Llamados a ser santos

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“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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jueves, 9 de abril de 2026

Karol Wojtyla - Universidad Católica de Lublin

 


En septiembre de 1954 durante una caminata por las montañas al sur de Cracovia Stefan Swiecawski “urgió” a Wojtyla a unirse a la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica de Lublin (KUL) (ahora Universidad Católica de Lublin Juan Pablo II). Previa autorización del arzobispo Baziak, Wojtyla comenzó a acudir a Lublin desde Cracovia.

Habia cerrado la Universidad de Cracovia y Lublin era la unica universidad católica bajo el comunismo. “Y allí, en aquella especie de oasis protegido, pudo confrontar sus reflexiones con las de un grupo de profesores, de entre los más jóvenes y con las ideas más innovadoras. Estos profesores se proponian librar la gran batalla político-filosófica con el marxismo sobre su propio terreno, el de la liberación de la persona, pero a partir de un humanismo en el que hubiera sitio para el individo, para la esencia del hombre” (Svidercoschi, Franco : Historia de Karol)

Era plena época de confrontaciones políticas; entre 1953 y 1956 fueron clausuradas las facultades de leyes, ciencias sociales y educación y los diplomados en KUL encontraban dificultades para obtener posiciones académicas en otras universidades. Todas las presiones existentes no hicieron mas que fortalecer el espíritu de profesores y alumnado y hacer de KUL una “universidad con vocación” . El “proyecto” KUL fue ideado por un cuarteto de hombres relativamente jóvenes que habían ocupado puestos de profesores (el régimen estalinista de Polonia había depuesto los antiguos profesores) : Jerzy Kalinowski (Filosofía), Stefan Swiezawski (Historia de la Filosofia), el sacerdote dominico Mieczyslaw Albert Krapiec (Metafísica) y el sacerdote Karol Wojtyla (Ética). En noviembre de 1956 Wojtyla sucedió al dominico Félix Bedniarski, que es transferido al Angelicum de Roma y el 1ro de diciembre de 1956 es nombrado Director de la cátedra que ocuparía durante 22 años hasta su traslado definitivo a Roma como Sumo Pontífice. (Weigel, George Testigo de Esperanza)



En la introducción a Mi visión del hombre (Trilogía inédita I) publicada por Ediciones Palabra, Madrid, Maria Pilar Ferrer al hablar de la producción filosófica de Karol Wojtyla la divide en tres periodos:

a) aproximadamente desde inicios de los años cincuenta hasta 1979, centrado fundamentalmente en estudios de ética filosófica y sobre el amor humano. Cita entre las publicaciones que se destacan en la primera fase de ese periodo: los cursos impartidos en la KUL (1954-1958), las separatas de Abecedario ético (publicadas por Tygodnik Powszechnyentre los años 56-58: su tesis sobre la ética de Scheler y Amor y responsabilidad.

b) El segundo periodo definido fundamentalmente por Persona y Acto (1969) “una apuesta sobre el hombre, sobre la posibilidad y sobre las condiciones de afirmación de un humanismo no utópico y solidamente anclado en la realidad y en la experiencia”

c) En la tercera fase de la producción filosófica –dice Pilar Ferrer – “se abre con la ultima sección de Persona y Acto, que lleva el titulo de Participación y se extiende a todos los escritos posteriores” Y prosigue “en esta tercera fase ocupa un puesto singular el articulo El hombre en la esfera de la responsabilidad, un estudio sobre la concepción y sobre la metodología ética pensado como una “continuación ética de Persona y Acto”.


Juan Pablo II recordaba aquellos años de su paso por KUL en su primer viaje a Polonia en 1979 en su homilia a los universitarios en Varsovia, Y también - con cierta nostalgia - durante el mismo viaje en el discurso a los universitartios en Cracovia. Y extensamente durante su visita a la Universidad Catòlica de Lublin en 1987. Diriendose al mundo de la cultura admitia “Estas experiencias han impreso en mi conciencia y en mi entera personalidad profundas huellas para toda la vida”.


 

miércoles, 13 de noviembre de 2024

Bernard Lecomte: Historia de Karol – el profesor universitario (2 de 2)

 


En los primeros tiempos viaja de noche cada dos semanas y a a las 5 de la mañana se baja en la estacón de Lublin. En esa época llevaba ocho horas recorrer los trescientos cuarenta kilómetros entre las dos ciudades. El viaje menos incómodo es de noche en coche-cama […]  ¿Por qué habrían, pues, de asombrarse si el profesor Wojtyla, habiendo dormido pocas horas, se cae de sueño durante la lección de metafísica? Tanto más que Karol, un «enamorado de Dios» no aprovecha las largas pausas para descansar en compañía de sus colegas, charlando tranquilamente ante una taza de té, sino que se le ve a menudo intentando orar en la capilla o leyendo el breviario. El éxito universitario, que a muchos eclesiásticos se les sube a la cabeza, no aleja al futuro Papa de lo esencial. A una ex discípula encargada al término del año académico de entregarle un ramo de tulipanes en agradecimiento de parte de todos los estudiantes, el profesor Wojtyla, conmovido, le pide gentilmente que le lleve las flores a la Virgen.

En la primavera de 1955, los estudiantes de la KUL se quedan estupefactos cuando el profesor Wojtyla les propone un retiro de dos días en el Monte Pewla, cercano a Zywiec, en las montañas de Tatra, en vez de la acostumbrada celebración de fin de año en la capilla de la universidad La mayor parte de aquellos jóvenes no olvidará jamás el comentario sobre la encíclica MysticiCorporis Christi realizado en plena naturaleza, bajo el cielo estrellado de los Cárpatos […]



