Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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viernes, 27 de octubre de 2023

Wanda Poltawska, fiel amiga de Karol Wojtyla/Juan Pablo II, descansa en paz!

 


El 25 de octubre pasado, a la edad de 101 años (cumpliría 102 el próximo  2 de noviembre)  falleció la profesora Wanda Półtawska, fiel amiga de Juan Pablo II.

 

Wanda Wojtasik Półtawska  nació el 2 de noviembre de 1921 en Lublin y fue educada en la escuela de las  Hermanas Ursulinas en Lublin- De niña se convirtió en exploradora y durante la Segunda Guerra Mundial se unió a la lucha clandestina. Arrestada por la Gestapo el 17 de febrero de 1941, fue puesta bajo custodia en el castillo de Lublin, luego   transportada al campo de concentración para mujeres en Ravensbrück.  Alli fue una de las 74 mujeres polacas  sometidas a operaciones pesudomédicas.  Antes del final de la guerra, fue llevada al campo de Neustadt-Glewe, donde permaneció hasta el 7 de mayo de 1945.  

Habiendo pasado por el infierno de  prisiones y  campos de concentración no claudicó y en ese crisol de sufrimiento y humillación maduró en  amor y servicio – comentó el cardenal Stanisław Dziwisz con motivo de su centenario. 

En el otoño de 1945 comenzó sus estudios de medicina en la Universidad Jaguellonica y en 1964 obtuvo su doctorado en psiquiatrìa. El 31 de diciembre de 1947 se casó con Andrzej Półtawski.  Se desempeño como profesora académica y en 1967 organizó el Instituto de Teología de la Familia en la Facultad Pontificia de Teología de Cracovia y lo dirigió durante 33 años

Esposa, madre de cuatro hijas, médico y profesora se dedicó con alma y vida a la gran causa de defensa la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural.  Enseño con la palabra, integridad de vida y actitud firme, sin ceder ante las autoridades durante la dictadura comunista.

Trabajó  en estrecha colaboración con el cardenal arzobispo metropolitano de Cracovia, Karol Wojtyla, a quien conoció en la década de 1950,  enseñando simultáneamente medicina pastoral en Cracovia y más tarde en el Instituto Juan Pablo II de la Universidad Lateranense de Roma (1981-1984). Su larga amistad condujo a una estrecha cooperación e intercambio de correspondencia. – Su amistad y vínculo espiritual resultaron en bondades que enriquecieron a la Iglesia.  No hace falta agregar cuánto apreció Juan Pablo II la integridad, el pensamiento sabio, la experiencia y su compromiso apasionado por  los grandes temas del hombre, la familia y la sociedad – expresó  cardenal. Stanisław Dziwisz.

 

Fue miembro de la Pontificia Academia de la Vida. Recibió la medalla papal "Pro Ecclesia et Pontificie" y el presidente Andrzej Duda le concedió la Orden del Águila Blanca.

Participó en la campaña para conmemorar a las víctimas del campo de Ravensbrück y  en los trabajos de la Comisión para la Investigación de los Crímenes Nazis en Polonia. – “Mi preocupación es que los jóvenes sean humanos, porque en mi vida he conocido a hombres y mujeres inhumanos. La guerra ha terminado, pero sus efectos aún persisten. El más terrible de ellos es la subvaloración de la vida, que vemos en las tragedias del aborto y la eutanasia” escribió en una carta abierta sobre la memoria de las víctimas de Ravensbrück.

 Concédele Señor el descanso eterno, y que brille para ella la luz perpetua.  

Fuente: EKAI  

Invito visitar posts etiquetados Poltawska 

y los articulos:

GiampaoloMattei en Vatican News

Wlodzimierz Redzioch: Poltawska: una luchadora contra el aborto y su triste cumpleaños 

Giacomo Galeazzi: Wanda Poltawska, 55 años de amistad con el Karol Wojtyla


martes, 25 de julio de 2023

Entrevista a Stanisław Grygiel – Włodzimierz Redzioch (2 de 2)

 




Filosofo, periodista, alumno de Karol Wojtyla en la universidad católica de Lublin, Stanislaw Grygiel reflexionaba sobre la figura de Juan Pablo II . Amigo personal del papa polaco y profesor de antropología filosófica en el Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia, Grygiel fue uno de los pensadores contemporáneos más agudos.  Nacido en 1934 en Zembrzyce (Polonia) se licencio en filosofía en la Pontificia Facultad de Filosofía de la Compañía de Jesus en Cracovia (1956) y en filología en la Universidad Jaguellonica (1961). Obtuvo su doctorado en Filosofia cuatro años después, bajo la supervisión y dirección de su tesis por el que mas tarde seria el Papa Juan PabloII. Entre 1962 y 1980 fue editor del mensual católico Znak. Tambien fue cofundador y director de la publicación trimestral Il Nuovo Aeropago. Grygiel falleció el 20 de febrero de este año a los 88 años.

 

 


De qué modo la falta de libertad religiosa en la Polonia comunista influía en los métodos pastorales de la Iglesia?

 

Al negar a la Iglesia toda forma de actividad pública, el régimen comunista paradójicamente la había obligado a vivir en las relaciones puramente personales.  Nuestro« estar juntos» lo debíamos ocultar, pues la policía trataba de obstaculizarlo e incluso de destruirlo. También gracias a esto, en la semiclandestinidad, las relaciones de amistad, de confianza reciproca, al hacerse cada vez más fuertes, nos revelaban la belleza de la Iglesia, una belleza que nos hacia libres de todo aquello que solo se puede poseer.  Dios se sirve también de aquellos que lo niegan.

 

Usted conoció en Cracovia la noticia de la elección de «su arzobispo» a la cátedra de Pedro y siguió las primeros meses de pontificado en Polonia.  ¿Que impacto tuvo la elección de Karol Wojtyla sobre la vida de los católicos polacos?

