Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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miércoles, 13 de noviembre de 2024

Bernard Lecomte: Historia de Karol – el profesor universitario (2 de 2)

 


En los primeros tiempos viaja de noche cada dos semanas y a a las 5 de la mañana se baja en la estacón de Lublin. En esa época llevaba ocho horas recorrer los trescientos cuarenta kilómetros entre las dos ciudades. El viaje menos incómodo es de noche en coche-cama […]  ¿Por qué habrían, pues, de asombrarse si el profesor Wojtyla, habiendo dormido pocas horas, se cae de sueño durante la lección de metafísica? Tanto más que Karol, un «enamorado de Dios» no aprovecha las largas pausas para descansar en compañía de sus colegas, charlando tranquilamente ante una taza de té, sino que se le ve a menudo intentando orar en la capilla o leyendo el breviario. El éxito universitario, que a muchos eclesiásticos se les sube a la cabeza, no aleja al futuro Papa de lo esencial. A una ex discípula encargada al término del año académico de entregarle un ramo de tulipanes en agradecimiento de parte de todos los estudiantes, el profesor Wojtyla, conmovido, le pide gentilmente que le lleve las flores a la Virgen.

En la primavera de 1955, los estudiantes de la KUL se quedan estupefactos cuando el profesor Wojtyla les propone un retiro de dos días en el Monte Pewla, cercano a Zywiec, en las montañas de Tatra, en vez de la acostumbrada celebración de fin de año en la capilla de la universidad La mayor parte de aquellos jóvenes no olvidará jamás el comentario sobre la encíclica MysticiCorporis Christi realizado en plena naturaleza, bajo el cielo estrellado de los Cárpatos […]



Después en 1957, irá a hospedarse a otro convento, el de las ursulinas “negras” en el centro de la ciudad nueva. Un arco, una puerta escondida, una escalera de madera de encina que lleva al largo pasillo del primer piso con aroma a cera. En el pasillo, el padre Wojtyla, apenas llegado de la estación de Lublin, hace el Vía Crucis con las religiosas. Siempre encuentra tiempo para rezarle a la Virgen de Czestochowa en una capilla contigua, antes de encerrarse a trabajar en una habitación que mira sobre el claustro antiguo. […] Los meses de invierno – esquíes a la espalda y breviario en el bolsillo – parte al ataque de los montes preferidos. […] Al retornar la bella estación, guarda los esquíes y se concede otras diversiones. En mayo, con la mochila a sus espaldas, trepa por los senderos de Turbazac, una de sus metas preferidas. Y entre el 15 de julio y el 1 de agosto, con un grupo de veintidós jóvenes entusiastas, baja a kayak la Czarda Woda y cruza el lago Wieprznickei […] en su mochila, con su tienda, lleva una pila de libros para discutir durante los descansos […]

Entre una y otra hazaña deportiva, el profesor Wojtyla imparte lecciones en la KUL, donde sus compromisos van en aumento. En primer lugar, participa en un mayor número de seminarios y multiplica las conferencias: presenta dos conferencias ante la sociedad científica de la KUL. Una sobre «Dos concepciones de la libertad» (en abril) y otra sobre «Los fundamentos del perfeccionismo ético» (en octubre); en el Instituto de Cultura religiosa superior (IWKR) tiene una conferencia sobre «La ética del matrimonio». Al reabrirse el año académico se le asigna también la misión de enseñar teología moral. Y cuando el profesor Bednarski parte para Roma, deposita en su pupilo la responsabilidad de todos los departamentos. A partir de aquel momento Wojtyla deberá cumplir con ocho horas semanas de clases y seminarios.[..]

Uno de sus estudiantes, el entonces seminarista Romuald Walder, recuerda que Wojtyla llegaba al seminario, al número 3 de la calle Mickiewicz, vestido de manera poco usual a la de los tradicionalmente bien vestidos profesores de Cracovia y en lugar de un sombrero negro llevaba su gorra de cuero, que había llamado la atención de las religiosas ursulinas de Lublin, y sobre una sotana gastada, llevaba siempre la misma chaqueta de paño grueso. «Cuando entraba en el aula, dejaba el abrigo sobre la silla y todos podíamos ver que sus ropas eran bastante más modestas que las de la mayor parte de los estudiantes».

Estudiantes, seminaristas, y jóvenes en general; el padre Wojtyla experimenta enorme satisfacción en escuchar, formar, reunir a adolescentes, chicos y chicas, que son para él una fuente de gozo y una razón de vida.

 

Bernard Lecomte, Giovanni Paolo II

 

  


 

Bernard Lecomte: Historia de Karol – el profesor universitario (1 de 2)

 


A principios del verano de 1953, cuando el “Tygodnik” fue cerrado repentinamente, Karol está por finalizar la tesis de doctorado sobre Max Scheler y busca relatores en vista de la defensa. Es una etapa importante al inicio de una carrera universitaria, y para el ex alumno del instituto de Wadowice aquella formalidad intelectual y administrativa es una consagración […] Precisamente, a fines del mismo año 1953, desde Moscú a Varsovia, los sucesores de Stalin se disputaban crudamente su herencia política, y la situación era peligrosamente tensa en toda Europa oriental. […]

En Cracovia, las autoridades atacan al instituto más antiguo de la Universidad, la “pontificia” facultad de teología, fundada en 1397, que, tal como su nombre indica, depende directamente del Papa. Las jerarquías comunistas de Varsovia habían asumido como propia la célebre y despreciable ocurrencia de Stalin: «¿Cuántas divisiones tiene el Papa?» La venerable facultad es clausurada de repente en octubre de 1954. Un evento histórico: la reválida de la habilitación de Karol Wojtyla es el último acto oficial de la facultad de teología de la Jagellonica, previo a su clausura […].



