Llamados a ser santos

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“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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miércoles, 3 de junio de 2020

Adam Stephan Sapieha: Una figura clave en la vida de Karol Wojtyla


En este blog hay dos posts donde se menciona la influencia del Cardenal Sapieha en la vida de Karol Wojtya. Agrego aquí otras dos breves citas adicionales, una de Norman Davies (que habla del particular espíritu polaco)  y otra de Rocco Buttiglione (específicamente sobre Karol Wojtyla). 

Norman Davies, considerado por los polacos el “historiador oficial” polaco por su objetividad en analizar la historia de Polonia,  dice en uno de los capítulos (pag 311) de Heart of Europe – The past in the present of Poland

“Completada la 3ra partición de Polonia en 1795 y el nombre de Polonia  borrado del mapa, los poderes dominantes sintieron que la historia estaba de su lado. Con el tiempo – pensaban - los polacos aceptarían su suerte y eventualmente se integrarían a las demás poblaciones absorbidas. Todas las monarquías del este de Europa eran estados dinámicos que habían surgido anexándose una amplia selección de pueblos y provincias conquistados. Tanto Rusia como Austria eran una especie de jardines zoológicos de nacionalidades y Prusia ya contaba con una larga tradición de “abrazar” colonizadores e inmigrantes. No existía entonces ninguna razón especial para que los polacos fuesen más resistentes que los demás. Sin embargo,  lo fueron.  “Si no puedes prevenir que tu enemigo te absorba, al menos puedes prevenir que te digiera” fue una expresión profética de Jean Jacques Rosseau para Polonia que demostró ser más resistente a esa digestión que cualquier otro pueblo. La razón se basa en su milenaria historia cultural.”


Esa milenaria historia cultural de Polonia también dio pruebas de su fuerza indestructible, a pesar de innumerables embates durante los dos totalitarismos durante y después de la 2da Guerra Mundial.  Polonia sufrió y luchó, pero sobrevivió a ambos y no por mera casualidad sino precisamente por esa fuerza interna cultural y religiosa sabiamente atesorada y férreamente defendida.


Rocco Buttiglione(*), quien ha analizado con cuidadosa profundidad el pensamiento  de Karol Wojtyla “el hombre que fue Papa” analiza parte de ese período liderado por la gran figura polaca del Cardenal Adam Stephan Sapieha y su influencia sobre la persona de Karol Wojtyla, una de las figuras dominantes de la “resurrección” del pueblo polaco y su liberación del comunismo cuando éste ya era Obispo de Roma.
Según Buttiglione “La otra gran figura  con la cual se encontró Wojtyla en el mismo periodo de su vida (**) fue Stephan Sapieha. El Arzobispo Sapieha descendía de una de las familias polacas más nobles,  de príncipes. Su abuelo paterno, el Príncipe Leon Sapieha, había tomado parte en la revuelta contra los rusos en 1830. Su padre, Adam Sapieeha, participó en la de 1863; posteriormente fue representante del Gobierno en Paris y en Londres, defendiendo la autonomía de Galicia, y trabajó en la Cámara Alta del Parlamento de Viena. (15) 

Adam Stephan Sapieha fue un hombre de extraordinaria energía y valentía personal. Durante la dictadura de Pilsudski no dudo en oponerse al dictador, y fue considerado héroe nacional por defenderse contra la latinización de las minorías uniatas que utilizaban el rito greco-ortodoxo; se les quería imponer la latinización a la fuerza por razones políticas.  Después de la invasión nazi, a pesar del estricto control alemán de las comunicaciones oficiales Sapieha intentó advertir al Vaticano en dos oportunidades sobre los planes nazis en exterminar a los patriotas polacos y a la minoría judía. En 1940 le pidió al Prof. Bochenski, profesor de filosofía en la Universidad Católica de Friburgo y ciudadano suizo, memorizar un  mensaje que contenía detalles atroces de los crímenes cometidos por el ejército ocupador.  Un segundo intento fue por intermedio de un capellán italiano en febrero de 1942,  que tampoco tuvo éxito. El Vaticano no supo interpretar la importancia del mensaje, o quizás nada podía hacer para intervenir.   

