Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

viernes, 13 de mayo de 2022

El tercer secreto de Fátima y el 13 de mayo

 


“La decisión del Santo Padre Juan Pablo II de hacer pública la tercera parte del « secreto » de Fátima cierra una página de historia, marcada por la trágica voluntad humana de poder y de iniquidad, pero impregnada del amor misericordioso de Dios y de la atenta premura de la Madre de Jesús y de la Iglesia” decía el Cardenal  Tarcisio Bertone, SDB, en el documento de la Congregacion para la Doctrina de la Fe sobre el Mensaje de Fatima. 

Un tema fuerte acerca del cual hemos escuchado todo tipo de especulaciones. La Iglesia se ha expedido y comentado sobre el misterio que comprenden las apariciones de la Virgen de Fátima a los pequeños pastorcitos de Cova de Iría Lucía de Jesús, Francisco Marto y Jacinta Marto, (beatificados Francisco y Jacinta por el Santo Padre Juan Pablo II el 13 de mayo de 2000 en presencia de Lucia) en el santuario de Fátima y canonizados por el Papa Francisco el 13 de mayo de 2017.



Para profundizar en el misterio de las apariciones y los secretos es necesario ir a las fuentes y leer con cuidado la palabra de la Iglesia en el extenso informe emitido por la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre el Mensaje de Fátima, dado a conocer el 26 de junio del 2000. En el tránsito del segundo al tercer milenio, Juan Pablo II había decidido hacer público el texto de la tercera parte del « secreto de Fátima» cuya presentación está firmada por el entonces Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, documento que nos anima a estar alerta ante las adversidades y amparados por el fiat de Maria, vivir en la confianza que el mal no tiene ni tendrá la última palabra. El documento concluye con estas palabras:

“Quisiera al final volver aún sobre otra palabra clave del « secreto », que con razón se ha hecho famosa: « mi Corazón Inmaculado triunfará ». ¿Qué quiere decir esto? Que el corazón abierto a Dios, purificado por la contemplación de Dios, es más fuerte que los fusiles y que cualquier tipo de arma. El fiat de María, la palabra de su corazón, ha cambiado la historia del mundo, porque ella ha introducido en el mundo al Salvador, porque gracias a este « sí » Dios pudo hacerse hombre en nuestro mundo y así permanece ahora y para siempre. El maligno tiene poder en este mundo, lo vemos y lo experimentamos continuamente; él tiene poder porque nuestra libertad se deja alejar continuamente de Dios. Pero desde que Dios mismo tiene un corazón humano y de ese modo ha dirigido la libertad del hombre hacia el bien, hacia Dios, la libertad hacia el mal ya no tiene la última palabra. Desde aquel momento cobran todo su valor las palabras de Jesús: « padeceréis tribulaciones en el mundo, pero tened confianza; yo he vencido al mundo » (Jn 16,33). El mensaje de Fátima nos invita a confiar en esta promesa.



 Juan Pablo II vio una relación entre ese tercer secreto de Fátima y el atentado sufrido el 13 de mayo de 1981 antes de esa Audiencia General que no se realizó pues a las 5 de la tarde, la plaza de San Pedro inundada de fieles fue testigo del atentado después que el Papa en su “jeep” blanco apenas terminaba la primera vuelta.

En su primera Audiencia General después de aquel terrible evento del 13 de mayo, el 7 de octubre de 1981, el Santo Padre dio su primera explicación del atentado, "Misericordiae Domini, quia non sumus consumpti" (Lam 3, 22) Estas son las palabras del Pueblo de Dios, que manifiesta a su Señor la gratitud por la salvación, y alaba mediante ellas a la Misericordia Divina….. este evento, que tuvo lugar en la plaza de San Pedro el día 13 de mayo, a las 17:17 horas, ha inspirado a tantos corazones para la oración común. ¿Podría olvidar que el evento tuvo lugar el día y a la hora en que, hace más de 60 años, se recuerda en Fátima, Portugal, la primera aparición de la Madre de Cristo a los pobres niños campesinos? …. en todo lo que me ha sucedido precisamente ese día, he notado la extraordinaria materna protección y solicitud, que se ha manifestado más fuerte que el proyectil mortífero” Era el dia de la Madre del Santo Rosario.

Continuó refiriéndose al atentado en la audiencia del 14 de octubre siguiente en la cual hablo de la prueba divina, de la gracia y del sufrimiento para hablar en la siguiente el 21 de octubre del perdon. “perdonar “hasta setenta veces siete” (Mt 8, 22) El perdón es una gracia, en la que se debe pensar con humildad y gratitud profundas. Es un misterio del corazón humano.

Invito visitar pagina oficial del Santuario de Fatima


Wojciech Giertych : Las virtudes teologales LA CARIDAD

 


“…el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado”(Rm 5,5). Este don del divino amor se ha “encarnado” en nuestro amor humano, transformándolo interiormente, purificándolo interiormente, purificándolo y fortaleciéndolo, convirtiéndose  asi en la fuerza impulsora del ethos cristiano.  ¿Qué significa esto? ¿Cómo podemos experimentar la transformación divina?

