Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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sábado, 8 de febrero de 2025

Santa Josefina Bakhita : Madre Morita

 


“Para nosotros, que vivimos desde siempre con el concepto cristiano de Dios y nos hemos acostumbrado a él, el tener esperanza, que proviene del encuentro real con este Dios, resulta ya casi imperceptible. El ejemplo de una santa de nuestro tiempo puede en cierta medida ayudarnos a entender lo que significa encontrar por primera vez y realmente a este Dios. Me refiero a la africana Josefina Bakhita, canonizada por el Papa Juan Pablo II.

Nació aproximadamente en 1869 –ni ella misma sabía la fecha exacta– en Darfur, Sudán. Cuando tenía nueve años fue secuestrada por traficantes de esclavos, golpeada y vendida cinco veces en los mercados de Sudán. Terminó como esclava al servicio de la madre y la mujer de un general, donde cada día era azotada hasta sangrar; como consecuencia de ello le quedaron 144 cicatrices para el resto de su vida. Por fin, en 1882 fue comprada por un mercader italiano para el cónsul italiano Callisto Legnani que, ante el avance de los mahdistas, volvió a Italia. Aquí, después de los terribles « dueños » de los que había sido propiedad hasta aquel momento, Bakhita llegó a conocer un « dueño » totalmente diferente –que llamó « paron » en el dialecto veneciano que ahora había aprendido–, al Dios vivo, el Dios de Jesucristo. Hasta aquel momento sólo había conocido dueños que la despreciaban y maltrataban o, en el mejor de los casos, la consideraban una esclava útil. Ahora, por el contrario, oía decir que había un « Paron » por encima de todos los dueños, el Señor de todos los señores, y que este Señor es bueno, la bondad en persona. Se enteró de que este Señor también la conocía, que la había creado también a ella; más aún, que la quería. También ella era amada, y precisamente por el « Paron » supremo, ante el cual todos los demás no son más que míseros siervos. Ella era conocida y amada, y era esperada. Incluso más: este Dueño había afrontado personalmente el destino de ser maltratado y ahora la esperaba « a la derecha de Dios Padre ». En este momento tuvo « esperanza »; no sólo la pequeña esperanza de encontrar dueños menos crueles, sino la gran esperanza: yo soy definitivamente amada, suceda lo que suceda; este gran Amor me espera. Por eso mi vida es hermosa. 

A través del conocimiento de esta esperanza ella fue « redimida », ya no se sentía esclava, sino hija libre de Dios. Entendió lo que Pablo quería decir cuando recordó a los Efesios que antes estaban en el mundo sin esperanza y sin Dios; sin esperanza porque estaban sin Dios. Así, cuando se quiso devolverla a Sudán, Bakhita se negó; no estaba dispuesta a que la separaran de nuevo de su « Paron ». El 9 de enero de 1890 recibió el Bautismo, la Confirmación y la primera Comunión de manos del Patriarca de Venecia. El 8 de diciembre de 1896 hizo los votos en Verona, en la Congregación de las hermanas Canosianas, y desde entonces –junto con sus labores en la sacristía y en la portería del claustro– intentó sobre todo, en varios viajes por Italia, exhortar a la misión: sentía el deber de extender la liberación que había recibido mediante el encuentro con el Dios de Jesucristo; que la debían recibir otros, el mayor número posible de personas. La esperanza que en ella había nacido y la había « redimido » no podía guardársela para sí sola; esta esperanza debía llegar a muchos, llegar a todos.

Benedicto XVI   Carta Enciclica Spe Salvi 

 

jueves, 8 de febrero de 2024

Santa Josefina Bakhita, esclava, religiosa, santa

 


Leer la historia de esta santa africana enaltece el alma, fortalece el espíritu y nos ayuda a aceptar nuestros propios sufrimientos pequeños y grandes, alentándonos porque un gran Amor nos espera, como la esperaba a ella. No obstante a nuestros ojos humanos creo que hay que tener un alma verdaderamente grande para decir :"Si volviese a encontrar a aquellos negreros que me raptaron y torturaron, me arrodillaría para besar sus manos porque, si no hubiese sucedido esto, ahora no sería cristiana y religiosa". Gracias Santa Josefina Bakhita por tu ejemplo.


