Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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viernes, 12 de diciembre de 2025

Oracion del Papa Juan Pablo II a la “Morenita” de Guadalupe en su primer visita a Mexico en 1979

 (primera parte  de la oración – oración completa)


 (fotografia de Nuestra Señora de Guadalupe en la capilla de la cripta vaticana Basílica San Pedro) 

¡Oh Virgen Inmaculada
Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia!
Tú, que desde este lugar manifiestas
tu clemencia y tu compasión
a todos los que solicitan tu amparo;
escucha la oración que con filial confianza te dirigimos,
y preséntala ante tu Hijo Jesús, único Redentor nuestro.

Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso,
a Ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores,
te consagramos en este día todo nuestro ser y todo nuestro amor.
Te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos,
nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.

Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos;
ya que todo lo que tenemos y somos lo ponernos bajo tu cuidado,
Señora y Madre nuestra.

Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino
de una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia:
no nos sueltes de tu mano amorosa.

Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas,
te pedimos por todos los obispos, para que conduzcan a los fieles por senderos
de intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios y a las almas.

 México, enero de 1979.

 

¡Salve, Madre de México! ¡Madre de América Latina!

 



¡Salve, Madre de México!

“Desde que el indio Juan Diego hablara de la dulce Señora del Tepeyac, Tú, Madre de Guadalupe, entras de modo determinante en la vida cristiana del pueblo de México. No menor ha sido tu presencia en otras partes, donde tus hijos te invocan con tiernos nombres…”

“Este pueblo, que afectuosamente te llama “ la Morenita ”. Este pueblo –e indirectamente todo este inmenso continente - vive su unidad espiritual gracias al hecho de que Tú eres la Madre. Una Madre que, con su amor, crea, conserva, acrecienta espacios de cercanía entre sus hijos.

 ¡Salve, Madre de México!

¡Madre de América Latina!

Permite pues que yo, Juan Pablo II, Obispo de Roma y Papa, junto con mis hermanos en el Episcopado que representan a la Iglesia de México y de toda la América Latina, en este solemne momento, confiemos y ofrezcamos a Ti, sierva del Señor, todo el patrimonio del Evangelio, de la Cruz, de la Resurrección, de los que todos nosotros somos testigos, apóstoles, maestros y obispos. 

¡Oh Madre! Ayúdanos a ser fieles dispensadores de los grandes misterios de Dios. Ayúdanos a enseñar la verdad que tu Hijo ha anunciado y a extender el amor, que es el principal mandamiento y el primer fruto del Espíritu Santo. Ayúdanos a confirmar a nuestros hermanos en la fe, ayúdanos a despertar la esperanza en la vida eterna. Ayúdanos a guardar los grandes tesoros encerrados en las almas del Pueblo de Dios que nos ha sido encomendado.

 Te ofrecemos todo este Pueblo de Dios. Te ofrecemos la Iglesia de México y de todo el Continente. Te la ofrecemos como propiedad Tuya. Tú que has entrado tan adentro en los corazones de los fieles a través de la señal de Tu presencia, que es Tu imagen en el Santuario de Guadalupe, vive como en Tu casa en estos corazones, también en el futuro. Sé uno de casa en nuestras familias, en nuestras parroquias, misiones, diócesis y en todos los pueblos” 

VIAJE A LA REPÚBLICA DOMINICANA,MÉXICO Y BAHAMAS

(de la Homilía del Papa Juan Pablo II en el Santuario de la Virgen de Guadalupe, Santuario del pueblo de México y de toda América Latina, con ocasión de la Inauguración de la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano - Sábado 27 de enero de 1979)

 

 


martes, 23 de agosto de 2022

Juan Pablo II y la “Morenita” por Valentina Alazraki

 

(Imagen en la Capilla Vaticana)

En el avión que lo llevaba hacia México, en enero de 1979, Juan Pablo II, uniéndose inesperadamente a los periodistas que lo acompañaban en su primer viaje internacional, les dijo que su mayor deseo en ese momento era llegar a la Ciudad de México para arrodillarse ante la Virgen de Guadalupe en la Basílica dedicada a ella.  A nosotros los mexicanos nos impacto fuertemente que conociera y comprendiera tan bien la devoción por la “Morenita”.

Juan Pablo II se sentía tan cercano a esta Virgen porque de alguna manera veía en Ella una fuerte semejanza con la Virgen de Czestochowa. Como Ella en Polonia, me dijo en una breve entrevista que de hecho inauguraba la era de las conferencias de prensa a 10.000 metros de altura, también la Virgen de Guadalupe fue una figura central en la historia de México, en sus momentos luminosos, pero sobre todo en los momentos oscuros. Para el pueblo mexicano siempre representó un símbolo de unidad e identidad nacional así como lo había sido la Virgen de Jasna Gora para el pueblo polaco.

