Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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jueves, 23 de octubre de 2025

El arte de dialogar – Graciela Palau

 


En momentos en que el ánimo general argentino se encuentra tan crispado como cuando la profesora Graciela M. Palau (*) escribió este articulo, destinado en principio a un matutino porteño - que luego fue publicado por el Instituto Mounier  y publicado en este blog en 2010,  sigue siendo tan oportuno como entonces - y como siempre -  reflexionar sobre el valor del diálogo, que la Profesora Dra. Palau hace a la luz de las enseñanzas de Karol Wojtyla/Juan Pablo II. 

Detrás de la cortina de hierro, en el año 1970, un cardenal polaco, de enorme talla intelectual pero desconocido entonces fuera del ámbito eclesiástico, presentaba su mayor obra filosófica, Persona y Acción, ante un público de pensadores selectos. El lugar: la Universidad católica de Lublin donde Karol Wojtyla, con su característica actitud de apertura al diálogo, daba lugar a un debate sobre su libro entre expertos intelectuales polacos. En la parte final de ese escrito el autor hace una descripción de los modos auténticos de participación social y explica el significado de la solidaridad humana, uno de los principios básicos de la organización social y política. La actualidad de ese análisis para el momento que atraviesa nuestro país se muestra paradigmática. Intentar reflexionar sobre su aplicación a nuestra realidad puede iluminar su comprensión.


Solidaridad significa, según Wojtyla, una disposición constante a aceptar y a realizar la parte que a uno le corresponde en la comunidad en función del bien común. Esta orientación hacia el bien común es la que posibilita a cada uno saber cuándo es necesario aceptar una proporción mayor de la responsabilidad y actuación que normalmente le corresponden. La actitud solidaria de un miembro de una comunidad se manifiesta mediante la disposición a complementar lo que hacen los demás. Además, la solidaridad y la actitud que el autor denomina oposición constructiva no son intrínsecamente contradictorias. El opositor es solidario cuando no retira su disposición a actuar y trabajar por el bien común. Al contrario, el opositor es solidario porque quiere participar en su búsqueda. La actitud de oposición auténtica busca la participación social como consecuencia de una honda preocupación por el bien común. Por eso, piensa Wojtyla que el sistema social debe facilitar no sólo que la oposición constructiva se exprese a sí misma dentro del marco de la comunidad, sino también que actúe en beneficio de la comunidad. La búsqueda del bien común debe liberar y apoyar la actitud de solidaridad, pero nunca de forma que sofoque la oposición y se mantenga al margen de ella. Esa actitud solidaria y de apertura a los aportes de la oposición es lo que necesitamos los ciudadanos argentinos en las actuales circunstancias para afrontar esta etapa de nuestra historia. Es preciso un reconocimiento sincero de los aportes de todos los sectores y destacar los puntos de unidad que suelen ser más que las diferencias, para reconducir la gestión hacia la búsqueda del bien común.

En este contexto arroja luz la explicación que hace Wojtyla sobre el sentido del diálogo. Es el diálogo una actitud que conduce a una forma adecuada de seleccionar y resaltar lo verdadero y lo bueno que surge en las situaciones controvertidas. En cambio, intenta eliminar las actitudes y opiniones parciales, preconcebidas o subjetivas que son el origen de enfrentamientos y conflictos empobrecedores de la comunidad. Los titulares de los medios en estos últimos días posteriores a la votación en el Senado, reflejan un reclamo social: la necesidad de diálogo para superar la crisis. La ciudadanía quiere evitar caer nuevamente en las actitudes que Wojtyla llama inauténticas del conformismo y la evasión. Un conformismo superficial o interesado que pretende evitarse problemas o busca ventajas inmediatas. La evasión se produce si los miembros de una sociedad pierden interés en la participación y están ausentes de la vida social porque se les impide toda colaboración. La democracia no se construye con dialécticas y enfrentamientos sino con el diálogo auténtico y la participación de todos. Tenemos que aprender el arte de dialogar, fomentar una actitud de verdadero interés en comprender a los demás y escucharles con verdadero interés. Diálogo es búsqueda del logos, de la verdad o de lo razonable entre dos que se escuchan y entienden.

Como es sabido, la crisis de los sistemas que pretendían ser la salvación del proletariado en los países comunistas, comenzaron con las protestas en Polonia en nombre del movimiento Solidaridad. Fueron justamente los trabajadores los que desautorizaron la ideología que pretendía ser su voz. En la apreciación de Wojtyla, esos cambios se produjeron por una lucha pacífica, que empleó solamente las armas de la verdad y de la justicia. Una verdadera lección de la historia. Sin embargo, cegados a la realidad por el tejido de prejuicios ideológicos o por la ambición de venganza y de poder, esos regímenes consideraban que únicamente llevando hasta el extremo las confrontaciones sociales sería posible darles solución. La actitud confrontativa e impositiva es realmente incomprensible para el ciudadano común que vive en democracia. Pero, sobretodo, es una actitud que se mostró incapaz de diseñar y afrontar un proyecto de nación. Así como el ciudadano polaco se sentía obligado a aceptar una concepción de la realidad impuesta por la fuerza, el ciudadano que vive en democracia se resiste a aceptar un modelo de país impuesto y pide el diálogo, la paz social, la unidad y un proyecto de país que nos incluya a todos. El argentino es solidario y está acostumbrado a una movilidad social de la que se enorgullece y desea colaborar con el esfuerzo de su trabajo en un modelo de país productivo.

La denominada lucha del campo –aunque esta expresión bélica de lucha no es la más acertada para reflejarlo– tiene alguna semejanza con las luchas que han conducido a la caída de los regímenes del pasado. Son luchas, según afirma Juan Pablo II en Centesimus annus, que se caracterizaron por haber insistido tenazmente en intentar todas las vías de la negociación, del diálogo, del testimonio de la verdad, apelando a la conciencia del adversario y tratando de despertar en las autoridades el sentido común. Es el estilo de participación solidaria que colabora realmente en la construcción de una nación libre.

Un ordenamiento democrático se basa en principios de solidaridad, en el esfuerzo del trabajo y en el ejercicio de la libertad. Exige reconocer íntegramente los derechos de la conciencia humana, escuchar al opositor del que se pueden obtener aportes para el bien común y reconocer los derechos de todos, sin distinción ni discriminación. En estos principios está el fundamento primario de todo ordenamiento político auténticamente libre.

El Estado tiene que crear las condiciones favorables al libre ejercicio de la actividad económica para que exista una oferta abundante de oportunidades de trabajo y de fuentes de riqueza. Tiene que asegurar a todos, los derechos básicos para llevar una vida digna. La reciente participación cívica en nuestra democracia hace nacer las esperanzas de un cambio en las estructuras políticas y sociales de nuestro país, gravadas por la hipoteca de una dolorosa serie de injusticias y rencores. Es necesario forjar actitudes que faciliten que los complejos problemas de la actualidad, se resuelvan por medio del diálogo y de la solidaridad, en vez de la lucha para destruir al adversario. La educación forjadora de actitudes tiene un papel preponderante en la conformación de esta cultura.

El desarrollo de una auténtica cultura del trabajo y del diálogo será lo que ayude a participar de manera plenamente humana en la vida social. Son precisos los esfuerzos de todos los argentinos, los gobernantes y los legisladores, los de la ciudad y los del campo, los trabajadores de la industria y del comercio, los intelectuales, los educadores y los artistas… Todos tenemos que sumar para construir un futuro mejor, un orden social basado en el espíritu de trabajo esforzado, de colaboración y solidaridad.

- o -


(*) autora del libro La autorrealización según el personalismo de K. Wojtyla publicado por EDUCA (Editorial de la Universidad Católica Argentina, 2007.


jueves, 13 de julio de 2023

Nuestros “hermanos mayores”

(Republicacion del post fechado 21/2/2009) 
(antigua sinagoga de Wadowice)

Su buena relación con los judíos databa de Wadowice - donde la comunidad judía estaba compuesta casi por un tercio de los diez mil habitantes; bien integrados a la vida ciudadana las relaciones eran de aprecio y amistad - arraigada en el caso de Wojtyla en “amigos muy queridos” como Jurek (Jerzy Kluger), hijo de un conocido abogado, presidente de la comunidad judía local y amigo de la infancia, con quien perdió contacto durante la guerra. Lolek y Jurek volvieron a encontrarse en Roma cuando Karol Wojtyla era Arzobispo y estaba participando del Concilio Vaticano II.


La casa donde vivían los Wojtyla era propiedad del señor Balamuth, judío.
En la escuela de Wadowice había dos equipos de fútbol judío y católico y cuando faltaban jugadores Lolek no dudaba unirse al equipo judío como portero si hacia falta....

