Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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sábado, 10 de octubre de 2020

Juan de Dios Larru: El grupo Środowisko y la vocación a amar el amor humano

 


Tras ocuparse inicialmente de los monaguillos, Karol Wojtyła comenzó a trabajar con los jóvenes, provenientes principalmente del Politécnico de Cracovia. En torno a él, comienza a formarse un grupo de oración que tiene su centro en la Eucaristía, y que recibe originalmente el nombre de Rodzinka (“pequeña familia”). La necesidad de una verdadera libertad y de una amistad con una profunda intimidad, amenazada por el régimen soviético, condujo al naciente grupo a sentir la fuerte necesidad de salir de los ambientes donde se encontraban estrechamente vigilados. Movidos por su amor a la naturaleza, en los años 1951- 1952 se comienzan a organizar las primeras excursiones a la montaña. Tras una de ellas, organizada en 1952, Wojtyła, por iniciativa de Danuta Rybicka, comenzará a ser llamado con el apelativo cariñoso de Wujek (“tío”). Posteriormente, cuando comienza a ser profesor, la comunidad se separa en cierto modo de la parroquia, creciendo y tomando diversos nombres como Paczka12 (“pandilla”), Towarzystwo (“compañía”), y Środowisko (“ambiente”) que es el que finalmente ha permanecido hasta hoy.

De este grupo forman parte personas que se confiesan con don Jan Pietrazsko, de modo que los domingos solían asistir juntos a la Eucaristía presidida por éste en la colegiata de Santa Ana. Sus homilías se convirtieron en un instrumento de formación fundamental para el grupo. Karol Wojtyła se convirtió muy pronto, con su extraordinaria y gigantesca personalidad, en el auténtico guía espiritual y humano del grupo entrando en contacto con los padres y hermanos de los jóvenes, para conocer de primera mano sus relaciones familiares. Como afirmó Benedicto XVI en la homilía de la Eucaristía celebrada con motivo del cuarto aniversario de su muerte: “Como padre afectuoso y atento educador, indicaba seguros y puntos firmes de referencia indispensables para todos, de modo especial para la juventud”. Es en este contexto donde hemos de situar esta íntima confesión de Karol Wojtyła: “Siendo aún un joven sacerdote aprendí a amar el amor humano” . Se trata de una ex presión específicamente sacerdotal con un sustrato muy fuerte en su propia vocación personal. Podríamos denominarla como una intensa llamada interior en su incipiente misión sacerdotal. Esta experiencia le va a marcar con un sello muy característico como discípulo del amor humano, que le impulsa a dedicar todas sus fuerzas a la búsqueda de un “amor hermoso”. La afirmación revela una singular sensibilidad para descubrir en el amor el lugar privilegiado donde Dios en Cristo se revela al hombre. Aprender a penetrar en el misterio del amor humano le va a permitir conocer el corazón del hombre y de la mujer de un modo novedoso. Este particular discipulazgo en la escuela del amor humano va a consistir para él en aprender a rastrear en el amor el modo como Dios comunica al hombre su plan de salvación.

Con el paso del tiempo Wojtyła se va a convertir en maestro y en testigo del amor humano, de modo que su entera biografía se puede leer bajo esta óptica15. A medida que los jóvenes comenzaron a ennoviarse, el tema del matrimonio y la familia comenzó a emerger como una de las cuestiones más relevantes. En una carta personal escrita a una de las integrantes del grupo escribe: “Normalmente se piensa de mí más o menos esto: Wujek desearía que todos se casasen. Pienso, sin embargo, que ésta sea una imagen falsa. Se trata, en realidad, de algo bien diferente. Mira, el hombre vive gracias al amor. La capacidad de amar determina su personalidad en profundidad, -no sin razón es éste el mandamiento mayor-, no una gran capacidad intelectual, sino la capacidad del amor auténtico, que consiste en un cierto salir de sí, en un cierto aprobar al otro y a los otros, en dedicarse a la realidad del hombre, de los hombres, y primero de todo en el dedicarse a Dios (…) no pienses ni por un instante que yo quiera algún atajo para tu camino. Quiero solamente tu propio camino. Wujek”.

Al inicio del verano de 1953, Wojtyła presentó al grupo de jóvenes un estudiante del Politécnico, llamado Jerzy Ciesielski, que había perdido a su padre hacía poco tiempo, y que deseaba agregarse al grupo. Jerzy era un joven ingeniero que había estudiado también educación física. Por sus cualidades y su amistad con Wujek, se va a convertir en el líder natural de Środowisko, impulsando con su espíritu las diferentes acciones del grupo . Organizaban con cierta frecuencia excursiones a la montaña y, de vez en cuando, otras en bicicleta o para ir a esquiar. También les gustaba ir en kayak. Jerzy era un gran aficionado a este último, y organizó en septiembre la travesía del río Brda, alquilando unos kayaks plegables. Jerzy solicitó aquel verano que su amiga Danuta, que posteriormente se convirtió en su mujer, pudiese incorporarse al grupo como así sucedió. Durante las excursiones, la jornada se iniciaba siempre con la santa Misa celebrada al aire libre. Si alguno deseaba hablar más personalmente con el sacerdote, podían ir en el mismo kayak o caminaban juntos a cierta distancia de los demás. Wojtyła les sugería contemplar a ratos en silencio la naturaleza, los bellos paisajes que les rodeaban con frecuencia. De este modo, el contacto con el misterio de la creación favoreció enormemente la profundización en la espiritualidad conyugal como una espiritualidad que brota del misterio del amor creador, de un amor que nos precede y del cual el nuestro es siempre respuesta. Ya los teólogos medievales, a la luz de su interpretación de Gn 2, 24, habían afirmado que entre los siete sacramentos, el matrimonio es el primero instituido por Dios, habiendo sido instituido ya en el momento de la creación, en el Paraíso, al principio de la historia, y antes de cada historia humana. Es un sacramento del Creador del universo, inscrito por lo tanto precisamente en el ser humano mismo, que es orientado hacia este camino.

