Llamados a ser santos

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“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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sábado, 13 de junio de 2026

Kalwaria Zebrzydowska, con Maria por el camino de la Cruz

 


Hoy celebrmos el Corazon Sagrado de Maria. Como no recordar a Juan Pablo II, papa mariano por excelencia y su querida  Kalwaria Zebrzydowska. 

Con cuanto amor y nostalgia hablaba Juan Pablo II de sus peregrinaciones a Kalwaria Zebrzydowska, a tan solo 13 kms de su pueblo natal Wadowice: unas tres horas de caminata, apenas ¼ de hora en auto/bus.  

Emocionado había dicho en su primer visita en 1979: “No sé, desde luego, cómo dar las gracias a la Divina Providencia que me ha concedido una vez más visitar este lugar. Kalwaria Zebrzydowska, el santuario de la Madre de Dios, los Santos Lugares de Jerusalén vinculados a la vida de Jesús y de su Madre, reproducidos aquí, los así llamados "Caminitos". Los he visitado muchas veces, de niño, de joven. Los he visitado como sacerdote. Especialmente he visitado con frecuencia el santuario de Kalwaria como arzobispo de Kraków (Cracovia) y como cardenal. Veníamos aquí muchas veces, los sacerdotes y yo, para concelebrar ante la Madre de Dios. Veníamos en la peregrinación anual de agosto y también en las peregrinaciones de determinados grupos en primavera y otoño. Pero más frecuentemente venía aquí solo, y andando por los caminitos de Jesucristo y de su Madre, podía meditar sus misterios santísimos, y encomendar a Cristo, por medio de María, los problemas especialmente difíciles y de singular responsabilidad en mi complejo ministerio. Puedo decir que casi ninguno de estos problemas ha madurado sino aquí, mediante la oración ardiente ante este gran misterio de la fe que Kalwaria esconde dentro de sí…..Os pido: rezad por mí aquí durante mi vida y después de mi muerte.

 


 

Cuantos gratos recuerdos también me trae a mi de mis visitas a Kalwaria. Caminar por esos senderos de estación en estación en oración, meditación, admiración y agradecimiento por la naturaleza que tan generosamente se ofrece como un regalo adicional de Dios a  peregrinos y visitantes.  A Kalwaria la llevo profundamente grabada en mi corazón. Tenía tantas ganas de conocer ese lugar sagrado adonde Juan Pablo II   acudió en tantas oportunidades durante su vida desde niño a Papa.  Un lugar donde al anochecer todo es silencio y paz, un lugar para quedarse más de un dia, un lugar ideal para ejercicios espirituales solo o grupal.   Alli mismo en el lugar dentrodel predio se ofrece hospedaje.  

 

 


En su ultima visita en 2002 para el IV Centenario del Santuario, Juan Pablo II recordaba en su homilía  “Vengo hoy a este santuario como peregrino, como venía cuando era niño y en edad juvenil. Me presento ante la Virgen de Kalwaria al igual que cuando venía como obispo de Cracovia para encomendarle los problemas de la archidiócesis y de quienes Dios había confiado a mi cuidado pastoral. Vengo aquí y, como entonces, repito:  Dios te salve, Reina y Madre de misericordia.¡Cuántas veces he experimentado – decía - que la Madre del Hijo de Dios dirige sus ojos misericordiosos a las preocupaciones del hombre afligido y le obtiene la gracia de resolver problemas difíciles, y él, pobre de fuerzas, se asombra por la fuerza y la sabiduría de la Providencia divina!.... Este lugar, de modo admirable, ayuda al corazón y a la mente a penetrar en el misterio del vínculo que unió al Salvador que padecía y a su Madre que compadecía….¡Cuán espléndidamente expresa este lugar ese  vínculo misterioso de amor.! La historia afirma que, a comienzos del siglo XVII, Mikolaj Zebrzydowski, fundador del santuario, puso los cimientos para construir la capilla del Gólgota, según el modelo de la iglesia de la Crucifixión de Jerusalén. De ese modo, deseaba sobre todo hacer que el misterio de la pasión y la muerte de Cristo fuera más cercano a sí mismo y a los demás. Sin embargo, más tarde, proyectando la construcción de las calles de la pasión del Señor, desde el cenáculo hasta el sepulcro de Cristo, impulsado por la devoción mariana y la inspiración de Dios, quiso poner en aquel itinerario algunas capillas que evocaran los acontecimientos de María. Así surgieron otros senderos y una nueva práctica religiosa, en cierto modo como complemento del vía crucis:  la devoción llamada vía de la compasión de la Madre de Dios y de todas las mujeres que sufrieron juntamente con ella.”   Hacia el final de la homilía pedía a su “Madre santísima, nuestra Señora de Kalwaria, obtén también para mí las fuerzas del cuerpo y del espíritu, para que pueda cumplir hasta el fin la misión que me ha encomendado el Resucitado.”  Y como despedida agregaba: “En ti pongo todos los frutos de mi vida y de mi ministerio; a ti encomiendo el destino de la Iglesia; a ti entrego mi nación; en ti confío y te declaro una vez más:  Totus tuus, Maria! Totus tuus. Amén.

