Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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martes, 9 de septiembre de 2025

“Subtilĭtas” en la sucesión de los Papas - De Pablo VI a Juan Pablo I /Juan Pablo II


Como son elegidos los Papas?  El Papa “en ejercicio” intenta preparar a quien elegiría como  posible sucesor?   Previo Conclave algunos candidatos han respondido que es obra del Espíritu Santo. Se dice también que quien entra como Papa sale cardenal. Y esto ha ocurrido en este último Conclave.  El Cardenal Robert Prevost era el menos mencionado ante tantas apuestas firmes.

En 1997 Joseph Ratzinger entrevistado por la televisión bávara sobre la responsabilidad del Espíritu Santo en la elección del Papa, decía: “Yo diría que el Espíritu no toma exactamente el control del asunto, sino que más bien, como buen educador, por así decirlo, nos deja mucho espacio, mucha libertad, sin abandonarnos por completo. Por lo tanto, el papel del Espíritu Santo debe entenderse en un sentido mucho mas elástico, no que el dicte el candidato por el que uno debe votar. Probablemente la única garantía que el ofrece es que la cosa no quede totalmente arruinada.” (Georg Gänswein, en “Nada más que la verdad” p 67)

Hay quienes afirman que cuando un pontífice enferma comienzan los debates internos del Vaticano en torno a su sucesión y se comienza a vivir un tiempo pre Conclave. Las sorpresas en estos tiempos fueron Juan Pablo I, muerto súbitamente y la inesperada renuncia de Benedicto XVI.

A la muerte de Juan Pablo I,  el Cardenal Karol Wojtyla se preguntaba “No sabemos que significa esta muerte para la cátedra de Pedro” y  “no hablaba nunca ni siquiera en privado de la sucesión del Papa  Luciani” (Dziwisz).  Cuando su chofer Mucha, durante el desayuno  fue a darle la noticia de la muerte del Papa Juan Pablo I comento que,  al retirarse,  escucho un ruido extraño,  como si se le hubiera caído algo al cardenal  Karol Wojtyla, y más tarde cuando el cardenal partia para Roma, al saludo de Mucha “hasta pronto señor cardenal”,  Karol Wojtyla le respondió  “nunca se sabe”.

Al dejar Cracovia para asistir al  Conclave las autoridades comunistas le quitaron el pasaporte diplomático…. para verlo volver al año siguiente vestido de blanco…

Enseptiembre 2003 Gianni Cardinale de 30 giorni (que ha dejado de publicarse) le preguntaba al cardenal Joseph Ratzinger.  de quien decía era “sin duda el más conocido de los 21 purpurados del Sagrado Colegio que participaron en los dos cónclaves de 1978”,   acerca del 2do conclave y el cardenal respondía….. Pero que la Providencia hubiera dicho que no a nuestra elección fue de verdad un duro golpe. Aunque la elección de Luciani no fue un error. Esos 33 días de pontificado han tenido una función en la historia de la Iglesia. Cual? Le preguntaba Cardinale y Ratzinger respondia: : No fue sólo el testimonio de bondad y de una fe gozosa. Esa muerte imprevista abrió también las puertas a una opción inesperada. La de un Papa no italiano”.


De alguna manera es un escalofriante misterio pensar que el Papa Juan Pablo I fue elegido el día que Polonia celebra a su santa Patrona,  Nuestra Señora de Jasna Gora,  y  su papado duro  tan solo 33 dias (33!) para ser sucedido por un hijo de Polonia!

Recordamos también las misteriosas palabras de Wanda Półtawska en  Diario de  una amistad, La familia Połtawski y Karol Wojtyła,  “La noticia de la muerte de Juan Pablo I fue una sorpresa para todos, y él me dijo: «Pensaba que tendría más tiempo».

Ensu primera aparición el 16 de octubre de 1978 y su primer saludo breve,  Juan Pablo II,  el  “llamado de un país lejano...”,  recordaba a su antecesor Juan Pablo I,   reconociendo haber  “sentido miedo al recibir esta designación, pero lo he hecho con espíritu de obediencia a Nuestro Señor Jesucristo y con confianza plena en su Madre María Santísima.”. Al dia siguiente en un mensajeradiofónico,  ya mas explicito y extenso “en el que se mezclan indisolublemente los recuerdos y los afectos, la nostalgia y la esperanza” y ante “la inmensa carga y función que se nos ha confiado” recordaba a su antecesor el Papa Juan Pablo I y como fiel discípulo del Concilio Vaticano II, reivindicaba el magisterio pastoral y citaba varios de los documentos,  que siempre tuvo presente en su patria y en su pontificado.


