Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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viernes, 1 de mayo de 2026

San Jose trabajador

 

 (fotografia de esta pagina)

Además de ser el padre adoptivo de Jesús y el esposo de María, - como enseñan los Evangelios - san José era herrero, artesano y carpintero. Con su vida de honesto trabajador, san José ennoblece el trabajo manual con el que mantiene a su Santa Familia y participa en el proyecto de salvación.

José, el "Justo"

En el lenguaje bíblico de las Escrituras, se usa el apelativo de "Justo" (Mt 1,19) para denominar a todo aquel que ama y respeta la Ley como una expresión de la voluntad de Dios. José lo hace. Descendiente de la Casa de David, es un hombre no anciano que está comprometido con María. (Mt 1,18) Y, como su esposa dijo "sí" a un ángel, (Lc 1,38) también él dirá su "sí" a otro ángel que lo visitará en un sueño para tranquilizarlo sobre el origen del embarazo de María, como fruto del Espíritu Santo. (Mt 1,20) Su característica es la discreciòn y el silencio que lo hacen evitar protagonismos. Cuando Jesús comienza su vida pública, en las bodas de Caná, (Jn 2 1-12) los Evangelios ya no lo mencionan: probablemente murió, pero no sabemos ni cuándo ni dónde. Mucho menos se sabe donde habría sido sepultado.

 

El trabajo: participación en el plan divino

Del mismo modo que los padres enseñan su oficio a sus hijos, tambièn José lo hizo con Jesús. Por eso, a Jesús se le llama a menudo en los Evangelios "el hijo del carpintero". (Mt 13,55) Más que ningún otro, San José representa la dignidad del trabajo humano, que es el deber y la perfección del hombre, que ejerce su dominio sobre la Creación, prolonga la obra del Creador, ofrece su servicio a la comunidad y contribuye al plan de salvación. José ama su trabajo. Como hombre de fe, supera el cansancio y lo eleva a la práctica de la virtud; como no aspira a la riqueza y no envidia a los ricos, siempre conserva la paz: el trabajo para él no es un medio de satisfacer la ambición, sino sólo un medio de sustento para su familia. En fin, como se prescribe a los judíos, el sábado observa el descanso semanal y participa en las celebraciones (religiosas). (Lc 2,22-28; 41-50).


La fiesta de San José Obrero

Fue establecida oficialmente por Pío XII el Primero de mayo de 1955 para ayudar a los trabajadores a no perder el sentido cristiano del trabajo. Precedentemente, (el 8 de diciembre de 1870), Pío IX ya había reconocido de alguna manera la importancia de San José como trabajador cuando lo proclamó Patrono de la Iglesia universal. (Hace justamente 150 años). El principio del trabajo como medio de salvación eterna fue también retomado por Juan Pablo II en su Encíclica Laborem Exercens, en la que lo llamó "el Evangelio del trabajo". Se dice que incluso el Cardenal Roncalli - el futuro Juan XXIII - elegido como sucesor de san Pedro, motivado por su devoción al padre adoptivo de Jesús, habría pensado en llamarse José. Finalmente, también muchos otros santos, fueron grandes devotos de San José, como Santa Teresa de Ávila.

 

Texto completo de Vatican News


 

Laborem exercens – la Encíclica sobre el trabajo de Juan Pablo II

 


El 14 de septiembre de 1981, en el 90 aniversario de la Carta Encíclica Rerum Novarum (sobre la situación de los obreros) el Santo Padre Juan Pablo II regalaba al mundo del trabajo humano la suya Laborem exercens.

El mismo explica en el punto 1 de la Encíclica que “Habiéndose cumplido, el 15 de mayo del año en curso, noventa años desde la publicación —por obra de León XIII, el gran Pontífice de la «cuestión social»— de aquella Encíclica de decisiva importancia, que comienza con las palabras Rerum Novarum, deseo dedicar este documento precisamente al trabajo humano, y más aún deseo dedicarlo al hombre en el vasto contexto de esa realidad que es el trabajo. En efecto, si como he dicho en la Encíclica Redemptor Hominis, publicada al principio de mi servicio en la sede romana de San Pedro, el hombre «es el camino primero y fundamental de la Iglesia»,4 y ello precisamente a causa del insondable misterio de la Redención en Cristo, entonces hay que volver sin cesar a este camino y proseguirlo siempre nuevamente en sus varios aspectos en los que se revela toda la riqueza y a la vez toda la fatiga de la existencia humana sobre la tierra”