Hasta que un día se puso en marcha la “monstruosa maquinaria” y
- fueron literalmente pisoteadas las palabras del poeta Adam Mickiewicz


En la nación todos son ciudadanos. Todos los ciudadanos son iguales ante la ley y ante la administración. Para el judío, nuestro hermano mayor, debemos demostrar aprecio y ayuda en su camino hacia el bienestar eterno y en todas las cuestiones iguales derechos

- y destruida la antigua sinagoga de Wadowice

 

(El 9 de Mayo de 1989, animado por Juan Pablo II, Jurek asistía a la inauguración en Wadowice de una placa conmemorativa en el lugar donde habia estado la antigua Sinagoga y leia una carta del Papa).

 

- perseguidos hasta el extremo aquellos “hermanos mayores” en Cracovia corrieron la misma suerte al tiempo que era derribada la estatua de aquel que creía que “todos los ciudadanos son iguales”...

Ya como Juan Pablo II le decía el Papa a Vittorio Messori en Cruzando el umbral de la esperanza que cuando era Obispo de Cracovia había tenido intensos contactos con la comunidad judía de la ciudad, relaciones cordiales que continuó después de su traslado a Roma y agregaba “Pero una experiencia del todo excepcional fue para mi la visita a la sinagoga romana

 


(13 de abril 1986) durante aquella visita memorable – decía - definí a los judíos como hermanos mayores en la fe” “Sois nuestros hermanos predilectos y en cierto modo podría decirse que sois nuestros hermanos mayores” había dicho.


Y en la jornada extraordinaria en Asís en octubre de 1986 estaban allí juntos hebreos, cristianos y musulmanes para orar... cuando invito a todos los hermanos y hermanas a buscar ser "operadores de la paz en pensamiento y acción, con la mente y el corazón dirigidos a la unidad de la familia humana”.


El 16 de marzo de 1998 se publicaba “Nosotros recordamos:: una reflexión sobre la “Shoah

 

En la Audiencia del 29 de marzo del 2000 Juan Pablo II hacia un resumen de su precioso viaje a Tierra Santa.
En Yad Vashem, memorial de la Shoah, - decìa - rendí homenaje a los millones de judíos víctimas del nazismo. Una vez más expresé profundo dolor por esa terrible tragedia y reafirmé que "nosotros queremos recordar" para comprometernos juntos -los judíos, los cristianos y todos los hombres de buena voluntad- a vencer el mal con el bien, para caminar por la senda de la paz.”


En Jerusalén “ciudad santa para judìos, cristianos y musulmanes”, se habia reunido con dos rabinos jefes de Israel y con el gran mufti de Jerusalén y otros representantes de las religiones monoteístas: la judia y la musulmana y expresaba su intimo deseo:

Jerusalén està llamada a convertirse en “símbolo de la paz entre cuantos creen en el Dios de Abraham y se someten a su ley. Ojalá que los hombres apresuren el cumplimiento de este designio”.

 

miércoles, 21 de septiembre de 2016

La paz y el espíritu de Asís

Treinta años después de aquel encuentro del Papa Juan Pablo II en Asís,  el mundo sigue necesitado, tiene “sed de paz”, como lo ha expresado el Papa Francisco en su visita a la ciudad del “poverello” de Asís, una sed que necesita imperiosamente ser saciada.  
Pero esta “sed de paz” no es nueva sino que ha estado muy presente en la Iglesia desde mediados del siglo pasado.  Ya el Papa Pio XII en su carta Encíclica Optatissima Pax  rogaba por oraciones para conseguir la paz entre las clases sociales y las naciones, después de tantos males causados por la guerra. 

El Papa Juan XXIII (el Papa del Concilio) en su última Encíclica Pacem in Terris enunciaba que “la paz entre todos los pueblos ha de fundarse en la verdad, la justicia, el amor y la libertad” y el Papa Pablo VI emitía su Encíclica PopulorumProgressio sobre la necesidad de promover el desarrollo de los pueblos, estrechamente ligado a la paz de pueblos y naciones. 


“¿Pero qué sucedió en Asís hace poco más de treinta años? - se preguntaba Marco Impagliazzo  de la Comunidad Sant´, Egidio-  Juan Pablo II invitó a rezar por la paz a los líderes de las Iglesias cristianas y de las grandes religiones. Fue una jornada de oración de unos junto a otros, y no -como dijo el Papa- de unos contra otros. 124 representantes de las confesiones cristianas y de las grandes religiones del mundo se reunieron en la ciudad de Asís, un “lugar que la seráfica figura de san Francisco ha transformado en un centro de fraternidad universal”. Un historiador observó que esta iniciativa única se consideró un “punto de inflexión en la actitud del catolicismo contemporáneo hacia las otras religiones” y que, al mismo tiempo, supuso un momento clave para la percepción del cristianismo que tienen las religiones no cristianas. 

