Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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sábado, 13 de junio de 2026

Karol Wojtyla en “coloquio” con Maria - Slawomir Oder

 


Don Slawomir Oder, quien fuera el postulador de la causa de beatificación y canonización de Juan Pablo II dice en su libro “Porque es santo” que podríamos fundamentar que Juan Pablo II poseía un don de percepción extraordinaria de lo sobrenatural. Durante unas conversaciones sobre apariciones marianas, alguien de su entorno le pregunto si alguna vez había visto a la Virgen. Y el Papa respondió decidido: “No, no he visto a la Virgen, pero la percibo”.

Habiendo sido aspirante desde los 13 años Karol fue admitido en la Congregación Mariana a los 15 y en 1935 llego a ser presidente de la Congregación mariana estudiantil en el colegio secundario “Marcin Wadowita” de Wadowice. Ya desde aquellos años conservó algunas manifestaciones externas de su pertenencia a Maria; de día acostumbraba llevar el rosario alrededor de su muñeca y de noche lo colocaba sobre la mesita de luz; o el escapulario de la Virgen del Carmelo que siempre llevaba al cuello (escapulario que fue manchado de sangre el dia del atentado en 1981 y del cual no quiso separarse ni siquiera en la sala de operaciones).


A mitades de los años cuarenta practicaba la devoción en el Colegio belga en su tiempo de estudio en Roma: se detenía a menudo para rezar delante de las virgencitas romanas, en capillitas con imágenes o bajorrelieves de la Virgen. En 1981 con ocasión de la Fiesta de la Inmaculada bendeciría el mosaico de Maria Madre de la Iglesia mirando sobre la Plaza San Pedro. Finalmente había encontrado su lugar entre tantas estatuas de apóstoles y santos que desde hacía siglos adornaban la Basílica vaticana y la columnata de Bernini.



Contaba el cardenal Deskur, que cuando fue nombrado arzobispo de Cracovia Wojtyla se encontró con un seminario diocesano casi vacío y entonces decidió hacerle una promesa a Maria: «Hare tantas peregrinaciones a pie a todos tus santuarios grandes y pequeños, cercanos o lejanos según el numero de vocaciones que nos regales cada año». De pronto el Seminario comenzó a repoblarse y contaba casi quinientos alumnos cuando el Arzobispo dejó Cracovia para hacerse cargo de la cátedra de Pedro. Basándose en esta promesa Juan Pablo II insistía que en sus viajes pastorales siempre se incluyera en el programa al menos una visita a un lugar de culto mariano. En Cracovia rezaba por los problemas de la diócesis en el vecino santuario de Kalwaria Zebrzydowska, que visitaba para caminar por sus senderos a menudo cubiertos de barro o de nieve, tanto que su chofer ya había adoptado la costumbre de tener siempre a mano un par de botas de goma. Después de su “conversación” con la Virgen explicaba el arzobispo, cualquier dificultad inexplicablemente encontraba solución.



 Otro lugar mariano que Juan Pablo II llevaba en su corazón era el Santuario de Czestochowa. Un testigo del último viaje a Polonia de Juan Pablo II recordaba: «La capilla donde está la Virgen es muy pequeña. Al buscar un poco de espacio para arrodillarme, me di cuenta recién al final que estaba tan cerca del Santo Pare que casi podría tocarlo. Rezaba. Y en determinado momento rezaba casi en voz alta. Yo no sé que decía. Pero fue una “conversación” excepcional. Parecía no terminar nunca. Aquel encuentro con la “madre “daba vuelta todo el programa de la visita. Y yo de aquel viaje me lleve dentro de mí aquel coloquio. Sin haber comprendido una palabra. O quizás habiéndolas comprendido todas”

La intensidad y la profunda concentración con que se dirigía a Maria atribuían al Papa, a los ojos de quienes lo observaban, un aura casi sobrenatural. Un huésped suyo durante las vacaciones de verano en Castel Gandolfo contaba que después de recitar el rosario con él en el jardín, como de costumbre, «Juan Pablo II se ubicaba delante de la estatua de Nuestra Señora de Lourdes y me pedía que me alejara, pero yo no me alejaba tanto como para no poder verlo. Se quedaba allí por lo menos media hora más para rezar y era como si su persona se transformase también físicamente». El mismo admitía que el rosario era su oración predilecta: «Nuestro corazón puede compendiar en estas decenas del rosario todos los momentos que componen la vida de la persona, de la familia, de las naciones, de la Iglesia y de la humanidad. De esta manera la sencilla oración del rosario late al ritmo de la vida humana».

«Después de una conversación con el Papa» recuerda otro testigo, «he tenido la suerte, mejor dicho el don, de sentirme invitado por él: “Nosotros vamos a rezar el rosario porque no vienes también tu?” Lo seguí a la terraza de sus habitaciones y así comprendí el valor de aquel rosario: un momento de vigilia por su diócesis, por toda la Iglesia, por el mundo, por los que sufren. “Mira” me decía alguna vez entre un misterio y otro, indicándome los diversos edificios del Vaticano y de Roma. En un momento me dejo perplejo al decirme: “Allí, en aquel edificio, también esta su casa”. Y después posaba su mirada sobre la ciudad. Veía todo, sabía todo. “Yo conozco mejor Roma…..” decía sonriendo».

 

Slawomir Oder : "Perche e santo", Rizzoli, 2010, cap 3 Il  mistico, In «coloquio» con Maria

 

(no tengo la version en español, asi que he traducido este trozo de la edicion en italiano)  

jueves, 20 de marzo de 2025

La santidad un don de Dios pero también un deber del hombre – Slawomir Oder

 


¡Ser santos! Pensar en esta realidad, tomar conciencia de lo que significa la llamada bautismal me recuerda siempre el bellísimo cuadro de Caravaggio que se encuentra en la iglesia de San Luis de los Franceses, en Roma: La llamada de Mateo. Jesús que entra en la habitación donde Mateo, con un grupo de hombres inclinados sobre una mesa, están en pleno debate. Mateo se da cuenta de esta presencia y percibe la mano que Jsús tiende hacia ellos. Sorprendido casi perturbado, se señala a si mismo al mismo tiempo que su gesto y y su mano expresan elocuentemente una pregunta: «me lo dices a mi? ¿me llamas a mi precisamente?» Toda la dinámica del encuentro entre el Maestro y el publicano contiene el sabor delo increíble. Mateo está sorprendido, intrigado, confndido. Atónito, consciente de su propia culpa, que como un abismo lo separa de Jesús, se siente, por otro lado, atraído irresistiblemente por la bondad de  quien le ofrece su confianza y su amistad. ¡Es el comienzo de una gran aventura!

Como dijo Juan Pablo II e 1997 en la homilía durante la Misa de beatificación de Karolina Kózkówna en Tárnow (Polonia), en nuestra vida el encuentro con un santo hace surgir en nosotros sentimientos de vergüenza y de esperanza. Sentimos vergüenza por nuestras propias faltas y la distancia entre la santidad y nuestra vida real: esperanza, porque no hay santo que no haya experimentado la misma insuficiencia y no haya luchado y combatido contra su propia debilidad alzando el vuelo hacia lo alto con la ayuda de la gracia de Dios.  Los santos son la prueba más clara de la veracidad delas palabras del arcángel Gabriel a María: «Nada es imposible para Dios!»

La santidad es, por lo tanto, un don de Dios, pero es también un deber del hombre. La constante y diaria superación de si mismo y de sus propios límites, la sorprendente pregunta:«Me lo dices a mi?» en boca de Mateo, que nos hace sonrojar. Una pregunta que hace sentirnos revestidos de la confianza de Dios, que nos asusta pero a la vez nos da alas…. He aquí el esfuerzo de ser hombre y el fascinante desafío de vivir como santo.  En la práctica, el esfuerzo por superarse a si mismo por perseverar en el bien y reencontrar la fuerza diaria en Aquel que nos renueva su confianza se exterioriza en el cumplimiento de las virtudes. Todo retrato de santidad es un mosaico de virtudes, es un confluir de la fe, la esperanza y la caridad, abundante prudencia, justicia, fortaleza, templanza, y una competición entre pobreza, castidad, obediencia y humildad.

