Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

viernes, 9 de noviembre de 2012

Polonia cuna de los Movimientos "Oasis" y “Luz-Vida" creados por el sacerdote Franciszek Blachnicki (2 de 2) Breve biografía de su fundador y algunos datos adicionales




Franciszek Blachnicki nació en RybnikPolonia, el 24 de marzo de 1921 como séptimo hijo del matrimonio de Józef y Maria Blachnicki.  Completó la educación secundaria en en Tarnowskie Góry, en 1938.   A comienzos de la Segunda Guerra Mundial tomo parte en la campaña de septiembre. 
Después de la capitulación se unió al movimiento clandestino de la Resistencia. Arrestado por la Gestapo en marzo de 1940 fue llevado a Auschwitz donde permaneció durante 14 meses como preso nro 1201. Nueve de esos meses los paso en la tal llamada brigada de castigo que incluía un mes de bunker. En marzo de 1942 fue transferido a la prisión de Katowice donde debido a sus “actividades antinazis” fue sentenciado a muerte. La pena le fue conmutada unos meses despues a 10 años de prisión pero fue liberado en 1945.  

Durante la tensa espera de su suerte el joven Blachniki vivencio una verdadera conversión a una fe muy personal en Cristo,  decidiéndose  donar su vida al servicio de Cristo. Después de la guerra entro en el Seminario de Silesia en Cracovia, donde fue ordenado sacerdote el  25 de junio de 1950.  
Corrían años duros y difíciles para la Iglesia polaca que se vio prácticamente confinada a cuatro paredes y vedada la actuación puertas afuera,  sin derecho a organizar asociación católica alguna o catequizar a los niños públicamente,  sumada la imposibilidad de acceso a los medios, si bien sabemos que supo defender sus derechos y principios valientemente.  Ante este panorama una de las posibilidades de la Iglesia en Polonia era volcarse a la religión popular como medio para transmitir el mensaje del Evangelio. De esta manera se multiplicaron las formas tradicionales de religión popular centradas en la Virgen Maria: los servicios marianos en mayo y octubre,  las devociones en honor a la Virgen,  solemnes coronaciones y las peregrinaciones a los santuarios marianos.   Subestimada por el gobierno comunista esta piedad popular creció y se fortaleció en toda Polonia estableciendo un “fuerte” de supervivencia ante la férrea y programada secularización que imponía el régimen.   La Iglesia polaca supo además encontrar otras alternativas formando (discretamente) grupos universitarios, grupos de intelectuales católicos y, semanas de cultura cristiana como una especie de “ofensiva” ante la embestida.  

En ese contexto apareció un movimiento de renovación surgido de la visión del joven sacerdote Franciszek Blachniki: fue el movimiento de los Oasis comenzado modestamente en 1951 con retiros espirituales para monaguillos (niños), Oaza Dzieci Bożych – Oasis para los Hijos de Dios – que eran retiros espirituales de 15 días.  El movimiento fue cambiando de nombre, llamándose luego Movimiento Oasis Luz-Vida y su objetivo era difundir y hacer comprender las enseñanzas del Concilio Vaticano II tanto por parte del clero como de los laicos.  Blachniki dedico parte de su tiempo a desarrollar métodos de formación litúrgica post Vaticano II. En agosto de 1955 participo de un retiro dirigido por el sacerdote Karol Wojtyla en Cracovia.  Entre sus tantas tareas e innovaciones Blachniki trabajó  durante un periodo en la pastoral diocesana y en el Comité de redacción de Gość Niedzielny. (Huesped dominical), administró el Centro de Catequesis y en 1957 desde el Santuario mariano de Piekary organizo una “cruzada de la templanza”: una campaña anti tabaco y anti bebida.  La popularidad de la cruzada molestó al régimen y alarmado clausuro las oficinas centrales y detuvo nuevamente al padre Blachniki. Una vez liberado prosiguió estudios en la Universidad católica de Lublin, escribió sus experiencias pastorales entre 1951-1960, publico varios trabajos en los campos de teología pastoral, ligurgia y catequesis. Invitado por el Obispo de Tarnow se estableció en Kroscienko, donde actualmente funciona el Centro del Movimiento Luz-Vida.  


