Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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viernes, 18 de abril de 2025

Viernes Santo - "Ve, Francisco, repara mi casa, que, como ves, está totalmente en ruinas"

 


El Santo Padre Benedicto XVI al dirigirse a los jóvenes en Asis,  con ocasión del VIII centenario de la conversión de San Francisco,  les habló de esa “conversación” de San Francisco con Jesus Crucificado y su significado en la vida de toda la Iglesia:

(…) La experiencia de la Verna, donde recibió los estigmas, muestra hasta qué grado de intimidad había llegado en su relación con Cristo crucificado. Realmente pudo decir con san Pablo:  "Para mí vivir es Cristo" (Flp 1, 21). Si se desprende de todo y elige la pobreza, el motivo de todo esto es Cristo, y sólo Cristo. Jesús es su todo, y le basta…El Crucifijo de San Damián le había pedido que reparara la casa de Cristo, es decir, la Iglesia. Entre Cristo y la Iglesia existe una relación íntima e indisoluble. Ciertamente, en la misión de Francisco, ser llamado a repararla implicaba algo propio y original…Es la imagen de Cristo crucificado y resucitado, vida de la Iglesia, que, si estamos atentos, nos habla también a nosotros, como habló hace dos mil años a sus Apóstoles y hace ochocientos años a san Francisco. La Iglesia vive continuamente de este encuentro….

También a cada uno de nosotros nos dice: "Ve y repara mi casa". Todos estamos llamados a reparar, en cada generación, la casa de Cristo, la Iglesia. Y sólo actuando así, la Iglesia vive y se embellece. Como sabemos, hay muchas maneras de reparar, de edificar, de construir la casa de Dios, la Iglesia. Se edifica con las diferentes vocaciones, desde la laical y familiar hasta la vida de especial consagración y la vocación sacerdotal… ….

"Abrid las puertas a Cristo". Abridlas como hizo san Francisco, sin miedo, sin cálculos, sin medida”…

 Y en la homilía de la concelebración eucarística durante esa misma visita

“… "Ve, Francisco, y repara mi casa" (2 Cel I, 6, 10: FF 593), su camino no fue más que el esfuerzo diario de configurarse con Cristo. Se enamoró de Cristo. Las llagas del Crucificado hirieron su corazón, antes de marcar su cuerpo en la Verna. Por eso pudo decir con san Pablo: "Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí" (Ga 2, 20). Esta es su conversión a Cristo, hasta el deseo de "transformarse" en él, llegando a ser su imagen acabada, que explica su manera típica de vivir, en virtud de la cual se nos presenta tan actual, incluso respecto de los grandes temas de nuestro tiempo, como la búsqueda de la paz, la salvaguardia de la naturaleza y la promoción del diálogo entre todos los hombres”…

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jueves, 3 de octubre de 2024

La conversión de San Francisco

 


Francisco era muy alegre y generoso, dedicado a los juegos y a los cantos; vagaba por la ciudad de Asís día y noche con amigos de su mismo estilo; era tan generoso en los gastos, que en comidas y otras cosas dilapidaba todo lo que podía tener o ganar" (3 Comp 1, 2: FF 1396) … “más bien vanidoso, le gustaba vestir con elegancia y buscaba la originalidad (cf. 3 Comp 1, 2: FF 1396)”... “lo que impresionaba a los contemporáneos de Francisco era también su ambición, su sed de gloria y de aventura. Esto fue lo que lo llevó al campo de batalla, acabando prisionero durante un año en Perusa. Una vez libre, esa misma sed de gloria lo habría llevado a Pulla, en una nueva expedición militar, pero precisamente en esa circunstancia, en Espoleto, el Señor se hizo presente en su corazón, lo indujo a volver sobre sus pasos, y a ponerse seriamente a la escucha de su Palabra…”el Señor conquistó a Francisco cogiéndole las vueltas, su deseo de afirmación, para señalarle el camino de una santa ambición, proyectada hacia el infinito: "¿Quién puede serte más útil, el señor o el siervo?" (3 Comp 2, 6: FF 1401), fue la pregunta que sintió resonar en su corazón.