Karol Wojtyła escribirá posteriormente en sus catequesis que: “en el hombre creado a imagen de Dios se ha revelado, en cierto sentido, la sacramentalidad misma de la creación, la sacramentalidad del mundo. Efectivamente, el hombre, mediante su corporeidad, su masculinidad y feminidad, se convierte en signo visible de la economía de la verdad y del amor, que tiene su fuente en Dios mismo y que ya fue revelada en el misterio de la creación”. Como es bien conocido, en 1958, durante una de estas excusiones en kayak sobre el río Lyna, a Karol Wojtyła le llegó la comunicación de haber sido nombrado obispo auxiliar de Cracovia. Comenzó, de este modo, una nueva etapa para el grupo. El número de actividades en las que podía participar directamente el nuevo obispo se iban reduciendo, pero, sin embargo, continuaba visitando las casas de los miembros del grupo, se interesaba por sus cuestiones profesionales y seguía con atención el crecimiento de sus hijos.

 del texto de Juan de Dios Larru: ¿CUÁL ES EL FUNDAMENTO DE LA ESPIRITUALIDAD CONYUGAL? LA PROPUESTA DE JUAN PABLO II A LA LUZ DE LA “REGLA DEL AMOR”

(presentado en la Jornada Lateranense celebrada el 10 de noviembre de 2009,  Campus de Santa Úrsula de la Universidad Católica de Valencia, presentación de

martes, 14 de junio de 2016

Stanisław Grygiel “El humus religioso y cultural de Cracovia” (2 de 2)


Fue el sacerdote Jan Pietraszko quien abrió el camino para que Wojtyla se acercara a los jóvenes.  Con su presencia en medio de ellos, acompañándoles en su desarrollo, en la maduración de sus matrimonios y familias, le mostró al joven Wojtyla -  quien regresaba de sus estudios en Lovaina y Roma -  que significa ser pastor en tiempos de desprecio por el ser humano.  Desde los primeros días después de la guerra el padre Pietraszko  fue capellán de los scouts en Cracovia, y en 1948 el cardenal Sapieha lo nombró pastor auxiliar para estudiantes y profesores.  Sapieha sabia interpretar a las personas. El había intuido que su secretario sería capaz de abrirse paso a la mente y al corazón de los jóvenes que buscaban cobijo para resguardarse de la violencia comunista.  Pietraszko revelaría una auténtica fortaleza allí junto al altar, en el púlpito, o en los confesionarios de la iglesia de Santa Ana, donde hasta el final de su vida dedicaría horas tras horas.   Sus homilías eran teología viva, poética, nacida de la oración; el obispo Pietraszko fue uno de los predicadores polacos más importantes del siglo veinte. 
Junto a mi esposa presencié el momento cuando Juan Pablo II le decia “Obispo Jan, yo aprendí teología de usted”.

Ambos sabían como vivir una vida natural y familiar en la laboriosa comunión de amor con los laicos.  No hay duda que en momentos extremadamente difíciles Dios les concedió a ellos y a nosotros la gracia de estar juntos de esta manera. La fe en Dios y la fe en la persona humana constituían en nosotros un todo orgánico de fe en Dios-Hombre.  En nuestra fe en Dios-Hombre se revela ante nosotros la entera verdad acerca del hombre, pilar de nuestra amistad,  aquellos matrimonios y aquellas familias, sin los cuales el bien común de la sociedad que es la persona humana, no sobrevivirá.  Dios construye la Iglesia bajo la cruz dumvolvitur mundus en las amistades, matrimonios y familias.   Estas amistades,  matrimonios y familias construidas de otra manera no lograrían oponerse a la mentirosa fragmentación de la verdad mantenida por políticas de brutalidad y debilidad humana que nos llevan a caer ante las tres tentaciones del jardín del Eden: al hedonismo – “bueno para comer”, a la estética de lo exterior – “agradable a la vista”, y al utilitarismo – “deseoso de adquirir conocimiento” (Gen. 3,6)

(Jan Pietraszko)

Enseñándonos a leer los grandes libros y especialmente las Sagradas Escrituras, los sacerdotes Pietraszko y Wojtyla nos enseñaron este arte ellos mismos. Fueron maestros del laicado, y por otro lado el laicado fue su maestro.  Sirvieron al laicado y el laicado sirvió a ellos.  En los años de la ocupación alemana Wojtyla comenzó a formar parte de un grupo de jóvenes que se reunían alrededor de  un sastre, Jan Tyranowski, que rezaba con ellos, recitaba el rosario y leía textos de los místicos españoles. Fue quizás este “aprendizaje” de este sastre donde  Wojtyla pudo constatar en qué consiste esencialmente la acción pastoral. Durante la guerra el padre Pietraszko también trabajó en parroquias, donde pudo ver que después de todo lo que buscaba la gente era la salvación. Después de la guerra, cuando reinaba el terror del comunismo, estos jóvenes sacerdotes, encarando las dificultades que consideraban un tesoro, se reunían clandestinamente con estudiantes y jóvenes profesores y rezaban juntos, reflexionaban y analizaban  las Sagradas Escrituras, los textos de los Padres de la Iglesia, de grandes filósofos, y poetas.  De esta manera, esta gente joven, buscaba la verdad completa acerca del hombre, aun a costa de tener que pagar un alto precio. En estas reuniones contemplativas nacieron libros y homilías de ambos Siervos de Dios. Cada lunes el padre Pietraszko hacia anotaciones de sus homilías dominicales. Quedaban listas para su publicación que realizaron revistas católicas fundadas por el metropolitano Sapieha.

La intensa vida intelectual de ambos Siervos de Dios (escrito antes que Juan Pablo II fuese declarado santo)  fue formada por la oración y por la capacidad de amar a la gente. Sus vidas fueron vidas llenas de sufrimiento, pero ellos supieron cómo llevar la cruz siguiendo a Cristo,  que había cargado con su cruz antes que ellos. La cruz de Cristo para ellos no fue una figura decorativa que llevaban en sus pechos. Ellos sabían sufrir y por lo tanto sentían compasión por otros. No eran activistas, y precisamente por ello su trabajo ha rendido sus frutos y sigue haciéndolo.

