Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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lunes, 11 de noviembre de 2013

El Papa Francisco, San Mateo y los lemas de las próximas JMJ


El Papa Francisco estableció los temas para las próximas tres ediciones de la Jornada Mundial de la Juventud (dos diocesanas en Roma y la tercera mundial en Cracovia 2016).   Para ello escogió tres de las Bienaventuranzas (Mt, 5,3-12), una selección con profundo sentido de un Papa que el mundo aún sigue descubriendo,  un Papa jesuita "atipico" que ha elegido el nombre de Francisco uniendo los votos de su orden religiosade pobreza, castidad y obediencia y el deseo de imitar el estilo de vida de Jesúspobre y humilde  al carisma del “poverello” San Francisco.


La primera de las JMJ la XXIX a celebrarse el Domingo de Ramos 13 de abril del próximo año 2014 tendrá como lema:  “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mt 5,3) Según la explicación de la Bienaventuranza que nos ofrece Eleuterio Gómez,  este lema se identifica plenamente con el sentir del jesuita Jorge Mario Bergoglio,  hoy Papa Francisco.

Para la JMJ 2015 que será la XXX Jornada Mundial de la Juventud (también diocesana en Roma) el Papa ha elegido otra de las Bienaventuranzas: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt 5,8).  Limpios de corazón como los niños. Somos testigo casi a diario de la ternura del Papa Francisco para con los niños. «Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos.  Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos.  El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo.» (Mateo 18,3) 

“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt 5,7). La elección de esta Bienaventuranza no es casual, ni mucho menos. La JMJ 2016 tendrá lugar en la capital de la Misericordia:  Cracovia. Desde allí el Beato Juan Pablo II,  con ocasión de la Consagración del Santuario de la Misericordia Divina en Cracovia el 17 deagosto de 2002 hacia un llamado especial para:  “consagrar solemnemente el mundo a la Misericordia divina” y lo hacìa con el deseo ardiente de que el mensaje del amor misericordioso de Dios, proclamado aquí a través de santa Faustina, llegue a todos los habitantes de la tierra y llene su corazón de esperanza. Que este mensaje se difunda desde este lugar a toda nuestra amada patria y al mundo…. ¡Sed testigos de la misericordia!”  Expresiones proféticas si las relacionamos con una Jornada Mundial de la Juventud y todo el sentido que estas Jornadas conllevan recordando además que el Papa Francisco tomo posesión de su cátedra como Obispo de Roma (San Juan de Letrán – la catedral de los Papas) nada menos que el Domingo de la Divina Misericordia. 

Por otra parte ya nos es conocida la inspiración que el Papa Francisco encuentra en el evangelista San Mateo. Además de haber seleccionado las Bienaventuranzas como lemas para las próximas JMJ, lo atestiguan varios hechos:

“En la fiesta de San Mateo de 1953, el joven Jorge Mario Bergoglio experimentó –a la edad de 17 años- en un modo del todo particular, la presencia amorosa de Dios en su vida” (Vaticano)   

Uno de sus obras de arte favoritas, según lo expresara el mismo en su entrevista con el jesuita Antonio Spadaro se relaciona con San Mateo  “cuando venía a Roma vivía siempre en Vía della Scrofa. Desde allí me acercaba con frecuencia a visitar la iglesia de San Luis de los Franceses y a contemplar el cuadro de la vocación de san Mateo de Caravaggio»…..«Ese dedo de Jesús, apuntando así… a Mateo. Así estoy yo. Así me siento. Como Mateo». A Spadaro también le confiaba que  “el pasaje de Bach que me gusta mucho es el Erbarme Dich, el llanto de Pedro de la Pasión según San Mateo. Sublime.”

Su lema episcopal,  que mantuvo al ser elegido Papa, “procede de las Homilías de San Beda el Venerable, sacerdote (Hom. 21; CCL 122, 149-151), quien, comentando el episodio evangélico de la vocación de san Mateo, escribe: «Vidit ergo Iesus publicanum et quia miserando atque eligendo vidit, ait illi Sequere me (Vio Jesús a un publicano, y como le miró con sentimiento de amor y le eligió, le dijo: Sígueme)».” 


De alguna manera también dejó muy en claro su cercanía con San Mateo al hablarles a los jóvenes argentinos con ocasión desu encuentro durante la Jornada Mundial de la Juventud en Rio de Janeiro:  “Las bienaventuranzas. ¿Qué tenemos que hacer, Padre? Mira, lee las bienaventuranzas que te van a venir bien. Y si querés saber qué cosa práctica tenés que hacer, lee Mateo 25, que es el protocolo con el cual nos van a juzgar. Con esas dos cosas tienen el programa de acción: Las bienaventuranzas y Mateo 25. No necesitan leer otra cosa.”

sábado, 6 de abril de 2013

Juan Pablo II: el Papa de la Misericordia (4) La misericordia, perfecta encarnación de igualdad y justicia


La misericordia auténticamente cristiana es también, en cierto sentido, la más perfecta encarnación de la « igualdad » entre los hombres y por consiguiente también la encarnación más perfecta de la justicia, en cuanto también ésta, dentro de su ámbito, mira al mismo resultado. La igualdad introducida mediante la justicia se limita, sin embargo al ámbito de los bienes objetivos y extrínsecos, mientras el amor y la misericordia logran que los hombres se encuentren entre sí en ese valor que es el mismo hombre, con la dignidad que le es propia. 