En aquel vuelo, Juan Pablo II nos dijo que la Virgen de Guadalupe era una Madre que educa y que representa un faro y una llamada para todos los pueblos, para la Iglesia y para todos los miembros de la sociedad Latinoamericana. Su primera visita a la Basílica de la Virgen de Guadalupe quedó grabada en el corazón de todos los mexicanos.

En Roma, había escrito una oración a la Morenita,  que después recitó arrodillado ante Ella, en la que ponía en Sus manos “toda su vida, su trabajo, sus alegrías, sus enfermedades y sus dolores”.  A Ella también le pidió “paz, prosperidad y justicia” para todos los pueblos latinoamericanos.

Para Juan Pablo II, la Virgen de Guadalupe era el testimonio primordial de Cristo en América. Había querido aparecerse, según él a una persona sencilla como el indígena Juan Diego para anunciar que Jesús ama a los hombres de todas las razas y culturas. Puso en sus manos, además de su misión, también la evangelización del Continente americano, que para él era el Continente de la Esperanza.

La devoción y el amor por la Virgen de Guadalupe acompañaron al Papa durante todo su pontificado. Después de su primer viaje a México, tuvo sobre su escritorio privado durante mucho tiempo una imagen de la Morenita que le había dado el entonces arzobispo de la Ciudad de México, el cardenal José Corripio Ahumada.

Para que la Morenita estuviese siempre presente en el Vaticano, Juan Pablo II autorizó la construcción de una capilla dedicada a Ella en las Grutas Vaticanas, a pocos metros de la tumba de san Pedro y el mismo la inauguró en 1992. Ante su imagen, expresó que había entrado tan profundamente en los corazones de los fieles que él mismo ponía en sus manos el futuro de todos.

El Papa, que cada vez que hablaba de México usaba la expresión “México siempre fiel”  o “México sempre fedele”, dijo que aquella capilla representaba un testimonio no solo de la vocación mariana de este país, sino también de su fuerza unificadora y de su cultura, una riqueza para toda la Iglesia.

Su amor por la Virgen de Guadalupe se manifestó también en el lugar privilegiado que quiso reservarle a Juan Diego: el primer acto de su segundo viaje a México, en mayo de 1990, fue la beatificación del indígena a quien se le había aparecido la Virgen de Tepeyac.  En la Basílica de Guadalupe Juan Pablo II habló de Juan Diego como confidente de la dulce Señora de Tepeyac, y dijo que su figura estaba vinculada indisolublemente a la aparición guadalupana y que la Virgen lo había escogido entre los más humildes como demostración de su amor.

En 1999, decide que las conclusiones del Sínodo para América fuesen anunciadas precisamente en la basílica de la Virgen de Guadalupe. Por tercera vez en su pontificado, el Papa se arrodilló ante la Morenita y le pide acompañar a las iglesias de todo el Continente americano para que sean evangelizadoras y misioneras. Puso en sus manos a todos los fieles americanos y a las iglesias a fin de que Ella entrara en sus casas y en sus corazones para que las familias fuesen escuelas de vida y de fe. Le pidió también que iluminara a los gobernantes y a los pueblos para que aprendiesen a vivir en autentica libertad respetando la justicia y los derechos humanos. El aplauso más fuerte se escucho cuando anuncio que el 12 de diciembre se celebraría la fiesta de la Virgen en todo el Continente.



En 2002 gravemente enfermo, contraviniendo las indicaciones de los médicos, quiso a toda costa volver  a orar en la Basílica de Guadalupe para poder canonizar a Juan Diego. En una de las ceremonias más espectaculares de su pontificado, Juan Pablo II afirmó que Juan Diego, acogiendo el mensaje cristiano, no renuncio a su identidad indígena, descubrió una humanidad nueva, le fue más fácil el encuentro entre dos mundos y llego a ser el protagonista de la nueva identidad mexicana, unida íntimamente a la Virgen de Guadalupe, cuyo rostro mestizo manifiesta una maternidad espiritual que abraza a todos los mexicanos.


(publicado en Totus Tuus,  revista de la Postulaciòn, Nro 5 Oct/Nov 2010)

sábado, 12 de diciembre de 2020

“Bendita tú eres entre las mujeres, porque nos trajiste al bendito”.

 


El encuentro de María con Isabel es una bendición, una bendición. Bendecir, es “decir-bien”. Y Dios desde la primera página del Génesis nos acostumbró a este estilo suyo de decir bien. La segunda palabra que pronuncia, según el relato bíblico, es: “Y era bueno”, y “está bien”, “era muy bueno”. El estilo de Dios es siempre decir bien, por eso la maldición va a ser el estilo del diablo, del enemigo. El estilo de la mezquindad, de la incapacidad de donarse totalmente, el “decir mal”. Dios siempre dice bien. Y lo dice con gusto, lo dice dándose. Bien. Se da en abundancia, diciendo bien, bendiciendo.