Mientras tanto, Sapieha fue el líder de la resistencia moral de la nación contra los nazis, y comprometió todos los recursos diocesanos además de los suyos propios para ayudar a los perseguidos y apoyar la lucha armada, pero más importante aun la resistencia cultural reforzada por un “trabajo orgánico”. En cuanto al entorno cultural, Sapieha sostenía que era significativa la importancia de la preparación de una nueva generación de sacerdotes.  Fue por eso que no obstante sus innumerables compromisos se ocupó directa y personalmente del seminario clandestino. En los días decisivos cuando los alemanas durante su esfuerzo de abandonar Cracovia, convocaron a todos los hombres que podían servirles, el congregó a todos los seminaristas en la casa del Arzobispado para que no fueran alcanzados por el llamado. Fue así que después de dos años de aprendizaje teológico, durante el escaso tiempo libre paralelamente al duro trabajo en los talleres, Wojtyla pudo comenzar un curso normal de estudios de teología.  El rector del seminario clandestino era el Reverendo Jan Piwowarczyk. Pero Wojtyla fue confiado al cuidado del Rev. Kazimierz Klosaka, un estudiante de filosofía natural. Klosaka le hizo leer su primer trabajo sobre metafísica, Ontologia czyli Metafizyka, un tratado de Kzimierz Wais. Esta obra, que refleja la influencia del Tomismo trascendental,  - la escuela de Lovaina que intentaba reconciliar Kant y Santo Tomas, que sigue siendo muy apreciada por los estudiantes polacos, mayormente por las casi insuperables dificultades que presenta.
Después que los comunistas tomaron el poder, Sapieha se dio cuenta de inmediato que la cultura sería el frente de batalla decisivo. Esta característica del catolicismo polaco la distingue de otras iglesias nacionales. Desde un comienzo, los obispos polacos, decidieron no hacer ningún tipo de peticiones por su cuenta contra el régimen que violaba los antiguos derechos, garantizados por tradición y confirmados en el Concordato de 1925.  Eligieron en cambio tomar una posición de apoyo de los derechos humanos y nacionales fundamentales, renunciando a todo reclamo particular que indicase algún tipo de diferencias,  sin marcar contradistinciones  entre derechos humanos y derechos religiosos, entre la inspiración de la nación y la de la Iglesia. El tiempo probaría que este programa, inicialmente criticado como minimalista, resultaría más que eficaz.

En marzo de 1945 Sapieha creó un semanario titulado Tygodnik Powszechy  y confio su dirección a Jerzy Turowicz, quien con el tiempo resulto ser un líder emblemático de la cultura polaca.  Un año  más tarde se publica en Cracovia una revista mensual Znak, cuyo lanzamiento también es iniciado por Sapieha.

Cuando Wojtyla regresó de Roma a Cracovia le fue asignada la tarea pastoral  en San Florian, pero el cardenal Sapieha no tardó en decidir que debía continuar sus estudios académicos para lograr un segundo doctorado. A pesar de la expresa preferencia del joven sacerdote de continuar con su trabajo pastoral, el cardenal fue terminante y Wojtyla debió dedicarse a obtener el doctorado en filosofía.”

(*) Rocco Buttiglione: Karol Wojtyla: The Thought of the Man Who Became Pope John Paul II, William Eerdmans Publishing Co. 
(**) La otra fue Jan Tyranowski (ver posts etiquetados Tyranowski) 

(15) Cracovia, ciudad autónoma entre 1815 y 1846 cuando fue ocupada por los austriacos, ha ocupado un lugar especial en la historia polaca del siglo 19. Solo los austriacos, entre los que ocuparon Polonia, eran católicos y no perseguían a la Iglesia. El imperio de la Casa de Habsburgo además era un imperio multinacional y relativamente tolerante a las diversas culturas que convivían bajo su mando. Cracovia se convirtió en un punto de refugio de la cultura nacional polaca dándole origen al utópico sueño de una transformación constitucional del imperio austro-húngaro en una triple monarquía: Austria, húngara y eslavo-polaca. El ambiente cultural explica las buenas relaciones entre las familias de grandes patriotas tales como los Sapieha y Austria-Hungria.




sábado, 11 de junio de 2016

Stanisław Grygiel “El humus religioso y cultural de Cracovia” (1 de 2)

Los seres humanos se asemejan a los arboles que viven de lo que les brinda la tierra en la cual se hallan enraizado y en lo que les ofrece el sol,  disipando la oscuridad y permitiéndoles subsistir siguiendo un orden establecido;   así se benefician de los dones recibidos.   Alguien que quiera comprender a los arboles debe penetrar en el suelo del cual yerguen, y observarlos a la luz del sol que brilla sobre ellos. Necesitará captarlos en el paisaje que los contiene, en los cielos, en las nubes,  en la lluvia y en la nieve.