Su conversión sucedió cuando estaba en la plenitud de su vitalidad, de sus experiencias, de sus sueños. Tocado por la gracia en Rivotorto donde, según la tradición, se hallaban segregados los leprosos —los últimos, los marginados—, con respecto a los cuales Francisco sentía una repugnancia irresistible. les abrió su corazón. Y no sólo lo hizo con un gesto piadoso de limosna, pues hubiera sido demasiado poco, sino también besándolos y sirviéndolos. Él mismo confiesa que lo que antes le resultaba amargo, se transformó para él en "dulzura de alma y de cuerpo" (2 Test 3: FF 110). …..la gracia comienza a modelar a Francisco. Se fue haciendo cada vez más capaz de fijar su mirada en el rostro de Cristo y de escuchar su voz. Fue entonces cuando el Crucifijo de San Damián le dirigió la palabra, invitándolo a una valiente misión:

 "Ve, Francisco, repara mi casa, que, como ves, está totalmente en ruinas" (2 Cel I, 6, 10: FF 593).

 

(del discurso del Santo Padre Benedicto XVI en el encuentro con los jóvenes ante la Basílica de Santa Maria de los Ángeles con ocasión del VIII centenario de la conversión de San Francisco)

 

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El Espiritu de Asis  

Santa Maria de los Ángeles
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y

Santa Clara discipula de San Francisco - estilo evangelico “revolucionario”

 

viernes, 11 de agosto de 2023

Santa Clara de Asis, humilde esclava del Señor

 


Santa Clara, nacida en Asís en torno a los años 1193-1194, en el seno de la noble familia de Favarone de Offreduccio, recibió, sobre todo de su madre Ortolana, una sólida educación cristiana. Iluminada por la gracia divina, se dejó atraer por la nueva forma de vida evangélica iniciada por san Francisco y sus compañeros, y decidió, a su vez, emprender un seguimiento más radical de Cristo. Dejó su casa paterna en la noche entre el domingo de Ramos y el Lunes santo de 1211 (ó 1212) y, por consejo del mismo santo, se dirigió a la iglesita de la Porciúncula, cuna de la experiencia franciscana, donde, ante el altar de Santa María, se desprendió de todas sus riquezas, para vestir el hábito pobre de penitencia en forma de cruz.

Después de un breve período de búsqueda, llegó al pequeño monasterio de San Damián, a donde la siguió también su hermana menor, Inés. Allí se le unieron otras compañeras, deseosas de encarnar el Evangelio en una dimensión contemplativa. Ante la determinación con la que la nueva comunidad monástica seguía las huellas de Cristo, considerando que la pobreza, el esfuerzo, la tribulación, la humillación y el desprecio del mundo eran motivo de gran alegría espiritual, san Francisco se sintió movido por afecto paterno y les escribió:  "Ya que, por inspiración divina, os habéis hecho hijas y esclavas del altísimo sumo Rey, el Padre celestial, y os habéis desposado con el Espíritu Santo, eligiendo vivir conforme a la perfección del santo Evangelio, quiero y prometo tener siempre, por mí mismo y por medio de mis hermanos, diligente cuidado y especial solicitud de vosotras no menos que de ellos" (Regla de santa Clara, cap. VI, 3-4).

Santa Clara insertó estas palabras en el capítulo central de su Regla, reconociendo en ellas no sólo una de las enseñanzas recibidas del santo, sino también el núcleo fundamental de su carisma, que se delinea en el contexto trinitario y mariano del evangelio de la Anunciación. En efecto, san Francisco veía la vocación de las Hermanas Pobres a la luz de la Virgen María, la humilde esclava del Señor que, al concebir por obra del Espíritu Santo, se convirtió en la Madre de Dios. La humilde esclava del Señor es el prototipo de la Iglesia, virgen, esposa y madre.

Santa Clara percibía su vocación como una llamada a vivir siguiendo el ejemplo de María, que ofreció su virginidad a la acción del Espíritu Santo para convertirse en Madre de Cristo y de su Cuerpo místico. Se sentía estrechamente asociada a la Madre del Señor y, por eso, exhortaba así a santa Inés de Praga, princesa bohemia que se había hecho clarisa:  "Llégate a esta dulcísima Madre, que engendró un Hijo que los cielos no podían contener, pero ella lo acogió en el estrecho claustro de su santo vientre y lo llevó en su seno virginal" (Carta tercera a Inés de Praga, 18-19).