En 1954, los comunistas también apuntan a la prestigiosa universidad católica de Lublin (KUL): arrestan al rector, suspenden a algunos profesores, amenazan a los estudiantes, cierran la Facultad de Derecho.  Un artilugio administrativo – el recurso al antiguo estatuto de la pre-guerra, que sigue vigente – permite al cuerpo docente crear in extremis la facultad de filosofía […]. El futuro Papa será designado “profesor adjunto” y deberá garantizar tres horas de lecciones por semana, pagas con vacaciones, en el departamento de ética y filosofía bajo la dirección del profesor Bednarski. […]. La KUL es un lugar único, una excepción, una especie de milagro en esa postguerra tan atormentada. [.] Fundada en 1918, la institución goza de excelente reputación. En los años cincuenta, el profesor Wojtyla enseña en el aula 33, llena hasta rebosar de estudiantes de otras facultades, alineados en filas apretadas  a lo largo de las paredes. Terminada la lección, baja al primer piso, en las pequeñas aulas de filosofía con montones de libros, donde los graduados preparaban sus tesis. El profesor Wojtyla no da las clases sentado, leyendo ex cátedra los mismos apuntes año tras año, sino que se pasea sobre la tarima de la cátedra, con la cabeza gacha y los brazos  a la espalda, sin consultar apuntes. Tiene la costumbre de repetir las mismas coas de diversas maneras, desde varias perspectivas, reiterando los argumentos más importantes y haciendo, cada poco una síntesis para estar seguro que el mensaje ha sido entendido. […]

 

Bernard Lecomte, Giovanni Paolo II  (publicado en Totus Tuus Nr3, marzo 2007)


jueves, 19 de enero de 2023

El compromiso de Juan Pablo II por Solidarność

 


En realidad el desmantelamiento del telón de acero comenzó en 1979 en Gniezno.   La chispa había sido encendida en aquel viaje de Juan Pablo II  y ya no habría vuelta atrás;  años difíciles por cierto  hasta 1983 cuando fue levantada la ley marcial después del 2do viaje del Papa a su patria Polonia. Años de riesgos y compromisos continuos,  también de parte del Papa Juan Pablo II y a su vez de todos los polacos que ansiaban vivir en una Polonia libre, libre del yugo del comunismo.

 Corría el año 1981…… cuenta Bernard Lecomte en un capítulo de su libro Giovanni Paolo II, biografia, Baldini Castoldi Dalai editore. 

 “Habiendo decidido apoyar a Walesa y a sus amigos, que habían sido objeto de un golpe aplastante, con todo el aspecto de ser definitivo, el Santo Padre toma una decisión personal difícil. 

Es verdad que se trata del Papa, y no del vicario de alguna parroquia de Gdansk o del arzobispo de Cracovia. Pero la puesta en juego es muy importante y va más allá de la coyuntura polaca Si el poder comunista decide saldar cuentas con los polacos, como lo hizo con los alemanes en Berlín Este en 1953, con los húngaros en Budapest en 1956 y con los checoslovacos en Praga en 1968, la esperanza de poner fin a la pesadilla del totalitarismo cae derrumbada. Solidarność no es solo un sindicato con decenas de millones de afiliados, un movimiento social de una fuerza extraordinaria, sino también la forma más sofisticada, jamás concebida, de oposición en masa bajo un sistema comunista y prueba de que es posible obtener la victoria sin una contra-revolución armada, sin derramamiento de sangre. Si aquella forma de acción no violenta no tuviese éxito, en un futuro próximo, sólo serían concebibles actos de desesperación, de terrorismo, de muerte. La puesta en juego es, pues, tanto moral o ética, como política y va mas allá del espacio polaco.

Dimensión moral.

 Juan Pablo II nos habla reiteradamente con el ardor del mensaje natalicio: «¿Qué la fuerza del bien pueda triunfar sobre la fuerza del mal! ¿Qué la fuerza de la justicia, del respeto por el hombre, del amor por la patria pueda triunfar sobre las fuerzas del odio y de la destrucción física o moral!» El va más lejos. Encarando la lucha, no se limita a defender los valores morales, universales encarnados por el sindicato – el camino de la no-violencia, solidaridad, libertad – sino que busca salvar a Solidarność como socio en un futuro diálogo con el poder. Su línea política ha sido trazada y no cambiará más: es necesario un diálogo entre poder y sociedad, es necesario reencontrar el camino de un acuerdo nacional que no se transforme en mercado engañoso…. Diálogo y acuerdo nacional, un objetivo que no alcanzaba entones a comprenderse, pero triunfaría siete años después y llegaría a perdurar en el tiempo.”

 

Publicado en Totus Tuus Nr 2 marzo/abril 2009

 

miércoles, 19 de octubre de 2022

Bernard Lecomte: Hijo de la nación polaca

 


He aquí que los venerables cardenales han elegido a un nuevo Obispo de Roma!. Lo han llamado de un país lejano…

La plaza de san Pedro, aquel 16 de octubre de 1978, prorrumpió en aplausos. algunos minutos antes, desde el balcón de las Bendiciones, el cardenal Pericle Felici anuncio el nombre del elegido por el cónclave: «…cardinalem Wojtyla!» Hugo un instante de sorpresa. ¿Quién? ¿Un africano? ¡No, un polaco!