 


En real y sentida despedida de Kalwaria y de su patria,   al final de la Misa recordaba a los presentes su visita de 1979 y su pedido que orasen por el mientras viva y después de su muerte.  

 

Les daba las gracias a todos por las oraciones y el apoyo espiritual y agregaba como palabras finales: “Y sigo pidiéndoos:  no dejéis de orar -lo repito una vez más- mientras viva y después de mi muerte. Y yo, como siempre, os pagaré vuestra benevolencia encomendándoos a todos a Cristo misericordioso y a su Madre.”

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viernes, 3 de abril de 2026

Viernes santo - mirad el árbol de la cruz

 

Palabras del Papa  Juan Pablo II al finalizar el Via Crucis del Viernes Santo año 2003 


 Ecce lignum crucis, in quo salus mundi pependit... Venite adoremus: 

« Mirad el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo... Venid a adorarlo». 

 


Hemos escuchado estas palabras en la liturgia de hoy: «Mirad el árbol de la cruz...». Son las palabras clave del Viernes santo. 

Ayer, en el primer día del Triduo sacro, el Jueves santo, escuchamos: Hoc est corpus meum, quod pro vobis tradetur: «Esto es mi cuerpo, que será entregado por vosotros».

Hoy vemos cómo se han realizado esas palabras de ayer, Jueves santo: he aquí el Gólgota, he aquí el cuerpo de Cristo en la cruz. Ecce lignum crucis, in quo salus mundi pependit.

¡Misterio de la fe! El hombre no podía imaginar este misterio, esta realidad. Sólo Dios la podía revelar. El hombre no tiene la posibilidad de dar la vida después de la muerte. La muerte de la muerte. En el orden humano, la muerte es la última palabra. La palabra que viene después, la palabra de la Resurrección, es una palabra exclusiva de Dios y por eso celebramos con gran fervor este Triduo sacro.

Hoy oramos a Cristo bajado de la cruz y sepultado. Se ha sellado su sepulcro. Y mañana, en todo el mundo, en todo el cosmos, en todos nosotros, reinará un profundo silencio. Silencio de espera. Ecce lignum crucis, in quo salus mundi pependit. Este árbol de la muerte, el árbol en el que murió el Hijo de Dios, abre el camino al día siguiente: jueves, viernes, sábado, domingo. El domingo será Pascua. Y escucharemos las palabras de la liturgia. Hoy hemos escuchado: «Ecce lignum crucis, in quo salus mundi pependit». Salus mundi!, ¡la salvación del mundo! ¡En la cruz! Y pasado mañana cantaremos: «Surrexit de sepulcro... qui pro nobis pependit in ligno».

 He aquí la profundidad, la sencillez divina, de este Triduo pascual.

Ojalá que todos vivamos este Triduo lo más profundamente posible. Como cada año, nos encontramos aquí, en el Coliseo. Es un símbolo. Este Coliseo es un símbolo. Nos habla sobre todo de los tiempos pasados, de aquel gran imperio romano, que se desplomó. Nos habla de los mártires cristianos que aquí dieron testimonio con su vida y con su muerte. Es difícil encontrar otro lugar donde el misterio de la cruz hable de un modo más elocuente que aquí, ante este Coliseo. «Ecce lignum crucis, in quo salus mundi pependit». Salus mundi!