Santa Josefina fue canonizada por el Santo Padre Juan Pablo II el 1ro de octubre de 2000 junto a otros santos mártires. Habia sido beatificada en la misma ceremonia en que fue beatificado Josemaría Escrivá el 17 de mayo de 1992.
 

En la Misa de canonización el Santo Padre Juan Pablo II nos recordó que en santa Josefina Bakhita encontramos una abogada brillante de la auténtica emancipación. La historia de su vida no inspira una aceptación pasiva, sino más bien una firme decisión de trabajar efectivamente por librar a niñas y mujeres de la opresión y la violencia, y devolverles su dignidad en el ejercicio pleno de sus derechos…….

Mi pensamiento se dirige al país de la nueva santa, que, durante los pasados diecisiete años, se ha visto desgarrado por una guerra cruel, para la que se vislumbra una pequeña señal de solución. En nombre de la humanidad que sufre, exhorto una vez más a los responsables: abrid vuestro corazón al clamor de millones de víctimas inocentes y seguid el camino de la negociación. Insto a la comunidad internacional a no seguir ignorando esta inmensa tragedia humana. Invito a toda la Iglesia a invocar la intercesión de santa Bakhita sobre todos nuestros hermanos y hermanas perseguidos y esclavizados, especialmente en África y en su tierra natal, Sudán, para que experimenten la reconciliación y la paz.

 

Y el Santo Padre Benedicto XVI en su Carta Encíclica Spe Salvi sobre la esperanza cristiana, en el primer capítulo, inmediatamente después de la introducción, titulado La fe es esperanza nos brinda un resumen de su historia y comienza preguntando:

(...)   ¿en qué consiste esta esperanza que, en cuanto esperanza, es « redención »? Pues bien, el núcleo de la respuesta se da en el pasaje antes citado de la Carta a los Efesios: antes del encuentro con Cristo, los Efesios estaban sin esperanza, porque estaban en el mundo « sin Dios ». Llegar a conocer a Dios, al Dios verdadero, eso es lo que significa recibir esperanza. Para nosotros, que vivimos desde siempre con el concepto cristiano de Dios y nos hemos acostumbrado a él, el tener esperanza, que proviene del encuentro real con este Dios, resulta ya casi imperceptible. El ejemplo de una santa de nuestro tiempo puede en cierta medida ayudarnos a entender lo que significa encontrar por primera vez y realmente a este Dios. Me refiero a la africana Josefina Bakhita, canonizada por el Papa Juan Pablo II. Nació aproximadamente en 1869 –ni ella misma sabía la fecha exacta– en Darfur, Sudán. Cuando tenía nueve años fue secuestrada por traficantes de esclavos, golpeada y vendida cinco veces en los mercados de Sudán. Terminó como esclava al servicio de la madre y la mujer de un general, donde cada día era azotada hasta sangrar; como consecuencia de ello le quedaron 144 cicatrices para el resto de su vida. Por fin, en 1882 fue comprada por un mercader italiano para el cónsul italiano Callisto Legnani que, ante el avance de los mahdistas, volvió a Italia. Aquí, después de los terribles « dueños » de los que había sido propiedad hasta aquel momento, Bakhita llegó a conocer un « dueño » totalmente diferente –que llamó « paron » en el dialecto veneciano que ahora había aprendido–, al Dios vivo, el Dios de Jesucristo. Hasta aquel momento sólo había conocido dueños que la despreciaban y maltrataban o, en el mejor de los casos, la consideraban una esclava útil. Ahora, por el contrario, oía decir que había un « Paron » por encima de todos los dueños, el Señor de todos los señores, y que este Señor es bueno, la bondad en persona. Se enteró de que este Señor también la conocía, que la había creado también a ella; más aún, que la quería. También ella era amada, y precisamente por el « Paron » supremo, ante el cual todos los demás no son más que míseros siervos. Ella era conocida y amada, y era esperada. Incluso más: este Dueño había afrontado personalmente el destino de ser maltratado y ahora la esperaba « a la derecha de Dios Padre ». En este momento tuvo « esperanza »; no sólo la pequeña esperanza de encontrar dueños menos crueles, sino la gran esperanza: yo soy definitivamente amada, suceda lo que suceda; este gran Amor me espera. Por eso mi vida es hermosa. A través del conocimiento de esta esperanza ella fue « redimida », ya no se sentía esclava, sino hija libre de Dios. Entendió lo que Pablo quería decir cuando recordó a los Efesios que antes estaban en el mundo sin esperanza y sin Dios; sin esperanza porque estaban sin Dios. Así, cuando se quiso devolverla a Sudán, Bakhita se negó; no estaba dispuesta a que la separaran de nuevo de su « Paron ». El 9 de enero de 1890 recibió el Bautismo, la Confirmación y la primera Comunión de manos del Patriarca de Venecia. El 8 de diciembre de 1896 hizo los votos en Verona, en la Congregación de las hermanas Canosianas, y desde entonces –junto con sus labores en la sacristía y en la portería del claustro– intentó sobre todo, en varios viajes por Italia, exhortar a la misión: sentía el deber de extender la liberación que había recibido mediante el encuentro con el Dios de Jesucristo; que la debían recibir otros, el mayor número posible de personas. La esperanza que en ella había nacido y la había « redimido » no podía guardársela para sí sola; esta esperanza debía llegar a muchos, llegar a todos.

