Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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viernes, 31 de julio de 2026

“Si” a Cristo

 




Queridos amigos, también hoy creer en Jesús, seguir a Jesús siguiendo las huellas de Pedro, de Tomás, de los primeros Apóstoles y testigos, conlleva una opción por Él y, no pocas veces, es como un nuevo martirio: el martirio de quien, hoy como ayer, es llamado a ir contra corriente para seguir al divino Maestro, para seguir “al Cordero a dondequiera que vaya” (Ap 14,4).

[…]

Quizás a vosotros no se os pedirá la sangre, pero sí ciertamente la fidelidad a Cristo. Una fidelidad que se ha de vivir en las situaciones de cada día. Estoy pensando en los novios y su dificultad de vivir, en el mundo de hoy, la pureza antes del matrimonio. Pienso también en los matrimonios jóvenes y en las pruebas a las que se expone su compromiso de mutua fidelidad.

Pienso, asimismo, en las relaciones entre amigos y en la tentación de deslealtad que puede darse entre ellos. Estoy pensando también en el que ha empezado un camino de especial consagración y en las dificultades que a veces tiene que afrontar para perseverar en su entrega a Dios y a los hermanos. Me refiero igualmente al que quiere vivir unas relaciones de solidaridad y de amor en un mundo donde únicamente parece valer la lógica del provecho y del interés personal o de grupo. Asímismo, pienso en el que trabaja por la paz y ve nacer y estallar nuevos focos de guerra en diversas partes del mundo; también en quien actúa en favor de la libertad del hombre y lo ve aún esclavo de sí mismo y de los demás; pienso en el que lucha por el amor y el respeto a la vida humana y ha de asistir frecuentemente a atentados contra la misma y contra el respeto que se le debe.

[…]

¿es difícil creer en un mundo así? En el año 2000, ¿es difícil creer? Sí, es difícil. No hay que ocultarlo. Es difícil, pero con la ayuda de la gracia es posible, como Jesús dijo a Pedro: “No te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mt 16,17).

Esta tarde os entregaré el Evangelio. Es el regalo que el Papa os deja en esta vigilia inolvidable. La palabra que contiene es la palabra de Jesús. Si la escucháis en silencio, en oración, dejándoos ayudar por el sabio consejo de vuestros sacerdotes y educadores con el fin de comprenderla para vuestra vida, entonces encontraréis a Cristo y lo seguiréis, entregando día a día la vida por Él.

En realidad, es a Jesús a quien buscáis cuando soñáis la felicidad; es Él quien os espera cuando no os satisface nada de lo que encontráis; es Él la belleza que tanto os atrae; es Él quien os provoca con esa sed de radicalidad que no os permite dejaros llevar del conformismo; es Él quien os empuja a dejar las máscaras que falsean la vida; es Él quien os lee en el corazón las decisiones más auténticas que otros querrían sofocar. Es Jesús el que suscita en vosotros el deseo de hacer de vuestra vida algo grande, la voluntad de seguir un ideal, el rechazo a dejaros atrapar por la mediocridad, la valentía de comprometeros con humildad y perseverancia para mejoraros a vosotros mismos y a la sociedad, haciéndola más humana y fraterna.

[…]

En la lucha contra el pecado no estáis solos: ¡muchos como vosotros luchan y con la gracia del Señor vencen!

6. Queridos amigos, en vosotros veo a los “centinelas de la mañana” (cf. Is 21,11-12) en este amanecer del tercer milenio. A lo largo del siglo que termina, jóvenes como vosotros eran convocados en reuniones masivas para aprender a odiar, eran enviados para combatir los unos contra los otros. Los diversos mesianismos secularizados, que han intentado sustituir la esperanza cristiana, se han revelado después como verdaderos y propios infiernos. Hoy estáis reunidos aquí para afirmar que en el nuevo siglo no os prestaréis a ser instrumentos de violencia y destrucción; defenderéis la paz, incluso a costa de vuestra vida si fuera necesario. No os conformaréis con un mundo en el que otros seres humanos mueren de hambre, son analfabetos, están sin trabajo. Defenderéis la vida en cada momento de su desarrollo terreno; os esforzaréis con todas vuestras energías en hacer que esta tierra sea cada vez más habitable para todos.

[…]

 diciendo “sí” a Cristo decís “sí” a todos vuestros ideales más nobles. Le pido que reine en vuestros corazones y en la humanidad del nuevo siglo y milenio.

No tengáis miedo de entregaros a El. El os guiara os dará la fuerza para seguirlo todos los días y en cada situación.

Que María Santísima, la Virgen que dijo “sí” a Dios durante toda su vida, que los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y todos los Santos y Santas que han marcado el camino de la Iglesia a través de los siglos, os conserven siempre en este santo propósito.

Juan PabloII XV Jornada Mundial de la Juventud Vigilia de oración – Tor Vergata, 19 deagosto de 2000

lunes, 8 de junio de 2026

Juan Pablo II a los jóvenes: Poned la Eucaristía en el centro de vuestra vida


 Queridos jovenes:


Al volver a vuestra tierra poned la Eucaristía en el centro de vuestra vida personal y comunitaria: amadla, adoradla y celebradla, sobre todo el domingo, día del Señor.  Vivid la Eucaristía dando testimonio del amor de Dios a los hombres.

Os confío, queridos amigos, este don de Dios, el más grande dado a nosotros, peregrinos por los caminos del tiempo, pero que llevamos en el corazón la sed de eternidad. ¡Ojalá que pueda haber siempre en cada comunidad un sacerdote que celebre la Eucaristía! Por eso pido al Señor que broten entre vosotros numerosas y santas vocaciones al sacerdocio. La Iglesia tiene necesidad de alguien que celebre también hoy, con corazón puro, el sacrificio eucarístico. ¡El mundo no puede verse privado de la dulce y liberadora presencia de Jesús vivo en la Eucaristía!