Bajo la influencia y compañía de Pietraszko y Wojtyla surgieron vidas santas entre los laicos. Hoy lo vemos aun mejor al observar la vida que llevaron aquellos que vivían “mas allá”. Como estaban entre nosotros los veíamos como alguien que vivía en otras esferas. Asi es quizás la naturaleza de la presencia de personas santas. Solamente nos damos cuenta de ello cuando ya están “más allá”. Si tomamos un ejemplo:  la vida de Jerzy Ciesielski – ahora Siervo de Dios – profesor en el Instituto Politécnico de Cracovia, animador del grupo de Karol Wojtyla, un gran organizador, especialmente en nuestras excursiones turístico-espirituales, que murió trágicamente con dos de sus hijos cuando se hundió el barco en el que viajaban por el Rio Nilo.

Estas tres figuras, los tres Siervos de Dios –Jan Pietraszko, Karol Wojtyla(1)  y Jerzy Cisielski – nos ofrecen una esplendida imagen del mundo religioso y cultural que vivia Cracovia -  espero que esa Cracovia siga existiendo. 

sábado, 11 de junio de 2016

Stanisław Grygiel “El humus religioso y cultural de Cracovia” (1 de 2)

Los seres humanos se asemejan a los arboles que viven de lo que les brinda la tierra en la cual se hallan enraizado y en lo que les ofrece el sol,  disipando la oscuridad y permitiéndoles subsistir siguiendo un orden establecido;   así se benefician de los dones recibidos.   Alguien que quiera comprender a los arboles debe penetrar en el suelo del cual yerguen, y observarlos a la luz del sol que brilla sobre ellos. Necesitará captarlos en el paisaje que los contiene, en los cielos, en las nubes,  en la lluvia y en la nieve.

Esa tierra para los seres humanos son las generaciones pasadas y las que vendrán. Todo ser humano hunde sus raíces en aquellos que han trabajado para el y en aquellos para quienes trabaja ahora.  Junto a ellos va creando un paisaje cultural, spiritual y religioso atento a  la Promesa, a la cual responde con la esperanza creada en el por la Promesa misma. La historia de esta alianza de la Promesa y la esperanza forma la tradición de la raza humana. Esta historia consta de periodos diferentes, algunos más fáciles otros más difíciles. No se trata, sin embargo, de apariencias, porque cada periodo de la tradición de la alianza de la Promesa, que es Dios, y de la esperanza, que el ser humano encarna, es difícil.

Estos seres humanos a quienes ambos la Iglesia y la nación necesitan en toda época se manifiestan precisamente cuando aparece la necesidad de tenerlos. Y así ocurrió en Polonia en los crueles años de la ocupación alemana, luego soviética y  los años del mal del comunismo insensato.
No podremos entender a Karol Wojtyła, su ministerio episcopal y petrino a menos que nos adentremos en la historia de la tradición de la alianza de la promesa divina y en la esperanza humana en la tierra en la cual los polacos crearon – y continúan creando – la cultura de la fe en el Hombre, en su libertad y en la fe en Dios cuya libertad es idéntica al amor misericordioso. Es de esta cultura que nace su identidad nacional, aunque puedan  aparecer otros componentes en virtud del hecho que ninguna persona es una isla separada de los demás. La libertad de los polacos ha estado constantemente amenazada desde el este y el oeste y en ciertas épocas desde el sur y desde el norte.  Adentrada profundamente en su cultura, la Iglesia ha compartido sus momentos más difíciles con ellos. Mantuvo su presencia especialmente en el matrimonio y la familia, que fue la morada en la cual los seres humanos, confiado el uno en el otro, podían sentirse ellos mismos.  Y de esta experiencia de libertad y matrimonio y de la familia nació la Regla para la Humane VitaeGrupos de matrimonios, 
sobre los cuales sabemos algo pero a lo cual no se ha dedicado suficiente atención.   Es en esta regla que el padre Przemyslaw Kwiatkowski ha basado la obra de su tesis doctoral, que mostrará el valro antropológico del texto y su importancia para la vida espiritual de los esposos. Es solamente en este sentido y en ningún otro que el padre Kwiatkowski descubre esta Regla.

La penetración de la fe en el hombre por la fe en Dios y la fe en Dios por la fe en el hombre en el proceso de la tan atormentada tradición polaca le mostro a Karol Wojtyła, Jan Pietraszko, y Jerzy Ciesielski con gran evidencia que el matrimonio y la familia son los baluartes finales de la libertad en los seres humanos y la soberanía nacional. Cuando se destruyen estos baluartes la sociedad de seres humanos cae y hasta cae la Iglesia.   Cracovia no es solamente un símbolo de la historia del esfuerzo político moral, y cultural de seres humanos por el bien común de la sociedad, o sea por la persona humana, que nació y renació en la comunión de personas que confiaban uno en el otro. Esta “es” su historia.   

En el siglo XI, San Estanislao, obispo de Cracovia, defendiendo el matrimonio y la familia – o sea defendiendo a la nación – fue asesinado al pie del altar sub gladio por el rey Boleslao.
Excomunicado y destituido de su trono, agobiado por el remordimiento, llevo una vida oculta en una ermita hasta su muerte, según cuenta la leyenda, en la lejana región austriaca de Ossiach. De esta manera Boleslao fue redimido de su pecado, tanto que hoy hasta llega a hablarse de su beatificación. Karol Wojtyla, obispo de Cracovia y sucesor de San Estanislao, celebro la Santa Misa cerca del simbólico sepulcro del rey-asesino en Ossiach.    La presencia del obispo asesinado en la historia de Polonia ha defendido a los polacos durante siglos y los sigue defendiendo. El Cardenal Principe Adam Sapieha, predecesor inmediato de Wojtyla en la sede episcopal de Cracovia, asumió la defensa de los polacos con heroica serenidad,  mas aun con  heroica firmeza, prestándole cuidadosa atención al ambiente cultural, económico y  también al religioso,  durante las dos guerras y durante los crueles años de comunismo, hasta su muerte en 1951.   Durante la ocupación alemana, el metropolitano Sapieha recibió en su seminario clandestino al joven Wojtyla. Los seminaristas vivían en la misma casa con Sapieha. Fue de él de quien aprendieron a decir “No!” con heroica serenidad y firmeza, a todos aquellos que levantarían su mano contra el ser humano. En la casa de Sapieha el joven Wojtyla conoció a Jan Pietraszko, entonces secretario y capellán del Metropolitano, a quien más tarde el metropolitano Wojtyla subsecuentemente escogiera como obispo auxiliar.