miércoles, 8 de febrero de 2023

Josefina Bakhita una santa con una “fortaleza misteriosa”

 


Hoy celebramos la memoria litúrgica de santaJosefina Bakhitabeatificada y canonizada por Juan Pablo II. 

Traduzco aquí un trozo de su pequeña biografía-diario (una de las partes más tristes) donde ella cuenta como fue raptada:

 “Tenía cerca de nueve años, cuando una mañana, después del desayuno, salimos con una amiga de doce o trece años a pasear por nuestros campos, un poco alejados de la casa. Charlando de nuestros juegos, íbamos recogiendo algunas hierbas.

De repente vemos aparecer dos hombres extraños armados. Al acercársenos uno de ellos le dice a mi amiga: «deja que esta pequeña vaya allá donde comienza el bosque a buscarme un bulto; enseguida volverá y tu sigue tu camino, ella te alcanzará pronto».

Es evidente que su plan era alejarme de mi amiga, porque si hubiese estado presente en la captura, habría gritado para alertar. Yo no sospechaba nada. Enseguida obedecí, como siempre hacia con mi mama. Apenas entrada al bosque para buscar el bulto que no encontraba, veo a ambos hombres detrás mio…. Uno me toma bruscamente con una mano, con la otra extrae de su cintura un gran cuchillo, apunta a mi y con voz autoritaria me dice: «si gritas estas muerta. Vamos adelante!» mientras el otro me empujaba apuntándome con su fusil a mi espalda.

Yo estaba petrificada de miedo. Abro bien los ojos y comienzo a temblar de pies a cabeza, trato de gritar pero un nudo en la garganta me lo impide: no logro hablar, ni  llorar.

Empujada hacia el bosque con violencia con fines desconocidos, a través de los campos, siempre a paso rápido, me obligaron a caminar hasta la noche. Estaba muerta de cansancio y mis piernas y pies sangrando por las espinas y  rocas que encontrábamos en el camino.

Yo no hacia mas que sollozar pero aquellos corazones duros no sentían lastima alguna.

Finalmente pasando por un campo de melones, abundantes en aquellos lugares, hicieron una breve parada para recobrar fuerzas, mientras tanto recogían algunas frutas y me dieron un pedazo para que lo comiese. Pero yo no podía tragarlo aunque desde la mañana no había comido nada. No pensaba en otra cosa que en mi familia. Llamaba a mi mama y a mi papa con una angustia terrible. Pero nadie allí me oía. Más adelante, me intimaban a guardar silencio amenazándome y cansada como estaba me obligaban a seguir caminando durante toda la noche. Al alba llegamos a su pueblo. Yo no podía mas. Uno de ellos me agarro de la mano, me arrastro a su casa y me empujo a un pequeño habitáculo lleno de herramientas y cosas viejas, pero no había ni sillas, ni cama, ni mesa. Solo el piso.  Me dio un pedazo de pan y me dijo. «Quédate aquí» y saliendo cerró la puerta con llave. Allí estuve mas de un mes. Un pequeño agujero en el techo era mi ventana. De vez en cuando abrían para darme algo de comer. Lo que he sufrido en ese lugar no tiene palabras. Recuerdo todavía mis horas de angustia cuando, cansada de llorar, caía ya sin fuerzas al suelo en medio de un ligero sopor, mientras mi fantasía me llevaba a mis seres queridos lejos, lejos….