La figura de María acompañó el camino vocacional de la santa de Asís hasta el final de su vida. Según un significativo testimonio dado durante su proceso de canonización, en el momento en que Clara estaba a punto de morir, la Virgen se acercó a su lecho e inclinó la cabeza sobre ella, cuya vida había sido una radiante imagen de la suya.”

 

(Juan Pablo II en el Mensaje a lasClarisas con ocasión del 750 aniversario de la muerte de Santa Clara de Asis)

jueves, 11 de agosto de 2022

Juan Pablo II : urge redescubrir la leyenda divina de Francisco y Clara

 


Celebramos hoy la memoria litúrgica de santaClara (Invito visitar tambien posts etiquetados Santa Clara) y es oportuno recordar la visita de Juan Pablo II realizada el  12 de marzo de 1982, con ocasión de celebrarse el VIII centenario del nacimiento de San Francisco, el papa Juan Pablo II visitaba Asís, lugar santo de Clara y Francisco.  Una jornada intensa de trabajo pastoral de día completo.  Juan Pablo II se encontró con los obispos de Italia en el convento de San Francisco; celebró la Eucaristía con ellos junto al sepulcro del Santo; se reunió con los sacerdotes, religiosos y religiosas en la catedral; visitó el monasterio de Santa Clara y, en la basílica de Santa María de los Ángeles, habló a los fieles.  

En la pagina del DirectorioFranciscano podemos leer todos los discursos pronunciados por el Santo Padre, textos tomados de  L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, del 21 de marzo  de 1982.

Las visita a las clarisas estaba fuera de programa y el papa, en su estilo espontaneo,  lo aclaraba ni bien comenzara su alocución: 

“Me proporciona alegría esta visita. No estaba prevista, pero un protector vuestro oculto me ha dicho: hay que ir a las clarisas. He acogido esta sugerencia porque es realmente difícil separar estos dos nombres: Francisco y Clara, estos fenómenos: Francisco y Clara, estas dos leyendas: Francisco y Clara.
Es difícil separar los nombres de Francisco y Clara. Es algo profundo, algo que no puede entenderse sino con criterios de espiritualidad franciscana, cristiana, evangélica; no puede entenderse con criterios humanos. El binomio Francisco-Clara es una realidad que sólo se entiende con categorías cristianas, espirituales, del cielo. Pero es también una realidad de esta tierra, de esta ciudad, de esta Iglesia. Todo ha tomado cuerpo aquí. No se trata sólo de espíritu; ni son ni eran espíritus puros; eran cuerpos, personas, espíritus. Pero en la tradición viva de la Iglesia, del cristianismo entero, no queda sólo la leyenda. Queda el modo en que San Francisco veía a su hermana, el modo en que ella se desposó con Cristo; se veía a sí mismo a imagen de ella, imagen de Cristo, en la que veía retratada la santidad que debía imitar; se veía a sí mismo como un hermano, un pobrecillo a imagen de la santidad de esta esposa auténtica de Cristo en la que encontraba la imagen de la Esposa perfectísima del Espíritu Santo, María Santísima. No es sólo leyenda humana, sino leyenda divina digna de contemplarse con categorías diferentes, de contemplarse en la oración. Este es el lugar a donde llegan, desde hace ocho siglos, muchos peregrinos para contemplar la leyenda divina de Clara junto a Francisco. No hay duda de que ello ha influido mucho en la vida de la Iglesia, en la historia de la espiritualidad cristiana. Ha sido uno de los momentos decisivos. La vida dedicada totalmente a Cristo por parte de Francisco y de su hermana Clara, y de tantos hermanos y hermanas de muchos lugares de Europa y del mundo, ha abierto un camino para las vocaciones. Yo mismo he vivido muchos años cerca de un monasterio de clarisas en Cracovia y conozco otros lugares de mi patria donde la tradición viva de Santa Clara y San Francisco ha encontrado siempre eco a lo largo de los siglos en la Iglesia y el mundo. Sólo quiero añadir la impresión siguiente.


