Llamados a ser santos

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“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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martes, 17 de febrero de 2026

Concilio Vaticano II hoy – Leon XIV Dei Verbum - EL vinculo entre la Palabra de Dios y la Iglesia

 

En la catequesis de hoy – nos decia el Santo Padre - nos detendremos en la profunda y vital relación que existe entre la Palabra de Dios y la Iglesia, relación expresada en la Constitución conciliar Dei Verbum, en el capítulo sexto.* La Iglesia es el lugar proprio de la Sagrada Escritura. Bajo la inspiración del Espíritu Santo, la Biblia nació del pueblo de Dios, y está destinada al pueblo de Dios. En la comunidad cristiana tiene, por así decir, su habitat: efectivamente, en la vida y en la fe de la Iglesia encuentra el espacio donde revelar su significado y manifestar su fuerza.

El Vaticano II recuerda que «la Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la Palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo, sobre todo en la Sagrada Liturgia». Además, «siempre las ha considerado y considera, juntamente con la Sagrada Tradición, como la regla suprema de su fe» (Dei Verbum, 21).

La Iglesia nunca deja de reflexionar sobre el valor de las Sagradas Escrituras. Después del Concilio, un momento muy importante a este respecto fue la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema “La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia”, en octubre de 2008. El Papa Benedicto XVI recogió sus frutos en la Exhortación postsinodal Verbum Domini (30 de septiembre de 2010), en la que afirma: «Precisamente el vínculo intrínseco entre Palabra y fe muestra que la auténtica hermenéutica de la Biblia sólo es posible en la fe eclesial, que tiene su paradigma en el sí de María. […] El lugar originario de la interpretación escriturística es la vida de la Iglesia» (n. 29).

Al finalizar ofrece un breve resumen en español, que lee:

 La Constitución dogmática Dei Verbum reflexiona sobre el vínculo profundo que existe entre la Palabra de Dios y la Iglesia. La Biblia tiene su origen en el Pueblo de Dios, y a él va dirigida; esto significa que su fuerza y su significado se manifiestan plenamente en la vida y en la fe de la comunidad cristiana. La Iglesia anhela que todos sus miembros conozcan la Palabra de Dios y se alimenten de ella, para que se encuentren con Cristo y puedan dialogar con Él. Pero, además, la Palabra de Dios impulsa a la comunidad eclesial a salir más allá de sí misma y a ser misioneros de la Buena Noticia hasta los confines de la tierra.

En la Iglesia se aprende que Cristo es la Palabra viva del Padre, el Verbo de Dios hecho carne, nuestro Salvador. Por eso, todos los fieles están llamados a acercarse con amor y familiaridad a las Sagradas Escrituras, especialmente en la celebración de la Eucaristía y de los otros sacramentos

* El último capítulo de la Constitución

(Leer completo en el sitio de la santa Sede)

 

Concilio Vaticano II hoy – Leon XIV Dei Verbum - La Palabra de Dios en palabras humanas

 

En la Audiencia General del Miercoles 4 de febrero2026 el Papa Leon XIV aclara conceptos acerca de la Sagrada Escritura y su relación entre el Autor divino y los autores humanos delas Sagtradas Escrituras, refiriéndose al Capitulo IV de la Constituciòn, con un breve resumen en español que lee:

La Constitución conciliar Dei Verbum, sobre la cual estamos reflexionando en estas semanas, indica en la Sagrada Escritura, leída en la Tradición viva de la Iglesia, un espacio privilegiado de encuentro en el que Dios sigue hablando a los hombres y a las mujeres de todos los tiempos, para que, escuchándolo, puedan conocerlo y amarlo. Los textos bíblicos, sin embargo, no fueron escritos en un lenguaje celestial o sobrehumano. Como también nos enseña la realidad cotidiana, de hecho, dos personas que hablan lenguas diferentes no se entienden entre ellas, no pueden entrar en diálogo, no logran establecer una relación.