A pesar de las  numerosas dificultades el movimiento siguió creciendo y en los años `60  Oasis ya se había organizado por toda Polonia.  En los 70` los retiros se fueron ampliando a familias, estudiantes, jóvenes trabajadores, adultos, sacerdotes, seminaristas y religiosas.  Oasis también llego a llamarse Oasis de la  Iglesia Viviente y entre 1974 y 1976 se había triplicado la cantidad de miembros del movimiento. En marzo de 1976 se realizó el primer congreso y el movimiento adopta su nombre definitivo Luz-Vida. El movimiento destinado a todas las edades y vocaciones es uno de los movimientos de renovación dentro de la Iglesia católica y se basa en las enseñanzas del Concilio Vaticano II.   No obstante haber cambiado de nombre siguió identificándose como el movimiento Oasis, un movimiento muy caro a Juan Pablo II, quien ya cuando era Obispo de Cracovia  había entablado con ellos estrecha relación incorporando el movimiento al plan pastoral de su diócesis a partir de 1970.  El Obispo de Cracovia  participo también de los retiros hasta su partida en 1978, manteniendo reuniones especiales con los grupos en sus visitas a las parroquias de la Diócesis, recalcando siempre el espíritu y la metodología de  “los oasis”  tan ligados a la renovación del Concilio Vaticano II.
  
En 1981 al declararse la ley marcial el padre Blachniki se encontraba en Roma y no pudo regresar a Polonia. En  1982 se radica en Alemania en el centro polaco Marianum en Carlsberg, y allí organiza el Centro internacional de evangelización Luz-Vida y cumple tareas pastorales entre los emigrados polacos.  Muere en Carlsberg el 27 de febrero de 1987.  Despues de su muerte Juan Pablo II envió un telegrama al Obsipo Szczepan Wesoly (Obispo para emigrados polacos) llamándolo “un apóstol ardiente  por la renovación y la conversión, un gran sacerdote dedicado a los jóvenes”
El 9 de diciembre de 1995 comienza el proceso de su beatificación y el 1ro de abril de 2000 los restos mortales del Siervo de Dios Franciszek Blachnicki son trasladados a la Iglesia del Buen Pastor en Kroscienko.



Fuentes
Adam Boniecki: The making of the Pope of the Millenium: Kalendarium of the Life of Karol Wojtyla, Marian Press, 2000


lunes, 5 de noviembre de 2012

Juan Pablo II: el Gigante de la fe


«De repente recordé cuando todo había comenzado». 

El 16 de octubre de 1978 el secretario del cardenal Wojtyla  Stanisław Dziwisz esperaba, como todo el mundo, la elección del nuevo Pontífice.  Y la emoción es casi la misma que la vivida aquella tarde.
Qué recuerda de aquel día que ha cambiado también su vida?
Como todos los días del cónclave fui a la plaza San Pedro y entre la multitud esperaba la elección del nuevo Pontífice. Estaba allí también cuando aquella tarde el cardinal Pericle Felici pronunció el nombre del nuevo Papa. Quedé paralizado.  Hacia exactamente doce años que un dia de octubre de 1966, el arzobispo metropolitano de Cracovia, monseñor Karol Wojtyła, me había invitado a colaborar con  él. Tenía veintisiete años, era un joven sacerdote.  Entonces no me daba cuenta que estaba comenzando la aventura más importante de mi vida.
A mucha gente le asombraba la gran tranquilidad y serenidad de este arzobispo “desconocido” de Cracovia al encarar una tarea que hubiera espantado a cualquiera.
Reflexionando ahora, creo que toda la vida personal y sacerdotal de Karol Wojtyła había sido como una preparación para esta misión única y dificilísima. El había vivido tiempos duros para la nación polaca: la ocupación nazi primero, el régimen comunista después.  Durante doce años fui testigo privilegiado de la vida cotidiana y de la misión pastoral del cardenal Wojtyła.  Lo que me impresionaba era el hecho que su actividad – sus encuentros con la gente, las decisiones que tomaba, las visitas pastorales, el anuncio de la palabra de Dios, la actividad académica – estaba constantemente inmersa en la oración.