(Slawomir Oder, Postulador de la causa de beatificacion y canonización de Juan Pablo II, Totus Tuus Boletin mensual de laPostulacon Nr 1 enero 20008 - Editorial)

 

lunes, 6 de mayo de 2024

Mons Slawomir Oder a 10 años de la canonización de Juan Pablo II

 


Entrevista de Marcin Przeciszewski, KAI

(es also extensa, pero exhaustiva y todo es interesante)

Marcin Przeciszewski, KAI: Han pasado 10 años desde la canonización de Juan Pablo II. Desde la perspectiva de estos años, ¿cómo ve Usted la recepción del legado de Juan Pablo II? ¿Qué considera usted seria lo más importante de su patrimonio en el momento actual?



Monseñor Sławomir Oder: Me resulta difícil determinar qué es lo más importante del legado de Juan Pablo II. Toda su enseñanza sigue siendo un compendio extremadamente rico y aún actualizado de conocimientos teológicos y un estudio muy profundo de la humanidad. Lo que Juan Pablo II subrayó constantemente es la comprensión del misterio del hombre en relación con Dios. Y ésta es la esencia del humanismo cristiano. Mientras tanto, hoy hay intentos de "deificar" al hombre, pero en un sentido que lleva a la eliminación de Dios. Y ésta es una visión típicamente pagana. Sin embargo, en Juan Pablo II es importante leer la verdad sobre la grandeza y la dignidad del hombre a través del prisma del misterio de Dios que, por amor al hombre, se hizo hombre. Y luego, por amor al hombre, aceptó la cruz, por amor al hombre, resucitó de entre los muertos, y por amor al hombre, se hizo nuestro alimento y permaneció con nosotros. Esta lectura del misterio del hombre me parece sumamente importante hoy en día, cuando se intenta reducir a la pura biología, al puro instinto, al sexo, al consumo o al placer.

Pensemos también en las hermosas obras que se inspiraron en las enseñanzas o el testimonio de Juan Pablo II, y que son, en cierto modo, confirmación de todo lo que la Iglesia consideraba un elemento de su santidad. Y se trata de institutos religiosos inspirados en su espiritualidad. Monasterios que realizan la obra de adoración en el espíritu de su documento "Ecclesia de Eucharistia” .  

Institutos científicos y de investigación que se ocupan de la dignidad de la vida humana, cuestiones de paternidad, familia, etc. Todo esto está inspirado en la hermosa visión de la Iglesia que nos dejó Juan Pablo II. Una Iglesia rica en carismas y una Iglesia en la que los fieles sean corresponsables de su vida. Todo esto es obra de este pontificado, que fue una muy buena interpretación del Concilio Vaticano II.

 KAI: La situación actual en Polonia confirma la validez de este mensaje. Pienso, por ejemplo, en el debate sobre el aborto y la defensa de la vida que venimos siguiendo en las últimas semanas.

Obispo Oder: Este debate confirma cuán peligroso es separar al hombre de su relación con Dios y privarlo de su dignidad inherente. El resultado es que lo que el hombre prepara para el hombre se convierte en una gran desgracia.

¿Cómo se puede hablar del derecho al aborto ? ¿Cómo se puede decir que matar a un niño en el vientre de su madre es un derecho humano? Al fin y al cabo, el derecho humano básico, que también se desprende de todos los documentos internacionales, es el derecho a la vida. Y si nos olvidamos de lo que es un derecho humano básico, construiremos una realidad en la que la vida humana puede extinguirse en cualquier momento como la llama de una vela. Y si alguien afirma que se puede matar a una persona durante las primeras 12 semanas de su vida, entonces -a la luz de esta lógica- ¿qué le impide hacerlo en los próximos 12 meses o 12 años?

KAI: ¿Y qué le parece que diría Juan Pablo II en el contexto de lo que está sucediendo hoy en Polonia, si estuviera vivo y viniera aquí?

Obispo Oder: Creo que Juan Pablo II nos diría: "¡Agarraos fuerte a Cristo!"

KAI: La elevación a los altares es la confirmación de la opinión sobre la santidad de una determinada persona por parte de la máxima autoridad. ¿En qué consistió realmente la santidad de Juan Pablo II y cuáles fueron sus principales elementos?

Mons. Oder : No hay santidad sin relación con Dios. El rasgo más característico de Juan Pablo II fue el hecho de que toda su vida estuvo en relación con Dios. En definitiva, era vivir el Evangelio. El Papa Benedicto dijo que "hay tanta santidad en nosotros como la presencia de Cristo". Y el Papa Francisco definió la santidad como "la capacidad de escribir el Evangelio con la propia vida". Ambos criterios estaban presentes en el caso de Juan Pablo II. Fue un hombre profundamente unido a Cristo y que vivió con Él en constante diálogo.

También era un místico. Muy a menudo asociamos a una persona llamada místico con alguien alrededor de quien ocurren fenómenos sobrenaturales. Pero, de hecho, la mística significa que el hombre vive en un constante diálogo interno con Dios y configura su vida en relación con la voluntad de Dios mismo. Tal persona, mirando la imagen de Cristo, intenta configurar su vida y sus elecciones de manera que confirmen el camino indicado por el mismo Cristo, diciendo: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida".

De esto es exactamente de lo que podemos hablar con San Juan Pablo II. Sobre el deseo constante de identificarse con Cristo. Esto se materializó en su conexión espiritual y constante con Cristo durante todo el servicio de evangelización y más tarde  mediante la aceptación incondicional de la cruz y la enfermedad, a través del dolor y el sufrimiento. La forma en que soportó el sufrimiento, uniéndose al sacrificio de Cristo, muestra cómo y cuán profundamente se unió a Cristo. De ello habló Benedicto XVI, quien, pocas semanas después de la muerte de Juan Pablo II, recordó que cuando Juan Pablo II agonizaba, se celebró la Eucaristía junto a su lecho y él, ya no pudiendo recibir el Cuerpo de Cristo. , sólo aceptó unas gotas de sangre como viático para la vida eterna. Y el Papa Benedicto destacó que se trataba de un hermoso testimonio de cómo Juan Pablo II se identificó plenamente con el sacrificio de su Maestro a lo largo de su vida y al final.

KAI: La canonización es también para nosotros un ejemplo de cómo luchar por la santidad. ¿Cómo podemos seguir hoy los pasos marcados por Juan Pablo II?

Obispo Oder: Cada santo se nos presenta no sólo como intercesor, sino también como ejemplo. Seguramente se trata de alguien que supo vivir todas sus experiencias existenciales con espíritu de fe y trató cada acontecimiento como un acontecimiento providencial. Se enfrentó constantemente al Evangelio, se podría decir que escribió el Evangelio con su propia vida. Y aquí nos ayuda la definición de santidad dada por Juan Pablo II, a saber, que "la santidad no es otra cosa que la medida elevada de la vida cristiana ordinaria". Entonces se trata de estar delante de Dios, buscando Su voluntad en todo lo que sucede. Y sobre todo, de vivir todo como una oportunidad para expresar todo nuestro amor a Dios y a las personas. Y este amor fue expresado por Cristo en la cruz. Nos convertimos en santos haciendo de nuestra vida un regalo. No se trata sólo de la voluntad de dar la vida como mártir, sino de cruzar constantemente la barrera natural del egoísmo y dar testimonio de la propia fe en el Dios Trino a través de actos de amor. Amar significa hacerse don para el otro, leer la voluntad de Dios y tratar la historia como obra de la Providencia, que es un lugar de diálogo entre Dios y el hombre. Y Juan Pablo II hizo precisamente eso.