Sed vosotros mismos testigos fervorosos de la presencia de Cristo en nuestros altares. Que la Eucaristía modele vuestra vida, la vida de las familias que formaréis; que oriente todas vuestras opciones de vida. Que la Eucaristía, presencia viva y real del amor trinitario de Dios, os inspire ideales de solidaridad y os haga vivir en comunión con vuestros hermanos dispersos por todos los rincones del planeta.

Que la participación en la Eucaristía fructifique, en especial, en un nuevo florecer de vocaciones a la vida religiosa, que asegure la presencia de fuerzas nuevas y generosas en la Iglesia para la gran tarea de la nueva evangelización.

Si alguno de vosotros, queridos jóvenes, siente en sí la llamada del Señor a darse totalmente a Él para amarlo “con corazón indiviso” (cf. 1 Co 7,34), que no se deje paralizar por la duda o el miedo. Que pronuncie con valentía su propio “sí” sin reservas, fiándose de Él que es fiel en todas sus promesas. ¿No ha prometido, al que lo ha dejado todo por Él, aquí el ciento por uno y después la vida eterna? (cf. Mc 10,29-30).”

(de la Santa Misa de clausura de la XII Jornada Mundial de la Juventud – Tor Vergata, 20 de agosto de 2000

sábado, 28 de marzo de 2026

Domingo de Ramos - El misterio de la cruz y los jóvenes - sentido pleno de la vida – JMJ 2004

 


Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor!" (Lc 19, 38).

”Con estas palabras, la población de Jerusalén acogió a Jesús en su entrada en la ciudad santa, aclamándolo como rey de Israel. Sin embargo, algunos días más tarde, la misma multitud lo rechazará con gritos hostiles: "¡Que lo crucifiquen, que lo crucifiquen!" (Lc 23, 21). La liturgia del domingo de Ramos nos hace revivir estos dos momentos de la última semana de la vida terrena de Jesús. Nos sumerge en aquella multitud tan voluble, que en pocos días pasó del entusiasmo alegre al desprecio homicida.

En el clima de alegría, velado de tristeza, que caracteriza el domingo de Ramos, celebramos la XIX Jornada mundial de la juventud. Este año tiene por tema: "Queremos ver a Jesús" (Jn 12, 21), la petición que dirigieron a los Apóstoles "algunos griegos" (Jn 12, 20) que habían acudido a Jerusalén para la fiesta de Pascua. Ante la multitud que se había congregado para escucharlo, Cristo proclamó: "Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí" (Jn 12, 32). Así pues, esta es su respuesta: todos los que buscan al Hijo del hombre, lo verán, en la fiesta de Pascua, como verdadero Cordero inmolado por la salvación del mundo. En la cruz, Jesús muere por cada uno y cada una de nosotros. Por eso, la cruz es el signo más grande y elocuente de su amor misericordioso, el único signo de salvación para todas las generaciones y para la humanidad entera.

Hace veinte años, al concluir el Año santo de la redención, entregué a los jóvenes la gran cruz de aquel jubileo. En aquella ocasión, los exhorté a ser discípulos fieles de Cristo, Rey crucificado, que "se nos presenta como Aquel que (...) libera al hombre de lo que limita, disminuye y casi destruye esta libertad en sus mismas raíces, en el alma del hombre, en su corazón, en su conciencia" (Redemptor hominis,  Desde entonces, la cruz sigue recorriendo numerosos países, como preparación para las Jornadas mundiales de la juventud. Durante sus peregrinaciones, ha recorrido los continentes: como antorcha que pasa de mano en mano, ha sido transportada de un país a otro; se ha convertido en el signo luminoso de la confianza que impulsa a las jóvenes generaciones del tercer milenio.

Queridos jóvenes, celebrando el vigésimo aniversario del inicio de esta extraordinaria aventura espiritual, permitidme que os renueve la misma consigna de entonces: "Os confío la cruz de Cristo. Llevadla por el mundo como señal del amor de nuestro Señor Jesucristo a la humanidad, y anunciad a todos que sólo en Cristo muerto y resucitado está la salvación y la redención" (Clausura del Año jubilar de la Redención, 22 de abril de 1984: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 29 de abril de 1984, p. 12). Ciertamente, el mensaje que la cruz comunica no es fácil de comprender en nuestra época, en la que se proponen y buscan como valores prioritarios el bienestar material y las comodidades. Pero vosotros, queridos jóvenes, ¡no tengáis miedo de proclamar en toda circunstancia el evangelio de la cruz! ¡No tengáis miedo de ir contra corriente!

"Cristo... se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó" (Flp 2, 6. 8-9). El admirable himno de la carta de san Pablo a los Filipenses acaba de recordarnos que la cruz tiene dos aspectos inseparables: es, al mismo tiempo, dolorosa y gloriosa. El sufrimiento y la humillación de la muerte de Jesús están íntimamente unidos a la exaltación y a la gloria de su resurrección. Queridos hermanos y hermanas; amadísimos jóvenes, tened siempre presente esta consoladora verdad. La pasión y la resurrección de Cristo constituyen el centro de nuestra fe y nuestro apoyo en las inevitables pruebas diarias. María, la Virgen de los Dolores y testigo silenciosa del gozo de la Resurrección, os ayude a seguir a Cristo crucificado y a descubrir en el misterio de la cruz el sentido pleno de la vida. ¡Alabado sea Jesucristo!”

 

 (Homilía del Santo Padre Juan Pablo II en la Misa del Domingo de Ramos – XI Jornada Mundial de la Juventud- Domingo 4 de abril de 2004


 

lunes, 5 de enero de 2026

"Se pusieron en camino…y la estrella iba delante de ellos


 (Botticelli: Adoración de los Magos – imagen de Wikipedia)

"Se pusieron en camino" (Mt 2,9), cuenta el evangelista, lanzándose con coraje por caminos desconocidos y emprendiendo un largo viaje nada fácil. No dudaron en dejar todo para seguir la estrella que habían visto salir en el Oriente (cfr. Mt 2,2).