Cuando Wojtyla, aun como joven obispo, asombradísimo,  recibió la nominación al Arzobispado de Cracovia, le confió al prelado Stanisław Czartoryski, sobrino (y entonces príncipe) del Cardenal Sapieha: “A mi, sucesor de Sapieha?”  Tan sorprendidos como el estaban los cracovienses que apenas lo conocían. 

domingo, 29 de diciembre de 2013

Jerzy Ciezielski su vida y su camino a los altares (3 de 3) Habla su esposa Danuta


“El cardinal  se enteró de la muerte de mi esposo y de mis hijos cuando estaba en Roma participando del Sínodo de Obispos. Se lo comunicaron sus amigos de Cracovia. Nos envió un telegrama a Khartoum, que nunca llego.  Estábamos en África hace cuarenta años, nombres polacos…. Cuando regreso a Cracovia celebró Misa por mi esposo y los niños para Srodowisko con una emotiva homilía.   Habíamos regresado hacia solo un mes. El Cardenal había estado nuevamente en Roma e hizo una escala para encontrarnos. Nos encontramos en el aeropuerto, a pesar del Sínodo.  Con esto nos confirmaba lo unido que se sentía a nosotros en nuestro sufrimiento.  Estábamos regresando con las cenizas de nuestros seres queridos. Nos alojamos en lo de las Hermanas Felicianas, que colocaron las cenizas en su capilla. Allí el Cardenal celebro Misa. Hablamos muy poco porque yo no podía hablar. Nunca pregunte porque? porque precisamente el? De alguna manera debíamos enfrentar una nueva realidad, realidad que sigue acompañándome….

El Cardenal se interesó como seguiríamos nuestra vida. Creo que habló con el hermano de Jerzy y nuestros amigos mas íntimos. Como debía quedarse en Roma, nos pidió que esperáramos su regreso para los funerales.  Por eso la ceremonia recién tuvo lugar el 23 de noviembre de 1970 con Misa en la Colegiata Santa Ana y ceremonia en el Cementerio de Podgorze.  En la homilía de la Misa el cardenal en sus palabras demostró el profundo cariño que le tenia a mi esposo.   Después durante un tiempo en su capilla privada solia celebrar Misa para Srodowisko por las almas de los muertos.  

En cuanto al resto fue un año trágico. En 1970 dos familias perdieron a sus seres queridos en diferentes accidentes.  En esas ocasiones el acostumbraba a tener homilías sobre el tema de la separación final. Estas homilías eran muy importantes para nosotros. El Cardenal se mostró sinceramente unido a nosotros, realmente nos acompañaba. Las celebraciones  y su compañía nos hicieron mucho bien.  Entonces el cambió sus costumbres. A veces debíamos ir a verlo a la Calle Franciszkanska para hacerle saber como estábamos y que proyectos teníamos. Cuando Marysia termino su escuela secundaria  y se preparaba para la Universidad, el Cardenal se interesó mucho por ella.  Nos consiguió una entrevista con una profesional experta para facilitarle los estudios y siguió su camino con mucha ternura durante muchos años.

 Cuando Marysia se casó, Wujek ya era Papa. No obstante siempre continuó siendo amigo nuestro, atento a Marysia y a la vida de su esposo y cuando era necesario oraba y hablaba con ellos.   Después del 16 de octubre de 1978, su trato cordial con nosotros no cambió, su acompañamiento con nosotros –con Srodowisko y con la familia Ciesielsky. Hubo intercambio de cartas y el siempre nos respondía sobre temas específicos, sugerencias o aun propuestas: “Quizás, podamos hablar sobre esto”. En abril del 2005 esa correspondencia llego a su fin.  Pero queda la conciencia que ellos –Wujek, Jerzy y nuestros hios – nos ayudaron día a día y nosotros, siempre en oración, aspiramos encontrarnos con ellos.

De una carta de Jerzy Ciesielsky a su esposa:

“Te agradezco por todos los días. Quiero asegurarte que siempre serás para mí la misma amada a la cual el 29 de junio de 1968 prometí mi amor, mi confianza….Quiero que seas feliz y si fuera posible, que compartas esa felicidad”.  

sábado, 28 de diciembre de 2013

Jerzy Ciezielski su vida y su camino a los altares (2 de 3) Habla su esposa Danuta


“Conoci a mi esposo cuando estaba estudiando en la Facultad de Educación Fisica. Ambos eramos estudiantes de primer año.  También terminamos ese periodo de estudios de tres años juntos.  Él al mismo tiempo seguía cursando Ingenieria en el Instituto Politécnico de Cracovia.  Este era su interés principal y su área mas importante de estudios.   Hacia fines de los ´40 era difícil ser admitido  a la Universidad, mas aun cuando se trataba del hijo de un soldado de la preguerra.  Jerzy ya habia jugado basket en el equipo “Cracovia” durante sus estudios secundarios y sus amigos le sugirieron que se postulara para ser admitido a la Facultad de Educación Fìsica, donde seguramente sería aceptado.  Finalmente fue aceptado en ambos programas de estudio.  Como no era uan persona de perder oportunidades comenzó a estudiar ambas carreras.

No sé cómo se conoció Jerzy con el padre Karol Wojtyla. Nunca le pregunté. Yo no sabía – no podría haber imaginado – la importancia que llegaría a tener esta relación para todos nosotros.  Yo solo puedo decir que desde el comienzo de los ´50 existía un grupo de jóvenes amigos, en su mayoría estudiantes universitarios, que se reunian con el padre Karol Wojtyla, ayudante de pastoral y capellán en la Iglesia de San Florián.  Se llevaban tan bien que decidieron llamarse Rodzinka, “pequeña familia” y al padre lo llamaban Wujek “tio”.  A comienzos del verano de 1953, el sacerdote le presentó a sus jóvenes amigos a un estudiante del Politécnico, que acababa de perder a su padre y que necesitaba entrar en ese grupo.
La primer “aventura” en la cual participo Jerzy tuvo lugar en las montañas Beskidy de  Żywiec en Julio de 1953. En Agosto, Rodzinka organizó una gran excursion a Bieszczady, que llego a ser un verdadero desafío: para algunos era una expedición difícil hacia lo desconocido. En 1953 ya ambos nos habíamos graduado. Los dos estábamos trabajando y continuamos esa relación de amistad, unidos por intereses comunes, por ejemplo como mantener y profundizar nuestra fe viviendo bajo un régimen hostil y para muchos de nosotros también nuestro gran deseo de conocer nuevos lugares. Ya habíamos compartido algunas experiencias maravillosas,  como las salidas hacia las montañas para esquiar o las estupendas travesías en kayak.  