La oración de Asís se había forjado desde lejos: era el resultado de una época de diálogo. Un diálogo que se desarrolló durante todo el siglo XX, tan lleno de esperanzas como de grandes sufrimientos. Algo aunó a los creyentes en ese siglo tan terrible, en el que según estimaciones recientes, hubo más de 180 millones de muertos a causa de las guerras. En la segunda mitad del siglo XX, personas de distintas religiones dialogaron y se reunieron como nunca antes había sucedido en la historia. La conversación fue posible, en parte, gracias al empuje del Concilio Vaticano II, que planteó en la declaración Nostra Aetate la relación de la Iglesia Católica con el judaísmo, el Islam y las otras religiones no cristianas, con la idea de “fundamentar la unidad y la caridad entre los hombres y, aún más, entre los pueblos”, en un tiempo de creciente interdependencia. La declaración conciliar exhortaba a los cristianos “a que, con prudencia y caridad, mediante el diálogo y colaboración con los adeptos de otras religiones, dando testimonio de fe y vida cristiana, reconozcan, guarden y promuevan aquellos bienes espirituales y morales, así como los valores socio-culturales que en ellos existen”.  (Marco Impagliazzo) 


La llama encendida en Asís hace treinta años continuó ardiendo durante el pontificado de Benedicto XVI quien en 2011 a los 25 años de aquel encuentro de1986, en su intervención en la Basílica de Santa Maria de los Ángeles en Asís reflexionaba “¿Qué ha ocurrido desde entonces?” ¿A qué punto está hoy la causa de la paz? Y se refería al muro de Berlín como símbolo de una era, en cierta manera como un triunfo de la libertad, “apreciamos esta victoria de la libertad, que fue sobre todo también una victoria de la paz”, pero inmediatamente se refería al estado  más reciente, “pero que ha sucedido después se preguntaba”  y lamentaba que la violencia no había cesado y venia acompañada de la decadencia del hombre debido a la ausencia de Dios invitando a a su vez a “estar juntos en camino hacia la verdad, del compromiso decidido por la dignidad del hombre y de hacerse cargo en común de la causa de la paz, contra toda especie de violencia destructora del derecho.” 

Ayer el Papa Francisco en consonancia con aquel “espíritu de Asís” que sigue presente reiteró este compromiso de la Iglesia en pos de la paz y del diálogo,  bajo el lema “Sed de paz, religiones yculturas en diálogo”. En la  introducción de su participación en forma de  meditación presenta a Jesús sufriente y sediento en la cruz invitándonos a saciar esa sed de amor de Jesús mediante el servicio a los más pobres entre los pobres.
No podemos permanecer indiferentes. Hoy el mundo tiene una ardiente sed de paz.- decia el Santo Padre… Nosotros no tenemos armas. Pero creemos en la fuerza mansa y humilde de la oración….. Aquí, hace treinta años, san Juan Pablo II dijo: «La paz es una cantera abierta a todos y no solamente a los especialistas, sabios y estrategas. La paz es una responsabilidad universal» (Discurso, Plaza de la Basílica inferior de San Francisco, 27 octubre 1986: l.c., 11).

En el llamamiento que siguió al discurso el Papa Francisco se refería nuevamente a San Juan Pablo II y a su llamado de 1986 y concluía deseando que “se abra definitivamente una nueva época en que el mundo globalizado llegue a ser una familia de pueblos”.



sábado, 5 de mayo de 2012

Solidaridad: gobierno vs oposición y el sentido del diálogo






(La foto es mía  La Escuela de Atenas –  Museos Vaticanos – pero invito leer el texto de Wikipedia)



Hace dos años publiqué El arte de dialogar , un artículo de la Dra. Graciela Palau.  Son reflexiones que es bueno desempolvar pues en nada ha cambiado nuestra sociedad de gobernantes y gobernados en la Argentina de hoy.   El artículo no tiene desperdicio. Invito leerlo completo.  Cito aquí solo unos párrafos.