 "Y la estrella ... iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño" (Mt 2,9). Los Reyes Magos llegaron a Belén porque se dejaron guiar dócilmente por la estrella. Más aún, "al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría" (Mt 2,10). Es importante, queridos amigos, aprender a escrutar los signos con los que Dios nos llama y nos guía. Cuando se es consciente de ser guiado por Él, el corazón experimenta una auténtica y profunda alegría acompañada de un vivo deseo de encontrarlo y de un esfuerzo perseverante de seguirlo dócilmente.

"Y postrándose le adoraron" (Mt 2,11). Si en el Niño que María estrecha entre sus brazos los Reyes Magos reconocen y adoran al esperado de las gentes anunciado por los profetas, nosotros podemos adorarlo hoy en la Eucaristía y reconocerlo como nuestro Creador, único Señor y Salvador.

"Abrieron sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra" (Mt 2,11). Los dones que los Reyes Magos ofrecen al Mesías simbolizan la verdadera adoración. Por medio del oro subrayan la divinidad real; con el incienso lo reconocen como sacerdote de la nueva Alianza; al ofrecerle la mirra celebran al profeta que derramará la propia sangre para reconciliar la humanidad con el Padre.

Queridos jóvenes, ofreced también vosotros al Señor el oro de vuestra existencia, o sea la libertad de seguirlo por amor respondiendo fielmente a su llamada; elevad hacia Él el incienso de vuestra oración ardiente, para alabanza de su gloria; ofrecedle la mirra, es decir el afecto lleno de gratitud hacia Él, verdadero Hombre, que nos ha amado hasta morir como un malhechor en el Gólgota.

Los Reyes Magos encontraron a Jesús en "Bêt-lehem", que significa "casa del pan". En la humilde cueva de Belén yace, sobre un poco de paja, el "grano de trigo" que muriendo dará "mucho fruto" (cfr. Jn 12,24). Para hablar de sí mismo y de su misión salvífica, Jesús, en el curso de su vida pública, recurrirá a la imagen del pan. Dirá: "Yo soy el pan de vida", "Yo soy el pan que bajó del cielo", "El pan que yo le daré es mi carne, vida del mundo" (Jn 6,35.41.51).

¡Sed adoradores del único y verdadero Dios, reconociéndole el primer puesto en vuestra existencia!

 

(Mensaje de Juan Pablo II para la JMJ 2005 presidida por el Papa BenedictoXVI) 

 


martes, 12 de agosto de 2025

Historia y origen de las Jornadas Mundiales de la Juventud ( 2 de 2)

 


La Cruz y el Icono de Maria

La historia de la “Cruz del Año Santo”, la “Cruz del Jubileo”, la “Cruz de las JMJ”, la “Cruz peregrina”; muchos la llaman la “Cruz de los jóvenes” : 

La Cruz, antes de pasar de manos de los jóvenes del Canadá a las de los de Alemania durante la misa del Domingo de Ramos de 2003, hizo un viaje a Irlanda para una misión juvenil. Una vez en Roma, para el Domingo de Ramos, Juan Pablo II introdujo un nuevo elemento: a partir de entonces el icono de María Salus Populi acompañaría la peregrinación de la Cruz (Este icono, que es una réplica del icono venerado en Santa María la Mayor en Roma, había estado presente en la JMJ 2000 durante la Vigilia y la Misa papal en Tor Vergata en Roma). El Papa dijo: “A la delegación que ha venido de Alemania le entrego hoy también el icono de María. De ahora en adelante, juntamente con la Cruz, este icono acompañará las Jornadas Mundiales de la Juventud. Será signo de la presencia materna de María junto a los jóvenes, llamados, como el apóstol san Juan, a acogerla en su vida”. Así la Cruz y el Icono empezaron su peregrinación por diferentes países de camino a Alemania.

En la II JMJ realizada enBuenos Aires en 1987 el Papa nos decia: Hoy preside este encuentro la gran cruz que encabezó todas las ceremonias del Año Santo de la Redención, y que el Domingo de Resurrección entregué a un grupo de jóvenes, diciéndoles: “Queridísimos jóvenes, al final del Año Santo os confío el signo mismo de este Año Jubilar. ¡La cruz de Cristo! Llevada por el mundo como señal del amor de nuestro Señor Jesucristo a la humanidad, y anunciad a todos que sólo en Cristo muerto y resucitado está la salvación y la redención”. Al dirigirme ahora a vosotros, jóvenes latinoamericanos, quiero recordaros que sois –a la sombra de la cruz de Cristo– protagonistas de una doble esperanza: por vuestra juventud, esperanza de la Iglesia; y por ser de Latinoamérica, continente de la esperanza. Y todo ello os confiere una particular responsabilidad, ante la Iglesia y ante toda la humanidad. ¡Espero mucho de vosotros!

Al concluir la Misa del Domingo de Ramos el  13 de abril de 2003  XVIII Jornada Mundial de la Juventud los jóvenes recibieron del Papa Juan Pablo II una copia del icono de Maria Salus Populi Romani cuyo original se custodia en la Basilica de Santa Maria la Mayor de Roma, que acompañaría a la Cruz durante su paso por el mundo. Cuando se lo entregó les dijo: “De ahora en adelante, juntamente con la Cruz, este icono acompañará las Jornadas Mundiales de la Juventud. Será signo de la presencia materna de María junto a los jóvenes, llamados, como el apóstol san Juan, a acogerla en su vida.” (13 abril 2003).


