Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
Mostrando entradas con la etiqueta cruz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cruz. Mostrar todas las entradas

domingo, 16 de noviembre de 2025

La Santa Cruz, nuestras cruces y los planes de Dios

 


El pequeño Karol no lo sabía, pero Él, el Señor,  ya lo había elegido. Había elegido su familia, su entorno, su cercanía a la capilla de la Santa Cruz en su iglesia parroquial de Wadowice,  donde conoció al padre Kazimierz Figlewicz que luego fue su confesor y guía espiritual y que,  años más tarde,  cuando ya  fue ordenado sacerdote,  estaba a su lado cuando celebro en la cripta de san Leonardo de Wawel su primera misa.  

“Las manos de mi madre me enseñaron este misterio uniendo las manitas del niño para la oración, me enseñaron a hacer la señal de la cruz, la señal de Cristo, que es el Hijo de Dios vivo” decia en la visita a su ciudad natal allí a orillasdel rio Skawa  “Con profunda veneración beso el umbral de la casa de Dios, de la iglesia parroquial de Wadowice, y en ella el baptisterio, en el que fui injertado a Cristo y acogido en la comunidad de su Iglesia (1983) 

 




(…) Hoy, después de tantos años, ¡cuán agradecido estoy contigo, mi madre, mi padre y mi hermano ! “ Allí había escuchado por primera vez las palabras " Tú eres el Cristo (el Mesías), el Hijo de Dios vivo " ( Mt 16,16 ). Esta confesión de Pedro me llegó como un don de la fe de la Iglesia. 


Después de fallecida su madre fue su padre quien se encargo de fortalecer la vida religiosa de su hijo. Juntos peregrinaban a la cercana Kalwaria “ Ese itinerario desde niño, y más aún como sacerdote y como obispo, me llevaba frecuentemente por los senderos marianos de Kalwaria Zebrzydowska,… Iba allí con frecuencia y caminaba en solitario por aquellas sendas presentando en la oración al Señor los diferentes problemas de la Iglesia, sobre todo en el difícil período que se vivía bajo el comunismo. Mirando hacia atrás constato como "todo está relacionado'' (Don y Misterio)

 


Ya mudados a Cracovia con su padre,  para que Karol comenzara sus estudios superiores,  se familiarizo con Adam Chmielowski (Fray Alberto) fallecido en 1916.  “Me pregunto a veces qué papel ha desempeñado en mi vocación la figura del Santo Fray Alberto”  a quien como Papa beatifico en 1983 y  canonizo en 1989 y quien ocupara “un puesto preferente en mi recuerdo, y más aun, en mi corazón, fra Albert-Adam Chmielowski (1845-1916) de Cracovia…..para mi era una figura admirable. Espiritualmente me sentía muy unido a él. Escribí sobre él un drama que titulé “Hermano de nuestro Dios”. Su personalidad me fascinaba. Vi en él un modelo para mí….su historia me ayudó mucho a abandonar el arte y el teatro y para entrar en el seminario…” (Levantaos, Vamos!) p 167-168

 


Alli en Cracovia  conoció también a JanTyranowski, el sastre-apóstol :  “Cuando me encontraba en Cracovia, en el barrio Debniki, entré en el grupo del "Rosario vivo'', en la parroquia salesiana. Allí se veneraba de modo especial a María Auxiliadora. En Debniki, en el período en el que iba tomando fuerza mi vocación sacerdotal, gracias también al mencionado influjo de Jan Tyranowski, mi manera de entender el culto a la Madre de Dios experimentó un cierto cambio. Estaba ya convencido de que Maria nos lleva a Cristo, pero en aquel período empecé a entender que también Cristo nos lleva a su Madre.”

En Don y Misterio Juan Pablo II se pregunta: ¿Cuál es la historia de mi vocación sacerdotal? La conoce sobre todo Dios. En su dimensión más profunda, toda vocación sacerdotal es un gran misterio, es un don que supera infinitamente al hombre…La vocación es el misterio de la elección divina: "No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca" (Jn 15, 16). "Y nadie se arroga tal dignidad, sino el llamado por Dios, lo mismo que Aarón'' (Hb 5, 4). "Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo profeta de las naciones te constituí" (Jr 1, 5). Estas palabras inspiradas estremecen profundamente toda alma sacerdotal. Y allí mismo reflexiona:  Me veo así, en aquella capilla durante el canto del Veni, Creator Spiritus y de las Letanías de los Santos, mientras, extendido en forma de Cruz en el suelo, esperaba el momento de la imposición de las manos.”

