Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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miércoles, 25 de marzo de 2026

Maria, la esclava obediente del Señor

 


“ Las palabras de María en la Anunciación: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38), ponen de manifiesto una actitud característica de la religiosidad hebrea. Moisés, al comienzo de la antigua alianza, como respuesta a la llamada del Señor, se había declarado su siervo (cf. Ex 4,10; 14,31). Al llegar la nueva alianza, también María responde a Dios con un acto de libre sumisión y de consciente abandono a su voluntad, manifestando plena disponibilidad a ser «la esclava del Señor».

La expresión «siervo» de Dios se aplica en el Antiguo Testamento a todos los que son llamados a ejercer una misión en favor del pueblo elegido: Abraham (Gn 26,24), Isaac (Gn 24,14) Jacob (Ex 32,13; Ez 37,25), Josué (Jos 24,29), David (2 Sm 7,8) etc. Son siervos también los profetas y los sacerdotes, a quienes se encomienda la misión de formar al pueblo para el servicio fiel del Señor. El libro del profeta Isaías exalta en la docilidad del «Siervo sufriente» un modelo de fidelidad a Dios con la esperanza de rescate por los pecados del pueblo (cf, Is 42-53). También algunas mujeres brindan ejemplos de fidelidad, como la reina Ester, que, antes de interceder por la salvación de los hebreos, dirige una oración a Dios, llamándose varias veces «tu sierva» (Est 4,17).

María, la «llena de gracia», al proclamarse «esclava del Señor», desea comprometerse a realizar personalmente de modo perfecto el servicio que Dios espera de todo su pueblo. Las palabras: «He aquí la esclava del Señor» anuncian a Aquel que dirá de sí mismo: «El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mc 10,45; cf. Mt 20,28). Así, el Espíritu Santo realiza entre la Madre y el Hijo una armonía de disposiciones íntimas, que permitirá a María asumir plenamente su función materna con respecto a Jesús, acompañándolo en su misión de Siervo.”

(De la Catequesis del Papa Juan Pablo II 4-IX-96)

Invito visitar el sitio del Directorio Franciscano con un completísimo detalle de enlaces marianos


 

martes, 25 de marzo de 2025

El Magnificat de Karol Wojtyla / Juan Pablo II

 


La trayectoria mariana de Karol Wojtyla marcada por el Magnificat de Maria tuvo sus orígenes en su Wadowice natal y se fortaleció en Cracovia.

Fue recién en la primavera de 1939,  despues de haber pasado por la escuela de espiritualidad de Jan Tyranowski y antes de ingresar al seminario, que volcó en palabras de poeta su amor a Ella, su Madre, en “Magnificat” que comienza así:

“Adora, alma mía, la gloria de tu Señor,
el Padre de la gran Poesía - tan lleno de bondad.

Él fortificó mi juventud con ritmo admirado,
mi canto, en yunque de roble, ha forjado.

Resuena, alma mía, con la gloria de tu Señor,
Hacedor del Saber Angelical - benévolo Hacedor.
- - -
Apuro hasta los bordes la copa de vino, con gratitud,
en Tu fiesta celestial -cual un siervo orante-,
porque embelesaste extrañamente mi juventud,
porque de un tronco de tilo tallaste una forma rozagante.

¡Tú eres el Maravilloso, el Escultor de santos tallados!
- Por mi camino hay muchos abedules y robles numerosos.
- Soy como un surco soleado, un campo sembrado,
como una arista joven y brusca de los Tatras rocosos. ”

El soneto permaneció desconocido durante muchos años; en español fue publicado en Madrid por la Fundación Universitaria CEU, en traducción del profesor Bogdan Piotrowski,  presentado y leído en Madrid durante la VII edición del Congreso Católicos y Vida Pública en noviembre de 2005.

Un Magnificat siempre vivo y presente en todos los senderos de la vida de Karol Wojtyla: cuando niño de rodillas ante Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, ante Ella en Kalwaria Zebrzydowska, el Santuario más importante de Cracovia; siempre presente en su corazón Nuestra Señora de Jasna Gora.