Esa tierra para los seres humanos son las generaciones pasadas y las que vendrán. Todo ser humano hunde sus raíces en aquellos que han trabajado para el y en aquellos para quienes trabaja ahora.  Junto a ellos va creando un paisaje cultural, spiritual y religioso atento a  la Promesa, a la cual responde con la esperanza creada en el por la Promesa misma. La historia de esta alianza de la Promesa y la esperanza forma la tradición de la raza humana. Esta historia consta de periodos diferentes, algunos más fáciles otros más difíciles. No se trata, sin embargo, de apariencias, porque cada periodo de la tradición de la alianza de la Promesa, que es Dios, y de la esperanza, que el ser humano encarna, es difícil.

Estos seres humanos a quienes ambos la Iglesia y la nación necesitan en toda época se manifiestan precisamente cuando aparece la necesidad de tenerlos. Y así ocurrió en Polonia en los crueles años de la ocupación alemana, luego soviética y  los años del mal del comunismo insensato.
No podremos entender a Karol Wojtyła, su ministerio episcopal y petrino a menos que nos adentremos en la historia de la tradición de la alianza de la promesa divina y en la esperanza humana en la tierra en la cual los polacos crearon – y continúan creando – la cultura de la fe en el Hombre, en su libertad y en la fe en Dios cuya libertad es idéntica al amor misericordioso. Es de esta cultura que nace su identidad nacional, aunque puedan  aparecer otros componentes en virtud del hecho que ninguna persona es una isla separada de los demás. La libertad de los polacos ha estado constantemente amenazada desde el este y el oeste y en ciertas épocas desde el sur y desde el norte.  Adentrada profundamente en su cultura, la Iglesia ha compartido sus momentos más difíciles con ellos. Mantuvo su presencia especialmente en el matrimonio y la familia, que fue la morada en la cual los seres humanos, confiado el uno en el otro, podían sentirse ellos mismos.  Y de esta experiencia de libertad y matrimonio y de la familia nació la Regla para la Humane VitaeGrupos de matrimonios, 
sobre los cuales sabemos algo pero a lo cual no se ha dedicado suficiente atención.   Es en esta regla que el padre Przemyslaw Kwiatkowski ha basado la obra de su tesis doctoral, que mostrará el valro antropológico del texto y su importancia para la vida espiritual de los esposos. Es solamente en este sentido y en ningún otro que el padre Kwiatkowski descubre esta Regla.

La penetración de la fe en el hombre por la fe en Dios y la fe en Dios por la fe en el hombre en el proceso de la tan atormentada tradición polaca le mostro a Karol Wojtyła, Jan Pietraszko, y Jerzy Ciesielski con gran evidencia que el matrimonio y la familia son los baluartes finales de la libertad en los seres humanos y la soberanía nacional. Cuando se destruyen estos baluartes la sociedad de seres humanos cae y hasta cae la Iglesia.   Cracovia no es solamente un símbolo de la historia del esfuerzo político moral, y cultural de seres humanos por el bien común de la sociedad, o sea por la persona humana, que nació y renació en la comunión de personas que confiaban uno en el otro. Esta “es” su historia.   