En ¡Levantaos, Vamos!  Juan Pablo II comentaba las palabras del cardenal primado Stefan Wyszynski del 11 de mayo de 1946: «Ser obispo tiene en si mismo algo de cruz, por eso la Iglesia pone la cruz en el pecho del obispo. Sobre la cruz hay que morir a sí mismos, sin esto no hay plenitud de sacerdocio. Tomar sobre si la cruz no es fácil, aunque sea de oro y este cuajada de piedras preciosas.» 

 



Y como olvidar  las Misas de medianoche a cielo abierto en  pleno  crudo invierno  y las cruces que el gobierno comunista mandaba derribar una y otra vez y volvían a ser reemplazadas. Allí en los suburbios de Cracovia, ese entorno de  NowaHuta donde  los soviéticos querían construir un “paraíso obrero”, una ciudad   sin Dios,  llego a ser un icono, un punto de partida sin retorno. Ya nada seria igual. Ya como Papa,  en su primer viaje a su patria nos ha dejado una joya : la  preciosa  homilía en la Santa Misa en el Santuario de la Santa Cruz de Mogila, un verdadero himno a la Cruz : Cuando, en los alrededores de Kraków (Cracovia), surgía Nowa Huta —enorme complejo industrial y una nueva gran ciudad: nueva Kraków—, tal vez nadie se daba cuenta de que estaba surgiendo de hecho al lado de esta cruz, el lado de esta reliquia que, junto a la antiquísima abadía de los cistercienses, hemos heredado desde la época de los Piast. De nuevo estoy aquí, ante esta cruz, junto a la cual he estado tantas veces como peregrino; ante la cruz que sigue siendo para todos nosotros como la más preciada reliquia de nuestro Redentor.  “¡Dejémonos envolver por el misterio de la Redención! ..Como aquel centurión, yo soy la Cruz, que en el momento de la muerte de Cristo confiesa: "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios" ( Mc 15,39). Dejémonos envolver por el misterio de la Redención. Todos estamos bajo la Cruz. Toda la humanidad está continuamente bajo la Cruz. Nuestra nación ha estado bajo la Cruz por mil años. Dejémonos envolver por el misterio de la Redención: por el misterio del Hijo de Dios, en él se revela hasta el fondo lo que a veces es tan difícil de resolver, el misterio del hombre. Y a través de todos sus sufrimientos y humillaciones, se manifiesta su suprema vocación: el hombre.  (Homilia en la Misa de la Santa Cruz en laCatedral de Varsovia, 1983)  

Y la Cruz de los Jovenes!   El 22 de abril de 1984, Año Santo de la Redención, el Papa Juan Pablo II  decide portar una cruz – símbolo de la fe – cerca del altar de Santa María Mayor en la Basílica de San Pedro, con el propósito que todas las personas pudieran verla. Fue en aquel entonces cuando siguiendo su fervoroso deseo, se instaló una grande cruz de madera, de 3,8 mt de altura.




 Al final del Año Santo, luego del cierre de la Puerta Santa, el Santo Padre confió aquella misma Cruz a la juventud del mundo, representada por los jóvenes del Centro Internacional Juvenil San Lorenzo de Roma. Estas fueron sus palabras en dicha ocasión:    "Queridos Jóvenes, al terminar el año Santo de la Redención confió a vosotros mismos el signo de este año Jubilar: La Cruz de Cristo! Llevadla en el mundo mondo, como signo del amor del Señor Jesús por la humanidad y anunciad a todos que solo en Cristo muerto y resucitado hay salvación y redención" (Roma, Abril 22 de 1984).

Esa  cruz que tuvimos el honor de tenerla en Buenos Aires:  en la II JMJ realizada enBuenos Aires en 1987 el Papa nos decia: Hoy preside este encuentro la gran cruz que encabezó todas las ceremonias del Año Santo de la Redención, y que el Domingo de Resurrección entregué a un grupo de jóvenes, diciéndoles: “Queridísimos jóvenes, al final del Año Santo os confío el signo mismo de este Año Jubilar. ¡La cruz de Cristo! Llevada por el mundo como señal del amor de nuestro Señor Jesucristo a la humanidad, y anunciad a todos que sólo en Cristo muerto y resucitado está la salvación y la redención”. Al dirigirme ahora a vosotros, jóvenes latinoamericanos, quiero recordaros que sois –a la sombra de la cruz de Cristo– protagonistas de una doble esperanza: por vuestra juventud, esperanza de la Iglesia; y por ser de Latinoamérica, continente de la esperanza. Y todo ello os confiere una particular responsabilidad, ante la Iglesia y ante toda la humanidad. ¡Espero mucho de vosotros!