 

Sólo puedo repetir cosas ya sabidas. La primera reacción de los polacos fue de alegría, pero al alegrarse se dieron cuenta de las nuevas posibilidades que esa noche se habían abierto a su patria, a su Iglesia. Comprendieron que desde entonces en adelante la Iglesia ya no debería realizar su trabajo pastoral en la semiclandestinidad. Los católicos se volvieron más valientes y audaces: un signo elocuente de este cambio fueron las manifestaciones populares por las calles de las ciudades del país, que sin que nadie hubiera pedido permiso, duraron toda la noche del 16 de octubre de 1978.  Recuerdo las discusiones de aquella noche ocn mis amigos: estábamos convencidos de que las fronteras de Polonia con Occidente  se abrirían y que antes o después también políticamente Polonia saldría del bloque comunista. Antes se pensaba que el comunismo iba a durar aun generaciones, al ver como los intelectuales y los políticos occidentales se dejaban seducir por las palabras y por el dinero de la policía secreta soviética. ¡Cuántas veces precisamente ellos habían intentado convencernos de que debíamos adecuarnos al comunismo! Fue la primera peregrinación del Papa a Polonia en 1979 la que despertó en los polacos la esperanza un poco adormecida a causa de más de cuarenta años de comunismo. En suma, durante sus primeros años de pontificado comenzó a vislumbrarse la aurora de los tiempos nuevos, y no solo para Polonia.

 

Juan Pablo II llevo consigo a Roma todo su bagaje de experiencias pastorales. ¿Podría explicarnos como influyo este en su gran compromiso en el campo de la pastoral de la familia de los jóvenes,  de los ambientes intelectuales y políticos?

 

En Roma el cardenal Karol Wojtyla siguió estando con los demás como en Cracovia. No cambio nada en su comportamiento. No se imponía a nadie y, por otra parte, no se encerraba en lo que yo llamaría «aislamiento pontificio». Por esto podía absorber la fe, la esperanza y el amor de todos los que Dios encomendaba a su trabajo pastoral y expresar luego estos dones con la fuerza propia de la fe, de la esperanza y del amor de Pedro. No pronunciaba condenas, simplemente confesaba la fe de la Iglesia, procurando que todos llegaran a madurar, y él con ellos. Para Juan Pablo II la libertad del hombre era algo sagrado, algo que el había vivido y, por tanto, algo que había visto en la tinieblas de la ocupación de Polonia, primero por parte de los alemanes y, luego, de los rusos. Mirando el futro de la Iglesia aprovechaba cualquier ocasión para encontrarse con los matrimonios y sus familias. Su decisión de fundar el Instituto pontificio para estudios sobre el matrimonio y la familia fue profética.  Los que se habían habituado al aislamiento de los Pontífices se quedaron incuso escandalizados al asistir al abatimiento de las barreras erigidas en otro tiempo como símbolo de la dignidad petrina.  Juan Pablo II escribió numerosos textos Pero no era la palabra escrita lo que el trababa de da a los demás en todo buscad que subida se convirtiera en palabra, como Dios mismo lo había pensado para los demás.  Creo que el trabajo pastoral con frecuencia ha quedado ahogado por demasiado papel: hacer pastoral quiere decir apacentar, o sea, estar con el rebaño. Cristo no escribió ni siquiera una sola línea. El es la carta pastoral viva que nos envió el Dios vivo. Es él, y no un texto cualquiera, quien permanece con nosotros. A los hombres vivos Dios les manda hombres vivos, No es Dios de muertos.

 

¿Por qué Juan Pablo II se comprometió tanto en la promoción de los movimientos laicales?

 

Porque veía a la Iglesia como un gran movimiento, como un movimiento primordial Ya en Polonia había podido conocer algunos movimientos. Venían a nosotros, a escondidas, desde Occidente, representantes de varios movimientos, en particular de Comunión y Liberacon, de Notre Dame de Vie y de los Focolares. El metropolita de Cracovia cultivaba intensas relaciones con ellos. Recuerdo en particular la figura del padre Francesco Ricci de Forli. Tres años después de su muerte Pablo II me dijo: yo rezo or el padre Francesco Ricci cada dia durante la misa. Para el cardenal Wojtyla toda parroquia debería ser movimiento. De lo contrario no sería una parroquia viva. Para el cualquier grupo de personas reunidas en la Eucaristía celebrada por el sacerdote era movimiento eclesial Sin la presencia de la Eucaristía los movimientos no serian más que partidos políticos.

 

Quienes tuvieron la suerte de ser huéspedes de Juan Pablo II notaban que en el apartamento del Papa se respiraba el aire de familia. El pontífice no solo se rodeaba de secretarios, religiosas y colaboradores, sino también de muchos viejos amigos que frecuentaban el apartamento pontificio a mendo con sus familiares Su familia era una de las que el Papa acogía. ¿Qué recuerda de esos encuentros?

 

La sencillez y la bondad del Papa. Los diálogos con el eran intercambios de dones, el nos donaba la presencia de su persona y nosotros, al recibirla, teníamos la sensación de haberle donado la nuestra. Esperaba a los demás, los buscaba. Era para los demás. Y era un hombre fiel. Precisamente gracias a esta fidelidad para con los demás, con su ayuda él aprendió la verdad de la alianza que por amor dos personas establecen para siempre. Con el mismo respeto ofrecía su tiempo a los adultos y a los niños. Una vez durante una cena con él, mi hijo, que tenía entonces ocho años, me daba puntapiés por debajo de la mesa para darme a entender que ya quería volver a casa. El Santo Padre se percató de ello y le pregunto: «¿Qué te parece a ti?».  Mi hijo, con sinceridad, respondió:  «Me estoy aburriendo. l Quisiera volver a casa». Y el Papa dijo: «Tienes razón. Yo te invite a mi casa y no me estoy ocupando de ti. Discúlpame.» Y desde ese momento hasta el fin de la velada se puso a jugar y a bromear con el. Para mí fue una lección sobre lo que significa vivir para los demás y ser su pastor.

 

¿Que echa de menos de Juan Pablo II?

 

Nada, salvo de vez en cuando su presencia física. Todo lo que era esencial y propio de su persona sigue presente. Su muerte no destruyó nada. Nuestro diálogo continúa. En el corazón de la Iglesia, es decir, en la Eucaristía, no hay muertos.