Con motivo del XX aniversario de la Encíclica con ocasión de la Conferencia Internacional sobre "El trabajo, clave de la cuestión social", organizada por el Consejo pontificio Justicia y paz, el Santo Padre consideraba oportuno “poner de relieve la dimensión subjetiva del trabajo, frente a las profundas transformaciones económicas y sociales que la época actual está viviendo. En efecto – agregaba - en este importante ámbito de la vida social, estamos atravesando una profunda evolución, que a veces tiene las características de un cambio radical. Ha cambiado la forma del trabajo, así como sus horarios y lugares. En los países más industrializados el fenómeno ha cobrado tales dimensiones, que el modelo del trabajo dependiente, realizado en grandes fábricas con horarios rígidos, pertenece ya al pasado. Como toda gran transformación, también esta presenta elementos de tensión y, al mismo tiempo, de complementariedad entre la dimensión local de la economía y la dimensión global; entre la que se define "antigua" economía y la "nueva"; entre la innovación tecnológica y la exigencia de salvaguardar los puestos de trabajo; entre el crecimiento económico y la compatibilidad ambiental.Sin embargo, sería un grave error creer que las transformaciones actuales acaecen de modo determinista. El factor decisivo, dicho de otro modo, "el árbitro" de esta compleja fase de cambio, es una vez más el hombre, que debe seguir siendo el verdadero protagonista de su trabajo. Puede y debe hacerse cargo de modo creativo y responsable de las actuales transformaciones, para que contribuyan al crecimiento de la persona, de la familia, de la sociedad en la que vive y de la entera familia humana (cf. Laborem exercens, 10.

Por su parte el entonces cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en su conferencia acerca de «Las catorce encíclicas del Santo Padre Juan Pablo II» en el congreso organizado por la Universidad Pontificia Lateranense expresaba que


“A la década 1981-1991 pertenecen las tres encíclicas sociales: «Laborem exercens», «Sollicitudo rei socialis» y «Centesimus annus». Las tres grandes encíclicas sociales aplican la antropología del Papa a la problemática social de nuestro tiempo. Juan Pablo II subraya la primacía del hombre sobre los medios de producción, la primacía del trabajo sobre el capital y la primacía de la ética sobre la técnica. En el centro está la dignidad del hombre, que es siempre un fin y jamás un medio. A partir de aquí se esclarecen las grandes cuestiones actuales de la problemática social en contraposición crítica tanto con el marxismo como con el liberalismo”.

 


miércoles, 5 de mayo de 2021

Juan Pablo II: En el trabajo humano, una parte de la Cruz

 


El sudor y la fatiga, que el trabajo necesariamente lleva en la condición actual de la humanidad, ofrecen al cristiano y a cada hombre, que ha sido llamado a seguir a Cristo, la posibilidad de participar en el amor a la obra que Cristo ha venido a realizar.85 Esta obra de salvación se ha realizado a través del sufrimiento y de la muerte de cruz. Soportando la fatiga del trabajo en unión con Cristo crucificado por nosotros, el hombre colabora en cierto modo con el Hijo de Dios en la redención de la humanidad. Se muestra verdadero discípulo de Jesús llevando a su vez la cruz de cada día86 en la actividad que ha sido llamado a realizar.

Cristo «sufriendo la muerte por todos nosotros, pecadores, nos enseña con su ejemplo a llevar la cruz que la carne y el mundo echan sobre los hombros de los que buscan la paz y la justicia»; pero, al mismo tiempo, «constituido Señor por su resurrección, Cristo, al que le ha sido dada toda potestad en el cielo y en la tierra, obra ya por la virtud de su Espíritu en el corazón del hombre... purificando y robusteciendo también, con ese deseo, aquellos generosos propósitos con los que la familia humana intenta hacer más llevadera su propia vida y someter la tierra a este fin».87

En el trabajo humano el cristiano descubre una pequeña parte de la cruz de Cristo y la acepta con el mismo espíritu de redención, con el cual Cristo ha aceptado su cruz por nosotros. En el trabajo, merced a la luz que penetra dentro de nosotros por la resurrección de Cristo, encontramos siempre un tenue resplandor de la vida nueva, del nuevo bien, casi como un anuncio de los «nuevos cielos y otra tierra nueva»,88 los cuales precisamente mediante la fatiga del trabajo son participados por el hombre y por el mundo. A través del cansancio y jamás sin él. Esto confirma, por una parte, lo indispensable de la cruz en la espiritualidad del trabajo humano; pero, por otra parte, se descubre en esta cruz y fatiga, un bien nuevo que comienza con el mismo trabajo: con el trabajo entendido en profundidad y bajo todos sus aspectos, y jamás sin él.