En la homilía del inicio de pontificado, dirigia su saludo al mundo, a Roma y a Polonia  “este Obispo que no es romano. Un Obispo que es hijo de Polonia, pero desde este momento, también él se hace romano. Si, ¡romano! También porque es hijo de una nación cuya historia, desde sus primeros albores, y cuyas milenarias tradiciones están marcadas por un vínculo vivo, fuerte, jamás interrumpido, sentido y siempre vivido, con la Sede de Pedro; una nación que ha permanecido siempre fiel a esta Sede de Roma. ¡Oh, el designio de la Divina Providencia es inescrutable!” 

Y recordamos sus inolvidables palabras, que fueron “el motor de su vida y la línea maestra de su pontificado” (Dziwisz) No tengáis miedo de acoger a Cristo y de aceptar su potestad!...¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!,“«Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16, 16). Estas palabras fueron pronunciadas por Simón, hijo de Jonás, en la región de Cesarea de Filipo. Las dijo, sí, en la propia lengua, con una convicción profunda, vivida, sentida; pero no tenían dentro de él su fuente, su manantial: «...porque no es la carne, ni la sangre quien esto te ha revelado, sino mi Padre que está en los cielos» (Mt 16, 17). Eran palabras de fe. Ellas marcan el comienzo de la misión de Pedro en la historia de la salvación, en la historia del Pueblo de Dios. Desde entonces, desde esa confesión de fe, la historia sagrada de la salvación y del Pueblo de Dios debía adquirir una nueva dimensión: expresarse en la histórica dimensión de la Iglesia. Esta dimensión eclesial de la historia del Pueblo de Dios tiene sus orígenes, nace de hecho, de estas palabras de fe y sigue vinculada al hombre que las pronunció: «Tú eres Pedro —roca, piedra— y sobre ti, como sobre una piedra, edificaré mi Iglesia».  (…)  

”Era su programa de vida, el programa de su corazón, de su piedad y al mismo tiempo el programa del servicio pastoral que, como sucesor de Pedro, estaba iniciando en la Iglesia Universal”. Lo que dijo aquel domingo de octubre formaba parte de su memoria, de su historia, del patrimono religioso y cultural que se había llevado consigo desde su patria hasta la catedra de San Pedro.  (Dziwisz -  Una vida con Karol, Conversación con Gian Franco Svidercoschi ,La esfera de los libros, 2008)

El Papa Pablo VI nunca había viajado a Polonia como pontífice, pero Giovanni Battista Montini había cumplido en Varsovia un breve periodo en la Nunciatura después de haber ingresado muy joven a la Secretaria de Estado Vaticano.  Luego sucedió al Papa Juan XXIII y continúo con el Concilio Vaticano II iniciado por el Papa Juan,  de quien había sido asistente en la preparación del Concilio.  Si bien tuvo intenciones de regresar a Polonia,  cuando ya era Papa,  las autoridades de entonces no se lo permitieron.  Y fue Montini cuando ya Papa Pablo VI quien nombro cardenal a Karol Wojtyla  en 1967, quien iba ganando cierta admiración por parte del Santo Padre debido a su activa y entusiasta participación en el Concilio,  que se habría intensificado en 1976 cuando lo llamo para que predicara los ejercicios espirituales de Cuaresma para el Pontífice y la Curia dándolo a conocer públicamente.



El autor Cándido Pozo comentaba de la participación de Karol Wojtyla en el Concilio “ …  La insistencia en su deuda personal con el Concilio y en su trayectoria de Pastor preocupado por responder a ella, ya como Arzobispo de Cracovia y, por tanto, mucho antes de su elección al Sumo Pontificado, me llamaron poderosamente la atención.

Comprometido de alguna manera con Wojtyla y con Polonia el Papa Pablo VI en octubre de 1971 (como novedad) oficio personalmente el rito de beatificación del mártir polaco de Auschwitz, Maximiliano Maria Kolbe en una Santa Misa concelebrada con el Cardenal Wyszynski y obispos polacos (Karol Wojtyla presente).