En la canonización de la Beata Edvigis, Reina de Polonia como verdadero patriota emocionado y cautivado por la Santa Cruz, tratando de expresar su intima unión con el pasado de su patria el Papa decía:  “Quería destacar mi particular vínculo espiritual con la historia de Polonia, de la cual la colina del Wawel representa casi una síntesis emblemática” ...  “poniéndonos a la escucha de las palabras de los Apóstoles, queremos decirte, nuestra reina santa, que tú, como pocos, comprendiste esta enseñanza de Cristo y de los Apóstoles. En muchas ocasiones te arrodillaste a los pies del Crucifijo de Wawel para aprender de Cristo mismo ese amor generoso. Y lo aprendiste. Supiste demostrar con tu vida que lo más grande es el amor. En un antiquísimo canto polaco cantamos:

«¡Oh cruz santa,

árbol único en nobleza!

Jamás el bosque dio mejor tributo

que este que da a Dios mismo (...).

Inaudita bondad es morir

en cruz por otro.

¿Quién puede hacerlo hoy?

¿Por quién dar la propia vida?

Sólo el Señor Jesús lo hizo,

porque nos amó fielmente»

(cf. Crux fidelis, siglo XVI).


De este Cristo crucificado de Wawel, de este Crucifijo negro, al que los habitantes de Cracovia vienen cada año en peregrinación el Viernes santo, aprendiste, reina Eduvigis, a dar la vida por tus hermanos. Tu profunda sabiduría y tu intensa actividad brotaban de la contemplación, del vínculo personal con el Crucifijo. Aquí la contemplación y la vida activa encontraban el justo equilibrio. Por eso, nunca perdiste la «parte mejor », la presencia de Cristo. Hoy queremos arrodillarnos junto contigo, Eduvigis, a los pies del Crucifijo de Wawel, para oír el eco de esa lección de amor, que tu escuchabas. Queremos aprender de ti el modo de actuarla en nuestros tiempos.”

En la peregrinación apostolica a Polonia en la Misa celebrada en le campo de concentración deAuschwitz-Birkenau se arrodillaba ante "este Gólgota del mundo contemporáneo…. Ciertamente, vengo para orar junto con todos vosotros que habéis llegado aquí —y al mismo tiempo con toda Polonia— y con toda Europa. Cristo quiere que yo, Sucesor de Pedro, dé testimonio ante el mundo de lo que constituye la grandeza del hombre de nuestros tiempos y de su miseria. De lo que constituye su derrota y su victoria……”


 

En el ultimo viaje a su patria decia en Kalwaria:  Cuántas veces he experimentado que la Madre del Hijo de Dios dirige sus ojos misericordiosos a las preocupaciones del hombre afligido y le obtiene la gracia de resolver problemas difíciles, y él, pobre de fuerzas, se asombra por la fuerza y la sabiduría de la Providencia divina! ¿No lo han experimentado, acaso, también generaciones enteras de peregrinos que acuden aquí desde hace cuatrocientos años? Ciertamente sí. De lo contrario, no tendría lugar hoy esta celebración. No estaríais aquí vosotros, queridos hermanos, que recorréis los senderos de Kalwaria, siguiendo las huellas de la pasión y de la cruz de Cristo y el itinerario de la compasión y de la gloria de su Madre. Este lugar, de modo admirable, ayuda al corazón y a la mente a penetrar en el misterio del vínculo que unió al Salvador que padecía y a su Madre que compadecía. “

En este intento breve de bosquejo no quiero dejar de mencionar al menos parte de  la homilía de Juan Pablo II en la celebración en la Colina de las Cruces Šiauliai (Lituania) en su visita de 1993una de las homilías donde el Papa (si exceptuamos las homilías en su propia tierra) más ha sentido y demostrado que comprendía al hombre sujeto a regímenes totalitarios privado de libertad y “pisoteado” por un sistema,  pues lo habia vivido en carne propia en su patria. 

El misterio de la Exaltación de la Cruz: ¡misterio central en la historia de la salvación!

Estamos invitados a reflexionar sobre el misterio de la Cruz en esta localidad, a la que hemos venido en peregrinación por tierra lituana. Es el lugar mismo el que nos invita a hacer esto: se llama la Colina de las Cruces  (Monte delle Croci).