“Solidaridad significa, según Wojtyla, una disposición constante a aceptar y a realizar la parte que a uno le corresponde en la comunidad en función del bien común. Esta orientación hacia el bien común es la que posibilita a cada uno saber cuándo es necesario aceptar una proporción mayor de la responsabilidad y actuación que normalmente le corresponden. La actitud solidaria de un miembro de una comunidad se manifiesta mediante la disposición a complementar lo que hacen los demás. Además, la solidaridad y la actitud que el autor denomina oposición constructiva no son intrínsecamente contradictorias. El opositor es solidario cuando no retira su disposición a actuar y trabajar por el bien común. Al contrario, el opositor es solidario porque quiere participar en su búsqueda. La actitud de oposición auténtica busca la participación social como consecuencia de una honda preocupación por el bien común. Por eso, piensa Wojtyla que el sistema social debe facilitar no sólo que la oposición constructiva se exprese a sí misma dentro del marco de la comunidad, sino también que actúe en beneficio de la comunidad. La búsqueda del bien común debe liberar y apoyar la actitud de solidaridad, pero nunca de forma que sofoque la oposición y se mantenga al margen de ella. Esa actitud solidaria y de apertura a los aportes de la oposición es lo que necesitamos los ciudadanos argentinos en las actuales circunstancias para afrontar esta etapa de nuestra historia. Es preciso un reconocimiento sincero de los aportes de todos los sectores y destacar los puntos de unidad que suelen ser más que las diferencias, para reconducir la gestión hacia la búsqueda del bien común.

En este contexto arroja luz la explicación que hace Wojtyla sobre el sentido del diálogo. Es el diálogo una actitud que conduce a una forma adecuada de seleccionar y resaltar lo verdadero y lo bueno que surge en las situaciones controvertidas. En cambio, intenta eliminar las actitudes y opiniones parciales, preconcebidas o subjetivas que son el origen de enfrentamientos y conflictos empobrecedores de la comunidad. Los titulares de los medios en estos últimos días posteriores a la votación en el Senado, reflejan un reclamo social: la necesidad de diálogo para superar la crisis. La ciudadanía quiere evitar caer nuevamente en las actitudes que Wojtyla llama inauténticas del conformismo y la evasión. Un conformismo superficial o interesado que pretende evitarse problemas o busca ventajas inmediatas. La evasión se produce si los miembros de una sociedad pierden interés en la participación y están ausentes de la vida social porque se les impide toda colaboración. La democracia no se construye con dialécticas y enfrentamientos sino con el diálogo auténtico y la participación de todos. Tenemos que aprender el arte de dialogar, fomentar una actitud de verdadero interés en comprender a los demás y escucharles con verdadero interés. Diálogo es búsqueda del logos, de la verdad o de lo razonable entre dos que se escuchan y entienden….

[…]
Un ordenamiento democrático se basa en principios de solidaridad, en el esfuerzo del trabajo y en el ejercicio de la libertad. Exige reconocer íntegramente los derechos de la conciencia humana, escuchar al opositor del que se pueden obtener aportes para el bien común y reconocer los derechos de todos, sin distinción ni discriminación. En estos principios está el fundamento primario de todo ordenamiento político auténticamente libre.


viernes, 8 de abril de 2011

Juan Pablo II en la Argentina 1987 (14) con la comunidad judía en Buenos aires


Al llegar nuevamente a Buenos Aires y trasladarse a la Nunciatura Apostólica se encontró que la gente lo reclamaba y debió salir al balcón a saludar…..

Venia de Paraná, tierra de inmigrantes, donde celebró una conmovedora liturgia Nuestros antepasados . . . reconociendo que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra . . . buscaban una patria” (Hb 1, 13-14)

y terminaba su homilía-oración

El Señor “convirtió el desierto en un lago, / y la tierra reseca en un oasis: / allí puso a los hambrientos, / y ellos fundaron una ciudad habitable” (Sal 107 [106], 25-36.

¡La Ciudad permanente! ¡La Jerusalén celestial! Amén.”

Significativamente este Papa tan íntimamente ligado a la comunidad judía, sus “hermanos mayores”, ya desde su natal Wadowice (invito leer el post Las “raices” judìas de Karol Wojtyla por Gian Franco Svidercoschi) concluía el día con un encuentro en la Sede de la Nunciatura con representantes de la comunidad judía.

En su discurso el Papa agradeció su presencia y el deseo de encontrarse con él. Les recordaba que “sus encuentros con representantes de la comunidad judía constituyen desde el comienzo de mi pontificado, una cita frecuente, durante mis visitas a los diversos países. Esto no es algo casual, ni fruto solamente de un deber de cortesía.”

Y agregaba

“Bien sabéis que, desde el Concilio Vaticano II y su Declaración Nostra Aetate (cf. Nostra Aetate, 4), las relaciones entre la Iglesia católica y el Judaísmo han sido puestas sobre una nueva base, que es en realidad muy antigua, puesto que toca a la cercanía de nuestras respectivas religiones, unidas por aquello que el Concilio llama precisamente un “vínculo” espiritual.