Después en 1957, irá a hospedarse a otro convento, el de las ursulinas “negras” en el centro de la ciudad nueva. Un arco, una puerta escondida, una escalera de madera de encina que lleva al largo pasillo del primer piso con aroma a cera. En el pasillo, el padre Wojtyla, apenas llegado de la estación de Lublin, hace el Vía Crucis con las religiosas. Siempre encuentra tiempo para rezarle a la Virgen de Czestochowa en una capilla contigua, antes de encerrarse a trabajar en una habitación que mira sobre el claustro antiguo. […] Los meses de invierno – esquíes a la espalda y breviario en el bolsillo – parte al ataque de los montes preferidos. […] Al retornar la bella estación, guarda los esquíes y se concede otras diversiones. En mayo, con la mochila a sus espaldas, trepa por los senderos de Turbazac, una de sus metas preferidas. Y entre el 15 de julio y el 1 de agosto, con un grupo de veintidós jóvenes entusiastas, baja a kayak la Czarda Woda y cruza el lago Wieprznickei […] en su mochila, con su tienda, lleva una pila de libros para discutir durante los descansos […]

Entre una y otra hazaña deportiva, el profesor Wojtyla imparte lecciones en la KUL, donde sus compromisos van en aumento. En primer lugar, participa en un mayor número de seminarios y multiplica las conferencias: presenta dos conferencias ante la sociedad científica de la KUL. Una sobre «Dos concepciones de la libertad» (en abril) y otra sobre «Los fundamentos del perfeccionismo ético» (en octubre); en el Instituto de Cultura religiosa superior (IWKR) tiene una conferencia sobre «La ética del matrimonio». Al reabrirse el año académico se le asigna también la misión de enseñar teología moral. Y cuando el profesor Bednarski parte para Roma, deposita en su pupilo la responsabilidad de todos los departamentos. A partir de aquel momento Wojtyla deberá cumplir con ocho horas semanas de clases y seminarios.[..]

Uno de sus estudiantes, el entonces seminarista Romuald Walder, recuerda que Wojtyla llegaba al seminario, al número 3 de la calle Mickiewicz, vestido de manera poco usual a la de los tradicionalmente bien vestidos profesores de Cracovia y en lugar de un sombrero negro llevaba su gorra de cuero, que había llamado la atención de las religiosas ursulinas de Lublin, y sobre una sotana gastada, llevaba siempre la misma chaqueta de paño grueso. «Cuando entraba en el aula, dejaba el abrigo sobre la silla y todos podíamos ver que sus ropas eran bastante más modestas que las de la mayor parte de los estudiantes».

Estudiantes, seminaristas, y jóvenes en general; el padre Wojtyla experimenta enorme satisfacción en escuchar, formar, reunir a adolescentes, chicos y chicas, que son para él una fuente de gozo y una razón de vida.

 

Bernard Lecomte, Giovanni Paolo II

 

  


 

Bernard Lecomte: Historia de Karol – el profesor universitario (1 de 2)

 


A principios del verano de 1953, cuando el “Tygodnik” fue cerrado repentinamente, Karol está por finalizar la tesis de doctorado sobre Max Scheler y busca relatores en vista de la defensa. Es una etapa importante al inicio de una carrera universitaria, y para el ex alumno del instituto de Wadowice aquella formalidad intelectual y administrativa es una consagración […] Precisamente, a fines del mismo año 1953, desde Moscú a Varsovia, los sucesores de Stalin se disputaban crudamente su herencia política, y la situación era peligrosamente tensa en toda Europa oriental. […]

En Cracovia, las autoridades atacan al instituto más antiguo de la Universidad, la “pontificia” facultad de teología, fundada en 1397, que, tal como su nombre indica, depende directamente del Papa. Las jerarquías comunistas de Varsovia habían asumido como propia la célebre y despreciable ocurrencia de Stalin: «¿Cuántas divisiones tiene el Papa?» La venerable facultad es clausurada de repente en octubre de 1954. Un evento histórico: la reválida de la habilitación de Karol Wojtyla es el último acto oficial de la facultad de teología de la Jagellonica, previo a su clausura […].



En 1954, los comunistas también apuntan a la prestigiosa universidad católica de Lublin (KUL): arrestan al rector, suspenden a algunos profesores, amenazan a los estudiantes, cierran la Facultad de Derecho.  Un artilugio administrativo – el recurso al antiguo estatuto de la pre-guerra, que sigue vigente – permite al cuerpo docente crear in extremis la facultad de filosofía […]. El futuro Papa será designado “profesor adjunto” y deberá garantizar tres horas de lecciones por semana, pagas con vacaciones, en el departamento de ética y filosofía bajo la dirección del profesor Bednarski. […]. La KUL es un lugar único, una excepción, una especie de milagro en esa postguerra tan atormentada. [.] Fundada en 1918, la institución goza de excelente reputación. En los años cincuenta, el profesor Wojtyla enseña en el aula 33, llena hasta rebosar de estudiantes de otras facultades, alineados en filas apretadas  a lo largo de las paredes. Terminada la lección, baja al primer piso, en las pequeñas aulas de filosofía con montones de libros, donde los graduados preparaban sus tesis. El profesor Wojtyla no da las clases sentado, leyendo ex cátedra los mismos apuntes año tras año, sino que se pasea sobre la tarima de la cátedra, con la cabeza gacha y los brazos  a la espalda, sin consultar apuntes. Tiene la costumbre de repetir las mismas coas de diversas maneras, desde varias perspectivas, reiterando los argumentos más importantes y haciendo, cada poco una síntesis para estar seguro que el mensaje ha sido entendido. […]

 

Bernard Lecomte, Giovanni Paolo II  (publicado en Totus Tuus Nr3, marzo 2007)


miércoles, 10 de agosto de 2022

George Weigel : Los filosofos de Lublin y su proyecto (2 de 2)


 

El proyecto KUL se definió por un cuarteto de hombres relativamente jóvenes que, gracias a un buen golpe de ironía, se había convertido en profesores de KUL porque los gobernantes estalinistas de Polonia habían expulsado a los docentes de mayor edad. Ellos fueron Jerzy Kalinowski (especialista en lógica y filosofía de la ley); Stefan Swiezawski (historiador de la filosofía y seguidor de Jacques Maritain y Étienne Gilson); el Padre Mieczyslaw Albert Krapiec, OP (especialista en la metafísica Dominica); y el padre Karol Wojtyla. Este cuarteto se vio posteriormente ampliado por los Padres Marian Kurdzialek (especialista en filosofía antigua) y Stanislaw Kaminski (especialista en epistemología). Los filósofos Lublin tenían personalidades diferentes, con intereses y especialidades académicas divergentes. Ellos, sin embargo, lograron lo que el profesor Swiezawski más tarde llamó una "colaboración rara y excepcionalmente fructífera", construida en torno a cuatro acuerdos que resultaron cruciales para el proyecto filosófico de Karol Wojtyla.