Cada uno de nosotros llega a ser amigo de Dios por medio del don de lea gracia. ¿Cómo es posible esto? La amistad necesita fundamentalmente de una relación de igualdad, de un objetivo común y de comunicación reciproca. Ahora bien, elevándonos al nivel sobrenatural con su gracia (2 Pt 1,4) Dios nos dona la posibilidad de encontrarlo. Y nuestro fin es el de la vida eterna en Dios, de hecho nos es dado vivir en comunión de reciprocidad con Dios por medio de nuestro hermano Jesucristo (1Cor, 1,9). Por medio de la vida de oración y la apertura a las inspiraciones divinas, podemos mantener nuestra confianza, nuestra familiaridad y nuestra amistad con Dios.

El amor de la caridad – única realidad celestial que ya podemos experimentar en esta tierra – surge de la relación con nuestros hermanos. Nuestro amor hacia todos aquellos que vemos y conocemos no está en oposición al amor a Dios, en cuanto amamos a los demás por Dios. Tal como amamos a nuestros amigos, amamos también a sus hijos, por lo tanto no podemos amar a Dios sin amar a sus amigos.  El amor divino que se propaga nos hace amar a los oros, a quienes deseamos el mismo bien que nosotros recibimos de Dios. Es muy importante comprender que nuestro amor hacia los demás no es prueba suficiente de  nuestro amor hacia Dios. En realidad, el amor de la caridad incluye un autentico interés por los otros a nivel afectivo y a veces también en sus necesidades concretas. Pero siempre existe el riesgo que ello implique solamente un amor afectivo y egoísta si llegase a faltar la primacía del amor hacia Dios en cuanto Dios. La centralidad de Dios, sostenida por la fe, garantiza que el amor hacia el prójimo sea verdadero y de “calidad” excelsa. Ello conlleva también la preocupación por el verdadero bien del prójimo, en particular de su santidad. Si no deseamos el bien más alto para el prójimo corremos el riesgo de engañarnos pensando que amamos: en realidad estamos enamorados de nosotros mismos y de nuestras necesidades y probablemente estemos manipulando a la otra persona La fe en Dios purifica el amor humano, nos ayuda a soportar las dificultades, a perseverar en el amor autentico y a estar verdaderamente interesados por el bien del otro.

Ahora bien, si amamos a los otros con el amor divino de la caridad, ¿debemos amar a todos del mismo modo? No, puesto que no es posible, porque es naturalmente diversa la intensidad de nuestro amor. Es normal que el amor divino de la caridad, con el que amamos a los otros, sea más intenso hacia aquellas personas que están más cerca de nosotros, que aquel que albergamos hacia aquellos más lejanos (aunque tuviesen mas necesidad que nuestros amigos mas íntimos). Pero no debemos sentirnos culpables por ello. El amor sobrenatural es un amor autentico cuando involucra a la persona que amamos, y es natural amar mas a algunas personas con respecto a otras. De hecho, si decimos que amamos a todos del mismo modo, en realidad no amamos a nadie.

A veces alimentar la virtud de la caridad, requiere de un esfuerzo, una negación de sí mismo, la aceptación de la cruz con fe, pero es precisamente a fuerza de  ello que se llega a a un gozo y a una paz profundos. 

P. Wojciech Giertych, O.P. Teólogo de la Casa Pontificia

El Rev.Wojciech Giertych, O.P., de familia polaca, nació en Londres (Gran Bretaña) en 1951. Desde 1976 es miembro de la Provincia de Polonia de la Orden de los Predicadores (dominicos). Obtuvo el Doctorado en Teología en la Pontificia Universidad Santo Tomas de Aquino de Roma, donde actualmente enseña. Ha trabajado en la formación de estudiantes de la Provincia dominicana de Polonia de 1984 a 1988. Ha sido miembro del Consejo General de la Orden como Socio del Maestro para Europa Central y Oriental (1998-2002) y Socio para la Vida Intelectual (2002- 2005). Desde noviembre de 2005 es Teólogo de la Casa Pontificia y Consultar de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Ha publicado varios libros y artículos de teología moral.

Artículo publicado en el Boletín mensual de la Postulación (Postulación de la Causa de Beatificación y Canonización del siervo de Dios Juan Pablo II)  TotusTuus Nr 3 marzo 2008

 

jueves, 12 de mayo de 2022

Wojciech Giertych : Las virtudes teologales LA ESPERANZA

 



Como la fé, la esperanza es una virtud teologal que nos es donada por Dios, y que tiene a Dios por objeto. Situada en la voluntad humana, la esperanza “focaliza” la voluntad, y, como consecuencia, también el proceso decisional, sobre el misterio de la presencia de Dios en nuestra vida.