()

Resumen final leído por el Santo Padre en español:

La Constitución dogmática Dei Verbum nos indica que la Sagrada Escritura, leída en la Tradición viva de la Iglesia, es un espacio privilegiado en el que Dios continúa hablando a los hombres y mujeres de todos los tiempos.

Para comunicarse, Dios se vale de lenguajes humanos y, así, diversos autores, inspirados por el Espíritu Santo, redactaron los textos de la Sagrada Escritura. Esto nos muestra que Dios es condescendiente, cercano y misericordioso no sólo en el contenido de su mensaje sino también en el modo de expresarlo, es decir, en el lenguaje que utiliza, accesible a todas las personas.

La Escritura, por tanto, es palabra de Dios en palabras humanas. Cualquier acercamiento a ella que descuide o niegue una de estas dos dimensiones resulta parcial. Este principio vale también para el anuncio de la Palabra de Dios: sin olvidar el origen divino de la Escritura, es necesario transmitirla de modo que sea comprensible y se encarne en la realidad de los creyentes de hoy.

(Leer completo en el sitio de la Santa Sede)

 

 

Concilio Vaticano II hoy – Leon XIV Dei Verbum - La Sagrada Escritura y la Tradicion

 

 ( Estoy de regreso - He estado de vacaciones)

En la Audiencia General del Miércoles 28 de enero el Papa Leon XIV,continuando con la Constitución conciliar Dei Verbum, se refirió a la relación entre la Sagrada Escritura y la Tradición. 

Podemos tomar como fondo- decía - dos escenas evangélicas. En la primera, que tiene lugar en el Cenáculo, Jesús, en su gran discurso-testamento dirigido a los discípulos, afirma: «Os he dicho estas cosas mientras estoy todavía con vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho. […] Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará a la verdad completa» (Jn 14,25-26; 16,13).

La segunda escena nos lleva, en cambio, a las colinas de Galilea. Jesús resucitado se muestra a los discípulos, que están sorprendidos y dudosos, y les da una consigna: «Id y haced discípulos a todas las naciones, […] enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado» (Mt 28,19-20). En ambas escenas es evidente la íntima relación entre la palabra pronunciada por Cristo y su difusión a lo largo de los siglos.

Es lo que afirma el Concilio Vaticano II recurriendo a una imagen sugerente: «La Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición están estrechamente unidas y se comunican entre sí. Puesto que ambas proceden de la misma fuente divina, forman en cierto modo un todo y tienden al mismo fin» (Dei Verbum, 9). La Tradición eclesial se ramifica a lo largo de la historia a través de la Iglesia, que custodia, interpreta y encarna la Palabra de Dios. El Catecismo de la Iglesia Católica (cf. n. 113) remite, a este respecto, a un lema de los Padres de la Iglesia: «La Sagrada Escritura está escrita en el corazón de la Iglesia antes que en instrumentos materiales», es decir, en el texto sagrado.

Finalizada la Audiencia el Santo Padre leyó un breve resumen en español:

Continuamos reflexionando sobre la Constitución dogmática Dei Verbum. Hoy consideramos el vínculo existente entre la Sagrada Escritura y la Tradición. La promesa del Paráclito que escuchamos hoy, y el mandato de Jesús: «Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, [...] enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado», nos ayudan a comprender que «la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura están íntimamente unidas y compenetradas. Porque surgiendo ambas de la misma divina fuente, se funden en cierto modo y tienden a un mismo fin» (DV, 9).

La Palabra de Dios, gracias a la acción del Espíritu Santo, se ramifica en la historia a través de la Iglesia, la cual salvaguarda, interpreta y encarna dicha Palabra. Este “depósito” sigue hoy en manos de la Iglesia y todos nosotros hemos de seguir protegiéndolo en su integridad, como una estrella polar para nuestro camino en la complejidad de la historia y de la existencia.