 

(de la Enciclica Laborem exercens, n. 27 de Juan Pablo II)

viernes, 29 de abril de 2016

La dignidad del trabajador de campo



“El mundo deprimido del campo, el trabajador que con su sudor riega también su desconsuelo, no puede esperar más a que se reconozca plena y eficazmente su dignidad no inferior a la de cualquier otro sector social. Tiene derecho a que se le respete, a que no se le prive –con maniobras que a veces equivalen a verdaderos despojos– de lo poco que tiene; a que no se impida su aspiración a ser parte en su propia elevación. Tiene derecho a que se le quiten las barreras de explotación, hechas frecuentemente de egoísmos intolerables y contra los que se estrellan sus mejores esfuerzos de promoción. Tiene derecho a la ayuda eficaz –que no es limosna ni migajas de justicia– para que tenga acceso al desarrollo que su dignidad de hombre y de hijo de Dios merece.”


viernes, 20 de septiembre de 2013

Juan Pablo II: la actitud de Jesús hacia la mujer



(imagen de la escultura de Michelangelo en el Museo del Duomo de Florencia, Italia - Wikipedia)

“Es particularmente conmovedor meditar en la actitud de Jesús hacia la mujer: se mostró audaz y sorprendente para aquellos tiempos, cuando, en el paganismo, la mujer era considerada objeto de placer, de mercancía y de trabajo, y, en el judaísmo, estaba marginada y despreciada.

Jesús mostró siempre la máxima estima y el máximo respeto por la mujer, por cada mujer, y en particular fue sensible hacia el sufrimiento femenino. Traspasando las barreras religiosas y sociales del tiempo, Jesús restableció a la mujer en su plena dignidad de persona humana ante Dios y ante los hombres. ¿Cómo no recordar sus encuentros con Marta y María (Lc 10, 38-42), con la Samaritana (Jn 4, 1-42), con la viuda de Nain (Lc 7, 11-17), con la mujer adúltera (Jn 8, 3-9) con la hemorroisa (Mt 9, 20-22), con la pecadora en casa de Simón el fariseo (Lc 7, 36-50) ? El corazón vibra de emoción al sólo enumerarlos. ¿Y cómo no recordar, sobre todo, que Jesús quiso asociar algunas mujeres a los Doce (Lc 8, 2-3), que le acompañaban y servían y fueron su consuelo durante la vía dolorosa hasta el pie de la cruz? Y después de la resurrección Jesús se apareció a las piadosas mujeres y a María Magdalena, encargándole anunciar a los discípulos su resurrección (Mt 28, 8).

Deseando encarnarse y entrar en nuestras historia humana, Jesús quiso tener una Madre, María Santísima, y elevó así a la mujer a la cumbre más alta y admirable de la dignidad, Madre de Dios encarnado, Inmaculada, Asunta, Reina del cielo y de la tierra. ¡Por eso, vosotras, mujeres cristianas, debéis anunciar, como María Magdalena y las otras mujeres del Evangelio debéis testimoniar que Cristo ha resucitado verdaderamente, que El es nuestro verdadero y único consuelo! Tened, pues, cuidado de vuestra vida interior, reservándoos cada día un pequeño oasis de tiempo para meditar y rezar.”
(tomado de Evangelizo - el Evangelio de cada dia)



sábado, 22 de septiembre de 2012

Karol Wojtyla, el Papa obrero: “aquellos cuatro años de trabajo me han valido más que dos doctorados”



(foto de Wikipedia)

el Papa preguntaba  ¿Qué tiene que ver la religión con la industria?, ¿no son dos realidades heterogéneas? ¿No vienen a mezclar lo sagrado con lo profano? ….y más adelante respondía: “ si el hombre es el valor primero, nosotros no podemos disminuirlo y como decapitarlo, negándole su proyección esencial hacia la trascendencia, es decir, hacia Dios, que ha hecho del hombre el colaborador. En esta visión superior, el trabajo, castigo y al mismo tiempo premio de la actividad humana, comporta otra relación, esto es, la esencialmente religiosa, que ha expresado felizmente la fórmula benedictina: ¡Ora et labora! El hecho religioso confiere al trabajo humano una espiritualidad animadora y redentora. Este parentesco entre trabajo y religión refleja la alianza misteriosa, pero real, que media entre el actuar humano y el providencial de Dios, causa primera que rige y gobierna la creación”.