En algún momento Juan Pablo II expreso que Pablo VI había comprendido como pocos la situación de la Iglesia en Polonia y en los países del este. 

Al recordar los 25 años de su fallecimiento Juan Pablo II en la Audiencia Generaldel  25 de junio de 2003  expreso:   Al sucederle en la Cátedra de Pedro, me he esforzado por proseguir la acción pastoral que había iniciado, inspirándome en él como en un padre y maestro”…confianza mutua inspiradora.

El Cardenal Stanisław Ryłko en  su conferencia en la  Universidad Católicade San Antonio Murcia, 16 de abril de 2010 Juan Pablo II: el Papa llamado a introducir a la Iglesia al tercer milenio recordaba:

«El periodista y ensayista francés André Frossard describía así el día de la inauguración de su pontificado: «Aquel día de octubre en que apareció por primera vez sobre la escalinata de San Pedro con un enorme crucifijo puesto ante sí, sosteniéndolo con ambas manos como una espada, al resonar en la plaza sus primeras palabras “¡No tengáis miedo!”, en ese mismo momento todos entendieron que algo se había movido en el cielo y que, después del hombre de buena voluntad que había abierto el Concilio (Juan XXIII), después del grande del espíritu que lo había cerrado (Pablo VI), después de un intermedio dulce y fugitivo como un vuelo de paloma (Juan Pablo I), Dios nos enviaba un testigo. Se sabía que venía de Polonia. Yo tenía la impresión más bien de que había dejado las redes a la orilla de algún lago y que, tras las huellas del apóstol Pedro, había llegado directamente de Galilea. Nunca me había sentido tan cercano al Evangelio. Porque, sin duda alguna, aquel “¡No tengáis miedo!” estaba dirigido a un mundo donde el hombre tiene miedo del hombre, miedo de la vida como de la muerte y quizá más de la vida que de la muerte, miedo de las locas energías que tiene presas, miedo de todo, de nada y a veces de su miedo mismo»    

Con maestría y con palabras de una densidad espiritual poco común, Frossard resalta en este pasaje la dimensión más profunda de la personalidad de Karol Wojtyla, gran testigo de la fe en tiempos que se ven inundados de secularización y de modelos de vida sin Dios; en un mundo en que los hombres viven como si Dios no existiese – testigo hasta derramar la propia sangre, en aquel inaudito atentado del 13 de mayo de 1981 en la plaza San Pedro. Gran testigo de esperanza en medio de una humanidad que busca desesperadamente razones para vivir.

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Y el post Como se elige al Papa  

viernes, 23 de octubre de 2020

“No tengáis miedo” conversación de Andre Frossard con el Papa Juan Pablo II (de la introducción del libro)

 


(una introducción magistral a un libro imperdible) 

Cuando aquel día de Octubre  apareció por vez primera en la escalinata de la Basílica de San Pedro, con el enorme crucifijo plantado sobre su pecho, como si fuese una espada de dos manos,  y sus primeras palabras “No tengáis miedo” resonaron en la plaza, todo el mundo se dio cuenta que algo había ocurrido en el cielo: después de aquel hombre de buena voluntad que había abierto el Concilio,  el profundamente espiritual que lo había clausurado,  seguido por un corto interludio suave y efímero como el vuelo de una paloma, Dios nos enviaba un testigo.

 Se nos dijo que venía de Polonia. Mi impresión más bien fue que había dejado sus redes a orillas del lago y que venía directamente de Galilea, pisándole los talones al apóstol Pedro. Nunca me había sentido tan cerca de las Sagradas Escrituras.  Porque las palabras “No temáis” sin duda iban dirigidas a un mundo en el cual el hombre teme al hombre, le teme a la vida quizás más que a la muerte, le teme a las fuerzas salvajes de las que se siente prisionero,  le teme a todo, a nada,  y a veces hasta a su propio miedo;  pero también eran,  o quizás hayan sido,  la exhortación de un discípulo en los albores del Cristianismo a sus hermanos llamados a ser testigos,  y mientras el Papa hablaba, el recuerdo del Circo de Nerón sobre el cual está construido San Pedro  emergía nuevamente por debajo del mármol.