Cuando Jerzy fue aceptado a participar en la  excursión a Bieszczady, preguntó si también podría unirme yo recordando mis aptitudes y mis ganas de viajar.  La Rodzinka acepto.  La excursión resulto estupenda y quedo grabada no solo en nuestros corazones sino también en el corazón del Santo Padre.
Jerzy ya se había encariñado con esta gente y decidió compartir su propia pasión: los viajes en kayak. En septiembre de 1953 organizó la travesía por el Rio Brda. Alquiló algunos kayaks plegables –los únicos que usábamos – y salimos en nueve de ellos. La salida resultó exitosa. Todo el mundo se sentía feliz. Además el sacerdote descubrió la posibilidad de contemplar a solas, inmerso en la belleza de la naturaleza, o navegando solo cuando se internaba en el bosque.  Si encontraba a alguien con quien hablar, navegaban juntos o caminaban de dos en dos hacia el bosque.  Acampando todos aprendimos a vivir en comunidad y a ayudarnos unos a otros en las circunstancias más diversas. Al anochecer reunidos alrededor del fuego continuaban con sus largas charles sobre la vida, sobre los problemas relacionados con ellos como estudiantes, sobre la perspectiva del futuro, todos temas que de alguna manera se relacionaban con la fe y los valores.  En esa época estos problemas solo se podían compartir en un entorno discreto de amigos íntimos.  Obviamente los viajes en kayak no le quitaron tiempo a otras salidas.  Continuamos nuestras escaladas hacia las montañas y organizamos excursiones en bicicleta.  Mientras que las excursiones a las montañas duraban a veces varios días, las salidas en bicicleta eran más cortas y menos frecuentes.  La razón era probablemente la falta de equipo no siempre disponible para todos.

Creo que fueron precisamente esas salidas que posibilitaron un enfoque más individual y pastoral entre el padre Karol y Jerzy. Sin embargo, la característica mas importante y más profunda de su acercamiento era la tendencia hacia la santidad, perseverando día a día.  Para nosotros Wujek ya era un santo.  Sabemos que Jurek (Jerzy) también tendía a la santidad, aunque no hablara de ello.  Justamente esa era una faceta de su forma de ser que no siempre nos gustaba.  El era un hombre serio, responsable.  Era capaz de abandonar una fiesta alegre, si se acordaba que tenia tareas pendientes que hacer en su profesión.  Nunca se quedaba hasta muy tarde. Esto era especialmente lo que más nos molestaba.  Sus estudios en dos facultades le demandaban una dedicación intense y sistemática.  De hecho el sabía muy bien que no podía permitirse negligencia alguna. Aprovechaba todos los momentos del día.  Hoy creo que es justamente esta forma de enfocar las cosas tan seriamente era una de las características comunes que compartían ambos.  En ese sentido el sacerdote siempre nos sorprendía, y siguió haciéndolo hasta el fin de sus dias. El podía centrar su atención en varias cosas simultáneamente.  Por ejemplo podía participar en una conferencia y al mismo tiempo estar escribiendo un texto para después  brindar una conclusión brillante a la misma conferencia.  El podía estar leyendo un libro y al mismo tiempo escuchando a otro que leía otro libro en voz alta, sabiendo bien lo que decían ambos textos.

Jerzy no poseía este don. Al contrario necesitaba paz y silencio para poder concentrarse sobre un tema especial.  No obstante era una persona organizada y ordenada.  Creo que esta forma de ser la aprendió en el grupo de los scouts, donde había participado antes que la organización fuese disuelta por el régimen de la Republica Popular Polaca.  Siempre que el debía resolver un problema lo hacia metódicamente. Estaba al tanto de la literatura de la época, reflexionaba mucho, preguntaba, tomaba nota. En casos de un problema importante, hablaba de ello con el sacerdote.  No creo que Wujek fuera su confesor.  Cuando se decidió por uno aun no lo conocía al padre Karol. Si no me equivoco su confesor durante un tiempo fue el padre Jan Pietraszko.  Fue cuando Jerzy pertenecía a la “Iuventus Christiana” más tarde disuelta por el régimen.  Después de  haber conocido al padre Karol  conversaba mucho con el. Primero eran solo temas  que se referían al grupo. Cuando el grupo de Rodzinka comenzo a crecer y se fueron agregando nuevos miembros, a menudo recomendados por el sacerdote o por otros miembros del grupo, comenzamos a identificarnos de diferentes maneras Paczka (“grupo”) Towarzysvo (“compañia”) Srodowisko (“milieu”).  Los últimos dos siguen siendo utilizados por nosotros.  Las amistades que nacieron de este enjambre de gente joven, en sus comienzos tan reducido y que se fue ampliando cada vez mas fue el fruto de la oración y de la búsqueda de una relación mas personal con el sacerdote. El dictaba conferencias y nos daba charlas, celebraba la Santa Misa,  ofreciéndola pr quienes celebraban su onomástico o rezando para solucionar algún problema importante en sus vidas. Además de los ejercicios espirituales para estudiantes, el también celebraba Misa. Son inolvidables sus homilías en la capilla universitaria de Santa Ana o en la Iglesia de San Florián, donde participábamos fielmente – aunque poco a poco el grepo de graduados fue haciéndose cada vez mas grande – al final de cada año académico el organizaba para nosotros algunos días de retiros “privados”. Srodowisko llevaba una vida rica en relaciones, viajes y cultura. El sacerdote nos acompañaba en nuestras excursiones, salidas a conciertos,  teatro y cine y participaba también en los debates que surgían a consecuencia.   Hablamos durante las excursiones, alrededor del fuego, en conversaciones organizadas en nuestras casas.  En este grupo, cada vez mas numeroso, pero “discreto” hasta el final,  se formaron amistades duraderas y surgieron también muchos matrimonies. Obviamente los temas acerca de un compromiso y también de la vida conyugal eran discutidos y hablados durante conversaciones individuales.  