Debemos realizar algunas consideraciones para llegar a obtener una visión clara de la virtud de la esperanza. En primer lugar, existe la esperanza vista como emoción, que también puede ser descrita como ambición. Es un impulso “corpóreo” característico de personas que son capaces de sacar adelante arduos proyectos. Los animales poseen este impulso emotivo especial ante la caza, por ejemplo. La fuerza de esta energía en el hombre depende del temperamento. Hay personas muy entusiastas, otras menos. El temperamento no se puede cambiar pero si orientar, construyendo nuestra estructura moral.

En segundo lugar, existe la virtud de la magnanimidad. Es la virtud moral de la esperanza humana, centrada en la realidad de este mundo. Utilizando el poder de la ambición emocional, la razón y la voluntad determinada, unidas en esta virtud, ayudan a afrontar con éxito los trabajos difíciles que hallamos en nuetro camino. En polaco la palabra esperanza – nadzieja derivada del verbo działać – quiere decir actuar, comportarse.  La magnanimidad nos proporciona el entusiasmo para actuar. Si la persona vive una vida de virtudes teologales – de fe, esperanza y caridad – la acción emprendida con esperanza a través del poder de la virtud moral de la magnanimidad, al tiempo que tiene como punto de mira los objetivos humanos, acepta la dependencia de estos de Dios.

La virtud teologal de la esperanza no niega las esperanzas naturales y propias, sino que abre perspectivas más amplias, les da una nueva fisonomía, preservándolas del peligro de los ídolos. No hay nada malo en tener aspiraciones políticas, esperar un cambio social, o poseer la energía necesaria para impulsarlo. Pero si al final se cumplen esas aspiraciones, no es correcto atribuir al hecho en sí un significado último. La virtud teologal de la esperanza, precisamente porque está radicada en Dios, amplía la perspectiva, demostrándonos que estamos anclados en Dios y en el camino hacia la eternidad ocn El. Esta visión más amplia, impacta las esperanzas humanas, refuerza la perseverancia, y “tonifica” la resistencia frente a las dificultades y opresiones, confiando en la infalible Providencia y en la misericordia de Dios.

San Juan de la Cruz observó que el crecimiento de la virtud de la esperanza se obtiene a través de la purificación de la memoria. Podemos tener buena memoria, pero hemos de tener cuidado de no permanecer atados a nuestros recuerdos, ya sean alegres o dolorosos. Esta atadura impide el crecimiento de la esperanza y la aceptación del misterio divino que se desvela en nuestra vida. Los recuerdos pueden perjudicar la aceptación de una nueva etapa de la vida: una madre que recuerda con nostalgia la felicidad de los momentos de vida familiar puede encontrar difícil dejar marchar a sus hijos ya adultos y orientarse hacia un nuevo proyecto de vida, como ser abuela. También los recuerdos dolorosos pueden paralizarnos, si tenemos la memoria anclada en las emociones y sufrimientos pasados. Creer en el valor redentor de la muerte de Cristo y de su resurrección nos permite abandonar el pasado y nos conduce hacia las nuevas alegrías y retos de la vida. Olvidar es un proceso psíquico; perdonar es un proceso espiritual. Porque mientras recordamos, podemos mirar con esperanza al futuro, poniendo nuestro corazón y nuestra generosidad en los desafíos que encontramos en el presente,  confiando en que el futuro está en manos de Dios.  

P. Wojciech Giertych, O.P. Teólogo de la Casa Pontificia

El Rev.Wojciech Giertych, O.P., de familia polaca, nació en Londres (Gran Bretaña) en 1951. Desde 1976 es miembro de la Provincia de Polonia de la Orden de los Predicadores (dominicos). Obtuvo el Doctorado en Teología en la Pontificia Universidad Santo Tomas de Aquino de Roma, donde actualmente enseña. Ha trabajado en la formación de estudiantes de la Provincia dominicana de Polonia de 1984 a 1988. Ha sido miembro del Consejo General de la Orden como Socio del Maestro para Europa Central y Oriental (1998-2002) y Socio para la Vida Intelectual (2002- 2005). Desde noviembre de 2005 es Teólogo de la Casa Pontificia y Consultar de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Ha publicado varios libros y artículos de teología moral.

Articulo publicado en el Boletin mensual de la Postulacion (Postulacion de la Causa de Beatificacion y Canonizacion del siervo de Dios Juan Palbo II)  TotusTuus Nr 2 Febrero 2008

 


Wojciech Giertych : Las virtudes teologales LA FE

 


La virtud teologal de la fe es un don de Dios. Fruto de la gracia prepara nuestra mente para aceptar los misterios revelados por Dios. Los contenidos de nuestra fe nos han sido entregados por la Iglesia a través de las Sagradas Escrituras y la tradición viva, pero la capacidad de aceptar estos misterios nos llega directamente de Dios en el acto del bautismo, o incluso antes al momento de la conversión que lleva al bautismo.