(Fuente: L´Osservatore romano, 1 de mayo 2011)


lunes, 24 de julio de 2023

Entrevista a Stanisław Grygiel – Włodzimierz Redzioch (1 de 2)

 


Filosofo, periodista, alumno de Karol Wojtyla en la universidad católica de Lublin, Stanislaw Grygiel reflexionaba sobre la figura de Juan Pablo II . Amigo personal del papa polaco y profesor de antropología filosófica en el Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia, Grygiel fue uno de los pensadores contemporáneos más agudos.  Nacido en 1934 en Zembrzyce (Polonia) se licencio en filosofía en la Pontificia Facultad de Filosofía de la Compañía de Jesus en Cracovia (1956) y en filología en la Universidad Jaguellonica (1961). Obtuvo su doctorado en Filosofia cuatro años después, bajo la supervisión y dirección de su tesis por el que mas tarde seria el Papa Juan PabloII. Entre 1962 y 1980 fue editor del mensual católico Znak. Tambien fue cofundador y director de la publicación trimestral Il Nuovo Aeropago. Grygiel falleció el 20 de febrero de este año a los 88 años.

 

Para comprender la actitud de Juan Pablo II respecto de los laicos es preciso conocer la actividad pastoral de Karol Wojtyla, primero sacerdote y luego obispo de Cracovia. Usted, profesor, estuvo muy unido al futuro Pontífice por lazos de amistad. Que es preciso conocer sobre el trabajo pastoral de Wojtyla con los laicos en Polonia?

 

La vida y el trabajo del hombre no sólo dependen de él, sino también del humus, que está constituido por la historia, el ambiente y la cultura. Ya se ha dicho mucho sobre la historia y la cultura polacas, sin las cuales no se puede comprender ni la persona de Juan Pablo II ni su acción pastoral. En cambio, es poco conocido el ambiente de Cracovia, las personas decisivas en su vida. Ante todo conviene recordar la figura de Jan Pietraszko, gran sacerdote y obispo, hoy siervo de Dios, que de alguna manera mostró al joven sacerdote Wojtyla el camino que lleva a los jóvenes.  El propio Juan Pablo II lo testimonió en el telegrama que envió a Cracovia al morir el obispo: «Tú me has abierto el camino que lleva a ellos». Recuerdo una cena con el Papa, y con el obispo Pieraszko, que le había llevado como regalo su último libro. En cierto momento, el Papa le dijo: «Obispo Jan, yo aprendo la teología de ti». Monseñor Pietraszko quedó sorprendido y al salir del apartamento pontifico nos pregunto a mi y a mi mujer: « El Papa lo dijo en serio, o bromeaba? Mis libros son para los párrocos». Pero el Papa, párroco del mudno entero, no había hablado en broma. Pietraszko fue uno de los más grandes maestros de la fe que la Iglesia polaca tuvo en el siglo pasado.

 

¿En qué consistía el método pastoral de monseñor Pietraszko?

 

No tenía ningún método conceptualmente elaborado. Sencillamente, estaba siempre presente entre nosotros, los jóvenes, en la iglesia y fuera de ella. Oraba con nosotros, comía con nosotros, meditaba con nosotros, se divertía con nosotros. Al mirarlo, veíamos en él un modo muy atractivo de estar en el mundo. Fascinados, buscábamos la fuente de la que él, de rodillas, sacaba agua. De un sacerdote que no está de rodillas se puede aprender a beber de botellas de productos elaborados, artificiales, pero nunca a beber agua pura de manantial.  Son ellos dos, Juan Pablo II y el obispo Pietraszko, quienes me hicieron ver cómo la cultura consiste en saber  cultivar la tierra en la que el hombre crece y madura para «resucitar», según la expresión de un gran poeta polaco a menudo citado por ellos, Cyprian Kamil Norwid.  La cultura, nos decían, no se reduce a la erudición. Más aun, no hay nada más peligroso para la sociedad que los eruditos sin la cultura que lleva a «resucitar».  La cultura o es pascual o no es cultura.  Gracias al modo como ellos estaban con nosotros nació una profunda amistad para siempre, no sólo entre ellos y nosotros, sino también entre nosotros mismos.  En esta amistad la ayuda, o si se prefiere, el trabajo pastoral era reciproco. Ellos ayudaban a los jóvenes y los jóvenes les ayudaban a ellos a buscar a Dios y a caminar hacia él.  El agricultor crece y madura juntamente con las plantas encomendadas a su cultivo. Esto lo sabían  muy bien nuestros dos obispos. Entre los amigos no hay barreras. Ellos estaban siempre accesibles y disponibles para nosotros. Podíamos ir a ellos cuando quisiéramos. Se podía llamar a su puerta incluso de noche. Las ovejas no piden audiencia a sus pastores, los siguen de dia y de noche. Si no pueden hacerlo, es signo de que son ovejas sin pastor.

 

Usted hablaba de la pastoral de la juventud, pero el futuro Pontífice se ocupaba también de las familias, de los estudiantes, de los intelectuales.

 

He dicho que los dos obispos crecían y maduraban juntamente con los jóvenes. Pero los jóvenes se casaban, y en consecuencia, ellos tuvieron que aprender a estar con los matrimonios, y luego con sus hijos, que consideraban como nietos espirituales.  Don Wojtyla comenzó su actividad pastoral con los jóvenes monaguillos en la parroquia de San Florián en Cracovia. Con el tiempo, los jóvenes se transformaron en profesores, médicos, abogados. Al igual que Pietraszko, también él se vio entonces obligado a ejercer la pastoral de los profesores, de los médicos, de los abogados de los jueces, etc.  De este modo, extendiendo su acción pastoral estos obispos nuestros tuvieron la oportunidad de comprender de modo originario, a través de la realidad viva más que a través de libros, lo que significa el término «laicado». Sobre todo bebieron «en la fuente»  la verdad del matrimonio, de la familia.

 

¿No se pueden enseñar estas cosas en el seminario?