 No había duda alguna. La multitud asombrada en la Plaza, elevando sus rostros a una nueva luz, mis vecinos llorosos y yo compartiendo el mismo sentimiento: el cristianismo  comenzaba de nuevo….….emergía nuevamente de la tumba que todos pensaban había sido  sellado definitivamente. Este Papa seria el Papa de la renovación cristiana, y con él la esperanza que había huido regresaría y se fortalecería entre nosotros. No sería un Papa tradicionalista como algunos después insistieron en llamarlo,   ni siquiera un Papa tradicional,.  Sino un Papa de los días anteriores a la tradición,  en línea con los primeros apóstoles,  elevándose con su cruz en medio de los mismos imperios paganos de antes, imperios igualmente inclinados a la auto deificación.

Finalmente los cielos no se abrieron.  No obstante aunque en la historia de la humanidad el desarrollo de elecciones decididas,  hechas de época en época,  es lento en el firmamento del pensamiento,  ese día la época dudó  y por un momento la historia dejó hablar a la eternidad.

Pero los Evangelios no pertenecen a tan solo una época….se renuevan con cada generación.. Una generación venera a Maria Magdalena alimentándose del fervor contemplativo de los Evangelios y construye Vezelay

Y otra basándose en las mismas fuentes para su código moral erige construcciones intelectuales en los cuales el rigor de las líneas entra en armonía con las de la ley.  Nuestro tiempo es un tiempo caracterizado por dudas generalizadas, personas desilusionadas de las bellas artes, del futuro de la ciencia y la humanidad misma; a nosotros los Evangelios  sencillamente nos ofrecen fe, el único remedio para la barbaridad de la época.  Aun no nos es completamente claro, ya lo veremos (*):  lo que si esta perfectamente claro es que estamos atravesando un periodo notablemente fluido en la historia, desprovisto de bases morales solidas y racionales, un tiempo de valores colapsados e ideologías en las cuales aquel que quiere seguir adelante tiene una única opción…..caminar sobre las aguas. El hombre de fe que reside en Roma es uno de aquellos que no temen responder al llamado en la barca de Cristo. “No temáis” dice y su voz cunde.

Cunde y llega lejos… Con esas palabras rejuvenece y readquiere esa substancia que nuestro lenguaje desproporcionado le había robado.  Cuando miras las manzanas de una pintura de Cezanne  o de algún otro genio, te parece que nunca antes habías visto una manzana, en todo caso que no le habías prestado la atención que merecían.   De igual manera la palabra “tierra” suena diferente en boca de un agrimensor gubernamental  o gritadaa viva voz  del mástil de una carabela.  De la misma manera cuando Juan Pablo II exclama en su aparición publica “Alabado sea Jesucristo” la frase deja de ser una  suerte de ritual banal para convertirse inmediatamente  en la enunciación de un descubrimiento. Esta aptitud  de darle nueva vida a las palabras es un don de  poetas, de grandes místicos y naturalmente de los apóstoles de Cristo que son los representantes elegidos de la Palabra. Toda la gente no se equivoca: en esto tiene oído musical.

 El Papa pensaba en ellos, en sus angustias, en sus incertidumbres, en sus preguntas a menuda sin respuesta por  “sabios y entendidos” cuando me dijo un dia: “Planteeme algunas preguntas”

 


Creo que le presente setenta. No esquivó  a ninguna de ellas. Esta es la génesis del dialogo que sigue 

(*) escrito en 1982!!!

(**) el libro  (el texto es una traducción del prologo de  Be Not afraid Andre Frossard in conversation with John Paul II ”, The Bodley Head, 1984 (pags. 7 a 9)

jueves, 4 de agosto de 2011

San Juan Maria Vianney un modelo para Juan Pablo II

Hoy celebramos el día del Párroco!

FELIZ DIA A TODOS!!

Feliz día a todos ellos en todos los rincones del mundo en especial al padre Raúl de mi parroquia. Que el Señor le siga inspirando para que con sus serenas, claras y generosas palabras siga sembrando; y que el Señor le conceda una cosecha abundante!