Maria, aquella que “nos acerca a Cristo: que nos dirige hacia el, si vivimos su misterio en Cristo” (Don y Misterio) contemplada como «signo de consuelo y de esperanza», que “correspondió plenamente con su «sí» a la voluntad divina” y “elevada al cielo, nos indica el camino hacia Dios” siempre invitándolo a seguir la preciosa estela de aquel “testamento espiritual”.


“En el Magníficat María celebra la obra admirable de Dios, inspirándose en la tradición del Antiguo Testamento, celebra con el cántico del Magníficat las maravillas que Dios realizó en ella”, decía el Santo Padre en la Audiencia general del 6 de noviembre de 1996.

El 28 de marzo de 1987 nos regaló la Encíclica Redemptoris Mater sobre la Bienaventurada Virgen Maria en la Vida de la Iglesia peregrina con 15 referencias al Magnificat.

En la Audiencia del 15 de febrero de 2006 el Santo Padre Benedicto XVI en relación directa al “largo itinerario que comenzó, hace exactamente cinco años, en la primavera del año 2001, mi amado predecesor el inolvidable Papa Juan Pablo II” (serie de catequesis sobre salmos y cánticos que comenzaba con la Audiencia del 28 de marzo de 2001) se refirió en preciosas palabras al “Cántico con el que se concluye idealmente toda celebración de las Vísperas: el Magníficat (cf. Lc 1, 46-55)”, que había sido cantado por el coro de la Capilla sextina, y en la Audiencia explicó “la estructura íntima de ese canto orante”

«Magníficat anima mea Dominum!» (Lc 1, 46)

 

Invito visitar:
Homilía de Juan Pablo II Clausura del XX Congreso Mariológico-Mariano Internacional
Cantico de la Virgen Maria «Magníficat» (Lc 1, 46-55)
Redemptoris Mater


 

 

jueves, 19 de diciembre de 2024

La fe de María a partir del gran misterio de la Anunciación.

 


«Chaîre kecharitomene, ho Kyrios meta sou»

 «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo» (Lc 1, 28)…

(…)  Pero, ¿por qué se invita a María a alegrarse de este modo? La respuesta se encuentra en la segunda parte del saludo: «El Señor está contigo». También aquí para comprender bien el sentido de la expresión, debemos recurrir al Antiguo Testamento. En el Libro de Sofonías encontramos esta expresión «Alégrate, hija de Sión... El Rey de Israel, el Señor, está en medio de ti... El Señor tu Dios está en medio de ti, valiente y salvador» (3, 14-17). En estas palabras hay una doble promesa hecha a Israel, a la hija de Sión: Dios vendrá como salvador y establecerá su morada precisamente en medio de su pueblo, en el seno de la hija de Sión. En el diálogo entre el ángel y María se realiza exactamente esta promesa: María se identifica con el pueblo al que Dios tomó como esposa, es realmente la Hija de Sión en persona; en ella se cumple la espera de la venida definitiva de Dios, en ella establece su morada el Dios viviente.

En el saludo del ángel, se llama a María «llena de gracia»; en griego el término «gracia», charis, tiene la misma raíz lingüística de la palabra «alegría». También en esta expresión se clarifica ulteriormente la fuente de la alegría de María: la alegría proviene de la gracia; es decir, proviene de la comunión con Dios, del tener una conexión vital con Él, del ser morada del Espíritu Santo, totalmente plasmada por la acción de Dios. María es la criatura que de modo único ha abierto de par en par la puerta a su Creador, se puso en sus manos, sin límites. Ella vive totalmente de la y en relación con el Señor; está en actitud de escucha, atenta a captar los signos de Dios en el camino de su pueblo; está inserta en una historia de fe y de esperanza en las promesas de Dios, que constituye el tejido de su existencia. Y se somete libremente a la palabra recibida, a la voluntad divina en la obediencia de la fe.

El evangelista Lucas narra la vicisitud de María a través de un fino paralelismo con la vicisitud de Abrahán. Como el gran Patriarca es el padre de los creyentes, que ha respondido a la llamada de Dios para que saliera de la tierra donde vivía, de sus seguridades, a fin de comenzar el camino hacia una tierra desconocida y que poseía sólo en la promesa divina, igual María se abandona con plena confianza en la palabra que le anuncia el mensajero de Dios y se convierte en modelo y madre de todos los creyentes.