KAI: Usted fue postulador tanto en la etapa de beatificación como en la de canonización. ¿Fueron juicios "fáciles", si se puede usar esa palabra, es decir, la santidad de Karol Wojtyła fue tan obvia que simplemente tuvo que ser descrita durante el juicio, o el Tribunal encontró obstáculos, problemas o interrogantes importantes que pudieran ¿No fue fácil tratar con él? Creo que después de 10 años podemos hablar de ello libremente...



Monseñor Oder: Desde el punto de vista sustantivo, el proceso de beatificación de Juan Pablo II no fue en realidad un proceso difícil, en el sentido de que no hubo problemas que pudieran ensombrecer su santidad.

Al mismo tiempo, debemos recordar que cada proceso de beatificación comienza con la voz del pueblo de Dios - "Santo subito", es decir, con la convicción profunda, arraigada en la conciencia de los fieles, de que alguien santo ha fallecido.

El rápido inicio del proceso de beatificación de Juan Pablo II fue fruto de la voluntad del Papa Benedicto XVI, que escuchó la voz del pueblo de Dios y la interpretó como "Vox populi, vox Dei". La espera de cinco años para que comience el juicio tras la muerte de alguien considerado santo tiene como objetivo principal comprobar la perdurabilidad de la opinión de santidad. En el caso de Juan Pablo II, el Papa Benedicto relajó esta regla debido a la voz del pueblo de Dios que gritó "¡Santo subito!" Esta fue también la voluntad de los cardenales que, en el período anterior al cónclave, por iniciativa del cardenal Tomko, firmaron una petición al sucesor de Juan Pablo II para que iniciara este proceso lo antes posible.

Han pasado diez años desde la canonización y trece desde la beatificación indican que la creencia en la santidad del difunto Papa no fue resultado de un entusiasmo momentáneo o de una histeria colectiva, sino que estaba profundamente arraigada en la creencia del pueblo de Dios, que es la mejor faceta de esta prueba de santidad.

Como dije, el proceso de beatificación de Juan Pablo II no planteó especiales dificultades desde el punto de vista sustantivo. Sin embargo, desde el punto de vista procesal, es posible que surgieran problemas debido a que algunos de los temas discutidos durante el juicio se referían a acontecimientos bastante contemporáneos, a veces aún en curso, y relacionados con distintas personas vivas. Por tanto, determinadas cuestiones requerían un tratamiento muy delicado y mucha precaución. Sin duda, un problema de procedimiento de este tipo podrían haber sido las restricciones existentes a la posibilidad de utilizar los archivos vaticanos. Pero encontramos una solución formulando preguntas específicas que permitieron a los empleados de los Archivos Vaticanos o de los archivos de dicasterios individuales realizar una consulta interna y presentar respuestas que luego se adjuntaron a los expedientes del juicio. Así se ha realizado el deseo de Benedicto XVI, que expresó durante uno de sus encuentros conmigo, diciendo: "¡Hazlo rápido pero bien!".

KAI: ¿Y por favor dígame cuántos testigos hubo en el juicio? Su elección fue probablemente un problema serio, porque había muchas personas que conocían de cerca a Juan Pablo II.

Monseñor Oder: Estoy de acuerdo, pero los procesos de beatificación tienen sus propios criterios claros. No se trata de entrevistar a todas las personas que conocen al candidato a la santidad, sino de entrevistar a las personas más representativas y sustantivamente útiles en un proceso determinado.

 KAI : ¿Qué significa eso?

Obispo Oder : Eran personas seleccionadas según una clave que correspondía al tema que era objeto de investigación. En el proceso de beatificación examinamos la vida, el heroísmo de las virtudes y la reputación de santidad. Por eso era necesario encontrar testigos de estos temas y de cada etapa de la vida y actividad de Juan Pablo II. La segunda clave se refería a ámbitos individuales de la vida de la Iglesia, es decir, a los representantes del clero, a las personas consagradas, pero también a un gran grupo de laicos. Los líderes de los Estados constituyeron un grupo diferente de testigos, porque la Santa Sede y Juan Pablo II actuaron en el campo internacional, preocupados por el verdadero progreso, la paz y el bien de la humanidad. A esto hay que añadir también los testigos que fueron incluidos de oficio, por ejemplo, miembros de la comisión histórica o teólogos que examinaron la corrección teológica de sus escritos, etc. En total, fueron unos 120 testigos.

KAI: Y en cuanto a los jefes de Estado, ¿serían supuestamente Wojciech Jaruzelski y Aleksander Kwaśniewski de Polonia? 

Obispo Oder: No puedo confirmarlo. Todavía me mantienen en secreto. En cualquier caso, se trataba de personas que influyeron en el curso de la historia de aquella época, también desde fuera de Polonia.

KAI: ¿Y la elevación de Juan Pablo II a los altares no se produjo demasiado rápido, porque este tipo de voces han aparecido en los últimos años? 

Monseñor Oder: Puedo asegurarles que todo el proceso se llevó a cabo con el mayor rigor posible, de acuerdo con la voluntad del Papa, que repitió: "Haganlo rápido, pero háganlo bien". En tal proceso, la Iglesia escucha tres voces: la vox populi, la vox Ecclesiae y la tercera voz es la vox Dei. Y la voz de Dios llegó muy rápidamente, y fue un milagro. Se trataba de la curación de la monja francesa Marie Simon-Pierre Normand . El caso de su recuperación de la enfermedad de Parkinson fue objeto de una investigación muy rigurosa. Como el segundo caso que tuvo lugar antes de la canonización. En concreto, cuando el Papa Benedicto estaba declarando beato a Juan Pablo II, ocurrió un milagro en Costa Rica. Fue la curación de la señora Floribeth de un aneurisma cerebral. Y en este último caso, la investigación también se llevó a cabo de forma extremadamente meticulosa. La opinión de los médicos era clara. Así pues, si alguien cuestiona la duración de este proceso, diciendo que es demasiado apresurado, será difícil encontrar un argumento racional.

KAI: Fueron necesarios milagros para la beatificación y la canonización. ¿Todavía suceden y hay algún conocimiento al respecto? ¿Es así como actúa hoy Juan Pablo II?

Monseñor Oder: El lugar donde se enviaba toda la correspondencia sobre este tema era el Vicariato de la ciudad de Roma, donde trabajé durante el proceso. Recuerdo que recibía regularmente cartas de varios rincones del mundo hablando de gracias recibidas por intercesión del Santo.  Se trataba de diversas situaciones de la vida y de la familia, que se referían a experiencias internas, pero también a cuestiones muy prácticas, como encontrar un trabajo o cuestiones muy personales, como las relaciones familiares o la salud.

Había, por así decirlo, dos corrientes de gracia. En la mayoría de los casos se trataba de problemas relacionados con el embarazo, la maternidad, la paternidad, la concepción o el parto. Era toda la esfera de la nueva vida. Y en segundo lugar quedaron las cuestiones del cáncer.

KAI: En los últimos años ha habido acusaciones completamente injustificadas por parte de sus críticos de "encubrir la pedofilia". Provocaron algunas grietas en la imagen de Juan Pablo II en la conciencia pública. Este asunto fue considerado en la etapa del proceso de beatificación. El Obispo lo ha explicado muchas veces... ¿Qué puede decir hoy al respecto? ¿Ha aparecido algún material que arroje nueva luz?

Obispo Oder: No quiero comentar más sobre esto. Todo lo que puedo hacer es repetir que esto ha sido investigado muy a fondo. He repetido muchas veces que el proceso de beatificación se llevó a cabo de manera rápida pero confiable, de acuerdo con la voluntad del Papa Benedicto XVI. Durante el proceso, todos estos temas fueron abordados y explicados con mucho cuidado. No había ningún tema que no fuera tocado y escondido bajo la alfombra. Todos ellos fueron objeto de meticulosa investigación e investigación.