Al mismo tiempo, la « igualdad » de los hombres mediante el amor « paciente y benigno » 122 no borra las diferencias: el que da se hace más generoso, cuando se siente contemporáneamente gratificado por el que recibe su don; viceversa, el que sabe recibir el don con la conciencia de que también él, acogiéndolo, hace el bien, sirve por su parte a la gran causa de la dignidad de la persona y esto contribuye a unir a los hombres entre sí de manera más profunda.

sábado, 19 de enero de 2013

Juan Pablo II: el Papa de la Misericordia (3)



“La Misericordia Divina en la enseñanza de Juan Pablo II”
(conferencia ofrecida por el Cardenal Kazimierz Nycz durante el II Congreso Mundial de la Misericordia Divina celebrado en Cracovia enoctubre 2011) 

1.      Introducción
“Es imposible hablar de la misericordia de Dios, sin fijarnos en el objeto de la misericordia, es decir el hombre, redimido en Cristo. Tampoco es posible presentar en este artículo todos los temas de la teología de la Misericordia Divina en la enseñanza de Juan Pablo II. Quiero centrarme solo en determinados aspectos, para extraer su esencia.

El complemento a la teología de la Divina Misericordia es la primera encíclica del Papa Juan Pablo II, “Redemptor Hominis”(1979) ya que en el misterio de la redención, se revela en toda su plenitud el misterio del Dios misericordioso. Otro fruto de la teología papal de la Misericordia de Dios, y también una fuente de ulterior consideración, es la Exhortación Apostólica “Reconciliatio et paenitentia” (1984). Juan Pablo II, muestra la Iglesia como una comunidad sacramental de la Divina Misericordia, y claramente enseña que el pecado en la economía de la salvación no puede ser visto como una condición, pero siempre es la oposición al misterio de la redención, que finalmente prevalecerá en Cristo.
Juan Pablo II ve el plano de la realización concreta de la misericordia de Dios en la persona del cristiano. Otras dos encíclicas “Dominumet vivificantem” (1985), y “Redemptoris Mater” (1987) coronan la teología de la Divina Misericordia, entendida como relación de amor entre Dios y el hombre. El Espíritu Santo es la fuente de la vida del Dios Misericordioso en el hombre, y Marìa es el modelo de la ralizaciòn del amor de Dios en nosotros. Queda un aspecto más, tal vez la dimensión más importante de la comrensiòn de la Divina Misericordia, explicada en la parábola de la viña de Dios: “Enviaré a mi hijo amado; quizás cuando le vean a él, le tendrán respeto” (Lc 20,13). Dios habla como consigo mismo, para que su amor se demuestre en una luz másplena. Estas palabras revelan la naturaleza sacrificial de la misión del Hijo de Dios al mundo.

2.      Orígenes sagrados del culto de la Divina Misericordia
En la vida humana están íntimamente relacionadas y se determinan mutuamente dos realidades: conocimiento de Dios y el conocimiento de si mismo como hombre – ambos son complementarios entre sí. Palabras conciliares (Vat II) que afirman que Cristo “en la revelación misma del misterio del Padre y de su amor manifiesta plenamente el hombre al propio hombre” le permiten ver que Cristo revela a la gente el misterio de la misericordia del Padre, al mismo tiepo revela y muestra toda la profundidad de la humanidad. El misterio del hombre, de acuerdo con las enseñanzas del Concilio Vaticano II, se muestra a la gente a través de la revelación cristiana de la persona de Jesucristo.
La enseñanza del Papa Juan Pablo II puede orientar correctamente el culto popular a la Divina Misericordia. Se trata del hecho que si nosotros podemos adorar la misericordia como un atributo de Dios uno y trino, o si debemos limitarnos a la adoración de la misericordia “encarnada” en Cristo Jesús, es decir a la adoración de Cristo, el Misericordioso – como lo sugería W. Granat, o el Misericordioso Salvador, como lo proponía el beato M. Sopocko. Santa Faustina Kowalska en los escritos sobre la Divina Misericordia siempre habla de la misericordia, “Señor”, “Dios”, “mío”, “tuyo”, y nunca se habla de la Beneficiencia, “el misericordioso” Salvador.  Por lo tanto la conclusión del análisis más profundo de las escrituras de Santa Faustina está clara: objeto de adoración en el culto de la Divina Misericordia es la misericordia misma, considerados juntos en la triple dimensión. Misericordia entendida como el mayor atributo de Dios, luego la misma misericordia que se encarnó en Cristo (Misericordia Encarnada) y la misericordia realizada por Cristo durante su vida terrenal y la gloria del cielo.
En vista de esto podemos ver, junto con Juan Pablo II; que el Cristo que encarna y manifiesta la misericordia de Dios a las personas, merece el más alto honor religioso. Las obras, acciones, actitudes y palabras de Cristo que revela a la gente el misterio del misericordioso Padre, forman parte integrante de el mismo y de su misericordia, y puede ser de alguna manera considerado bajo el nombre común de “la Divina Misericordia”. Cristo en sus obras, según Juan Pablo II revela la verdadera naturaleza de la misericordia de Dios, que tiene absoluta necesidad de reciprocidad, conmoviendo – respetando su libertad – el corazón del hombre.”