¿Por qué Dios nos dona esta virtud? La respuesta más sencilla es que la fe nos capacita para encontrar a Dios. Pero ¿Por qué Dios prefiere el encuentro por medio de la fe en vez de revelarse empleando sencillamente medios cognitivos? Después de todo la fe implica humildad intelectual, una disposición por la que el intelecto mismo, creado por Dios con un impulso intrínseco hacia la verdad, se abstiene de utilizar independientemente todos los poderes de esta guía para apoderarse de la verdad, y bajo la influencia de la voluntad, se rinde para recibirla como don. ¿Es esta pues, una simple degradación del intelecto? Este, en definitiva, puede llegar a la verdad empleando sus propios métodos cognitivos, experimentales o filosóficos. Dado que el intelecto puede alcanzar la verdad, ¿Por qué debe entonces someterse a la fe, asumiendo una posición de discípulo adoctrinado por el Maestro que permanece oculto entre nubes de misterio?  La respuesta a esta pregunta puede halarse sencillamente en la experiencia humana. En nuestras relaciones no procedemos basándonos simplemente en conocimientos científicos. Confiamos. Donde existe confianza, hay apertura hacia el otro, hay espacio para el amor. Los conocimientos científicos no generan amor. Pero sí lo hace la confianza. Dios, por ende, ocultándose en el misterio que puede ser revelado solo por medio de la fe, nos revela un rostro humano. Mientras nos acercamos a Dios por medio de la fe, vamos aprendiendo cómo confiar en Él y amarlo. Descubrimos que Dios no es una simple respuesta a las preguntas sobre la existencia humana o cósmica. Dios es un padre que espera nuestra confianza y nuestro amor. La humildad intelectual en la fe no debe, por tanto, entenderse peyorativamente. Es una extensión del intelecto hacia el vital encuentro con Dios, que al mismo tiempo deja intacta las capacidades intelectuales. La fe no obnubila el intelecto, nos permite simplemente ver mejor, para unir el conocimiento obtenido por medio de la filosofía con el recibido a través de la revelación, con el propósito de alcanzar la verdad que el intelecto, por sí solo, no podría alcanzar.

La precisión de la lengua latina nos permite distinguir tres nieles de fe. En primer lugar encontramos la creencia que Dios existe – credo Deum ese. Eta creencia no se traduce aun en una relación personal con Dios. Muchas personas aceptan la existencia de Dios pero no llegan a sentirse turbados por Su presencia en la vida diaria. Le sigue la aceptación del principio que Dios es verdad, creer o confiar en la palabra de Dios – credo Deo. Esta es una actitud que acepa el hecho que Dios haya hablado, que su palabra contenga importantes verdades. Esta creencia puede no superar el nivel de una simple declaración. Existe, por fin, la creencia en Dios – credo in Deum subrayado el en que expresa movimiento.  Creer en o mejor dicho hacia Dios significa asumir todas las energías del alma y dirigirlas hacia Dios. Esta forma suprema de fe está constituida por la caridad. La fe en estos niveles no acepta simplemente la existencia de Dios y su veracidad, sino que reorganiza la vida de tal modo que Dios se transforma en el principio más importante. Todo lo sentido, dicho o hecho ha sido realizado concentrándose en Dios, confiando en Su presencia, ayuda y amor. Es esta la fe que Dios espera de nosotros, porque es precisamente esta fe la que conduce al encuentro entre el Padre Eterno y sus confiados  hijos. Dios no necesita de nuestra labor, pero espera con paciencia que nuestros corazones recuperen confianza en Su gracia, reciban Su amor en las actividades diarias y acepten el misterio de Su presencia en nuestras vidas.

Se debe de todas formas recordar que no es suficiente declarar nuestra fe. Debemos confesarla, cuando nuestra fe aumenta, cuando permitimos al inefable misterio de Dios penetrar en nuestras vidas, en nuestros pensamientos, sentimientos y decisiones. No existen límites para el crecimiento de la fe, porque no hay límites en la propensión hacia Dios, que es y permanecerá siendo un misterio – como el misterio de Pedro  cuando fue invitado a confiar, mientras El caminaba sobre las aguas.

P. Wojciech Giertych, O.P. Teólogo de la Casa Pontificia

El Rev.Wojciech Giertych, O.P., de familia polaca, nació en Londres (Gran Bretaña) en 1951. Desde 1976 es miembro de la Provincia de Polonia de la Orden de los Predicadores (dominicos). Obtuvo el Doctorado en Teología en la Pontificia Universidad Santo Tomas de Aquino de Roma, donde actualmente enseña. Ha trabajado en la formación de estudiantes de la Provincia dominicana de Polonia de 1984 a 1988. Ha sido miembro del Consejo General de la Orden como Socio del Maestro para Europa Central y Oriental (1998-2002) y Socio para la Vida Intelectual (2002- 2005). Desde noviembre de 2005 es Teólogo de la Casa Pontificia y Consultar de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Ha publicado varios libros y artículos de teología moral.