El nombre del arzobispo de Cracovia era casi desconocido. Pero la sorpresa, de por si, ya era grande: ¡el nuevo Papa no era italiano! El colegio de cardenales había interrumpido una tradición de cinco siglos de antigüedad. Solo mas tarde, viendo a Juan Pablo II dar sus primeros pasos como Papa, los observadores entenderían que el nuevo obispo de Roma no es solo un «no italiano», sino que es polaco.

Karol Wojtyla nació en Polonia en mayo de 1920, en el tiempo en que su país acababa de recuperar la independencia después de ciento veinte años de ocupación extranjera. Hijo del capitán Karol Wojtyla, educado en el culto de Jozef Pilsudski, el vencedor de la batalla del Vístula en agosto de 1920, el futuro Papa se ve inmerso en el clima de fervor patriótico y de entusiasmo nacional!  «Mi país ha sobrevivido solo gracias a la cultura»  dirá, sesenta años después en un importante discurso en la UNESCO. Él, polaco, sabe que la cultura no es producto de fuerzas económicas, como afirman los marxistas, sino de la mente humana. Y que la comunidad natural de los hombres, la nación, es ante todo una realidad cultural. «Pensando en todas las culturas», añade el Papa ante la prestigiosa platea en junio de 1980, «deseo decir aquí en voz alta: ¡He aquí el Hombre!»

No habrá que sorprenderse de ver a este Papa predicar constantemente la realidad de la nación, hasta sugerir a la ONU la elaboración de una Carta de los derechos de las naciones: «No existen los derechos humanos», dice «donde los derechos de la nación son violados» No habrá que sorprenderse en oírle valorar la historia de cada nación, recordando a cada pueblo sus raíces cristianas: ¡cuántos aniversarios celebro, los de Santa Isabel (1981), San Casimiro (1984), San Metodio (1985) San Vladimiro (1988) y muchos más, hasta el bautismo de Francia por parte de Clodoveo (1996).

Este Papa, llegado de un país donde el régimen confisco la historia, no escatimo esfuerzos para recordar a los europeos que no debían ocultar sus raíces cristianas. Así, en Santiago de Compostela en noviembre de 1982, dijo: «Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal, desde Santiago, te grito con amor a ti, antigua Europa: Encuéntrate a ti misma. Se tu misma. Redescubre tus orígenes. Reaviva tus raíces. Vuelve a vivir los valores auténticos que han hecho gloriosa su historia.» Se necesitaba que el Papa fuera «hijo de la nación polaca» para que se atreviera a hacer semejantes afirmaciones.

Polonia no es un país como los demás. En la  época en la que el pequeño Karol creció en Wadowice, en la Galicia occidental, Polonia era el país del mundo donde había más judíos. La historia de Europa lo decidió así. Su mejor amigo, Jerzy Kluger, era judío, como muchos otros de sus compañeros de futbol o de teatro: Goldberger, Selinger, Zweig, Beer y otros más. Cuando Polonia, en la década de 1930, se hunde en el antisemitismo de Estado, Karol sufre los efectos devastadores de ese veneno: piquetes ante las tiendas judías, insultos, pogromo, numerus clausus en la universidad, etc.  En 1945, cuando se libera a los prisioneros del campo de concentración de Auschwitz, no lejos de Cracovia donde vivió durante toda la guerra, el joven Wojtyla descubre, con horror, hasta que nivel de locura los nazis llevaron la abyección y el odio.

No habrá que sorprenderse tras su elección en 1978, de ver al Papa polaco emprender un largo y difícil proceso de reconciliación entre cristianos y judíos: visita la gran sinagoga de Roma en 1986, reconocimiento del Estado de Israel por parte del Vaticano, arrepentimiento frente al anti judaísmo cristiano, extraordinario viaje a Jerusalén en el año 2000, con una parada en el museo del Yad Vashem y una oración ante el Muro de las Lamentaciones. ¿Un papa africano,  italiano, brasileño o francés habría realizado tantos esfuerzos en este sentido? Es necesario recordar que del gran poeta Mickiewicz, emblema de la Polonia eterna, Juan Pablo II tomo la expresión «hermanos mayores» con la que se dirigió a los judíos.

(publicado en L'Osservatore Romano mayo 2011) 

martes, 18 de octubre de 2022

Bernard Lecomte: Y la Iglesia del silencio habló (en la voz de Juan Pablo II)

 


(En un artículo relativamente breve escrito para L’Osservatore Romano con motivo de la beatificación de Juan Pablo II,  el periodista y escritor francés Bernard Lecomte bosqueja  la singular influencia del papa polaco que con su lema «No tengáis miedo» dio inicio a una nueva era en la historia de la Iglesia y el mundo.)

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 Si bien Juan Pablo II dejo el recuerdo de un pastor excepcional, de un hombre de gran fe, de un intelectual fuera de lo común, permanecerá en la historia también como un Papa muy “político”, sobre todo por el papel que desempeñó en el final del comunismo en Europa. Ciertamente, el Papa jamás lanzo “cruzadas” contra uno u otro régimen:  «No hago política» dijo  un día a un periodista, «yo hablo del Evangelio, pero si hablar de la justicia, de la dignidad humana, de los derechos humanos, es hacer política, ¡entonces estamos de acuerdo!».

Hoy todos los historiadores concuerdan en que si el Papa elegido en octubre de 1978 hubiera sido italiano, español o francés, el curso de la historia, en el final del siglo XX habría sido distinto.