Venimos aquí – a la Colina de las Cruces  - a recordar a todos los hijos e hijas de vuestra tierra, sometidos a sentencias, enviados a prisión, a campos de concentración, deportados a Siberia o Koluma y condenados a muerte.

Los inocentes fueron condenados. En vuestra patria entonces hacía estragos un terrible sistema marcado por la violencia totalitaria. Un sistema que pisoteó y humilló al hombre. Los sobrevivientes, los que se libraron de tales horrores de violencia y muerte, sabían que ante sus ojos, entre sus propios compatriotas y en sus familias, se renovaba y completaba lo ya realizado en el Gólgota, donde el Hijo de Dios "asumiendo condición de siervo", como hombre "se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte" ( Flp 2, 7-8).

Así, la tragedia de la cruz fue vivida por muchos de vuestros compatriotas. Para ellos, Cristo crucificado representó una fuente inestimable de fortaleza del alma en el momento de la deportación y la sentencia de muerte. La cruz ha sido fuente providencial de bendición para toda la nación y para la Iglesia, signo de reconciliación entre los hombres. Ha dado sentido y valor al sufrimiento, a la enfermedad, al dolor. Y hoy, como ayer, la Cruz sigue acompañando la vida del hombre.

Pero la Cruz es, al mismo tiempo, también una "exaltación". Al anunciar su muerte en el Gólgota, es decir, la muerte en la cruz, Cristo dijo: "Es necesario que el Hijo del hombre sea levantado" ( Jn 3 , 14).

Sí, por supuesto, se ha planteado. Esta elevación en la Cruz abrió ante él un horizonte singular. El horizonte del sacrificio de la Cruz abarcaba no sólo a Jerusalén, sino al mundo entero: "Cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí" ( Jn 12, 32 ).

Y lo que para los hombres constituye una aniquilación mortal, en el horizonte del sacrificio de Cristo se convierte en la revelación del poder divino: del poder de la Redención, de su poder salvador. "Es necesario que el Hijo del hombre sea levantado, para que todo el que crea en él tenga vida eterna" ( Jn 3, 14-15).

4. Cristo mismo nos asegura que en su cruz, en el Gólgota, se abre el horizonte de la vida eterna para el mundo, para el hombre que, viviendo en esta tierra, está sometido a la ley ineludible del morir.

Jesús nos asegura cuando afirma: "Tanto amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna" ( Jn 3 , 16 ).

Los hijos y las hijas de vuestra tierra llevaron cruces en este monte que eran semejantes a la del Gólgota en la que murió el Redentor. De este modo proclamaban la certeza de su fe en que aquellos de sus hermanos y hermanas que habían muerto -o más bien: habían sido asesinados de diferentes maneras- "tenían vida eterna".

El amor supera al odio mortal, que también se ha extendido violentamente en nuestro continente europeo. Es el amor con que Dios amó al mundo, en Cristo crucificado y resucitado.

La Cruz es un signo de este Amor.

La Cruz es signo de vida eterna en Dios”

 


En el heroísmo de su personal “via crucis” nos ha enseñado como se puede hacer frente a la enfermedad, soportar el dolor y continuar sirviendo y amando a los demás; sin empobrecerse en el pesimismo, ha mostrado a un mundo asustado por el futuro, aterrorizado por el sufrimiento y dispuesto a matar con tal de eliminarla del propio horizonte, que la vida del hombre tiene siempre un valor inestimable y que esconde siempre un mejor.  (Giovanni Battista Brunori) 

jueves, 14 de septiembre de 2023

Quien posee la Cruz posee un tesoro - Benedicto XVI


 “¡Qué dicha tener la Cruz! Quien posee la Cruz posee un tesoro” (S. Andrés de Creta, Sermón 10, sobre la Exaltación de la Santa Cruz: PG 97,1020). En este día en el que la liturgia de la Iglesia celebra la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, el Evangelio que acabamos de escuchar, nos recuerda el significado de este gran misterio: Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único para salvar a los hombres (cf. Jn 3,16). El Hijo de Dios se hizo vulnerable, tomando la condición de siervo, obediente hasta la muerte y una muerte de cruz (cf. Fil 2,8). Por su Cruz hemos sido salvados. El instrumento de suplicio que mostró, el Viernes Santo, el juicio de Dios sobre el mundo, se ha transformado en fuente de vida, de perdón, de misericordia, signo de reconciliación y de paz. “Para ser curados del pecado, miremos a Cristo crucificado”, decía san Agustín (Tratado sobre el Evangelio de san Juan,XII, 11).