Allí veía a mis amados padres, hermanos y hermanas abrazándose con ternura y recordando como me habían raptado,  pensando cuanto habría sufrido. Otras veces me parecía jugar con mis amigas en nuestros campos, me sentía feliz; pero pronto me enfrentaba a la cruda realidad y en esa  horrible soledad, me invadía una terrible desesperación(*). Me parecía que me despedazaban el corazón.”

 

(*) es el único  momento en su vida en el cual Bakhita habla de desesperación.  Todos los testimonios de quienes la conocieron expresaron que la Santa aseguraba que nunca se había desesperado ni siquiera en los momentos más difíciles, y decía: “Sentía dentro de mí una fuerza misteriosa que me sostenía”

 

sábado, 6 de octubre de 2012

10º aniversario canonización Josemaría Escrivá de Balaguer


La Obra era para mí algo extraño, lejano…. quizás porque a quienes conocía no eran de mi agrado, sus gustos no eran mis gustos, sus ideas no coincidían con las mías…..después me fui encontrando con otras gentes de la Obra abiertos, generosos, siempre dispuestos y de alguna manera me fui dando cuenta de la importancia de la aceptación del otro,   de ver el mundo con sus ojos,   respetar sus caminos, sus costumbres,  su forma de ser.   Y me puse a  pensar …..ellos han cambiado o el cambio se había producido en mis adentros?  Finalmente ya como discípula de Juan Pablo II aprendí a aceptar y respetar “la realidad de la "diferencia" y la peculiaridad del "otro"  sin ver en ello un peso ni una amenaza.

Decía el Beato Juan Pablo II en la ceremonia de beatificación de San Josemaria Escrivá y Santa Josefina Bakita. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado. La señal por la que conocerán que sois discípulos míos será que os améis unos a otros” (Jn 13, 34-35)…. En esta frase evangélica encontramos la síntesis de toda santidad; la santidad que han alcanzado, por caminos diversos pero convergentes en la misma y única meta, Josemaría Escrivá de Balaguer y Josefina Bakhita. Ellos han amado a Dios con toda la fuerza de su corazón y dieron prueba de una caridad impulsada hasta el heroísmo mediante las obras de servicio a los hombres, sus hermanos. Por eso la Iglesia los eleva al honor de los altares y los presenta como ejemplo en la imitación a Cristo, que nos ha amado y se ha donado a si mismo por cada uno de nosotros” (cf. Gal 2, 20).

Y que tienen en común San Josemaria y Santa Josefina,  aparentemente tan distantes pero tan cercanos para haber sido beatificados el mismo día y ser comparados de esa manera? Precisamente eso la santidad! Leyendo entre líneas las palabras de Juan Pablo II interpreto: bienvenidos y bienaventurados todos aquellos que viven el Evangelio y se dejan impregnar por el Espíritu.

San Josemaria lo decía en otras palabras:  «Alégrate, si ves que otros trabajan en buenos apostolados. —Y pide, para ellos, gracia de Dios abundante y correspondencia a esa gracia: luego tú a tu camino, persuádete que no tienes otro»  Camino,  965


Un fuerte abrazo a mis amigos de la Obra!

miércoles, 8 de febrero de 2012

Santa Josefina Bakhita, apóstol con el ejemplo y la palabra



«Era el ángel de los pequeños sacrificios» decían las hermanas, «ayudaba a todas. Tenía una caridad exquisita para con todas, trataba de contentar a todas aun a costa de grandes sacrificios»

A las personas que venían a agradecerle una gracia recibida merced a su oración:
«Yo? Yo no he hecho nada! Que puedo hacer yo? Lo ha hecho todo El, el Señor!

En cualquier contrariedad, con su habitual sonrisa, se decía a sí misma en baja voz: 
«Paciencia, paciencia. Todo por amor a Dios…yo no soy capaz de nada. El Señor me ayudará.»


Santa Giuseppina Bakhita: IL DIARIO,  San Paolo,  Milano, 2010


sábado, 17 de mayo de 2008

Ceremonia Beatificación 17 de mayo 1992


El 17 de mayo de 1992 el Santo Padre Juan Pablo II celebraba la Ceremonia de beatificación de Josefina Bakhita, Hija de la Caridad, Canosiana y Josemaría Escrivá de Balaguer, sacerdote, Fundador del Opus Dei.