 

   a) Comenzaron con una convicción antigua — serían radicalmente realistas acerca del mundo y acerca de la capacidad humana de conocer. Los filósofos de KUL creían que si nuestro pensamiento y nuestras elecciones carecen de una atadura a la realidad, la fuerza bruta se apodera del mundo y la verdad se convierte en una función del poder, no una expresión de las cosas-como-son. Una broma de la era comunista en Polonia expresó este imperativo realista de manera que todo el mundo pudiera entender: "El jefe del partido pregunta: «¿Cuánto es 2 + 2?». El trabajador polaco responde: «¿Cuánto le gustaría que fuese?». (El significado "político" de la suposición realista de los filósofos de KUL se expresó más tarde en el famoso cartel electoral de Solidaridad que decía: «Para que Polonia sea Polonia, 2 + 2 debe ser siempre = 4»). Los seres humanos sólo puede ser libre en la verdad, y la medida de la verdad es la realidad.

 

   b) Los filósofos de KUL también acordaron un punto de partida para la moderna investigación filosófica: debería comenzar con una reflexión disciplinada sobre la persona humana y sobre la experiencia humana, más que con la cosmología. En esto había mucho en juego. Si la filosofía podría alcanzar la verdad de las cosas-como-son a través de un análisis de la experiencia humana, entonces el camino para una reconciliación entre la filosofía católica y el método científico se podría abrir, mientras que, al mismo tiempo, la modernidad podría liberarse de las arenas movedizas de pensar-sobre-pensar-sobre-pensar. La adopción de este punto de partida también fue importante en la confrontación con el marxismo. Allí, las cuestiones más serias no implicaban que se entendía mejor la física, sino ciertas cuestiones muy básicas: ¿Qué es la vocación humana? ¿Cómo construimos la historia? ¿Es la historia mejor entendida en términos materiales y políticos, o tiene una dimensión trascendente?

 

 

   c) Los filósofos de KUL también compartieron un profundo compromiso con la razón. Otros pueden haber tenido la libertad cultural, económica y política para especular sobre el supuesto absurdo de la vida. Los filósofos KUL, veteranos de la resistencia cultural contra el nazismo, no tenían ese lujo. Habían vivido a través de una brutal ocupación nazi y por lo tanto sabían lo que el irracionalismo puede hacer si anda suelto en la historia con suficiente fuerza material. Pero el compromiso de los filósofos KUL con el método de la razón se complementó con la determinación de iluminar el bien, y la capacidad humana de conocer y elegir el bien, de modo que los hombres y las mujeres pudieran, de hecho, elegir el bien.

 

   d) Por último, los filósofos KUL acordaron practicar un ecumenismo del tiempo. Si se negaban a ser encarcelados dentro de su propia conciencia, también se negaron a ser esclavos de lo contemporáneo. Ellos creían que la historia de la filosofía tenía cosas que enseñar el presente, que el pasado no se había convertido en completamente desechable por la modernidad.

 

 

   Estos eran hombres con la convicción vocacional de que las ideas no eran juguetes intelectuales, hecho ampliamente confirmado por una dura experiencia. Las ideas tenían consecuencias, para bien y para mal. Las comprensiones erróneas sobre la persona humana, sobre la comunidad humana y sobre el destino humano fueron responsables de montañas de cadáveres y de océanos de sangre en la primera mitad del siglo XX. Si la filosofía pudiese ayudar al mundo a conseguir una adquisición firme de la verdad de la condición humana, de una manera que fuese a la vez distintivamente moderna y basada en la gran tradición filosófica de Occidente, el futuro podría ser diferente.

 

   Los filósofos KUL eran una comunidad de amistad personal e intelectual de gran rareza en la vida académica, un auténtico equipo. Una vez que se le concedió el puesto de profesor en KUL en 1954, Karol Wojtyla conmutaba de Cracovia a Lublin cada dos semanas. Y virtualmente cada uno de esos viajes en los siete años siguientes, Wojtyla y sus colegas se reunían en grupo para hablar del proyecto común en el que estaban comprometidos; era una reunión de iguales que, como Juan Pablo II recordó después, creaba la "gran ventaja" para cada uno, de aprender de las distintas perspectivas y del trabajo actual de los otros.

 

   Al mismo tiempo hubo argumentos reales y diferencias intelectuales entre los filósofos de KUL, algunos de los cuales (como el Padre Krapiec) tenían personalidades combativas. El continuo interés de Karol Wojtyla en la fenomenología y sus investigaciones en desarrollo de la filosofía moderna y contemporánea alarmó a algunos de sus colegas más tradicionales, al igual que su estilo filosófico y profesoral. Tenía una manera general de hacer filosofía "sin notas al pie de página": – uno de sus primeros alumnos señaló más adelante que hacía filosofía "como un campesino" – pues estaba mucho más preocupado con la cartografía del terreno de las cosas-como-son que con la provisión de un extenso aparato académico de citas y referencias cruzadas para cada propuesta o afirmación. El Padre Wojtyla también era singularmente libre de esa "gravedad profesoral" generalmente asociada con los académicos de alto nivel en las universidades europeas.

 

   Decir que la facultad de filosofía de KUL tenía desacuerdos y, en algunos aspectos, rivalidades es simplemente decir que se trataba de una facultad de hombres, no de ángeles. Lo más importante de los filósofos de KUL fue la audacia de su intención. Ellos concibieron su proyecto, en parte como respuesta a las circunstancias peculiares de su tiempo y lugar, y en parte como respuesta a las condiciones culturales generales de mediados del siglo XX. La gama de su alcance y su capacidad para arrojar luz sobre la condición humana en situaciones muy diferentes sólo entraría en el foco de la atención cuando el Profesor Dr. Karol Wojtyla, por entonces trabajando con un nombre diferente, llevó la parte más aventurera del proyecto Lublin a un audiencia cuyo número superó vastamente el número de lectores de las revistas filosóficas polacas.