(Articulo publicado en el Boletin mensual de la Postulacion (Postulacion de la Causa de Beatificacion y Canonizacion del siervo de Dios Juan Palbo II)  TotusTuus Nr 1 Enero 2008)

martes, 10 de mayo de 2022

Oración para pedir favores por la intercesión de los Siervos de Dios Emilia y Karol Wojtyla, padres de San Juan Pablo II

Oración para pedir favores por la intercesión de los Siervos de Dios Emilia y Karol Wojtyla, padres de San Juan Pablo II

Que nos ayuden a redescubrir la santidad del matrimonio y la familia, la importancia del trabajo cotidiano y el compromiso de ayudar a los necesitados.


Dios,  rico en misericordia, Te damos gracias por tu sierva Emilia, a quien llamaste con la vocación de  esposa y madre. Guiada por el Espíritu Santo, Te sirvió fielmente y estuvo dispuesta a sacrificar su  propia vida para permitir que naciera el niño que llevaba en su seno.

Gracias por tu siervo Karol, a quien diste la vocación de esposo y padre. Él, siempre fiel a Ti y perseverante en la oración, cumplió su misión con amor, cuidando las  necesidades diarias de la familia y teniendo presente a los pobres.

Gracias por el amor de Emilia y de Karol, santificados por el sacramento del matrimonio, y por el fruto de su amor, sus hijos, especialmente Juan Pablo II, a quien le transmitieron la fe y lo acompañaron en el camino hacia Ti.

Concede, Dios Todopoderoso,  a Emilia y a Karol, ya que cumplieron con celo  tu voluntad, la gloria de los altares.  Ayúdame, a través del  testimonio de sus vidas, a redescubrir constantemente la santidad del matrimonio y la familia, la importancia del trabajo cotidiano y el compromiso de ayudar a los  necesitados.

Dígnate, por intercesión de tus siervos Emilia y Karol , concederme la gracia que te pido con fe y confianza (…)

Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.


Con aprobación eclesiástica Mons. Marek Jedraszewski, Arzobispo de Cracovia.

Comunicar las gracias recibidas a: Kuria Metropolitana,  ul. Franciszkańska 3, 31-004 Krakow, Polonia. teléfonos: +48 12 628 81 00, +48 12 628 81 01, +48 12 429 47 49


(Me he permitido tomar esta versión de la Parroquia San Juan Pablo II, Albacete sanjuanpablo@diocesisalbacete.org


- o -

Invito visitar posts

Emilia Wojtyla, madre de Karol, el Papa polaco 

La importancia de la figura paterna en el núcleofamiliar de Karol Wojtyla

La muerte del «señor Capitán» Karol Wojtyla

“Mundek” Edmundo Wojtyla


 

lunes, 9 de mayo de 2022

Adolf Hyla el pintor de la Divina Misericordia

 


 (elsacerdote misionero saletino Piotr Szweda conversa con Malgorzata Pabis)

El 2 de mayo se celebró el 125 aniversario del nacimiento de Adolf Hyła, una figura importante para Łagiewniki y al servicio de la Divina Misericordia...

 El nombre de  Adolf Hyła, así como su obra pictórica, es poco conocida aunque es posible encontrar sus obras no solo por toda Polonia, en casi todas las archidiócesis y diócesis, sino también por todo el mundo. Adolf Hyła nació en Biała, cerca de Bielsko, el 2 de mayo de 1897, en la familia de Józef y Salomea, de soltera Szarkiewicz. En los años 1903-1912 asistió a un colegio en Cracovia y luego en Chyrów, donde termino su educación secundaria en 1917.  Estudió pintura con Jacek Malczewski, también derecho y filosofía en la Universidad Jagellónica. Luego enseñó dibujo en las escuelas secundarias de Będzin y Cracovia. En 1930, aprobó un examen para profesor de dibujo en la Academia de Bellas Artes de Cracovia, y en 1936, en el Instituto de Trabajo Manual de Varsovia, un examen para profesor de clases prácticas. Durante la Segunda Guerra Mundial, se instaló en Łagiewniki de Cracovia, cerca del convento de la Congregación de Nuestra Señora de la Misericordia.  Murió en Cracovia el 25 de diciembre de 1965.

A pesar de muchos acontecimientos turbulentos en Polonia en las primeras cuatro décadas del siglo XX, Adolf Hyła encontró una manera de realizarse y, sobre todo, un camino que conduce a la realización de la providencia de Dios. Mirando la pintura de Adolf Hyła, especialmente en el contexto de todas las imágenes pintadas de la Divina Misericordia, se puede decir que hasta el final de su vida,  en su obra se mantuvo fiel a las palabras del Señor Jesús dirigidas a S. Faustyna Kowalska: "La humanidad no conocerá la paz hasta que se vuelva a la fuente de Mi misericordia" (Diario 699). Y gracias a los cuadros de Jesús Misericordioso pintados por él, podemos llamarlo con confianza el pintor de la Divina Misericordia.

¿Cómo fue que pintó los cuadros de Jesús Misericordioso? Recordamos el de Łagiewniki, pero hay muchos más.