Terminado su discurso oficial Juan Pablo II en la parte más íntima de su diálogo con los trabajadores les contaba su propia experiencia de obrero:

“Como he dicho al comienzo, es la primera vez que hablo a trabajadores, a operarios de una ciudad obrera; la primera vez en Italia, pues lo he hecho con frecuencia en Polonia. Sobre todo, ya sabéis que yo también he sido obrero durante más de cuatro años y valoro mucho aquel período de mi vida. He dicho en muchas ocasiones que en aquellos cuatro años de trabajo me han valido más que dos doctorados. Y debo añadir que precisamente entablé amistad con obreros de mi mismo taller, de la misma fábrica en la que trabajábamos juntos, y esta amistad ha durado hasta después de la guerra, hasta después de la ocupación nazi.
Cuando era ya sacerdote y después obispo y cardenal, he seguido manteniendo estos contactos personales con mis amigos trabajadores. Además, vengo de una parte de Polonia que es la más industrializada del país, o sea, la parte meridional de Polonia, entre Cracovia y Silesia. Y siendo obispo y cardenal, he tenido muchas, muchísimas ocasiones de ir a Nowa Huta, centro conocido quizá también en Italia, ciudad industrial surgida en un pueblo de labradores y que ahora con sus 200.000 habitantes es mucho más grande que Pomezia; está situada en las cercanías de Cracovia. Otras ocasiones eran los encuentros con los obreros de Silesia, centro muy industrial donde sobre todo hay mineros. Con todo esto quiero haceros notar un detalle. Al hablaros aquí esta tarde a vosotros, obreros italianos de Pomezia, he estado esperando a ver cuál era vuestra reacción a las palabras del Papa que se encuentra por vez primera entre obreros italianos. He hablado sólo de problemas fundamentales: religión y trabajo, Iglesia y mundo del trabajo; y no he entrado en detalles porque no conozco bastante la situación. En Polonia he hablado siempre de otro modo; pero es que allí tenía experiencia personal y, como conocía los problemas, podía entrar en cuestiones particulares. Debo decir que ha habido algo que me ha impresionado y es vuestra reacción cuando he dicho "el trabajo es para el hombre y no el hombre para el trabajo". Vuestra reacción ha sido la misma que en Polonia. Me acuerdo todavía de mi última homilía en Piecary, Silesia, ante 200.000 trabajadores, mineros en su mayoría. Cuando pronuncié esa frase, la reacción fue la misma. Se ve que existen algunos elementos, algunos principios que son comunes y de los que se deduce enseguida tanto en Italia como en Polonia —y pienso que en todo el mundo— que la verdad es tal que no puede ser otra. Os doy las gracias por ello, porque he tenido con los obreros italianos la primera experiencia personal que ciertamente me servirá y ayudará a captar, conocer y comprender cada vez mejor el mundo del trabajo y el mundo de los obreros de Italia. A ello estoy llamado, pues siendo Obispo de Roma y siendo Papa, soy servidor vuestro. Como dijo Cristo, no he venido a ser servido sino a servir.”

miércoles, 2 de mayo de 2012

El trabajo : deber y obligación moral del hombre



“El trabajo es, como queda dicho, una obligación, es decir, un deber del hombre y esto en el múltiple sentido de esta palabra. El hombre debe trabajar bien sea por el hecho de que el Creador lo ha ordenado, bien sea por el hecho de su propia humanidad, cuyo mantenimiento y desarrollo exigen el trabajo. El hombre debe trabajar por respeto al prójimo, especialmente por respeto a la propia familia, pero también a la sociedad a la que pertenece, a la nación de la que es hijo o hija, a la entera familia humana de la que es miembro, ya que es heredero del trabajo de generaciones y al mismo tiempo coartífice del futuro de aquellos que vendrán después de él con el sucederse de la historia. Todo esto constituye la obligación moral del trabajo, entendido en su más amplia acepción. Cuando haya que considerar los derechos morales de todo hombre respecto al trabajo, correspondientes a esta obligación, habrá que tener siempre presente el entero y amplio radio de referencias en que se manifiesta el trabajo de cada sujeto trabajador.”