 


A todos vosotros, amadísimos hermanos y hermanas, os deseo que viváis este Triduo sacro -Jueves, Viernes, Sábado santo, Vigilia pascual, y luego la Pascua- cada vez con más profundidad, y también que lo testimoniéis.

 ¡Alabado sea Jesucristo!

 

-          O -


El texto de las meditaciones del Via Crucis del año 2003, fue el que Papa  Juan Pablo II dirigió al Papa  Pablo VI y a la Curia Romana  con ocasión de los ejercicios espirituales en 1976, cuando Karol Wojtyla era  arzobispo de Cracovia  – también están completas en el sitio oficial del  Directorio Franciscano precedidas por una introducción de Mons. Piero Marini, Maestro de las celebraciones litúrgicas entonces, y también las palabras finales del Papa Juan Pablo II al finalizar la ceremonia (que se leen al comienzo de este texto.)

(Las meditaciones del  Via Crucis fueron publicadas por BAC, Madrid en 1978) bajo el titulo "Signo de contradicción" )

Las meditaciones también fueron publicadas en la revista Humanitas de Chile. 

 

 

 



 

 

 

viernes, 28 de marzo de 2025

El Via Crucis de Karol Wojtyla

 


Vuelvo a publicar el post del 12 de marzo del 2008, con un único cambio el enlace, pues en este enlace del sitio de los franciscanos se encuentran los dos textos completos, tanto del Via Crucis de Karol Wojtyla, como la presentación de Mons. Piero Marini.

 En 1976 Karol Wojtyla fue llamado por el Santo Padre Pablo VI a predicar los ejercicios espirituales de Cuaresma para el Papa y la Curia Romana en la capilla Matilde,actualmente capilla "Redemptoris Mater" del Vaticano. En el breve tiempo que tenia para preparar los 22 sermones o conferencias se “internó” en Zakopane, centro de esqui que el conocía tan bien, y alli entre el 20 y el 25 de febrero inmerso en la capilla dedicó las mañanas a escribir, permitiéndose también algún respiro para deslizarse con su esquies por las laderas de los montes Tatra en Zakopane, que él conocía tan bien.

El 1 de marzo partió para Roma y en el Colegio Polaco le dio el toque final a las meditaciones. Los ejercicios espirituales se realizaron entre el 7 y el 13 de marzo de 1976.

Estos ejercicios espirituales fueron recopilados y publicados en forma de libro y causaron una fuerte impresión entre los intelectuales de Cracovia. Hubo quienes llegaron a expresar que lo veian a Karol Wojtyla como futuro Papa. En español fueron publicados por BAC (1978) con el emblemático título “Signo de Contradicción” (Signo de Contradicción (cf. Lc 2,)

 

Entre las meditaciones estaba incluido el Via Crucis  "uno de los ejercicios de piedad predilectos del Santo Padre: una predilección que hunde sus raíces en la tradiciòn familiar, en la práctica de la parroquia donde Karol Wojtyla fue bautizado y en las opciones pastorales de aquella Polonia en cuyo cuerpo - su tierra -herido, dividido y despojado por potencias extranjeras se ha prolongado el misterio de la pasión de Cristo"  Juan Pablo II desde que Dios, en su designio providencial, lo llamó a la cátedra de Pedro (16 de octubre de 1978) nunca faltó al "Via Crucis" del Coliseo la tarde del Viernes santo (excepto el último en 2005) sentía en él con gran intensidad una profunda relación que une Jerusalén, la ciudad donde Jesús cargado con la Cruz recorrió el último tramo del camino de su vida, con Cracovia, su antigua sede episcopal, cuya catedral se yergue en la colina Wawel, durante muchos siglos corazón de la monarquía y de la Iglesia, prácticamente un emblema de la Polonia gloriosa y arrasada. Y también con Roma, sede del Sucesor de Pedro, a quien Jesús confió la misión de confirmar a los hermanos en la fe (cf. Lc 22, 31), de apacentar sus corderos y sus ovejas (cf. Jn 21, 15-17) y a quien dirigió la última y perentoria invitación: «tú sígueme» (Jn 21, 22)”…. “Al celebrarse el 25º aniversario de servicio pastoral de Juan Pablo II las meditaciones del Via Crucis fueron aquellas originales que entonces ya habian sido publicadas en forma de libro. El Santo Padre habia querido tomar aquel Via Crucis, sacándolo por decir así del retiro de la Capilla Matilde para celebrarlo en una inmensa platea, en la auténtica Statio Urbis et Orbis del Coliseo-Foros imperiales-Palatino en la noche del Viernes Santo. Una decisión meditada e iniciativa feliz que, en otras cosas, permite constatar cómo el Magisterio de Juan Pablo II, «tan grande, tan rico, tan oportuno», está ya en muchos puntos «sintéticamente presente en Signo de Contradicción».  (Mons. Piero Marini)