En efecto, recién elegido, se vio al nuevo Pontífice multiplicar signos, gestos e iniciativas en dirección Este. Durante la misa por el inicio de su ministerio petrino, el domingo 22 de octubre de 1978, después de haber lanzado su famoso «¡No tengáis miedo!, el Papa eslavo pronuncio saludos particulares en checo, eslovaco, ruso, etc. ¿Quién observa entonces que envía su birreta cardenalicia al santuario de Puerta de la Aurora en Vilna, capital de la catolicísima Lituania? ¿Quién se percata de que recibe, en primer lugar, al cardenal František Tomášek , primado de Bohemia y futuro padrino de la checoslovaca «revolución de terciopelo» 

«Santidad, no olvide a la Iglesia del silencio!» le dice una mujer en Asís el 5 de noviembre de 1978. Juan Pablo II le responde: «Ya no existe Iglesia del silencio porque habla con mi voz!»

El nuevo Papa no elabora proyecto alguno, no fomenta ningún complot para derrocar el sistema soviético. Sin embargo, es portavoz de una experiencia particular la de un sacerdote, un obispo, un cardenal llegado del otro lado del “telón de acero”. Su discurso es tan original como subversivo: al contrario que la mayor parte de los responsables occidentales de entonces, está convencido de que la división de Europa en dos es un incidente político y de que el marxismo-leninismo no es sino un paréntesis de la historia.

El camino espiritual y la enseñanza moral de Juan Pablo II han sido igualmente alentadores para los cristianos del Este, como los grandes temas que pronto constituyeron el armazón de su discurso político y social:

 

-          Ante todo el primado de la “cultura”, que impacto tanto en las mentes en el discurso y a la UNESCO el 2 de junio de 1980 y la insistencia en resucitar la historia, confiscada, de todos los pueblos sometidos:

-          La permanencia de la “nación”, célula primaria de la comunidad internacional, cuya existencia y soberanía no deben depender del beneplácito de cualquier entidad superior.

-          La opción por “Europa” como asociación de naciones que custodian su historia, su especificidad y también sus raíces cristianas, bien distinta, por lo tanto, de la Europa conflictiva de Yalta y de Helsinki.

-          Finalmente, la insistencia por los ”derechos humanos”, tema central de la enseñanza de Juan Pablo II desde su primera encíclica, Redemptor Hominis: la lucha por las libertades individuales y sobre todo por la mas intima: la libertad religiosa. El Papa no se conformó con traducir tales temas en homilías en Roma, sino que los llevo, a veces personalmente, a todos los rincones de Europa. Ante todo con sus viajes, empezando por la extraordinaria visita pastoral a Polonia en junio de 1979, que de algún modo supuso el arranque de la experiencia de Solidarność.  Después, mediante intermediarios: baste recordar la misión del cardenal Agostino Casaroli, enviado a representar al Papa en las ceremonias del milenario de la Iglesia de  Rusia, en junio de 1988. Finalmente mediante innumerables encuentros en el Vaticano, desde la primera audiencia concedida al ministro Andrei Gromyko (enero de 1979) al caluroso encuentro con el disidente  Andrei Sajarov (febrero de 1989)

El más sorprendente de estos encuentros fue, naturalmente, con Mijail Gorbachov, celebrado en el Vaticano el 1 de diciembre de 1989, algunos días después de la caída del Muro de Berlin, como un extraordinario símbolo del final de una época.

Varsovia, Moscú, Budapest, Berlín, Praga, Sofía y Bucarest se han convertido en las etapas de una larga peregrinación hacia la libertad, dijo el Papa ante el Cuerpo diplomático un mes después, antes de que Gorbachov mismo reconociera, en un artículo publicado en febrero de 1992: «Nada de lo que ha sucedido en Europa habría sido posible sin este Papa.»

sábado, 23 de enero de 2021

Historia de Karol – El Concilio – Bernard Lecomte (2 de 2)

 


Es sobre el proyecto de constitución «La Iglesia y el mundo moderno» - el esquema XIII que da lugar al fundamental documento Gaudium et Spes  – donde Monseñor Wojtyła dejará su impronta.   El tema de la relación de la Iglesia con el mundo contemporáneo la lleva en el corazón. En dos años de debates se dio cuenta de la distancia existente entre una cierta Iglesia «romana, rígida en certezas y arcaica en funcionamiento»  el rápido desarrollo de la técnica, de las lculturas y las acostumbres. En otras palabras, para él y para todos los obispos del Este, el esquema XIII representa una ocasión crucial para mostrar el rostrto de la Iglesia mas acorde con laépoca, frente a los continuos ataques del comunismo ateo. La apuesta vale la pena […]

 «Finalmente escuchaban a Karol» decia Malinski. Su voz fuerte, clara y limpia iba mas allá de los confusos ruidos de fondo. […]  Escogiendo con cuidado sus palabras, reprenderá a los redactores de situar a la Iglesia «por encima del mundo» , queriendo «dar lecciones» y esperando «obediencia» en lugar de evidenciar Ella misma «caminando con el mundo hacia la verdadera solución de los problemas relacionados con el destino humano. » Seria mejor convencer con argumentos, en vez de cobijarse tras exhortaciones moralizantes, explica en resumen el polaco, que al mismo tiempo delata el sinsentido de la «mentalidad clerical». En sus discursos Wojtyla elogia nuevamente el método heurístico, que consiste en no imponer la verdad al discípulo., sino en llevarlo a descubrirla utilizando argumentos y conocimientos.  Wojtyła sostendrá este método de enseñanza de la Palabra aun siendo papa: el dialogo es necesario, sin dudas, pero no debe tener lugar en detrimento de la verdad […]