 (De la Audiencia General del Papa Benedicto XVI del 19 de diciembre de 2012)

jueves, 23 de marzo de 2023

El 25 de marzo en el corazón de Juan Pablo II

 


(altar en la capilla de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en la Basílica de la Presentación de la Virgen Maria de Wadowice) 


El profundo amor que Karol Wojtyla/Juan Pablo II profesaba a Maria anidaba en su corazón desde su niñez y temprana juventud en Wadowice y después en Cracovia, confirmada públicamente en sus peregrinaciones marianas junto a su padre y después como sacerdote a santuarios marianos polacos; expresado total y fielmente más tarde en su lema Totus Tuus.  En realidad toda la historia cristiana de Polonia está enraizada y se apoya firmemente en la Reina de Polonia. En su primer viaje apostólico a su patria Juan Pablo II en su visita a Jasna Gora reveló públicamente,  ya como Papa,  ese sentimiento que “palpitaba y palpita en el corazón de todos los polacos” esa "santa costumbre" del corazón, elaborada por la fe de tantas generaciones, comprobada por la experiencia cristiana de tantos siglos y profundamente arraigada en mi alma,” ese sentimiento que fue llevado “desde Polonia a la Cátedra de San Pedro en Roma”.  

Todos fuimos testigo de aquella fidelidad y entrega a Maria durante todo su pontificado en diversas expresiones, momentos y  documentos. Cito aquí algunos de aquellos momentos y documentos  ocurridos significativamente un 25 de marzo, festividad de la Anunciación del Señor

 25 de marzo de 1983,  solemnidad dela Anunciación del Señor fue el día de apertura de la Puerta Santa para inaugurar el año jubilar de la Redención (25 de marzo 1983-22 de abril de 1984)

 25de marzo de 1984  - Jubileo de lasFamilias: en unión espiritual con todos los obispos del mundo, Juan Pablo II reitera el Acto de consagración de los hombres y de los pueblos a María Santísima, ante la imagen de la Virgen de Fátima, en  la Plaza de San Pedro

25 de marzo de 1984 -  Exhortación Apostólica Redemptionis Donum dirigida a los religiosos y religiosas sobre su consagración a la luz del Misterio de la Redención

25 de marzo de 1987 -  Carta apostólica Redemptoris Mater sobre la Bienaventurada Virgen Maria en la vida de la Iglesia peregrina

25 de marzo de 1995 CartaEncíclica Evangelium Vitae a obispos, sacerdotes y diáconos, religiosos y religiosas, fieles laicos y a todas las personas de buena voluntad sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana

 25de marzo de 2000 Homilía en la Santa Misa en la Basilia de la Anunciación, Nazaret en su peregrinación jubilar a Tierra Santa 

 

El fundamento de la santidad de Maria: su profunda humildad y el Magnificat

 


(Paolo de Matteis Anunciacion - Wikipedia)

 

La profunda fe de la Virgen en las palabras de Dios se refleja con nitidez en el cántico del Magnificat:  "Proclama mi alma la grandeza del Señor; se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava" (Lc 1, 46-48).

Con este canto María muestra lo que constituyó el fundamento de su santidad:  su profunda humildad. Podríamos preguntarnos en qué consistía esa humildad. A este respecto, es muy significativa la "turbación" que le causó el saludo del ángel:  "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo" (Lc 1, 28). Ante el misterio de la gracia, ante la experiencia de una presencia particular de Dios que fijó su mirada en ella, María experimenta un impulso natural de humildad (literalmente de "humillación"). Es la reacción de la persona que tiene plena conciencia de su pequeñez ante la grandeza de Dios. María se contempla en la verdad a sí misma, a los demás y el mundo.

Su pregunta:  "¿Cómo será eso, pues no conozco varón?" (Lc 1, 34) fue ya un signo de humildad. Acababa de oír que concebiría y daría a luz un niño, el cual reinaría sobre el trono de David como Hijo del Altísimo. Desde luego, no comprendió plenamente el misterio de esa disposición divina, pero percibió que significaba un cambio total en la realidad de su vida. Sin embargo, no preguntó:  "¿Será realmente así? ¿Debe suceder esto?". Dijo simplemente:  "¿Cómo será eso?". Sin dudas ni reservas aceptó la intervención divina que cambiaba su existencia. Su pregunta expresaba la humildad de la fe, la disponibilidad a poner su vida al servicio del misterio divino, aunque no comprendiera cómo debía suceder.