La tercera palabra el don. Y esta abundancia, este decir-bien, es un regalo, es un don. Un don que se nos da en el que es “toda gracia”, que es todo Él, que es todo divinidad, en “el bendito”. Un don que se nos da en la que está “llena de gracia”, la “bendita”. El bendito por naturaleza y la bendita por gracia. Son dos referencias que la Escritura las marca. A Ella se le dice “bendita tú entre las mujeres”, “llena de gracia”. Jesús es el “bendito”, el que traerá la bendición.

Y mirando la imagen de nuestra Madre esperando al bendito, la llena de gracia espera al bendito, entendemos un poco esto de la abundancia, del decir bien, del “ben-decir”. Entendemos esto del don, el don de Dios se nos presentó en la abundancia de su Hijo por naturaleza, en la abundancia de su Madre por gracia. El don de Dios se nos presentó como una bendición, en el bendito por naturaleza y en la bendita por gracia. Este es el regalo que Dios nos presenta y que ha querido continuamente subrayarlo, volver a despertarlo a lo largo de la revelación.

“Bendita tú eres entre las mujeres, porque nos trajiste al bendito”. “Yo soy la Madre de Dios por quien se vive, el que da vida, el bendito”.

Y que, contemplando la imagen de nuestra madre hoy, le “robemos” a Dios un poco de este estilo que tiene: la generosidad, la abundancia, el bendecir, nunca maldecir, y transformar nuestra vida en un don, un don para todos. Que así sea.

(de la Homilia del Santo Padre Francisco en la Santa Misa por América Latina hoy fiesta litúrgica de Nuestra Señora de Guadalupe)



sábado, 12 de diciembre de 2015

Santa Maria de Guadalupe






“Hoy celebramos que Dios ha venido en medio de nosotros por medio de nuestra madre, Santa María de Guadalupe, y ha querido transformar esta tierra muerta del Tepeyac, en el vergel de la vida de Dios, tierra bendita y sagrada.

Hoy celebramos que Santa María de Guadalupe ha venido para manifestar su voluntad, su deseo, el de construir su “casita sagrada” para ofrecer aquí a su Amor-Persona, Jesucristo, centro y fundamento de este lugar, hogar del Dios Omnipotente.

Hoy celebramos que Ella realizara, en aquel frío invierno de 1531, una verdadera y profunda inculturación del Evangelio que continúa moviendo los corazones más allá de espacios y tiempos.

Hoy celebramos que Dios se ha apiadado de nosotros y ha manifestado su amor misericordioso por medio de la mirada compasiva de su propia Madre y, así, el Dueño del cielo y de la tierra ha venido a nuestro encuentro para darnos la gracia de la salvación.

Hoy celebramos que por medio de Santa María de Guadalupe, nuestro Señor, el vencedor del pecado y de la muerte, ha venido a quedarse a vivir en medio de nosotros, en nuestro corazón.

Hoy estamos celebrando que Santa María de Guadalupe es la Estrella de la primera y de la nueva Evangelización, discípula y misionera del amor de Dios, gracias a su valiente y humilde “sí” al Señor, el Reino de Dios sigue tocando los corazones; y fue san Juan Diego, el elegido por Ella, quien recibió su consuelo y su protección, su gozo y su alegría. El humilde macehual fue elegido como su mensajero digno y amado, lleno de toda su confianza, para pedir al obispo la construcción de este hogar, de esta “casita sagrada”, “hogar del Dios omnipotente” en donde ahora nos encontramos todos, disponiendo nuestros corazones para construir juntos la Civilización del Amor de Dios, centrada en la Eucaristía

(de la homilía pronunciada por el Cardenal NorbertoRivera Carrera, Arzobispo Primado de México)

La Insigne y Nacional Basílica de Santa Maria de Guadalupe – el Santuario del Tepeyac – donde la sagrada imagen de la Virgen María de Guadalupe es el corazón, ya desde el siglo XVI ha sido meta continua de peregrinos, procedentes no sólo de la Nación Mexicana sino también de todo el Continente Americano.La Basílica de Santa María de Guadalupe fue reconocida como Santuario Nacional por la Conferencia del Episcopado Mexicano, el 17 de noviembre de 1983.
Invito visitar su página oficial.

Hoy, el mismo día que México celebra su fiesta tan querida la Conferencia del Episcopado Mexicano ha dado a conocer un comunicado de prensa confirmando la visita del Papa Francisco en febrero del próximo año.