Al igual que la Cruz el icono de Maria fue confiado al Centro San Lorenzo  inaugurado el 13 de marzo de 1983.creado por expreso deseo del Papa Juan Pablo II.  Nacido en el año del Jubileo extraordinario de la Redención, se ha convertido en un símbolo de la atención del Santo Padre a los jóvenes y de la custodia de la Cruz del Jubileo ofrecida por el Papa a los jóvenes en 1984. El Centro sigue siendo considerado el símbolo principal de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Durante los últimos treinta años la comunidad internacional Emmanuel ha servido al Centro, animando oraciones y promoviendo actividades con jóvenes de diferentes países, misión que en 2018 le fue  confiada a la Comunidad Shalom.

El icono original es sin duda el icono de la Virgen María más importante de cuantos se conservan en Roma. Durante varios siglos estuvo colocado sobre la puerta del baptisterio de la Basílica de Santa María la Mayor. En 1613 se llevó al altar de la Capilla Paulina construida en dicha basílica. El icono tenía fama de milagroso y, por ello, fue sacado en procesión en varias situaciones de gran necesidad. En una ocasión se le atribuye el milagro de acabar con una plaga en Roma. Mide 117 x 79 centímetros, un tamaño elevado para ser un icono. Desde el comienzo de su pontificado el Santo Padre Juan Pablo II quiso que una lámpara estuviera encendida de día y de noche bajo el icono de María, Salus Populi Romani, como testimonio de su gran devoción.

La Virgen usa una capa azul marino ajustada sobre una túnica púrpura. Unas letras en griego la identifican a la “Madre del Dios”. Su hijo, está sosteniendo un libro en la mano izquierda, probablemente los evangelios. Su mano derecha se levanta en actitud de bendecir, pero es María, no él, el que mira directamente hacia el espectador y le interpela. (Fuente)

Origen de la devoción explicadapor Juan Pablo II en su visita  a la Basílica Santa Maria Maggiore el l8 de diciembre de 1980 

Las Primeras Jornadas:

1984  Roma: Plaza de San Pedro, Domingo de Ramos (15 de abril de 1984) Clausura del Jubileo de los jóvenes en Roma con motivo del Año santo de la Redención El Papa entrega la Cruz a los jóvenes (22 de abril de 1984)

 1985  Roma: Plaza de San Pedro, Domingo de Ramos (31 marzo) Encuentro mundial de jóvenes con motivo del Año Internacional de la Juventud. El Papa dedica una Carta Apostólica a los jóvenes y a las jóvenes del mundo (31 de marzo de 1985) y después anuncia la institución de la Jornada Mundial de la Juventud (20 de diciembre de 1985)

1986  I Jornada Mundial de la Juventud Tema: «Siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza» (1Pt 3,15) Celebración (diocesana) - Domingo de Ramos (23 de marzo de 1986)

1987  II Jornada Mundial de la Juventud Tema: «Hemos conocido y hemos creído en el amor que Dios nos tiene» (1Jn 4,16) Celebración (internacional) - Buenos Aires, Argentina (11-12 abril)

El Camino completo de lasJornadas en el sitio de la Santa Sede 

La Cruz de los Jóvenes 

La cruz de las JMJ 

 

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Historia y origen de las Jornadas Mundiales de la Juventud ( 1 de 2)

 


Quizás nunca sepamos a ciencia cierta el verdadero origen de las Jornadas Mundiales de la Juventud;  si fueron inspiradas por los jóvenes que en su entusiasmo alentaron a Juan Pablo II,  o se trató de sentimientos recíprocos; tan emparentada está su instauración. El Papa siempre agradecía a los jóvenes,  pero entiendo que íntimamente venia albergando y madurando la idea desde sus  primeros inicios como Papa,  analizando como replicar su fructífera experiencia con los grupos de jóvenes (Środowisko) en la parroquia San Florián de Cracovia.  O si vamos más atrás quizás inspirado y fortalecido por el Concilio Vaticano mismo en el cual participo intensa y celosamente,   y el Mensaje que el Papa  Pablo VI,  amigo y consejero, le hiciera llegar a los jóvenes el 8 de diciembre de 1965 l con ocasión de la clausura del Concilio  Vaticano II.  O también en su llamado a los jóvenes a Roma para el Año Santo de 1975,  la Marcha Internacional de Reconciliación Cristiana entre Asis y Roma y su último discurso dirigido a los jóvenesestudiantes de Roma el 25 de febrero de 1978. 

La propia idea de las JMJ,  fue madurando,  enriquecida y respaldada por  todos esos antecedentes y experiencias,  y comenzó a gestarse a principios de 1980 por iniciativa del Consejo para los Laicos, muy cerca de la Plaza San Pedro cuando comenzaron a reunirse los jóvenes para rezar y estar juntos.  (El cardenal Eduardo Pironio  de gran apoyo en esa iniciativa algo más tarde ,  fue designado al frente del Consejo el 8 de abril de 1984 y cumplió esa función hasta el 20 de agosto de 1996).     Y como no  iba a prosperar la idea si el Papa Juan Pablo II se sentía fuertemente alentado después de haber experimentado el entusiasmo del pueblo en México  en  su  primer viaje como Papa, y más tarde el inolvidable viaje a  su querida patria durante aquellos “nueve días que cambiaron el mundo” (Weigel) A partir de allí se fueron sucediendo diversos acontecimientos que,  de alguna manera,  quedaron íntimamente emparentados con la oficialización  de las Jornadas.