No es este un discurso oficial,  es un discurso improvisado. En este momento quiero deciros solamente, queridísimas religiosas clarisas hermanas de Santa Clara, una preocupación que he manifestado a los obispos con palabras claras. A vosotras os la quiero confiar directamente: estoy preocupado y estamos preocupados los obispos de esta tierra, porque comienzan a escasear las vocaciones femeninas, las vocaciones religiosas femeninas. Parece como si la mujer contemporánea, sobre todo la joven, no sintiera esta vocación. Por tanto, os invito a orar; deseo que reproduzcáis en nuestra época el milagro de San Francisco y Santa Clara, porque la joven, la mujer contemporánea, debe volverse a hallar en esta vocación, en esta misión, en este espléndido carisma, escondido ciertamente y falto de exterioridades aparentes, pero ¡cuán profundo, cuán femenino! Esposa verdadera, el alma femenina es capaz de amor pleno e irrevocable hacia un esposo invisible. Es verdad que es invisible, pero ¡qué visible! Entre todos los esposos posibles del mundo, ciertamente Cristo es el Esposo más visible de todos los visibles; es siempre visible, pero permanece invisible y visible en el alma consagrada a Dios.”


San Francisco descubrió a Dios una vez, pero después lo volvió a descubrir teniendo a su lado a Clara. En nuestra época es necesario repetir el descubrimiento de Santa Clara, porque es importante para la vida de la Iglesia. No os imagináis lo importantes que sois para la vida de la Iglesia vosotras, escondidas, desconocidas; cuántos problemas, cuántas cosas dependen de vosotras. Es necesario redescubrir este carisma, esta vocación; urge redescubrir la leyenda divina de Francisco y Clara.

Una palabra final. El amigo mío que me ha sugerido, o más bien obligado, a venir a las clarisas -lo conocéis- me ha dicho también que Santa Clara es patrona celestial de uno de los medios de comunicación social. Por esto os encomiendo también las comunicaciones sociales. Consideradas en cuanto tales son estructuras misteriosas, diría yo, de la naturaleza, más que sobrenaturales. Como todas las cosas de la naturaleza, como todas sus estructuras, son al mismo tiempo su sujeto pasivo, capaz de asumir realidades sobrenaturales; porque si con los medios de comunicación se transmite la palabra humana, el pensamiento humano, ¿acaso no se puede transmitir la palabra divina, la palabra evangélica? ¿Por qué no podría actuar con fuerza la palabra divina a través de los medios de comunicación? «Inter mirifica», con estas palabras comienza el documento conciliar sobre los medios de comunicación social; os encomiendo este «Inter mirifica» y a las personas -algunas están presentes- que dedican sus afanes a las comunicaciones sociales.” [Selecciones de Franciscanismo, vol. XI, n. 32 (1982) 202-204; cf. texto italiano en Acta OFM 101 (1982) 216-218]

 


 

 

viernes, 28 de octubre de 2016

La ausencia de Dios lleva al decaimiento del hombre y del humanismo


“La ausencia de Dios lleva al decaimiento del hombre y del humanismo. Pero, ¿dónde está Dios? ¿Lo conocemos y lo podemos mostrar de nuevo a la humanidad para fundar una verdadera paz? Resumamos ante todo brevemente las reflexiones que hemos hecho hasta ahora. He dicho que hay una concepción y un uso de la religión por la que esta se convierte en fuente de violencia, mientras que la orientación del hombre hacia Dios, vivido rectamente, es una fuerza de paz. En este contexto me he referido a la necesidad del diálogo, y he hablado de la purificación, siempre necesaria, de la religión vivida. Por otro lado, he afirmado que la negación de Dios corrompe al hombre, le priva de medidas y le lleva a la violencia.

