Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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jueves, 19 de marzo de 2026

Karol Wojtyla: comunión de la palabra con la Palabra (2 de 2

 



En el verano de 1938 se instalan con su padre en Cracovia, “su” ciudad,  - en una segunda y vital etapa de su vida - para que el joven Karol estudie filología polaca en la Universidad Jaguellonica. Y en esta etapa no debemos olvidarnos de aquel sastre místico Jan Tyranowski cuya influencia  fortaleció su vida espiritual.

Karol se siente atraído por el estudio de la lengua misma, que lo llevaria a “ horizontes completamente nuevos, por no decir en el misterio mismo de la palabra” esa palabra que “antes de ser pronunciada en el escenario, vive en la historia del hombre como dimensión fundamental de su experiencia espiritual. En última instancia, remite al insondable misterio de Dios mismo” (Don y Misterio). 

“A propósito de los estudios, deseo subrayar – agregaba - que mi elección de la filología polaca estaba motivada por una clara predisposición hacia la literatura. Sin embargo, ya durante el primer año, atrajo mi atención el estudio de la lengua misma. Estudiábamos la gramática descriptiva del polaco moderno y al mismo tiempo la evolución histórica de la lengua, con un particular interés por el viejo tronco eslavo.”

 

Si se puede hablar de una primera vocación,  la de Karol Wojtyla fue la palabra hablada, la palabra viva  acompañada de la palabra escrita desde la temprana época de Wadowice en primeros textos que nunca fueron publicados,  (Krzysztof Dybciak)  pero que recuerdan sus compañeros. Prosiguió escribiendo durante sus estudios en Cracovia;  en 1939 completo un volumen de poesía titulado El Libro Eslavo, sus primeros trabajos literarios conocidos poseen fuerte tenor patriótico. “De su correspondencia con Kotlarczyk extraemos  su admiración por los poetas románticos polacos, la filosofía de Cyprian Kamil Norwid, la poesía de Jan Kasprowicz, y el teatro de Stanislaw Wyspianski.  Su primer trabajo literario publicado fue Canción sobre al Dios oculto que apareció en 1946.  Los escritos de Wojtyla muestran la búsqueda insistente de sintetizar los multiples tipos de comunicación interhumana.  A partir de 1956  los problemas presentados en su poesía se amplían.  Es la época de su La canteraLa Iglesia”.  


 

 “Muchos de sus sermones – agrega Dybciak en su epílogo a la edición bilingüe de poesías publicada por Wydawnictvo Literackie - “han encontrado un lugar importante dentro de la literatura polaca y quizás dentro de la historia polaca.”  Recordemos sus homilías de Nowa Huta, las homilías de Navidad, de Corpus Christi, sus homilías en defensa de los derechos  de los ciudadanos, por la libertad, la dignidad del hombre (tema que luego sería el corazón de su primera encíclica Redemptor Hominis.   El estudio y el análisis de su palabra escrita promete ser  demandante y largo y si  agregamos sus clases en la Universidad Católica de Lublin que exigen cierta preparación.  (Invito leer  Lafilosofía personalista de Karol Wojtyla de Juan Manuel Burgos)    nos encontramos ante una lectura nada fácil,  como nos anticipa Burgos.

 “El redescubrir la palabra a través de los estudios literarios y lingüísticos, me acercaba al misterio de la Palabra, de esa Palabra a la cual nos referimos cada día en la oración del Ángelus: ''La Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros'' (Jn 1, 14). Comprendí más tarde que los estudios de filología polaca preparaban en mí el terreno para otro tipo de intereses y de estudios. Predisponían mi ánimo para acercarme a la filosofía y a la teología. “(Don y Misterio)   

Cito aquí solo dos textos de su obra literaria, dos momentos de una misma llamada (con toda una vida de por medio):

El primero un “comienzo” El Magnificat escrito en primavera-verano de 1939.   Un esbozo de su devoción mariana, un canto de gloria, de gracias, de bendiciones de un “servidor orante”  “joven roca sobre el Tatra inclinada” ansioso que su patria se transforme en una “abierta sementera” (la futura chispa de la Divina Misericordia?)  

El segundo: un “legado”  El triptico romano escrito ya desde la sede de Pedro.   “Un sorprendente poemario que a Karol Wojtyla se le ha escapado del alma – ¡a sus 82 años y bajo la blanca túnica de Sumo Pontífice!”   

El primero la expresión de una vocación incipiente? que algunos llaman tardía ? No lo sabremos pues el mismo Juan Pablo II al hablar de ella nos dice: “En los comienzos….¡El misterio! ¿Cuál es la historia de mi vocación sacerdotal? La conoce sobre todo Dios.”

Al elegir el lugar para celebrar sus primeras Misas no lo duda: la cripta de San Leonardo en la catedral de Wawel porque “Quería destacar mi particular vínculo espiritual con la historia de Polonia, de la cual la colina del Wawel representa casi una síntesis emblemática.”  

Pero no sólo eso. Había, en esa elección, una especial dimensión teológica.

“Como he dicho, fui ordenado el día anterior, en la Solemnidad de Todos los Santos, cuando la Iglesia expresa litúrgicamente la verdad de la Comunión de los Santos -Communio Sanctorum-. Los Santos son aquellos que, habiendo acogido en la fe el misterio pascual de Cristo, esperan ahora la resurrección final.  También las personas, cuyos restos reposan en los sarcófagos de la catedral del Wawel, esperan allí la resurrección. Toda la catedral parece repetir las palabras del Símbolo de los Apóstoles: "Creo en la resurrección de los muertos y en la vida eterna''. Esta verdad de fe ilumina la historia de las Naciones. Aquellas personas son como "los grandes espíritus" que guían la Nación a través de los siglos. No se encuentran allí solamente soberanos junto con sus esposas, u obispos y cardenales; también hay poetas, grandes maestros de la palabra, que han tenido una importancia enorme para mi formación cristiana y patriótica.”