miércoles, 22 de mayo de 2024

El Golgota de Duda Gracz en Jasna Gora – 2 de 2

 

Los detallados comentarios de las 18 estaciones del Gólgota (Via Crucis) de Jerzy Duda Gracz  que nos ofrece el WebCatolico de Javier merecía algo más que una referencia o una invitación a visitarlo. Por eso me he permitido copiar aquí las primeras dos estaciones.  

 

Primera estación: Cristo es condenado a muerte



Vemos a Cristo de  pie y atado.  Sin embargo, en vez de estar ante Pilatos, está ante otras personas. El motivo es que el juicio a Jesucristo se repite permanentemente, pero quienes le condenan en la actualidad son otros. Vemos a un juez ciego y la palangana para lavarse las manos de la sangre del cordero. Los micrófonos representan a los medios de comunicación, muchos de los cuales se dedican a difundir mentiras sobre la figura de Cristo y la religión tratando de ridiculizar a Cristo y a los cristianos en programas basura. Muchos políticos también juzgan y desprestigian la religión católica, vertiendo mentiras sistemáticamente para engañar al pueblo y a la justicia. Son ellos los que se quieren convertir en dioses y dictar leyes sobre lo que es, a su juicio bueno y malo. Promueven leyes claramente anticristianas como el aborto o la eutanasia. Su objetivo es hacer desaparecer a Dios tanto de la esfera pública como de la privada, en todos los ámbitos, escudándose en una mayor libertad para la ciudadanía. En definitiva. Cristo es condenado a muerte de múltiples maneras.

 

Segunda estación – Cristo carga con la cruz

 



Todo un Dios hecho hombre, Cristo, carga con la cruz y se dirige al Gólgota para ser crucificado para salvarnos de nuestros pecados. Con eta expresión máxima de amor y humildad. Cristo se convierte en la esperanza de todos los enfermos de cuerpo y alma, representados en el cuadro con sus muletas. ¿Ofrecemos al Señor nuestro dolor y sufrimiento como enfermos? ¿Aprovechamos las cruces que el Señor nos envía para ofrecerlas por nuestros hermanos? ¿En quien tenemos puestas nuestras esperanzas?

Gracias Javier!  

El web católico de Javier : las 18 estaciones del Golgota de Jasna Gora condescripción


El Golgota de Duda Gracz en Jasna Gora – 1 de 2

 


En ese espacio sagrado,  de arraigada peregrinación mariana en honor a la Reina de Polonia que es Jasna Gora , lugar místico también para el visitante si va mínimamente preparado  a comprender en parte la vibrante historia del pueblo polaco, te encuentras con algo que te arranca de la  mística y te hace cobrar conciencia del hoy de todos los tiempos:  el Gólgota del pintor polaco Jerzy Duda Gracz (Jerzy Dzierżysław Duda alias Gracz). Al encontrarte con esas imágenes - que a primera vista parecen casi grotescas - de repente  te das cuenta que el artista intenta tocar la fibra  intima del observador sobre momentos trágicos de la historia polaca enlazándola con el Golgota de Cristo, notando también la diferencia entre rostros polacos y el de Cristo,  un rostro de facciones diferentes y no obstante unidos, con un trasfondo que te trae a la mente la emocionante y sentida homilía de Juan Pablo II durante su primer visita a Polonia en el  santuario de la Santa Cruz de Mogila. Esa fue mi experiencia.