Junto a estas dos formas de religión y anti-religión, existe también en el mundo en expansión del agnosticismo otra orientación de fondo: personas a las que no les ha sido dado el don de poder creer y que, sin embargo, buscan la verdad, están en la búsqueda de Dios. Personas como éstas no afirman simplemente: «No existe ningún Dios». Sufren a causa de su ausencia y, buscando lo auténtico y lo bueno, están interiormente en camino hacia Él. Son «peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz». Plantean preguntas tanto a una como a la otra parte. Despojan a los ateos combativos de su falsa certeza, con la cual pretenden saber que no hay un Dios, y los invitan a que, en vez de polémicos, se conviertan en personas en búsqueda, que no pierden la esperanza de que la verdad exista y que nosotros podemos y debemos vivir en función de ella. Pero también llaman en causa a los seguidores de las religiones, para que no consideren a Dios como una propiedad que les pertenece a ellos hasta el punto de sentirse autorizados a la violencia respecto a los demás. Estas personas buscan la verdad, buscan al verdadero Dios, cuya imagen en las religiones, por el modo en que muchas veces se practican, queda frecuentemente oculta. Que ellos no logren encontrar a Dios, depende también de los creyentes, con su imagen reducida o deformada de Dios. Así, su lucha interior y su interrogarse es también una llamada a nosotros creyentes, a todos los creyentes a purificar su propia fe, para que Dios –el verdadero Dios– se haga accesible. Por eso he invitado de propósito a representantes de este tercer grupo a nuestro encuentro en Asís, que no sólo reúne representantes de instituciones religiosas. Se trata más bien del estar juntos en camino hacia la verdad, del compromiso decidido por la dignidad del hombre y de hacerse cargo en común de la causa de la paz, contra toda especie de violencia destructora del derecho. Para concluir, quisiera aseguraros que la Iglesia católica no cejará en la lucha contra la violencia, en su compromiso por la paz en el mundo. Estamos animados por el deseo común de ser «peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz».”


jueves, 27 de octubre de 2016

30 años de la Jornada Mundial de Oración por la paz en Asis.



JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LA PAZ
con la participación de jefes y representantes de las Iglesias cristianas y de las Religiones de todo el mundo invitados por el Santo Padre Juan Pablo II
(Asís, 27 de octubre de 1986)


Un don de Dios en Jesucristo
“Nuestra fe nos enseña que la paz es un don de Dios en Jesucristo; un don que ha de expresarse en la oración a Aquel que tiene en sus manos los destinos de los pueblos. Lo que nosotros estamos haciendo hoy representa otro eslabón en la cadena de oraciones por la paz forjada por los cristianos individualmente y también por las Iglesias cristianas y las Comunidades eclesiales; un movimiento que en los últimos años ha ido creciendo con fuerza en muchas partes del mundo. Nuestra oración común expresa y manifiesta la paz que reina en nuestros corazones, ya que como discípulos de Cristo hemos sido enviados al mundo para proclamar la paz y para llevarle este don «de Dios, el cual nos ha reconciliado consigo por Cristo y nos ha confiado el ministerio de la reconciliación» (2 Cor 5,18). Como discípulos de Cristo, tenemos la obligación especial de trabajar para llevar al mundo la paz del Señor.
En cuanto cristianos nosotros podemos reunirnos en esta ocasión bajo el impulso del Espíritu Santo que lleva a los seguidores de Jesucristo a participar plenamente en la vida del Padre y del Hijo, esto es, en la comunión de toda la Iglesia. La misma Iglesia es llamada a ser signo eficaz e instrumento de reconciliación y de paz para toda la familia humana. A pesar de las serias cuestiones que aún nos dividen, nuestro actual grado de unión en Cristo es, sin embargo, para el mundo un signo de que Jesucristo es verdaderamente el Príncipe de la Paz. Por medio de las iniciativas ecuménicas Dios nos abre nuevas posibilidades de entendimiento y de reconciliación para que nosotros podamos ser instrumentos más idóneos en favor de la paz. Lo que estamos realizando aquí hoy sería algo incompleto si nos fuéramos sin una profunda resolución de comprometernos para continuar la búsqueda de la unidad total y para superar las serias divisiones que aún persisten. Esta resolución nos compromete como individuos y como comunidades.”

(texto tomado de la pagina Franciscanos.orgAlocución del papa Juan Pablo II durante la plegaria ecuménica )
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miércoles, 21 de septiembre de 2016

La paz y el espíritu de Asís

Treinta años después de aquel encuentro del Papa Juan Pablo II en Asís,  el mundo sigue necesitado, tiene “sed de paz”, como lo ha expresado el Papa Francisco en su visita a la ciudad del “poverello” de Asís, una sed que necesita imperiosamente ser saciada.  
Pero esta “sed de paz” no es nueva sino que ha estado muy presente en la Iglesia desde mediados del siglo pasado.  Ya el Papa Pio XII en su carta Encíclica Optatissima Pax  rogaba por oraciones para conseguir la paz entre las clases sociales y las naciones, después de tantos males causados por la guerra. 