En el siglo XI, San Estanislao, obispo de Cracovia, defendiendo el matrimonio y la familia – o sea defendiendo a la nación – fue asesinado al pie del altar sub gladio por el rey Boleslao.
Excomunicado y destituido de su trono, agobiado por el remordimiento, llevo una vida oculta en una ermita hasta su muerte, según cuenta la leyenda, en la lejana región austriaca de Ossiach. De esta manera Boleslao fue redimido de su pecado, tanto que hoy hasta llega a hablarse de su beatificación. Karol Wojtyla, obispo de Cracovia y sucesor de San Estanislao, celebro la Santa Misa cerca del simbólico sepulcro del rey-asesino en Ossiach.    La presencia del obispo asesinado en la historia de Polonia ha defendido a los polacos durante siglos y los sigue defendiendo. El Cardenal Principe Adam Sapieha, predecesor inmediato de Wojtyla en la sede episcopal de Cracovia, asumió la defensa de los polacos con heroica serenidad,  mas aun con  heroica firmeza, prestándole cuidadosa atención al ambiente cultural, económico y  también al religioso,  durante las dos guerras y durante los crueles años de comunismo, hasta su muerte en 1951.   Durante la ocupación alemana, el metropolitano Sapieha recibió en su seminario clandestino al joven Wojtyla. Los seminaristas vivían en la misma casa con Sapieha. Fue de él de quien aprendieron a decir “No!” con heroica serenidad y firmeza, a todos aquellos que levantarían su mano contra el ser humano. En la casa de Sapieha el joven Wojtyla conoció a Jan Pietraszko, entonces secretario y capellán del Metropolitano, a quien más tarde el metropolitano Wojtyla subsecuentemente escogiera como obispo auxiliar.


Cuando Wojtyla, aun como joven obispo, asombradísimo,  recibió la nominación al Arzobispado de Cracovia, le confió al prelado Stanisław Czartoryski, sobrino (y entonces príncipe) del Cardenal Sapieha: “A mi, sucesor de Sapieha?”  Tan sorprendidos como el estaban los cracovienses que apenas lo conocían. 

domingo, 2 de mayo de 2010

"Sapieha fue para mi un verdadero modelo"


"Sí, Sapieha fue para mí un verdadero modelo porque, en primer lugar, fue un pastor. Antes de comenzar la Segunda Guerra Mundial dijo al Papa que quería dimitir y retirarse. Pío XII, sin embargo, no dio su consentimiento; le dijo: Ahora nos amenaza la guerra, habrá necesidad de ti. Murió como cardenal de Cracovia a la edad de ochenta y dos años.

En la homilía durante el rito fúnebre, el primado Wyszyñski hizo algunas preguntas significativas. Dijo: Cuando nosotros, vuestros huéspedes y amigos, os miramos, queridos hermanos sacerdotes, y os vemos como una apretada corona de corazones rodeando este féretro con los restos mortales de su pequeña figura, figura que no os podía atraer ni por su estatura ni por su fuerza física, quiero preguntaros, sacerdotes de Cracovia, para enriquecer mi experiencia, para profundizar en la sabiduría necesaria a un pastor: ¿Qué amabais en él? ¿Qué cautivaba vuestros corazones? ¿Qué veíais en él? ¿Por qué os habéis acercado, como toda Polonia ha hecho, a esta alma? Aquí realmente se puede hablar de amor del presbiterio diocesano por el propio arzobispo. Aquel funeral de julio de 1951 fue verdaderamente un acontecimiento inaudito en los tiempos de Stalin: un gran cortejo procedía desde la calle Franciszkañska hacia el Wawel; en filas compactas caminaban los sacerdotes, las religiosas, los laicos. Caminaban, y las autoridades no se atrevieron a interrumpir el cortejo. Se sentían impotentes ante lo que estaba sucediendo. Quizá por eso se haya inventado, después del pleito contra la Curia de Cracovia, el proceso post mórtem de Sapieha. Los comunistas no se atrevieron a tocarlo cuando estaba vivo, aunque él considerara que era posible, especialmente cuando arrestaron al cardenal Mindszenty. Pero no se atrevieron.

Bajo su autoridad hice mi seminario: fui antes clérigo y luego sacerdote. Tenía con él una relación de profunda confianza y puedo decir que le quería, como le querían los otros sacerdotes. Con frecuencia se escribe en los libros que Sapieha me estaba en cierto modo preparando; quizá sea verdad. También esto es una tarea del obispo: preparar a quien eventualmente pueda sustituirle.