 Transcrito parcialmente de la conferencia dictada en la Universidad Duquesne de Pensilvania, EE.UU.,
el 1° de diciembre del 2006, bajo el título 'Wojtyla's walk among the philosophers'
('El andar de Wojtyla entre los filósofos'). Traducido por Angel C. Correa


 

 

George Weigel : Los filosofos de Lublin y su proyecto (1 de 2)

 


La Universidad Católica de Lublin [KUL] fue fundada en 1918. Curiosamente, uno de sus parteros fue Lenin, quien permitió al Padre Idzi Radziszewski llevar de vuelta a Polonia la biblioteca de la Academia Polaca de Teología de Petrogrado, cuando el sacerdote estaba tratando de conseguir el lanzamiento de KUL. Auspiciada por la Segunda República de Polonia de entre-guerras, la universidad fue cerrada por la ocupación alemana, con numerosos profesores encarcelados, torturados o asesinados. Sus estatutos permitieron a KUL sobrevivir a la imposición del estalinismo en Polonia después de la guerra, convirtiéndose en la única universidad católica detrás de la cortina de hierro, distinción que mantuvo a lo largo de la Guerra Fría. Como dijera uno de sus mayores estudiosos, durante la Guerra Fría, la Universidad Católica de Lublin fue "el único lugar, entre Berlín y Corea del Sur, donde la filosofía era libre".

 

   Sus facultades y estudiantes desarrollaron su vida académica en una situación de constante confrontación con el régimen comunista. Entre 1953 y 1956, las facultades de derecho, ciencias sociales y educación fueron cerradas. Incluso después del deshielo político de 1956, la población estudiantil fue mantenida artificialmente baja; los graduados de KUL tuvieron dificultades para obtener puestos académicos en otras partes, y las facultades tuvieron problemas para publicar su trabajo. Estas presiones ayudaron a convertir KUL en una universidad con vocación. En un momento en que muchas figuras influyentes en la vida intelectual europea coqueteaban con el marxismo (y, a veces, más que coqueteaban), KUL defendió la dignidad de la persona humana contra un agresivo oponente ideológico, al tiempo que demostraba que la fe católica y la razón humana eran aliados en la misión de reconstruir el humanismo occidental.

 

   La Facultad de Filosofía de KUL se estableció en 1946 en respuesta a la gran hambre de filosofía evidente en la vida intelectual polaca. La guerra y el intento nazi de decapitar la cultura polaca habían creado una situación intelectual distintiva en Polonia. A comienzos del período de posguerra, las conferencias de filosofía en la reabierta Universidad Jagellónica de Cracovia fueron presentadas a audiencias que desbordaban todos los espacios. En Lublin, las conferencias sobre metafísica se dictaban en espacios sin asientos, con los estudiantes sentados en el suelo, en los pasillos y en los marcos de las ventanas de la sala de conferencias. Allí escucharon a los diferentes miembros de la facultad explorar las cuestiones filosóficas planteadas por las duras experiencias del pasado inmediato y del presente – la vida bajo la ocupación nazi y en la Polonia estalinista.

 

   Todos los que habían vivido las brutalidades de la ocupación nazi y la imposición del comunismo soviético había confrontado la antigua pregunta filosófica, "¿Qué es un ser humano?", en formas inevitablemente urgentes. ¿Por qué algunas personas actuaban como bestias mientras que otras mostraban un heroísmo notable? ¿Por qué algunas personas eran grotescamente egoístas, hasta el punto de traicionar a sus amigos, mientras que otros, noblemente abnegados, arriesgaban sus vidas por otros que apenas conocían? Los filósofos de KUL concordaron en que la única manera de penetrar esos problemas era a través de una profundización de la antropología filosófica. ¿Cómo estaba constituida esa curiosa mezcla de materia y espíritu que es la persona humana? ¿Cómo podemos explicar la diferencia de naturaleza entre los seres humanos y otras criaturas sensibles? ¿Cuál es, en todo caso, la meta de la vida? Tales perennes residentes en los jardines de la investigación filosófica adquirieron aristas especialmente agudas en KUL de finales de los 40s y principios de los 50s.

 

   Convencidos de que la crisis en la comprensión de la persona humana por parte de la modernidad estaba en la raíz de las angustias del siglo, los filósofos de KUL de ese período comenzaron a esbozar una iniciativa filosófica ambiciosa, en la que la metafísica y la antropología se reunirían en la ética. Como sub-disciplina de la filosofía, la ética, puede haber sido una sierva o criada de otras especialidades grandiosas, pero los filósofos de KUL creyeron que el problema de la ética se planteaba de una manera particularmente urgente debido a la situación política. El comunismo no era sólo una cuestión de su mala metafísica (con su afirmación reduccionista de las cosas-como-son) y su mala antropología (con su caricatura del humanismo); la política totalitaria del comunismo despojó a hombres y mujeres de su poder de elección, de su responsabilidad y, por lo tanto, de su humanidad.

 

   Para contrarrestar tanto el materialismo comunista, como la política comunista, el pensamiento de los filósofos KUL era un humanismo completo que daba una explicación más convincente de las intuiciones morales y de las acciones morales del ser humano. Al proponer esto sin caer en las arenas movedizas de pensar-sobre-pensar-sobre-pensar, los filósofos de KUL se impusieron no pequeña tarea. En efecto, lo suyo implicaba nada menos que desafiar el sentido y dirección de la filosofía desde la Ilustración. Por otra parte, se trataba de un proyecto con un sello distintivo, pues los filósofos de KUL se propusieron afrontar la gran batalla político-filosófica en el terreno propio del marxismo — en la cuestión de la verdadera liberación de la persona humana.

Transcrito parcialmente de la conferencia dictada en la Universidad Duquesne de Pensilvania, EE.UU.,
el 1° de diciembre del 2006, bajo el título 'Wojtyla's walk among the philosophers'
('El andar de Wojtyla entre los filósofos'). Traducido por Angel C. Correa


viernes, 27 de agosto de 2021

Calendario del prof. Karol Wojtyla en la Universidad Catolica de Lublin (KUL)

 


El calendario, elaborado sobre la base de la documentación de archivo, muestra el tipo de clases impartidas en la Universidad Católica de Lublin por el sacerdote docente Wojtyła. La reducción del número de clases, a partir del curso académico 1960/1961, está asociada a la dignidad episcopal del Profesor Auxiliar (desde 1958), por lo que tuvo que conciliar su labor investigadora y docente con su cada vez mas intensa participación en asuntos importantes de la Iglesia. (Para un mayor detalle consultar el Calendario de Karol Wojtyła (ed. A. Boniecki, MIC, Cracovia 1983; 2000, 2ª ed. Y suplemento. ). En este contexto, cabe destacar que, a pesar de tantas y tan importantes funciones, aún desempeñaba su función de profesor en la Universidad. Agreguemos que con el tiempo venía cada vez menos a dar conferencias en Lublin, pero cada vez más invitaba a sus colegas y estudiantes a un seminario en Cracovia.

 

9 de octubre de 1954  - Prof. El Dr. J. Kalinowski, decano de la Facultad de Filosofía, presentó en una reunión del Senado Académico de la Universidad Católica de Lublin, la moción del Consejo de esa Facultad para encomendar clases en el campo de la ética filosófica al Rev. dr hab. Karol Wojtyla .


12 de octubre de 1954 - Vicerrector de la Universidad Católica de Lublin, P. profe. S. Płodzień confía al P. Dr. hab. Karol Wojtyla, conferencias encargadas en la Facultad de Filosofía en el curso académico 1954/1955, a saber: 1 hora. semana - "Historia de las doctrinas éticas", 2 horas semana - un pro-seminario.


19 de agosto de 1955  - El vicerrector de la Universidad Católica de Lublin, el p. profe. S. Płodzień amplía la gama de actividades asignadas al P. Dr. hab. Karol Wojtyła. En el curso académico 1955/1956 realiza: 2 horas charla semanal - "Historia de las doctrinas éticas" y 2 horas. semana - seminario para alumnos de 3º y 4º curso de especialización práctica.


31 de marzo de 1956  - El vicerrector de la Universidad Católica de Lublin, el p. profe. S. Płodzień confía al P. Dr. hab. Seminario de ética Karol Wojtyla en la Facultad de Filosofía - 1 hora semana


29 de octubre de 1956  - Otro cambio de actividades del P. Dr. hab. Karol Wojtyła en el año académico 1956/1957: 2 horas una semana de conferencia y 2 horas semana de ejercicios de filosofía moral para alumnos de 1º y 2º curso de especialización teórica y práctica, 2 horas una semana de conferencia "sobre temas seleccionados de filosofía moral" y 2 horas. "Seminario de filosofía moral" semanal para alumnos de 3º y 4º curso de especialización práctica.


16 de noviembre de 1956  - Solicitud del Comité de Calificación de la Facultad y del Consejo de la Facultad de Filosofía para nombrar al P. dr hab. Karol Wojtyła, profesora adjunta del Departamento de Ética, presentado por el decano, prof. J. Kalinowski en la sesión del Senado Académico de la Universidad Católica de Lublin.

 

27 de noviembre de 1956 - "En su sesión del 27 de noviembre de 1956, el Senado Académico aprobó por unanimidad la moción del Consejo de Facultad". Fr. firmado profe. S. Płodzień.


1 de diciembre de 1956  - A partir de ese día, el P. dr hab. Karol Wojtyła es oficialmente profesor adjunto y empleado a tiempo completo de la Universidad Católica de Lublin . Además de las clases anteriores, también lleva a cabo un seminario de aspirantes: 1 hora. semanal


15 de noviembre de 1957 - Carta del Comité Central de Calificación para Científicos informando que la solicitud del Senado Académico de la Universidad Católica de Lublin con respecto a la aprobación del P. dr hab. Karol Wojtyła como profesor asociado.

 

Año Acad. 1960/1961 - P. obispo doc. dr hab. Karol Wojtyła trabaja a tiempo parcial; 1 hora una semana de conferencia monográfica "sobre temas seleccionados en ética" para estudiantes de tercer y cuarto año de especialización teórica y cuarto y quinto de especialización práctica, y 2 horas. seminario semanal de ética.


11 de noviembre de 1976 - Solicitud del Consejo de la Facultad de Filosofía Cristiana para conceder al  Doc. dr hab. Karol Wojtyła con el título - previsto en el estatuto de la Universidad Católica de Lublin - profesor honorario de la Universidad Católica de Lublin.


10 de diciembre de 1976 - Resolución del Senado Académico de la Universidad Católica de Lublin sobre la concesión al P. tarjeta. Karol Wojtyla con el título de profesor honorario de la Universidad Católica de Lublin .


31 de marzo de 1977 - Carta del rector de la Universidad Católica de Lublin, prof. dr hab. MA Krąpiec OP al Departamento de Estudios Universitarios y Pedagógicos e Investigación del Ministerio de Ciencia, Educación Superior y Tecnología en Varsovia con una solicitud para aprobar la resolución del Senado de KUL del 10 de diciembre de 1976 sobre la concesión al Cardenal Karol Wojtyla con el título de profesor honorario de la Universidad Católica de Lublin. No hubo respuesta del Ministerio.

 

 (Fuente: KUL - Universidad Catolica de Lublin).

jueves, 25 de febrero de 2021

La presencia viva de Karol Wojtyła/Juan Pablo II en la Universidad Católica de Lublin (KUL).

 



En términos generales podría decirse que el estimulo para unirse a la KUL partió de varios acontecimientos de mediados de la década de 1950, entre ellos el negativo del cierre de la Facultad de Teología de la Universidad Jagellónica y el positivo de la cátedra vacante de Ética en la Universidad Católica de Lublin.  Pero si profundizamos algo más nos encontramos que fue en septiembre de 1954,  durante una caminata por las montañas al sur de Cracovia,  que Stefan Swiecawski “urgió” a Wojtyla a unirse a la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica de Lublin (KUL) (ahora Universidad Católica de Lublin Juan Pablo II). Previa autorización del arzobispo Baziak, Wojtyla comenzó a acudir a Lublin desde Cracovia. Habia cerrado la Universidad de Cracovia y Lublin era la única universidad católica que quedaba en época de comunismo.  

Y como dice Franco Svidercoschi en Historia de Karol:  “allí, en aquella especie de oasis protegido, pudo confrontar sus reflexiones con las de un grupo de profesores, de entre los más jóvenes y con las ideas más innovadoras. Estos profesores se proponían librar la gran batalla político-filosófica con el marxismo sobre su propio terreno, el de la liberación de la persona, pero a partir de un humanismo en el que hubiera sitio para el individuo, para la esencia del hombre”

 Y agrega George  Weigel en Testigo de Esperanza: “Era plena época de confrontaciones políticas; entre 1953 y 1956 fueron clausuradas las facultades de leyes, ciencias sociales y educación y los diplomados en KUL encontraban dificultades para obtener posiciones académicas en otras universidades. Todas las presiones existentes no hicieron más que fortalecer el espíritu de profesores y alumnado y hacer de KUL una “universidad con vocación” . El “proyecto” KUL fue ideado por un cuarteto de hombres relativamente jóvenes que habían ocupado puestos de profesores (el régimen estalinista de Polonia había depuesto los antiguos profesores) : Jerzy Kalinowski (Filosofía), Stefan Swiezawski (Historia de la Filosofia), el sacerdote dominico Mieczyslaw Albert Krapiec (Metafísica) y el sacerdote Karol Wojtyla (Ética). En noviembre de 1956 Wojtyla sucedió al dominico Félix Bedniarski, que es transferido al Angelicum de Roma y el 1ro de diciembre de 1956 es nombrado Director de la cátedra que ocuparía durante 22 años hasta su traslado definitivo a Roma como Sumo Pontífice.”

El profesor Wojtyla dirigió  clases, conferencias, ejercicios y seminarios y acompañó en caminatas y campamentos, conciliando su labor investigadora y docente con la labor sacerdotal, que no desatendió a pesar de sus múltiples funciones.  Sus amigos y estudiantes en la Universidad lo llamaban tío, en los campamentos de verano pues durante el comunismo les estaba prohibido a los sacerdotes acompañar a los jóvenes – práctica en  todos los países bajo el comunismo.

Cuando fue ordenado obispo todo  parecía que su presencia en la Universidad Católica de Lublin habría de ser breve pues después de todo, le resultaba bastante dificultoso trasladarse a Lublin de noche en forma regular,   cuando en Cracovia sus obligaciones y compromisos eran cada vez más numerosos y cargados de responsabilidad.

Y, sin embargo, esta presencia viva continuó e incluso se profundizó en los años siguientes. Por un lado, el obispo - y pronto arzobispo y después cardenal - Karol Wojtyła  eligió continuar con su pasión científica, y por otro lado, la propia Universidad no quería prescindir de él, y lo invitaban  a  participar cada vez más activamente en ese excepcional ambiente académico, especialmente filosófico,  que se había formado en oposición a la filosofía e ideología marxista imperante en ese momento en otras universidades.  Y más tarde ya como cardenal seguía visitando la Universidad Católica de Lublin con frecuencia, participando en numerosas sesiones científicas, publicando libros y artículos, reuniendo estudiantes a su alrededor, promoviendo maestrías y doctorados.  Pero entonces ya muchas reuniones debieron ir organizándose cada vez con mayor frecuencia en Cracovia.  Comentaban  sus alumnos que gastaba su dinero en becas para estudiantes y para pagarle a sus estudiantes el traslado a Cracovia, todo hasta  hasta 1978.  El  Prof.  Szostek, ex rector de la Universidad Católica de Lublin, estudiante y amigo de Karol Wojtyła, quien distribuyó dinero para becas en su nombre decia: . “Entregué el sueldo de noviembre de 1978 a mis alumnos, diciendo que tenía dos buenas y malas noticias para ellos: una mala noticia que era la última beca y una buena noticia que era una beca papal”  - recuerda el ex rector de la Universidad Católica de Lublin.

A partir del 16 de octubre de 1978 el vinculo con la Universidad adquirió una nueva dimensión.  La universidad, pura alegría y orgullo que su profesor de Etica en la Facultad de Filosofia,  durante casi un cuarto de siglo hasta 1978,  se convirtiera en Papa, no tardo en abrir un instituto con su nombre y sus pensamientos continuaron siendo estudiados cada vez en mayor profundidad en todas las facultades. El p. profesor. Tadeusz Styczen, alumno, amigo y colaborador del Santo Padre, fallecido en 2010, recordó que fue un  gran maestro: discreto, sin imponer su opinión, cálido distanciado, respetuoso de los pensamientos de la otra persona, además, genuinamente interesado. en lo que dice y en quién es. Se tomó en serio el trabajo de los estudiantes, al igual que su propio trabajo .   

Toda la comunidad académica de la Universidad Católica de Lublin -  autoridades, profesores, empleados, estudiantes – tuvo oportunidad de reunirse con el Papa muchas veces, acogiendo con gratitud sus palabras y apoyándolo con su constante oración. La primera reunión de la comunidad KUL con un ex empleado que se convirtió en Papa en Polonia tuvo lugar el 6 de junio de 1979 en Jasna Góra. En 1987, durante su tercera peregrinación a Polonia, Juan Pablo II visitó Lublin y su antigua universidad

 Al mundo de la cultura en la Universidad católica de Lublín (9 de junio de 1987)

[EspañolItalianoPolaco]

Celebración de la Palabra en la Universidad católica de Lublín (9 de junio de 1987)
[ItalianoPolaco]

Celebración eucarística con ordenaciones sacerdotales en Lublín (9 de junio de 1987)
[ItalianoPolaco]

Pero también se reunía a menudo con personal de la  Universidad Católica de Lublin en el Vaticano o durante las vacaciones en Castel Gandolfo.  Se puede decir que durante todos los años del pontificado de Juan Pablo II, la Universidad Católica de Lublin de alguna manera vivió junto al Papa, y en el sitio oficial de la Universidad  podemos encontrar una enorme cantidad de  artículos con información, ensayos,  testimonios y  comentarios acerca de esta presencia viva de Karol Wojtyla/Juan Pablo II tanto  en la Universidad  como en la sociedad civil y religiosa  polaca.  Lamentablemente no todo es “traducible” (google)  porque hay muchos audios.   Quizás algún dia – ojala - podremos tener acceso a toda la info.