Aun hoy no puedo comprender como encontraba tiempo para todo. Siempre estaba disponible, preferentemente por las tardes.  Cuando un problema no encontraba solución nos escribía una carta analizando y profundizándolo.  Las cartas eran muy importantes y también largas. Esto nos ayudaba a resolver no solo problemas teóricos en nuestras vidas, sino también los practices y personales. El aclaraba, sugería, guiaba, pero nunca presionaba tomar una decisión determinada.  Eso lo dejaba a nuestro criterio. Creo que era precisamente su total compromiso en resolver nuestros problemas que evito que entre nosotros saltara alguna envidia.  Cada uno de nosotros obtenía lo esperado, lo que necesitaba.  El sacerdote era amigo de cada uno de nosotros;  era una autoridad, un maestro y para muchos también su confesor.  Le deseábamos el bien y el quería lo major para nosotros.  Le guardábamos mucha estima y el también nos estimaba; por otro lado durante toda su vida el estimaba a cada persona que encontraba.  Todo el mundo pudo comprobarlo.  Wujek trataba a todas las personas que se dirigían a el con sus propios problemas de la misma manera.  Nosotros no fuimos una excepción. Nosotros fuimos una pareja entre muchas otras.  Con el correr del tiempo fueron surgiendo varias parejas de comprometidos y entonces Wujek comenzo a organizar retiros para ellos.  Luego siguieron los retiros para padres en espera de su primer hijo.   Mas allá de los temas de Srodowisko las conversaciones entre el sacerdote y Jerzy principalmente rondaban acerca del trabajo professional y la vida conyugal.  Generalmente yo no participaba en estas conversaciones, a menos que fuera en compañía de otras personas durante nuestras excursiones o durante visitas.  Yo era tímida. No sabía entablar una relación y me retraía.  El sacerdote no imponía su presencia.  En un  determinado momento Jerzy compartio conmigo sus ideas,  y más tarde también el contenido de sus charlas con Wujek o sus sugerencias.  Yo confesé mi “interes” en Jerzy cuando le anunciamos a Wujek nuestro camino hacia el matrimonio. No obstante, debo agregar que mi “interés” ya había sido evidente durante algunos años.  Entonces el sacerdote nos hizo un gran regalo: dos semanas antes de nuestro casamiento nos invite a una excursión solo a nosotros dos desde Ptaszkowa a Krynica.  Este fue nuestro retiro spiritual antes del casamiento.  El primer día hablamos del Misterio de la Santísima Trinidad, el Segundo día de las riquezas y peligros en la vida familiar y conyugal.

Dos semanas mas tarde, el 29 de junio de 1957,  el bendijo nuestro matrimonio en la Colegiata de Santa Ana.  Esto ocurrió hace más de medio siglo y no puedo recordar las palabras exactas y las instrucciones del sacerdote. Entonces no teníamos la posibilidad de grabar.  No obstante estoy profundamente convencida que su enseñanza  permaneció con nosotros hasta el final y aun sigue guiándome a mi. – Para el – así es como lo siento yo – éramos sus amados hijos (El esplendor de la paternidad) y en el mejor de los sentidos, en cierta manera un campo de experimentación.    Entonces el Obispo Wojtyla estaba escribiendo Amor y responsabilidad y preparando un plan para parejas y familias en su diócesis. En su carta del 8 de enero de 1997, a Srodowisko (despues de leer nuestros recordatorios en el libro Zapisdrogi…) el Santo Padre escribió:

Por lo tanto en la segunda y tercera generación encontramos la respuesta a la pregunta que planteabamos en 1950:  que hacer para vivir – bajo las nuevas condiciones, bajo la presión del régimen marxista – que hacer para vivir una vida humana, auténtica, merecedora de nuestra herencia polaca y cristiana, noble y buena, abierta a Dios y a los hombres?

Creo que Srodowisko vivio precisamente de esta manera. Y se lo debemos a él.”

viernes, 27 de diciembre de 2013

Jerzy Ciezielsky su vida y su camino a los altares (1 de 3) Introducción


Gran alegría para este blog. El Siervo de Dios Jerzy Ciesielskylaico y padre de familia polaco, amigo del Papa Juan Pablo II,   continúa su camino a los altares. El pasado 17 de diciembre el Papa Francisco
  aprobó las virtudes heroicas de Ciesielsky,  en una reunión con el Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las causas de los Santos.  El proceso del camino a la beatificación que comenzó con la investigación diocesana el 31 de diciembre de 1985, cumple así la 2da parte (compuesta por cinco etapas)  ahora que ha sido declarado Venerable . 

Gran emoción también saber que su esposa aún vive. Que se sentirá cuando el esposo (o la esposa) están en proceso de beatificación/canonización?  Haberla escuchado hablar a Danuta (la esposa de Jerzy) de una manera tan sencilla y humana, casi íntima durante una exposición en Roma en un Seminario ofrecido por la Pontifica Universidad Lateranense, fue un verdadero privilegio. En post aparte traduzco parte de esa presentación que finalmente encontré casi de casualidad en el sitio de  St Joseph High School de Indiana. donde Danuta nos cuenta de su vida y la profunda amistad con el sacerdote Karol Wojtyla,  del  nacimiento y desarrollo del grupo de Srodowisko, las increíbles excursiones que solían ser momentos de profundización espiritual y reflexión con su “tio” Wujek (asi lo llamaban a Karol para despistar a las autoridades comunistas) y sus reuniones en la parroquia San Florián de Cracovia.

Jerzy Ciesielsky nació el 12 de febrero de 1929 en Cracovia y en 1957 se casó con Danuta Plebaczyk.  El matrimonio fue celebrado por el entonces sacerdote Karol Wojtyla, con quien ya mantenían una profunda amistad como miembros del grupo Srodowisko.   Jerzy y Danuta tuvieron tres hijos, dos de los cuales fallecieron junto a su padre en un accidente navegando por el rio Nilo, cerca de Khartoum donde Ciezielski, ingeniero,  estaba dictando clases a ingenieros africanos.