 

Al levantar los ojos hacia el Crucificado, adoramos a Aquel que vino para quitar el pecado del mundo y darnos la vida eterna. La Iglesia nos invita a levantar con orgullo la Cruz gloriosa para que el mundo vea hasta dónde ha llegado el amor del Crucificado por los hombres, por todos los hombres. Nos invita a dar gracias a Dios porque de un árbol portador de muerte, ha surgido de nuevo la vida. Sobre este árbol, Jesús nos revela su majestad soberana, nos revela que Él es el exaltado en la gloria.

 

Sí, “venid a adorarlo”. En medio de nosotros se encuentra Quien nos ha amado hasta dar su vida por nosotros, Quien invita a todo ser humano a acercarse a Él con confianza.”

  

(Papa Benedicto  14 deseptiembre de 2008 en la Santa Misa en el 150 aniversario de las apariciones en Lourdes)

14 de septiembre Solemnidad de la Exaltación de la Santa Cruz , fuente de nuestra salvación

 


(el crucifijo de Santa Jadwiga en su altar de la Catedral de Wawel) 

 

“El Hijo del Hombre debe ser elevado” le dice Jesús a Nicodemo. Y lo dice con mira a su crucifixión: El Hijo del Hombre debe ser elevado en la cruz. Todos quienes crean en el, quienquiera que vea en esta Cruz y en el Crucificado al redentor del mundo, quienquiera que mire con fe la muerte redentora de Jesús en la Cruz, encuentra en el poder de la vida eterna.  Mediante este poder  el pecado es vencido.    Los fieles reciben el perdón por sus pecados por el precio del Sacrificio de Cristo. Encuentran nuevamente la vida de Dios que habían perdido debido al pecado.

“Este es el significado de la Cruz de Cristo.  Este es su poder. “Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.” (Jn. 3, 17). 

La fiesta que celebramos hoy nos habla de la maravillosa e incesante acción de Dios en la historia humana, en la historia de cada hombre, cada mujer, cada niño.  La Cruz de Cristo en el Gólgota se ha convertido en el centro de este trabajo salvífico de Dios para todos los tiempos.  Cristo es el Salvador del mundo, porque en Él y por medio de Él el amor con el cual Dios tanto amo al mundo nos es revelado constantemente: “Sí, Dios amó tanto al mundo, que le entregó a su Hijo único” (Jn 3,16)     El Padre lo dio, para que su Hijo, que es uno en sustancia con Él,  se hiciera hombre al ser  concebido por la Virgen Maria.        El Padre lo dio para que como el Hijo del Hombre proclamase los Evangelios, la buena Nueva de la salvación.      El Padre lo dio para que este Hijo, respondiendo con su infinito amor al amor del Padre, pudiera ofrecerse en la Cruz.

Desde un punto de vista humano, Cristo que se inmola en la Cruz fué un signo de contradicción,   una deshonra  inimaginable. De hecho fue  la humillación más profunda posible.

En la liturgia de hoy, el apóstol Pablo, nos habla en palabras que captan el misterio de la Cruz de Cristo:

“El, que era de condición divina,  no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano,  se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz.”  (Fil, 2,6-9)

Por su inmolación en el Gólgota, en la deshonra de la Cruz y la crucifixión (al menos comprendiéndolo desde el punto de vista humano) Cristo ha obtenido la exaltación más gloriosa.  Visto con los ojos de Dios, la Cruz es el mayor triunfo.  El modo de juzgar humano es muy diferente al de Dios. Lo que a nosotros nos parece un fracaso, a los ojos de Dios es una victoria de amor sacrificial.

Es precisamente esta Cruz de deshonra humana la que lleva en si la fuente de la exaltación de Cristo en Dios.

“ Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre,  para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: «Jesucristo es el Señor».” (Fil 2, 9-11)

A los ojos de los Apóstoles esto fue revelado por medio de la Resurrección de Cristo. En ese momento ellos comprendieron que Cristo es el Señor, que había sido dado todo el poder en el cielo y en la tierra. En ese momento sus ojos y sus corazones se abrieron, para que los labios de Tomas pudieran profesar: “Mi Señor y mi Dios” (Jn, 20,28). Y una vez que creyeron, por medio del poder del Espíritu de la Verdad, estaban preparados para salir a todo el mundo a enseñar a todas las naciones, y bautizarlas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo . (Mt, 28, 19)

Si,  es por medio de la Cruz que Cristo es exaltado. La solemnidad que hoy celebra la Iglesia nos habla de  este misterio.  Y al mismo tiempo nos habla de Cristo quien por medio de la Cruz  eleva a la humanidad, eleva toda la humanidad y también a toda la creación.  “Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.” (Jn, 3, 17)

Ser “salvados” significa que cada hombre y cada mujer puedan ser redimidos del pecado que contaminó la familia humana y la historia.  Jesús le dijo a sus apóstoles despues de su Resurrección: “Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen” (Jn, 20,23). Y cuando dice esto les muestra las heridas de su crucifixión, para hacerles saber que es precisamente en la Cruz que se oculta el poder de perdonar los pecados, el poder para curar  conciencias y corazones humanos.

Han pasado generaciones y generaciones. Y en medio de este pasar, la Cruz de Cristo permanece. A través de la Cruz, Dios proclama constantemente al mundo el infinito amor que ningún demonio puede vencer.

Si, la Cruz permanece, para que toda persona humana que habita el mundo pueda encontrar el camino de la salvación.  Porque es por esta Cruz que se salva el mundo!”

 (Juan Pablo II en la Santa Misa celebrada el día de la fiesta de la exaltación de la Cruz el 14 de septiembre de 1988 en la Catedral Primada de Roma en Lesotho, durante su viaje apostolico a Zimbabwe, Botswana, Lesotho, Swaziland y Mozambique.  

 

miércoles, 15 de marzo de 2023

Caminemos juntos hacia la Cruz del Señor

 


“Caminemos juntos, peregrinos, hacia la cruz del Señor, pues con ella comienza una nueva era en la historia del hombre.

 Este es tiempo de gracia, tiempo de salvación. A través de la cruz el hombre ha podido comprender el sentido de su propia suerte, de su propia existencia sobre la tierra. Ha descubierto cuánto le ha amado Dios. Ha descubierto, y descubre continuamente, a la luz de la fe, cuán grande sea el propio valor. 

Ha aprendido a medir la propia dignidad con el metro de aquel sacrificio que Dios ha ofrecido en su Hijo para la salvación del hombre: "Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo, para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna" (Jn 3, 16).

 

 (dela preciosa homilía de San Juan Pablo II ante los obreros de Nova Huta durantesu primer viaje apostólico a Polonia en l979)

viernes, 8 de abril de 2022

No se puede separar a Cristo del trabajo humano

(imagen de Visit Malopolska)

No se puede disociar la cruz del trabajo humano. No se puede separar a Cristo del trabajo humano…

El cristianismo y la Iglesia no tienen miedo del mundo del trabajo. No tienen miedo del sistema basado sobre el trabajo. El Papa no tiene miedo a los hombres del trabajo. Los ha sentido siempre muy cerca de él. Ha salido de su ambiente. Ha salido de las canteras de piedra de Zakrowek, de las calderas de Solvay en Borek Falecki, después de Nowa Huta. A través de todos estos ambientes, a través de las experiencias personales de trabajo —me permito decir—, el Papa ha aprendido nuevamente el Evangelio. Se ha dado cuenta y se ha convencido de cuán profundamente está grabada en el Evangelio la problemática contemporánea del trabajo humano. De cómo sea imposible resolverla a fondo sin el Evangelio.

De hecho, la problemática contemporánea del trabajo humano (¿sólo la contemporánea, realmente?), en última instancia, no se reduce —me perdonen todos los especialista,— ni a la técnica ni tanto menos a la economía, sino a una categoría fundamental, a saber, a la categoría de la dignidad del trabajo, o sea, de la dignidad del hombre. La economía, la técnica y tantas otras especialidades y disciplinas, tienen su razón de ser en esa única categoría esencial. Si no se inspiran en ella y se forman fuera de la dignidad del trabajo humano, están en error, son nocivas y van contra el hombre.

Esta categoría fundamental es humanista. Me permito decir que esta categoría fundamental: categoría del trabajo como medida de la dignidad del hombre, es cristiana. La encontramos, en su más alto grado de intensidad, en Cristo… Pero recordad esta antigua cosa: Cristo no aprobará jamás que el hombre sea considerado —o que se considere a sí mismo— únicamente como instrumento de producción, que sea apreciado, estimado y valorado según este principio. ¡Cristo no lo aprobará jamás! Por esto se dejó clavar en la cruz, como sobre el gran umbral de la historia espiritual del hombre, para oponerse a cualquier degradación del hombre, incluso la degradación mediante el trabajo. Cristo permanece ante nuestros ojos en su cruz, para que todo hombre sea consciente de la fuerza que él le ha dado: "Dioles poder de venir a ser hijos de Dios" (Jn 1, 12).