Esteban Fernández Cobian en su escrito Arquitectura religiosa contemporánea. El estado de la cuestión describe esa obra magistralmente en breves palabras:  “Hay que decir que, en general, el pueblo polaco es expresionista, como si hubiese encontrado en el arte un medio adecuado para expulsar su intenso dolor. Tal vez uno de los hitos recientes más significativos —por el tema y por el lugar— sea el nuevo Vía Crucis del Tercer Milenio de Jasna Góra, compuesto por dieciocho pinturas realizadas por Jerzy Duda Gracz.  Espeluznante y tierno a un tiempo, esta obra excepcional y compleja que se ha colocado en el lugar más sagrado  de Polonia – al lado de la capilla de la Virgen de Czestochowa -   se alza como un terrible resumen de la historia reciente y como un grito de advertencia a toda la humanidad. Las plagas que actualmente azotan al hombre contemporáneo —desde el aborto masivo a los niños-soldado, desde la hipocresía de los medios a la explotación de la mujer se encuentran presentes en él.”


El artista mismo, nacido en Czestochowa en 1941,  lo llamo el Gólgota de nuestra vida cotidiana de hoy, de ahora y de aquí en la Polonia católica. A ese Via Crucis de 18 pinturas (son 18 estaciones, 4 más de las tradicionales), se le considera  su obra más importante. El autor recordaba,  en una entrevista para Radio Jasna Gora en 2001,  haber venido de niño con su madre a Jasna Gora para rezar por la libertad de su padre y su hermano,  detenidos por los comunistas,  y que en este Gólgota  intento abismarse en el interior de la persona y revelar todo lo que oculta;  y mostrar aquellos que  crucifican a Cristo y a quienes son testigo de su permanente presencia. Muchas de sus pinturas son comparadas con las de Pieter Brueghel, conmovedoras, de emociones profundas, a menudo controvertidas y polémicas.  Un total de  unas 3000 pinturas y alrededor de  200 exposiciones ubican a este pintor, ilustrador, escenógrafo y profesor, en un lugar indiscutible en la historia del arte polaco. Sus años de juventud trascurrieron a la sombra de la guerra y la postguerra, el arresto de su padre y su hermano mayor y la confiscación de la casa familiar. Graduado en la Escuela Secundaria estatal de Tecnología del Arte en Czestochowa  continuó sus estudios en la filial de la Academia de Bellas Arte Jan Matejko de Cracovia en Katowice (actualmente Academia de Bellas Artes de Katowice)  donde se graduó en 1968. Permaneció en Katowice y allí comienzó su trabajo creativo en diversas técnicas: acuarela, oleo, acrílico y tempera.

Sus primeras obras son gráficos de la serie “Judaica”  En la década del 1970 comienza a surgir su estilo característico: realismo con una ligera tendencia hacia lo grotesco.  Alli aparecen “Tríptico polaco”, “Babel 2”, “El juicio final” y “Autorretrato con familia”. El artista llama la atención sobre los males sociales, manías e ideas, con duras críticas. Se burla también de si mismo con autorretratos irónicos.  Admirador de Józef Chełmonski, se rebela contra el espíritu del realismo socialista. Los años 80 son los más marcados políticamente en una clara referencia al movimiento de  “Solidaridad”.   Comienza también a colaborar con el teatro preparando escenografías.  A fines de los 80, principios de los 90 vuelve cada vez más a los recuerdos y experiencias relacionadas con Czestochowa volcando sus recuerdos en dibujos y pinturas con una marcada referencia a lo sagrado y lo profano. Realismo algo grotesco, pero no obstante mostrando sensibilidad de artista para contar historias pasadas no solo de tragedias sino también de momentos hermosos.  Entra en el siglo XXI con su desafío del “Gólgota de Jasna Gora”, y sus dieciocho estaciones pintado para el monasterio paulino de Czestochowa.  Decia el pintor “Este es el trabajo más difícil de mi vida”.  Llevaba madurando la idea durante casi 20 años. Comenzó su trabajo entre 1999/2000. Pinto los cuadros en pocos meses entre agosto de 2000 a marzo de 2001. Los cuadros representan las 14 Estaciones de la Cruz, y además  la Resurrección de Jesús, el encuentro con  Tomás, el envío de los apóstoles y la Ascensión. La pintura más grande es la Estación XII: la crucifixión de Jesús con el fondo de 30 figuras de santos polacos. Cuenta la historia de la Pasión y Resurrección de Jesus de manera diferente a los demás. Más severo, más honesto, mas verdadero sin dejar de lado mitos y leyendas nacionales, símbolos, santos, héroes pero también gente corriente y común. Duda Graz muere el 5 de noviembre de 2004 en Łagow, durante una sesión de pintura al aire libre. (Silwia Góra)