 El texto fue parcialmente adoptado y adaptado del sitio oficial de la Universidad Catolica de Lublin Juan Pablo II /promocionando el libro PRESENCIA,  con un impresionante contenido y testimonios que ocupan casi la mitad del volumen.   En este enlace puede leerse el comentario de Anna Głąb (traducir con google)     

 

 

 

sábado, 5 de abril de 2014

Karol Wojtyla: Lecciones de Lublin (1)


Ediciones Palabra, acaba de publicar (marzo 2014) algo largamente esperado Las famosas lecciones de Lublin de Karol Wojtyla. Es un libro de 320 paginas.  Antes de esta edición solo estaba traducido al inglés y al alemán.  Es el primero de dos volúmenes y recoge los cursos de Ética que Karol Wojtyla impartió en la Universidad Católica de Lublin  entre 1954 y 1956.  
En el primero titulado “El acto y la vivencia ética”, pone las bases de una ética de corte personalista; en el segundo “El bien y el valor”, hace un recorrido y valoración de los grandes éticos de la historia, desde Platón y Aristóteles, hasta Kant y Scheler.

Como anécdota del libro de Adam Boniecki The making of the Pope of the Millenium :  cuenta el prof. Franciszek Tokarz de su época de profesor en KUL (Universidad Católica de Lublin)  que cuando Karol Wojtyla fue nombrado obispo él les dijo a sus alumnos: “Finalmente la Curia me escuchó. Yo siempre les decía: Nombren a Wojtyla obispo – es un hombre piadoso, sabio, bueno. La diferencia entre él y yo es que en cuanto nos despertábamos (viajaban juntos en el tren de Cracovia a Lublin)  yo salía al pasillo a fumar un cigarrillo y el se arrodillaba al lado de la ventana y rezaba, rezaba y rezaba sin fin…” 

sábado, 16 de noviembre de 2013

Pensar a Wojtyla para entender a Jorge Bergoglio


Bajo el título Hay una continuidad creativa entre los tres últimos pontífices,  Aleteia ha publicado una entrevista realizada por Jaime Septién,  Director de El Observador de México, al filósofo mexicano Rodrigo Guerra López


“Mucho se ha especulado en la prensa, sobre todo entre los “vaticanistas” sobre la discontinuidad, incluso la divergencia entre el pensamiento y las posiciones conservadoras o liberales de Juan Pablo II y Francisco.  Por ello, Aleteia ha querido entrevistar al filósofo mexicano Rodrigo Guerra López, uno de los más connotados especialistas en el pensamiento de Karol Wojtyla.

- Recientemente usted ha impartido las “Karol Wojtyla Memorial Lectures” en la Universidad Católica deLublin en la que Juan Pablo II dio clases durante varios decenios ¿cuál es el sentido de estas “conferencias”? ¿Cuál es en el fondo la actualidad de Karol Wojtyla como pensador?

Muy amablemente el padre Alfred Wierzbicki, director del Instituto Juan Pablo II de la Universidad Católica de Lublin,  y uno de los filósofos más importantes de Polonia, me extendió la invitación para ofrecer un conjunto de lecciones sobre el método filosófico de Karol Wojtyla.

Creo que precisamente este tema nos ayuda a valorar la actualidad del pensamiento de Karol Wojtyla-Juan Pablo II. El método que lentamente fue precisando el beato Juan Pablo II a lo largo de los años, y principalmente a través de sus obras filosóficas, es una invitación para hacer uso de la razón en orden a explorar la experiencia hasta su fondo más radical y definitivo. Es ir del fenómeno al fundamento.

De este modo, Wojtyla no crea un sistema acabado de pensamiento sino más bien abre un camino educativo para aprender a pensar, para interrogar la realidad y obtener respuestas fundamentales sobre el hombre y sobre el mundo. Así las cosas, cuando uno se familiariza con el método fenomenológico de Wojtyla uno evita una mera repetición mecánica de ciertas verdades e ingresa a un itinerario sin término de búsqueda apasionada de la verdad.

- Repetir verdades sin comprender de dónde surgen, ¿implica algún peligro al momento de interpretar adecuadamente a Juan Pablo II?

Así es.
Estoy convencido que existe en algunos ambientes una interpretación ideológica de la filosofía de Karol Wojtyla y después del propio magisterio de Juan Pablo II. Es necesario usar siempre la razón para asentir. Aún el acto de fe es un asentimiento racional ante un don que se me ofrece y que me desborda. Cuando el ser humano asiente a una verdad minimizando el uso de su razón, cuando sólo repite de manera formalista, pierde una gran riqueza de contenido y en ocasiones no logra compartirlo a sus semejantes que necesitan comprender las razones que amparan la afirmación de una determinada verdad. Por ejemplo, en el terreno de la moral cristiana esto es fundamental.

- ¿Cuáles son los riesgos que usted ve en esto?

Los riesgos de una asimilación parcial y hasta tendenciosa son visibles en algunas controversias que se están suscitando en varios sectores conservadores que no logran entender las palabras y los gestos del Papa Francisco y los contraponen con sus antecesores inmediatos.
Si bien es cierto que Wojtyla, Ratzinger y Bergoglio son personas diversas, también es cierto que Francisco no presenta en modo alguno una ruptura sino al contrario, una muy creativa continuidad y puesta en práctica de la enseñanza de Wojtyla y del propio Ratzinger.

- ¿Podría dar algunos ejemplos de eso que usted llama “continuidad creativa” entre Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco?
 

Los tres papas son hombres que han amado profundamente el Concilio Vaticano II. Wojtyla escribió un bello libro sobre la importancia de la renovación que el Concilio aporta (La renovación en sus fuentes) y otro sobre la antropología filosófica subyacente principalmente en Gaudium et spes y en Dignitatis humanae. Este último libro es la obra tal vez más importante de Wojtyla como filósofo. Se intitula Persona y acción. Su intuición central consiste en mostrar cómo la acción revela a la persona, cómo la persona se trasciende cuando obedece en conciencia a la verdad y cómo el ser y hacer junto-con-otros colabora a crear una vida más humana y solidaria.