¿Porque asombrarse entonces si, algunos días más tarde, monseñor Wojtyla es llamado a participar en la subcomisión doctrinal encargada de reorganizar el documento con vistas a la siguiente sesión? Los trabajos de la comisión, en la cual Pablo VI deposita muchas esperanzas,  inician el 31 de enero de 1965 en una pequeña y bella casa religiosa de la antigua ciudad de Ariccia, distante algunos kilómetros de Castel Gandolfo. Se encuentran presentes casi veinte obispo y cincuenta «expertos», entre ellos algunos teólogos franceses (el dominico Yves Congart, los jesuitas Henri de Lubac y Jean Danielou) que estarían codo a codo durante 15 dias, hasta finales de abril. En Ariccia, nacen amistades duraderas que tendrán claras consecuencias en los años venideros […]. Los miembros de su grupo finalmente lo invitan a escribir, on ayuda del padre Congar, un capítulo especial sobre el tema que se transformará, sin excluir vicisitudes, en el IV capítulo de la futura «constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual », la Gaudium et Spes […]

No se dfebe pensar que Wojtyla, en sus participaciones, encarna la lucha contra el comunismo com tal. En primer lugar, porque sus propuestas, sus advertencias y sus argumentos se refieren mas a la filosofía (contra el materialismo) a la eclesiología (contra el ateísmo), a la ideología (contra el marxismo) que a la política (contra el comunismo) […]

Es probable que en el curso del os debates el mismo Wojtyla hubiese encontrado la inspiración y el aliento que a la larga conformaría su credo político: «el sistema comunista que pretende que la felicidad de los hombres sea única finalidad de ununiverso sin Dios, en realidad convierte al hombre en victima» y concluye: «es hablando ininterrumpidamente de la persona humana, de su dignidad y de susderechos, que palpamos el principal “punto débil” del comunismo». A buen entendedor…

Bernard Lecomte, “Giovanni Paolo II” , Editions Gallimard 2006

( esta parte del texto republicado de Totus tuus Nr 6 2007 Boletin Mensual de la Postulacion de la causa de Beatificación y Canonización) 

viernes, 22 de enero de 2021

Historia de Karol – El Concilio – Bernard Lecomte (1 de 2)

 


Aquel solemne 11 de octubre de 1962 tras la luz irreal que se filtra por los ventanales de la Basílica de San Pedro, se lleva a cabo la ceremonia de apertura del concilio. La liturgia es grandiosa. El acontecimiento se transmite por la red internacional de la televisión italiana, alto totalmente excepcional.  Por primera vez los prelados tienen la sensación de estar viviendo un momento histórico. Después de haber entonado el Veni Creator y participado en la Santa Misa celebrada por el cardenal Tisserant, decano del Sacro Colegio, Karol Wojtyła, al igual que los demás padres conciliares, escucha atentamente le discursos de Juan XXIII. Un discurso muy personal, en contenido y forma, en el que el soberano pontífice enuncia con serenidad los dos objetivos del concilio: proceder a un «aggionarmento» de la Iglesia – el término quedará grabado en la Historia – y promover la unidad de los cristianos […]

 En Roma, la delegación de diecisiete prelados polacos se separa. El cardenal primado Stefan Wyszyński se hospeda en el Instituto polaco, en el n. 38 de via Petro Cavallini, junto a su séquito (secretario y capellán) y al secretario del episcopado, monseñor Zygmund Choromanski. Desde aquella base operativa, Wyszyński reinará sobre todos al estilo de un monarca o, más precisamente, como un general en tiempo de guerra. Cada semana, el primado reúne la tropa para un briefing (instructivo) a fin de distribuir tareas y argumentos – algunos temen que se les asigne algo difícil – y sobre todo fijar directrices. ¡Ni de lejos  dejan traslucir la más minina divergencia dentro del grupo! Los polacos son los primeros en organizarse como grupo nacional, delegando a uno de ellos para representarlos colectivamente en los debates […]   Karol, en cambio, se aloja con otros diez obispos en el Colegio polaco, un hermoso edificio en plaza Remuria, en le barrio del Aventino, que será, a partir de entonces, la base habitual del cardenal Wojtyła. […]

Entre una sesión y otra se organizan la vida en el Colegio. Por la mañana Wojtyła. Se levanta muy temprano, como le es habitual y participa en la Santa Misa a las 6.45, antes del desayuno con los demás: té, café y pequeños panecillos […] A las 8 un autobús especial traslada  a los participantes en el Concilio desde plaza Remuria  hasta la plaza de San Pedro. […]

Como llega temprano, Karol  Wojtyła va normalmente a arrodillarse ante uno de los altares laterales. Muy pronto adopta la costumbre de ir a rezar y leer el breviario en la quietud de la capilla del Santísimo Sacramento, frente al sagrario de bronce dorado diseñado por Bernini. Un simpático monje protestante también suele ir a rezar a aquel lugar, y asi Roger Schutz, prior del monasterio de Taizé, uno de los escasos huéspedes no católicos invitados al concilio,  a título personal, traba amistad con el futuro papa.  Cuando  se coloca en su puesto Wojtyla saca pluma y papel yrapido se pone a escribir. Aquella costumbre, adoptada antes de convertirse en obispo y que no abandonaría más, llama la atención de sus colegas del concilio, sobre todo de los más desenvueltos. El polaco es un “laburador”, un intelectual que no descansa nunca, siempre listo a preparar cualquier cosa: la próxima intervención, un discurso para la radio Vaticana, lecciones para la KUL, el capítulo de un nuevo libro… Todas las mañanas, monseñor Felici, secretario del concilio, impone la orden Extra omnes, invitando a las personas no autorizadas a abandonar el “aula”, o sea el sector de la iglesia transformado en sala de congresos, para poder dar inicio a la “congregación” […]