Para mas información :

Esteban Fernandez Cobian: Arquitectura religiosa contemporánea. El estado de la cuestión

Jerzy Duda-Gracz: Relato indiscutido de los polacos 

Agnieszka Jankowska-Marzec : Accursed or absent? Critics towards the Works of Jerzy Duda-Gracz

Alfa y Omega: Misericordiapara el siglo XX

(Las fotos son mias)

 

 

viernes, 29 de marzo de 2024

Viernes Santo “Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”

 


Ecce Homo Antonio Ciseri (imagen de Wikimedia)

“Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido par que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí”(Jn 18,36)

Entonces Pilato le dijo: “Luego tu eres rey?” Respondió Jesus¨: “Si, como dices, soy Rey. Yo  para esto he nacido y para esto he venido al mundo para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”

Le dice Pilato: “Que es la verdad?”  

(…)

El drama de  Pilato se oculta trás la pregunta Qué es la verdad?

No era una cuestión filosófica sobre la naturaleza de la verdad,  sino una pregunta existencial sobre la propia relación con la verdad. Era un intento de escapar a la voz de la conciencia, que ordenaba reconocer la verdad y seguirla. El  hombre que no se deja guiar por la verdad, llega a ser capaz incuso de emitir una sentencia de condena de un inocente.

(…)

Asi fue condenado a muerte en cruz Jesús, el Hijo de Dios vivo, el Redentor del mundo. A lo largo de los siglos, la negación de la verdad ha generado sufrimiento y muerte. Son los inocentes los que pagan el precio de la hipocresía humana. No bastan decisiones a medias. No es suficiente lavarse las manos. Queda siempre la responsabilidad por la sangre de los inocentes.

 

(de la Primera estación – Jesus es condenado amuerte - del Via Crucis de Juan Pablo II año 2003)

 

 

Viernes santo - mirad el árbol de la cruz

  


Palabras de Juan Pablo II al final del Via Crucis del Viernes Santo año 2003 

Ecce lignum crucis, in quo salus mundi pependit... Venite adoremus: 

«Mirad el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo... Venid a adorarlo».

Hemos escuchado estas palabras en la liturgia de hoy: «Mirad el árbol de la cruz...». Son las palabras clave del Viernes santo.

Ayer, en el primer día del Triduo sacro, el Jueves santo, escuchamos: Hoc est corpus meum, quod pro vobis tradetur: «Esto es mi cuerpo, que será entregado por vosotros».

Hoy vemos cómo se han realizado esas palabras de ayer, Jueves santo: he aquí el Gólgota, he aquí el cuerpo de Cristo en la cruz. Ecce lignum crucis, in quo salus mundi pependit.

¡Misterio de la fe! El hombre no podía imaginar este misterio, esta realidad. Sólo Dios la podía revelar. El hombre no tiene la posibilidad de dar la vida después de la muerte. La muerte de la muerte. En el orden humano, la muerte es la última palabra. La palabra que viene después, la palabra de la Resurrección, es una palabra exclusiva de Dios y por eso celebramos con gran fervor este Triduo sacro.