Estamos en el Año de la fe y en estos días se está llevando a cabo el Sínodo para la nueva evangelización. Un tema éste muy cercano al corazón de Juan Pablo II.
Hablaba de la nueva evangelización porque era un gran evangelizador. En el mundo de hoy se puede evangelizar gracias a verdaderos testigos de la fe pero gracias también a auténticos pastores.  El fue testigo y  pastor.  Por medio de su persona hemos recibido el don de  una guía sabia en nuestro mundo difícil e inquieto.  Yo soy testigo – mejor dicho  “todos nosotros fuimos testigos” de su gigantesco trabajo de evangelización. Juan Pablo II no descanso en su pontificado porque quería  que la verdad de Cristo – Señor y Redentor del hombre – llegase a todos, a aquellos que ni siquiera habían oído hablar de El,  y también a  aquellos que lo habían olvidado en el desierto creado por el secularismo, donde el hombre vive como si Dios no existiese.   
Que herencia nos deja el Papa Wojtyla?  Personalmente que le ha dejado este hombre definido por usted como un «gigante de  la fe»?
Como hombre y como sacerdote me he formado en la escuela de Karol Wojtyla. El continúa influyéndome en mi servicio a la Iglesia y a la gente. Juan Pablo II me ha hecho ejecutor de su testamento. Pero se trata básicamente de su testamento espiritual, porque el Santo Padre tenía pocas cosas materiales: me había encargado regalar todo lo que poseía. Ha dejado,  en cambio,  una enorme herencia espiritual.  
 Włodzimierz Rędzioch
16 de octubre 2012

sábado, 3 de noviembre de 2012

Beatificación de la Venerable Maria Crescencia Perez


A mediados de noviembre (16/17/18) la ciudad de Pergamino en la provincia de Buenos Aires estará de fiesta.  Pergamino es el lugar donde vivió gran parte de su vida la venerable Maria Crescencia Perez. Habia nacido en San Martin, Provincia de Buenos Aires, pero al poco tiempo la familia se radico en Pergamino. 

  María Angélica ingreso en el Noviciado de las Hermanas del Huerto en Buenos Aires el 31 de diciembre de 1915  y recibió el hábito el 2 de septiembre de 1918.  En su vida religiosa se dedico a niños y enfermos.   Debilitada su propia salud fue trasladada a Vallenar en la vecina Republica de Chile, donde las Hermanas del Huerto atendían un Hospital.  Ante el dolor de dejar su patria decía “Por cumplir la voluntad de Dios iría al fin del mundo” 
Leemos en la página dedicada en su honor que  “vivió en Vallenar entregada totalmente al servicio de sus hermanos enfermos”. Murió el 20 de mayo de 1931, momentos en los cuales las hermanas del Huerto vivieron una experiencia extraordinaria, que fue confirmada nuevamente años mas tarde.A poco de morir en el colegio del Huerto de Quillota, distante 600 Km de Vallenar, estando las Hermanas reunidas percibieron una fragancia semejante al perfume de las violetas, que permaneció varios días dentro de los muros del colegio. Ante este hecho inexplicable, la Superiora dijo: "Ha muerto la Hermana Crescencia". Inmediatamente llegó un telegrama avisando su muerte”. 