Quienes fueron mis modelos? “Fueron muchos “ le responde Juan Pablo II a Andre Frossard en «¡No tengáis miedo


“…que es una vocación sacerdotal sino un llamado a entregarse de alma? Nosotros los sacerdotes necesitamos imperiosamente modelos que nos enseñen a ser exigentes con nosotros mismos, para mostrarnos en que medida nos trasciende el sacerdocio ministerial de Cristo e invitarnos a mirar “más alto”!”.



para luego agregar:
"Le debo mucho a San Francisco de Asis, quien no se consideró digno de acceder a una ordenación y permaneció siendo diácono, y a su hermano Albert Chmielowksi, su discípulo más fiel en mi patria…"



Los primeros dos – comenta Andre Frossard – no fueron sacerdotes, el tercero lo fue hasta la perfección! Fue el hombre conocido como el “Cura de Ars”


“En el seminario leí con entusiasmo sobre Juan Maria Vianney, el Cura de Ars; toda su vida fue un testimonio al poder de Cristo, sacerdote. No creo que tengamos derecho a renunciar a estos modelos so pretexto de adaptación o reciclaje. No podemos considerarlos “passe” o “fuera de época” y menos aun como estampas lejanas de una “teología unidimensional) (a la que a veces se hace referencia) Podemos - de hecho debemos - imitarlos, releyéndolos a la luz – o al brillo – de los tiempos modernos. Si el Cura de Ars viviese, no caben dudas que dedicaría todo el heroísmo de su vida sacerdotal, todo su amor evangélico que irradia de su persona, al apostolado y al servicio pastoral de hoy.


Podríamos imaginar que sería un sacerdote-obrero? Creo que sí, si tomamos en evidencia el radicalismo evangélico que surge del camino por él elegido. Sin embargo, es probable que después de algún tiempo sus compañeros trabajadores le pidieran ser menos trabajador y quizás más sacerdote, para instruirlos, visitar los enfermos y enseñar a sus hijos las verdades de la fe”

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martes, 11 de enero de 2011

Porque existe el sufrimiento? Juan Pablo II/ André Frossard (2)



Continúa hablando Juan Pablo II
“Lo que acabo de comentarle no cubre todo el espectro del problema. ¿Como podemos olvidar el mal que los hombres causan a otros hombres, los campos de concentración, las torturas, todo ese sistema que oprime y destruye los elementos mas humanos en el hombre? Es muy difícil ponderar el mal que se comete en el mundo, enumerar las causas del sufrimiento humano que hizo decir a Jesucristo en el Monte de los Olivos: “"Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz..." El cáliz del Jueves Santo, la Cruz en el Calvario el día siguiente…
Naturalmente, los hombres hacen todo lo posible para alejarse del mal, las enfermedades, los cataclismos, las guerras. Estos esfuerzos no son en vano. Al mismo tiempo las dimensiones del mal objetivo en el mundo y las repercusiones subjetivas en la conciencia humana son difíciles de evaluar. Hoy los medios a nuestro alcance para combatir el mal y el sufrimiento son impresionantes, tal como lo son aquellos que enarbolan la lucha. Y los Evangelios son un fuerte llamado a la acción, un mensaje siempre presente del bien, el Samaritano compasivo, no obstante…
No obstante, pareciera que las raices del mal son mas profundas, como si el mal comprendiera una especie de misterio que excede al hombre, que trasciende su historia y su entorno. Si consideramos los esfuerzos del hombre por conquistar el mal – especialmente en nuestros dias – se tiene la impresión que sus acciones llegan tan solo a los síntomas y no logran profundizar para alcanzar las causas, la fuente oculta del mal. Se olvida demasiado a menudo que el mal no tiene tan solo una dimensión física sino también ética, y que ésta es más importante.”

Reflexiona André Frossard:
Pero llegamos al momento y al lugar donde, como expresé antes, la pasión y la compasión confluirían en un momento único de sufrimiento:

Habla Juan Pablo II
”En el monte de los Olivos, de cara a la Pasión y a la Cruz, Jesús abraza toda dimensión del mal en el corazón del hombre y en la historia de la humanidad y pide que “este cáliz” pueda pasar: sin embargo, dice “pero no se haga mi voluntad, sino la tuya». Es por eso que esta oración es un momento tan patético en la misión de Cristo en su conjunto. Es además el punto al cual volverán continuamente nuestras preguntas acerca del mal, el mal como permitido y aceptado en el plan eterno de Dios….del Padre. Cuando nuestro pensamiento acerca del mal se dirige con ansiedad a este plan eterno, nos acercamos con nuestra angustia al huerto de Getsemaní, antes de subir el Calvario, bajo la cruz de Cristo…
Getsemaní y el Calvario nos enseñan que el Hijo de Dios se encontró en la misma situación que cualquier hombre que enfrentado al peso del mal. Estaba del lado del hombre que sufre. En esa escena de agonía proclamó el Reino de Dios hasta el fin de los tiempos, la verdad de un amor mas fuerte que la muerte.
Creemos que al asumir el peso del mal venció al mal. Que venció al pecado y a la muerte. Injertó a la raíz del sufrimiento el poder de la redención y la luz de la esperanza. Eso es lo que comparte con todo hombre. Aquellos que sufren, y a quienes me he acercado en mis actividades pastorales son testigo de ello y siguen siéndolo a diario ante mis ojos.
Cristo sanó al enfermo, le devolvió la vista al ciego, oído al sordo y levantó a Lázaro de entre los muertos. Pero a todos aquellos que sufren del mal físico o moral, no cesa de ofrecerles su injerto de redención, que emana de su cruz y resurrección.
Como he dicho antes, es difícil medir el mal que convive con nosotros en esta tierra. Es un misterio más allá del hombre, mas profundo que su corazón. De él hablan Getsemani y el Calvario, que al mismo tiempo testimonian que en la historia del hombre, en su corazón, adviene otro misterio, el de la Redención, que no cesará hasta el final para erradicar el mal. Y en este misterio no solo nos espera el Día del Juicio, también se vislumbra: “un nuevo cielo y una nueva tierra”, donde esta escrito que “morara la justicia” y entonces “El secará todas sus lágrimas, y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor, porque todo lo de antes pasó”.
Traducido de “Be not afraid”, André Frossard in conversation with John Paul II, The Bodley Head, 1984

lunes, 10 de enero de 2011

Porque existe el sufrimiento? Juan Pablo II/ André Frossard (1)


Porque existe el sufrimiento?

Le pregunta André Frossard a Juan Pablo en su “conversación” publicada en forma de libro bajo el titulo No temais! Hay penas que pueden ser atenuadas solo mediante la presencia real de Dios que los asemeja tanto a quienes las padecen a Jesucristo que legítimamente solo pueden hablarle de ellas al Padre en persona?

Y Juan Pablo II responde:
“Se distingue la dimensión objetiva, los hechos, tales como el sufrimiento del inocente, de las reacciones subjetivas, la conciencia del mal, que constituye, como usted dice “un problema terrible para el creyente” y un “escollo insalvable para el no creyente”. Eso es verdad. Los no creyentes a menudo niegan la existencia de Dios por el mal presente en el mundo, y por esa misma razón la fe de los creyentes se pone a prueba. Esta segunda dimensión, la conciencia del mal, es a veces más dolorosa que el mal mismo. Por cierto, es difícil medir este tipo de realidad, pero puede admitirse, por ejemplo, que la conciencia del sufrimiento de otros, particularmente de aquellos que sentimos mas cercanos, es a veces mas dolorosa que el sufrimiento que las ocasiona.”

A esto reflexiona Andre Frossard:
La compasión puede ser más dura que el sufrimiento, porque éste posee limites naturales, mientras que la compasión abre el ser al infinito y lo desgarra sin matarlo. El Papa me haría entender de inmediato que la compasión de Cristo (por la humanidad) era un elemento agregado a la Pasión.