Hoy oramos a Cristo bajado de la cruz y sepultado. Se ha sellado su sepulcro. Y mañana, en todo el mundo, en todo el cosmos, en todos nosotros, reinará un profundo silencio. Silencio de espera. Ecce lignum crucis, in quo salus mundi pependit. Este árbol de la muerte, el árbol en el que murió el Hijo de Dios, abre el camino al día siguiente: jueves, viernes, sábado, domingo. El domingo será Pascua. Y escucharemos las palabras de la liturgia. Hoy hemos escuchado: «Ecce lignum crucis, in quo salus mundi pependit». Salus mundi!, ¡la salvación del mundo! ¡En la cruz! Y pasado mañana cantaremos: «Surrexit de sepulcro... qui pro nobis pependit in ligno».

 He aquí la profundidad, la sencillez divina, de este Triduo pascual.

Ojalá que todos vivamos este Triduo lo más profundamente posible. Como cada año, nos encontramos aquí, en el Coliseo. Es un símbolo. Este Coliseo es un símbolo. Nos habla sobre todo de los tiempos pasados, de aquel gran imperio romano, que se desplomó. Nos habla de los mártires cristianos que aquí dieron testimonio con su vida y con su muerte. Es difícil encontrar otro lugar donde el misterio de la cruz hable de un modo más elocuente que aquí, ante este Coliseo. «Ecce lignum crucis, in quo salus mundi pependit». Salus mundi!

 A todos vosotros, amadísimos hermanos y hermanas, os deseo que viváis este Triduo sacro -Jueves, Viernes, Sábado santo, Vigilia pascual, y luego la Pascua- cada vez con más profundidad, y también que lo testimoniéis.

¡Alabado sea Jesucristo!

 (Las meditaciones del Via Crucis, compuesto por Juan Pablo II con ocasión de los ejercicios espirituales,  que siendo cardenal arzobispo de Cracovia dirigió al Papa  Pablo VI y a la Curia Romana en el año 1976,  – completas en el sitio oficial DirectorioFranciscano) precedidas por una introducción de Mons. Piero Marini

sábado, 11 de abril de 2020

Jesus clavado en la Cruz



Siendo todavía cardenal, en marzo de1976, Juan Pablo II predicó unos ejercicios espirituales en el Vaticano. Asistía, entre otros, el entonces pontífice Pablo VI. Se recogen a continuación las meditaciones de Karol Wojtyla sobre el Via Crucis de aquellos ejercicios. Signo de Contradicción. BAC, 1978.



(Estacion XI del Via Crucis completo)

       


        «Han taladrado mis manos y mis pies y puedo contar todos mis huesos» (Sal 22, 17-18). «Puedo contar...»: ¡qué palabras proféticas! Sabemos que este cuerpo es un rescate. Un gran rescate es todo este cuerpo: las manos, los pies y cada hueso. Todo el Hombre en máxima tensión: esqueleto, músculos, sistema nervioso, cada órgano, cada célula, todo en máxima tensión. «Yo, si fuere levantado de la tierra, atraeré a todos a mí» (Jn 12, 32). Palabras que expresan la plena realidad de la crucifixión. Forma parte de ésta también la terrible tensión que penetra las manos, los pies y todos los huesos: terrible tensión del cuerpo entero que, clavado como un objeto a los maderos de la cruz, va a ser aniquilado hasta el fin, en las convulsiones de la muerte. Y en la misma realidad de la crucifixión entra todo el mundo que Jesús quiere atraer a Sí (cf. Jn 12, 32). El mundo está sometido a la gravitación del cuerpo, que tiende por inercia hacia lo bajo.

        Precisamente en esta gravitación estriba la pasión del Crucificado. «Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba» (Jn 8, 23). Sus palabras desde la cruz son: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23, 34).
V. Te adoramos, ¡oh Cristo!, y te bendecimos.
R. Que por tu santa cruz redimiste al mundo


Via Crucis comleto.

viernes, 19 de agosto de 2011

«Cristo me amó y se entregó por mí» ¿Qué haremos nosotros por él?