Cisielsky fue un padre ejemplar con un especial llamado a seguir un camino de santidad como miembro fundador de los Focolares polacos. Fue en 1968 que Jerzy junto al Dr. Santanché se dirigen al cardenal Karol Wojtyla con el pedido de su bendición por el movimiento que entonces nacía.   En 1969 se llevo a cabo en las montañas de Zakopane la primera Mariapoli.  Eran tiepos de persecución en Polonia. Para evitar ser “controlados” el grupo compuesto por unos 50 participantes alterna a menudo tanto sitios de reunión como iglesias donde juntos participaban de las Misas. El movimiento no tardo en expandirse a otras ciudades de Polonia además de Cracovia. Wroclaw, Lublin, Katowice. En la actualidad el movimiento cuenta con unos 2.000 miembros y unos 10.000 simpatizantes.

Con motivo de una exposición fotográfica llevada a cabo en Leno, Brescia (Italia) entre el 29 de abril y el 30 de junio de 2007 donde se presentaba una colección de fotografías de Jerzy Ciesielsky y Stanislaw Rybicki tomadas entre 1952 y 1954, este último recordando a su amigo Jerzy cuando se cumplían 30 años de su muerte hablaba de los comienzos de sus encuentros con Karol Wojtyla y como fue creciendo esa amistad.
“Recuerdo la primera vez que nos encontramos con Karol en 1951. Yo todavía era un pibe y con otros jóvenes universitarios nos encontrábamos en la Iglesia de San Florian para cantar en el coro, apoyado por Karol Wojtyla.  El padre Karol poseía un gran carisma y emanaba profunda bondad: era físicamente fuerte y de carácter abierto, un gran trabajador, tenía un trato especial para con los jóvenes y se sentía feliz con nosotros.  Eran tiempos en que Polonia estaba atrapada por las garras del comunismo: para el régimen sólo  contaba  la masa no la comunidad. Karol Wojtyla, en cambio,  nos hizo entender que cada uno de nosotros es hijo de Dios.

Pasado cerca de un año durante el cual solo nos encontrábamos en la iglesia, se decide hacer una primera excursión a las montañas a unos 70 kms de Cracovia. No sabíamos mucho de Karol – en aquel tiempo siempre era mejor no saber que saber demasiado – pero fuimos descubriendo  que además era buen caminante, infatigable. No estaba permitido que un párroco o sacerdote viajase en ropa civil, menos aun en compañía de jóvenes, de manera que evitábamos llamarlo “padre” y una joven, que luego se convirtió en mi esposa, propuso llamarlo “tio”. A partir de aquel dia Karol fue  nuestro “tio”.

Después de esa primera vez los encuentros – agregados a la Misa semanal - se hicieron cada vez más frecuentes. Siguieron numerosas excursiones, a pie o en canoa, todas caracterizadas por la gran unión que se había creado en el grupo, tan fuerte que lo consideramos como una familia. Fueron momentos que quedaron profundamente grabados en Karol, porque con nosotros vivió aquella juventud que había sido atrapada por la guerra; para nosotros fue una época inolvidable porque habíamos encontrado nuestro guía para lo cual le estaremos eternamente agradecidos. Karol participaba también de nuestras reuniones privadas, especialmente de los cumpleaños, y fue convirtiéndose en amigo de nuestras familias. En muy poco tiempo se creó una verdadera comunidad, que continuó existiendo aún después de su partida a Roma.”   

lunes, 13 de julio de 2009

Siervo de Dios Jerzy Ciesielski


El Siervo de Dios Jerzy Ciesielski nació el 12 de febrero de 1929 en Cracovia en un hogar profundamente religioso. Su educación primaria, secundaria y universitaria tuvo lugar en Cracovia donde se graduó de ingeniero civil. Deportista, amante del remo, instructor de esquí, durante sus estudios universitarios entro en contacto con el capellán universitario Jan Pietraszko en la colegiata Santa Ana y mas tarde con Karol Wojtyla, capellán en la Iglesia San Florián, donde llega a ser figura testimonial de Srodowisko. En 1957 se caso con Danuta Plebaczyk y tuvieron tres hijos. Junto a su esposa Danuta, vivieron la espiritualidad conyugal y familiar inspirados en las enseñanzas que compartían con los grupos de familia formados en torno a Jan Pietraszko y Karol Wojtyla.
Nunca olvidaré - recordaba Juan Pablo II en Cruzando el umbral de la esperanza - a un muchacho, estudiante del politécnico de Cracovia, del que todos sabían que aspiraba con decisión a la santidad. Ése era el programa de su vida; sabía que había sido "creado para cosas grandes", como dijo una vez San Estanislao de Kostka. Al mismo tiempo no tenía duda alguna que su vocación no era ni el sacerdocio ni la vida religiosa; sabía que tenía que seguir siendo laico. Le apasionaba el trabajo profesional, los estudios de ingeniería. Buscaba una compañera para su vida y la buscaba de rodillas, con la oración. No podré olvidar una conversación en la que, después de un día especial de retiro, me dijo: "Pienso que ésta debe ser mi mujer, es Dios quien me la da". Como si no siguiera las voces del propio gusto, sino en primer lugar la voz de Dios. Sabía que de Dios proviene todo bien, e hizo una buena elección. Estoy hablando de Jerzy Ciesielski, desaparecido en un trágico incidente en Sudán, donde había sido invitado para enseñar en la universidad, y cuyo proceso de beatificación ha sido ya iniciado."
Jerzy y Danuta supieron traducir el dinamismo del don de si mismo en servicio mutuo, a la familia y a su entorno, llevando el Evangelio a la vida cotidiana. El ideal de santidad impregnaba todas las dimensiones de su vida. Su consigna conyugal se renovaba a diario en la oración conjunta. Jerzy, hombre de oración, devoto de la Eucaristía y de la palabra de Dios, buscaba elaborar un estilo cristiano integral, no limitando los encuentros a fiestas de baile o excursiones en kayak sino reforzando aquellas relaciones con oración, reflexión y debates. Los encuentros tomaron forma de seminarios durante los cuales se discutían problemas de la vida conyugal y familiar. Después de un tiempo dedicado a compartir experiencias personales, tomaba la palabra Karol Wojtyla y explicaba las enseñanzas de la Iglesia. Se comentaba que las respuestas de “Wujek” (tio, como lo llamaban a Karol Wojtyla en la época del régimen comunista) - no siempre eran fáciles y requerían esfuerzo para su comprensión y su realización.