 (Leercompleto en el sitio de la Santa Sede) 

 

viernes, 23 de enero de 2026

Concilio Vaticano II hoy - Leon XIV Dei Verbum - la divina Revelaciòn

 


El pasado miércoles 21 de enero elPapa Leon XIV continúo con las catequesis sobre la Constitución Dogmática  Dei Verbum del Concilio Vaticano II. Esta vez sobre la Divina revelación,  objeto de la Constitución cuyo nombre completo es  Constitución Dogmática Dei Verbum sobre la Divina Revelación.

Entre otros decia el Papa Leon XIV:

Hemos visto que Dios se revela en un diálogo de alianza, en el que se dirige a nosotros como a amigos. Se trata, entonces, de un conocimiento relacional, que no solo comunica ideas, sino que comparte una historia y llama a la comunión en la reciprocidad.

El cumplimiento de esta revelación se realiza en un encuentro histórico y personal en el cual Dios mismo se entrega a nosotros, haciéndose presente, y nosotros nos descubrimos conocidos en nuestra verdad más profunda.

Es lo que sucedió en Jesucristo. Dice el Documento: «La verdad íntima acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación» (DV, 2).

(…)

En efecto, en Cristo, Dios se nos ha comunicado a sí mismo y, al mismo tiempo, nos ha manifestado nuestra verdadera identidad de hijos, creados a imagen del Verbo. Este «Verbo eterno ilumina a todos los hombres» (DV, 4) revelando su verdad en la mirada del Padre: «Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» (Mt 6,4.6.8), dice Jesús; y añade que «el Padre conoce bien nuestras necesidades (cf. Mt 6,32).

Jesucristo es el lugar en el cual reconocemos la verdad de Dios Padre, mientras nos descubrimos conocidos por Él como hijos en el Hijo, llamados al mismo destino de vida plena. San Pablo escribe: «Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, [...] para hacernos hijos adoptivos. Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios infundió en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo: “¡Abba!, es decir, ¡Padre!”» (Gal 4,4-6).

Por último, Jesucristo es revelador del Padre con su propia humanidad. Precisamente porque es el Verbo encarnado que habita entre los seres humanos, Jesús nos revela a Dios con su verdadera e íntegra humanidad: «Por eso – dice el Concilio –, ver al cual es ver al Padre (cf. Jn 14,9), con su total presencia y manifestación personal, con palabras y obras, señales y milagros, y, sobre todo, con su muerte y resurrección gloriosa de entre los muertos; finalmente, con el envío del Espíritu de verdad, completa la revelación» (DV, 4).

Para conocer a Dios en Cristo debemos acoger su humanidad integral: la verdad de Dios no se revela plenamente cuando se le quita algo a lo humano, así como la integridad de la humanidad de Jesús no disminuye la plenitud del don divino. Es la humanidad integral de Jesús la que nos revela la verdad del Padre (cf. Jn 1,18).

(…) siguiendo hasta el final el camino de Jesús, llegamos a la certeza de que nada podrá separarnos del amor de Dios: «Si Dios está con nosotros – escribe san Pablo –, ¿quién estará contra nosotros? El que no escatimó a su propio Hijo, […] ¿no nos concederá con él toda clase de favores?» (Rm 8,31-32). Gracias a Jesús, el cristiano conoce a Dios Padre y se abandona a Él con confianza.

En el conocimiento mediante la fe el hombre acepta como verdad todo el contenido sobrenatural y salvífico de la Revelación; sin embargo, este hecho lo introduce, al mismo tiempo, en una relación profundamente personal con Dios mismo que se revela. Si el contenido propio de la Revelación es la "auto-comunicación" salvífica de Dios, entonces la respuesta de la fe es correcta en la medida en que el hombre —aceptando como verdad ese contenido salvífico—, a la vez, "se abandona totalmente a Dios". Sólo un completo "abandono a Dios" por parte del hombre constituye una respuesta adecuada.

Invito leer en este blog: Creer - Que es creer? Audiencias del Papa Juan Pablo IIsobre el mismo tema.

miércoles, 21 de enero de 2026

Concilio Vaticano II hoy - Leon XIV Dei Verbum “Yo los llamo amigos”

 


 “Yo los llamo amigos”

Dios nos habla

Cultivar la escucha

Necesidad de la oración

Solo cuando hablamos con Dios podemos también hablar de Él.

 

Tal como ya había anunciado y después de la catequesis introductoria del miércoles7 de enero,   la semana pasada el Papa Leon XIV comenzaba  su Audiencia  recordándonos  la catequesis pasada y ya entrndo a a “profundizar en la Constitución dogmática Dei Verbum sobre la divina Revelación. Se trata de uno de los documentos más bellos y más importantes de la asamblea conciliar; para introducirnos en él, puede sernos útil recordar las palabras de Jesús: «Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre» (Jn 15, 15). Este es un punto fundamental de la fe cristiana que nos recuerda la Dei Verbum: Jesucristo transforma radicalmente la relación del hombre con Dios; de ahora en adelante, será una relación de amistad. Por eso, la única condición de la nueva alianza es el amor.”

 (…)

Las palabras del Señor Jesús que hemos recordado – “Yo los llamo amigos” – son retomadas en la Constitución Dei Verbum, que afirma: «Por esta revelación, Dios invisible (cfr. Col 1,15; 1Tm 1,17) habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor, y mora con ellos (cfr. Bar 3,38), para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía» (n. 2). El Dios del Génesis ya se manifestó a nuestros primeros padres, dialogando con ellos (cfr. Dei Verbum, 3); y cuando este diálogo se interrumpió a causa del pecado, el Creador no dejó de procurar encontrarse con sus criaturas y establecer una alianza con ellas cada vez. En la Revelación cristiana, es decir, cuando Dios se hace carne en su Hijo para venir a buscarnos, el diálogo que se había interrumpido se restablece de manera definitiva: la Alianza es nueva y eterna, nada nos puede separar de su amor. La Revelación de Dios, por tanto, posee el carácter dialógico de la amistad y, como sucede en la experiencia de la amistad humana, no soporta el mutismo, sino que se alimenta del intercambio de palabras verdaderas.

La Constitución Dei Verbum nos recuerda también esto: Dios nos habla. Es importante comprender la diferencia entre la palabra y la charla: esta última se detiene en la superficie y no realiza una comunión entre las personas, mientras que en las relaciones auténticas, la palabra no solo sirve para intercambiar informaciones y noticias, sino también para revelar quiénes somos. La palabra posee una dimensión reveladora que crea una relación con el otro. Así, hablándonos, Dios se nos revela como Aliado que nos invita a la amistad con Él.

Desde esta perspectiva, la primera actitud que hemos de cultivar es la escucha, para que la Palabra divina pueda penetrar en nuestras mentes y en nuestros corazones. Al mismo tiempo, estamos llamados a hablar con Dios, no para comunicarle lo que Él ya sabe, sino para revelarnos a nosotros mismos.

De ahí la necesidad de la oración, en la que estamos llamados a vivir y a cultivar la amistad con el Señor. Esto se realiza, primeramente, en la oración litúrgica y comunitaria, en la que no somos nosotros quienes decidimos qué escuchar de la Palabra de Dios, sino que es Él mismo quien nos habla por medio de la Iglesia. Además, se cumple en la oración personal, que tiene lugar en el interior del corazón y de la mente. Durante la jornada y la semana del cristiano no puede faltar el tiempo dedicado a la oración, a la meditación y a la reflexión. Solo cuando hablamos con Dios podemos también hablar de Él.

martes, 20 de enero de 2026

Concilio Vaticano II hoy - De la «Dei Verbum» al Sínodo sobre la Palabra de Dios Papa Benedicto XVI

 


Con la XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre la Palabra de Dios, somos conscientes de haber tocado en cierto sentido el corazón mismo de la vida cristiana, en continuidad con la anterior Asamblea sinodal sobre la Eucaristía como fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia. En efecto, la Iglesia se funda sobre la Palabra de Dios, nace y vive de ella.[2] A lo largo de toda su historia, el Pueblo de Dios ha encontrado siempre en ella su fuerza, y la comunidad eclesial crece también hoy en la escucha, en la celebración y en el estudio de la Palabra de Dios. Hay que reconocer que en los últimos decenios ha aumentado en la vida eclesial la sensibilidad sobre este tema, de modo especial con relación a la Revelación cristiana, a la Tradición viva y a la Sagrada Escritura. A partir del pontificado del Papa León XIII, podemos decir que ha ido creciendo el número de intervenciones destinadas a aumentar en la vida de la Iglesia la conciencia sobre la importancia de la Palabra de Dios y de los estudios bíblicos,[3] culminando en el Concilio Vaticano II, especialmente con la promulgación de la Constitución dogmática Dei Verbum, sobre la divina Revelación. Ella representa un hito en el camino eclesial: «Los Padres sinodales... reconocen con ánimo agradecido los grandes beneficios aportados por este documento a la vida de la Iglesia, en el ámbito exegético, teológico, espiritual, pastoral y ecuménico».[4] En particular, ha crecido en estos años la conciencia del «horizonte trinitario e histórico salvífico de la Revelación»,[5] en el que se reconoce a Jesucristo como «mediador y plenitud de toda la revelación».[6] La Iglesia confiesa incesantemente a todas las generaciones que Él, «con su presencia y manifestación, con sus palabras y obras, signos y milagros, sobre todo con su muerte y resurrección gloriosa, con el envío del Espíritu de la verdad, lleva a plenitud toda la revelación».[7]

De todos es conocido el gran impulso que la Constitución dogmática Dei Verbum ha dado a la revalorización de la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia, a la reflexión teológica sobre la divina revelación y al estudio de la Sagrada Escritura. En los últimos cuarenta años, el Magisterio eclesial se ha pronunciado en muchas ocasiones sobre estas materias.[8] Con la celebración de este Sínodo, la Iglesia, consciente de la continuidad de su propio camino bajo la guía del Espíritu Santo, se ha sentido llamada a profundizar nuevamente sobre el tema de la Palabra divina, ya sea para verificar la puesta en práctica de las indicaciones conciliares, como para hacer frente a los nuevos desafíos que la actualidad plantea a los creyentes en Cristo.

(de la Exhortaciòn Apostólica Postsinodal Verbum Domini del Santo Padre Benedicto XVI, sobre la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia.


Invito leer: Benedicto XVI y la Biblia - Miren Junkal Guevara Llaguno

Concilio Vaticano II hoy - La redacción del capítulo V de Dei Verbum

 


En noviembre de 1965 fue promulgada la Constitución dogmática Dei Verbum, sobre la divina Revelación, uno de los documentos más logrados del Concilio Vaticano II. El capítulo quinto, dedicado al Nuevo Testamento, abordó, entre otras cuestiones, uno de los temas nucleares de todo el documento: la historicidad de los Evangelios (n. 19). La compleja arquitectura de los cuatro números que componen dicho capítulo quinto (nn. 17-20) puede comprenderse mucho mejor cuando se estudia su iter redaccional, que va desde el Esquema propuesto al comenzar el Concilio, hasta el texto finalmente aprobado, pasando por tres Esquemas intermedios. Cincuenta años después de la Dei Verbum, un repaso de los trabajos de entonces puede ayudarnos a captar mejor hasta qué punto se ha avanzado en las perspectivas abiertas entonces, y cuáles son las tareas aún pendientes.

 

1.      EL NUEVO TESTAMENTO EN LA DEI VERBUM

 

En el Concilio Vaticano II, las cuestiones relativas al Nuevo Testamento son tratadas, de un modo específico, en la Constitución Dogmática Dei Verbum, sobre la Revelación divina, concretamente, en su capítulo quinto1 . Este documento es uno de los textos más logrados del Concilio. Aunque no aborda todos los temas fundamentales en torno a la Sagrada Escritura, sí refleja un avance muy importante, tanto en perspectivas como en contenidos, respecto a documentos anteriores. Un estudio atento de Dei Verbum revela una arquitectura extremadamente compleja. Esto es consecuencia del modo propio de trabajar del Concilio, que, aunque parte de un primer esquema con una redacción más bien unitaria, llevada a cabo por unas pocas personas, lo va modificando poco a poco, por medio de enmiendas tanto a textos amplios como a pequeños detalles, hasta alcanzar una aprobación lo más unánime posible entre los Padres conciliares 2 . Esto hace que en ocasiones nos encontremos con pasajes poco claros o aparentemente mal encajados, pero cuyo sentido correcto puede entenderse mejor una vez que se hayan estudiado los entresijos de sus historias redaccionales 3 . En este trabajo se pretende explicitar los aspectos más importantes que están detrás de la evolución en la redacción de los puntos del capítulo V, y poner así de relieve las perspectivas que abrió el Vaticano II en los estudios sobre el Nuevo Testamento.

El texto final de Dei Verbum tuvo su origen remoto, por lo que a los trabajos conciliares se refiere, en los pareceres enviados a Roma, previa petición por parte de la Comisión Antepreparatoria del Concilio, creada el 17 de mayo de 19594 . Después de dos años de preparación de posibles esquemas de trabajo, en los que predominó el tono apologético defensivo y de condena, se elaboró un texto base, que, después de todo, no sería aceptado para discusión por la mayoría de los Padres conciliares, y sería retirado el 21 de noviembre de 1962. De aquí en adelante, los trabajos siguieron un camino tortuoso, en cuyo decurso influyeron, en opinión de Ratzinger, tres factores fundamentales: el nuevo planteamiento del fenómeno de la tradición, que se estaba desarrollando, por diversas razones, desde inicios del siglo XIX; el problema teológico ocasionado por la aplicación de los métodos histórico-críticos a la interpretación de la Sagrada Escritura; y el movimiento bíblico, que se estaba haciendo cada vez más fuerte, y que estaba generando una nueva actitud hacia la Escritura en el mundo católico5 . En este iter se elaboraron los siguientes esquemas, que serán citados más adelante, en el estudio redaccional de los puntos concernientes al capítulo V: Texto A (13.II.1961), Texto B (9.XI.1961) y Texto C (23.VII.1962), todos ellos del periodo preparatorio; Texto D o prior (22.IV.1963), Texto E o emendatus (3.VII.1964), Texto F o denuo emendatus (20.XI.64) y Texto G o adprobatus (18.XI.1965), del periodo conciliar.

 

Textocompleto de LA REDACCION DEL CAPITULO V DE LA DEI VERBUM -  Juan Luis CABALLERO – Pablo EDO ProfesoresFacultad de Teología. Universidad de Navarra en pdf

sábado, 17 de enero de 2026

El Concilio Vaticano II hoy. "Dei Verbum" : El Papa Leon XIV nos recuerda que Dios se revela en la historia

 


Tras la catequesis del Papa León XIV, en la audiencia general del pasado miércoles, dedicada a la Constitución Dogmática Conciliar, el presidente de la Asociación Bíblica Italiana se centra en el significado más profundo del documento: «El texto permite comprender la perspectiva correcta a través de la cual la Iglesia ha repensado su misión en el mundo».

La primacía de la historia, la lectura de los textos sagrados, la relación de amistad con el Señor, la oración. El Papa León XIV centró  su  catequesis en la audiencia general del miércoles pasado en el Aula Pablo VI, como parte de una nueva serie dedicada al redescubrimiento de los documentos del Concilio Vaticano II. « Dei Verbum aclara el significado y la manera en que Dios se revela a la humanidad», afirma el padre Maurizio Girolami , presidente de la Asociación Bíblica Italiana. Y «es significativo», añade, «que el Papa haya elegido comenzar precisamente con el capítulo introductorio de este documento, que define el diálogo entre Dios y la humanidad como un diálogo que se desarrolla en una relación de amistad».

Una larga gestación

«Dios se revela ante todo a través de palabras auténticas», añade el padre Girolami, recordando cómo el Papa enfatizó la diferencia entre las palabras y la mera charlatanería, así como la importancia de dedicarse a la oración. «Dios también se revela a través de acontecimientos íntimamente relacionados», subraya el sacerdote, quien nos invita a considerar el largo período de gestación de la Dei Verbum,  texto aprobado el 18 de noviembre de 1965, pocas semanas antes de la clausura de la reunión el 8 de diciembre. «De hecho, fue uno de los primeros textos presentados por la comisión preparatoria».

El contexto histórico-cultural

¿Cuál es la razón de este largo proceso? «Los Padres Conciliares», explica el sacerdote, «necesitaban ponerse de acuerdo sobre cómo entender la revelación cristiana: si se trataba simplemente de palabras, verdades reveladas, o si, como enseña la Sagrada Escritura, existía una historia que abrazar, compuesta tanto de palabras como de acontecimientos». El contexto cultural, teológico y filosófico de la época, aún marcado por la Ilustración y el positivismo, así como por la gran controversia con la Reforma Protestante, había estimulado esta reflexión, que llevó a situar la historia en el centro del misterio de la revelación divina. «No se trata solo de tener textos», dice el padre Girolami, «el cristianismo no es la religión del libro, sino que, como también nos dijo el papa Benedicto XVI, es ante todo el encuentro con lo vivo, del que la Sagrada Escritura es sin duda el testigo privilegiado, pero no sin el canal que lo transmite, es decir, la tradición y la vida de la Iglesia».

La mirada a la realidad

Don Girolami también cita la reciente carta apostólica del Papa León XIII, "Una fidelidad que genera futuro ", publicada el 22 de diciembre, con motivo del sexagésimo aniversario de los decretos conciliares Optatam Totius y Presbyterorum Ordinis . Ambos documentos sobre la formación sacerdotal están en plena sintonía con el espíritu de la Dei Verbum . "Los Padres Conciliares", explica, "exigieron una profunda revisión de los estudios teológicos, porque, obviamente, ya no se trataba de estudiar verdades reveladas, como si Dios quisiera revelar algo de sí mismo de forma abstracta, como si se tratara de una filosofía para aprender. En cambio, era necesario situarse en el contexto histórico, sabiendo escuchar la historia".

«La Biblia», continúa Don Girolami, «nos dice que es a través de rostros, encuentros y personas que Dios revela su plan de salvación». Y es precisamente aquí donde reside el poder de la constitución dogmática, que invita a todos los creyentes —no solo a los especialistas— a leer la Sagrada Escritura y a familiarizarse con los Textos Sagrados. «Es gracias a la Dei Verbum  », enfatiza el presidente de la Asociación Bíblica Italiana, «que hoy podemos decir que el Señor sigue acompañando a su Iglesia y revelando su rostro a través de la vida de la Iglesia. Nuestra catequesis, nuestra enseñanza teológica, ya no es una repetición de fórmulas prefabricadas, por muy correctas que sean, que corren el riesgo de no comunicar nada. En cambio, es la Iglesia la que se pregunta continuamente cómo proclamar el Evangelio eterno de Jesucristo en la historia, hoy, con el lenguaje del hombre contemporáneo».

El proceso de renovación

El documento, por lo tanto, proporcionó el marco teológico para todo el Concilio Vaticano II. « La Dei Verbum nos permite comprender el espíritu y la perspectiva correcta con la que la Iglesia se replanteó a sí misma, su misión en el mundo, el significado de la Sagrada Escritura y la tradición, y cómo vivir la experiencia cristiana hoy, dando primacía y valor a la historia y a este mundo amado por Dios». Según Don Maurizio Girolami, además, la intuición teológica de la constitución dogmática es la base de todo el proceso de renovación establecido por el Concilio: desde la liturgia hasta el lenguaje, pasando por las estructuras e instituciones. «Probablemente», concluye, «si la Dei Verbum no hubiera existido , toda la vida de la Iglesia, la nueva evangelización de todos los Pontífices recientes, no habría tenido la profundidad teológica que ha tenido». 

- Eugenio Bonanata, Vatican News