A las 12.45 termina la sesión. Mientras los padres conciliares van saliendo lentamente de la Basílica Wojtyła se refugia en un lugar tranquilo – a menudo en la capilla del Santísimo Sacramento – para una última oración antes de dirigirse hacia el autobús que lo trasladará al Colegio. En aquella serena sede tendrá ocasión de encontrarse con personas interesantes durante el almuerzo: un obispo venido de un país lejano, un teólogo erudito, un prelado allegado al Santo Padre y otros […]

Si por las tardes Karol  Wojtyła se dedica a tareas personales o participa en las muchas reuniones o conferencias organizadas en los cuatro puntos de la ciudad, la cena le brinda oportunidades de nuevos encuentros, ya sea allí mismo en el Colegio, con huéspedes ocasionales, u otros cuando es invitado. Después de la tercera  sesión aquel obispo polaco interesante cuanto afable es buscado por todos. Monseñor  Wojtyła, en efecto, dejará el recuerdo de una persona disponible, serena, sonriente y de constante buen humor. […]  



El concilio ofrece la ocasión para una increíble mezcla de culturas, caracteres y experiencias, una dimensión de importancia fundamental para Karol, como lo señalara su amigo Malinski: «Conversaciones, contactos, encuentros personales, intercambio continuo de ideas, pensamientos, opiniones, convicciones…. El concilio fue una especie de retiro espiritual o seminario del episcopado de todo el mundo».

«Como joven obispo», contará Wojtyła veinte años después del concilio, «mi puesto estaba cerca del ingreso a la basílica de San Pedro. Después de la tercera sesión, habiendo sido nombrado arzobispo, me acerqué más al altar» hasta ese momento, en realidad monseñor Wojtyła no había dicho nada de mucha importancia. Habia intervenido en cuestiones técnicas, o en sus detalles, tal como lo h abian hecho decenas de otros prelados. Durante la tercera sesión (14 de septiembre – 21 de noviembre 1964), sin embargo, comienza a hacerse notar. […]

 

Bernard Lecomte : “Giovanni Paolo II” , Editions Gallimard 2006

( esta parte del texto republicado de Totus tuus Nr 6 2007 Boletin Mensual de la Postulacion de la causa de Beatificación y Canonización)  .

sábado, 13 de agosto de 2016

Niegowicz “experiencia campesina” pastoral de Karol Wojtyla (2 de 2)


Treinta años más tarde contará a Malinski: «Llevas encima la sotana, el mantón, el alba y el birrete, y con todo esto tienes que abrirte camino en la nieve. La nieve se te pega en el borde de la sotana y ya cuando entras en la primer casa se derrite. Después, cuando sales, la tela mojada se congela y alrededor de las piernas se forma una especie de campana dura, que pesa cada vez más y te impide caminar. Por la tarde arrastras los pies, pero es necesario seguir, porque la gente espera todo el año este encuentro contigo.»

Celebra Misa diaria,  acoge a los fieles (la “wikarowka” está siempre abierta), las vísperas de los domingos, el rosario en el mes de mayo, asiste a los enfermos (a veces en plena noche con veinte grados bajo cero), administra los sacramentos (en un año bendice en Niegowic trece matrimonios y bautiza a cuarenta y ocho niños), conduce retiros  espirituales, mantiene  innumerables reuniones con los jóvenes (acción católica y de la juventud masculina), entre las cuales la Asociación católica y la de la juventud de las que está encargado el. ¡Para ser un aprendiz, no le falta trabajo!  […]

Las vigilias de oración atraen a muchos jóvenes y cuando les propone formar una compañía teatral, obtiene gran éxito. Karol siento profundo gozo y en dos ocasiones acompaña a los jóvenes actores a Cracovia. ¡Todo una aventura”! Ocho kilómetros a pie hasta la estación de Klaj, después el tren que les lleva a la gran ciudad, donde pueden asistir a verdaderos espectáculos: una vez al teatro Slowacki, otra al Teatro rapsódico, con gran alegría del amigo Kotlaraczyk.  

El 17 de agosto de 1949 Adam Stefan Sapieha pone fin a esta experiencia campesina de Karol Wojtyla. El príncipe Sapieha decide trasladarle a la iglesia de San Florián para contribuir a la pastoral juvenil. Karol no hubiera podido soñar un destino mejor. ¡ La iglesia está situada cerca del centro de la ciudad, al otro lado de los Planty, a diez minutos de camino de su amada universidad Jaguelonica!  No está lejos de sus lugares preferidos: el monasterio de Czerna, al oeste de la ciudad, donde habría deseado vivir en contemplación y también el santuario de Kalwaria Zebrzydowska,  (en la carretera hacia su pueblo Wadowice y donde hizo su primera peregrinación a pie el 10 de septiembre de 1950).  Finalmente,  por una extraordinaria coincidencia, el teatro rapsódico se ha trasladado a dos pasos, en la misma acera, en el n. 5 de la calle Warszawska. ¡Cuántas veces pasa por la tarde a saludar a los queridos amigos después del espectáculo…!
El cura de San Florián padre Tadeusz Kurowski, le acoge amablemente.