viernes, 18 de enero de 2013

Juan Pablo II: el Papa de la Misericordia (2)


Maria conoce a fondo el misterio de la Misericordia



 “Nadie ha experimentado, como la Madre del Crucificado el misterio de la cruz, el pasmoso encuentro de la trascendente justicia divina con el amor: el « beso » dado por la misericordia a la justicia.104 Nadie como ella, María, ha acogido de corazón ese misterio: aquella dimensión verdaderamente divina de la redención, llevada a efecto en el Calvario mediante la muerte de su Hijo, junto con el sacrificio de su corazón de madre, junto con su « fiat » definitivo.

María pues es la que conoce más a fondo el misterio de la misericordia divina. Sabe su precio y sabe cuán alto es. En este sentido la llamamos también Madre de la misericordia: Virgen de la misericordia o Madre de la divina misericordia; en cada uno de estos títulos se encierra un profundo significado teológico, porque expresan la preparación particular de su alma, de toda su personalidad, sabiendo ver primeramente a través de los complicados acontecimientos de Israel, y de todo hombre y de la humanidad entera después, aquella misericordia de la que « por todas la generaciones » 105 nos hacemos partícipes según el eterno designio de la Santísima Trinidad.”

(Dives in misericordia n.9) 

jueves, 17 de enero de 2013

Juan Pablo II el Papa de la Misericordia (1)



(imagen canonización de sor Faustina Kowalska)

“Si la encíclica Redemptor hominis ha encarnado para Juan Pablo II la declaración programática del pontificado, Dives in misericordia, del 30 de noviembre de 1980, ha sido indudablemente la encíclica «del corazón». En efecto, el humus en el que arraiga este documento es el de la tierra polaca, enlazado con las revelaciones sobre la Divina Misericordia que sor Faustina Kowalska (que vivió apenas 33 años, entre 1905 y1938) recibió directamente de Jesucristo, en los inicios del siglo XX.
Aunque no la nombró nunca en la encíclica, quizás por una prudente reserva debida a las perplejidades de la época sobre el mensaje de la misericordia de Dios (y que poco antes habían casi llevado a la Congregación para la Doctrina de la Fe a condenar tal devoción), el Papa Wojtyla hizo una referencia directa a todo lo que sor Faustina hizo público a través del propio diario, hoy difundido en todas las lenguas.
La lectura de este Diario impresionó profundamente al joven don Karol. Como èl mismo dijo en el discurso del 7 de junio de 1997, «el mensaje de la Divina Misericordia lo he llevado siempre conmigo y lo amo. Es como si la historia lo hubiese escrito en la trágica experiencia de la segunda guerra mundial. En aquellos años difíciles fue una ayuda particular y una inextinguible fuente de esperanza no solamente para los habitantes de Cracovia, sino para la nación entera». Aún más emblemática es la revelación que hizo el 16 de octubre de 2003, en el veinticinco aniversario de la elección al pontificado, cuando subrayó: «Fue necesario recurrir a la Divina Misericordia para que a la pregunta: “Aceptas?” pudiese responder con confianza: “En obediencia de fe, ante Cristo mi Señor, confiando en la Madre de Cristo y de la Iglesia, consciente de las grandes dificultades, acepto”.
En Dives in misericordia Juan Pablo II ha mostrado, en sustancia, que la misericordia divina forma parte de la estructura del cristianismo, es uno de los puntos fundamentales de la misma revelación. Así pues, se puede decir que esta encíclica se conecta con la Redemptor hominis por su dimensión cristológica, pues la afirmación de fondo es que Dios se nos ha revelado como Divina Misericordia a través de su Hijo: toda la obra de la redención – desde la encarnación hasta la muerte en cruz y la resurrección – nos revela al Padre como misericordia infinita. Wojtyla, ya desde que era arzobispo de Cracovia, había trabajado a fondo para demostrar que el mensaje de la Divina Misericordia es teológicamente correcto y bíblicamente fundamentado.  La apoteosis de su empeño por hacer resplandecer la fúlgida figura de sor Faustina llegará algún año más tarde, con la beatificación de la religiosa, el 18 de abril de 1993, y con su canonización, el 30 de abril de 2000. Además el  hecho de que haya muerto en el atardecer del sábado 2 de abril de 2005, cuando la liturgia había comenzado ya a celebrar precisamente la fiesta de la Divina Misericordia (instituida por él en el calendario, en el domingo sucesivo a la Pascua, siguiendo la explicita indicación dada por Jesús setenta años antes), es una de esas coincidencias que la fe lleva a considerar como una señal divina, un premio al «siervo bueno y fiel».
Saverio Gaeta, TotusTuus Nr 3 mayo-junio 2009