Y continúa Juan Pablo II:
“Por experiencia puedo decirle que en mi adolescencia me sentí ante todo intimidado por el sufrimiento humano. Hubo momentos en que temía acercarme a quienes estaban enfermos: sentía una especie de remordimiento frente a este sufrimiento del que me veia librado. Además, me sentía incomodo: pensaba que todo lo que podía decirle al enfermo era solo como un “cheque sin fondos” , un cheque extendido a su propia cuenta, porque eran ellos los que sufrían, y no yo.
Hay cierta verdad en la frase “La persona sana no entiende al enfermo” aunque puede decirse a la inversa que tampoco el enfermo siempre entiende a la persona sana que también sufre, de otra manera, frente al sufrimiento del enfermo.
Mis actividades pastorales me posibilitaron desembarazarme de ese periodo de timidez al visitar y encontrarme con enfermos cada vez con mayor frecuencia, enfermos de toda índole. Y debo agregar que fueron los enfermos mismos quienes me ayudaron a hacerlo. Visitándoles llegue a darme cuenta, primero gradualmente, más tarde de una manera que disipaba toda duda que establecían relaciones totalmente inesperadas entre el sufrimiento y su conciencia de el. Luego que llegue al máximo del entendimiento cuando escuche de boca de un hombre muy enfermo las palabras “Padre, no sabe lo feliz que me siento!”
Estaba frente a un hombre postrado, invalido que había perdido todo durante la revuelta de Varsovia y en vez de quejarse este hombre me decía “Que feliz soy”! Ni siquiera tuve que preguntarle porque. Me di cuenta sin tener que preguntarle lo que debía estar sucediendo en su alma, como podía ocurrir este tipo de transfiguración y sobre todo quien podía realizarla. A partir de entonces pude visitar en sus casas o en hospitales mucha gente torturada por el dolor, y mas de una vez pude discernir en ellos rastros de esa misma evolución interior, reconociendo las diferentes etapas y variaciones. He conocido médicos, enfermeras y otras personas que prestan servicio a los enfermos que sabían como preparar el camino para este proceso místico”.

Reflexiona Andre Frossard
Podría haber agregado, aunque no lo hizo, que había visto a estos doctores y enfermeras a los pies de su propio lecho y de su experiencia personal de la enfermedad: después del intento de asesinato del 13 de mayo bebió hasta el fondo de ese manantial amargo que no había tenido el coraje de acercarse en su juventud. Durante su segunda permanencia en el Hospital Gemelli - del cual se retirara prematuramente debido a su excesivo optimismo - y hacia donde debió regresar, por al virus contraído durante las transfusiones de sangre el dia del intento de asesinato, debilitado, demacrado y febril, irreconocible y según me dijo al borde de la muerte Comentare ese momento mas adelante, pues el no me hablo de ello aquel día particular

sábado, 13 de febrero de 2010

“No temáis” Conversación de André Frossard con Juan Pablo II

foto Arturo Mari
Este ha sido un mes privilegiado para mi biblioteca enriquecida con tres “nuevos” libros:
El pensamiento de Karol Wojtyla” de Rocco Buttiglione (Karol Wojtyla: the thought of the man who became Pope John Paul II)
Porque es santo” (Perché e santo – il vero Giovanni Paolo II raccontato dal postulatore della causa di beatificazione Slawomir Oder con Saverio Gaeta)
Y hace dos días y por fin!
No temáis (Be not afraid) Conversación de André Frossard con Juan Pablo II

que estuve buscando desde el 2005 sin éxito. Ni siquiera en una biblioteca. En una librería católica;) llegaron a decirme que es un libro viejo!! Nunca pude entender como en el Sitio de la Santa Sede ni siquiera se menciona entre los libros. Pero bueno aquí lo tengo, solo que en ingles y usado (en perfectas condiciones porque cuando Amazon dice que esta en buenas condiciones lo está)
Tanto me costó conseguirlo, que me siento tentada a traducirlo y publicarlo completo (naturalmente en partes!)
En la contratapa del libro el autor Frossard describe brevemente el contenido del libro:
“Este libro se origina en una conversación con Juan Pablo II.
En una serie de encuentros con el en Roma y en Castel Gandolfo, se me permitió plantearle más de 70 preguntas: en todas trate de ser interprete de las inquietudes espirituales, morales y políticas compartidas de tantos otros cristianos, creyentes o no.
Hablamos sobre:
Su persona (juventud, padres, vocación, elección, el concepto de “un papa de Polonia”;
La fe comenzando por la pregunta que le fuera planteada por un joven ateo una tarde en Parc des Princes en Paris, que entonces quedó sin responder:
La Moral: y los problemas morales que deben afrontar las conciencias cristianas de hoy.
La Iglesia: su situación en el mundo contemporáneo, el rol del sacerdote, ecumenismo etc.
El mundo: las tensiones y la violencia, esperanzas y contradicciones.
Finalmente en el ultimo capitulo recopile el testimonio de su secretario privado y de los médicos que lo atendieron después del intento de asesinato el 13 de mayo de 1981.
El resultado de esta larga conversación es en parte un resumen autobiográfico, en parte confesión de fe y exposición de su doctrina en todo lo cual un papa, dice por primera vez “Yo” y explica sus propias creencias”
André Frossard