Bernard Lecomte: Jean Paul II Biographie, Editions Gallimard 2006



viernes, 12 de agosto de 2016

Niegowicz “experiencia campesina” pastoral de Karol Wojtyla (1 de 2)


El 8 de julio de 1948 Karol Wojtyla, recién llegado de Roma, recibe una carta firmada por el cardenal Sapieha…Karol supo así que había sido nombrado vice párroco de Niegowic, en el territorio de Bochnia, a treinta kms al este de Cracovia. Niegowic es un pueblo demasiado pequeño como para que aparezca en el mapa general del país. Y, sin embargo, la parroquia contaba entonces con cinco mil almas, repartidas entre los trece poblados diseminados en la llanura del Río Raba…lo que no es poco!
El 28 de julio, con una modesta maleta en mano, el nuevo vicario llega a Niegowic. Viste pantalones de paño, un jersey y una boina.  Ha tomado el coche de línea hasta Gdow, donde un campesino lo ha subido en su carro y lo ha acompañado a Marzowice. Desde allí ha llegado a Niegowic a pie, acortando distancias a campo traviesa para ahorrar tiempo. Desde el poblado de Lasowe Domy se descubre el campanario de madera d ela iglesia, que se levanta sobre la llanura en la que trabajan algunos grpos de cosechadores. Se ve llegar desde lejos al nuevo vicario, y enseguida es objeto de atención por parte de todos. Tiene el aspecto de un chico y parece muy delgado, pero el paso decidido es el de un hombre enérgico. Los testigos de su llegada lo observan mientras atraviesa el riacho, pomposamente llamado Krolewski Potok (riacho Real, que corre poco antes de entrar en el poblado. El recién llegado hace la genuflexión varias veces ante una capillita dedicada a San Juan Nepomuceno, a quien los campesinos piden desde hace años que aleje de ellos la miseria. «Me he arrodillado y besado la tierra», recuerda Juan Pablo II en “Don y misterio”.  «Había aprendido aquel gesto de San Juan Maria Vianney» El recuerdo del cura de Ars no abandonará nunca al vicario de Niegowic durante todo el tiempo que permanecerá allí. Después, el joven pastor se dirige hacia la iglesia, donde saluda el Santísimo Sacramento y se presenta al párroco. El anciano Kazimierz Buzala lo invita a instalarse en una de las dos habitaciones de la pequeña casa parroquial, que compartirá con el padre Kazimierz Ciuba, el vicario más viejo del pueblo, y con el padre Franciszek Szymonek, otro sacerdote llegado hacia poco. […]

(Niegowic hoy)

El sacerdote Wojtyla inicia su nueva vida en el campo de Niegowic,  con los fatigosos deberes cotidianos. Los vicarios del pueblo tienen algunas vacas, po9llos y conejos, cultivan el huerto, se ocupan de los bosques, ayudan a recoger y trillar el trigo. Tienen a su disposicòn algunas personas: una cocinera, una señora para la limpieza, y un hombre para mantenimiento. Pero los dos años vividos fuera del país  habían hecho olvidar a Karol Wojtyla que la mayoría de sus compatriotas vive aun sin electricidad y sin agua corriente.

Las jornadas del nuevo vicario comienzan a las 5 de la mañana y resultan muy cansadoras por las numerosas tareas que pesan sobre él. En primer lugar el catecismo: treinta horas a la semana en las escuelas elementales de los cinco poblados cercanos. Es la tarea principal de un vicario, que además – en un tiempo en el cual casi todos los niños se preparan para la primera comunión – se llama catequista.  A pie – raramente en bicicleta – (que a Karol no le gusta), en carro o bien en invierno en trineo, el joven vicario atraviesa  campos y  bosques desde Cichawa a Wiatowice, desde Niewiarow a Pierzchow, desde Nieznamowice a Krakuszowice, aprovechando algunos trayectos más largos para leer algo.
Siguen las confesiones: en el período de la confirmación, en marzo Karol pasa de diez a doce horas en el helado confesionario – la iglesia obviamente no tiene calefacción – escuchando pacientemente las intrincadas preguntas de los campesinos de la zona. Wojtyla interroga, responde, argumenta, anima….
«la confesión – dirá después a su amigo Malinski – es la corona de nuestro trabajo pastoral».  Para resistir al desánimo y mantener intacto el entusiasmo, piensa constantemente en el cura de Ars. Siguen las tradicionales «visitas de Navidad», una costumbre que en Polonia tiene sólidas raíces. El pequeño Lolek la había vivido en Wadowice, cuando siendo monaguillo acompañaba al párroco Prochownik de casa en casa en los días que preceden a la Navidad. Wojtyla descubre que aquellos contactos con los habitantes son insustituibles. En la iglesia, vestidas con trajes dominicales,  las personas parecen, en efecto, muy diferentes, mientras que en familia  son más autenticas.
A Karol le gustan sobre todo los encuentros afables que duran más de la hora prevista. Sobre todo en Zarabie, la zona más pobre del municipio, a donde lleva lo que otros, menos necesitados, le han regalado.
¡Pero cuantos esfuerzos físicos tiene que afrontar!  Hablar, cantar villancicos, bendecir a derecha e izquierda, comer y beber en cada casa que visita, andar, andar hasta el sufrimiento….