 Adolf Hyła pintó 240 cuadros de Jesús Misericordioso, el más famoso de los cuales es el que esta Polonia en Łagiewniki de Cracovia. Se pueden encontrar otros en Europa (Italia, Francia, Gran Bretaña, Austria y la Republica Checa), en África en Uganda y Zambia, en Asia a la isla de Flores en Indonesiay también en Estados Unidos y Canadá,  Melbourne y Carlton en Australia. Sin embargo, la gran mayoría de estas pinturas están en Polonia, principalmente en Małopolska y Podkarpacie, mayormente en iglesias, capillas y monasterios. Algunos son de propiedad privada. La mayoría de las pinturas fueron hechas por encargo, porque la noticia de que el pintor creaba las imágenes de Jesús Misericordioso se difundió con bastante rapidez en varios círculos del clero, monjas y laicos. Así que la gente venía a Cracovia, a Łagiewniki, a encargar una pintura directamente al artista.

¿Cuál fue la misericordia de Dios para el artista?

Adolf Hyła fue un católico profundamente religioso y practicante, que no ocultó su fe.  Su espiritualidad venia del hogar familiar y sus padres, quienes se preocuparon de inculcar en sus hijos el espíritu cristiano.  Posteriormente, Adolf profundizó su fe en los colegios de  Chyrów y  Nowy Sącz, de formación jesuita. En la espiritualidad de Adolf jugó un papel importante la persona de Sor Faustina, su revelación de Jesús Misericordioso y, sobre todo, la misma Misericordia de Dios, que marcó el rumbo de la investigación artística y pictórica de Hyła a lo largo de su vida, que se tradujo en multitud de pinturas. con el Salvador Misericordioso. Antes de comenzar cada nueva obra, rezaba al Señor Jesús o a la Santísima Virgen y rogaba por  todos los que después orarían ante estas imágenes. También pedía inspiración para sí mismo para hacer bien el trabajo encargado. Antes de comenzar a pintar una nueva obra, se confesaba y participaba en la Santa Misa. Se puede decir que la Misericordia de Dios fue para Adolf Hyła un punto de referencia en sus elecciones de vida y un imperativo moral en la acción.

 Ha escrito usted  una biografía de Adlf Hyła. ¿Qué podemos encontrar de interesante en ella? 

Esta es la primera biografía tan extensa de un pintor de Łagiewniki en Cracovia, única no solo en Polonia, sino también en todo el mundo. El promotor de esta obra es el P. profe. dr hab. Andrzej Witko. El prólogo de este libro pionero, preparado en forma de álbum, fue escrito por el arzobispo Marek Jędraszewski, arzobispo de Cracovia. El contenido, además de la vida de Adolf Hyła, es el rico patrimonio artístico del pintor. Con su creatividad, especialmente a través de numerosas imágenes de Jesús Misericordioso, Hyła se volvió hacia la Misericordia de Dios y así, sirviendo con su talento, dio también a otras personas la oportunidad de seguir a Dios. También pintó cuadros de la Madre de Dios, santos y beatos, retratos de gente de la Iglesia, papas y sacerdotes. Además de pinturas sobre temas religiosos, el artista también realizó retratos de laicos, familiares, amigos, generalmente por  encargo.

La biografía de Adolf Hyła se ha dividido en cinco capítulos con los siguientes títulos: 1. Juventud y formación; 2. Maestro y artista; 3. Historia de las representaciones cristológicas (imágenes de Cristo Sacerdote, Cristo Doloroso, Cristo Crucificado, Cristo Rey, Sagrado Corazón de Jesús, Cristo Misericordioso, Alma Santísima de Cristo y representaciones devocionales cristológicas); 4. Iconografía mariana y hagiográfica (imágenes de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, del Inmaculado Corazón de la Madre de Dios, de la Anunciación de la Santísima Virgen María, de la Virgen con el Niño Jesús, de la Virgen de los Dolores, de la Virgen de los Asunta al Cielo, Nuestra Señora de la Puerta del Alba, Madre de Dios de la Medalla Milagrosa de la Inmaculada Madre de Dios, Nuestra Señora de Fátima, Nuestra Señora del Escapulario, Nuestra Señora de Tuchów, Nuestra Señora de la Misericordia, representaciones devocionales de Nuestra Señora de Częstochowa y marianas; Figuras y santos y beatos del Antiguo y Nuevo Testamento del siglo II al XX); 5. Temas no religiosos

¿Dónde se compra?

El editor del libro es el Instituto de Estudios Franciscanos de Cracovia. La biografía de Adolf Hyła estará disponible para pedidos a partir de la segunda quincena de mayo de este año. en www.bratnizew.pl, así como en todas las buenas librerías católicas de Polonia. También está previsto promocionar el libro en Łagiewniki de Cracovia, para que el mayor grupo de lectores pueda tener la oportunidad de conocer a este extraordinario artista, Adolf Hyla, el pintor de la Divina Misericordia.