De esto debe acordarse tanto el trabajador como el patrón, el sistema del trabajo y el de la retribución; lo deben recordar el Estado, la nación y la Iglesia.

 

(de la Homilia de JuanPablo II en el Santuario de la Santa Cruz, Mogila,8 de julio de 1979)

 

PEREGRINACIÓN APOSTÓLICA A POLONIA


miércoles, 28 de septiembre de 2016

La Cruz que engrandece – San Juan de la Cruz y Juan Pablo II




“En 1991, con ocasión del IV Centenario de la muerte de San Juan de la Cruz, Doctor de la Iglesia, el Papa Juan Pablo II dirigió una Carta Apostólica al General de los Carmelitas Descalzos, que tituló "San Juan de la Cruz, Maestro de lafe y testigo del Dios Vivo".  

Ya en 1982, en su visita a España, el Papa nos había dicho a los españoles: “Leed continuamente las obras de los grandes Maestros del espíritu. ¡Cuántos tesoros de amor y de fe tenéis al alcance de vuestra mano en vuestro bello idioma!”.
En Segovia, junto al sepulcro de San Juan de la Cruz, ya había dicho: “San Juan de la Cruz, Maestro de la fe, gran maestro de los senderos que conducen a la unión con Dios, teólogo y místico, poeta y artista”.
El mismo Juan Pablo II, joven Karol Wojtyla de diecinueve años, acababa de perder a su padre, único miembro de su familia que le quedaba y con quien vivía. Su padre murió en soledad sin la compañía de su hijo. ¡Cómo trituró su muerte el corazón del joven sensible y profundamente religioso! Karol lloró amargamente. —“Me ha ocurrido por tres veces una gran tristeza: Todos ellos mi madre, mi hermano, mi padre, se fueron de este mundo sin que yo tuviera el consuelo de acompañarles en el último instante”.
Aparece entonces en la vida de Karol una figura importante, Jan Tyranowski, 

que ejercía en amplios círculos de Cracovia una influencia poderosa. Era sastre de oficio, pero trabajaba en las canteras con Karol. Era un verdadero místico. El inició a Wojtyla en la lectura de San Juan de la Cruz. Con él se reunía lo más esperanzador de la juventud polaca.
Estudiaban a San Juan y a Santa Teresa de Jesús. De aquella escuela clandestina en plena invasión nazi, no sólo surgió Wojtyla: un gran sector de Polonia debe en gran parte su firme fe, adulta y compacta, en la vorágine de las más terribles borrascas, al influjo del Doctor Místico. En comunicación constante con Tyranowski y con sus amigos, sorbe a raudales la solidez y belleza de San Juan de la Cruz. Clima adecuado para que en él germine la decisión de ser sacerdote.
Se comprende que cuando Karol Wojtyla llega a Roma enviado por el Cardenal Sapieha, Arzobispo de Cracovia, a hacer su Doctorado en Teología, elija a San Juan, para estudiar y escribir su tesis: “El acto de fe en San Juan de la Cruz”, bajo la dirección del Padre Garrigou—Lagrange.
Posteriormente publicó en 1951: Humanismo de San Juan de la Cruz, el misterio y el hombre que fue su tesis doctoral en la Facultad de Teología de Cracovia. El Cardenal Wojtyla ha quedado agradecido a Tyranowski. Un Papa con una mente vigorosa, que con esa misma cabeza decidió elegir por mentor espiritual al místico español... cuando ese Papa ha asombrado al mundo por su valor, fuerza personal, coraje, liderazgo espiritual, armonía humano-divina, ha revalorizado el doctorado de San Juan y lo ha puesto de actualidad.
Hay una sintonía en la vida de Wojtyla y en la de Fray Juan. Ambos han sufrido duras pruebas. Pero la cruz les ha engrandecido. A otros menos grandes, la cruz los envilece, los deja resentidos para siempre. Ambos saborean la belleza: los altos picachos nevados, los montes y espesuras - plantados por la mano del Amado -. Ambos gustan de trabajar ante el Sacramento de la Eucaristía. Ambos escriben poesía. Y los dos gustan de las flores.
Fray Juan gozaba adornando con ellas los altares toda su vida y cantó al Amado que pace entre las flores. Y su sensibilidad captó la belleza de las flores y rosales. Y de las guirnaldas en las frescas mañanas escogidas. Y aprendió a dejar su cuidado entre las azucenas olvidado. Wojtyla cultivaba las flores en el jardín de su Arzobispado de Cracovia, nos ha dicho D. Marcelo González Martín en su Prólogo a Signo de contradicción. Flores frescas que perfumaban después su capilla eucarística.
Juan Pablo II ha dicho que, cuando elaboraba su tesis, “intuía que la síntesis de San Juan de la Cruz contiene no solamente una sólida doctrina teológica sino, sobre todo, una exposición de la vida cristiana en sus aspectos básicos, como son la comunión con Dios, la dimensión contemplativa de la oración, la fuerza teologal de la misión apostólica y la tensión de la esperanza cristiana”. San Juan de la Cruz nos ha dejado una gran síntesis de espiritualidad y de experiencia mística cristiana.
Y en el marco tomista de los pensadores polacos actuales, también hay que situar a Kalinowski, profesor de la Universidad de Lublín y, después exiliado en Francia, y Swiezaws, comisionado por el Episcopado polaco como auditor laico en el Concilio Vaticano II, dos personalidades importantes, en cuya obra y planteamientos, aparece clara la huella del estudio y lectura —profunda- de San Juan de la Cruz, plenamente asimilado.”