Cuando se trata de Juan Pablo II, estamos ante un hombre muy claro. Todas estas acusaciones – que tuvieron lugar en los medios de comunicación – han sido desmanteladas. No había en ellos rastro de honestidad, sólo mala voluntad. Creo que hoy, 10 años después de la canonización, no tiene sentido volver a ello, y si alguien lo hace es sólo fruto de su mala voluntad o de alguna mentalidad izquierdista anticristiana.

KAI : ¿Cómo hablar a los jóvenes sobre Juan Pablo II? Usted tiene aquí una amplia experiencia. ¿Cómo hacer llegar su enseñanza a los jóvenes?

Obispo Oder: Creo que cada generación tiene personas que influyeron en la formación de actitudes, elecciones y conciencia de esta generación. Nuestra generación es ciertamente aquella en la que Juan Pablo II tuvo una enorme influencia. Al igual que nuestros abuelos y padres, tuvieron importantes guías que los acompañaron.

Sin embargo, hoy los jóvenes tienen puntos de referencia diferentes. Por tanto, me parece que, en primer lugar, debemos evitar el peligro de que a los jóvenes se les presente la persona de Juan Pablo II de una manera que no sea cierta. Y de esto hablamos en la pregunta anterior. Esto podría hacer que este personaje sea obsoleto, poco confiable, sin vida o al menos genérico y monumental para la generación joven. Así que deberíamos hablar de quién fue en realidad Juan Pablo II y de lo importante que sigue siendo para nosotros. Hay que concienciar a los jóvenes de que la historia la crean grandes personajes. Y entre las grandes figuras de la historia de nuestra nación, una de las más importantes es Juan Pablo II, que jugó un papel importante en la historia de Polonia, de la Iglesia y también en la historia de Europa.

Y en segundo lugar, es importante que no nos limitemos únicamente a la comunicación verbal. Es importante que nosotros, como quienes tuvimos la suerte y la gracia de vivir con Juan Pablo II, vivamos y actuemos hoy de acuerdo con lo que él nos enseñó. Debemos ser un ejemplo creíble de lo que nos dejó. Los jóvenes deben ver que la grandeza de Juan Pablo II y el ejemplo de su actitud para nuestra generación son importantes y que constituyen el fundamento de nuestra vida y de nuestras opciones de hoy.

Veo cuántos jóvenes hoy están perdidos y no saben quiénes son. Con cuanta frecuencia los jóvenes son despojados de sus valores, despojados de su esperanza. En el mensaje dominante, el joven es reducido a una criatura que busca placer, sexo, alguien para quien la mejor solución es un condón o la pastilla del día después. La forma en que se está moldeando hoy a los jóvenes y su mentalidad es una barbaridad y un crimen contra el tejido sano de la nación. Juan Pablo II fue quien mostró lo grande que es el hombre a los ojos de Dios. Creo que este es el mensaje que debería llegar a los jóvenes de hoy.

KAI: Usted pasó muchos años con Juan Pablo II. Primero, estando en Roma y teniendo contactos ocasionales con él, pero después como postulador en el proceso de beatificación y canonización. ¿Quién es para usted personalmente Juan Pablo II y qué papel desempeña en su vida? ¿También en su actual ministerio episcopal?

Monseñor Oder: Juan Pablo II ciertamente se ha convertido en una persona muy cercana a mí. Primero, tuve la suerte de vivir en Roma, que estuvo marcada por la presencia y el carisma de Juan Pablo II. Respiré la atmósfera de la Iglesia creada por Juan Pablo II y ciertamente fue algo grandioso.

A su vez, el proceso de beatificación me permitió conocerlo mejor, primero como hombre y, sobre todo, como sacerdote. Su identidad era cien por ciento sacerdotal. Fue un hombre que se entregó a Cristo, amó a Cristo y, habiendo amado a Cristo, amó con el corazón a todo el pueblo de Dios y a la Iglesia.

Y ahora, en el ministerio episcopal que desempeño, él es para mí un ejemplo del Buen Pastor que tiene los ojos abiertos, los brazos abiertos y trata de estar cerca de las personas.

 

KAI: Gracias por la entrevista.

 

 

martes, 19 de julio de 2022

Eucaristia, el verdadero centro de la vida del Papa Wojtyla – Slawomir Oder

 


«Dejadme arrodillar. Aquí está Jesus». Con estas palabras, una persona muy cercana a Juan Pablo II recordaba la última procesión del Corpus Domini en la que participó el Pontífice antes de volver a la casa del Padre.

Su cuerpo estaba gravemente probado por la enfermedad que progresaba, su palabra era a veces difícil de entender, pero su mirada penetrante, profunda, iluminada por la luz de la fe permanecía atenta y vigilante en la presencia del Señor. No quería, no podía permanecer sentado ante Jesus Eucaristía, desbaratando así el plan de los premurosos ceremonieros que, teniendo en cuenta la debilidad física del Papa, habían preparado un sillón para que, sentado, acompañase, con un poco menos de dolor, la procesión hasta la basílica de Santa Maria la Mayor.

Es una imagen simbólica, como lo es la del último Vía Crucis que recuerda a Juan Pablo II agarrado a la Cruz, icono de su pontificado: de rodillas, ante el Maestro presente en le Santísimo Sacramento. ¡La Eucaristia, centro de su vida”.

Como no recordar la mesita en la capilla de la casa del obispo en la calle Franciszkanska en Cracovia, su “despacho privado” , donde trabajaba, oraba, tomaba decisiones de gobierno, donde sentía el latido del corazón de Cristo y donde hacia crecer y perfeccionar su amor al Señor!. En su libro ¡Alzaos, Vamos! Recordaba en este modo aquel lugar: «La capilla en casa, tan cerca, que era suficiente alargar la mano para alcanzarla, es el privilegio del obispo, pero es para él, al mismo tiempo, un gran compromiso. La capilla está tan cerca para que en la vida del obispo todo – la predicación, las decisiones, la pastoral – tenga inicio a los pies de Cristo, escondido en el Santísimo Sacramento»

¡De rodillas, o muchas veces postrado en tierra, ante el Señor! Hay algo particularmente auténtico y conmovedor en esta actitud, en este movimiento espiritual del hombre al mismo tiempo cercano a la gente y propenso hacia la trascendencia de Dios: una tensión constante por llevar a todos los que tenia en su corazón hacia Aquel que es el termino ultimo de todo ser viviente punto de encuentro y de unidad del género humano.

No debe, pues, sorprender que la Eucaristia haya sido centro de la vida de Juan Pablo II y el maravilloso prisma a través del cual escrutaba al hombre, a la Iglesia, la historia del mundo.

No puede no llamar la atención que su última encíclica esté dedicada a este tema tan vital: Ecclesia de Eucharistia.  ¡Es casi como su testamento, la entrega a la Iglesia de lo que consideraba mas precioso, de lo que constituía el hilo conductor de su entera existencia, el ardor de su empuje misionero, la determinación de su compromiso ecuménico, la esencia de su sacerdocio!

La celebración eucarística era para el la medida suprema de ladeuda de amor que le hombre, viviendo un estilo de vida eucarístico, puede intentar de restituir en un acto de amor y de justicia. Habla de ello en el libro Don y Misterio«En la Eucaristía, Cristo devuelve al Padre todo lo que de Él proviene. Se realiza así un profundo misterio de justicia por parte de la creatura hacia el Creador. Es necesario que el hombre haga honor al Creador ofreciendo, con un acto de agradecimiento y de alabanza, todo lo que de Él ha recibido. El hombre no puede perder el sentido de esta deuda, que él solamente, entre todas las otras realidades terrestres, puede reconocer y saldar como creatura hecha a imagen y semejanza de Dios.»

Toda la vida de Juan Pablo II, hombre y sacerdote, fue un acto de justicia realizado con la fuerza del amor. «Debitor factus sum», como anotaba al inicio de su pontificado. Esta profunda espiritualidad eucarística no podía pasar inobservada a quien tenía la posibilidad de frecuentarlo y ha dado de ello un testimonio autorizado. Durante el encuentro con los fieles en ocasión del Ángelus, recordando la figura de su predecesor, el Papa Benedicto XVI  decía asi: «Con cuanta devoción celebraba la santa Misa, centro de sus jornadas. Y cuanto tiempo transcurría en adoración, silencioso, ante el Sagrario! En los últimos meses, la enfermedad lo asemejo cada vez más a Cristo doloroso. Impresiona pensar que, en la hora de la muerte, el haya unido el ofrecimiento de la propia vida a la de Cristo en la Misa que se celebraba junto a su lecho (Ángelus 4/9/2005) .  

Meditando sobre su unión con la Eucaristía, Juan Pablo II indicaba en esa la clave de lectura para descubrir el sentido de lo que acontece en la vida del hombre y el horizonte de esperanza para quien inicia el camino fascinante del “Mysterium fidei”, con el que el sacerdote invita a los fieles después de las palabras de la transubstanciación en la celebración de la Santa Misa, haciendo realmente presente al Señor en medio de su Iglesia: « Hablo de esto desde le lugar al que me ha conducido el amor de Cristo Salvador – explica Juan Pablo II – pidiéndome salir de mi tierra para llevar, a todas partes, fruto con su gracia, un fruto destinado a permanecer (Jn 15,16).Haciéndome eco de las palabras de nuestro Maestro y Señor, repito pues a cada uno de vosotros  [Alzaos, vamos! Caminemos fiándonos de Cristo Será Él quien nos acompañe en el camino, hasta la meta que solo El conoce»,

Slawomir Oder, Postulador de la causa de beatificación y canonización de Juan Pablo II (Publicado en Totus Tuus, revista de la Postulacion, Nr 6, Dic 2010/Enero 2011)

sábado, 16 de mayo de 2020

Slawomir Oder: la apertura de la causa de Beatificacion de Emilia e Karol Wojtyla es un gran gozo


  • Con la constitución de los tribunales correspondientes se abrió el 7 de mayo en Wadowice, Polonia, la fase diocesana del proceso de Beatificación de la Sierva de Dios Emilia, nacida Kaczorowski y del Siervo de Dios Karol Wojtyla, padres de San Juan Pablo II.  La noticia fue comunicada por el Episcopado polaco. La primera sesión solemne de los tribunales tuvo lugar en la Basílica dela Presentación de la Beata Virgen Maria en Wadowice en presencia de todos los decanos de la Arquidiócesis  de Cracovia.  Iniciado el proceso el Arzobispo Marek Jędraszewski, Arzobispo de Cracovia celebro la Santa Misa.
La tarea de los tribunales sera demostrar que Emilia y Karol Wojtyla practicaron las virtudes de modo heroico, que gozan de fama de santidad y por su intercesión el pueblo pide a Dios una gracia.  El postulador de la causa es Mons. Slawomir Oder, quen fue postulador del proceso completo de Beatificación y Canonización de Juan Pablo II fue entrevistado por  VaticanNews y expreso:.

Las figuras de los padres Emilia y Karol de San Juan Pablo II son figuras muy populares en Polonia por eso este inicio de la fase diocesana del proceso es una una enorme alegría no solo para los obispos,  sino para toda la Iglesia en Polonia.  Debo decir por experiencia directa y conocimiento, por cuanto también he sido postulador de la causa de Beatificación de Juan Pablo II que las figuras de los padres que aparecen en este proceso son conocidas en toda Polonia. Por eso pienso que esta noticia es saludada con enorme gozo por todos los entusiastas y devotos admiradores del Papa Wojtyla.

Vatican News
Usted ha sido también postulador del proceso de Beatificación y Canonización de Juan Pablo II el ultimo de sus tres hijos, que mas tarde se convirtió en el Papa que todos conocemos.   Ahora este mismo camino se abre también para sus padres…..En fin una familia santa?

Slawomir Oder
En efecto ante este hecho me vienen a la mente las palabras de Juan Pablo II pronuncio durante la  Misa de Canonizaciòn de Santa Kinga, conocida como Kunigunda, celebrada en Polonia en Stary Sącz, cuando dijo que los Santos nacen Santos, se nutren de los Santos, viven de los Santos y llaman a la santidad. Y en ese contexto habló propiamente de la familia, como lugar privilegiado donde la santidad encuentra sus raíces, la fuente primera para madurar luego en la vida.   Por lo tanto no es de asombrar la  idea de una santidad que Juan Pablo II ha vivido en su ambiente hogareño y luego testimoniado con sus obras.

Vatican News
Después del inicio formal del proceso, el arzobispo de la ciudad Marek Jędraszewski, presidio la Santa Misa por el buen desarrollo de la causa y la invocación de las gracias por intercesión de los Siervos de Dios, obviamente con las restricciones ligadas a la emergencia sanitaria que todo el mundo conoce. Por eso debemos decir que la santidad es mas fuerte que cualquier pandemia. 

Slawomir Oder
Absolutamente. La pandemia no detiene, sino que fortalece la santidad. La dinámica de la Iglesia no puede detenerse ante esta emergencia.  Es verdad que todos vivimos respetando las normas sanitarias pero el Espíritu sopla,  actua donde y como quiere, no se detiene y pienso que también en este clima de opresión podemos decir que de esa tristeza que comportan los cierres y restricciones de la pandemia, este mensaje  trae gran consuelo y  también esperanza para muchos. 

viernes, 11 de abril de 2014

Slawomir Oder: Juan Pablo II una “memoria siempre viva”



El postulador de la causa de canonización de Juan Pablo II, Mons. Slawomir Oder habla de la fuerza del «mensaje de la misericordia» del Papa polaco, que desde Roma se ha extendido a los confines del mundo. Escribe  y entrevista Angelo Zema para Roma Sette


«He estado en el extremo norte del Canadá, en el pueblo de Rankin, donde el obispo local le ha entregado una reliquia de Juan Pablo II a una anciana que le había presentado un testimonio de una espiritualidad muy profunda.  Su mensaje realmente llega a los confines del mundo»  Mons. Slawomir Oder, en su oficina en el tercer piso del Palacio Lateranense donde trabaja como Vicario Judicial del Tribunal de Apelación del Vicariato de Roma, cuenta a Roma Sette acerca de uno de sus últimos viajes alrededor del mundo. Como postulador de la causa de canonización de Juan Pablo II, con una tarea que alcanza su culmen el 27 de abril, con la proclamación del Papa Wojtyla santo, se ha convertido en realidad en una especie de testigo itinerante de la fe y del caudal espiritual del pontífice polaco amado en todo el mundo. La fotografía de aquel pedazo de tierra de América del Norte será incluida en un documental polaco que será presentado en la Vigilia de la canonización: un relato de Juan Pablo II a través de las historias de personas sencillas que de alguna manera han estado en contacto con él o han sentido de manera profunda su testimonio, aun sin haberlo conocido jamás. Es el caso de la anciana de Rankin, un pequeño poblado Inuit en la costa nor-occidental de la Bahia de Hudson. También allí, en el Ártico, resuena el mensaje del Papa que ha gritado «Abrid las puertas a Cristo»  y que ha contribuido a atenuar con la fuerza de la Palabra los sistemas políticos que oprimían al hombre detrás de la cortina de hierro. Es esta la fuerza que el postulador – rector de la Iglesia de santa Maria Inmaculada y San Jose Benedetto Labre, donde se custodia una reliquia del Papa Wojtyla – subraya con énfasis. Una fuerza que, a una distancia de nueve años de su muerte no se ha extinguido.

La presencia de Juan Pablo II aún continúa viva?
Si por cierto. Los testimonios son muchísimos: siguen llegando cartas a nuestras oficinas, el peregrinar a la tumba del pontífice es constante,  el enorme movimiento de peregrinos que se está movilizando para participar en la celebración de la canonización….  Pero también los pedidos de la reliquia itinerante que a partir del día de la beatificación está recorriendo las periferias del mundo, para decirlo al estilo Papa Francisco, con el fin de fortalecer la fe.

Una gran devoción entonces.  Pero cuál es la atención primordial que ha notado al contenido del mensaje de Juan Pablo II?
El Papa Francisco es el mejor intérprete de esta realidad: el mensaje de la Divina Misericordia, uno de los pilares del pontificado de Juan Pablo II, el aspecto mariano, el de la vida sacramental. El mensaje de la misericordia esta en el corazón de la gente. Y en el corazón se renueva, como un eco, también aquel grito de «Abrid las puertas a Cristo»: lo he notado en muchas personas que lo han convertido en  lema de sus vidas y que han encontrado fuerza para seguir adelante aún en situaciones particulares.

Hay alguna historia que considera más significativa? 
El documental del cual hablaba me ha permitido entrar en contacto directo, no solo epistolar,  con la gente. Me ha impresionado mucho por ejemplo, la devoción a la Divina Misericordia propagada en el contexto del genocidio de Rwanda: en los años `90: para muchos ha representando un punto de referencia fuerte para sobrevivir, para volver a comenzar. Otra historia se refiere a la vocación de una religiosa de origen birmano, que ha descubierto la llamada orando ante la tumba de Juan Pablo II y le ha sido fiel  no obstante la difícil situación de aquel país: un signo de primavera para aquella Iglesia.

 A medida que se acerca la fecha de la canonización, el pensamiento regresa a los años de trabajo cumplidos para alcanzar esta meta. Cuáles son los recuerdos más significativos?
Estos nueve años, vistos desde la meta alcanzada, me parecen tan solo un instante. Y sin embargo fueron años de trabajo. Recuerdo de manera muy viva todas las diferentes etapas: ante todo la apertura de la fase diocesana, la solemne clausura en San Juan de Letrán, la historia del milagro en Aix-en-Provence, ocurrido aun antes del inicio de la fase diocesana para el reconocimiento de las virtudes heroicas. Recuerdo con emoción cuando abría el sobre en el cual se hablaba de la curación de Sor Marie Simone-Pierre,  las ansias de una respuesta que no llegaba acerca del contacto con la señora Floribeth en Costa Rica: ahora miro todo esto como si fuesen anécdotas, pero han marcado mi vida. Y también, el gozo de la autorización de las virtudes heroicas, por el decreto del primero y después del segundo milagro, por la celebración de la beatificación en la cual he podido ver en los ojos del Papa Benedicto el gozo de la Iglesia y he podido sentir la oración del pueblo de Dios que se alegraba con este santo.  
  
Hay algún testimonio que le haya emocionado mas durante el proceso?
Viajando por el mundo, debo admitir que los mensajeros en muchos casos han sido testimonios preciosos sobre la vida de Juan Pablo II, sobre todo durante los viajes apostólicos.  Impresiona también fuertemente la actitud del Papa hacia el fin de su vida, cuando pasaba toda la noche en oración, y esto nos hace comprender de donde provenía esa extraordinaria fortaleza espiritual que caracterizaba a este hombre ya tan frágil físicamente.

Cuáles fueron los ecos por el mundo después de la beatificación?
Han nacido en todo el mundo grupos de oración inspirados en la espiritualidad de Juan Pablo II. Han surgido familias religiosas inspiradas en él, y algunas vocaciones, como aquella religiosa birmana, florecieron gracias a él. Una iniciativa muy hermosa fue la construcción del monasterio de vida contemplativa Mater Ecclesiae en Lagos, Nigeria, donde los cristianos viven tiempos de prueba y no es fácil convivir con el Islam.  Quiero subrayar además la «peregrinación» de la reliquia de Juan Pablo II, una ocasión importante para la catequesis de su magisterio y para acercarse al sacramento de la reconciliación.

Cual ha sido la relación del Papa Wojtyla con Roma y como percibe el sentimiento de los romanos después de su muerte?
Juan Pablo II fue Obispo de Roma con todo su corazón. Lo confirmaba siempre, con las palabras, con gestos, en toda ocasión, durante sus visitas. Recuerdo el testimonio de algunas personas que compartían la oración del Rosario recitada por el Papa para Roma. En una ocasión a uno de los huéspedes le mostro su casa: «yo sé donde vive usted, conozco mi ciudad, mi diócesis» En Roma fui invitado por muchas parroquias, en mi iglesia ha surgido un grupo de oración, en la ciudad se ha organizado la primera asociación dedicada a él y oficialmente reconocida por el cardenal vicario. Roma se siente muy unida a Juan Pablo II. Recuerdo el encuentro con una señora, una hebrea, que me dijo haber vivido dos veces la muerte de su padre: la segunda fue cuando murió Juan Pablo II. Si, su memoria esta siempre viva.
9 de abril 2014 
(traducido de Roma Sette) 


jueves, 3 de octubre de 2013

Juan Pablo II santo: concluye una extraordinaria aventura – comentario de Mons. Slawomir Oder para Radio Vaticana (Radiogiornale)




Entrevistado telefónicamente por Paolo Ondarza de RadioVaticana,  el postulador de la causa de canonización del Beato Juan Pablo II, Mons. Slawomir Oder expresaba:
Indudablemente estoy felicísimo con la noticia.  Para mí, esto verdaderamente significa ver finalmente, a nivel personal, la conclusión de una extraordinaria aventura, que he vivido tanto profesional como personalmente. Creo que será verdaderamente un profundo gozo para toda la Iglesia. Aun conservo ante mis ojos la imagen de la Plaza San Pedro abarrotada, el día de la Beatificación: la imagen de una Iglesia que estaba de fiesta.

Pregunta: La fecha elegida: 27 de abril 2014, fiesta de la Divina Misericordia, una fecha particular, una fecha muy especial….

Oder:  En esta fecha yo veo, en cierto sentido, una continuidad en la transmisión del mensaje de la Divina Misericordia.  Creo que el Papa Francisco no eligió esta fecha por casualidad. Todo el Pontificado de Juan Pablo II fue un anuncio de la Divina Misericordia, con su gran deseo de llevar al honor de los altares a Santa Faustina Kowalska e instituir la fiesta de la Divina Misericordia. Y veo al Papa Francisco un extraordinario continuador de este mensaje.
Pregunta: Juan Pablo II es un hombre de nuestros tiempos, de nuestros días, podríamos decir. Hay tantos jóvenes profundamente unidos a su figura, a su magisterio…..

Oder:  La certeza de la canonización es la certeza de que Juan Pablo II verdaderamente está en el Paraíso, en la presencia de Dios y puede interceder por nosotros. Por lo tanto, un santo de nuestros días significa un Santo que conoce nuestros gozos, nuestras preocupaciones, nuestros problemas, nuestros dolores, un Santo que tiene la posibilidad de interpretar nuestras inquietudes más profundas y pedir la gracia divina para estas necesidades.  Pero, por otra parte, es  un ejemplo e vida, una guía segura que nos indica el modo de afrontar los desafíos diarios, para dar testimonio de una vida cristiana.  

martes, 23 de abril de 2013

Canonización del Beato Juan Pablo II en octubre?


En mi post del 8 de enero pasado me preguntaba acerca de la fecha de canonización de nuestro querido Juan Pablo II.  Ahora esta fecha pareciera estar muy cercana. Los polacos especulan, intuyen o saben? Mi amiga polaca ya reservó pasaje y hotel para estar en Roma el fin de semana del domingo 20 de octubre. Además me dice que aparentemente la fecha precisa será anunciada el 1ro de Mayo (aniversario de la beatificación)


En enero de este año el cardenal Giovanni Batista Re, estrecho colaborador de Juan Pablo II durante su pontificado, decía que se le atribuyen muchos milagros y consideraba posible esperar una pronta canonización pero aclaraba que "quien decide si se cumple un milagro –requisito supremo para que se canonice a un santo-, es el médico".
Ante versiones anteriores acerca de la canonización, en febrero el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Cardenal Angelo Amato explicaba a ACI Prensa que su dicasterio sigue trabajando en la causa bajo “reserva absoluta”.
En una entrevista más reciente concedida a Domenico Agasso el cardenalStanislaw Dziwisz entusiasmado expresaba :
“Toda Polonia espera e invoca la canonización de Juan Pablo II, “y sería maraviloso si se diera en el Año de la Fe, es decir antes de noviembre….“tal vez en octubre, a los 35 años de su elección al Trono de Pedro” y se mostraba “feliz de que sea Francisco el que la celebre porque Jorge Mario Bergoglio “hará como Juan Pablo II: derribará los muros, abrirá de par en par las puertas de la iglesia a todos y acercará el mundo a la Iglesia”.
El vaticanista Andrea Tornielli acaba de escribir para VaticanInsider que “la canonización del Papa Wojtyla se está acercando a pasos agigantados y podría celebrarse ya el próximo mes de octubre. Durante los pasados días, la Comisión Médica de la Congregación para las Causas de los Santos de hecho ha reconocido que es inexplicable una curación atribuida al beato Juan Pablo II”. 

Esperamos la confirmación de la fecha con gozo y ansias!
Que emoción lo anunciará Francisco, nuestro Papa argentino!

Fecha probable de canonización: 20 de octubre

Fechas a recordar:

16 de octubre (1978) - anuncio de su elección y su primer saludo.

22 de octubre (1978) inicio de su pontificado y fecha escogida para su memoria litúrgica.

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martes, 8 de enero de 2013

La canonización del Beato Juan Pablo II en 2013 o en 2015?




Se comenta en Polonia que el proceso de canonización ha entrado en su última etapa y que el Beato Juan Pablo II seria proclamado santo en octubre de este año. Aparentemente el milagro necesario está confirmado y la última palabra la tiene el Santo Padre Benedicto XVI.  En realidad esta última etapa del “proceso” es relativamente sencilla pues después de la beatificación “la tarea principal del Postulador es la de vigilar sobre la individuación del nuevo caso de gracia atribuido a la intercesión del Beato Juan Pablo II, de modo que pueda ser reconocido como un eventual milagro, conditio sine qua non para proceder a la Canonización” según palabras del propio postulador de la causa Mons. Slawomir Oder.  Y milagros según parece hubo varios.  El Señor mismo debe poner el sello, su nihil obstat - decía Mons. Oder - en el milagro que los expertos luego analizan desde dos aspectos el médico y el teológico.” El caso es discutido y finalmente el Santo Padre durante una audiencia con el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos decide la promulgación del decreto sobre la autenticidad del milagro.
El profesor Dariusz Kowalczyk de la Pontificia Universidad Gregoriana le comento a un periodista de la TVPolaca que “es muy probable” que la canonización tenga lugar el próximo mes de octubre para la clausura del Año de la Fe. Quizás la fecha seria fijada para el dia 20,  si bien en Polonia también se especula que la ceremonia tendría lugar en Polonia en el 2015 con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia. Si así ocurriese sería la primera canonización con presencia del Santo Padre Benedicto XVI fuera de Roma  
Es difícil hablar de fechas exactas. El año 2013 es ya de por si un año especialmente activo y variado para la Iglesia. Estamos dentro del Año de la Fe y de los 50 años de la clausura del Concilio Vaticano II. Para mayo se anunciaba la inauguración del Museo de la casa natal de Karol Wojtyla en Wadowice.  Además es el año de la Jornada Mundial de la Juventud en Rio, una Jornada que todo indica será similar a la multitudinaria JMJ en Manila. Rio está más cerca para todos los latinoamericanos y solo Brasil tiene una población de cerca de 200 millones de habitantes, siendo Rio la 2da ciudad más poblada  después de San Pablo y entre ambas cuentan con unos 60 millones de habitantes entre ciudad y alrededores.  Esperar también la gracia de la canonización del beato Juan Pablo II durante este año lo haría un año verdaderamente extraordinario y cargado de acontecimientos.
 
La agencia polaca KAI que ha divulgado la noticia de la inminente canonización dice que este tipo de decisiones son tomadas por el Santo Padre tres veces al año, los días previos a Semana Santa (en 2013 sería entre el 18 y el 23 de marzo) antes del periodo estival en Junio o Julio o antes de Navidad. De tal manera si la canonización de Juan Pablo II tuviese lugar en Octubre probablemente tengamos una decisión del Santo Padre hacia el próximo mes de Marzo, si bien la confirmación de la beatificación tuvo lugar un 14 de enero.  Sería una fecha simbólica: 35 años desde el inicio de su glorioso pontificado.
O deberemos esperar hasta el 2015?  Otra fecha simbólica: 10 años después de la partida del Papa Juan Pablo II. La canonización durante la JMJ en Cracovia seria un acontecimiento histórico.   Es una espera larga? No lo se, lo que si se es que nuestro amigo Juan Pablo II es santo  pues no solo “ha sido un maestro sino un testigo que ha vivido, experimentado y compartido el verdadero amor de Cristo” según palabras de Mons. Slawomir Oder y quizás ni siquiera  es tan importante la fecha sino nuestro compromiso en  darle vida a sus enseñanzas, ser portadores de su palabra, su espíritu, su ejemplo de vida.
Quizás debamos agregar que probablemente para Polonia no habrá cambios. Para los polacos Juan Pablo II es santo y en su patria ya era honrado antes de su beatificación. Prematuramente?  Puede ser, pero Polonia no lo ocultó y el Vaticano no hizo mención de ello.   En Cracovia, Wadowice y Kalwaria Zebrzydowska se lo veneraba ante imágenes o altares, si bien laterales. Polonia es en ese sentido muy particular, orgullosa y segura de si misma. Nada les detiene.  Mons. Slawomir Oder, postulador de la causa,  siempre  más cauto y discreto decía a un año de la beatificación:   «de alguna manera han emanado numerosas fuentes de gozo que despertaron una cantidad de iniciativas» mientras se suceden las gracias que los fieles atribuyen al Papa Wojtyla.  Y entre estas gracias, ya podría estar  el milagro que, si es reconocido como tal por la Iglesia podríamos acercarnos  a la canonización del pontífice polaco.  Como se sabe para proceder a la canonización la Iglesia requiere que sea reconocido un milagro atribuido a la intercesión del nuevo beato.  En cuanto a esto no existen plazos ni tiempos mínimos de espera. Puedo decirle que en este momento estoy a la espera de la documentación que se refiere a algunas gracias de las cuales hemos hablado antes. En algunos casos las investigaciones médicas ya han avanzado. Pero se trata de investigaciones preliminares y por lo tanto aun no es posible hablar de selección de un caso específico.  De todas maneras los casos interesantes que merecen profundización ya han sido marcados.  Aquellos que actualmente parecen más interesantes son tres o cuatro.»


Dejando al margen especulaciones sobre probables fechas prestemos oído a las palabras del cardenal Stanislaw Dziwisz en su homilía de la Santa Misa celebrada en la Basílica de Nuestra Señora en Cracovia, con ocasión del sexto aniversario de la muerte del Papa cuando recordaba que la santidad de Juan Pablo II es un don, pero también un deber, un reto. La santidad de otro hombre no solo debe ser admirada,  sino que debemos ganarla en nuestra vida cotidiana, en nuestro propio entorno.. Al morir nos dimos cuenta que perdimos un punto de referencia fiable. Pero al mismo tiempo  despertó en nosotros la esperanza que se quedaba con nosotros de otra manera en otra dimensión quizás aun más eficaz. Nuestras expectativas se cumplieron y la tristeza se convirtió en alegría profunda esperando la beatificación y canonización. La confirmación de su santidad, es para nosotros una indicación que el camino hacia Dios que él nos enseñó, es el camino que tenemos que seguir…..Que su santidad despierte en nosotros el deseo de santidad.”

miércoles, 31 de octubre de 2012

Slawomir Oder: Juan Pablo II, un pontificado que cambió el rostro de la Iglesia




Transcribo textualmente la entrevista realizada a Mons. Slawomir Oder, postulador de la causa de beatificación y canonización de Juan Pablo II, entrevista que fuera publicada en el sitio oficial de la causa, que invito visitar. 


"El 22 de Octubre de 1978 Juan Pablo II desde el altar de la Basílica de San Pedro, repleta de fieles, pronunciaba su primera homilía inaugurando así su magisterio: «No tengáis miedo. Abrid, y aún de par en par, las puertas a Cristo». Aquellas palabras simples y claras pronunciadas por un padre que tiene en el corazón a sus propios hijos han contribuido a cambiar radicalmente el rostro de la Iglesia. Hoy a 34 años de aquel cambio epocal lo queremos recordar junto a Mons. Slawomir Oder, Postulador de la causa de Canonización de Juan Pablo II que desde hace ya un buen tiempo camina junto a nuestro Beato recogiendo y observando todos los «pequeños» milagros que continúa realizando.

Mons. Oder, ¿qué significado tiene hoy esta conmemoración?
Este arco de tiempo ha seguramente esculpido un capítulo importante en la historia de la Iglesia. Ha sido el don de la Providencia para la transición del segundo al tercer milenio. Ha sido su salto de calidad, su salto epocal. Un salto signado por el esfuerzo constante de vivir y poner en práctica las sugerencias y las indicaciones del Concilio Vaticano II; y el magisterio de Juan Pablo II es un símbolo de su perfecta interpretación práctica.


¿Qué influencia ha tenido en la vida del Beato el haber participado al Concilio Vaticano II, del cual este mes se celebra el 50º aniversario?
Karol Wojtyla ha sido uno de los padres conciliares más jóvenes. Siendo todavía obispo, ha vivido muy intensamente aquella realidad que ha profundamente incidido en su identidad sacerdotal y episcopal: distinguiéndose por su fuerte personalidad ha contribuido a la elaboración de algunos de los conceptos más importantes que surgieron del Concilio. Nociones que después han estado presentes a lo largo de todo su pontificado: tomemos como ejemplo la colegialidad manifestada con una fuerte apertura y en el diálogo concreto entre las diversas religiones. También el apoyo concreto y eficaz a la vida laical. Dos puntos que hoy tienen un rol clave en los temas que el 13º Sínodo de los Obispos está tratando en estos días.
Podemos decir que todo el pontificado de Juan Pablo II ha representado el esfuerzo constante por actualizar la inspiración divina presente es aquel gran evento.


Regresando a aquel 1978 ¿Ud. donde se encontraba? ¿Cómo vivió aquel momento?
El día del inicio del pontificado estaba en Polonia. Me acuerdo perfectamente de la atmósfera de esos días. La Misa andaba en onda en una de las poquísimas trasmisiones de carácter religioso que la televisión, controlada en aquel momento por el régimen, permitía. Estábamos todos pegados al televisor para seguir cuanto estaba sucediendo en Roma. Y no se puede no recordar naturalmente las palabras que han caracterizado todo el pontificado de Juan Pablo II, las palabras de la apertura, las palabras del coraje: «No tengáis miedo. Abrid, y aún de par en par, las puertas a Cristo». En aquel momento para nosotros en Polonia, pero pienso que también para todos los creyentes en el mundo, aquel anuncio tenía un significado y un valor del todo particular de fuerza y esperanza.
Incluso ahora en el contexto de los varios encuentros que tengo con los fieles y con las diversas realidad eclesiales aquellas palabras regresan continuamente; constituyen el lema y una constante de su magisterio. Por esta razón Juan Pablo II representa el testimonio del coraje, de la esperanza y del amor de Cristo.

En estos días se está llevando a cabo el 13º Sínodo de los Obispos donde las autoridades eclesiales son llamadas a dar su contribución para el mejoramiento de la Iglesia. 

Ahora bien, partiendo de aquel «abrid las puertas a Cristo», ¿en qué medida piensa que esta invitación ha sido realizada en el curso de estos años?
No es de mi competencia ofrecer una valoración histórica sobre aquello que ha obrado la Iglesia. Puedo decir que toda reforma, todo lo obrado por nuestro Papa Benedicto XVI no es otra cosa que la continuación de la invitación del Beato Juan Pablo II de abrir la propia existencia a Cristo. Porque cuando en la vida de cada creyente está presente Cristo allí está la verdad, la bondad, la esperanza, la autenticidad de la vida cristiana. Allí donde falta esta apertura es entonces que aparecen las situaciones difíciles donde se anida también el pecado. Aquellas palabras son las palabras que debían dar coraje a los pueblos a acoger a Cristo. Y hoy gracias a la obra del Beato Juan Pablo II en primer lugar y al trabajo de nuestro Papa Benedicto XVI después, aquel espíritu resuena todavía al interno de la Iglesia.   


El Papa Benedicto XVI en la misa de apertura del Sínodo ha confirmado que «el Crucifijo debe ser el signo distintivo para anunciar el Evangelio». De esta visión, ¿no surge con fuerza la figura de Juan Pablo II?
Existe una hermosísima foto que todos conocen, de uno de los últimos viernes santos, donde el Beato Juan Pablo II al adorar la cruz la entrega al cardenal Ratzinger. Una hermosísima foto de altísimo contenido simbólico. Un pasaje de entrega del cual hoy vemos la fuerza. No podemos pensar en Juan Pablo II sin la cruz, no podemos pensar a Él sin el testimonio silencioso de su fidelidad al Evangelio, sin aquella tenacidad en el llevar la propia cruz. Y es justamente en aquellos momentos donde la palabra ha perdido lugar, pues en aquellos instantes resonaba con fuerza su testimonio de la centralidad de la cruz. Pensando a esto, resalta inmediatamente la gran actualidad del mensaje de Benedicto XVI: «El Crucifijo es por excelencia el signo distintivo de quién anuncia el Evangelio». 


Haciendo una pequeña comparación, Mons. Oder ¿qué diferencia encuentra entre las emociones y sensaciones experimentadas en aquel día de 1978 con las que vive hoy después del camino que ha recorrido en la Iglesia y en los últimos años junto al Beato Juan Pablo II?
En aquel 1978 era todavía un joven al inicio de la vida madura, en la búsqueda de la propia vocación. Paradojalmente aquel evento ha retardado mi llamada envuelto como estaba de aquella ola de esperanza y libertad. Mi madurez no hubiera sido tal sin la figura de Juan Pablo II que ha sido para mi generación y para las sucesivas la más importante guía espiritual, un hombre de nuestros tiempos. De hecho lo que impresiona y atrae tan fuertemente en nuestro Beato es su contemporaneidad, lo sentimos como uno de nosotros, con nuestros problemas, nuestros titubeos y preocupaciones y al mismo tiempo como al hombre maduro espiritualmente que ha encontrado, no sin dificultad, las respuestas que después ha compartido con nosotros en la comunión con Cristo, abriendo de par en par las puertas de nuestros corazones. Juan Pablo II no ha sido un maestro sino un testigo que ha vivido, experimentado y compartido el verdadero amor de Cristo."
Giuseppe Tetto