(de la homilía del Santo Padre Juan Pablo II)

Es necesario pasar muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios” (Hech 14, 22).

“Con sobrenatural intuición el beato Josemaría predicó incansablemente la llamada universal a la santidad y al apostolado. Cristo convoca a todos a santificarse en la realidad de la vida cotidiana; por ello, el trabajo es también medio de santificación personal y de apostolado cuando se vive en unión con Jesucristo, pues el Hijo de Dios, al encarnarse, se ha unido en cierto modo a toda la realidad del hombre y a toda la creación”. “Josemaría Escrivá de Balaguer, nacido en el seno de una familia profundamente cristiana, ya en la adolescencia percibió la llamada de Dios a una vida de mayor entrega. Pocos años después de ser ordenado sacerdote dio inicio a la misión fundacional a la que dedicaría 47 años de amorosa e infatigable solicitud en favor de los sacerdotes y laicos de lo que hoy es la Prelatura del Opus Dei.” Con sobrenatural intuición, el Beato Josemaría predicó incansablemente la llamada universal a la santidad y al apostolado…”

“En la Beata Josefina Bakhita encontramos también un testimonio eminente del amor paternal de Dios y un signo esplendoroso de la perenne actualidad de las bienaventuranzas. Nacida en el Sudán, en 1869, raptada por negreros cuando aún era niña y vendida varias veces en los mercados africanos, conoció las atrocidades de una esclavitud que dejó en su cuerpo señales profundas de la crueldad humana. A pesar de estas experiencias de dolor, su inocencia permaneció íntegra, llena de esperanza. “Siendo esclava nunca me he desesperado decía , porque en mi interior sentía una fuerza misteriosa que me sostenía”….

“Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado. La señal por la que conocerán que sois discípulos míos será que os améis unos a otros” (Jn 13, 34-35). Con estas palabras de Jesús concluye el Evangelio de la Misa de hoy. En esta frase evangélica encontramos la síntesis de toda santidad; la santidad que han alcanzado, por caminos diversos pero convergentes en la misma y única meta, Josemaría Escrivá de Balaguer y Josefina Bakhita
y mi entrada anterior Soñad y os quedareis cortos
También mis entradas anteriores (Josefina Bakhita) Palabras y Esclava
Y leer el numero de Febrero 2008 de Totus Tuus

martes, 19 de febrero de 2008

Santa Josefina Bakhita - palabras y oración


Algunas palabras de Santa Josefina (de "Totus Tuus, febrero 2008)
“Maria me protegía antes que yo la conociese!”
“He dado todo a mi Señor: El cuidará de mi....Lo mejor para nosotros no es lo que nosotros consideramos mejor sino aquello que el Señor quiere de nosotros”
“Cuando una persona ama profundamente a otra, desea ardientemente estar a su lado, entonces porque tener miedo de morir? La muerte nos lleva cerca de Dios”.
“Si volviese a encontrar a aquellos negreros que me raptaron y torturaron, me arrodillaría para besar sus manos porque, si no hubiese sucedido esto, ahora no sería cristiana y religiosa”“O Señor, si yo pudiese volar hacia alli, hacia mi gente a predicar a todos a viva voz Tu bondad: Oh, cuantas almas podría conquistar para Ti! Entre los primeros, mi madre, mi padre, mis hermanos, mi hermana todavía esclava....todos, todos los pobres negros del Africa, haz o Jesus, que también ellos te conozcan y te amen

Oración por intercesión de Santa Josefina Bakhita

(pido a todos los que lean este mensaje que se detengan por unos segundos y recen esta breve oración por todos sus hermanos, que tambien son hermanos nuestros que tanto sufren en Sudan)

Padre Celestial, Tu Hijo Jesucristo, por su sufrimiento y su muerte en la cruz se entregó como don de amor para el perdón de los pecados y la salvación de todos los pueblos.
También ella se ofreció por medio de su sufrimiento en la esclavitud. Oramos humildemente para que por su intercesión Tu puedas salvar a sus hermanos y hermanas del Sudan de la esclavitud y de la persecución.
Que ella pueda obtener el don de la justicia y de la paz para su pueblo y el mundo entero.
Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor.
Amen