Los años sucesivos, y el progreso constante del diálogo por ambas partes, han ahondado todavía más la conciencia de ese “vínculo” y la necesidad de afianzarlo siempre en el mutuo conocimiento, estima y superación de los prejuicios que en épocas pasadas nos han podido separar.”

Terminaba saludando “La paz con vosotros Shalom alehém

Muchas gracias tôdah rabâh.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Benedicto XVI - quien dijo que era un Papa no querido?

Me refiero a la visita del Santo Padre Benedicto XVI al Reino Unido - con estos comentarios con bastante atraso por cierto debido a mis vacaciones esos dias aunque algo ya postee - pero no quería dejar de recomendar algunos enlaces, agregandole un motivo adicional: mi eterno respeto y admiración por el Rev. Patrick Gould, pastor anglicano, esposo de una colega, pionero entre los suyos por su interés en la unión entre cristianos, cuando las posibilidades eran si no imposibles, absolutamente remotas. Desde su patria eterna seguramente habrá esbozado una sonrisa y acompañado al Santo Padre espiritualmente en cada uno de sus pasos.

Nuestro mundo tiene evidentemente tanta necesidad de acercamiento entre hermanos que hasta los medios mas hostiles (aunque no todos) han quedado impactados por la presencia del Papa Benedicto XVI en el Reino Unido, su llamado genuino de ecumenismo, su incesante búsqueda de unión, diálogo y comprensión. Este pontificado de Benedicto XVI nos lleva de sorpresa en sorpresa y supongo deja boquiabiertos a los representantes de la prensa, cuando todos esperaban un pontificado “transitorio” el Papa Benedicto nos esta llenando de riqueza.

Dejo aquí algunos enlaces de lo publicado en diferentes blogs los dias de la visita y posteriores, para quienes no lo han leido - no se lo pierdan!

En Forum Libertas leo que “El papa conquisto a todos en Gran Bretaña, a la multitud que lo siguió y a la prensa, en general a toda la prensa no solo británica sino internacional.”

En Scriptor que fue “Increíble la recepción de la prensa británica” Benedicto XVI: “¿Rottweiller? No, es un abuelo santo
sobre los prejuicios de la prensa y la realidad del viaje de Benedicto XVI al Reino Unido

Y Benedicto XVI y John Henry Newman, hoy, sobre la verdad y la conciencia

En La Buhardilla de Jerònimo El corazón hablo al corazón, desmintiendo todos los temores de la visita.

Y acerca de los resultados de su visita: “En Escocia: Notable aumento de participación en las Misas desde la visita del Santo Padre

El Papa Benedicto mismo, a su regreso, en la Audiencia General del 22 de septiembre hablo del viaje diciendo que “ Fue una visita oficial y, al mismo tiempo, una peregrinación al corazón de la historia….. un acontecimiento histórico, que ha marcado una nueva fase importante en el largo y complejo camino de las relaciones entre esas poblaciones y la Santa Sede.” Después de recibir una “cordial acogida” en todas partes expresò que el culmen de su visita al Reino Unido fue la beatificación del cardenal John Henry Newman, hijo ilustre de Inglaterra, que estuvo precedida y preparada por una vigilia especial de oración en un clima de profundo recogimiento. Alentò a la comunidad catòlica y le hablo “al corazón de todos los habitantes del Reino Unido, sin excluir a nadie, de la verdadera realidad del hombre, de sus necesidades más profundas y de su destino último.”

lunes, 11 de octubre de 2010

Benedicto XVI en el Reino Unido - necesidad de “diálogo de vida y diálogo de acción”


“Como seguidores de tradiciones religiosas diferentes que trabajamos juntos por el bien de toda la comunidad, ponemos de relieve la gran importancia de nuestra cooperación en común, que complementa el aspecto personal de nuestro continuo diálogo.”
[…]
En el plano espiritual, todos nosotros, por caminos diferentes, estamos personalmente comprometidos en un recorrido que da una respuesta al interrogante más importante: el relativo al sentido último de nuestra existencia humana. El anhelo por lo sagrado es la búsqueda de la cosa necesaria y la única que puede satisfacer las aspiraciones del corazón humano. En el siglo quinto, San Agustín describió esta búsqueda con las siguientes palabras: “Nos hiciste Señor para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” (Confesiones, libro I, 1). Cuando nos embarcamos en esta aventura, nos damos cuenta cada vez más de que la iniciativa no depende de nosotros, sino del Señor: no se trata tanto de que le buscamos a Él, sino que es Él quien nos busca a nosotros; más aún es quien ha puesto en nuestros corazones ese anhelo de Él.”
[…]
Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica ha dado especial relieve a la importancia del diálogo y la colaboración con los miembros de otras religiones. Y para que sea fecundo, es necesario que haya reciprocidad en cuantos dialogan y en los seguidores de otras religiones.
[…]
Este tipo de diálogo necesita llevarse a cabo en distintos niveles y no se debería limitar a discusiones formales. El diálogo de vida implica sencillamente vivir uno junto al otro y aprender el uno del otro de tal forma que se crezca en el conocimiento y el respeto recíproco. El diálogo de acción nos reúne en formas concretas de colaboración, y aplicamos nuestra dimensión religiosa a la tarea de la promoción del desarrollo humano integral, trabajando por la paz, la justicia y la utilización de la creación. Este tipo de diálogo puede incluir la búsqueda conjunta de maneras de defender la vida humana en todas sus etapas y también la manera de asegurar que no se excluya de la vida social la dimensión religiosa de individuos y comunidades. Después, en el ámbito de las conversaciones formales, existe no sólo la necesidad de coloquios teológicos, sino también la de compartir nuestra riqueza espiritual, hablando sobre nuestra experiencia de oración y contemplación y expresando la alegría mutua del encuentro con el amor divino.”

(Discurso del Santo Padre Benedicto XVI en su viaje apostólico al Reino Unido
– Encuentro con representantes del clero y fieles de otras religiones – Londres 17 de septiembre 2010)

miércoles, 13 de enero de 2010

El arte de dialogar

En momentos en que el ánimo general argentino sigue tan crispado como cuando la profesora Graciela M. Palau (*) escribió este articulo, destinado en principio a un matutino porteño - que luego fue publicado por el Instituto Mounier - sigue siendo tan oportuno como entonces reflexionar sobre el valor del diálogo, que ella hace a la luz de las enseñanzas de Karol Wojtyla / Juan Pablo II.
Agradezco a la profesora Palau el permiso para publicar este escrito en su totalidad
.

Detrás de la cortina de hierro, en el año 1970, un cardenal polaco, de enorme talla intelectual pero desconocido entonces fuera del ámbito eclesiástico, presentaba su mayor obra filosófica, Persona y Acción, ante un público de pensadores selectos. El lugar: la Universidad católica de Lublin donde Karol Wojtyla, con su característica actitud de apertura al diálogo, daba lugar a un debate sobre su libro entre expertos intelectuales polacos. En la parte final de ese escrito el autor hace una descripción de los modos auténticos de participación social y explica el significado de la solidaridad humana, uno de los principios básicos de la organización social y política. La actualidad de ese análisis para el momento que atraviesa nuestro país se muestra paradigmática. Intentar reflexionar sobre su aplicación a nuestra realidad puede iluminar su comprensión.

Solidaridad significa, según Wojtyla, una disposición constante a aceptar y a realizar la parte que a uno le corresponde en la comunidad en función del bien común. Esta orientación hacia el bien común es la que posibilita a cada uno saber cuándo es necesario aceptar una proporción mayor de la responsabilidad y actuación que normalmente le corresponden. La actitud solidaria de un miembro de una comunidad se manifiesta mediante la disposición a complementar lo que hacen los demás. Además, la solidaridad y la actitud que el autor denomina oposición constructiva no son intrínsecamente contradictorias. El opositor es solidario cuando no retira su disposición a actuar y trabajar por el bien común. Al contrario, el opositor es solidario porque quiere participar en su búsqueda. La actitud de oposición auténtica busca la participación social como consecuencia de una honda preocupación por el bien común. Por eso, piensa Wojtyla que el sistema social debe facilitar no sólo que la oposición constructiva se exprese a sí misma dentro del marco de la comunidad, sino también que actúe en beneficio de la comunidad. La búsqueda del bien común debe liberar y apoyar la actitud de solidaridad, pero nunca de forma que sofoque la oposición y se mantenga al margen de ella. Esa actitud solidaria y de apertura a los aportes de la oposición es lo que necesitamos los ciudadanos argentinos en las actuales circunstancias para afrontar esta etapa de nuestra historia. Es preciso un reconocimiento sincero de los aportes de todos los sectores y destacar los puntos de unidad que suelen ser más que las diferencias, para reconducir la gestión hacia la búsqueda del bien común.

En este contexto arroja luz la explicación que hace Wojtyla sobre el sentido del diálogo. Es el diálogo una actitud que conduce a una forma adecuada de seleccionar y resaltar lo verdadero y lo bueno que surge en las situaciones controvertidas. En cambio, intenta eliminar las actitudes y opiniones parciales, preconcebidas o subjetivas que son el origen de enfrentamientos y conflictos empobrecedores de la comunidad. Los titulares de los medios en estos últimos días posteriores a la votación en el Senado, reflejan un reclamo social: la necesidad de diálogo para superar la crisis. La ciudadanía quiere evitar caer nuevamente en las actitudes que Wojtyla llama inauténticas del conformismo y la evasión. Un conformismo superficial o interesado que pretende evitarse problemas o busca ventajas inmediatas. La evasión se produce si los miembros de una sociedad pierden interés en la participación y están ausentes de la vida social porque se les impide toda colaboración. La democracia no se construye con dialécticas y enfrentamientos sino con el diálogo auténtico y la participación de todos. Tenemos que aprender el arte de dialogar, fomentar una actitud de verdadero interés en comprender a los demás y escucharles con verdadero interés. Diálogo es búsqueda del logos, de la verdad o de lo razonable entre dos que se escuchan y entienden.

Como es sabido, la crisis de los sistemas que pretendían ser la salvación del proletariado en los países comunistas, comenzaron con las protestas en Polonia en nombre del movimiento Solidaridad. Fueron justamente los trabajadores los que desautorizaron la ideología que pretendía ser su voz. En la apreciación de Wojtyla, esos cambios se produjeron por una lucha pacífica, que empleó solamente las armas de la verdad y de la justicia. Una verdadera lección de la historia. Sin embargo, cegados a la realidad por el tejido de prejuicios ideológicos o por la ambición de venganza y de poder, esos regímenes consideraban que únicamente llevando hasta el extremo las confrontaciones sociales sería posible darles solución. La actitud confrontativa e impositiva es realmente incomprensible para el ciudadano común que vive en democracia. Pero, sobretodo, es una actitud que se mostró incapaz de diseñar y afrontar un proyecto de nación. Así como el ciudadano polaco se sentía obligado a aceptar una concepción de la realidad impuesta por la fuerza, el ciudadano que vive en democracia se resiste a aceptar un modelo de país impuesto y pide el diálogo, la paz social, la unidad y un proyecto de país que nos incluya a todos. El argentino es solidario y está acostumbrado a una movilidad social de la que se enorgullece y desea colaborar con el esfuerzo de su trabajo en un modelo de país productivo.

La denominada lucha del campo –aunque esta expresión bélica de lucha no es la más acertada para reflejarlo– tiene alguna semejanza con las luchas que han conducido a la caída de los regímenes del pasado. Son luchas, según afirma Juan Pablo II en Centesimus annus, que se caracterizaron por haber insistido tenazmente en intentar todas las vías de la negociación, del diálogo, del testimonio de la verdad, apelando a la conciencia del adversario y tratando de despertar en las autoridades el sentido común. Es el estilo de participación solidaria que colabora realmente en la construcción de una nación libre.

Un ordenamiento democrático se basa en principios de solidaridad, en el esfuerzo del trabajo y en el ejercicio de la libertad. Exige reconocer íntegramente los derechos de la conciencia humana, escuchar al opositor del que se pueden obtener aportes para el bien común y reconocer los derechos de todos, sin distinción ni discriminación. En estos principios está el fundamento primario de todo ordenamiento político auténticamente libre.

El Estado tiene que crear las condiciones favorables al libre ejercicio de la actividad económica para que exista una oferta abundante de oportunidades de trabajo y de fuentes de riqueza. Tiene que asegurar a todos, los derechos básicos para llevar una vida digna. La reciente participación cívica en nuestra democracia hace nacer las esperanzas de un cambio en las estructuras políticas y sociales de nuestro país, gravadas por la hipoteca de una dolorosa serie de injusticias y rencores. Es necesario forjar actitudes que faciliten que los complejos problemas de la actualidad, se resuelvan por medio del diálogo y de la solidaridad, en vez de la lucha para destruir al adversario. La educación forjadora de actitudes tiene un papel preponderante en la conformación de esta cultura.

El desarrollo de una auténtica cultura del trabajo y del diálogo será lo que ayude a participar de manera plenamente humana en la vida social. Son precisos los esfuerzos de todos los argentinos, los gobernantes y los legisladores, los de la ciudad y los del campo, los trabajadores de la industria y del comercio, los intelectuales, los educadores y los artistas… Todos tenemos que sumar para construir un futuro mejor, un orden social basado en el espíritu de trabajo esforzado, de colaboración y solidaridad.
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(*) autora del libro La autorrealización según el personalismo de K. Wojtyla publicado por EDUCA (Editorial de la Universidad Católica Argentina, 2007.