 

A vivir se aprende viviendo. A hacer haciendo. El problema es si los superiores del seminario saben o no saben estar juntamente con sus seminaristas. Si saben cultivar la tierra en la que ellos mismos y los seminaristas tienen la posibilidad de crecer y madurar. La pastoral no es una teoría, sino una convivencia. Las teorías son para aprenderlas de memoria. La pastoral exige la sabiduría que nace en los hombres presentes mutuamente. El conocimiento de las teorías incluso puede obstaculizar la presencia recíproca d personas, o sea, las teorías de la pastoral pueden destruir la pastoral misma. Sobre la pastoral se puede discutir, organizar congresos, publicar muchos documentos, pero la verdadera pastoral es el intercambio de dones entre el sacerdote y el fiel. Esto Wojtyla lo sabía muy bien.

 

(Fuente: L´Osservatore romano, 1 de mayo 2011)

 

martes, 22 de julio de 2014

Jerzy Kluger : Irene Kluger habla de su esposo Jerzy (2 de 2)


(Irene y Jerzy Kluger en su casa en Roma)

En su tan conocido y ameno libro Cruzando el Umbral de la Esperanza, escrito con Vittorio Messori, Juan Pablo II escribe: 

“Deseo comentar también mi experiencia personal desde los primerísimos años de mi vida en mi ciudad natal. Recuerdo sobre todo la escuela elemental de Wadowice, en la que, en mi clase, al menos una cuarta parte de los alumnos estaba compuesta por chicos judíos. Y quiero mencionar mi amistad, en aquellos tiempos escolares, con uno de ellos, Jerzy Kluger, amistad que ha continuado desde los bancos de la escuela hasta hoy.” 

De esta manera el mundo supo de la amistad entre el Papa y un judío polaco, quien murió en Roma a los 90 años, seis años después de la muerte de su amigo Juan Pablo II.  Jerzy Kluger fue enterrado en el sector judío del cementerio de Prima Porta. Siete días después del entierro se llevo a cabo una conmemoración solemne en su honor, presidida por un rabino de Roma, en presencia de la viuda de Kluger Irene y su hija Linda (la segunda hija de Jerzy Kluger ya había muerto) y altas autoridades.  En el cementerio se escuchaban los ecos del Kaddish,  una plegaria judía por los muertos.  Al finalizar la ceremonia  Wlodzimierz Redzioch  habló con Irene Kluger en recuerdo de su esposo, patriota polaco y amigo de Juan Pablo II.

Jerzy Kluger y su esposa Irene, católica, en su casa en Roma….Cuando y en que circunstancias conoció a Jerzy Kluger?

Irene Kluger: Conoci a mi esposo durante la Guerra en Egipto, precisamente después de la batalla de El Alamein en 1942. Yo era oficial del ejercito británico y mi esposo oficial del ejercito polaco del General Anders, que luchó con los aliados. Le comento como se encontró mi esposo en  Egipto: al desatarse la 2da Guerra Mundial Jerzy dejó Wadowice y se dirigió al este con su padre para alistarse en el ejercito polaco. En 1940 fueron tomados prisioneros por los soviéticos y enviados a un campo de trabajos forzados en Siberia. Al aliarse los Estados Unidos con la Unión Soviética en contra de Alemania, muchos prisioneros polacos en la Unión Soviética pudieron alistarse en el ejercido del General Anders.  Este ejercito llega hasta Egipto a través de Uzbekistan y el Medio Oriente.  Yo me encontraba en Alexandria y el Cairo.  Me encontré a Jerzy porque practicaba el tenis igual que yo. Entonces podíamos jugar tenis en el club de los oficiales y fue allí donde nos vimos por primera vez.

Asi que se vieron y se enamoraron?

Kluger: Si, nos casamos en El Cairo. Lamentablemente la Guerra continuaba y Jerzy debió partir con el ejercito polaco y luchar en la campaña italiana, incluida la batalla de Monte Cassino. Yo regresé a Inglaterra,  y Jerzy pudo unirse conmigo terminada la Guerra.  Entonces entro en la Universidad de Nottingham, donde se graduó en ingeniería.

Porqué usted que es irlandesa y su esposo polaco deciden establecerse en Italia?

Kluger:  Mi esposo comenzó a trabajar con Italia.   También habíamos ido a Italia de vacaciones, visitamos San Remo y Positano,  entre otros nos enamoramos de este país.  Además nos gustaba el clima: mi hija menor, que sufría de asma, se sentía mejor en Italia que en Inglaterra; y aquí Jerzy podia jugar tenis todo el año (realmente era un deporte que le entusiasmaba) Así que decidimos radicarnos aquí.

Y como fue vivir en Italia?

Kluger: Cuando llegamos en 1950 Italia era un paraíso. Ademas, eramos jóvenes y veníamos llenos de entusiasmo.

Como católica, usted hizo bautizar a sus hijas y les dio una educación católica.  Quiere decir que su esposo era muy respetuoso en temas religiosos?

Kluger:  Mi esposo, al igual que su padre, eran creyentes judíos, pero muy tolerantes.   La familia de Jerzy no vivía en un ghetto, y tenían muchos amigos polacos católicos.  Además, uno se considera judío si tiene una madre judía, así que mis hijas, habiendo sido nacidas de una madre católica no eran judías y podían ser bautizadas.

El Cadenal Dziwisz se refirio a Jerzy Kluger como “un gran patriota polaco”.  Que le decía su esposo sobre Polonia y como sentía su país? 

Kluger: Es verdad, mi esposo era un gran patriota polaco. Me lo confirmaba a diario durante los 60 años de vida juntos. Supongo que no hace falta aclarar que hablaba de la Polonia de su infancia y juventud, pero también de Karol Wojtya.   No mostraba gran interés en la situación política de la Polonia de hoy, prefería leer los clásicos de la literatura polaca.  Todos los años participaba de la conmemoración de la batalla de Monte Cassino.

Jerzy Kluger peleó en la batalla de Monte Cassino como soldado del ejercito polaco del General Anders.  Éste fue un hecho histórico   muy importante para el pueblo polaco….

Kluger:  Jerzy siempre recordaba esos momentos muy vividamente.  Me lo repetía a menudo. Debemos recordar que por su participación en esta batalla mi esposo recibió una condecoración muy importante polaca “Polonia restituta”. Ademas, no hace mucho las autoridades lo promovieron de capitán a mayor. 

Cuando se enteré de la amistad entre estos dos niños de Wadowice Jerzy Kluger y Karol Wojtyla?

Kluger: Durante el Concilio Vaticano II mi esposo leyó en los diarios que el nombre del arzobispo de Cracovia era Karol Wojtyla  y recordó a su amigo de Wadowice.  Fue a un instituto polaco para averiguar, pero Wojtyla no estaba allí, así que dejo su numero de teléfono.  Poco tiempo después, Wojtyla llamo a la oficina diciendo”Eres tu Jurek Kluger?  Cuando Jerzy contestó: si!  le dijo que debían verse pronto.  Así que estos dos amigos de Wadowice se reencontraron después de 25 años. A partir de ese momento ya no perdieron contacto.   Cuando el cardinal Wojtyla estaba en Cracovia, se escribían o llamaban por teléfono y se encontraban personalente cuando el venia a Roma.

Que ocurrió cuando el cardinal Wojtyla es elegido Papa?

Kluger: Mi esposo estaba en el consultorio del dentista cuando escucho la noticia de la elección por radio. Llego a casa muy entusiasmado, también yo lo estaba.   Fueron momentos increíbles para nosotros.  El día después de la misa de apertura del pontificado de Juan Pablo II hubo una audiencia para los polacos en el Aula Pablo VI, durante la cual pudieron abrazarse.  A partir de entonces Jurek se encontraba con el a menudo.  Cada tanto también toda la familia almorzaba o cenaba con el Papa en el Vaticano o en Castel Gandolfo.  Nuestras reuniones eran por un lado muy sencillas – porque lo veíamos como uno de la familia – y a su vez extraordinarias. Karol Wojtyla era alguien muy especial en todo lo que hacia, según me decía mi esposo.    Karol Wojtyla nos quería y lo ratificó porque bautizo nuestra nieta, le dio la primera comunión y la casó y en el año 2000;  también bautizó a nuestra bisnieta Chiara!

 (en Castel Gandolfo Juan Pablo II saluda a Halina, amiga y compañera de escuela  de ambos - de Juan Pablo II y Jerzy - con ocasión del casamiento de Stefania, la nieta de Kluger, el 11 de septiembre de 1997).

Se hablo del rol de su esposo en la preparación de la visita que Juan Pablo II realizara a la Sinagoga en 1986 y en establecer relaciones diplomáticas entre Israel y la Santa Sede en 1993. Que nos puede decir acerca de esto?

Kluger: En cuanto ala visita del Papa a la Sinagoga, mi esposo no participo de la preparación.  Obviamente conocía al Rabino Toaf, pero no frecuentaba la Sinagoga de Roma porque los judíos romanos son Sefardies mientras que el era un Askenazi. Mi esposo también me comentó que  Karol WOjtyla ya había entrado a una sinagoga en 1936.  Wilhelm Kluger, el padre de mi esposo había organizado un concierto de un tenor famoso en la sinagoga local y había invitado al joven amigo de su hijo y a su padre.  En cambio Jurek trabajó mucho para que Israel y la Santa Sede establecieran relaciones diplomáticas.   Podia hacerlo porque conocía políticos Israelies y podía tratar directamente con el Papa.

Usted quería que su esposo fuera sepultado según el rito judío? Cual era el deseo de su esposo?

Kluger: En realidad, mi esposo quería ser cremado y llevado al cementerio judío de Londres, donde esta enterrado su padre. Lamentablemente la ley judía no permite la cremación así que pensé que entonces seria mejor hacerlo enterrar entre otros judíos en Roma.   Yo no conocía nada del rito del entierro judío:   la gente del Hogar donde murió mi esposo se ocupo de todo.  Debo también agradecer a todos los embajadores que asistieron a la ceremonia conmemorativa que se llevó a cabo siete días después de ocurrir la muerte.


 (Entrevista realizada por Wlodzimierz Redzioch – publicada en Inside The Vatican 25 de febrero de 2012)

jueves, 26 de junio de 2014

Aquellos días de octubre de 1978


“Las personas que conocían al cardenal Wojtyla en Cracovia esperaban que fuese elegido Papa?”

 le pregunta Wlodzimierz Redzioch a Wanda Poltawska y ella responde:

“En Polonia se sabía que nuestro Arzobispo gozaba de buenos contactos en el Vaticano y era apreciado por muchos purpurados. Además, Pablo VI lo llamó para que predicase los ejercicios espirituales para la Curia: fue una elección relevante.
El año 1978 fue un año particular para todos nosotros: mi familia y yo estábamos pasábamos las vacaciones junto con Mons. Wojtyla en las montañas. El 6 de agosto durante el desayuno nos confió: «nunca sueño nada, pero anoche soñé que Pablo VI me hacia una señal». Aquel mismo día nos enteramos por la radio de la muerte del Papa Montini. «Brat» (que significa hermano) se quedo con nosotros hasta el 8 de agosto, cuando partió para Roma, vía Varsovia. Regreso después de finalizado el conclave que eligió al cardenal Albino Luciani.
Pero en septiembre recibimos la sorprendente noticia de la muerte del nuevo Pontífice.  Cuando nos encontramos a fines de septiembre nos dijo: «esperaba tener más tiempo». Al saludarlo le preguntamos: «que nombre elegirás como Papa?»  Mi esposo le ahorró la respuesta y dijo: «Es obvio elegirá ser Juan Pablo II». El en cambio no profirió palabra.
Partió de Cracovia el 8 de octubre y nuestro próximo encuentro fue cuando el ya era Juan Pablo II. Quisiera agregar que hace muchos, muchos años atrás mi madre había “profetizado” que el se convertiría en Papa.”

(de la entrevista de Włodzimierz Redzioch a Wanda Poltawska en Accanto a Giovanni Paolo II  publicado por Edizioni Ares. 

La versión en español titulada Junto a Juan Pablo II fue publicada por Biblioteca de Autores Cristianos

sábado, 8 de marzo de 2014

“Junto a Juan Pablo II” – cuentan amigos y colaboradores (2 de 2)



Estaba en Paris cuando Wojtyla se convirtió en Papa. Estuve en la plaza san Pedro cuando Ali Agca trato de asesinar al Papa que estaba cambiando el mundo. He vivido cerca de Juan Pablo II durante todo su pontificado. Al inicio, por tratarse de un hecho extraordinario que un polaco ocupase la cátedra de Pedro, no  imagine hasta donde podría llegar la grandeza humana y espiritual de Wojtyla.  Pero al estar tan cerca de él y a sus colaboradores en un determinado momento me di cuenta que era un santo.  Cuanto más iba descubriendo esta realidad menos hablaba de ella: me parecía que estaría violando un secreto. Pero ahora, que también la Iglesia está por reconocer aquello que tantos ya habíamos comprendido, sentí que debía contar a través de las voces de sus colaboradores, la historia del santo Juan Pablo II.
Despues de diplomarme en Ingeniería en el Politécnico de Czestochowa y mis estudios de Africanistica en la Universidad de Varsovia, me encontraba en Paris:  tenía pensado alistarme como misionero laico en el Continente Negro.  Jamás había pensado que la elección del primer pontífice polaco también cambiaria mi vida.

La noticia de Karol Wojtyla papa, parecía un sueño imposible, y sin embargo ocurrió. El hijo de la Polonia «semper fidelis» llegaba al umbral petrino. Nadie imaginaba tampoco que el Papa cambiaria la historia de Polonia, de la Iglesia y del mundo.

Después de los días de festejos volví a lo cotidiano, al estudio,  al trabajo hasta que a dos amigos sacerdotes Casimiro Przydatekk SJ y Ksawery Sokolowski, se les encargo organizar un centro para peregrinos polacos en Roma.
El padre Sokolowski me incluyó en el proyecto con su propuesta: «porque no vienes a ayudarnos? Necesitamos personas preparadas con dominio de idiomas»  Y agregó «No te olvides que ahora la historia de Polonia se hace aquí».
Me quedé perplejo: ir a Roma significaba renunciar a los estudios y a la carrera profesional para escoger un futuro incierto y desconocido. Pero el Papa ya había abierto brechas en tantos corazones, incluido el mío, y después de algunos meses de hacerle frente a las tentaciones cambié la capital francesa por la italiana. Durante años acompañe a los peregrinos que eran recibidos por Juan Pablo II.

Estuve durante más de treinta años en el Osservatore romano, he frecuentado cantidades de miembros de la Curia, prefectos y presidentes de dicasterios, arzobispos y cardenales y colaboradores de los últimos tres pontífices.
En este libro trato de hacer conocer a Karol Wojtyla, el hombre, el sacerdote y el papa, contado por aquellas personas que le han servido, que han estado a su lado, que le han ayudado a escribir la historia de la Iglesia y del mundo.
Durante veintisiete años Juan Pablo II realizo 146 viajes apostólicos en Italia y 104 al extranjero, visitado 129 países, 822 días de viajes. En las 147 ceremonias de beatificación ha proclamado beatos a 1338 siervos de Dios y en las 51 ceremonias de canonización proclamado 482 santos. Ha escrito 14 encíclicas, 15 exhortaciones apostólicas, 11 constituciones, 45 cartas apostólicas, agregadas a los mensajes anuales para la Jornada Mundial de la Paz, la Jornada mundial del Enfermo, la Jornada Mundial de la Juventud y la Jornada mundial de las comunicaciones sociales. En estos 27 años el Papa polaco ha cambiado el mundo: lo ha hecho sin acceder a estrategias políticas sofisticadas sino sobre todo porque ha sabido tocar y cambiar los corazones de la gente. Los cambios verdaderos y duraderos no son posibles si no nacen de los corazones de las personas. En el libro que ustedes leerán las personas que he entrevistado cuentan sus encuentros con Karol Wojtyla, en algunos casos aun antes de convertirse en Papa, sus momentos de gozos y sufrimientos, dudas y certezas, durante salud o  enfermedad. Descubrirán muchas historias y anécdotas inéditas, tendrán la posibilidad de conocer el gran corazón con el cual Karol Wojtyla ha amado a Dios y a la humanidad.”

(Wlodzimierz Redzioch  -  introducción al libro “Junto a Juan Pablo II” – cuentan amigos y colaboradores 

“Junto a Juan Pablo II” – cuentan amigos y colaboradores (1 de 2)



Edizioni Ares de Milano acaba de publicar un libro titulado Junto a Juan Pablo II,  subtitulado “cuentan amigos y colaboradores”. 

Entre las 21 entrevistas realizadas por el periodista polaco  Wlodzimierz Redzioch,


De allí extraigo solo una pequeña parte e invito leer la entrevista  de la cual - según dice Zenit - se publican algunos extractos, extractos que, sin embargo,  brindan una visión íntima, sincera, humilde y entrañable de un Papa para con otro Papa quien hizo lo imposible por no dejarlo partir hacia su Bavaria natal como tenía planeado,  “invitándolo” (recordemos aquella frase “no hace falta que presente su renuncia cuando cumplia 75 años”)   a quedarse en el Vaticano porque era  “consultor obligado”. Se había hecho famosa la frase en debates sobre teología “que lo vea Ratzinger”.

Dice el Papa emérito Benedicto XVI en la entrevista:


“El primer encuentro consciente que tuve con el cardenal Wojtyla fue en el cónclave en el que fue elegido Juan Pablo I. Durante el Concilio, habíamos colaborado ambos en la Constitución sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo, sin embargo fue en secciones diferentes, por lo que no nos habíamos visto. En septiembre de 1978, con ocasión de la visita de los obispos polacos en Alemania, yo estaba en Ecuador como representante de Juan Pablo I. La Iglesia de Munich y Frisinga está unida a la Iglesia ecuatoriana por un hermanamiento realizado por el arzobispo Echevarría Ruiz (Guayaquil) y del cardenal Döpfner. Y así, con mi enorme pesar, perdí la ocasión de conocer personalmente al arzobispo de Cracovia. Naturalmente había oído hablar de su obra de filósofo y pastor, y desde hacía tiempo quería conocerle.

Wojtyla, por su parte, había leído mi Introducción al Cristianismo, que había citado también en los ejercicios espirituales predicados por él a Pablo VI y la Curia, en la Cuaresma de 1976. Por eso era como si interiormente ambos esperásemos encontrarnos.
Sentí desde el inicio una gran veneración y una simpatía cordial por el metropolitano de Cracovia. En el pre-cónclave de 1978 el cardenal Wojtyla analizó para nosotros de forma asombrosa la naturaleza del marxismo. Pero sobre todo percibí en seguida con fuerza la fascinación humana que de él emanaba y de como rezaba, advertí cuan profundamente estaba unido a Dios.”
[]
“Mi recuerdo de Juan Pablo II está lleno de gratitud. No podía y no debía intentar imitarlo, pero he intentado llevar adelante su herencia y su tarea lo mejor que he podido. Y por eso estoy seguro que todavía hoy su bondad me acompaña y me protege.”
(Leer completo en Zenit)

Accanto a Giovanni Paolo II – gli amici & collaboratori raccontano – 256 paginas – Edizioni Ares, Milano, 2014)

lunes, 5 de noviembre de 2012

Juan Pablo II: el Gigante de la fe


«De repente recordé cuando todo había comenzado». 

El 16 de octubre de 1978 el secretario del cardenal Wojtyla  Stanisław Dziwisz esperaba, como todo el mundo, la elección del nuevo Pontífice.  Y la emoción es casi la misma que la vivida aquella tarde.
Qué recuerda de aquel día que ha cambiado también su vida?
Como todos los días del cónclave fui a la plaza San Pedro y entre la multitud esperaba la elección del nuevo Pontífice. Estaba allí también cuando aquella tarde el cardinal Pericle Felici pronunció el nombre del nuevo Papa. Quedé paralizado.  Hacia exactamente doce años que un dia de octubre de 1966, el arzobispo metropolitano de Cracovia, monseñor Karol Wojtyła, me había invitado a colaborar con  él. Tenía veintisiete años, era un joven sacerdote.  Entonces no me daba cuenta que estaba comenzando la aventura más importante de mi vida.
A mucha gente le asombraba la gran tranquilidad y serenidad de este arzobispo “desconocido” de Cracovia al encarar una tarea que hubiera espantado a cualquiera.
Reflexionando ahora, creo que toda la vida personal y sacerdotal de Karol Wojtyła había sido como una preparación para esta misión única y dificilísima. El había vivido tiempos duros para la nación polaca: la ocupación nazi primero, el régimen comunista después.  Durante doce años fui testigo privilegiado de la vida cotidiana y de la misión pastoral del cardenal Wojtyła.  Lo que me impresionaba era el hecho que su actividad – sus encuentros con la gente, las decisiones que tomaba, las visitas pastorales, el anuncio de la palabra de Dios, la actividad académica – estaba constantemente inmersa en la oración.

Estamos en el Año de la fe y en estos días se está llevando a cabo el Sínodo para la nueva evangelización. Un tema éste muy cercano al corazón de Juan Pablo II.
Hablaba de la nueva evangelización porque era un gran evangelizador. En el mundo de hoy se puede evangelizar gracias a verdaderos testigos de la fe pero gracias también a auténticos pastores.  El fue testigo y  pastor.  Por medio de su persona hemos recibido el don de  una guía sabia en nuestro mundo difícil e inquieto.  Yo soy testigo – mejor dicho  “todos nosotros fuimos testigos” de su gigantesco trabajo de evangelización. Juan Pablo II no descanso en su pontificado porque quería  que la verdad de Cristo – Señor y Redentor del hombre – llegase a todos, a aquellos que ni siquiera habían oído hablar de El,  y también a  aquellos que lo habían olvidado en el desierto creado por el secularismo, donde el hombre vive como si Dios no existiese.   
Que herencia nos deja el Papa Wojtyla?  Personalmente que le ha dejado este hombre definido por usted como un «gigante de  la fe»?
Como hombre y como sacerdote me he formado en la escuela de Karol Wojtyla. El continúa influyéndome en mi servicio a la Iglesia y a la gente. Juan Pablo II me ha hecho ejecutor de su testamento. Pero se trata básicamente de su testamento espiritual, porque el Santo Padre tenía pocas cosas materiales: me había encargado regalar todo lo que poseía. Ha dejado,  en cambio,  una enorme herencia espiritual.  
 Włodzimierz Rędzioch
16 de octubre 2012

domingo, 29 de julio de 2012

Cardenal Stanislaw Nagy: “Nunca he visto a nadie celebrar la misa así”


Entrevista realizada por Wlodzimierz Redzioch al Cardenal Stanislaw Nagy publicada por Osservatore Romano el 1 de mayo de 2011, con motivo de la beatificación de Juan Pablo II
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El 28 de septiembre de 2003 Juan Pablo II anuncio el noveno consistorio de su pontificado, para elevar a la dignidad cardenalicia a treinta eclesiásticos. Entre los nuevos purpurados muchos eran personalidades de la Curia y arzobispos residenciales ya conocidos por el gran publico. Pero en la lista había tan bien tres nombres casi desconocidos para la mayoría: el belga Gustaaf Joos, el checo Tomaš Špidlik y el polaco Stanislaw Nagy.  El Papa Wojtyla continuaba asì la tradición de conceder el cardenalato insignes teólogos en señal de reconocimiento por sus méritos en el campo de los estudios y de la investigación.
Entre los nuevos cardenales, Nagy era la persona que el Papa conocía mejor. Lo unían a él vínculos de una larga amistad. Sacerdote del Sagrado Corazón de Jesus, nacido en Silesia, Nagy había estudiado en la Universidad Jaguellonica de Cracovia y sucesivamente en la Universidad católica de Lublin, a la cual quedaría unido para toda la vida como profesor de teología fundamental y teología del ecumenismo. Precisamente allí, conoció a Karol Wojtyla, también el docente en el ateneo: conocimiento que con el paso de los años se fue transformando en una verdadera amistad, basada en la estima reciproca, como lo cuenta el mismo cardenal Nagy en esta entrevista a nuestro diario:



Se dice que usted  y Wojtyla se hicieron amigos durante los viajes ralizados juntos de noche de Cracovia a Lublin….
Ya nos habíamos conocido antes, pero es verdad que durante mucho tiempo viajamos juntos de Cracovia a Lublin. Tomábamos el tren de noche para estar en Lublin ya de mañana, estos viajes fueron indudablemente una buena ocasión para carlar y conocernos mejor.

¿En cuáles campos trabajo junto al cardenal Wojtyla?
Colaboramos en varias ocasiones. Ante todo durante los dos sínodos de la Iglesia de Cracovia: yo era responsable de la sección teológica; por lo tanto debía estar en continuo contacto con él. Pero ya antes nos habíamos encontrado durante los trabajos del concilio Vaticano II, en el cual el entonces obispo Wojtyla participo desde el inicio. Yo enseñaba en la cátedra de teología fundamental: por eso conocía mejor las problemáticas eclesiológicas que Wojtyla – cuya formación era esencialmente filosófica – debía afrontar durante el Concilio.  Por ello intercambiábamos ideas con frecuencia y yo aprovechaba la ocasión para tener noticias sobre el desarrollo del Concilio.

Qué papel tuvo el arzobispo de Cracovia durante el período del régimen comunista?
El régimen tenia la intención de crear divisiones dentro de la Iglesia polaca, sobre todo a través del intento de enfrentar al cardenal primado Wyszynski y al cardenal de Cracovia Wojtyla.  Al inicio las autoridades comunistas consideraban al arzobispo de Cracovia como  un pastor dinámico pero poco interesado en la política, juzgándolo así menos peligroso para ellos. Fue un error garrafal, además, de este modo el régimen terminó por crear dos puntos de referencia de la oposición anticomunista. Wojtyla estaba completamente dedicado a la causa de la patria y de la Iglesia polaca. Y cuando, en la segunda mitad de los años sesenta, el anciano primado era menos activo, el arzobispo de Cracovia se convirtió para los comunistas en el enemigo número uno. Por ello el régimen sufrió un verdadero shock con la elección al pontificado de Wojtyla.

¿Mantuvo los contactos con su viejo amigo también después de 1978?
No oculto que su elección a la cátedra pontificia fue para mi una grande y agradable sorpresa. Pensaba que desde entonces nuestras relaciones ya no serian como antes. Pero me equivocaba. Lo entendía enseguida: después de la solemne misa de inicio del pontificado – a la cual no pude asistir junto a los demás sacerdotes de Cracovia -, el Papa me envió una carta personal en la que me daba a entender que quería encontrarse conmigo lo antes posible. Por lo tanto, nuestros contactos no se han interrumpido nunca. Además, otra ocasión de colaboración fue cuando fui nombrado por él miembro de la Comisión teológica internacional. El Papa estaba vivamente interesado en los trabajos de la Comisión y hablábamos frecuentemente de los temas tratados. Luego, en los últimos años del pontificado, Wojtyla me invitó a menudo a Castelgandolfo.

En sus conversaciones emergían también posiciones divergentes sobre algunos temas?
Digamos que podía suceder que el teólogo de Lublin y el Romano Pontifice tuvieran alguna vez opiniones diversas. Me limito a recordar una pequeña ocasión de divergencia acerca del proyecto del nuevo Catecismo de la Iglesia católica: yo lo consideraba difícilmente realizable; él, en cambio, estaba entusiasmado con el proyecto. Pero al final él tuvo razón.

Todos aquellos que tuvieron ocasión de participar en la misa celebrada por Juan Pablo II en su capilla privada quedaron impresionados. ¿ Cuál fue su experiencia?
Cada vez que estaba en Roma concelebraba la misa con el Papa. Para él la Eucaristía era un gran misterio vivido de modo muy intensísimo en cada momento. Quedé impresionado cuando, celebrando la misa en el período de su enfermedad, lo veía arrodillarse siempre, aunque le costaba un gran esfuerzo: con este gesto se comprende el valor que daba a la Eucaristía. Debo reconocer que nunca he visto a nadie celebrar la misa así.

De qué modo la experiencia del sufrimiento marcó el pontificado del Papa?
La síntesis del pensamiento de Juan Pablo II sobre el sufrimiento se encuentra en la carta apostólica Salvifici doloris. El propio Papa reaccionaba a su decadencia física con gran heroísmo y con espíritu de total aceptación de la voluntad de Dios.  Nunca lo vi ponerse nervioso o quejarse por su sufrimiento.  Más aùn, sus problemas de salud no limitaban su dedicación total a la misión petrina.

¿Cómo acogió la decisión de Wojtyla de elevarlo al cardenalato?
Para mí se trató de una verdadera sorpresa. Supe de mi nombramiento a las 7 de la mañana del mismo día del anuncio oficial. Al no ser obispo ni tener grandes méritos pastorales, creo que el Papa de este modo quería rendir homenaje a mi actividad de teólogo. La noticia en cierta forma me desconcertó. Entonces acudí a la capilla: era el mejor lugar para reflexionar sobre ello rezando.

¿Qué cosa ha significado para la Iglesia polaca el pontificado de Juan Pablo II?

Karol Wojtyla tenía un gran amor por su patria. Nunca ocultó sus raíces polacas, desde el famoso discurso de inicio del pontificado, cuando dijo que el nuevo Papa venia «de un país lejano». Como Pontífice se sentía responsable también de la Iglesia de la cual había sido obispo. Obviamente sus sentimientos hacia Polonia no limitaban su amor por toda la Iglesia y, particularmente, por los pobres del mundo. Estos sentimientos nacían de su modo de concebir la misión petrina: ser servidor de la Iglesia y de toda la humanidad.