“Cuando la comunidad del Huerto dejó Vallenar, la población no quiso que se llevasen el cuerpo de quien llamaban "La santita". Por eso quedó allí 35 años, hasta que el 8 de noviembre de 1966 la Congregación dispuso el traslado de sus restos a Quillota.  Provista de una pequeña urna, abrieron el ataúd para reducir sus restos, pero encontraron intacto y en perfecta conservación su cuerpo y su santo hábito. Toda la ciudad de Vallenar se congregó para constatar este hecho tan singular. Se realiza nuevamente el velatorio y luego fue llevada a Quillota donde descansó 17 años en la bóveda de las Hermanas. En 1983 se trasladó su cuerpo al panteón de las Hermanas en Pergamino hasta el 26 de julio de 1986 en que, con motivo de la apertura del proceso diocesano en orden a su beatificación, se lo trasladó a la Capilla del Colegio del Huerto.”
El proceso diocesano fue comenzado en 1986 por el entonces Obispo de San Nicolás de los Arroyos, Mons. Domingo Salvador Castagna. El 3 de octubre de 1990 la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos abrió el proceso en Roma. En la página web de Mons. Castagna podemos leer un estudio completo acerca de las virtudes de la nueva beata,  declarada venerable por el Papa Juan Pablo II el 22 de julio de 2004 y el 19 de diciembre de 2011 el Santo Padre BenedictoXVI aprueba el milagro que permite su beatificación. 
Invito ver el programa  completo de las ceremonias para la beatificación: 
viernes 16 Noviembre -  Vigilia
Sábado 17 Noviembre  celebración central de la beatificación
Domingo 18 Noviembre  Santa Misa en acción de gracias.  
Y las instrucciones prácticas para quienes planean participar.  

jueves, 1 de noviembre de 2012

500 años de la Capilla Sixtina


 Contemplando tanta belleza, surge de forma espontánea hacer nuestros los sentimientos del salmista: «Glorifica al Señor, Jerusalén, alaba a tu Dios Sion» 


Anoche en las primeras vísperas de la solemnidad de todos los Santos, se conmemoraban los 500 años de la inauguración de los frescos de la capilla Sixtina en una ceremonia litúrgica presidida por el Santo Padre Benedicto XVI.  “Se recordaba aquel 31 de octubre de 1512, cuando Julio II inauguraba con la liturgia de Vísperas la bóveda concluida por Miguel Ángel, después de  un enorme esfuerzo que duró cuatro años (1508-1512),” (News.Va) 

“Porque recordar ese evento histórico-artístico en una celebración litúrgica? - preguntaba el Santo Padre Benedicto XVI en su discurso -   Sobre todo porque la Sixtina, es por naturaleza, un aula litúrgica y es la Cappella magna  del Palacio Apostólico Vaticano.   Además porque las obras artísticas que la decoran,  en particular la serie de pinturas al fresco, encuentran en la liturgia, por asi decirlo, su ambiente vital, el contexto en el cual se expresa mejor toda su belleza, toda su riqueza y la cabal gravidez de su significado.  Es como si durante el acto litúrgico, toda esta sinfonía de figuras cobrase vida, en un sentido por cierto espiritual, pero inseparablemente también estético, porque la percepción de la forma artística es un acto típicamente humano y como tal absorbe los sentidos y el espíritu. En pocas palabras: la capilla Sixtina contemplada en oración es aun más bella, más autentica, se revela en toda su riqueza. Aquí todo vive, en todo resuena el contacto con la Palabra de Dios.”

Con el video que ofrece el sitio de la Santa Sede,  quienes estamos lejos podemos vivenciar la luminosidad de esa “luz cegadora” un poco mas de cerca,  sentirnos literalmente allí dentro participando de la ceremonia.   Para mi fue un revivir momentos únicos, increíbles, inolvidables, verdaderos regalos de Dios, cuando con el Tríptico Romano de Juan Pablo II en mano leía y me deleitaba con cada verso admirando texto y figuras….. allí en uno de los bancos laterales, alternando de un lado hacia otro para verlo todo, querer absorberlo todo, grabar en mi corazón toda esta inmensa catequesis  para no olvidarla nunca.

"También  vosotros,  cual  piedras  vivas,  entrad en la construcción de un edificio espiritual" (1 P 2, 5).  - de la introducción del discurso del Beato Juan Pablo II del 11 de diciembre de 1999 al concluir las obras de restauración de la capilla Sixtina.  Invito leer las preciosas palabras de quien pocos años después escribiera Triptico Romano para nuestra reflexión.