Los sacerdotes lo apreciaban quizá porque era un príncipe, pero lo amaban en
primer lugar porque era un padre, tenía preocupación por el hombre. Y esto es lo que cuenta sobre todo: un obispo debe ser padre. "


(Juan Pablo II: ¡Levantaos! ¡Vamos!, Sudamericana 2004, pag121-123)

jueves, 15 de mayo de 2008

Príncipe Adam Stefan Sapieha, Arzobispo Metropolitano de Cracovia


El 14 de mayo de 1867 nacía el principe Adam Stefan Stanislaw Banfatiusz Jozef Sapieha-Kodenski en la propiedad familiar de Krasiczyn, hijo de Adam Sapieha-Kodenski y la Condesa Jadwiga Sanguszkowna. Murió el 23 de Julio de 1951 a la edad de 84 años en Cracovia. Sus restos descansan en la Catedral de Wawel, delante del altar de San Estanislao.



Conocido como el cardenal Adam Sapieha fue un verdadero principe, el “principe incorruptible” de la Iglesia polaca. Supo afrontar con valor, sabiduría y entereza los dos totalitarismos mas nefastos del siglo XX, el comunismo y el nazismo, y fué símbolo de la resistencia de esa Polonia fuerte y sufrida, mutilada pero no doblegada. Sacerdote, obispo, pastor, cardenal, ejerció una fuerte influencia en la formación de los seminaristas de su epoca entre los cuales se encontraba Karol Wojtyla.

Juan Pablo II habla de él en su libro “Don y Misterio
El Arzobispo Metropolitano de Cracovia, Príncipe Adam Stefan Sapieha, visitó la parroquia de Wadowice cuando yo era estudiante en el instituto. Mi profesor de religión, P. Edward Zacher, me encargó darle la bienvenida. Así, tuve entonces la primera ocasión de encontrarme frente a aquel hombre tan venerado por todos. Sé que, después de mi discurso, el Arzobispo preguntó al profesor de religión qué facultad elegiría yo al terminar el instituto. El P. Zacher respondió: "Estudiará filología polaca". El Prelado comentó: "Lástima que no sea teología"”.

Ya en el seminario de Cracovia partir de 1942, siguió las clases de formación del seminario clandestino de Cracovia, dirigido por el Arzobispo de Cracovia, Cardenal Adam Stefan Sapieha y comenta “ En todo nuestro proceso formativo hacia el sacerdocio ejerció un influjo relevante la gran figura del Príncipe Metropolitano, futuro Cardenal Adam Stefan Sapieha, para el cual tengo un recuerdo emocionado y agradecido. Su prestigio había crecido por el hecho de que, en el período de transición antes de la reapertura del seminario, habitábamos en su residencia y lo veíamos cada día. El Metropolitano de Cracovia fue elevado a la dignidad cardenalicia inmediatamente después del final de la guerra, a una edad ya muy avanzada. Toda la población acogió este nombramiento como un justo reconocimiento de los méritos de aquel gran hombre, que durante la ocupación alemana había sabido mantener alto el honor de la Nación, demostrando la propia dignidad de modo claro para todos. Recuerdo aquel día de marzo -estábamos en Cuaresma- cuando el Arzobispo regresó de Roma después de haber recibido el capelo cardenalicio. Los estudiantes levantaron en brazos su automóvil y lo llevaron durante un buen trecho hasta la Basílica de la Asunción en la Plaza del Mercado, manifestando de ese modo el entusiasmo religioso y patriótico que tal nombramiento cardenalicio había suscitado en la población”.

Al hablar de la situación de la Iglesia en Polonia durante los tiempos del Cardenal Sapieha, Juan Pablo II dice en “Don y Misterio” “que ha sido una Iglesia que en este siglo ha sido duramente probada: ha tenido que sostener una lucha dramática por la supervivencia contra dos sistemas totalitarios: contra el régimen inspirado en la ideología nazi durante la segunda guerra mundial; y después, en los largos decenios de la posguerra, contra la dictadura comunista y su ateísmo militante. De ambas pruebas ha salido victoriosa, gracias al sacrificio de obispos, sacerdotes y de numerosos laicos; gracias a la familia polaca "fuerte en Dios". Entre los obispos del período bélico he de mencionar la figura inquebrantable del Príncipe Metropolitano de Cracovia, Adam Stefan Sapieha...”

Invito leer: "Don y Misterio"