Esa humildad de espíritu, esa sumisión plena en la fe se expresó de modo especial en su fiat:  "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, 38). Gracias a la humildad de María pudo cumplirse lo que cantaría después en el Magnificat:  "Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:  su nombre es santo" (Lc 1, 48-49).

A la profundidad de la humildad corresponde la grandeza del don. El Poderoso realizó por ella "grandes obras" (Lc 1, 49), y ella supo aceptarlas con gratitud y transmitirlas a todas las generaciones de los creyentes. Este es el camino hacia el cielo que siguió María, Madre del Salvador, precediendo en él a todos los santos y beatos de la Iglesia.

 (Juan Pablo II Audiencia General 1 de noviembre de 2000)

 

miércoles, 25 de marzo de 2020

Maria: Bendita tu eres entre todas las mujeres

“Estamos en el umbral de la casa de Zacarías, en la localidad de Ain-Karin. María llega a esta casa, llevando en sí el misterio gozoso. El misterio de un Dios que se ha hecho hombre en su seno. María llega a Isabel, persona que le es muy cercana, a quien le une un misterio análogo; llega para compartir con ella la propia alegría.
En el umbral de la casa de Zacarías le espera una bendición, que es la continuación de lo que ha oído de los labios de Gabriel: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre... Dichosa la que ha creído que se cumplirá lo que se le ha dicho de parte del Señor" (Lc 1, 42-45).
Y en ese instante, desde lo profundo de la intimidad de María, desde lo profundo de su silencio, brota ese cántico que expresa toda la verdad del gran Misterio. Es el cántico que anuncia la historia de la salvación y manifiesta el corazón de la Madre: "Mi alma engrandece al Señor..." (Lc 1, 46).
Hoy no nos encontramos ya en el umbral de la casa de Zacarías en Ain-Karin. Nos encontramos en el umbral de la eternidad. La vida de la Madre de Cristo ahora ya ha terminado sobre la tierra. En Ella debe cumplirse esa ley que el Apóstol Pablo proclama en su Carta a los Corintios: la ley de la muerte vencida por la resurrección de Cristo. En realidad, "Cristo ha resucitado de entre los muertos como primicia de los que duermen... Y como en Adán hemos muerto todos, así también en Cristo somos todos vivificados. Pero cada uno en su propio rango" (1 Cor 15, 20, 22-25). En este rango María es la primera. En efecto, ¿quién "pertenece a Cristo" más que Ella?
Y he aquí que en el momento en que se cumple en Ella la ley de la muerte, vencida por la resurrección de su Hijo, brota de nuevodel corazón de María el cántico, que es cántico de salvación y de gracia: el cántico de la asunción al cielo. La Iglesia pone de nuevo en boca de la Asunta, Madre de Dios, el "Magníficat".”

( de la homilía de San Juan Pablo IIel  15 de agosto de 1979 – leer completoen la página de la Santa Sede)

martes, 25 de marzo de 2014

Oh Maria aurora del mundo nuevo



Oh Maria,
aurora del mundo nuevo, 
Madre de los vivientes, 
a Ti confiamos la causa de la vida
mira, Madre, el número inmenso 
de niños a quienes se impide nacer, 
de pobres a quienes se hace difícil vivir, 
de hombres y mujeres víctimas 
de violencia inhumana, 
de ancianos y enfermos muertos 
a causa de la indiferencia 
o de una presunta piedad. 
Haz que quienes creen en tu Hijo 
sepan anunciar con firmeza y amor 
a los hombres de nuestro tiempo 
el Evangelio de la vida
Alcánzales la gracia de acogerlo 
como don siempre nuevo, 
la alegría de celebrarlo con gratitud 
durante toda su existencia 
y la valentía de testimoniarlo 
con solícita constancia, para construir, 
junto con todos los hombres de buena voluntad, 
la civilización de la verdad y del amor, 
para alabanza y gloria de Dios Creador 
y amante de la vida.