 

Nota sobre el autor de la biografía de Adolf Hyła

El autor del libro, el P. Piotr Szweda MS, es historiador del arte y teólogo de  espiritualidad, doctor en humanidades en el campo de la historia (UPJPII Cracovia). Nació en Débica en 1976. En los años 2002-2005 sirvió en la parroquia de Cracovia y luego en Mrągowo. En 2006-2012, secretario y portavoz de la Provincia polaca de los Misioneros Saletinos en Varsovia. De 2012 a 2014, confesor y director espiritual en el Centro de Reconciliación La Salette en Dębowiec. En 2006-2016, fue coorganizador del Encuentro Internacional de Jóvenes de Saletin en Dębowiec. Desde 2014, el director del Ministerio de Peregrinación de La Salette en Cracovia, y desde 2016, el presidente de la Oficina de Turismo y Peregrinación de La Salette Travel.

Es autor y traductor de obras dedicadas al tema del sufrimiento: “En los brazos del sufrimiento. S t. Teresa de Lisieux y Sta. Faustina” (2003), “El toque del sufrimiento en la vida de Santa. Teresa de Lisieux y Sta. Faustina” (2017); al carisma salesiano: "Mensaje de María de La Salette" (2001) y el autor de : "Adolf Hyła, un pintor al servicio de la Divina Misericordia" (2009), "Adolf Hyła. Pintor de Łagiewniki ”(2014), y también en coautoría con el p. profe. dr. hab. Andrzej Witko, publicaciones sobre el misterio de la Divina Misericordia, incl. "101 preguntas sobre la Misericordia de Dios" (2006), "La Imagen de la Divina Misericordia y su misterio" (2012), "1001 cosas sobre la Misericordia de Dios y San Pablo". Faustina” (2014). También escribió un libreto para el oratorio sobre Nuestra Señora de La Salette, María, no llores más con música de Artur Żalski.

sábado, 7 de mayo de 2022

Benedicto XVI : Palio y anillo, los dos signos petrinos

 


En su homilía al inicio del Ministerio petrino el Papa Benedicto explicó el significado de ambos signos: el palio y el anillo. Transcribo aqui parte de aquella valiosa y significativa homilía. 

En lugar de exponer un programa, desearía más bien intentar comentar simplemente los dos signos con los que se representa litúrgicamente el inicio del Ministerio petrino; por lo demás, ambos signos reflejan también exactamente lo que se ha proclamado en las lecturas de hoy. 

El primer signo es el palio, tejido de lana pura, que se me pone sobre los hombros. Este signo antiquísimo, que los Obispos de Roma llevan desde el siglo IV, puede ser considerado como una imagen del yugo de Cristo, que el Obispo de esta ciudad, el Siervo de los Siervos de Dios, toma sobre sus hombros. El yugo de Dios es la voluntad de Dios que nosotros acogemos. Y esta voluntad no es un peso exterior, que nos oprime y nos priva de la libertad. Conocer lo que Dios quiere, conocer cuál es la vía de la vida, era la alegría de Israel, su gran privilegio. Ésta es también nuestra alegría: la voluntad de Dios, en vez de alejarnos de nuestra propia identidad, nos purifica –quizás a veces de manera dolorosa– y nos hace volver de este modo a nosotros mismos. Y así, no servimos solamente Él, sino también a la salvación de todo el mundo, de toda la historia. En realidad, el simbolismo del Palio es más concreto aún: la lana de cordero representa la oveja perdida, enferma o débil, que el pastor lleva a cuestas para conducirla a las aguas de la vida. La parábola de la oveja perdida, que el pastor busca en el desierto, fue para los Padres de la Iglesia una imagen del misterio de Cristo y de la Iglesia. La humanidad –todos nosotros– es la oveja descarriada en el desierto que ya no puede encontrar la senda. El Hijo de Dios no consiente que ocurra esto; no puede abandonar la humanidad a una situación tan miserable. Se alza en pie, abandona la gloria del cielo, para ir en busca de la oveja e ir tras ella, incluso hasta la cruz. La pone sobre sus hombros, carga con nuestra humanidad, nos lleva a nosotros mismos, pues Él es el buen pastor, que ofrece su vida por las ovejas. El Palio indica primeramente que Cristo nos lleva a todos nosotros. Pero, al mismo tiempo, nos invita a llevarnos unos a otros. Se convierte así en el símbolo de la misión del pastor del que hablan la segunda lectura y el Evangelio de hoy. La santa inquietud de Cristo ha de animar al pastor: no es indiferente para él que muchas personas vaguen por el desierto. Y hay muchas formas de desierto: el desierto de la pobreza, el desierto del hambre y de la sed; el desierto del abandono, de la soledad, del amor quebrantado. Existe también el desierto de la oscuridad de Dios, del vacío de las almas que ya no tienen conciencia de la dignidad y del rumbo del hombre. Los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos interiores. Por eso, los tesoros de la tierra ya no están al servicio del cultivo del jardín de Dios, en el que todos puedan vivir, sino subyugados al poder de la explotación y la destrucción. La Iglesia en su conjunto, así como sus Pastores, han de ponerse en camino como Cristo para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud. El símbolo del cordero tiene todavía otro aspecto. Era costumbre en el antiguo Oriente que los reyes se llamaran a sí mismos pastores de su pueblo. Era una imagen de su poder, una imagen cínica: para ellos, los pueblos eran como ovejas de las que el pastor podía disponer a su agrado. Por el contrario, el pastor de todos los hombres, el Dios vivo, se ha hecho él mismo cordero, se ha puesto de la parte de los corderos, de los que son pisoteados y sacrificados. Precisamente así se revela Él como el verdadero pastor: “Yo soy el buen pastor [...]. Yo doy mi vida por las ovejas”, dice Jesús de sí mismo (Jn 10, 14s.). No es el poder lo que redime, sino el amor. Éste es el distintivo de Dios: Él mismo es amor. ¡Cuántas veces desearíamos que Dios se mostrara más fuerte! Que actuara duramente, derrotara el mal y creara un mundo mejor. Todas las ideologías del poder se justifican así, justifican la destrucción de lo que se opondría al progreso y a la liberación de la humanidad. Nosotros sufrimos por la paciencia de Dios. Y, no obstante, todos necesitamos su paciencia. El Dios, que se ha hecho cordero, nos dice que el mundo se salva por el Crucificado y no por los crucificadores. El mundo es redimido por la paciencia de Dios y destruido por la impaciencia de los hombres.