 

viernes, 6 de junio de 2014

Virgen de Guadalupe queremos ser todos tuyos

Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino
de una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia:
no nos sueltes de tu mano amorosa.

Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas,

te pedimos por todos los obispos, para que conduzcan a los fieles por senderos
de intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios y a las almas.
Contempla esta inmensa mies, e intercede para que el Señor infunda

hambre de santidad en todo el Pueblo de Dios, y otorgue abundantes
vocaciones de sacerdotes y religiosos, fuertes en la fe
y celosos dispensadores de los misterios de Dios.

(de la Oración de Juan Pablo II a la Virgen de Guadalupe) 

(si el enlace directo no funciona ver mi post



lunes, 19 de mayo de 2014

Primera “peregrinación de fe” de Juan Pablo II


(este es el primer post que re-publico de mi blog Beato Juan Pablo II,  ahora interrumpido. Lo haré con todos los posts alli publicados como “Recordatorio y agradecimiento por sus viajes apostólicos a países de habla hispana”. Una vez completado (son 178 posts), cancelaré el otro blog)

25 de enero de 1979. Era su primera “peregrinación de fe” El Papa iba “a postrarse ante la imagen prodigiosa de la Virgen de Guadalupe de México, a invocar su ayuda maternal y su protección sobre el propio ministerio pontificio; a repetirle con fuerza acrecida por las nuevas e inmensas obligaciones: «¡Soy todo tuyo!»; y a poner en sus manos el futuro ce la evangelización en América Latina.”
Venía a “algunas zonas del Nuevo Mundo como mensajero del Evangelio ante millones de hermanos y hermanas que creen en Cristo; quiere conocerlos, abrazarlos, decir a todos —niños, jóvenes, hombres, mujeres, obreros, campesinos, profesionales— que Dios los ama, que la Iglesia los ama, que el Papa los ama; y también para recibir de ellos el estímulo y el ejemplo de su bondad, de su fe. Por lo tanto, el Papa sigue en espíritu las huellas de misioneros, sacerdotes y de todos los que, desde el descubrimiento del Nuevo Mundo, han difundido con sacrificio, abnegación y generosidad, en aquellas inmensas tierras, el mensaje de Jesús predicando amor y paz entre los hombres.”
Venia también “para participar, con sus hermanos obispos, en la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, que se celebrará en Puebla”, reunión en la cual se tratarían “problemas importantes referentes a la acción pastoral del Pueblo de Dios, acción que debe tener presentes, a la luz del Concilio Vaticano II, las complejas situaciones socio-políticas locales para penetrarlas del fecundo fermento del anuncio evangélico.” Iría a Puebla “para ayudar y «confirmar» (cf. Lc 22, 32) a sus hermanos obispos.”



viernes, 13 de diciembre de 2013

Nuestra Señora de Guadalupe y San Juan Diego (2 de 2) Como era Juan Diego?

 “¿“es poderoso y sólo los humildes le dan gloria” (3, 20). También las palabras de San Pablo proclamadas en esta celebración iluminan este modo divino de actuar la salvación: “Dios ha elegido a los insignificantes y despreciados del mundo; de manera que nadie pueda presumir delante de Dios” (1 Co 1, 28.29).