«Cristo me amó y se entregó por mí» (Gál 2,20). Ante un amor tan desinteresado, llenos de estupor y gratitud, nos preguntamos ahora: ¿Qué haremos nosotros por él? ¿Qué respuesta le daremos? San Juan lo dice claramente: «En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos» (1 Jn 3,16). La pasión de Cristo nos impulsa a cargar sobre nuestros hombros el sufrimiento del mundo, con la certeza de que Dios no es alguien distante o lejano del hombre y sus vicisitudes. Al contrario, se hizo uno de nosotros «para poder compadecer Él mismo con el hombre, de modo muy real, en carne y sangre… Por eso, en cada pena humana ha entrado alguien que comparte el sufrir y padecer; de ahí se difunde en cada sufrimiento la con-solatio, el consuelo del amor participado de Dios y así aparece la estrella de la esperanza» (Spe salvi, 39).
“Vosotros, que sois muy sensibles a la idea de compartir la vida con los demás, no paséis de largo ante el sufrimiento humano,(*) donde Dios os espera para que entreguéis lo mejor de vosotros mismos: vuestra capacidad de amar y de compadecer.”
VIAJE APOSTÓLICO A MADRID CON OCASIÓN DE LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD18-21 DE AGOSTO DE 2011
(Santo Padre Benedicto XVI en el Vía Crucis con los jóvenes, Plaza de Cibeles, Madrid - Viernes 19 de agosto de 2011)


(*) sufrimiento que en las estaciones del Via Crucis estaba representado por los jovenes que llevaron la Cruz



Invito visitar blog Al Calvario

sábado, 22 de marzo de 2008

Meditaciones de Semana Santa 2008


Ayer participe de la celebración de la Pasión en mi parroquia, más tarde vi por TV parte del Via Crucis desde el Coliseo, y a la noche (nuevamente) la película La Pasión. Fuerte, muy fuerte aunque se vea por segunda vez! Todo ello me invita a meditar, inspirada a su vez en las meditaciones y oraciones del Cardenal Joseph Zen Ze-Kiun, S.D.B. Obispo de Hong Kong, preparadas a pedido del Santo Padre Benedicto XVI para el Via Crucis en el Coliseo 2008.

Es una vivencia fuerte, aunque surja de la pantalla, encontrarnos con el “protagonista de esta Via dolorosa que es Nuestro Señor Jesucristo” así tan cara a cara y ver “tras Él mucha gente del pasado y del presente… nuestros hermanos lejanos…quienes han vivido en su cuerpo la Pasión de Jesús…en su carne de nuevo arrestado, calumniado, torturado, escarnecido, arrastrado, aplastado bajo el peso de la cruz y clavado en aquel madero como un criminal”.

Fuertes también las realidades que nos hacen meditar que los “Coliseos se han ido multiplicando a lo largo de los siglos”, que los nuevos Pilatos se siguen desentendiendo y los nuevos Barrabás se nos ríen en la cara.

Fuerte recordar “la multitud de inocentes que han sido condenados a sufrimientos atroces a lo largo de los siglos”, “las torturas tremendas que siguen surgiendo de la crueldad del corazón humano”, trayéndonos a la mente el “ «Monte de las cruces»”…cada una de aquellas cruces con una historia que contar, historia de dolor y de gozo, de humillación y de triunfo, de muerte y de resurrección”, la multitud de verdugos modernos que han azotado y siguen azotando con látigos sofisticados, que han torturado y enmudecido generaciones enteras, las persecuciones de norte a sur y de este a oeste (no necesariamente en ese orden) tantos genocidios de ayer y de hoy. Y aquí al «Monte de las cruces» agrego el montículo de rosarios descubierto no hace mucho en mi patria de origen y las tantisimas fosas comunes donde tantos fueron enterrados vivos o semi vivos.

Por otro lado nos reconforta el “malhechor arrepentido y las palabras «Te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso»; el “ejército inmenso de cireneos que, aunque sin tener todavía la fe, han aliviado generosamente tus sufrimientos en tus hermanos” “las madres que, corriendo el riesgo de ser arrestadas o perseguidas, han perseverado en la oración en familia, cultivando en el corazón la esperanza de tiempos mejores” todas las Verónicas a nuestro alrededor, la generosidad de Jesus pensando en su madre «Mujer, ahí tienes a tu hijo» y al discípulo «Ahí tienes a tu madre» y con la “entrega al Padre de su último aliento” donándonos “un modo nuevo” para que seamos “capaces también nosotros de ofrecer cada aliento a su Dador

“Muerte verdadera, silencio auténtico, la Palabra de Vida callará durante tres días”