"De estas decoraciones - dice alli Juan Pablo II - se eleva un himno a Cristo. Todo lleva a él. En él todo encuentra plenitud. Sin embargo, es importante considerar que en estas pinturas nunca está solo:  alrededor de él, al igual que en torno a Moisés, se apiñan rostros de hombres y mujeres, de ancianos y niños. Es el pueblo de Dios en camino, es la Iglesia "edificio espiritual", construido con piedras vivas que se unen a él, "piedra viva, desechada por los hombres, pero elegida y preciosa ante Dios" (1 P 2, 4).


Invito leer mis posts Triptico Romano - meditaciones
y
No dejar de leer el interesante y original artículo de Juan Vicente Boo en ABC


Noviembre 2012

Beato Juan Pablo II en Guatemala, 30.07.2002
Recuerdan la anécdota del reloj? Aquí también se lo ve con reloj pulsera;)
cuantos habrá regalado y en que manos estarán esas reliquias? (de 2do orden, naturalmente)

miércoles, 31 de octubre de 2012

Slawomir Oder: Juan Pablo II, un pontificado que cambió el rostro de la Iglesia




Transcribo textualmente la entrevista realizada a Mons. Slawomir Oder, postulador de la causa de beatificación y canonización de Juan Pablo II, entrevista que fuera publicada en el sitio oficial de la causa, que invito visitar. 


"El 22 de Octubre de 1978 Juan Pablo II desde el altar de la Basílica de San Pedro, repleta de fieles, pronunciaba su primera homilía inaugurando así su magisterio: «No tengáis miedo. Abrid, y aún de par en par, las puertas a Cristo». Aquellas palabras simples y claras pronunciadas por un padre que tiene en el corazón a sus propios hijos han contribuido a cambiar radicalmente el rostro de la Iglesia. Hoy a 34 años de aquel cambio epocal lo queremos recordar junto a Mons. Slawomir Oder, Postulador de la causa de Canonización de Juan Pablo II que desde hace ya un buen tiempo camina junto a nuestro Beato recogiendo y observando todos los «pequeños» milagros que continúa realizando.

Mons. Oder, ¿qué significado tiene hoy esta conmemoración?
Este arco de tiempo ha seguramente esculpido un capítulo importante en la historia de la Iglesia. Ha sido el don de la Providencia para la transición del segundo al tercer milenio. Ha sido su salto de calidad, su salto epocal. Un salto signado por el esfuerzo constante de vivir y poner en práctica las sugerencias y las indicaciones del Concilio Vaticano II; y el magisterio de Juan Pablo II es un símbolo de su perfecta interpretación práctica.


¿Qué influencia ha tenido en la vida del Beato el haber participado al Concilio Vaticano II, del cual este mes se celebra el 50º aniversario?
Karol Wojtyla ha sido uno de los padres conciliares más jóvenes. Siendo todavía obispo, ha vivido muy intensamente aquella realidad que ha profundamente incidido en su identidad sacerdotal y episcopal: distinguiéndose por su fuerte personalidad ha contribuido a la elaboración de algunos de los conceptos más importantes que surgieron del Concilio. Nociones que después han estado presentes a lo largo de todo su pontificado: tomemos como ejemplo la colegialidad manifestada con una fuerte apertura y en el diálogo concreto entre las diversas religiones. También el apoyo concreto y eficaz a la vida laical. Dos puntos que hoy tienen un rol clave en los temas que el 13º Sínodo de los Obispos está tratando en estos días.
Podemos decir que todo el pontificado de Juan Pablo II ha representado el esfuerzo constante por actualizar la inspiración divina presente es aquel gran evento.