Cómo era Juan Diego? ¿Por qué Dios se fijó en él? El libro del Eclesiástico, como hemos escuchado, nos enseña que sólo Dios
Es conmovedor leer los relatos guadalupanos, escritos con delicadeza y empapados de ternura. En ellos la Virgen María, la esclava “que glorifica al Señor” (Lc 1, 46), se manifiesta a Juan Diego como la Madre del verdadero Dios. Ella le regala, como señal, unas rosas preciosas y él, al mostrarlas al Obispo, descubre grabada en su tilma la bendita imagen de Nuestra Señora.
“El acontecimiento guadalupano -como ha señalado el Episcopado Mexicano- significó el comienzo de la evangelización con una vitalidad que rebasó toda expectativa. El mensaje de Cristo a través de su Madre tomó los elementos centrales de la cultura indígena, los purificó y les dio el definitivo sentido de salvación” (14.05.2002, n. 8). Así pues, Guadalupe y Juan Diego tienen un hondo sentido eclesial y misionero y son un modelo de evangelización perfectamente inculturada.
4. “Desde el cielo el Señor, atentamente, mira a todos los hombres” (Sal 32, 13), hemos recitado con el salmista, confesando una vez más nuestra fe en Dios, que no repara en distinciones de raza o de cultura. Juan Diego, al acoger el mensaje cristiano sin renunciar a su identidad indígena, descubrió la profunda verdad de la nueva humanidad, en la que todos están llamados a ser hijos de Dios en Cristo. Así facilitó el encuentro fecundo de dos mundos y se convirtió en protagonista de la nueva identidad mexicana, íntimamente unida a la Virgen de Guadalupe, cuyo rostro mestizo expresa su maternidad espiritual que abraza a todos los mexicanos. Por ello, el testimonio de su vida debe seguir impulsando la construcción de la nación mexicana, promover la fraternidad entre todos sus hijos y favorecer cada vez más la reconciliación de México con sus orígenes, sus valores y tradiciones.
Esta noble tarea de edificar un México mejor, más justo y solidario, requiere la colaboración de todos. En particular es necesario apoyar hoy a los indígenas en sus legítimas aspiraciones, respetando y defendiendo los auténticos valores de cada grupo étnico. ¡México necesita a sus indígenas y los indígenas necesitan a México!
Amados hermanos y hermanas de todas las etnias de México y América, al ensalzar hoy la figura del indio Juan Diego, deseo expresarles la cercanía de la Iglesia y del Papa hacia todos ustedes, abrazándolos con amor y animándolos a superar con esperanza las difíciles situaciones que atraviesan. 
5. En este momento decisivo de la historia de México, cruzado ya el umbral del nuevo milenio, encomiendo a la valiosa intercesión de San Juan Diego los gozos y esperanzas, los temores y angustias del querido pueblo mexicano, que llevo tan adentro de mi corazón.
¡Bendito Juan Diego, indio bueno y cristiano, a quien el pueblo sencillo ha tenido siempre por varón santo! Te pedimos que acompañes a la Iglesia que peregrina en México, para que cada día sea más evangelizadora y misionera. Alienta a los Obispos, sostén a los sacerdotes, suscita nuevas y santas vocaciones, ayuda a todos los que entregan su vida a la causa de Cristo y a la extensión de su Reino.
¡Dichoso Juan Diego, hombre fiel y verdadero! Te encomendamos a nuestros hermanos y hermanas laicos, para que, sintiéndose llamados a la santidad, impregnen todos los ámbitos de la vida social con el espíritu evangélico. Bendice a las familias, fortalece a los esposos en su matrimonio, apoya los desvelos de los padres por educar cristianamente a sus hijos. Mira propicio el dolor de los que sufren en su cuerpo o en su espíritu, de cuantos padecen pobreza, soledad, marginación o ignorancia. Que todos, gobernantes y súbditos, actúen siempre según las exigencias de la justicia y el respeto de la dignidad de cada hombre, para que así se consolide la paz.
¡Amado Juan Diego, “el águila que habla”! Enséñanos el camino que lleva a la Virgen Morena del Tepeyac, para que Ella nos reciba en lo íntimo de su corazón, pues Ella es la Madre amorosa y compasiva que nos guía hasta el verdadero Dios. Amén.”


Invito leer La verdadera historia deJuan Diego en Zenit  donde leemos acerca del “misterio” de las rosas y la tilma:  
  “La Virgen pidió al obispo Fray Juan de Zumárraga, a través del vidente, la construcción en aquel lugar de una ermita, una «morada» en honor de su Hijo, y que sería lugar de acogida y de consuelo para todos los afligidos, confirma el experto.

Al pedirle un signo que probara la voluntad de la Virgen, Juan Diego llevó al prelado franciscano rosas en pleno invierno. El indio las había recogido y envuelto en su tilma (manta de algodón de la vestimenta india) para entregarlas al obispo. Al abrirla, apareció la imagen de Nuestra Señora impresa en la tilma.”


Para una información más exhaustiva invito leer en Corazones Org.   San Juan Diego 

jueves, 12 de diciembre de 2013

Nuestra Señora de Guadalupe y San Juan Diego (1 de 2)


Hoy celebramos que desde hace 482 años, Dios ha venido en medio de nosotros por medio de nuestra madre, Santa María de Guadalupe, y ha querido transformar esta tierra muerta del Tepeyac, en el vergel de la vida de Dios, tierra bendita y sagrada.

Hoy celebramos que Santa María de Guadalupe ha venido para manifestar su voluntad, su deseo, el de construir su “casita sagrada” para ofrecer aquí a su Amor-Persona, Jesucristo, centro y fundamento de este lugar, hogar del Dios Omnipotente.

Hoy celebramos que Ella realizara, en aquel frío invierno de 1531, una verdadera y profunda inculturación del Evangelio que continúa moviendo los corazones más allá de espacios y tiempos.

Hoy celebramos que Dios se ha apiadado de nosotros y ha manifestado su amor misericordioso por medio de la mirada compasiva de su propia Madre y, así, el Dueño del cielo y de la tierra ha venido a nuestro encuentro para darnos la gracia de la salvación.

Hoy celebramos que por medio de Santa María de Guadalupe, nuestro Señor, el vencedor del pecado y de la muerte, ha venido a quedarse a vivir en medio de nosotros, en nuestro corazón.