En Piekary decía: “La fe es la Palabra de Dios Viviente hablada al hombre. Eso es todo? No, es solo la fuente. La fe es la respuesta del hombre viviente dada al Dios viviente;  con la mente, con el corazón, con la vida entera. El hombre viviente responde al Dios viviente en la fe….La Fe comienza en la Palabra de Dios y se expresa en la palabra del hombre.” (Karol Wojtyla en Piekary) 

Hay diversas maneras  para analizar exhaustiva y profundamente la rica herencia escrita y de vida de Karol Wojtyla/Juan Pablo II, pero en  ningún caso deberán  omitirse los comienzos mismos en su natal Wadowice.    El mismo lo decía durante su visita de 1999  “aquí, en esta ciudad de Wadowice, comenzó todo para mí: la vida, la escuela, los estudios, el teatro... y el sacerdocio.

 

Invito consultar en el sitio de la Santa Sede:

Breve biografía

Pre pontificado 

Pontificado  

 

A partir de allí los caminos y recursos que se abren son múltiples,  variados, extensos…..  


jueves, 9 de mayo de 2019

Camilo Ruini: Breve biografía de Karol Wojtyla (4 de 4)



 (Presentada en la Sesión de apertura de la investigación diocesana sobre la vida, virtudes y fama de santidad del Siervo de Dios Juan Pablo II, en la Basílica de San Juan de Letrán el 28 de junio de 2005)
El espíritu de un gran Pontificado
El 16 de octubre de 1978, según los planes de la Divina Providencia, Karol Wojtyla es elegido Obispo de Roma y Pastor universal de la Iglesia.  Todos recordamos aquella fuerte invitación al solemne  inicio del  pontificado, el 22 de octubre de 1978: «Non abbiate paura! Aprite, anzi, spalancate le porte a Cristo» (No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!) Una invitación, a la cual él ha permanecido siempre fiel.
Recordamos sus innumerables viajes apostólicos para llevar el anuncio de Cristo, nuestro único Salvador, por toda la tierra. Sus visitas a las parroquias de Roma, el afecto y la preocupación constante con que ha guiado esta Diócesis a través del Sínodo, la misión ciudadana, el Gran Jubileo que abarco todo el mundo. Recordamos la extraordinaria iniciativa pastoral de las Jornadas mundiales de la Juventud, que han abierto una nueva gran puerta al encuentro de los jóvenes con Cristo.
Y como olvidar aquel amor y aquella solicitud por la humanidad, tantas veces amenazada, que lo llevara a un trabajo incansable de suplicar por la paz para asegurar para los pueblos más pobres, los últimos de la tierra, una esperanza de vida y desarrollo, para defender la dignidad intangible de cada existencia humana, desde la concepción a su muerte natural, para tutelar y promover la familia y el amor humano autentico.
Además tampoco podemos olvidar la clarividencia y la valentía con la cual contribuyo a derribar el muro que separaba a Europa volviendo a llamarla a sus raíces cristianas.  La generosidad con que  ha trabajado por la unidad de los cristianos, considerada por el como una firme e indeclinable voluntad de Jesus.  Y su empeño en lograr que las religiones fueran portadoras de paz entre los pueblos. Su sinceridad en pedir perdón por los pecados de los hijos de la Iglesia, y al mismo tiempo la fuerza y tenacidad con que ha defendido y proclamado la unión indisoluble de la Iglesia con Cristo y la integridad de la doctrina católica.
De esta doctrina, de su verdad y de su relevancia para el hombre de hoy, son expresiones insignes sus catorce encíclicas, el Catecismo de la Iglesia Católica y todos sus otros documentos y discursos. De su solicitud para con la colegialidad del Episcopado, la unidad y la vida de la Iglesia, testimonian las quince Asambleas del Sínodo de Obispos por el convocado, como así también la promulgación del Código de derecho canónico de la Iglesia latina y de las Iglesiasorientales. 
En la raíz de toda esta incansable acción apostólica se distingue claramente la intensidad y la profundad de la oración de Juan Pablo II, de la cual tantos de  nosotros podemos brindar testimonio, aquella intima unión con Dios que lo ha acompañado desde su más tierna niñez hasta el término de su existencia terrena. Tan solo quiero recordar las palabras con las cuales se pronunció al inicio de su Pontificado, el 29 de octubre de 1978, en el Santuario della Mentorella: «La oración […] es también la primera tarea y como el primer anuncio del Papa, del mismo modo que es el primer requisito de su servicio a la Iglesia y al mundo.»
Sin embargo existe una dimensión ulterior, igualmente decisiva, de la relación que ha unido a Karol Wojtyla a Cristo Salvador y a la humanidad por El redimida.  Es la relación de la sangre. En el poema Stanislaw compuesto pocos días después del Conclave que lo elegiría Papa, el escribió: «Si la palabra no convierte, será la sangre la que convertirá.» Fue la sangre vertida por Juan Pablo II en la Plaza San Pedro el 13 de mayo de 1981, y más tarde, no la sangre sino la vida entera,  ofrecida durante sus largos años de enfermedad. Por ultimo su sufrimiento y su muerte, su bendición casi sin voz desde la ventana, al término de la Santa Misa de Pascua, fueron para la humanidad entera un testimonio extraordinariamente eficaz de Jesucristo  muerto y resucitado, del significado cristiano del sufrimiento, de la muerte y de la fuerza de salvación que en ello reside, por último el análisis del verdadero rostro del hombre redimido por Cristo. Por eso los días de sus exequias se convirtieron para Roma y todo el mundo, días de extraordinaria unidad, de reconciliación de apertura del alma a Dios.
El entonces Cardenal Joseph Ratzinger se basaba en su homilía  en aquella Misa de exequias el viernes 8 de abril en la Plaza San Pedro en las palabra “sígueme” que Jesus resucitado le dirigía a Pedro cuando le encomendaba pastorear sus ovejas (Jn 21, 14-23) identificando en el seguimiento de Cristo la síntesis de la existencia de Karol Wojtyla Juan Pablo II, para finalmente concluir: « Podemos estar seguros de que nuestro amado Papa está ahora en la ventana de la casa del Padre, nos ve y nos bendice.» Si, esta es también nuestra certeza  (…)  
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(traducido de: Camillo Ruini  Alla sequela di Cristo Giovanni Paolo II il Servo dei Servi di Dio, Cantagalli, Siena, feb 2007)


martes, 7 de mayo de 2019

Camilo Ruini: Breve biografia de Karol Wojtyla (3 de 4)




(presentada en la Sesión de apertura de la investigación diocesana sobre la vida, virtudes y fama de santidad del Siervo de Dios Juan Pablo II, en la Basílica de San Juan de Letrán el 28 de junio de 2005)

Obispo en Cracovia y Padre conciliar en el Vaticano II
Nada menos que en medio de las vacaciones estivales con los jóvenes, el 4 de julio de 1958, el padre Karol se entera por medio del Cardenal Primado de Polonia Stefan Wyszynski que el Papa Pio XII lo había nombrado Obispo auxiliar de Cracovia, a la edad de tan solo 38 años. Fue consagrado por el Arzobispo Eugeniusz Baziak en la Catedral de Wawel, el 28 de septiembre, fiesta de San Venceslao, Patrono de la Catedral.  En el libro Levantaos, Vamos Juan Pablo II describe ampliamente este acontecimiento y el espíritu con el cual lo vivió. La noche anterior a la ordenación peregrinó al Santuario de Czestochowa, junto a sus amigos mas íntimos, y a la mañana siguiente celebró la Santa Misa allí frente al Icono de la Virgen Negra.
Después de la muerte del Arzobispo Baziak, el 16 de julio de 1962 monseñor Wojtyla es nombrado Vicario Metropolitano de la Archidiócesis de Cracovia. Después de un año y medio, el 14 de enero de 1964 Pablo VI lo promueve a Arzobispo metropolitano y el 8 de marzo toma solemne posesión de la diócesis.  Eran los años en que Monseñor Wojtyla participaba intensamente del Concilio Vaticano II, brindando también una extraordinaria colaboración especialmente en la elaboración de la Constitución Gaudium etSpesademás de la Declaración sobre la libertad religiosa  Dignitatis Humanae Y  también en la Constitucion Lumen Gentium y en el Decreto del apostolado de loslaicos. 

La experiencia del Concilio resulto ser decisiva para el Episcopado de Cracovia y para el sucesivo pontificado de Karol Wojtyla, completando armoniosamente su formación y experiencia precedente: quedo para el grabada para siempre la convicción que el Vaticano II fue “el evento clave de nuestra época”.
Precisamente para poner en práctica lo reflexionado en el Concilio y para hacer revivir la experiencia en toda la Arquidiócesis, el Arzobispo Wojtyla, mientras tanto creado Cardenal por el Papa PabloVI en el Consistorio del 26 dejunio de 1967, convoca el Sínodo de Cracovia el 8 de mayo de 1972 después de un año de intensos preparativos: fue un Sínodo fascinante y multitudinario con una duración de  siete años y cuya clausura fue celebrada por Juan Pablo II, ya pontífice, en su visita del 18 de junio de 1979, en el noveno centenario de San Estanislao. Stanislaw también es el nombre de su fiel secretario, monseñor Dziwisz, que ha compartido su vida durante treinta y nueve años y luego le sucedió en la Catedral de Cracovia, después del Cardenal Franciszek Macharski, quien también fuera amigo de siempre y precioso colaborador de Juan Pablo II.

Si se me permite realizar una síntesis de los veinte años durante los cuales Karol Wojtyla fue Obispo de Cracovia, diría que, basado en una total confianza en aquella Divina Misericordia de la cual siempre fue devoto, en particular a través del encuentro con la experiencia mística de Sor Faustina Kowalska, por el proclamada beata el 18 de abril de 1993 y Santa el 30 de abril de 2000, el siempre supo sintetizar su fuerza intelectual y su genio artístico con aquel amor apasionado por Cristo, por la Iglesia y por los hombres que el Espíritu Santo había infundido en el.  Asi fue que pudo ser un Pastor capaz de comprender, de guiar y de hacer crecer a su clero y a su pueblo, también en situaciones de gravísimas dificultades. Ha sabido no tan solo resistir a la presión del régimen, sino minar los fundamentos, en el plano humano y cultural además del espiritual, según aquellas grandes intuiciones que luego ha recopilado en la Enciclica Centesimus Annus

 Fue el Obispo que tuvo y debió tener coraje, como el mismo escribiera en el ultimo capítulo del libro Levantaos, Vamos, y al mismo tiempo fue el hombre y el testimonio del amor y del perdón, que vence el mal con el bien, según las palabras del apóstol Pablo (Rm, 12,21) reiteradas en su último Mensaje para la Jornada Mundial de laPaz.  

(traducido de: Camillo Ruini  Alla sequela di Cristo Giovanni Paolo II il Servo dei Servi di Dio, Cantagalli, Siena, feb 2007)


viernes, 3 de mayo de 2019

Camilo Ruini: Breve biografia de Karol Wojtyla (2 de 4)



(presentada en la Sesión de apertura de la investigación diocesana sobre la vida, virtudes y fama de santidad del Siervo de Dios Juan Pablo II, en la Basílica de San Juan de Letrán el 28 de junio de 2005)

Karol Joven sacerdote: el seminario clandestino, los estudios romanos, la pastoral en Cracovia y profesor en Lublin.

Ya en Wadowice y después en Cracovia maestros y amigos veian a Karol  destinado al altar;  sin embargo el siempre había puesto resistencia a esta idea, sobre todo porque se sentía profundamente atraído a otra vocación, la del teatro, el arte y las letras.  Quien jugó un rol muy particular en la llamada al sacerdocio  y acogimiento a ella – tal como Juan Pablo II mismo confía en Don y Misteriofue la gran figura de Adam Chmielowski,  el santo hermano Alberto, celebre patriota y pintor polaco que tuvo la firmeza  de romper con el arte mismo, cuando comprendió que Dios lo llamaba a servir a los desheredados y a compartir con ellos su vida. Es a él a quien Karol Wojtyla le dedicará el drama Hermano de nuestro Dios, y después,  como Papa,  lo proclamara Beato en Polonia en 1983,   y Santo en Roma en noviembre de 1989, en momentos que se desplomaba la cortina de hierro.
Pero la vocación sacerdotal de Karol madura plenamente durante 1942 y en otoño de aquel año toma la decisión de entrar al seminario clandestino de Cracovia, que funcionaba clandestinamente, y continúa trabajando en la fábrica. Al mismo tiempo en su itinerario de formación al sacerdocio en la Facultad de teología de la Universidad Jaguellonica, también esta clandestina, comienza el estudio sistemático de la filosofía, en particular de la metafísica. 
El Cardenal Arzobispo de Cracovia, Príncipe Adam Stefan Sapiehahabía decidido alojar el seminario clandestino en su propia residencia. Allí encontró refugio el joven seminarista a partir de 1944 siendo testigo de la noche de la liberación de Cracovia por parte de la Armada rusa, el 18 de enero de  1945. El año académico 1945-1946  pudo desarrollarse normalmente y el Cardenal Sapieha que había decidido que Karol Wojtyla completase sus estudios en Roma, decide ordenarlo sacerdote, anticipadamente a sus compañeros de curso, el 1 de noviembre de 1946, en la capilla privada de la residencia.  En su libro Don y Misterio Juan Pablo II nos ha dejado una descripción muy emocionante  de aquella ordenación y las tres Santas Misas que celebrara el día después, 2 de noviembre, en la cripta San Leonardo de la Catedral de Wawel.
A fines de aquel mes de noviembre el novel sacerdote Karol ya se encontraba en Roma, inscripto para la licenciatura de teología en el Pontificio Ateneo Angelicum, donde se destacaba la figura del padre Reginald Garrigou Lagrange, OP, quien fue también tutor de su tesis de doctorado  La fe  según San Juan de la Cruz, la doctrina que se refiere a la fe de San Juan de la Cruzque Karol defiende el 19 de junio de 1948. Cautivado por un ambiente cultural y teológico particularmente fuerte, Karol permaneció por dos años más en el Colegio Belga animado por aprender Roma de la mejor manera posbile, tal como se lo transmitió al Rector del Seminario de Cracovia, el padre Karol Kozlowski, y asi no solo aprendió la historia y la belleza, sino que también asimilo el ambiente universal y católico que espontáneamente se fue insertando en la gran tradición católica polaca. Karol en sus vacaciones de verano visito también Francia, Holanda y Belgica, conociendo en parte las nuevas problemáticas pastorales expresadas en su escrito Francia, país de misión, y también Ars, donde en su encuentro con la figura de San Juan Maria Vianney aprende que una parte esencial de su misión es en el confesionario, tal como el mismo describe en su libro Don y Misterio. La actitud general con la cual Karol encaraba la vida se descrie en pocas palabras expresadas por el a uno de sus compañeros sacerdotes: «Debemos organizar la vida de manera tal que toda ella pueda glorificar a Dio».
Regresado a Polonia es invitado a Niegowic  como Vicario parroquial, pero después de tan solo un año es llamado a Cracovia para convertirse en Vicario parroquial de la parroquia de San Florián  y cumplir allí una capellanía  para estudiantes universitarios.  No obstante los constantes obstáculos interpuestos por el régimen comunista, da pruebas de una extraordinaria capacidad educativa y de creatividad pastoral y cultural en su trabajo y facilidad de entrar en profunda sintonía con ellos, guiándolos en su trabajo e introduciéndolos al mismo tiempo en la verdad, belleza y desafíos de la persona, de la cruz y de la resurrección del Señor Jesus. Comienza así, ya entonces, a ejercitar esa maravillosa fascinación que desarrollará como Pontifice, a  través de las Jornadas mundiales de la Juvent5ud.
Después de la muerte del Cardenal Sapieha, el Arzobispo Eugenio Baziak  quiso sin embargo que Karol se dedicase a la enseñanza universitaria y le concede, a partir del 1 de septiembre de 1951, dos años sabáticos para escribir la tesis de su  habilitación, con el título:  Evaluaciónde la Posibilidad de construir la Etica Cristiana sobre el sistema de MaxScheler’.   Este estudio, que obtuvo la aprobación académica el 30 de noviembre de 1953, le permitió al joven sacerdote penetrar en el pensamiento fenomenológico, arribando así a la conclusión que la fenomenología es un instrumento importante y precioso para indagar las dimensiones de la experiencia humana, pero necesita fundamentarse en la concepción realista del ser y de la conciencia, que Karol había profundizado en sus estudios precedentes.  Se vislumbra así el rumbo de su proyecto filosófico, que intenta presentar la objetividad y el realismo del pensamiento clásico con el énfasis moderno de la subjetividad y de la experiencia que culminará en la gran obra Persona y acción, publicada en 1969, cuando Karol Wojtyla ya era Cardenal. Esta orientación de fondo es bien visible del resto, también en sus enseñanzas como Pontífice, recuerdo tan solo las paginas iniciales de la Encíclica Dives in misericordia, con el principio de la conjugación “orgánica y profunda” de teocentrismo y antropocentrismo.
La clausura de la facultad de teología de la Universidad Jaguellonica, decretada por el régimen en 1954, obligo al nuevo profesor a proseguir su carrera académica no en Cracovia como había planeado,  sino en la Universidad Católica de Lublin, a partir del otoño de1954, obteniendo ya en noviembre de 1956 la cátedra de ética en la Facultad de Filosofía continuando hasta fines de 1961, su actividad académica regular. Son aquellos años de sus continuos viajes en tren, entre Cracovia y Lublin: Karol Wojtyla que había aceptado tan solo por obediencia los dos años sabaticos ordenados por el Arzobispo Baziak, prosiguió un intensa actividad en Cracovia  sobre todo con los jóvenes, compartiendo con ellos también vacaciones. Mientras tanto continúo componiendo poesías y escribiendo dramas.

(traducido de: Camillo Ruini  Alla sequela di Cristo Giovanni Paolo II il Servo dei Servi di Dio, Cantagalli, Siena, feb 2007)

viernes, 26 de abril de 2019

Camilo Ruini: Breve biografia de Karol Wojtyla (1 de 4)



(presentada en la Sesión de apertura de la investigación diocesana sobre la vida, virtudes y fama de santidad del Siervo de Dios Juan Pablo II, en la Basílica de San Juan de Letrán el 28 de junio de 2005)

Los primeros veinte años: un talento extraordinario que va madurando a través de experiencias durísimas. 
Karol Józef Wojtyła nace en Wadowice el 18 de mayo de 1920, hijo de Karol y de Emilia Kaczorowska, padres profundamente católicos, y es bautizado el 20 de junio del mismo año en la iglesia parroquial de Wadowice.
Hacía poco que Polonia había recobrado su unidad e independencia y tan solo dos meses después, el 16 y 17 de agosto, supo defenderla victoriosamente para si y para Europa, rechazando la invasión de la Armada roja en la batalla llamada “milagro del Vistola”  (Wisła). Menciono este hecho porque le permite al niño y adolescente Karol crecer y formarse en un contexto social y cultural serenamente inclinado al catolicismo, y porque personalmente he escuchado a Juan Pablo II recordar en múltiples ocasiones, conmovido y con  inmensa gratitud,  el “milagro del Vistola”.  
En septiembre de 1926 Karol, llamado familiarmente Lolek, comienza a frecuentar la escuela elemental. Más tarde,  s sus nueve años, el 13 de abril de 1929, pierde la madre, fallecida por una enfermedad a tan solo 45 años de edad. Un mes más tarde recibe la primera comunión. En 1930 pasa a la escuela media, en el colegio secundario estatal de Wadowice y elige la rama neoclásica. El 5 de diciembre de 1932 Karol sufre otra perdida, con la muerte de su hermano mayor Edmund, joven médico que fallece curando enfermos durante una epidemia de escarlatina. Queda solo con el padre y a partir de allí guiado por una vida en la cual la oración ocupa un lugar preponderante mientras va creciendo en el estudio, pero también en el juego, la alegría y el deporte.  Otra persona que contribuirá en la formación cristiana de Karol fue el padre Kazimierz Figlewicz, un joven sacerdote que a partir de 1930 enseñaba catecismo en la escuela de Wadowice y en la parroquia reunia a los monaguillos, entre ellos a Karol.   El pequeño Karol se confesaba con el.  Karol lo admiraba y llegaron a entablar una estrecha relación.  El sacerdote lo consideraba un joven muy vivaz, de gran talento, muy lúcido y buenísimo.
Karol es formado con particular amor a la Virgen Maria y una profunda devoción al Espiritu Santo, características que quedaran grabadas profundamente en su alma y a las cuales permanece fiel durante toda su vida.  Su vida religiosa es fortalecida con una asidua oración personal, la frecuencia a los sacramentos, diferentes practicas de piedad y en particular los peregrinaciones a los santuarios marianos, pero también  con su participación en las asociaciones católicas: en la vigilia de la Asunción del 1934 entra a formar parte del Sodalicio Mariano de su parroquia y dos años más tarde es nombrado presidente.
Por otra parte ya a partir de 1934 Karol comienza a participar de las representaciones dramáticas, y dos años más tarde comienza una intensa colaboración con el Director teatral de vanguardia Mieczysław Kotlarczyk,  un enamorado del teatro y profundamente creyente.
EL 3 de mayo de 1938 Karol recibe el sacramento de la confirmación, y el 27 del mismo mes se recibe en el liceo: para la ceremonia de entrega de diplomas es invitado a pronunciar el discurso de despedida.  En agosto del mismo año se muda con el padre a Cracovia, para inscribirse en la facultad de filosofía de la Universita Jaguellonica, y seguir los cursos de filología polaca. Como escribe el mismo en su libro Don y Misterio, esta etapa de su vida introduce al futuro Juan Pablo II en el “misterio mismo de la palabra”.
El estallido de la II Guerra Mundial, iniciada con la invasión a Polonia, el 1 de septiembre de 1939, cambia sin embargo radicalmente el curso de la vida de Karol. En la primavera de aquel año ya había terminado de escribir el volumen de poesía, entonces inéditas, Salmo rinascimental/Libro eslavo, del cual forma parte el himno Magnificat, en el cual decia: 
Apuro hasta los bordes cáliz de rojo vino
En la mesa celeste – tu servidor orante –
Gracias te rinde, Padre, mi juventud bendita,
Tus manos la formaron del corazón de un tilo.
Tu el mas prodigioso escultor de santos.
Son palabras profundamente emotivas y nos hablan mucho de su vida, de su profundidad espiritual,  la comprensión de si mismo y el genio poético del joven Wojtyla, pero también proféticamente, como la Providencia, fue esculpiendo su figura y su persona a través de los dramas e imprevistos de la historia.
La Universidad Jaguellonica fue obligada a interrumpir los cursos en septiembre de 1940. Para evitar su deportación a Alemania el joven Karol comenzó a trabajar como operario en una cantera de piedra asociada con el establecimiento químico Solvay; establecimiento que lo emplearía directamente un año más tarde.  En La cantera de piedra, poema escrito en 1956,  describe esta experiencia que influyo profundamente en el y en el conocimiento de la realidad y las dificultades de la vida y la solidaridad entre los hombres. Allí escribe “toda la grandeza del trabajo bien hecho es grandeza del hombre”.
El 18 de febrero de 1941 muere el padre, que había estado enfermo hacia tiempo..  Karol pierde asi la ultima, y fuertísima relación y afecto familiar.  Mas tarde recordara:  “Nunca me había sentido tan solo como en aquella noche en vela y oración” no obstante la presencia de un amigo.
La vida en la Polonia ocupada era terriblemente dura, la Iglesia era sistemáticamente perseguida y muchísimos sacerdotes fueron asesinados o llevados prisioneros. Sin embargo, aun en tal situación, el joven Wojtyla no solo continúa escribiendo sino que compone dramas que se leerían en el “teatro rapsódico” clandestino, fortaleciendo así la resistencia moral a la opresión nazi y la identidad espiritual y cultural polaca. Pero la experiencia religiosa la profundiza en contacto con Jan Tyranowski, un santo de fina espiritualidad y un autentico formador de jóvenes, quien lo introduce en la lectura de los grandes místicos carmelitas san Juan de la Cruz y santa Teresa de Avila, y el encuentro con el Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen de san Luis Maria Grignion de Montfort, que lo lleva a comprender más profundamente el vinculo entre Maria y Cristo.  De allí su moto de confianza mariano Totus Tuus, autentico emblema de toda su vida,  no solo de su episcopado. Los peregrinos al santuario mariano de Kalwaria contribuyeron a delinear este itinerario de oración y de contemplación, que habrían orientado los pasos del joven Karol hacia el sacerdocio.
(traducido de: Camillo Ruini  Alla sequela di Cristo Giovanni Paolo II il Servo dei Servi di Dio, Cantagalli, Siena, feb 2007)

viernes, 21 de octubre de 2016

Octubre 22 memoria litúrgica de San Juan Pablo II – brevísima biografía


“Abrid las puertas a Cristo”  urgió Juan Pablo II en su homilía de la Misa en el inicio de su pontificado en 1978. 

Nacido en Wadowice, Polonia, Karol Jozef Wojtyła perdió a su madre, a su padre y a su hermano mayor antes de sus 21 años. Su promisoria carrera académica en la Universidad Jaguelonica de Cracovia fue interrumpida al comenzar la II Guerra Mundial. Al tiempo que trabajaba en una cantera y en una industria química, ingresó en un seminario clandestino en Cracovia. Fue ordenado en 1946, e inmediatamente enviado a Roma. Allí obtuvo el doctorado en teología.
Regresado a Polonia, ejerció como capellán un periodo breve en una parroquia rural, servicio que  precedió a su fructífera capellanía dedicada a estudiantes universitarios.
Al poco tiempo obtuvo el doctorado en filosofía y comenzó a enseñar la materia en la Universidad polaca de Lublin. 
EL gobierno comunista permitió que fuese nombrado obispo auxiliar de Cracovia en 1958, considerándolo irrelevante intelectualmente. No podrían haber cometido peor  peor!
Karol participo en cuatro sesiones del Vaticano II y contribuyo activamente a la Constitución Pastoral para la Iglesia en el Mundo Moderno. Nombrado arzobispo de Cracovia en 1964, fue creado cardenal tres años más tarde.

Fue elegido Papa en octubre de 1978 adoptando el nombre de su predecesor inmediato. El Papa Juan Pablo II fue el primer papa no italiano en 455 años. Realizo visitas pastorales a 124 países, incluyendo países con poblaciones cristianas muy reducidas.
Promovió iniciativas ecuménicas e interreligiosas, especialmente el Día de Oración por la Paz en Asís, en 1986.  Visito la Sinagoga principal en Roma y la pared occidental de Jerusalén; estableció relaciones diplomáticas entre la Santa Sede e Israel.  Mejoro las relaciones católico-musulmanas y en 2001 visito la mezquita en Damasco, Siria.
El gran Jubileo del año 2000, fue un acontecimiento clave en el ministerio de Juan Pablo II,  marcado por celebraciones especiales para católicos y otros cristianos en Roma y en otras partes del mundo

Durante su pontificado mejoraron también las relaciones con las Iglesias ortodoxas.
“Cristo es el centro del universo y de la historia humana” reza el comienzo de su encíclica de 1979: Redentor del hombre
En 1995 se describió a si mismo en la Asamblea General de las Naciones Unidas como “testigo de esperanza”.
Su visita de 1979 a Polonia alentó el crecimiento del movimiento Solidaridad y el colapso del comunismo en Europa del Este y central 10 años mas tarde.  Creó las Jornadas Mundiales de la Juventud y viajo a varios países para esas celebraciones.  Hubiese querido visitar China y la Unión Soviética pero los gobiernos de esos países lo impidieron.
Una de las fotografías más notables de su pontificado corresponde a su conversación cara a cara con Mehmet Ali Agca, quien había intentado asesinarlo dos años antes.
En su pontificado de 27 años, Juan Pablo II escribió 14 encíclicas y cinco libros, canonizo a 482 santos y beatifico a 1338 personas.
Los últimos años de su vida sufrió del mal de Parkinson y se vio forzado a renunciar a algunas de sus actividades habituales.
El Papa Benedicto XVI lo beatificó en 2011 y el Papa Francisco lo canonizó en 2014.

(traducido del FB del Santuario San Juan Pablo II de Cracovia)


viernes, 18 de marzo de 2016

Gian Franco Svidercoschi : Breve “biografía” de Karol Wojtyla/Juan Pablo II 2 de 2)


Gian Franco Svidercoschi, profundo conocedor  y estudioso de la vida y obra de Karol Wojtyla, escribió también el prologo al libro que el Papa Juan Pablo II escribiera con ocasión del quincuagésimo aniversario de su sacerdocio.  Se trata de Don y Misterio, libro que nació  como consecuencia natural de un encuentro dela Congregación para el Clero y a raíz de las reflexiones  vertidas entonces por el Papa Juan Pablo II que se referían a su sacerdocio y que el mismo admitiera  “pertenecen a mis raíces más profundas, a mi experiencia más íntima.”  El  libro cuenta con una Introducción del Santo Padre, pero fue Gian Franco Svidercoschi quien escribió un prólogo para el libro que fuera publicado en forma impresa por Librería Editrice Vaticana en  el año  2011. El texto  puede leerse completo en el sitio de la Santa Sede,  sin el prólogo de Svidercoschi.    Por eso me permito publicarlo aquí  en 4 posts. Quien lo lea detenidamente casi no se perderá detalle de la vida de Karol Wojtyla,  “encriptada” a veces  en una sola palabra o frase. 

La herencia polaca
Esta  es la razón por la cual, al releer despus de quince años el acontecimietno de Franciszek Labus y lo que el descascarillador de la cantera de piedra dijo al joven obrero que lo ayudaba, se puede captar, aún más, otro gran mérito de este libro. Es cierto que se trata de un cuento relatado con gran simplicidad e inmediatez, un cuento que parece más vivido que “escrito” vista la manera de manifestar los pensamientos más íntimos, más escondidos e incluso los sentimientos y las emociones. Pero, al mismo tiempo, “Don y misterio” ha sabido poner de relieve la continuidad, una extraordinaria continuidad, entre el periodo de la preparación al sacerdocio, del ministerio presbiteral y episcopal y el periodo del pontificado.

No se puede comprender la figura de Juan Pablo II y su obra a la guía de la Iglesia Universal si no se considera la herencia de fe, cultura e historia, una historia a menudo trágica que ha traído de su Patria. Ni se puede entender este pontificado, sin remontarse a las raíces de la vocación de Karol Wojtyła, a las experiencias vividas, a las dificultades encaradas: la familia, ante todo, y la escena tanto religiosa como cultural y social de la Polonia de los años treinta y la búsqueda teológica y filosófica, el teatro, el trabajo y luego la guerra, la Shoah, los totalitarismos del sigloXX conocidos en primera persona, y en fin el ministerio pastoral, el episcopado, la participación en el Concilio.
Cada momento, cada acontecimietno vivido, cada elección hecha, cada gesto aprendido – como el beso a la teirra siguiendo el ejemplo del cura de Ars – tuvo su importancia, su relevancia en el crecimiento humano y espiritual de Karol Wojtyła.  Hay como un “hilo conductor” que los atraviesa todos, momentos, acontecimietnos, elecciones, gestos y parece como si confluyeran hacia un objetivo prefijado.

Es decir, cuando el arzobispo de Cracovia entró en el Cónclave, trayendo consigo mismo la memoria viva de la historia y de los acontecimientos de su Patria, parecía ya “preparado” a las grandes responsabilidades del papado y por lo tanto a introducirse de inmediato y con naturalidad en la realidad y en los problemas de todo el mundo católico.

Y de esta manera, a partir del “injerto” de las experiencias polacas sobre la dimensión universal del servicio petrino y, podríamos decir, a partir de su síntesis, procedió la que – yo personalmente por lo menos – pienso que fue la gran novedad de este pontificado como “signo de cambio”.  
Un ejemplo para todos. Los Pontífices sobre todo los de la Edad Moderna, siempre habían defendido de manera tenaz –en nombre del Evangelio – al hombre y sus derechos. Pero, quizás, nadie lo hizo con tanta fuerza, pasión y sobre todo con un conocimiento tan profundo de las amenazas contra el hombre y contra la dignidad humana, como justamente lo hizo Juan Pablo II. Un conocimiento experimentado de manera dramática, personalmente, el l de septiembre de 1939, con la ocupación alemana de Polonia que dio el banderazo a la Segunda Guerra Mundial.

Fueron estos trágicos acontecimientos que aclararon, en el joven Karol “ el sentido del sacerdocio y de su misión en el mundo”.
Al leer “Don y Misterio”, nos damos cuenta que el relato de aquellos meses y años, fue narrado con ojos horrorizados, asustados, ojos que habían conocido el horror, las atrocidades.


miércoles, 4 de junio de 2014

Gian Franco Svidercoschi: Breve “biografía” de Karol Wojtyla/Juan Pablo II (1 de 2)


Gian Franco Svidercoschi, profundo conocedor  y estudioso de la vida y obra de Karol Wojtyla, escribió también el prologo al libro que el Papa Juan Pablo II escribiera con ocasión del quincuagésimo aniversario de su sacerdocio.  Se trata de Don y Misterio, libro que nació  como consecuencia natural de un encuentro dela Congregación para el Clero y a raíz de las reflexiones  vertidas entonces por el Papa Juan Pablo II que se referían a su sacerdocio y que el mismo admitiera  “pertenecen a mis raíces más profundas, a mi experiencia más íntima.”  El  libro cuenta con una Introducción del Santo Padre, pero fue Gian Franco Svidercoschi quien escribió un prólogo para el libro que fuera publicado en forma impresa por Librería Editrice Vaticana en  el año  2011. El texto  puede leerse completo en el sitio de la Santa Sede,  sin el prólogo de Svidercoschi.   Por eso me permito publicarlo aquí  en 4 posts. Quien lo lea detenidamente casi no se perderá detalle de la vida de Karol Wojtyla,  “encriptada” a veces  en una sola palabra o frase.   

Don y Misterio quince años después
 de Gian Franco Svidercoschi

Al inicio de “Don y Misterio” Juan Pablo II relata su primera experiencia como obrero, a la edad de 20 años, en una cantera de piedra en Zakrzówek, en Cracovia. Experiencia que, después de la invasión de Polonia por parte de las tropas de Hitler y después del cierre de la universidad,  fue obligado a hacer para evitar acabar en un campo de concentración. Y, al recordar ese acontecimiento, el Papa mencionó a Franciszek Labus, el hombre encargado en encender las minas y del que él era el ayudante.

Labus fue una de las 140 personas y más – entre parientes, amigos, maestros y guías espirituales, sacerdotes, obispos, cardenales,  pensadores, filósofos y santos- que Karol Wojtyla mencionó en el libro con nombre y apellido. Y la razón era que todas esas personas, directa o indirectamente, ejercitaron un influjo sobre la formación y la maduración de su vocación sacerdotal.

Pues bien, Labus a primera vista, podría parecer una figura secundaria, o insignificante, en comparación con el arzobispo Adam Stefan Sapieha, el “querido Príncipe Metropolitano”, cuya vida representaba la historia de la Patria misma según Karol. O, aún más, en comparación con los que habían sido los modelos por excelencia del joven Wojtyla: San Juan de la Cruz, Fraile Alberto, Adán Chmielowski, san Luis María Grignion de MOntfort, el cura de Ars y san Juan María Vianney.

En cambio, incluso el descascarillador, el manso desconocido descascarillador de Zakrzówek, fue muy importante para Karol tanto en la decisión de hacerse sacerdote como en el ideal mismo del sacerdocio en que Karol se identificaría y luego inspiraría su misión de obispo primero, y de Pontífice después.

Volvamos a leer lo que Wojtyla escribió sobre Franciszekk Labus: “Lo recuerdo porquer, algunas veces, se dirigía a mì con palabras de este tipo: “Karol, tu deberías ser sacerdote. Cantarás bien, porque tienes una voz bonita y estarás bien…” Lo decía con toda sencillez, expresando de ese modo un convencimiento muy difundido en la sociedad sobre la condición del sacerdote. Las palabras del viejo obrero se me han quedado grababas en la memoria”.

No añadió otra cosa, Juan Pablo II. Aunque se entendía bien lo que quería decir. Labus, sin maldad, sin rencor, le había dado una imagen de sacerdote de aquella époa, y por encima, época de guerra, tenía éxito, aunque no correspondía a su forma de ser sacerdote.

En efecto, según su manera de ser sacerdote en aquel tiempo  y según como lo profundizaría a través del estudio y del ministerio pastoral, el sacerdocio significaba ser un “adorador” de Dios, administrador de sus misterios y, al mismo tiempo. su testigo entre los hombres.

Significaba consagrarse a ser fiel hacia una decisión para siempre y basada en la centralidad de la Eucaristía, en renovar cada día el propio sacrificio en Cristo. Y eso explica la extraordinaria síntesis que Karol supo realizar en sí mismo entre vida contemplativa, basada en una fuerte tensión mística, y vida activa, inmersa totalmente en la realidad concreta del pueblo que lo había “elegido”.

Para Karol Wojtyla, entones, el sacerdocio no tenía nada que ver con el clericaismo. No se trataba de una casa aparte, separada de los hombres y lejos de sus problemas cotidianos.

“Los fieles – dijo en una entrevista de 1972, cuando era todavía arzobispo de Cracovia – no necesitan funcionarios de la Iglesia o eficientes dirigentes administrativos, sino guías espirituales, educadores”.

Y esta concepción del sacerdocio inspiraría una visión de Iglesia que él, especialmente tras haberse saciado a sì mismo en la escuela del Concilio Vaticano II, desarrollaría progresivamente tanto en el plano teológico (la dimensión trinitaria de la fe) como pastoral (poner de relieve los aspectos carismáticos, laicales y comunitarios) trayéndola consigo mismo hasta la cátedra de San Pedro.

Pero, a decir verdad, los comienzos no fueron tan fáciles. Ya en los primeros meses del pontificado, inició una violenta campaña contra el nuevo Papa y su presunto intento de imponer el “modelo polaco” de sacerdocio a toda la Iglesia universal. Juan Pablo II contestó firmemente durante su primer regreso a la tierra natal, en junio de 1979, al hablar al clero en Częstochowa. Pero de aquella respuesta, casi todos los comentaristas se limitaron a tomar en serio sòlo la parte sobre el sacerdocio y el celibato, y no tomaron en consideración la parte más importante, es decir donde el Papa rechazaba .- citando sus palabras -  una “visión clerical de la Iglesia”.

Pero allí, en aquellas palabras, hubiera sido posible reconocer la primera novedad del pontificado de Wojtyla: el comienzo – y, no es casualidad, por parte de un Papa que cuando era muchacho, en sus primeros pasos espirituales fue guiado por dos laicos: su padre y Juan Tyranowski, que lo había introducido a la lectura de los místicos españoles – entonces el comienzo de un proceso de de-clerializacòn en la Iglesia, con la perspectiva de una honda renovación tanto en las instituciones como en la relaciones dentro de la comunidad católica.”