Dice George Weigel que Juan Pablo II quedo además profundamente impresionado por el entusiasmo de los jóvenes franceses en su visita a Paris (y Lisieux) Ver su discurso a los jóvenes reunidos en el Parque de los Príncipes  del 1 de junio 1980   y el  extenso Dialogo con los jóvenes durante la Vigilia ese mismo dia 

En 1983 se celebraba el 1950 Aniversario de la Redención. El Papa quería dedicar un año entero a este aniversario “con el fin de que ésta penetre más a fondo en el pensamiento y en la acción de toda la Iglesia.” El jubileo comenzaría el 25 de marzo,  (Apertura de la Puerta Santa) Solemnidad de la Anunciación del Señor y concluiría el 22 de abril de 1984, Domingo de Pascua. 

Con ese motivo Juan Pablo II presento el 6 de enero de 1984 una Bula de Convocacióndel Jubileo Aperite portas Redemptori  y entre otras actividades quiso fijar un encuentro juvenil para el Domingo de Ramos (15 de abril de 1984),  que fue precedido por aquellos días de “la marcha de la luz”  a lo largo de Via della Conciliazione y tres días de meditaciones. Fue la  primer cita “oficial” del Papa  con la juventud de todo el mundo.  

Dos días después, el Domingo de Ramos, de nuevo en la plaza de San Pedro, acuden más de 300.000 jóvenes para celebrar su Jubileo con el Papa. «Eliminad el mal, elegid la vida», dice el Papa invitando a los jóvenes a encontrar en el Redentor la fuerza para conducir a la humanidad al inicio del tercer milenio. El Papa los saluda en varios idiomas en el Ángelus. 

Y concluye ese dia el Jubileo de los Jovenes: “Queridos jóvenes: Vuestra peregrinación jubilar llega a su fin. Comienza la gran semana que nos lleva a la Pascua. Seguid el camino de Cristo a quien hemos aclamado en esta celebración de Ramos. Sed siempre fieles al Redentor de todos los hombres, sed testimonios de El ante el mundo.”

Sorprendentemente, en la basílica de San Pedro no había ninguna cruz que se destacara claramente. Así, con motivo del Año Santo extraordinario de la Redención (1983-1984) el Santo Padre quiso colocar una muy sencilla junto al altar.   Es esa misma cruz que el Domingo 22 de abril de 1984 el Papa entrega a los jóvenes con estas palabas:

"Queridos Jóvenes, al terminar el año Santo de la Redención confió a vosotros mismos el signo de este año Jubilar: La Cruz de Cristo! Llevadla en el mundo mondo, como signo del amor del Señor Jesús por la humanidad y anunciad a todos que solo en Cristo muerto y resucitado hay salvación y redención" 

La invitación fue tomada al pie de la letra por los jóvenes del Centro San Lorenzo, a quienes el Papa Juan Pablo II confió la Cruz y fue llevada en solemne procesión hasta la iglesia de San Lorenzo para ser venerada allí, y ésta sigue siendo hoy su sede durante las pausas de sus numerosas peregrinaciones por el mundo.  Ese mismo año, de hecho, la Cruz fue llevada a Munich, Alemania, y luego a Praga, por el cardenal Tomàsek. Desde entonces, la Cruz ha estado en todos los continentes y siempre ha estado junto al altar durante las Jornadas Mundiales de la Juventud, si bien la original debido a su estado algo deteriorado ha sido reemplazada por otra igual. . (ver mi post El camino de la Cruz de las Jornadas)

En 1985 -  año internacional de la Juventud se celebro junto con el Papa un encuentro internacional de jóvenes en la plaza de San Juan de Letrán en Roma. Juan Pablo II en su bienvenida les recordaba aquelencuentro:  “Efectivamente nos encontramos otra vez como hace un año. Entonces se celebraba el Jubileo extraordinario de la Redención: y nos separamos con el compromiso de volvernos a ver otra vez. Ahora el encuentro se renueva con motivo de la celebración del Año Internacional de la Juventud, proclamado por la Organización de las Naciones Unidas para 1985, con la conciencia del peso decisivo que tienen los jóvenes en todo proyecto que mire al futuro. La Iglesia quiere prestar a esta iniciativa su aportación. Por esto os he dirigido específicamente a vosotros, jóvenes; el Mensaje para la Jornada de la Paz, el 1 de enero de este año. Y ahora vivimos juntos este encuentro internacional, al que —lo veo con inmensa alegría— habéis venido en tan gran número de todas, partes del mundo”.   

Y alli ya encontramos al Cardenal Eduardo Pironio, que en su discurso saluda al Papa en nombre de los jóvenes e  indirectamente sugiere que continúen losencuentros: “Sea este encuentro un punto de partida: el comienzo de un diálogo sereno y profundo, continuo y concreto, personal y comunitario. Un diálogo entre Cristo y los jóvenes de hoy, vívido en el ámbito de cada Iglesia local. Regresando a casa, a la patria, en la parroquia, en la diócesis, en el colegio, en el trabajo de cada día estos jóvenes dirán que han encontrado más íntimamente a Cristo; que han descubierto más universalmente a la Iglesia, que han experimentado profundamente el amor del Padre; que quieren ser testigos del Resucitado, comunicar la alegría y la esperanza a todos los jóvenes, ofrecer generosamente la riqueza singular de su juventud a un mundo que espera la luz, la alegría y la esperanza, la libertad, la justicia y el amor. Porque en definitiva espera, desea, busca a «Cristo nuestra paz».”

Ese mismo Año Internacional de la Juventud el Papa Juan Pablo II dirigió la carta apostolica Dilecti Amici a los jóvenes del mundo.  