Hoy estamos celebrando que Santa María de Guadalupe es la Estrella de la primera y de la nueva Evangelización, discípula y misionera del amor de Dios, gracias a su valiente y humilde “sí” al Señor, el Reino de Dios sigue tocando los corazones; y fue san Juan Diego, el elegido por Ella, quien recibió su consuelo y su protección, su gozo y su alegría. El humilde macehual fue elegido como su mensajero digno y amado, lleno de toda su confianza, para pedir al obispo la construcción de este hogar, de esta “casita sagrada”, “hogar del Dios omnipotente” en donde ahora nos encontramos todos, disponiendo nuestros corazones para construir juntos la Civilización del Amor de Dios, centrada en la Eucaristía

(de la homilía pronunciada por el Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México hoy dia de la fiesta y último dia del dozavario)




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martes, 13 de diciembre de 2011

Juan Pablo II : ¡Salve, Madre de México! ¡Madre de América Latina!

En momentos que México y toda América Latina tanto necesita de la paz entre sus habitantes y entre naciones, recordamos estas preciosas palabras del Beato Juan Pablo II expresadas en su homilía del 27 de enero de 1979 con ocasión de la inauguración de la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano en el Santuario de la Virgen de Guadalupe

¡Salve, María!

Pronuncio con inmenso amor y reverencia estas palabras, tan sencillas y a la vez tan maravillosas. Nadie podrá saludarte nunca de un modo más estupendo que como lo hizo un día el Arcángel en el momento de la Anunciación. Ave Maria, gratia plena, Dominus tecum. Repito estas palabras que tantos corazones guardan y tantos labios pronuncian en todo el mundo. Nosotros aquí presentes las repetimos juntos, conscientes de que éstas son les palabras con las que Dios mismo, a través de su mensajero, ha saludado a Ti, la Mujer prometida en el Edén, y desde la eternidad elegida como Madre del Verbo, Madre de la divina Sabiduría, Madre del Hijo de Dios.

¡Salve, Madre de Dios!

2. Tu Hijo Jesucristo es nuestro Redentor y Señor. Es nuestro Maestro. Todos nosotros aquí reunidos somos sus discípulos. Somos los sucesores de los Apóstoles, de aquellos a quienes el Señor dijo: “Id, pues, enseñad a todas les gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado. Yo estaré con vosotros hasta la consumación del mundo” (Mt 28, 19-20).

[…]

Este Papa percibe en lo hondo de su corazón los vínculos particulares que te unen a Ti con este pueblo y a este pueblo contigo. Este pueblo, que afectuosamente te llama “ la Morenita ”. Este pueblo –e indirectamente todo este inmenso continente– vive su unidad espiritual gracias al hecho de que Tú eres la Madre. Una Madre que, con su amor, crea, conserva, acrecienta espacios de cercanía entre sus hijos.

¡Salve, Madre de México!

¡Madre de América Latina!

Permite pues que yo, Juan Pablo II, Obispo de Roma y Papa, junto con mis hermanos en el Episcopado que representan a la Iglesia de México y de toda la América Latina, en este solemne momento, confiemos y ofrezcamos a Ti, sierva del Señor, todo el patrimonio del Evangelio, de la Cruz, de la Resurrección, de los que todos nosotros somos testigos, apóstoles, maestros y obispos.

¡Oh Madre!
Ayúdanos a ser fieles dispensadores de los grandes misterios de Dios. Ayúdanos a enseñar la verdad que tu Hijo ha anunciado y a extender el amor, que es el principal mandamiento y el primer fruto del Espíritu Santo. Ayúdanos a confirmar a nuestros hermanos en la fe, ayúdanos a despertar la esperanza en la vida eterna. Ayúdanos a guardar los grandes tesoros encerrados en las almas del Pueblo de Dios que nos ha sido encomendado.

Te ofrecemos todo este Pueblo de Dios. Te ofrecemos la Iglesia de México y de todo el Continente. Te la ofrecemos como propiedad Tuya. Tú que has entrado tan adentro en los corazones de los fieles a través de la señal de Tu presencia, que es Tu imagen en el Santuario de Guadalupe, vive como en Tu casa en estos corazones, también en el futuro. Sé uno de casa en nuestras familias, en nuestras parroquias, misiones, diócesis y en todos los pueblos.

[…]

¡Oh Madre!
Despierta en las jóvenes generaciones la disponibilidad al exclusivo servicio a Dios. Implora para nosotros abundantes vocaciones locales al sacerdocio y a la vida consagrada.