(texto tomado de una de las tres Encíclicas sociales del Beato Juan Pablo II :  Laborem Exercens.
 (Las otras dos son: Sollicitudo rei socialis y Centesimus annus)

lunes, 2 de enero de 2012

Juan Pablo II en la Argentina 1987 (17) encuentro con los trabajadores

Aquella tarde del 10 de abril de 1987 esperaban a Juan Pablo II en el Mercado Central de Buenos Aires unos 300.000 trabajadores que lo saludaron con gran entusiasmo. Alli el Papa bendijo una capilla dedicada a Nuestra Señora de Lujan y luego pronuncio un discurso recordando su trabajo en la cantera de una empresa química, y afirmando que había sido para el “una nueva lección sobre el Evangelio. Es verdad, porque en aquel ambiente, en aquella época de esfuerzo laboral, me fue dado comprobar la profunda relación de solidaridad existente entre el Evangelio y la problemática de la actividad humana en nuestros tiempos.”

Luego, en un discurso con fuertes connotaciones acerca de la dignidad del trabajador,  siempre invitando a un justo diálogo, el Papa decía:



“Sois conscientes de que cuando el mundo socio-económico se organiza en función exclusiva de la ganancia, las dimensiones propiamente humanas sufren detrimento. Ello puede llevar al desinterés por la calidad del trabajo, y perjudica la tan deseada cohesión y solidaridad entre los trabajadores. Algunos pretenden que el único móvil de vuestra vida sea el dinero y el consumo; si os dejáis polarizar exclusivamente por esta motivación, os incapacitáis para descubrir el gran contenido de realización personal y de servicio que encierra vuestra labor profesional.

Por eso, os insisto en que no podéis conformaros con unos objetivos de corto alcance, cuya única finalidad se reduzca a la concertación colectiva de las remuneraciones y a la disminución de las horas laborales. Ante los problemas de la sociedad moderna, tampoco podéis aceptar que los mayores esfuerzos del asociacionismo laboral se esterilicen en inoperantes litigios políticos, que en ocasiones instrumentalizan vuestros anhelos con el fin de alcanzar posiciones ventajosas. Es justo que exista una noble contienda sindical, pero encaminada a conseguir los objetivos propios del mundo laboral, dirigida a fortalecer la solidaridad y elevar el nivel de vida material y espiritual de los trabajadores. Es cierto que la íntima relación existente entre el mundo laboral y la vida política –el llamado “empresario indirecto”– exige un constante contacto y diálogo entre trabajadores y políticos. Debe ser siempre un diálogo constructivo, que no mire sólo a intereses de parte, sino al bien de toda la gran familia argentina, en perspectiva latinoamericana e incluso mundial.”

lunes, 10 de noviembre de 2008

Karol Wojtyla - Juan Pablo II con obreros y trabajadores (3) - Mensajero y pastor

“A ti, hombre que miras complacido las obras de tus manos, el fruto de tu ingenio, Cristo te dice: ¡no te olvides de Aquel que ha dado origen a todo! ¡No te olvides del Creador!”
Dignidad del ser humano e hijo de Dios, justicia, verdadera libertad, derechos fundamentales de los trabajadores fueron los hilos conductores de los mensajes del Santo Padre Juan Pablo II a obreros y trabajadores en su peregrinar por el mundo. A continuación incluyo algunos enlaces a esas homilías y discursos en sus viajes apostólicos por los países de habla hispana y portuguesa.Y a quien desee profundizar en la doctrina social de la Iglesia recomiendo ver las tres encíclicas de Juan Pablo II —Laborem exercens, Sollicitudo rei socialis y Centesimus annus— “que constituyen etapas fundamentales del pensamiento católico sobre el argumento” (cardenal Angelo Sodano) y el Compendio de la Doctrina social de la Iglesia, resultado del trabajo del Pontificio Consejo «Justicia y Paz» por encargo de Juan Pablo II.


y del Jubileo en Roma: