Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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martes, 10 de diciembre de 2019

¿Qué es la vejez? La vejez y el humor de Juan Pablo II



La sugerencia para que escribiera una carta a Mis hermanas yhermanos ancianos le llego de la Organización de las Naciones Unidas, que en el año 1999 decidió  hacer un  llamado mundial a los hombres de la llamada “tercera edad”. “Anciano también yo – escribía el Papa – sentí el deseo de entablar un dialogo con ustedes”. Quería dirigirse a todo aquel que transcurriese sus días en medio de las tribulaciones de la vejez: “Queridos ancianos que se encuentran en precarias condiciones por la salud o por otras causas, estoy cerca de ustedes afectuosamente”.  “¿Qué es la vejez”, se preguntaba, y respondía Cicerón: “De ella, a veces, se habla como del otoño de la vida”. Pero más que compararla con una estación descendente, él prefería definirla como el tiempo en que crece la sabiduría”.: “Es la época privilegiada de aquella sabiduría que, generalmente, es fruto de la experiencia, porque el tiempo es un gran maestro”.
Esa era la sabiduría del cristiano, que mantenía en su vejez el espíritu joven mirando hacia lo eterno”. “Si la vida es un peregrinar hacia la patria celestial, la vejez es el tiempo en el que más naturalmente se mira hacia el umbral de la eternidad”.
Esto no quería decir un adiós al amor a la vida: “Son años en que hay que vivir con un sentido de confiado abandono en las manos de Dios, Padre providente y misericordioso”. “El don de la vida – escribía el Papa – no obstante el cansancio y el dolor que la marcan, es demasiado hermoso y precioso para que nos podamos cansar”.
Él, si bien se encontraba a las puertas de los ochenta años, no se cansaba. “No obstante las limitaciones que llegan con la edad – concluía – en este momento de mi vida, después  de veinte años de ministerio en la Cátedra de Pedro, conservo el gusto por la vida. Le agradezco al Señor. Es hermoso poder agotarse hasta el final por la causa del reino de Dios”.
Aún más; conservaba todavía el gusto por la ironía y el buen humor. Un día, después de su regreso del hospital Gemelli, donde se había hecho atender a causa del fémur derecho, fracturado por una caída en el baño de su departamento privado, recibió la visita de un obispo. El prelado había comenzado elogiando el buen aspecto del Pontífice. “Lo veo en forma”  insistía – “Más aun, ¿sabe que le digo? El hospital le ha  hecho bien. Usted está mejor ahora que antes de la internación en el Gemelli”. El Papa lo miro con expresión picaresca y le dijo.” Entonces, porque no va a recuperarse también usted?”  
Domenico Del Rio: Karol el Grande, Historia de Juan Pablo II, Paulinas, 2004

jueves, 21 de julio de 2011

Que es la vejez?



En el capítulo Que es la vejez? Del libro Karol el grande de Doménico del Rio, el autor escribe:
“La sugerencia para que escribiera una carta A mis hermanos y hermanas ancianos le llegó de la Organización de las Nacines Unidas, que en el año 1999 decidió hacer un llamado mundial a los hombres de la llamada “tercera edad”. “Anciano también yo – escribía el Papa – sentí el deseo de entablar un diálogo con ustedes”. Quería dirigirse a todo aquel que transcurriese sus días en medio de las tribulaciones de la vejez: “Queridos ancianos que se encuentran en precrias condiciones por la salud o por otras causas, estoy cerca de ustedes afectuosamente”. “Qué es la vejez?, se preguntaba, y respondía Cicerón: “De ella, a veces, se habla como el otoño de la vida”. Pero más que compararla con una estación descendente, èl prefería definirla como el tiempo en que “crece la sabiduría”: Es la época privilegiada de aquella sabiduría que, generalmente, es fruto de la experiencia, porque el tiempo es un gran maestro”.
Esa era la sabiduría del cristiano, que mantenía en su vejez “el espíritu joven mirando hacia lo eterno”. “Si la vida es un peregrinar hacia la patria celestial, la vejez es el tiempo en el que más naturalmente se mira hacia el umbral de la eternidad”.
Esto no quería decir un adiós al amor a la vida¨”Son años en que hay que vivir con un sentido de confiado abandono en las manos de Dios, Padre providente y misericordioso”. “l don de la vida – escribía el Papa – no obstante el cansancio y el dolor que la marcan, es demasiado hermoso y precioso para que nos podamos cansar”.
Él, si bien se encontraba a las puertas de los ochenta años, no se cansaba. “No obstante las limitaciones que llegan con la edad – concluía – en este momento de mi vida, después de veinte años de ministerio en la Cátedra de Pedro, conservo el gusto por la vida. Le agradezco l Señor. Es hermoso poder agotarse hasta el final por la causa del reino de Dios”.
Aún más: conservaba todavía el gusto por la ironía y el buen humor. Un día, después de su regreso del hospital Gemelli, donde se había hecho atender a causa del fémur derecho, fracturado por una caída en el baño de su departamento privado, recibió la visita de un obispo. El prelado había comenzado elogiando el buen aspecto del Pontífice: “Lo veo en forma” – insistía – “Más aún, ¿sabe algo? EL hospital le ha hecho bien. Usted está mejor ahora que antes de la internación en el Gemelli”. El Papa lo miró con expresión picaresca y le dijo: “Entonces, ¿Por qué no va a recuperarse también usted?”


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domingo, 26 de julio de 2009

Mis queridos ancianos






Hoy celebramos la festividad de San Joaquín y Santa Ana, los abuelos de Jesús, por eso la Iglesia invita festejar el Día de los abuelos (biológicos y espirituales, jóvenes y no tan jóvenes)


“…. La comunidad cristiana puede recibir mucho de la serena presencia de quienes son de edad avanzada. Pienso, sobre todo, en la evangelización: su eficacia no depende principalmente de la eficiencia operativa. ¡En cuantas familias los nietos reciben de los abuelos la primera educación en la fe! Pero la aportación beneficiosa de los ancianos puede extenderse a otros muchos campos. El Espíritu actúa como y donde quiere, sirviéndose no pocas veces de medios humanos que cuentan poco a los ojos del mundo.

¡Cuántos encuentran comprensión y consuelo en las personas ancianas, solas o enfermas, pero capaces de infundir ánimo mediante el consejo afectuoso, la oración silenciosa, el testimonio del sufrimiento acogido con paciente abandono!

Precisamente cuando las energías disminuyen y se reducen las capacidades operativas, estos hermanos y hermanas nuestros son más valiosos en el designio misterioso de la Providencia.Mis queridos ancianos, que os encontráis en precarias condiciones por la salud u otras circunstancias, me siento afectuosamente cercano a vosotros. Cuando Dios permite nuestro sufrimiento por la enfermedad, la soledad u otras razones relacionadas con la edad avanzada, nos da siempre la gracia y la fuerza para que nos unamos con más amor al sacrifico del Hijo y participemos con más intensidad en su proyecto salvífico. Dejémonos persuadir: ¡Él es Padre, un Padre rico de amor y misericordia!

Pienso de modo especial en vosotros, viudos y viudas, que os habéis quedado solos en el último tramo de la vida; en vosotros, religiosos y religiosas ancianos, que por muchos años habéis servido fielmente a la causa del Reino de los cielos; en vosotros, queridos hermanos en el Sacerdocio y en el Episcopado, que por alcanzar los límites de edad habéis dejado la responsabilidad directa del ministerio pastoral.

La Iglesia aún os necesita. Ella aprecia los servicios que podéis seguir prestando en múltiples campos de apostolado, cuenta con vuestra oración constante, espera vuestros consejos fruto de la experiencia, y se enriquece del testimonio evangélico que dais día tras día….”.

Me enseñarás el sendero de la vida,me saciarás de gozo en tu presencia ”(Sal 15 [16], 11)

(de la carta del Siervo de Dios Juan Pablo II a los ancianos)

miércoles, 1 de octubre de 2008

Carta a los ancianos (2) Oración



Concédenos, Señor de la vida, la gracia de tomar conciencia lúcida de ello y de saborear como un don, rico de ulteriores promesas, todos los momentos de nuestra vida.


Haz que acojamos con amor tu voluntad, poniéndonos cada día en tus manos misericordiosas.Cuando venga el momento del “ paso ” definitivo, concédenos afrontarlo con ánimo sereno, sin pesadumbre por lo que dejemos.


Porque al encontrarte a Ti, después de haberte buscado tanto, nos encontraremos con todo valor auténtico experimentado aquí en la tierra, junto a quienes nos han precedido en el signo de la fe y de la esperanza.


Y tú, María, Madre de la humanidad peregrina, ruega por nosotros “ ahora y en la hora de nuestra muerte ”. Manténnos siempre muy unidos a Jesús, tu Hijo amado y hermano nuestro, Señor de la vida y de la gloria.


¡Amén!


Carta del Santo Padre Juan Pablo II a los ancianos (Oración)
Vaticano, 1 de octubre de 1999

Carta a los ancianos (1)

“ Dios mío, me has instruido desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas, ahora, en la vejez y las canas, no me abandones, Dios mío, hasta que describa tu brazo a la nueva generación, tus proezas y tus victorias excelsas ” (Sal 71[70], 17-


El 1 de octubre de 1999 en el Año Internacional de los Ancianos declarado por la ONU, el Santo Padre Juan Pablo II, daba a conocer su Carta a los ancianos.


Si bien en partes escrita en tono personal, como en confidencia, dice Juan Domínguez en Aceprensa que la carta “es sobre todo una enseñanza sobre el valor de una vejez bien vivida, "época privilegiada de la sabiduría que generalmente es fruto de la experiencia"…una etapa de la vida con sentido propio, pues "cada edad tiene su belleza y sus tareas".


El Santo Padre quiere darle un profundo sentido de himno a la vida a la Carta “los años pasan aprisa; el don de la vida, a pesar de la fatiga y el dolor, es demasiado bello y precioso para que nos cansemos de él” cantando con el Salmista “A Él me dirijo “ Dios mío, me has instruido desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas, ahora, en la vejez y las canas, no me abandones, Dios mío, hasta que describa tu brazo a la nueva generación, tus proezas y tus victorias excelsas ” (Sal 71[70], 17-18)”
Por otro lado es conciente de las vicisitudes de las cuales han sido testigo :”Al dirigirme a los ancianos – decía Juan Pablo II - , sé que hablo a personas y de personas que han realizado un largo recorrido (cf. Sb 4, 13). Hablo a los de mi edad; me resulta fácil, por tanto, buscar una analogía en mi experiencia personal. Nuestra vida, queridos hermanos y hermanas, ha sido inscrita por la Providencia en este siglo XX, que ha recibido una compleja herencia del pasado y ha sido testigo de numerosos y extraordinarios acontecimientos” Acontecimientos que han sacudido al mundo, “ nuestro siglo ha conocido luces y sombras” mucha penumbra en realidad : . odio entre diversas etnias …. pobreza extrema de amplios sectores sociales…discriminación racial y una sistemática violación de los derechos humanos en muchos países… grandes conflictos mundiales…. delirio bélico y terroríficos estragos en los campos de exterminio, auténticos Gólgotas de la época contemporánea…” . No obstante, en su espíritu esperanzador, agrega “Aunque estos recuerdos y estas dolorosas situaciones actuales nos entristecen, no podemos olvidar que nuestro siglo ha visto surgir múltiples aspectos positivos….motivos de esperanza para el tercer milenio” en todos los ordenes de la vida : “la conciencia de los derechos humanos universales … el respeto de las minorías….. La caída de los sistemas totalitarios, como los del Este europeo, el intento de un diálogo interreligioso, el reconocimiento a la dignidad de la mujer, una nueva sensibilidad ecológica…”


“Qué es la vejez? Preguntaba Juan Pablo II “A veces se habla de ella como del otoño de la vida —como ya decía Cicerón (9) —, por analogía con las estaciones del año y la sucesión de los ciclos de la naturaleza….. sin embargo, el hombre se distingue de cualquier otra realidad que lo rodea porque es persona. Plasmado a imagen y semejanza de Dios, es un sujeto consciente y responsable…”


“ Honra a tu padre y a tu madre ” “ Ponte en pie ante las canas y honra el rostro del anciano ” (Lv 19, 32) nos recuerda la Carta, máximas que a veces son tristemente olvidadas por nuestra sociedad.





Y como aun hablando a los ancianos no puede olvidar a los jóvenes les invita a estar al lado de los ancianos, con amor y generosidad y hacer lo posible para que en el entorno familiar se sientan

“ en casa ”.


Hablando del sufrimiento se identifica con los ancianos “Cuando Dios permite nuestro sufrimiento por la enfermedad, la soledad u otras razones relacionadas con la edad avanzada, nos da siempre la gracia y la fuerza para que nos unamos con más amor al sacrifico del Hijo y participemos con más intensidad en su proyecto salvífico. Dejémonos persuadir: ¡Él es Padre, un Padre rico de amor y misericordia!”


Y continúa dándonos ejemplo de entrega, gozo de vivir y esperanza “A pesar de las limitaciones que me han sobrevenido con la edad, conservo el gusto de la vida. Doy gracias al Señor por ello. Es hermoso poderse gastar hasta el final por la causa del Reino de Dio”….”Al mismo tiempo, encuentro una gran paz al pensar en el momento en el que el Señor me llame: ¡de vida a vida!”




“Deslizándome hacia la muerte, desvelo la espera,
Los ojos concentrados en un punto,
En una única resurrección…
¡Oh Dios, sólo Tú puedes
Rescatar nuestros cuerpos de la tierra!”
(Karol Wojtyla: Meditación sobre la muerte, III En el principio, el temor