Y finalmente  el  Domingo 23 de marzo de 1986,   Domingo de Ramos Juan Pablo II se celebraba en Roma  la Primera Jornada Mundial de la Juventud: “Hoy estáis de nuevo aquí para comenzar en Roma, en la plaza de San Pedro, la tradición de la jornada de la Juventud, a cuya celebración ha sido invitada toda la Iglesia… deseo saludar ahora a todos los que en todas partes —en cualquier país de los cinco continentes— celebran la Jornada de la juventud. El punto de referencia para esta jornada sigue siendo, como cada año, el Domingo de Ramos….“¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”. Sí. Llega. Entró en la historia del hombre. En Jesucristo Dios entró definitivamente en la historia del hombre. Vosotros jóvenes, debéis encontrarlo los primeros. Debes encontrarlo constantemente…“La Jornada de la Juventud” significa precisamente esto: salir al encuentro de Dios, que entró en la historia del hombre mediante el misterio pascual de Jesucristo. Entró en ella de manera irreversible.Y quiere encontraros antes a vosotros, jóvenes. Y a cada uno quiere decir: “Sígueme”.Sígueme. Yo soy el camino, la verdad y la vida. Amén.”

En la II JMJ celebrada en Buenos Aires, (la primer JMJ  internacional)  en su homilía Juan Pablo II recordaba:  “En el Año Santo de la Redención 1983-1984, multitud de jóvenes de distintos países y continentes acudieron en peregrinación a Roma, el Domingo de Ramos, para celebrar aquel Jubileo conmigo. Fue una jornada maravillosa e inolvidable, que volvimos a revivir el año siguiente, con ocasión del Año Internacional de la Juventud. Desde entonces el Domingo de Ramos ha sido proclamado como Jornada de la Juventud para la Iglesia, en todo el mundo. Este año la vivimos juntos aquí, en Buenos Aires. Con vosotros, jóvenes de toda la Argentina, están los que han venido de los diversos países de América y de otras partes del mundo, entre los que se cuentan delegaciones de jóvenes de Roma, que es la diócesis del Papa, y de diversas asociaciones y movimientos internacionales.”

Porque justamente el Domingo de Ramos? Explicaba Juan Pablo II en su homilía del 27 de marzo de 1988para la III JMJ,    “ ¿Por qué, pues, precisamente este día, Domingo de Ramos, se ha convertido en la Iglesia desde hace algunos años en la “fiesta de los jóvenes”?: Jornada de los jóvenes. Es cierto que esta jornada de la juventud se celebra en cada país y en ambientes y períodos diversos, pero el Domingo de Ramos queda siempre para ella como un punto central de referencia. ¿Por qué? Parece que los mismos jóvenes dan a esta pregunta una respuesta espontánea. Una respuesta así la dais todos vosotros, que desde hace años peregrináis a Roma precisamente para celebrar este día (y esto se realizó especialmente el Año de la Redención y el Año dedicado a la juventud).Con este hecho, ¿acaso no queráis hacer ver vosotros mismos que buscáis a Cristo en el centro de su misterio? Lo buscáis en la plenitud de esa verdad que es El mismo en la historia del hombre: “Para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad” (Jn 18, 37). Vosotros buscáis a Cristo en la palabra definitiva del Evangelio, como lo hizo el Apóstol Pablo: En la cruz, que es “fuerza de Dios y sabiduría de Dios” (1Co 1, 24), como confirmó la resurrección. En Cristo —crucificado y resucitado— buscáis precisamente esa fuerza y esa sabiduría.

En su carta con  motivo del Seminario de Estudio sobre las Jornadas Mundiales de la Juventud realizado en Czestochowa  Juan Pablo II volvía a mencionar que la iniciativa había partido de los jóvenes mismos: “Las Jornadas, acogiendo una iniciativa propuesta por los mismos jóvenes, han nacido del deseo de ofrecerles significativos «momentos de pausa» en la constante peregrinación de la fe, que se alimenta también mediante el encuentro con los coetáneos de otros Países y el intercambio de las propias experiencias.”

domingo, 3 de agosto de 2025

Tor Vergata 25 años después

 



Como olvidar aquellos días de las JMJ del año 2000, el multitudunario encuentro en  Tor Vergata con ocasion de la XVI Jornada Mundial de la Juventud  y las palabras del Papa Juan Pablo II:

“¡No tengáis miedo de ser los santos del nuevo milenio!

 “En el año 2000, ¿es difícil creer? Si, es difícil. No hay que ocultarlo. Es difícil, pero con la ayuda de la gracia es posible, como Jesús dijo a Pedro: “No te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que  etá en los cielos”  (Mt, 16,17)



 “Cristo nos ama y nos ama siempre!”

“Nos ama incluso cuando lo decepcionamos, cuando no correspondemos a lo que espera de nosotros. Él no nos cierra nunca los brazos de su misericordia. ¿Cómo no estar agradecidos a este Dios que nos ha redimido llegando incluso a la locura de la Cruz? ¿A este Dios que se ha puesto de nuestra parte y está ahí hasta al final? 

 


Y ayer sábado 2 de agosto en el Diálogo del santo Padre LeonXIV con los jóvenes nos recordaba:   hace veinticinco años, precisamente en el lugar donde nos encontramos, san Juan Pablo II dijo: «es a Jesús a quien buscáis cuando soñáis la felicidad; es Él quien os espera cuando no os satisface nada de lo que encontráis; es Él la belleza que tanto os atrae; es Él quien os provoca con esa sed de radicalidad que no os permite dejaros llevar del conformismo; es Él quien os empuja a dejar las máscaras que falsean la vida; es Él quien os lee en el corazón las decisiones más auténticas que otros querrían sofocar» (Vigilia de oración en la XV Jornada Mundial de la Juventud, 19 agosto 2000). El miedo deja entonces espacio a la esperanza, porque estamos seguros de que Dios lleva a término lo que comienza.