Regresando a aquel 1978 ¿Ud. donde se encontraba? ¿Cómo vivió aquel momento?
El día del inicio del pontificado estaba en Polonia. Me acuerdo perfectamente de la atmósfera de esos días. La Misa andaba en onda en una de las poquísimas trasmisiones de carácter religioso que la televisión, controlada en aquel momento por el régimen, permitía. Estábamos todos pegados al televisor para seguir cuanto estaba sucediendo en Roma. Y no se puede no recordar naturalmente las palabras que han caracterizado todo el pontificado de Juan Pablo II, las palabras de la apertura, las palabras del coraje: «No tengáis miedo. Abrid, y aún de par en par, las puertas a Cristo». En aquel momento para nosotros en Polonia, pero pienso que también para todos los creyentes en el mundo, aquel anuncio tenía un significado y un valor del todo particular de fuerza y esperanza.
Incluso ahora en el contexto de los varios encuentros que tengo con los fieles y con las diversas realidad eclesiales aquellas palabras regresan continuamente; constituyen el lema y una constante de su magisterio. Por esta razón Juan Pablo II representa el testimonio del coraje, de la esperanza y del amor de Cristo.

En estos días se está llevando a cabo el 13º Sínodo de los Obispos donde las autoridades eclesiales son llamadas a dar su contribución para el mejoramiento de la Iglesia. 

Ahora bien, partiendo de aquel «abrid las puertas a Cristo», ¿en qué medida piensa que esta invitación ha sido realizada en el curso de estos años?
No es de mi competencia ofrecer una valoración histórica sobre aquello que ha obrado la Iglesia. Puedo decir que toda reforma, todo lo obrado por nuestro Papa Benedicto XVI no es otra cosa que la continuación de la invitación del Beato Juan Pablo II de abrir la propia existencia a Cristo. Porque cuando en la vida de cada creyente está presente Cristo allí está la verdad, la bondad, la esperanza, la autenticidad de la vida cristiana. Allí donde falta esta apertura es entonces que aparecen las situaciones difíciles donde se anida también el pecado. Aquellas palabras son las palabras que debían dar coraje a los pueblos a acoger a Cristo. Y hoy gracias a la obra del Beato Juan Pablo II en primer lugar y al trabajo de nuestro Papa Benedicto XVI después, aquel espíritu resuena todavía al interno de la Iglesia.   


El Papa Benedicto XVI en la misa de apertura del Sínodo ha confirmado que «el Crucifijo debe ser el signo distintivo para anunciar el Evangelio». De esta visión, ¿no surge con fuerza la figura de Juan Pablo II?
Existe una hermosísima foto que todos conocen, de uno de los últimos viernes santos, donde el Beato Juan Pablo II al adorar la cruz la entrega al cardenal Ratzinger. Una hermosísima foto de altísimo contenido simbólico. Un pasaje de entrega del cual hoy vemos la fuerza. No podemos pensar en Juan Pablo II sin la cruz, no podemos pensar a Él sin el testimonio silencioso de su fidelidad al Evangelio, sin aquella tenacidad en el llevar la propia cruz. Y es justamente en aquellos momentos donde la palabra ha perdido lugar, pues en aquellos instantes resonaba con fuerza su testimonio de la centralidad de la cruz. Pensando a esto, resalta inmediatamente la gran actualidad del mensaje de Benedicto XVI: «El Crucifijo es por excelencia el signo distintivo de quién anuncia el Evangelio». 


Haciendo una pequeña comparación, Mons. Oder ¿qué diferencia encuentra entre las emociones y sensaciones experimentadas en aquel día de 1978 con las que vive hoy después del camino que ha recorrido en la Iglesia y en los últimos años junto al Beato Juan Pablo II?
En aquel 1978 era todavía un joven al inicio de la vida madura, en la búsqueda de la propia vocación. Paradojalmente aquel evento ha retardado mi llamada envuelto como estaba de aquella ola de esperanza y libertad. Mi madurez no hubiera sido tal sin la figura de Juan Pablo II que ha sido para mi generación y para las sucesivas la más importante guía espiritual, un hombre de nuestros tiempos. De hecho lo que impresiona y atrae tan fuertemente en nuestro Beato es su contemporaneidad, lo sentimos como uno de nosotros, con nuestros problemas, nuestros titubeos y preocupaciones y al mismo tiempo como al hombre maduro espiritualmente que ha encontrado, no sin dificultad, las respuestas que después ha compartido con nosotros en la comunión con Cristo, abriendo de par en par las puertas de nuestros corazones. Juan Pablo II no ha sido un maestro sino un testigo que ha vivido, experimentado y compartido el verdadero amor de Cristo."
Giuseppe Tetto