¡Oh Madre!
Corrobora la fe de todos nuestros hermanos y hermanas laicos, para que en cada campo de la vida social, profesional, cultura! y política, actúen de acuerdo con la verdad y la ley que tu Hijo ha traído a la humanidad, para conducir a todos a la salvación eterna y, al mismo tiempo, para hacer la vida sobre la tierra más humana, más digna del hombre.

La Iglesia que desarrolla su labor entre las naciones americanas, la Iglesia en México, quiere servir con todas sus fuerzas esta causa sublime con un renovado espíritu misionero. ¡Oh Madre! haz que sepamos servirla en la verdad y en la justicia. Haz que nosotros mismos sigamos este camino y conduzcamos a los demás, sin desviarnos jamás por senderos tortuosos, arrastrando a los otros.

Te ofrecemos y confiamos todos aquellos y todo aquello que es objeto de nuestra responsabilidad pastoral, confiando que Tú estarás con nosotros, y nos ayudarás a realizar lo que tu Hijo nos ha mandado (cf. Jn 2,5). Te traemos esta confianza ilimitada y con ella, yo, Juan Pablo II, con todos mis hermanos en el Episcopado de México y de América Latina, queremos vincularte de modo todavía más fuerte a nuestro ministerio, a la Iglesia y a la vida de nuestras naciones. Deseamos poner en tus manos nuestro entero porvenir, el porvenir de la evangelización de América Latina.

¡Reina de los Apóstoles!
Acepta nuestra prontitud a servir sin reserva la causa de tu Hijo, la causa del Evangelio y la causa de la paz, basada sobre la justicia y el amor entre los hombres y entre los pueblos.

¡Reina de la Paz!
 Salva a las naciones y a los pueblos de todo el continente, que tanto confían en Ti, de las guerras, del odio y de la subversión.

Haz que todos, gobernantes y súbditos, aprendan a vivir en paz, se eduquen para la paz, hagan cuanto exige la justicia y el respeto de los derechos de todo hombre, para que se consolide la paz.

Acepta esta nuestra confiada entrega, oh sierva del Señor. Que tu materna! presencia en el misterio de Cristo y de la Iglesia se convierta en fuente de alegría y de libertad para cada uno y para todos; fuente de aquella libertad por medio de la cual “Cristo nos ha liberado” (Ga 5, 1), y finalmente fuente de aquella paz que el mundo no puede dar, sino que sólo la da El, Cristo (cf. Jn 14, 27).

Amén.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Celebración guadalupana en Roma

Diciembre es mes guadalupano por excelencia,  si bien el día preciso de la memoria litúrgica de Nuestra Señora de Guadalupe es hoy, día 12.
La comunidad mexicana y latinoamericana de Roma festeja este día todos los años pero este año ha contado con un privilegio especial : la celebración de la Santa Misa por América Latina, presidida por el Santo Padre Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro “para celebrar con gozo la solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe, Madre y Estrella de la Evangelización de América”,   uniéndose espiritualmente a todos los “diversos países latinoamericanos y del Caribe, muchos de los cuales durante este tiempo festejan el Bicentenario de su independencia”.


Al final de su homilía el Santo Padre confirmo oficialmente su visita a México y a Cuba, siguiendo las huellas de Juan Pablo II y recordaba “Cuando la Iglesia se preparaba para recordar el quinto centenario de la plantatio de la Cruz de Cristo en la buena tierra del continente americano, el beato Juan Pablo II formuló en su suelo, por primera vez, el programa de una evangelización nueva, nueva «en su ardor, en sus métodos, en su expresión» (cf. Discurso a la Asamblea del CELAM, 9 marzo 1983, III: AAS 75, 1983, 778).

Con motivo de esta celebración La Pontificia Comisión para América Latina (CAL) dio a conocer una nueva oración en honor a la “Virgen Maria de Guadalupe

viernes, 15 de julio de 2011

La capilla de la Virgen de Guadalupe en las grutas vaticanas

Foto de Gloria TV



Santísima Virgen de Guadalupe,


te encomiendo de modo especial al querido pueblo mexicano


para que intercedas por él


y nunca se desvíe de la verdadera fe;


para que, con la fuerza del Señor Resucitado,


sepa hacer frente a las nuevas situaciones;


defienda siempre el don de la vida,


haga imperar la verdad y la justicia,


promueva la laboriosidad y la comunicación cristiana de bienes


y pueda ser una gozosa realidad


la civilización del amore


n la gran familia de los hijos de Dios


Amén.









El 12 de Mayo de 1992, el Papa Juan Pablo II inauguraba la capilla a Nuestra Señora de Guadalupe, “Estrella de la nueva Evangelización” junto a la tumba del apóstol San Pedro y - hasta hace poco - a unos pasos de la tumba del Beato Juan Pablo II, en la cripta de la Basílica de San Pedro, una ubicación de gran privilegio, sin dudas.
“Con la inauguración de esta capilla, - decía el Papa - que es como una prolongación del Tepeyac en Roma, se hace más palpable la íntima comunión de Latinoamérica con la Iglesia universal”, comunión que el sintió personalmente desde aquel primer encuentro con el pueblo de México - grande e inolvidable - de su primer visita.