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lunes, 22 de junio de 2015

Historia de Karol – la puerta del arzobispado abierta a todos (2de 2)

“En realidad, la forma que el arzobispo Wojtyla emplea su tiempo prefigura la de Juan Pablo II.  Principio general, heredado del padre: el tiempo es un don, no debe desperdiciarse ni una migaja. Consecuencia: sus días están increíblemente planificados, a veces al minuto. (…) Invitado a menudo a cenar, el arzobispo regresa a veces tarde a su apartamento privado en el primer piso del palacio arzobispal.
El apartamento se compone de un pequeño ingreso, un despacho y un minúsculo dormitorio, con un modesto mobiliario que incluye una cama individual, cubierta por una frazada lisa y un cojín decorado con motivos folklóricos; una lámpara de plástico sobre el cabecero, de donde cuelga el dable con el interruptor; una mesilla y sobre ella un rosario, un termo y un vaso. Al lado de la cama, sobre el piso de madera un par de zapatos negros y unas viejas zapatillas de color indefinido. En la pared, una Virgen del Renacimiento y un paisaje polaco invernal de poco valor, con el cuadro de las ovejas que adornaba su viejo apartamento en via Kanonicza.
Sobre el sencillo escritorio, de barniz algo saltado, hay solo una lámpara con una pantalla común, una foto de Pablo VI y un tintero con una estilográfica (cargada con tinta negra), un lapicero (verde), una goma redonda y chata, clips para papel y una pequeña caja de cartulina conteniendo tarjetas de visita. (…) Y esto es todo lo que posee el sucesor del príncipe Sapieha, quien nunca hubiese dormido en una habitación que no fuese la más preciada del palacio; otros tiempos, otras usanzas. Otra personalidad, también. Pobre fue el cura Wojtyla, pobre será el arzobispo, el cardenal y finalmente el papa. Hábitos raídos, un sombrero viejo, un sobretodo gastado. Como siempre, no se preocupa mucho de su comodidad personal (…).

Circulan anécdotas que enriquecerían una hagiografía digna del cura de Ars. Se cuenta que un día, cuando aún vivía en via Kanonicza, un pobre fue a pedir una limosna. Las religiosas Marysia y Emilia, que administraban la casa, lo alejaron: «no tenemos nada más». EL obispo, enfurecido, protestó: «nada más?» abrió el armario y mostró sus caminas: «Ésta! Aquella!». Las religiosas, regañando, le entregaron las camisas al pobre.
De todas maneras, impresiona el contraste entre la vida que lleva el nuevo arzobispo de Cracovia y el lujo y los oros de «su» catedral en el castillo del Wawel. Tampoco los tesoros artísticos, custodiados en el palacio arzobispal después d ela guerra, le interesan al nuevo patrón de la casa. Karol Wojtyla no se ha sentido inclinado al arte, ni lo estará jamás. Filósofo y poeta, es decididamente un pastor, no un esteta.
Pastor y modelo de devoción. Después de las 11 de la noche, en la calle Franciszkanska, la vida parece detenerse. Los corredores están desiertos, la gran escalera en silencio. Solo una luz se filtra por la puerta de la capilla: el arzobispo está rezando.”

Bernard Lecomte: Giovanni Paolo II – la biografía, Baldini Castaldi Dalai editore, 2004


viernes, 19 de junio de 2015

Historia de Karol – la puerta del arzobispado abierta a todos (1 de 2)


Calle Franciszkanska, n.3. Un edificio sin mayores pretensiones, color amarillo ocre, de dos pisos, parecido a muchos otros en la vieja ciudad de Cracovia. Un portón negro pesado da acceso a un pórtico bajo el cual, a la izquierda, está el ingreso a la Curia metropolitana. A la derecha, una galería conduce a una doble puerta y allí detrás una gran escalera de piedra con escalones gastados lleva a los pisos superiores. Sobre las paredes, inmensos retratos de todos los predecesores de Karol Wojtyla (….)
En el primer piso, frente a la escalera la capilla, cuyas paredes serán después revestidas de una especie de mármol tono marfil. De la época de Wojtyla quedara solo el cielorraso artesonado rojo oscuro, verde profundo y azul noche. En la capilla donde está su reclinatorio, el arzobispo inicia la jornada invariablemente a las 5.30, hora en que fuera el primer tranvía va despertando los barrios con su chirriante sonido metálico.
El arzobispo Wojtyla ha sido, y seguirá siendo, un hombre de oración.
Todos los días pasa muchas horas en la capilla, donde llega antes del amanecer para recobrar fuerzas, buscar inspiración y preparar la jornada. Es allí donde, a las 7, celebra la santa Misa en presencia de algunas religiosas o de algún colaborador (….)
A las 8 regresa al palacio para el desayuno preparado por las religiosas (queso fresco, huevos duros y leche). Pero el arzobispo no se demora y va rápidamente a recluirse a la capilla. A la izquierda del altar ha hecho colocar un atril especial, con un entrepaño plegable, de madera, junto a una silla y a un reclinatorio. Así puede arrodillarse y meditar o sentarse para leer o escribir. Cerca se ha colocado una estufa y una lámpara de pie. Todo calculado. En poco fanático el arzobispo quien, para asegurase que no le molesten, cierra la puerta de la capilla con llave.
En aquel lugar, inmerso en el silencio, escribe delante del Santísimo Sacramento no solo homilías y cartas pastorales, comunicados episcopales. A las 11, el arzobispo sale de la capilla y se dirige a las salas del edificio donde suele recibir (…)
La puerta del salón del arzobispo Wojtyla está abierta a todos. Recibe a quien lo solicite, y para verlo a veces se forma una fila que implica más de dos horas.  Todo parroquiano de Cracovia sabe que puede encontrar al arzobispo sin previo aviso para presentarle cualquier problema personal (…)
A las 13.30 la fila llega a su término y el arzobispo se sienta a la mesa, no sin antes haber invitado al último visitante a compartir el almuerzo con él (…)
Terminado el almuerzo, diez minutos de siesta – en el sillón, para evitar un sueño profundo – solo entonces, después de un rápido repaso con el secretario sobre los temas del día, Wojtyla se concede un breve paseo (…)

Después inicia el maratón diario de visitas en las parroquias y  ceremonias en los cuatro puntos de la región (…)

Bernard Lecomte: Giovanni Paolo II - La biografia (Baldini Castaldi Dalai editore, 2004)