martes, 30 de octubre de 2012

Mons. Castagna reflexiona sobre el Concilio Vaticano II




En una reflexión relativamente extensa pero muy completa y que seguramente interesará a quien quiera profundizar en la vida de la Iglesia durante el Año de la Fe,  Mons. Domingo Salvador Castagna, Obispo emérito de Corrientes, Argentina nos invita a reflexionar sobre el Concilio Vaticano II a los 50 años de su inicio.

Mons. Castagna comienza su reflexión con una experiencia personal: Fui ordenado sacerdote casi seis años antes de inaugurarse el Concilio Vaticano II. Durante aquellos primeros años de sacerdocio me preguntaba, con mucha frecuencia, si la Iglesia estaba dispuesta a una renovación, cuya necesidad ya entonces se vislumbraba con cierta urgencia. No dudaba de que, en la tarea de renovarse, la Iglesia debía mantener fidelidad absoluta a su naturaleza y a su Tradición. Con pesar, advertía a diario, que la mayoría de los bautizados no frecuentaban los sacramentos, no cultivaban la lectura piadosa de la Sagrada Escritura y no experimentaban la mínima inquietud por la evangelización del mundo. En mi caso, y en el de muchos hermanos presbíteros de la época, pasaba largas horas en el confesionario atendiendo a un número selecto de cristianos mientras muchísimos otros transitaban caminos ajenos a la fe, sin inquietarse por superarlos mediante la gracia de los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía.”

Luego nos recuerda la importancia del Sínodo de 1985,  durante el pontificado de Juan Pablo II a los 20 años del Concilio,  en el cual el Cardenal John Krol, presidente delegado subrayaba en su saludo inaugural que : “El Papa no nos ha llamado a celebrar un mini-concilio o a cambiar o corregir el Vaticano II, sino a revivir la extraordinaria experiencia de comunión eclesial, que caracterizó al Vaticano II”  
En su reflexión Mons. Castagna invita ahora  “a toda la Iglesia a revivir aquella experiencia.”
Mons Castagna enumera  los documentos surgidos del vaticano II :  4 Constituciones, 9 Decretos y 3 Declaraciones, en total 16 y nos invita “con urgencia a una relectura”. Habla también de la tan necesaria colegialidad, tema tan caro a Juan Pablo II.

En el último párrafo de su exposición  Mons. Castagna transcribe la sucesión histórica delos Concilios de la Iglesia Católica: “en total  21 Concilios Ecuménicos, sin contar el de los Apóstoles en Jerusalén.”
 Y concluye su exposición, entre otros, con estas palabras:

“ El Concilio Vaticano Segundo no ha pasado de moda. Es un momento de la historia de la Iglesia en el que se concentra, en una síntesis admirable, todo el acontecimiento - aún inconcluso - que ha provocado un viraje de 180 grados en la marcha de la humanidad hacia su destino propio: el que Dios le señala desde su eternidad.  Cristo conduce ese momento. Mejor dicho: Dios mismo, que valora de tal modo al hombre, se sumerge en su historia para recuperarlo (para salvarlo). Ese empeño divino por salvar a los hombres es transmitido a su Iglesia mediante el ministerio ejercido por los Apóstoles y sus sucesores, como también por quienes reciben un grado de participación en él. El Concilio constituye una Asamblea de los mencionados Pastores (Obispos) cuya finalidad es orientar la acción pastoral hacia el cumplimiento de su misión evangelizadora.”