Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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sábado, 25 de mayo de 2013

Juan Pablo II a los argentinos: La verdad, aquella síntesis superadora


“Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn 8, 32) leemos en el Evangelio de San Juan. Las tensiones y conflictos que puedan aparecer en el panorama social son una invitación urgente, a menudo dolorosa, a que asumáis vuestra responsabilidad de hombres de cultura. He aquí un desafío para vuestro talento: mostrar a la sociedad que los enfrentamientos y las incomprensiones van frecuentemente ligadas a la ignorancia y al desconocimiento mutuo entre las partes: poner de manifiesto que la verdad es aquella síntesis superadora, capaz de resolver los problemas reales y los conflictos, de tal manera que los sectores rivales puedan reconocer su propia parte en un proyecto más íntegro y armónico, que abrace e incluya a todos en un esfuerzo común de civilización.

Soy consciente –como vosotros– de que esta tarea es ardua. No se trata de llegar a entendimientos ocasionales, más o menos superficiales, sino que es necesario ir a las raíces de los conflictos para descubrir y rescatar las diversas partes de verdad y recomponerlas en su unidad indivisible para que puedan expresar toda su profundidad. Esta labor exige paciencia, dedicación, espíritu tolerante y pluralista. A veces se experimentará el dolor de ver que desfallecen los ánimos, pero nunca ha de faltar la esperanza de llegar a superar los problemas que hoy nos aquejan.

No podemos olvidar que, en vuestro país ha existido siempre, desde sus comienzos, un particular interés por la cultura. Fue una decisión clarividente, tomada por las autoridades, desde épocas tempranas, la de empeñarse por hacer llegar la educación a todos los sectores de la población. El camino por recorrer en este campo es aún largo y difícil; pero no por eso os debe faltar el tesón y el entusiasmo, conscientes de que vuestras aportaciones no caerán en el vacío, sino que serán piedras sillares en la construcción de ese gran edificio que es la cultura de un pueblo.”


sábado, 25 de junio de 2011

Juan Pablo II - La cultura de una nación. Post dedicado a Eslovenia en su dia

(foto de una antigua fotografía - en poder de la familia del descubridor - del recipiente original Vaška situla o recipiente de Vače que se encuentra custodiado en el Museo Nacional de Ljubljana bajo siete llaves)


(réplica del recipiente Vaška situla o recipiente de Vače. Se trata del elemento esloveno más antiguo - entre siglos 6 y 5 A.C. - encontrado en 1882 en Vače, Eslovenia) – su descubridor fue Janez Grilc y sus descendientes siguen viviendo en el pueblo)


El 3 de junio de 1979 durante su primer viaje a Polonia en un discurso a los jóvenes en Gniezno Juan Pablo II les hablaba de la cultura, de la cultura polaca. Pero la mayor parte de su discurso es aplicable a todas las naciones y por eso le dedico este post a mi primera patria Eslovenia que hoy celebra con júbilo 20 años de su independencia, declarada durante la presidencia de Lojze Peterle, Presidente del primer gobierno democrático



“La cultura es la expresión del hombre, es la confirmación de la humanidad. El hombre la crea y, mediante ella, el hombre se crea a sí mismo. Se crea a sí mismo con el esfuerzo interior del espíritu, del pensamiento, de la voluntad, del corazón. Y, al mismo tiempo, crea la cultura en comunión con los otros. La cultura es la expresión del comunicar, del pensar juntos y del colaborar juntos de los hombres. Nace del servicio al bien común y se convierte en bien esencial de las comunidades humanas.
La cultura es sobre todo un bien común de la nación. La cultura polaca es un bien sobre el que se apoya la vida espiritual de los polacos. Nos distingue como nación. Decide sobre nosotros a lo largo de todo el curso de la historia, decide más todavía que la fuerza material. Mejor, más aún que las fronteras políticas. Se sabe que la nación polaca ha pasado la dura prueba de la pérdida de la independencia durante más de cien años. Y en medio de esa prueba ha permanecido siempre ella misma. Ha permanecido espiritualmente independiente porque ha tenido su propia cultura. Más aún, en el período de las divisiones la ha enriquecido y profundizado todavía más, porque sólo por medio de la creación puede conservarse una cultura.


3. La cultura polaca desde sus orígenes lleva signos cristianos bien claros. El bautismo que, durante todo el milenio, han recibido las generaciones de nuestros compatriotas, los introducía no sólo en el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, no los convertía sólo en hijos de Dios a través de la gracia, sino que encontraba una gran resonancia en la historia del pensamiento y en la creatividad artística, en la poesía, en la música, en el drama, en las artes plásticas, en la pintura y en la escultura.
Y así es hasta hoy. La inspiración cristiana no cesa de ser la fuente principal de la creatividad de los artistas polacos. La cultura polaca fluye siempre con una larga corriente de inspiraciones, que tienen su fuente en el Evangelio. Esto contribuye también al carácter profundamente humanístico de esta cultura. Esto la vuelve tan profunda y auténticamente humana, porque —como escribe A. Mickiewiez en los libros de la peregrinación polaca— "la civilización verdaderamente digna del hombre debe ser cristiana".
En las obras de la cultura polaca se refleja el alma de la nación. En ellas vive su historia, que es una escuela continua de sólido y leal patriotismo. Y por esto ella sabe proponer exigencias y sostener ideales, sin los cuales es difícil para el hombre creer en la propia dignidad y educarse a sí mismo.”

viernes, 5 de febrero de 2010

El Obispo y la cultura

(El cardenal Wojtyla en reunion con historiadores en la cripta de Wawel)

“Es sabido que no todos los obispos se muestran especialmente interesados en el dialogo con los intelectuales. Muchos anteponen las tareas pastorales, en el más amplio sentido de la palabra, al contacto con los hombres de ciencia. A mi juicio, sin embargo, vale la pena que los miembros del clero, sacerdotes y obispos, tengan una relación personal con el mundo de la ciencia y con sus protagonistas. En concreto, el obispo debería ocuparse de sus ateneos católicos. Y no solamente eso. Debería también mantener un estrecho contacto con toda la vida universitaria: leer, reunirse, discutir, informarse sobre todo lo que sucede en ese ámbito. Es obvio que un obispo, como tal, no está llamado a ser un científico, sino un pastor. No obstante, como obispo, no puede desinteresarse de esta componente de su grey y tiene la responsabilidad de recordar a los intelectuales el deber de servir a la verdad y de promover así el bien común.”

Juan Pablo II ¡Levantaos, Vamos! (p. 86-87)
Sudamericana Buenos Aires, 2004