jueves, 15 de septiembre de 2016

«¡Toma la cruz!»

“«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Mc 8, 34). Estas palabras permiten comprender el valor y el significado de esta fiesta, en espera de la cruz.

La cruz se ha de acoger, ante todo, en el corazón, y después se ha de llevar en la vida. 

Muchos cristianos han abrazado la cruz a lo largo de los siglos: ¿podemos dejar de dar gracias a Dios por ello? …. ¡Cuán actuales resultan las palabras de Jesús: «Cuando sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí» (Jn 12, 32), y «Mirarán al que traspasaron» (Jn 19, 37)!
Hoy queremos proclamar con vigor el evangelio de la cruz, es decir, de Jesús muerto y resucitado para el perdón de los pecados. Este anuncio salvífico, que asegura a los creyentes la vida eterna, desde el día de Pascua no ha dejado nunca de resonar en el mundo…...
Sí, la cruz está inscrita en la vida del hombre. Querer excluirla de la propia existencia es como querer ignorar la realidad de la condición humana. ¡Es así! Hemos sido creados para la vida y, sin embargo, no podemos eliminar de nuestra historia personal el sufrimiento y la prueba… Cuando en la familia no existe la armonía, cuando aumentan las dificultades en el estudio, cuando los sentimientos no encuentran correspondencia, cuando resulta casi imposible encontrar un puesto de trabajo, cuando por razones económicas os veis obligados a sacrificar el proyecto de formar una familia, cuando debéis luchar contra la enfermedad y la soledad, y cuando corréis el riesgo de ser víctimas de un peligroso vacío de valores, ¿no es, acaso, la cruz la que os está interpelando?
Una difundida cultura de lo efímero, que asigna valores sólo a lo que parece hermoso y a lo que agrada, quisiera haceros creer que hay que apartar la cruz. Esta moda cultural promete éxito, carrera rápida y afirmación de sí a toda costa; invita a una sexualidad vivida sin responsabilidad y a una existencia carente de proyectos y de respeto a los demás. Abrid bien los ojos…. este no es el camino que lleva a la alegría y a la vida, sino la senda que conduce al pecado y a la muerte. Dice Jesús: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará» (Mt 16, 24-25).

Jesús no nos engaña. Con la verdad de sus palabras, que parecen duras pero llenan el corazón de paz, nos revela el secreto de la vida auténtica. Él, aceptando la condición y el destino del hombre venció el pecado y la muerte y, resucitando, transformó la cruz de árbol de muerte en árbol de vida. Es el Dios con nosotros, que vino para compartir toda nuestra existencia. No nos deja solos en la cruz. Jesús es el amor fiel, que no abandona y que sabe transformar las noches en albas de esperanza. Si se acepta la cruz, genera salvación y procura serenidad, como lo demuestran tantos testimonios hermosos de jóvenes creyentes. Sin Dios, la cruz nos aplasta; con Dios, nos redime y nos salva.”