuando el hombre comienza a moverse hacia la salvación lleva consigo una carga de pecados de los que se liberará poco a poco. Por ello una persona que no logra llevar a cabo por completo las obras de la ley puede estar en la gracia de Dios. Es la noción del pecado venial. 

De la segunda ya hemos hablado. Vayamos a la tercera… 


La tercera corrección atribuye al Papa la afirmación de que se puede conocer el mandamiento de Dios y violarlo y, a pesar de ello, permanecer en la gracia de Dios. También en este punto el Papa dice, con toda evidencia, otra cosa: es posible conocer las palabras del mandamiento y no comprenderlas o reconocerlas en su verdadero significado. El cardenal Newman distinguía entre comprender la noción (he comprendido el sentido verbal de una proposición) y la comprensión real (he comprendido qué significa para mi vida). Algo semejante dice también Santo Tomás, cuando habla del error en buena fe. 

miércoles, 15 de febrero de 2017

Rocco Buttiglione: “Respondería así a las dudas sobre ‘Amoris laetitia’”


El filósofo, profundo conocedor del magisterio de san Juan Pablo II, propone una respuesta personal a las «dubia» planteadas públicamente por cuatro cardenales sobre la interpretación del documento post-sinodal de Francisco en relación con los sacramentos para los divorciados que se han vuelto a casar
La discusión sobre «Amoris laetitia» continúa y se enriquece ahora con la contribución de cuatro eminentes cardenales, Walter Brandmüller, Raymond L. Burke, Carlo Caffarra y Joachim Meisner, que proponen juntos cinco cuestiones de gran importancia.

Le enviaron una carta al Santo Padre, quien no ha considerado oportuno responderles (creo con razón), y han interpretado el silencio del Papa como «una invitación a continuar la reflexión y la discusión, sosegada y respetuosa». Justamente por esta razón y con este mismo espíritu me atrevo, como pobre laico, a contribuir con la reflexión y la discusión. Añado a esta reflexión la experiencia de un esposo y padre de familia que ha leído su santo Tomás y que frecuenta asiduamente el confesionario, obviamente en calidad de penitente.

La primera de las cuestiones que plantean los eminentes cardenales es si es lícito, en algunos casos, dar la absolución a personas que, a pesar de estar vinculadas por un matrimonio anterior, convivan “more uxorio” y tengan relaciones sexuales entre sí. Me parece que, a la luz de la «Amoris laetitia», pero también de los principios generales de la teología moral, la respuesta debería ser positiva. Hay que distinguir claramente entre el acto, que es materia grave de pecado, y el agente, que puede encontrarse en condiciones que limiten su responsabilidad por el acto o, en algunos casos particulares, puedan incluso anularla. Imaginemos el caso de una mujer que viva en condiciones de absoluta dependencia económica y psicológica a la que se impongan relaciones sexuales contra su voluntad. Desgraciadamente no es un caso de escuela, sino una amarga realidad que sucede con mayor frecuencia de lo que se piense. Aquí faltan las condiciones subjetivas del pecado (plena advertencia y deliberado consenso). El acto sigue siendo malo, pero no pertenece (o no completamente) a la persona. En el derecho penal se diría que aquí no estamos dentro de la teoría del delito (si el acto es bueno o malo), sino de la teoría de la imputabilidad y de las atenuantes subjetivas.

Esto no implica que personas no casadas puedan legítimamente consumar actos sexuales .Los actos son ilegítimos. Las personas (en algunos casos) pueden incurrir en un pecado no mortal sino venial por la falta de la plena advertencia y del consenso deliberado. Pero, se podría objetar, ¿para recibir la absolución no es necesario el propósito de dejar de pecar? Claro que es necesario. El penitente debe tener el deseo de salir de su situación irregular y comprometerse a cumplir actos que le permitan salir de ella efectivamente. Pero es posible que no sea capaz de llevar a cabo este distanciamiento y volver a conquistar la propia soberanía sobre sí mismo inmediatamente. Aquí es importante el concepto de “situación de pecado”, ilustrado por Juan Pablo II. No se puede prometer creíblemente que ya no se cometerá cierto pecado si se vive en una situación que expone a la tentación irresistible de cometerlo. Habría que comprometerse, con tal de mantener el propio propósito, a salir de la situación de pecado.

(leer completo en La Stampa - español) 

jueves, 9 de febrero de 2017

«‘Amoris laetitia’ da un paso hacia la dirección que indicó Wojtyla»

andrea Tornielli
CIUDAD DEL VATICANO


Entrevista con el filósofo Rocco Buttiglione, gran conocedor del magisterio de San Juan Pablo II: «La perspectiva de Francisco es perfectamente tradicional. La novedad consiste en aplicar también al pecado cometido por los divorciados que se han vuelto a casar los posibles atenuantes previstos para todos los demás pecados tal y como aparecen citados en el Catecismo de san Pío X»

«‘Amoris laetitia’ implica riesgos pastorales. Algunos podrán decir que la consideran una decisión pastoral equivocada, pero, por favor, dejemos los tonos apocalípticos y no digamos que se está poniendo en discusión la doctrina sobre la indisolubilidad cuando nos encontramos frente a una decisión pastoral que tiene que ver con la disciplina de los sacramentos y que forma parte de un recorrido cuyas premisas fueron sentadas por Juan Pablo II». El profesor Rocco Buttiglione, filósofo, estudioso y gran conocedor del magisterio de Papa Wojtyla, quedó sorprendido por algunas de las críticas expresadas contra la exhortación post-sinodal de Francisco. Vatican Insider lo entrevistó.

¿Qué le parece en conjunto la exhortación ‘Amoris laetitia’?

Me parece un gran intento para decir la palabra de la fe en el contexto del mundo de hoy. Que era también la gran preocupación de Juan Pablo II: el hombre concreto, el hombre existente, el hombre de la realidad, no el que describen los libros o el que quisiéramos que fuera.

¿Qué relación hay entre este documento de Francisco y el magisterio de Papa Wojtyla?

Hace tiempo, la Iglesia excomulgaba a los divorciados que se han vuelto a casar. Lo hacía por una justa preocupación: no escandalizar o no poner en discusión la indisolubilidad del matrimonio. Pero entonces vivíamos en una cristiandad compacta. Se podía suponer que todos sabían qué era el matrimonio, un sacramento en el que los esposos se vuelven garantes recíprocamente del amor de Dios, por lo que si te abandono, de alguna manera, es como si Dios te abandonara. Juan Pablo II dijo que no pueden ser excomulgados los divorciados que se han vuelto a casar, recordando que existen factores objetivos y subjetivos en cualquier pecado. Hay personas que pueden hacer algo equivocado, un mal, pero sin ser completamente responsables. Y entonces Papa Wojtyla abrió, invitando a los divorciados a entrar en la Iglesia, acogiéndolos, bautizando a sus hijos, reintegrándolos en la comunidad cristiana. Pero sin volver a admitirlos a la comunión —es el punto 84 de la ‘Familiaris consortio’—, a menos que no volvieran con el cónyuge legítimo, que se separaran del nuevo cónyuge o que vivieran la segunda unión como hermano y hermana, es decir absteniéndose de las relaciones sexuales.

¿Y qué es lo que ahora propone ‘Amoris laetitia’?

Francisco da un paso más en esta dirección. No dice que los divorciados que se han vuelto a casar pueden recibir o pretender la comunión, ¡viva! ¡No! El divorcio es pésimo y no puede haber actos sexuales fuera del matrimonio. Esta enseñanza moral no ha cambiado. El Papa dice que ahora los divorciados que se han vuelto a casar pueden ir a confesarse, comenzar un recorrido de discernimiento con el sacerdote. Y, como en cualquier confesión, con cada pecado, el sacerdote debe sopesar si existen todas las condiciones para que un pecado sea considerado pecado mortal. A mis colegas que han dicho palabras fuertes contra ‘Amoris laetitia’, quisiera recordarles que san Pío X —que no era propiamente un Papa modernista— en su Catecismo recordaba que el pecado mortal exige la materia grave, pero también la plena advertencia y el consenso deliberado, es decir la plena libertad para asumir completamente la responsabilidad de lo que he hecho.

(leer completo en La Stampa español)