 Y recordaba nuevamente hoy 3 de agosto, en la homilía de la Misa de Clausura



queridos jóvenes, nuestra esperanza es Jesús. Es Él, como decía san Juan Pablo II, «el que suscita en vosotros el deseo de hacer de vuestra vida algo grande, […] para mejoraros a vosotros mismos y a la sociedad, haciéndola más humana y fraterna» (XV Jornada Mundial de la Juventud, Vigilia de oración, 19 agosto 2000). Mantengámonos unidos a Él, permanezcamos en su amistad, siempre, cultivándola con la oración, la adoración, la comunión eucarística, la confesión frecuente, la caridad generosa, como nos han enseñado los beatos Pier Giorgio Frassati y Carlo Acutis, que próximamente serán proclamados santos. Aspiren a cosas grandes, a la santidad, allí donde estén. No se conformen con menos. Entonces verán crecer cada día la luz del Evangelio, en ustedes mismos y a su alrededor.

En Ángelus el Papa renovaba la invitacion que  el Papa Francisco hizo en Lisboa hace dos años: los jóvenes de todo el mundo se volverán a encontrar junto al Sucesor de Pedro para celebrar la Jornada Mundial de la Juventud en Seúl, Corea, del 3 al 8 de agosto de 2027, jornada que tendrá como lema : «Tengan valor: yo he vencido al mundo» (Jn 16,33).


sábado, 12 de abril de 2025

Un Domingo de Ramos especial 12 de abril de 1987 - Clausura de la JMJ y despedida de Juan Pablo II - hace 38 años

 


Un 12 de abril partía ….ya no volvería, pero se quedaba con nosotros, en nuestros corazones para siempre.

Sin quitarle importancia a las visitas realizadas durante la febril actividad de la semana,  aquel Domingo de Ramos de 1987 (y la anoche anterior – la noche de la Vigilia de los Jóvenes)  el pueblo de Dios de la Argentina pudo vivenciar el regalo con el que culminaba su visita: una multitud de jóvenes fervientes y entusiastas de la Argentina y del mundo (alrededor de  un millón – muchas veces me pregunto donde han quedado ese millón o mas de jóvenes!!!) participando de una ceremonia  que era presidida por la gran cruz , aquella que había encabezado todas las ceremonias del Año Santo de la Redención y que el Domingo de Resurrección el Santo Padre entregara “a un grupo de jóvenes, diciéndoles:

“Queridísimos jóvenes, al final del Año Santo os confío el signo mismo de este Año Jubilar. ¡La cruz de Cristo! Llevadla por el mundo como señal del amor de nuestro Señor Jesucristo a la humanidad, y anunciad a todos que sólo en Cristo muerto y resucitado está la salvación y la redención”.  

 

La JMJ 1987 fue honrada con otro privilegio: presente también estaba la autentica imagen de nuestra Madre de Lujan, traída en procesión por los jóvenes desde Lujan para la clausura de la Jornada Mundial de la Juventud.  Además era la primera vez en la historia moderna del papado que el Santo Padre no celebraba la fiesta de Ramos en Roma,  fue verdaderamente un Domingo de Ramos muy especial.

En su homilía el Papa recordaba los comienzos de las JMJ: “En el Año Santo de la Redención 1983-1984, multitud de jóvenes de distintos países y continentes acudieron en peregrinación a Roma, el Domingo de Ramos, para celebrar aquel Jubileo conmigo. Fue una jornada maravillosa e inolvidable, que volvimos a revivir el año siguiente, con ocasión del Año Internacional de la Juventud. Desde entonces el Domingo de Ramos ha sido proclamado como Jornada de la Juventud para la Iglesia, en todo el mundo. Este año la vivimos juntos aquí, en Buenos Aires…”

En esa homilía,  que sin dudas,  debe leerse completa terminaba diciéndonos:

Dejaos abrazar por el misterio del Hijo del hombre, por el misterio de Cristo muerto y resucitado. ¡Dejaos abrazar por el misterio pascual!

Dejad que este misterio penetre, hasta el fondo, en vuestras vidas, en vuestra conciencia, en vuestra sensibilidad, en vuestros corazones, de modo que dé el verdadero sentido a toda vuestra conducta.

El misterio pascual es misterio salvífico, creador. Sólo desde el misterio de Cristo puede entenderse plenamente al hombre; sólo desde Cristo muerto y resucitado puede el hombre comprender su vocación divina y alcanzar su destino último y definitivo.

Dejad, pues, que el misterio pascual actúe en vosotros. Para el hombre, y especialmente para el joven, es esencial conocerse a sí mismo, saber cuál es su valor, su verdadero valor, cuál es el significado de su existencia, de su vida, saber cuál es su vocación. Sólo así puede definir el sentido de su propia vida. Sólo acogiendo el misterio pascual en vuestras vidas podréis “responder a cualquiera que os pida razón de la esperanza que está en vosotros” (1P 3, 15). Sólo acogiendo a Cristo, muerto y resucitado, podréis responder a los grandes y nobles anhelos de vuestro corazón.

¡Jóvenes: Cristo, la Iglesia, el mundo esperan el testimonio de vuestras vidas, fundadas en la verdad que Cristo nos ha revelado!

¡Jóvenes: El Papa os agradece vuestro testimonio, y os anima a que seáis siempre testigos del amor de Dios, sembradores de esperanza y constructores de paz!  “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6, 68).

Aquel que se entregó a Sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte de cruz, El solo tiene palabras de vida eterna. Acoged sus palabras. Aprendedlas. Edificad vuestras vidas teniendo siempre presentes las palabras y la vida de Cristo. Más aún: aprended a ser Cristo mismo, identificados con El en todo.”

Al terminar la misa, el Papa «envió» a los jóvenes al mundo y dio una cruz a cinco representantes de los cinco continentes. Luego Su Santidad rezo el Ángelus  con los fieles y dirigiéndose a la imagen de la Virgen de Luján  pronunció el  Acto de consagración a Nuestra Señora ante Ella. 