En su discurso celebrando el VI centenario de la Facultad de Teología de la Universidad Jaguellonica en Cracovia el Siervo de Dios Juan Pablo II recordaba a Ciesielski como hombre de ciencia vinculado al ambiente científico de Cracovia y profesor en el Politécnico de Cracovia. Para nuestra generación” - decía - fue un particular testigo de esperanza. Su pasión científica estuvo indisolublemente unida a la conciencia de la dimensión trascendente de la verdad. A su escrupulosidad de científico se unía la humildad del discípulo para escuchar lo que la belleza del mundo creado revela del misterio de Dios y del hombre. De su servicio de científico, del "servicio del pensamiento", hizo un camino hacia la santidad”.
Jerzy Ciesielski, hombre de profunda fe quedo inscripto para siempre en el patrimonio espiritual de Cracovia. El 31 de diciembre de 1985 tuvo lugar la apertura de la investigación diocesana para el proceso de beatificación y canonización y en 1995 fue sometida la Positio a la Congregación para las Causas de los Santos.

Durante su viaje apostólico a Benin, Uganda y Khartoum (Sudan) en la celebración eucarística en honor a la beata Josefina Bakhita el Siervo de Dios Juan Pablo II recordaba a su apreciado discipulo y amigo, que durante algunos años fue profesor visitante en la Universidad de Khartoum, pero en 1970 murió trágicamente en el Nilo junto con sus dos hijas.
Invito visitar mis posts relacionados con Jerzy Ciesielsky :

viernes, 26 de junio de 2009

Jan Pietraszko (2) Karol Wojtyla, Jerzy Ciesielsky


Karol Wojtyla regresa a Cracovia en 1949 al ser nombrado vicario de la Iglesia de San Florián donde atenderá primero a los monaguillos y más tarde a los estudiantes.
Fue entonces que nació el grupo Srodowisko anclado en la experiencia personal y la ayuda del sacerdote Pietraszko, que un año antes había sido nombrado capellán universitario (con sede en la colegiata Santa Ana. ) por el cardenal Sapieha,
Algunos de los miembros de Srodowisko, entre ellos el Siervo de Dios Jerzy Ciesielski, participaban de los encuentros y las excursiones con el sacerdote Wojtyla, pero seguían confesándose con Pietraszko. Los demás asistían a sus Misas, escuchaban sus sermones y hacían los ejercicios espirituales con el. Wojtyla centraba su pastoral en el sentido de la vida y de la verdad, camino que seguiría transitando junto a sus amigos. Planteaba preguntas de manera filosófica, sin ser académica, buscando respuestas y acompañando al grupo en su maduración al amor responsable vivido en el matrimonio y en la familia. Por su parte, el mismo en su compañía, iría profundizando en la verdad del amor y por consiguiente del matrimonio y de la familia. A nadie proponía sus convicciones, todo su esfuerzo pastoral apuntaba a despertar en los demás el deseo de los dones de Dios, como la fe, la esperanza y el amor mismo. El respeto por la dignidad de la persona humana, que siempre lo caracterizara estimulaba a los jóvenes a la esperanza que iba encendiendo en ellos el amor a la verdad y al bien. Y nunca le decepcionaron!

Jan Pietraszko y Karol Wojyla no enseñaban a los jóvenes a hacer política sino a vivir de modo evangélico en un país gobernado por comunistas. Nunca se trataron temas políticos desde el altar. Solo se predicaba el Evangelio. Sin embargo sus homilías preocupaban cada vez más a la policía secreta y al partido comunista, porque constituían un arma potente contra sus esfuerzos por imponer el ateismo. Mientras el régimen cantaba victoria, estos dos sacerdotes inspirados por una esperanza sobrenatural repetían con certeza propia de profetas que el cristianismo no moriría jamás. Su presencia y sus enseñanzas constituían una luz invisible que iluminaba la noche del comunismo..
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Entre ambos, Pietraszko y Wojtyla fueron llevando la pastoral hacia una amistad fuerte e intensa con los jóvenes, enseñaban y al mismo tiempo iban aprendiendo a ser Iglesia, a recibir y a donarse a si mismos. Una pastoral que no era teoría sino intercambio de dones, una comunión vivida entre gozos y dificultades cotidianas que iba cambiando la vida de sacerdotes y laicos dirigiéndolos hacia la santidad. Hoy, cuando ya estos sacerdotes y muchos laicos no están con nosotros es claramente visible como una communio amicorum puede transformarse en una communio sanctorum, evidenciada con el proceso de beatificación de Wojtyla, Pietraszko y Ciesielsky.
Estamos convencidos que muchos de los laicos que han vivido en el ambiente pastoral de Pietraszko y Wojtyla son santos y como tales viven en la memoria de nuestros amigos que aun están camino hacia la Casa del Padre. De modo particular esta presente entre nosotros el Siervo de Dios Jerzy Ciesielski, profesor del Politécnico de Cracovia, líder indiscutido del grupo Srodowisko de Wojtyla. El cautivaba a sus amigos no tanto por sus capacidades organizativas y talentos deportivos como por el continuo esfuerzo conjunto de voluntad e intelecto para escoger el proyecto de Dios como propio, primero como novio y después como marido y padre. Con gozo y constancia ponía en practica todo lo que intuía y comprendía como camino trazado por Dios para el. Cada mañana se preguntaba: “Como debo servir a Dios hoy”? El veía claramente que dedicarse totalmente al servicio de Dios y de los hombres era realizar la vocación de la santidad. Conocer la figura de Jerzy Ciesielski nos ayuda a encontrar nuestro propio camino de santidad. La vida y el trabajo de estos tres Siervos de Dios sirve como ejemplo de una armoniosa relación entre sacerdotes y laicos en la Iglesia, armonía que en la práctica nos prepara para requerir y recibir de Dios el don de la santidad.
Referencias:L¨Amore e la sua regola – la spiritualitá coniugale secondo Karol Wojtyla – Cátedra Karol Wojtyla.Belleza e spiritualitá dell´amore coniugale – recopilado por Ludmila Grygiel, Stanislaw Grygiel y Przemyslaw Kwiatkowski.- Edizioni Cantagalli, Siena, abril 2009