(…) 

El segundo signo con el cual la liturgia de hoy representa el comienzo del Ministerio petrino es la entrega del anillo del pescador. La llamada de Pedro a ser pastor, que hemos oído en el Evangelio, viene después de la narración de una pesca abundante; después de una noche en la que echaron las redes sin éxito, los discípulos vieron en la orilla al Señor resucitado. Él les manda volver a pescar otra vez, y he aquí que la red se llena tanto que no tenían fuerzas para sacarla; había 153 peces grandes y, “aunque eran tantos, no se rompió la red” (Jn 21, 11). Este relato al final del camino terrenal de Jesús con sus discípulos, se corresponde con uno del principio: tampoco entonces los discípulos habían pescado nada durante toda la noche; también entonces Jesús invitó a Simón a remar mar adentro. Y Simón, que todavía no se llamaba Pedro, dio aquella admirable respuesta: “Maestro, por tu palabra echaré las redes”. Se le confió entonces la misión: “No temas, desde ahora serás pescador de hombres” (Lc 5, 1.11). También hoy se dice a la Iglesia y a los sucesores de los apóstoles que se adentren en el mar de la historia y echen las redes, para conquistar a los hombres para el Evangelio, para Dios, para Cristo, para la vida verdadera. Los Padres han dedicado también un comentario muy particular a esta tarea singular. Dicen así: para el pez, creado para vivir en el agua, resulta mortal sacarlo del mar. Se le priva de su elemento vital para convertirlo en alimento del hombre. Pero en la misión del pescador de hombres ocurre lo contrario. Los hombres vivimos alienados, en las aguas saladas del sufrimiento y de la muerte; en un mar de oscuridad, sin luz. La red del Evangelio nos rescata de las aguas de la muerte y nos lleva al resplandor de la luz de Dios, en la vida verdadera. Así es, efectivamente: en la misión de pescador de hombres, siguiendo a Cristo, hace falta sacar a los hombres del mar salado por todas las alienaciones y llevarlo a la tierra de la vida, a la luz de Dios. Así es, en verdad: nosotros existimos para enseñar Dios a los hombres. Y únicamente donde se ve a Dios, comienza realmente la vida. Sólo cuando encontramos en Cristo al Dios vivo, conocemos lo que es la vida. No somos el producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario. Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con él. La tarea del pastor, del pescador de hombres, puede parecer a veces gravosa. Pero es gozosa y grande, porque en definitiva es un servicio a la alegría, a la alegría de Dios que quiere hacer su entrada en el mundo. 

Quisiera ahora destacar todavía una cosa: tanto en la imagen del pastor como en la del pescador, emerge de manera muy explícita la llamad a la unidad. “Tengo , además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo Pastor” (Jn 10, 16), dice Jesús al final del discurso del buen pastor. Y el relato de los 153 peces grandes termina con la gozosa constatación: “Y aunque eran tantos, no se rompió la red” (Jn 21, 11). ¡Ay de mí, Señor amado! ahora la red se ha roto, quisiéramos decir doloridos. Pero no, ¡no debemos estar tristes! Alegrémonos por tu promesa que no defrauda y hagamos todo lo posible para recorrer el camino hacia la unidad que tú has prometido. Hagamos memoria de ella en la oración al Señor, como mendigos; sí, Señor, acuérdate de lo que prometiste. ¡Haz que seamos un solo pastor y una sola grey! ¡No permitas que se rompa tu red y ayúdanos a ser servidores de la unidad!