Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

viernes, 6 de junio de 2014

Virgen de Guadalupe queremos ser todos tuyos

Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino
de una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia:
no nos sueltes de tu mano amorosa.

Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas,

te pedimos por todos los obispos, para que conduzcan a los fieles por senderos
de intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios y a las almas.
Contempla esta inmensa mies, e intercede para que el Señor infunda

hambre de santidad en todo el Pueblo de Dios, y otorgue abundantes
vocaciones de sacerdotes y religiosos, fuertes en la fe
y celosos dispensadores de los misterios de Dios.

(de la Oración de Juan Pablo II a la Virgen de Guadalupe) 

(si el enlace directo no funciona ver mi post



miércoles, 4 de junio de 2014

Gian Franco Svidercoschi: Breve “biografía” de Karol Wojtyla/Juan Pablo II (1 de 2)


Gian Franco Svidercoschi, profundo conocedor  y estudioso de la vida y obra de Karol Wojtyla, escribió también el prologo al libro que el Papa Juan Pablo II escribiera con ocasión del quincuagésimo aniversario de su sacerdocio.  Se trata de Don y Misterio, libro que nació  como consecuencia natural de un encuentro dela Congregación para el Clero y a raíz de las reflexiones  vertidas entonces por el Papa Juan Pablo II que se referían a su sacerdocio y que el mismo admitiera  “pertenecen a mis raíces más profundas, a mi experiencia más íntima.”  El  libro cuenta con una Introducción del Santo Padre, pero fue Gian Franco Svidercoschi quien escribió un prólogo para el libro que fuera publicado en forma impresa por Librería Editrice Vaticana en  el año  2011. El texto  puede leerse completo en el sitio de la Santa Sede,  sin el prólogo de Svidercoschi.   Por eso me permito publicarlo aquí  en 4 posts. Quien lo lea detenidamente casi no se perderá detalle de la vida de Karol Wojtyla,  “encriptada” a veces  en una sola palabra o frase.   

Don y Misterio quince años después
 de Gian Franco Svidercoschi

Al inicio de “Don y Misterio” Juan Pablo II relata su primera experiencia como obrero, a la edad de 20 años, en una cantera de piedra en Zakrzówek, en Cracovia. Experiencia que, después de la invasión de Polonia por parte de las tropas de Hitler y después del cierre de la universidad,  fue obligado a hacer para evitar acabar en un campo de concentración. Y, al recordar ese acontecimiento, el Papa mencionó a Franciszek Labus, el hombre encargado en encender las minas y del que él era el ayudante.

Labus fue una de las 140 personas y más – entre parientes, amigos, maestros y guías espirituales, sacerdotes, obispos, cardenales,  pensadores, filósofos y santos- que Karol Wojtyla mencionó en el libro con nombre y apellido. Y la razón era que todas esas personas, directa o indirectamente, ejercitaron un influjo sobre la formación y la maduración de su vocación sacerdotal.

Pues bien, Labus a primera vista, podría parecer una figura secundaria, o insignificante, en comparación con el arzobispo Adam Stefan Sapieha, el “querido Príncipe Metropolitano”, cuya vida representaba la historia de la Patria misma según Karol. O, aún más, en comparación con los que habían sido los modelos por excelencia del joven Wojtyla: San Juan de la Cruz, Fraile Alberto, Adán Chmielowski, san Luis María Grignion de MOntfort, el cura de Ars y san Juan María Vianney.

En cambio, incluso el descascarillador, el manso desconocido descascarillador de Zakrzówek, fue muy importante para Karol tanto en la decisión de hacerse sacerdote como en el ideal mismo del sacerdocio en que Karol se identificaría y luego inspiraría su misión de obispo primero, y de Pontífice después.

Volvamos a leer lo que Wojtyla escribió sobre Franciszekk Labus: “Lo recuerdo porquer, algunas veces, se dirigía a mì con palabras de este tipo: “Karol, tu deberías ser sacerdote. Cantarás bien, porque tienes una voz bonita y estarás bien…” Lo decía con toda sencillez, expresando de ese modo un convencimiento muy difundido en la sociedad sobre la condición del sacerdote. Las palabras del viejo obrero se me han quedado grababas en la memoria”.

No añadió otra cosa, Juan Pablo II. Aunque se entendía bien lo que quería decir. Labus, sin maldad, sin rencor, le había dado una imagen de sacerdote de aquella époa, y por encima, época de guerra, tenía éxito, aunque no correspondía a su forma de ser sacerdote.

En efecto, según su manera de ser sacerdote en aquel tiempo  y según como lo profundizaría a través del estudio y del ministerio pastoral, el sacerdocio significaba ser un “adorador” de Dios, administrador de sus misterios y, al mismo tiempo. su testigo entre los hombres.

Significaba consagrarse a ser fiel hacia una decisión para siempre y basada en la centralidad de la Eucaristía, en renovar cada día el propio sacrificio en Cristo. Y eso explica la extraordinaria síntesis que Karol supo realizar en sí mismo entre vida contemplativa, basada en una fuerte tensión mística, y vida activa, inmersa totalmente en la realidad concreta del pueblo que lo había “elegido”.

Para Karol Wojtyla, entones, el sacerdocio no tenía nada que ver con el clericaismo. No se trataba de una casa aparte, separada de los hombres y lejos de sus problemas cotidianos.

“Los fieles – dijo en una entrevista de 1972, cuando era todavía arzobispo de Cracovia – no necesitan funcionarios de la Iglesia o eficientes dirigentes administrativos, sino guías espirituales, educadores”.

Y esta concepción del sacerdocio inspiraría una visión de Iglesia que él, especialmente tras haberse saciado a sì mismo en la escuela del Concilio Vaticano II, desarrollaría progresivamente tanto en el plano teológico (la dimensión trinitaria de la fe) como pastoral (poner de relieve los aspectos carismáticos, laicales y comunitarios) trayéndola consigo mismo hasta la cátedra de San Pedro.

Pero, a decir verdad, los comienzos no fueron tan fáciles. Ya en los primeros meses del pontificado, inició una violenta campaña contra el nuevo Papa y su presunto intento de imponer el “modelo polaco” de sacerdocio a toda la Iglesia universal. Juan Pablo II contestó firmemente durante su primer regreso a la tierra natal, en junio de 1979, al hablar al clero en Częstochowa. Pero de aquella respuesta, casi todos los comentaristas se limitaron a tomar en serio sòlo la parte sobre el sacerdocio y el celibato, y no tomaron en consideración la parte más importante, es decir donde el Papa rechazaba .- citando sus palabras -  una “visión clerical de la Iglesia”.

Pero allí, en aquellas palabras, hubiera sido posible reconocer la primera novedad del pontificado de Wojtyla: el comienzo – y, no es casualidad, por parte de un Papa que cuando era muchacho, en sus primeros pasos espirituales fue guiado por dos laicos: su padre y Juan Tyranowski, que lo había introducido a la lectura de los místicos españoles – entonces el comienzo de un proceso de de-clerializacòn en la Iglesia, con la perspectiva de una honda renovación tanto en las instituciones como en la relaciones dentro de la comunidad católica.”


sábado, 31 de mayo de 2014

Dos santos con el mismo “lema”: Totus Tuus (2 de 2) Ser más sabios que Salomón


Para ser, pues –en cierta forma-, más sabios que Salomón, coloquemos en manos de María cuanto poseemos y el mismo tesoro de los tesoros que es Jesucristo, a fin de que Ella nos lo conserve. Somos vasos demasiado frágiles; no pongamos en ellos tan precioso tesoro ni este celestial maná. Muchos enemigos nos rodean y son demasiado astutos y experimentados; no confiemos en nuestra prudencia ni en nuestra fuerza. La dolorosa experiencia que tenemos ya de nuestra inconstancia y natural ligereza nos obligan a desconfiar de nuestra prudencia y fervor.

María es prudente; pongámoslo todo en sus manos. Ella sabrá disponer de nosotros y de cuanto nos pertenece para mayor gloria de Dios.
María es caritativa; nos ama como a hijos y servidores suyos. Ofrezcámosle todo. No perderemos nada, ya que todo lo hará redundar en provecho nuestro.
María es generosa; devuelve más de lo que se le confía. Démosle cuanto poseemos sin reserva alguna y recibiremos el ciento por uno: por cien huevos, un buey, según reza el refrán.
María es poderosa; nadie puede arrebatarle lo que se le ha confiado en depósito. Pongámonos en sus manos, que Ella nos defenderá y nos hará triunfar sobre nuestros enemigos.
María es fiel; no deja perder ni extraviar lo que se le confía. Es la Virgen fiel por excelencia a Dios y a los hombres. Conservó cuanto Dios le había confiado, sin perder ni una partícula, y sigue conservando con particular esmero a quienes se colocan bajo su protección y cuidado.
Confiémoslo, pues, todo a su fidelidad. Agarrémonos a Ella como a una columna que nadie puede derribar, como a un áncora que nadie puede arrancar o, mejor, como a la montaña de Sión, a la que nadie puede conmover (Ver Sal 125(124),1; 46(45),6). Por muy ciegos, débiles e inconstantes que seamos por naturaleza y por muy numerosos y malignos que sean nuestros enemigos, jamás seremos engañados, ni nos extraviaremos, ni tendremos la desdicha de perder la gracia de Dios y el infinito tesoro de la Sabiduría eterna.”

(San Luis Maria Grignion de Monfort - del texto de "El Amor de la Sabiduría" Eterna, capítulo 17)

Dos santos con el mismo "lema": Totus Tuus (1 de 2)


(El Papa Juan Pablo II en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, México, 1999) 


El pasado 28 de mayo la Iglesia celebró la memoria litúrgica de  San Luis María Grignion de Montfort,  el santo inspirador del  lema de San Juan Pablo II

Totus Tuus

Transcribo aqui una parte del texto de Don y Misterio, libro autobiográfico del Papa Juan Pablo II, donde se refiere a su re-descubrimiento de la Madre de Dios cuando ya vivía en Cracovia.


“Cuando me encontraba en Cracovia, en el barrio Debniki, entré en el grupo del "Rosario vivo'', en la parroquia salesiana. Allí se veneraba de modo especial a María Auxiliadora. En Debniki, en el período en el que iba tomando fuerza mi vocación sacerdotal, gracias también al mencionado influjo de Jan Tyranowski, mi manera de entender el culto a la Madre de Dios experimentó un cierto cambio. Estaba ya convencido de que Maria nos lleva a Cristo, pero en aquel período empecé a entender que también Cristo nos lleva a su Madre. Hubo un momento en el cual me cuestioné de alguna manera mi culto a María, considerando que éste, si se hace excesivo, acaba por comprometer la supremacía del culto debido a Cristo. Me ayudó entonces el libro de San Luis María Grignion de Montfort titulado "Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen''. En él encontré la respuesta a mis dudas. Efectivamente, María nos acerca a Cristo, con tal de que se viva su misterio en Cristo. El tratado de San Luis María Grignion de Montfort puede cansar un poco por su estilo un tanto enfático y barroco, pero la esencia de las verdades teológicas que contiene es incontestable. El autor es un teólogo notable. Su pensamiento mariológico está basado en el Misterio trinitario y en la verdad de la Encarnación del Verbo de Dios.

Comprendí entonces por qué la Iglesia reza el Ángelus tres veces al día. Entendí lo cruciales que son las palabras de esta oración: "El Ángel del Señor anunció a María. Y Ella concibió por obra del Espíritu Santo... He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra... Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros..." ¡Son palabras verdaderamente decisivas! Expresan el núcleo central del acontecimiento más grande que ha tenido lugar en la historia de la humanidad. Esto explica el origen del Totus Tuus. La expresión deriva de San Luis María Grignion de Montfort. Es la abreviatura de la forma más completa de la consagración a la Madre de Dios, que dice: Totus tuus ego sum et omnia mea Tua sunt. Accipio Te in mea omnia. Praebe mihi cor Tuum, Maria.


De ese modo, gracias a San Luis, empecé a descubrir todas las riquezas de la devoción mariana, desde una perspectiva en cierto sentido nueva. Por ejemplo, cuando era niño escuchaba "Las Horas de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María'', cantadas en la iglesia parroquial, pero sólo después me di cuenta de la riqueza teológica y bíblica que contenían. Lo mismo sucedió con los cantos populares, por ejemplo con los cantos navideños polacos y las Lamentaciones sobre la Pasión de Jesucristo en Cuaresma, entre las cuales ocupa un lugar especial el diálogo del alma con la Madre Dolorosa.” 

viernes, 30 de mayo de 2014

Gian Franco Svidercoschi: Juan Pablo II, un papa diferente (2 de 2)



“Pero sobre todo era un Papa diferente por cómo conservó su propia humanidad hasta el fondo. Tenía una necesidad espontánea, instintiva, de contacto con los demás. Mostraba una gran naturalidad al sintonizar con quien lo escuchaba, pero también con quien le hablaba, sin que nunca afectara su papel, su autoridad; como ocurría en las comidas o en las cenas, pues a su mesa siempre había personas (colaboradores, amigos, ilustres intelectuales) que le informaban sobre los problemas del trabajo, o discutían con él sobre cómo iban las cosas en el mundo. Y también la idea de los viajes nació de esta necesidad de relaciones humanas más directas, más inmediatas. «A los fieles – decía – no podemos esperarlos en la plaza de  San Pedro, al contrario, hay que ir donde están ellos».

A menudo hablaba de forma espontánea, improvisando incluso en idiomas que apenas sabía. Comenzó a usar el «yo» en lugar del plural mayestático, no sólo en los discursos, sino incluso en los documentos oficiales. Escribió «cartas» - como hace un padre con sus propios hijos – a los niños y a los jóvenes, y también a las mujeres, a los enfermos, a los artistas, a las familias, y otra más, muy personal y reveladora de  los sentimientos que experimentaba al acercarse a los ochenta años de edad, la escribió a sus «coetáneos», como los llamó. «Siendo también yo anciano, he sentido el deseo de ponerme en diálogo con vosotros…». No se le ocultaba el hecho de que había entrado en la etapa de la fragilidad, de las limitaciones debidas a la edad: pero decía, «conservo el gusto por la vida.».

Quizás también por eso, por el deseo de acercar a la gente, se encontraba más a gusto «jugando» fuera de casa, fuera del Vaticano, lo cual era ya un primer signo del cambio que pedía el Concilio: la Iglesia salía de los «recintos sagrados» para retomar el diálogo  con el mundo contemporáneo. Pero además aquí estaba la voluntad del nuevo Papa de, por un lado, hacer más personal la misión universal del jefe de la Iglesia, haciéndola de este modo más comprensible, y por otro, la voluntad de ir al encuentro de los hombres, de los hombres concretos, allí donde ellos viven, trabajan, combaten sus batallas cotidianas.

Fue, en fin, el artífice – aunque no siempre fue comprendido y no siempre fue secundado – de una profunda revolución espiritual; una revolución espiritual que nunca fue desconcertante, llevada delante de forma gradual, pero que logró igualmente dar un nuevo rostro a la Iglesia y a una nueva credibilidad al catolicismo, acompañando al hombre moderno en el camino hacia una nueva búsqueda de sentido, de significado de su propia existencia, y volver así a experimentar la nostalgia de un Dios quizás lejano, quizás incluso obligado a callar en el fondo de su propia conciencia, pero nunca completamente olvidado.”


Gian Franco Svidercoschi: Un Papa que no muere – la herencia de Juan Pablo II, Ediciones San Pablo 2011)

jueves, 29 de mayo de 2014

Papa Francisco “Adán, ¿dónde estás?”

Precioso texto del Papa Francisco que nos recuerda aquellas memorables palabras de San Juan Pablo II en Auschwitz (Oświęcim) – Birkenau (Brzezinka) durante su primer visita a Polonia en 1979  en la Misa en el Campo de Concentración y del Papa Benedicto XVI en el 2006. 
Palabras diferentes,  inolvidables todas!



(24-26 DE MAYO DE 2014)

Visita al Memoria de Yad Vashem, Jerusalén, 26 de mayo de 2014




“Adán, ¿dónde estás?” (cf. Gn 3,9).
¿Dónde estás, hombre? ¿Dónde te has metido?
En este lugar, memorial de la Shoah, resuena esta pregunta de Dios: “Adán, ¿dónde estás?”.
Esta pregunta contiene todo el dolor del Padre que ha perdido a su hijo.
El Padre conocía el riesgo de la libertad; sabía que el hijo podría perderse… pero quizás ni siquiera el Padre podía imaginar una caída como ésta, un abismo tan grande.
Ese grito: “¿Dónde estás?”, aquí, ante la tragedia inconmensurable del Holocausto, resuena como una voz que se pierde en un abismo sin fondo…
Hombre, ¿quién eres? Ya no te reconozco.
¿Quién eres, hombre? ¿En qué te has convertido?
¿Cómo has sido capaz de este horror?
¿Qué te ha hecho caer tan bajo?
No ha sido el polvo de la tierra, del que estás hecho. El polvo de la tierra es bueno, obra de mis manos.
No ha sido el aliento de vida que soplé en tu nariz. Ese soplo viene de mí; es muy bueno (cf. Gn 2,7).
No, este abismo no puede ser sólo obra tuya, de tus manos, de tu corazón… ¿Quién te ha corrompido? ¿Quién te ha desfigurado?
¿Quién te ha contagiado la presunción de apropiarte del bien y del mal?
¿Quién te ha convencido de que eres dios? No sólo has torturado y asesinado a tus hermanos, sino que te los has ofrecido en sacrificio a ti mismo, porque te has erigido en dios?
Hoy volvemos a escuchar aquí la voz de Dios: “Adán, ¿dónde estás?”.
De la tierra se levanta un tímido gemido: Ten piedad de nosotros, Señor.
A ti, Señor Dios nuestro, la justicia; nosotros llevamos la deshonra en el rostro, la vergüenza (cf. Ba 1,15).
Se nos ha venido encima un mal como jamás sucedió bajo el cielo (cf. Ba 2,2). Señor, escucha nuestra oración, escucha nuestra súplica, sálvanos por tu misericordia. Sálvanos de esta monstruosidad.
Señor omnipotente, un alma afligida clama a ti. Escucha, Señor, ten piedad.
Hemos pecado contra ti. Tú reinas por siempre (cf. Ba 3,1-2).
Acuérdate de nosotros en tu misericordia. Danos la gracia de avergonzarnos de lo que, como hombres, hemos sido capaces de hacer, de avergonzarnos de esta máxima idolatría, de haber despreciado y destruido nuestra carne, esa carne que tú modelaste del barro, que tú vivificaste con tu aliento de vida.
¡Nunca más, Señor, nunca más!
“Adán, ¿dónde estás?”. Aquí estoy, Señor, con la vergüenza de lo que el hombre, creado a tu imagen y semejanza, ha sido capaz de hacer.
Acuérdate de nosotros en tu misericordia.” 

miércoles, 28 de mayo de 2014

Pontifico Santuario Maria SS.ma "ad Rupes"


En el marco del Año Mariano 1987-1988 el domingo 1ro de mayo de 1988 el Papa Juan Pablo II anunciaba que por la tarde visitaría el Pontificio Santuario de Maria Santísima “ad Rupes” (en las rocas),  “para honrar junto con toda la diócesis de Civita Castellana a su patrona celeste, cuya imagen desde hace más de un año y medio está peregrinando por todas las parroquias con el fin de invitar a los fieles a adorar a su Hijo Jesús, único Señor, que ofrece al hombre el verdadero sentido de la vida.”


En el mismo Regina Caeli Juan Pablo II resumía brevemente la historia de este Santuario que se encuentra en la provincia de Viterbo, diócesis de Civita Castellana, a sólo 40 kms de Roma, sobre el Valle Suppentonia, en el centro de un altiplano entre Nepi y Civita Castellana.  El papa invitaba a todos unirse en “oración a la Virgen de las Rocas con las palabras del himno que se eleva a Ella en aquel santuario:

"¡Míranos con rostro benigno y escucha el suspiro de los corazones!" ¡Bendice nuestras familias, socórrenos en los grandes peligros! ¡Ayúdanos a recorrer contigo el camino de la plena fidelidad a Jesús y a la Iglesia! ¡Y guíanos a la victoria sobre el mal, para triunfar contigo y con Jesús!”

 “La historia de este Santuario – explicaba entre otros Juan Pablo II - se remonta al siglo V. Efectivamente, en las grutas excavadas en las rocas del Valle Suppentonia vivieron primero numerosos anacoretas, a los cuales sucedieron después los monjes benedictinos. Estos hombres, para corroborar su fe y su piedad, visitaban frecuentemente una gruta, en la cual habia una imagen de la Virgen. Entre estas santas personas podemos recordar a los abades Anastasio y Nonnoso. Otros santos, en los siglos siguientes, se acercaron allí en peregrinación afrontando a veces largos y fatigosos viajes. Los más conocidos entre ellos son San Benito José Labre, San Leonardo de Puerto Mauricio, San Odón, abad de Cluny, y San Pablo de la Cruz. Estos ejemplos nos hacen comprender bien cómo los santuarios marianos son lugares hacia los que el hombre se siente atraído, porque allí experimenta una particular presencia de Dios y puede reforzar los propósitos de vivir a fondo la vida cristiana.
Tras un período de abandono, el santuario de María Santísima "ad Rupes" recobró nuevo esplendor gracias a la obra del humilde eremita fray Giuseppe Andrea Rodio, que lo embelleció, y excavó en la roca una escalera de 144 peldaños, para facilitar el acceso de los fieles deseosos de permanecer en oración ante la dulcísima imagen de la Virgen. La pintura, que quizá retoma un fresco precedente impreso sobre las paredes tobosas, representa a la Virgen con las manos unidas y la vista hacia abajo mirando al Niño dormido en sus rodillas, lo contempla, rezando por todos los que imploran su intercesión.El santuario de la Virgen de las Rocas, gracias a la presencia, en el pasado, de los padres franciscanos, y hoy de los religiosos de San Miguel Arcángel, vive una nueva etapa como centro de plegaria y espiritualidad para todos los que buscan a Dios en el silencio y en la penitencia tratando, mediante la Santa Virgen de escucharlo y encontrarlo en lo profundo del corazón, para obtener nuevas energías en el cumplimiento de sus deberes.”

Llegado por la tarde del 1ro de mayo de 1988 Juan Pablo II rezó ante la imagen en el Santuario y luego le habló a la población. Al finalizar sus palabras se dirigió a Nuestra Señora “ad Rupes” con una plegaria. 

Este mes de mayo ha sido rico en acontecimientos en el Santuario comenzando con un evento cultural con ocasión de la conmemoración de la visita al Santuario del Papa Juan Pablo II el 1ro de mayo y –entre otros -  una Vigilia de Oración el 13 de mayo, peregrinaciones diocesanas



 y una Misa de acción de gracias por la canonización de dos Papas santos Juan Pablo II y Juan XXIII. 



 El nro noviembre-diciembre 2013 de la revista que publica el Santuario contiene numerosas fotografías de la visita del papa Juan Pablo II y citas de sus textos para el calendario 2014.

La página oficial del Santuario nos brinda detalles adicionales y fechas : El culto a Nuestra Señora comenzó en 520 cuando los monjes benedictinos llegaron al lugar, quienes permanecieron hasta 1258. Después de siglos de abandono el Santuario recobró vida  alrededor de 1777, con  la llegada de Fray Giuseppe Andrea Rodio (1745-1819). En 1892 el Santuario fue confiado a los Hermanos Menores de la Provincia de la Santa Cruz de Sassonia. En 1912 todo el complejo paso a manos de la Santa Sede y el Santuario fue elevado al título de Pontificio. En enero de 1982  la Orden de los franciscanos fue reemplazada por una nueva comunidad religiosa, actuales Custodios del Santuario: La Congregación de San Miguel Arcángel, fundada por el Beato Bronislao Markiewiz (1842-1912) .  A la gruta de Nuestra Señora puede accederse por dos caminos. El primero es la escalera de Fra Rodio y el otro es la Via Panoramica llamada Camino San Juan Pablo II. Según estudios realizados el cuadro actual realizado en tela se supone ha reemplazado a un fresco que adornaba la pared de la Gruta que con el tiempo se fue deteriorando por la humedad.  En la iconografía mariana Nuestra Señora “de la roca” representa una rara imagen en la cual la Virgen adora al niño dormido sobre sus rodillas.  La devoción y el culto a Nuestra Señora “ad Rupes” Patrona de la diócesis de Civita Castellana – ha sido fortalecida con la solemne coronación de la Sagrada imagen el 17 de mayo de 1896. La imagen ha visitado todas las parroquias de la Diócesis en dos oportunidades: en 1949 y en 1986-1988. El papa Juan Pablo II rezo ante la imagen el 1ro de mayo de 1988 y a partir del 16 de octubre de 2011 en la Gruta de Nuestra Señora se venera una reliquia de San Juan Pablo II.