El Papa Juan XXIII (el Papa del Concilio) en su última Encíclica Pacem in Terris enunciaba que “la paz entre todos los pueblos ha de fundarse en la verdad, la justicia, el amor y la libertad” y el Papa Pablo VI emitía su Encíclica PopulorumProgressio sobre la necesidad de promover el desarrollo de los pueblos, estrechamente ligado a la paz de pueblos y naciones. 


“¿Pero qué sucedió en Asís hace poco más de treinta años? - se preguntaba Marco Impagliazzo  de la Comunidad Sant´, Egidio-  Juan Pablo II invitó a rezar por la paz a los líderes de las Iglesias cristianas y de las grandes religiones. Fue una jornada de oración de unos junto a otros, y no -como dijo el Papa- de unos contra otros. 124 representantes de las confesiones cristianas y de las grandes religiones del mundo se reunieron en la ciudad de Asís, un “lugar que la seráfica figura de san Francisco ha transformado en un centro de fraternidad universal”. Un historiador observó que esta iniciativa única se consideró un “punto de inflexión en la actitud del catolicismo contemporáneo hacia las otras religiones” y que, al mismo tiempo, supuso un momento clave para la percepción del cristianismo que tienen las religiones no cristianas. 

La oración de Asís se había forjado desde lejos: era el resultado de una época de diálogo. Un diálogo que se desarrolló durante todo el siglo XX, tan lleno de esperanzas como de grandes sufrimientos. Algo aunó a los creyentes en ese siglo tan terrible, en el que según estimaciones recientes, hubo más de 180 millones de muertos a causa de las guerras. En la segunda mitad del siglo XX, personas de distintas religiones dialogaron y se reunieron como nunca antes había sucedido en la historia. La conversación fue posible, en parte, gracias al empuje del Concilio Vaticano II, que planteó en la declaración Nostra Aetate la relación de la Iglesia Católica con el judaísmo, el Islam y las otras religiones no cristianas, con la idea de “fundamentar la unidad y la caridad entre los hombres y, aún más, entre los pueblos”, en un tiempo de creciente interdependencia. La declaración conciliar exhortaba a los cristianos “a que, con prudencia y caridad, mediante el diálogo y colaboración con los adeptos de otras religiones, dando testimonio de fe y vida cristiana, reconozcan, guarden y promuevan aquellos bienes espirituales y morales, así como los valores socio-culturales que en ellos existen”.  (Marco Impagliazzo) 


La llama encendida en Asís hace treinta años continuó ardiendo durante el pontificado de Benedicto XVI quien en 2011 a los 25 años de aquel encuentro de1986, en su intervención en la Basílica de Santa Maria de los Ángeles en Asís reflexionaba “¿Qué ha ocurrido desde entonces?” ¿A qué punto está hoy la causa de la paz? Y se refería al muro de Berlín como símbolo de una era, en cierta manera como un triunfo de la libertad, “apreciamos esta victoria de la libertad, que fue sobre todo también una victoria de la paz”, pero inmediatamente se refería al estado  más reciente, “pero que ha sucedido después se preguntaba”  y lamentaba que la violencia no había cesado y venia acompañada de la decadencia del hombre debido a la ausencia de Dios invitando a a su vez a “estar juntos en camino hacia la verdad, del compromiso decidido por la dignidad del hombre y de hacerse cargo en común de la causa de la paz, contra toda especie de violencia destructora del derecho.” 

Ayer el Papa Francisco en consonancia con aquel “espíritu de Asís” que sigue presente reiteró este compromiso de la Iglesia en pos de la paz y del diálogo,  bajo el lema “Sed de paz, religiones yculturas en diálogo”. En la  introducción de su participación en forma de  meditación presenta a Jesús sufriente y sediento en la cruz invitándonos a saciar esa sed de amor de Jesús mediante el servicio a los más pobres entre los pobres.
No podemos permanecer indiferentes. Hoy el mundo tiene una ardiente sed de paz.- decia el Santo Padre… Nosotros no tenemos armas. Pero creemos en la fuerza mansa y humilde de la oración….. Aquí, hace treinta años, san Juan Pablo II dijo: «La paz es una cantera abierta a todos y no solamente a los especialistas, sabios y estrategas. La paz es una responsabilidad universal» (Discurso, Plaza de la Basílica inferior de San Francisco, 27 octubre 1986: l.c., 11).