 

Concluida la ceremonia del Domingo de Ramos y finalizada la JMJ 1987 el Santo Padre Juan Pablo II se trasladó en papamóvil a la sede de la Conferencia Episcopal Argentina. Luego tuvo un encuentro con el mundo de la cultura argentina en el Teatro Colón

 


Ya en el aeropuerto de Ezeiza pronuncio un breve discurso de despedida y partió…..

no sin antes decirnos: 

Podéis estar seguros de que os llevo a todos muy dentro de mi corazón” 

 impartiéndonos la su Bendición Apostólica.

 

¡Hasta siempre, Argentina!  

fueron sus últimas palabras.

 Este es un reposteo,  con leves ajustes,  del Viaje de Juan Pablo II a la Argentina1987

Viaje de Juan Pablo II a Uruguay, Chile y Argentina y la II JMJ


 

 

viernes, 11 de abril de 2025

Juan Pablo II en la Argentina 1987 - Vigilia JMJ 1987 Buenos Aires hace 38 años – Un llamado a ser «operadores de paz »

 


“Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él” (1Jn 4, 16)                  (Lema de la JMJ 1987 Buenos Aires  tomado de la primera Carta del Apóstol San Juan.)

 

Ya se acercaba la gran ceremonia de la Clausura de  la Jornada Mundial de la Juventud en Buenos Aires, pero aun faltaba la gran fiesta de los jóvenes, esa inmensa alegría que significaba para el Papa encontrarse con los jóvenes, la Vigilia previa ala Clausura,  que es cuando el Papa verdaderamente dialogaba de corazón a corazón con los jóvenes,  como si lo hiciese con cada uno de ellos frente a frente y  les abría su corazón para que ellos abrieran el suyo al mundo.

 

Estamos cumpliendo 38 años desde aquella inolvidable Vigilia en la avenida 9 de Julio,   la noche del sábado 11 de abril cuando el Santo Padre Juan Pablo II mantuvo su encuentro multitudinario con los jóvenes del mundo. En su discurso el Papa pidió conversión, fidelidad, generosidad y esperanza, en fin “una civilización de amor”,  y dijo  “que el problema de la humanidad que más le preocupa es pensar que los hombres aun no conocen a Cristo ni la verdad del amor de Dios.”

Era una noche fría, aunque el calor y la alegría  de los jóvenes reconfortaban al Papa;  el cardenal Pironio sonriente le acerco un  “poncho” …como no iba a ponérselo! 



Era el abrigo que simbólicamente representaba el calor de todos  los presentes y el de todos aquellos que hubiesen querido estar allí….Nunca se había visto tal cantidad de jóvenes en las calles de Buenos Aires….   Hubo cantos, rezos, meditación guitarras, mate y  un breve descanso para aguardar el mensaje del Vicario de Cristo en aquella Vigilia inolvidable.

 

Dándole la bienvenida a todos los jóvenes del mundo expresaba el Papa “¡Qué alegría poder reunirme con vosotros esta tarde, al término de un día tan intenso  y casi al final de mi visita pastoral a Uruguay, Chile y Argentina, que culmina mañana, Domingo de Ramos, con la celebración de la Jornada mundial de la Juventud! Este encuentro de la víspera nos introduce en el clima propio de esa Jornada, que es un clima de fe en el amor que Dios nos tiene.” 

 

“Pensad que el Señor cuenta con vuestra vida de fe – manifestada en obras y palabras – …… Os invito ahora a cada uno personalmente, a que dirijáis una confiada y sincera petición a Dios, como aquel ciego de Jericó que dijo a Jesús: “Señor que vea” (Lc 18, 41). ¡Que vea yo, Señor, cuál es tu voluntad para mí en cada momento, y sobre todo que vea en qué consiste ese designio de amor para toda mi vida, que es mi vocación. Y dame generosidad para decirte que sí y serte fiel, en el camino que quieras indicarme: como sacerdote, como religioso o religiosa, o como laico que sea sal y luz en mi trabajo, en mi familia, en todo el mundo.”

 

“Levántate y anda”  (Mt 4, 16)   era el segundo tema y recordaba palabras de la .  (Celebración de la Palabra en Santo Domingo, III, n. 2, 12 de octubre de 1984). “Desde tu fidelidad a Cristo, resiste a quienes quieren ahogar tu vocación de esperanza” En estas palabras, he querido expresar también por qué es América Latina el “continente de la esperanza”: por la fidelidad a Cristo, que este continente expresa en la gran mayoría de sus habitantes, por su fidelidad a la única esperanza, que es la cruz de Cristo.    Salve, oh cruz, nuestra única esperanza (Hymnus ad Vespras Hebdomadae Sanctae).   Una esperanza que es única y universal.”

 

“El mundo necesita, hoy más que nunca, vuestra alegría y vuestro servicio, vuestra vida limpia y vuestro trabajo, vuestra fortaleza y vuestra entrega, para construir una nueva sociedad, más justa, más fraterna, más humana y más cristiana: la nueva civilización del amor, que se despliega en servicio a todos los hombres. Construiréis así la civilización de la vida y de la verdad, de la libertad y la justicia, del amor, la reconciliación y la paz”.

 

“Os consta cuánto me preocupa la paz del mundo y cómo he realizado con vosotros mismos, en distintas ocasiones, un itinerario evangélico de la paz. Sabéis bien que la paz es un don de Dios – ¡Jesucristo es “nuestra paz”! –, que hemos de pedir con insistencia.   Pero, además debemos construirla entre todos, y esto exige, también, de cada uno de nosotros, una profunda conversión interior. Por eso, queridos jóvenes, hoy quiero comprometeros de nuevo a ser «operadores de paz », por los caminos de la justicia, la libertad y el amor .”

 

Viaje de Juan Pablo II a Uruguay, Chile y Argentina y la II JMJ

Este es un reposteo,  con leves ajustes,  del Viaje de Juan Pablo II a la Argentina 1987 -