Benedicto XVI y Francisco han asimilado de manera muy existencial justamente este enfoque. En su autobiografía, Ratzinger se reconoce “personalista”, es decir, parte de este amplio movimiento que recupera la trascendencia de la persona en la acción y singularmente en la acción-junto-con-otros. Así mismo, Francisco es un pastor reflexivo que privilegia la comprensión de las personas en relación, de las personas-en-comunidad.

- Desde un ángulo más teológico, ¿se pueden encontrar otros elementos de continuidad?

Me atrevo simplemente a señalar dos: por una parte, la primacía de la gracia y la misericordia de Dios frente a los moralismos neopelagianos contemporáneos.
Los tres papas han sido sumamente agudos al denunciar la reducción del cristianismo a un mero conjunto de “valores”, a un ideal de decencia, a un esfuerzo ascético para lograr coherencia.

Por otra parte, concebir la Iglesia como Pueblo de Dios que camina en la historia, es decir, como experiencia comunional que manifiesta empíricamente el Misterio que la funda, es característico de la eclesiología conciliar y de los tres papas.

- Este último tema también es muy típico de la Iglesia latinoamericana, ¿no le parece?

En efecto, en la Quinta Conferencia General del Consejo del Episcopado Latinoamericano celebrada en Aparecida, se afirma con gran contundencia la necesidad de superar el intimismo y la privatización de la experiencia de la fe, es decir, superar la idea de vivir la fe al margen de una compañía.

En algunos grupos se ha diluido a tal grado la experiencia de comunión, de ser y hacer-junto-con-otros, que se concibe la “communio” como una mera sintonía intelectual o como un mero “sentirse Iglesia” sin necesidad de la pertenencia empírica a la carne concreta de una comunidad concreta.

En todo grupo que pretenda reconocerse como Iglesia debemos reaprender a orar juntos, a acercarnos a los sacramentos juntos, a escuchar la Palabra en comunidad, a discernir los signos de los tiempos en común y así a emprender esfuerzos creativos para la transformación del mundo según Cristo sobre todo respondiendo al dolor de los más pobres y vulnerables.

- ¿Esta es la apuesta y la propuesta de Aparecida: las comunidades de discipulado misionero?

Un parágrafo que de inmediato recuerdo a este respecto es aquel que dice, más o menos así: que la fe nos libera del aislamiento del yo, porque nos lleva a la comunión. Esto significa que una dimensión constitutiva del acontecimiento cristiano es la pertenencia a una comunidad concreta en la que podamos vivir una experiencia permanente de discipulado y de comunión con los sucesores de los apóstoles y con el Papa. Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco son exponentes eminentes de esta manera encarnacionista de entender el ser y el hacer de la Iglesia.

- Regresando a Karol Wojtyla: ¿cuál es la herencia intelectual que nos deja? ¿Wojtyla era un conservador y Francisco es un liberal?

Las categorías conservador-liberal, derecha-izquierda, no logran atrapar el perfil de los papas. Recuerdo cuando algunos analistas franceses y norteamericanos, antes de la publicación de Centesimus annus, acusaban a Juan Pablo II de ser “social-demócrata”, de no comprender la democracia liberal y la economía de mercado.

Así mismo, hoy existen personas y grupos que consideran que Bergoglio es un conservador de fondo por su oposición al aborto y a la vida homosexual activa. Finalmente, no ha faltado el antiguo neoliberal devoto de Wojtyla que al leer la encíclica de Benedicto XVI
Caritas in veritate señala con gran prejuicio que este documento es una recaída hacia la izquierda. En mi opinión, la verdadera herencia de Karol Wojtyla-Juan Pablo II trasciende por mucho el rígido esquema de las categorías nacidas en la modernidad ilustrada. Esta herencia es de orden principalmente cristiano y posee importantes proyecciones culturales. Se puede resumir en un concepto elemental: nueva evangelización.

- ¿Cómo resuena hoy, en los ambientes súper tecnificados eso de la nueva evangelización?

No quiero asumir un tono pío, sino más bien señalar que los tres pontífices saben muy bien que el evangelio anuncia la verdad sobre Dios y sobre el hombre revelada en Cristo. El evangelio no es objeto de ninguna reinvención. Lo nuevo de la “nueva evangelización” consiste en introducir una sensibilidad renovada al cambio de época, es decir, a la crisis del paradigma moderno-ilustrado y a las búsquedas (postmodernas) para salir de ella. Usando el lenguaje de Wojtyla: es la “controversia sobre lo humano” que se reformula en formas un tanto inéditas a principios del siglo veintiuno.

- ¿Por eso es tan importante estar atentos a los nuevos lenguajes juveniles?

Y no solamente a ellos.  También a los signos y símbolos de la nueva cultura adveniente, al uso de las nuevas tecnologías de comunicación e interacción social y a los nuevos patrones conductuales e identitarios.
Quien no hace el esfuerzo de entender el cambio de época está condenado a repetir fórmulas del pasado que hoy por hoy resultan poco inteligibles y convocantes existencialmente.
 
- ¿Es necesario volver a leer a Wojtyla de un modo más especulativo para apreciar la continuidad y también la novedad de Benedicto XVI y de Francisco?


Quien considera que la continuidad es repetir estáticamente una fórmula no comprende la dinámica de la fe, que es la dinámica de un Dios encarnado que continúa presente en medio de la historia. La lógica de la Encarnación es la lógica de la nueva evangelización y la que permite una hermenéutica de la continuidad de los concilios y de los pontífices.

- ¿Qué decirle a quien se siente “desconcertado” ante Francisco?

Creo que puede encontrar una pista iluminadora pensando a Wojtyla.
Sí, hay que pensar a Wojtyla para entender a Bergoglio. Y lo mismo digo de Ratzinger. Pero “pensar” significa ir hasta el fondo y no quedarse en las ramas. “Pensar” significa ante todo movilizar la razón a través de un afecto renovado por la verdad y por el bien. “Pensar” en este contexto también significa entender con la razón que un Amor nos sostiene y nos precede al momento de regalarnos un don tan inmerecido como el de la extraordinaria persona del Papa Francisco.