En el llamamiento que siguió al discurso el Papa Francisco se refería nuevamente a San Juan Pablo II y a su llamado de 1986 y concluía deseando que “se abra definitivamente una nueva época en que el mundo globalizado llegue a ser una familia de pueblos”.



lunes, 5 de noviembre de 2007

Primer visita a Asis


El 5 de noviembre de 1978, por la tarde, en el primero de sus 144 viajes por Italia Juan Pablo II se tras­ladó en helicóptero a Asís. “Deseo dedicar este domingo a los Santos Patronos de Italia”, había dicho en las palabras del Ángelus. Asistió a una Misa concelebrada en la Basílica, oró ante los restos del Pobrecillo de Asís, objetivo principal del viaje, y, desde un balcón, habló a la inmensa multitud reunida ante la basílica.

……….Dado que no nací en este suelo, siento más que nunca la necesidad de un “nacimiento” espiritual en él. Por eso vengo este domingo como peregrino a Asís, a los pies del Santo “Poverello” Francisco, que escribió con caracteres incisivos el Evangelio de Cristo en el corazón de los hombres de su tiempo. ….
……Os diré que, siendo arzobispo de Cracovia, vivía cerca de una antiquísima iglesia franciscana (S. Francisco de los Conventuales) y que de vez en cuando iba allí a rezar, a hacer el Vía Crucis, a visitar la capilla de la Virgen Dolorosa. ¡Momentos inolvidables para mi! No se puede menos que recordar aquí que precisamente de este magnífico tronco de la espiritualidad franciscana brotó el Beato Maxi­miliano Kolbe, Patrón especial de nuestros difíciles tiempos. Y no puedo dejar de recordar que precisamente aquí, en Asís, en esta basílica, el ano 1253, el Papa Inocencio IV proclamó Santo al obispo de Cracovia, el mártir Estanislao, ahora Patrono de Polonia, del que yo era hasta hace poco in­digno sucesor…...Por eso hoy, al poner pie aquí por primera vez como Papa, en el manan­tial de este gran soplo del Espíritu, de este maravilloso renacimiento de la Iglesia y de la cristiandad en el siglo XIII, que va unido a la figura de San Francisco, mi corazón se abre hacia nuestro Patrón y grita:
Tú, que acercaste tanto a Cristo a tu época, ayúdanos a acercar a Cristo a la nuestra, a nuestros tiempos difíciles y críticos. ¡Ayúdanos!Estos tiempos esperan a Cristo con gran ansia, por más que muchos hombres de nuestra época no se den cuenta.Nos acercamos al año 2.000 después de Cristo. ¿No serán tiempos que nos preparen a un renacimiento de Cristo, a un nuevo Adviento?Nosotros manifestamos cada día en la plegaria eucarística nuestra espe­ranza, dirigida a Él solo, Redentor y Salvador nuestro, a Él que es cumplimiento de la historia del hombre y del mundo.Ayúdanos, San Francisco de Asís, a acercar a Cristo a la Iglesia y al mundo de hoy.Tu, que has llevado en tu corazón las vicisitudes de tus contemporáneos, ayúdanos, con el corazón cercano al corazón del Redentor, a abrazar las vicisitudes de los hombres de nuestra época: los difíciles problemas sociales, económicos, políticos, los problemas de la cultura y de la civilización contemporánea, todos los sufrimientos del hombre de hoy, sus dudas, sus negaciones, sus desbandadas, sus tensiones, sus complejos, sus inquietudes...Ayúdanos a traducir todo esto a un lenguaje evangélico sencillo y provechoso.Ayúdanos a resolver todo en clave evangélica, para que Cristo mismo pueda ser «Camino-Verdad-Vida» para el hombre de nuestro tiempo.Asi te lo pide a Ti, hijo santo de la Iglesia, hijo de la tierra italiana, el Papa Juan Pablo II, hijo de la tierra polaca. Y espera que no se lo niegues, que le ayudaras. Has sido siempre bueno y te has apresurado siempre a ayudar a cuantos a Ti se han dirigido.