El Siglo de Torreón de México en su edición del martes 12 de dic, 2006
contaba en detalle la historia de la Capilla.



La inauguración de la Capilla no fue un hecho aislado. Juan Pablo II, encariñado profundamente con el pueblo mexicano, ya habia visitado Mexico en dos oportunidades y en esta inauguración “enmarcada en los eventos conmemorativos del V Centenario de la llegada del Evangelio al Nuevo Mundo” el Papa invitaba a todos los fieles a unirse espiritualmente a la celebración. “Con toda la profundidad de su simbolismo – decía Juan Pablo II – el santuario mexicano peregrina hoy hasta Roma y planta sus raíces junto a la sede de Pedro, fundamento de unidad de la Iglesia universal.”
Por otra parte la Iglesia se preparaba entonces para el V Centenario de la llegada del Evangelio al Nuevo Mundo y se había anunciado la IV Conferencia general de Obispos para tratar el tema de la evangelización de este “continente de la esperanza”, Conferencia que se inauguraría en Santo Domingo (República Dominicana) el 12 de octubre 1992.



Además en esta perspectiva el Papa había solicitado a la Pontificia comisión para América Latina un Simposio Internacional sobre Historia de la Evangelización en América, que anunció en el Regina Caeli del 10 de mayo 1992, se ralizo entre el 11 y el 14 de mayo de 1992 y fue clausurado por el Papa Juan Pablo II.
En el sitio de la Universidad de Navarra se pueden descargar las actas del Simposio

sábado, 31 de julio de 2010

“¡Yo te alabo, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos”


“¡Yo te alabo, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla!”

Recordamos hoy el 8º aniversario de la proclamación de santidad de “ Juan Diego Cuauhtlatoatzin el “embajador-mensajero de Santa María de Guadalupe

“¿Cómo era Juan Diego? - preguntaba el Santo Padre Juan Pablo II en su homilía de canonización - “¿Por qué Dios se fijó en él? El libro del Eclesiástico, como hemos escuchado, nos enseña que sólo Dios “es poderoso y sólo los humildes le dan gloria” (3, 20). También las palabras de San Pablo proclamadas en esta celebración iluminan este modo divino de actuar la salvación: “Dios ha elegido a los insignificantes y despreciados del mundo; de manera que nadie pueda presumir delante de Dios” (1 Co 1, 28.29).” y recomendaba que “el testimonio de su vida debe seguir impulsando la construcción de la nación mexicana, promover la fraternidad entre todos sus hijos y favorecer cada vez más la reconciliación de México con sus orígenes, sus valores y tradiciones. Esta noble tarea de edificar un México mejor, más justo y solidario, requiere la colaboración de todos. En particular es necesario apoyar hoy a los indígenas en sus legítimas aspiraciones, respetando y defendiendo los auténticos valores de cada grupo étnico.”

“¡México necesita a sus indígenas decía Juan Pablo II - y los indígenas necesitan a México!”
¡Bendito Juan Diego, indio bueno y cristiano
¡Dichoso Juan Diego, hombre fiel y verdadero!
¡Amado Juan Diego, “el águila que habla”! Enséñanos el camino que lleva a la Virgen Morena del Tepeyac, para que Ella nos reciba en lo íntimo de su corazón, pues Ella es la Madre amorosa y compasiva que nos guía hasta el verdadero Dios.
Amén.”

Con estas emotivas palabras y expresando su gran amor al querido pueblo de México, primer lugar de encuentro con el pueblo latinoamericano, Juan Pablo II concluía la ceremonia de canonización del “indio sencillo y humilde que contempló el rostro dulce y sereno de la Virgen del Tepeyac, tan querido por los pueblos de México.”

Invito visitar mis entradas anteriores:
Nuestra Señora de Guadalupe 476 años
Asamblea Especial para America
Ecclesia en America
Juan Pablo II y México 1979
Juan Pablo II y México 1979 Santuario de la Virgen de Guadalupe
Juan Pablo II y México 1979 saludo a la colonia polaca
Juan Pablo II y México 1999 despedida
Juan Pablo II ultimo viaje a México 2002
Bula de Canonización de San Juan Diego Cuauhtlatoatzin “Exaltavit humiles

Oracion de Juan Pablo II a la Virgen de Guadalupe
En homenaje a Nuestra Señora de Guadalupe y San Juan Diego (1)
En homenaje a Nuestra Señora de Guadalupe y San Juan Diego (2)