Llamados a ser santos

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“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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sábado, 28 de marzo de 2026

Domingo de Ramos - El misterio de la cruz y los jóvenes - sentido pleno de la vida – JMJ 2004

 


Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor!" (Lc 19, 38).

”Con estas palabras, la población de Jerusalén acogió a Jesús en su entrada en la ciudad santa, aclamándolo como rey de Israel. Sin embargo, algunos días más tarde, la misma multitud lo rechazará con gritos hostiles: "¡Que lo crucifiquen, que lo crucifiquen!" (Lc 23, 21). La liturgia del domingo de Ramos nos hace revivir estos dos momentos de la última semana de la vida terrena de Jesús. Nos sumerge en aquella multitud tan voluble, que en pocos días pasó del entusiasmo alegre al desprecio homicida.

En el clima de alegría, velado de tristeza, que caracteriza el domingo de Ramos, celebramos la XIX Jornada mundial de la juventud. Este año tiene por tema: "Queremos ver a Jesús" (Jn 12, 21), la petición que dirigieron a los Apóstoles "algunos griegos" (Jn 12, 20) que habían acudido a Jerusalén para la fiesta de Pascua. Ante la multitud que se había congregado para escucharlo, Cristo proclamó: "Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí" (Jn 12, 32). Así pues, esta es su respuesta: todos los que buscan al Hijo del hombre, lo verán, en la fiesta de Pascua, como verdadero Cordero inmolado por la salvación del mundo. En la cruz, Jesús muere por cada uno y cada una de nosotros. Por eso, la cruz es el signo más grande y elocuente de su amor misericordioso, el único signo de salvación para todas las generaciones y para la humanidad entera.

Hace veinte años, al concluir el Año santo de la redención, entregué a los jóvenes la gran cruz de aquel jubileo. En aquella ocasión, los exhorté a ser discípulos fieles de Cristo, Rey crucificado, que "se nos presenta como Aquel que (...) libera al hombre de lo que limita, disminuye y casi destruye esta libertad en sus mismas raíces, en el alma del hombre, en su corazón, en su conciencia" (Redemptor hominis,  Desde entonces, la cruz sigue recorriendo numerosos países, como preparación para las Jornadas mundiales de la juventud. Durante sus peregrinaciones, ha recorrido los continentes: como antorcha que pasa de mano en mano, ha sido transportada de un país a otro; se ha convertido en el signo luminoso de la confianza que impulsa a las jóvenes generaciones del tercer milenio.

Queridos jóvenes, celebrando el vigésimo aniversario del inicio de esta extraordinaria aventura espiritual, permitidme que os renueve la misma consigna de entonces: "Os confío la cruz de Cristo. Llevadla por el mundo como señal del amor de nuestro Señor Jesucristo a la humanidad, y anunciad a todos que sólo en Cristo muerto y resucitado está la salvación y la redención" (Clausura del Año jubilar de la Redención, 22 de abril de 1984: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 29 de abril de 1984, p. 12). Ciertamente, el mensaje que la cruz comunica no es fácil de comprender en nuestra época, en la que se proponen y buscan como valores prioritarios el bienestar material y las comodidades. Pero vosotros, queridos jóvenes, ¡no tengáis miedo de proclamar en toda circunstancia el evangelio de la cruz! ¡No tengáis miedo de ir contra corriente!

"Cristo... se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó" (Flp 2, 6. 8-9). El admirable himno de la carta de san Pablo a los Filipenses acaba de recordarnos que la cruz tiene dos aspectos inseparables: es, al mismo tiempo, dolorosa y gloriosa. El sufrimiento y la humillación de la muerte de Jesús están íntimamente unidos a la exaltación y a la gloria de su resurrección. Queridos hermanos y hermanas; amadísimos jóvenes, tened siempre presente esta consoladora verdad. La pasión y la resurrección de Cristo constituyen el centro de nuestra fe y nuestro apoyo en las inevitables pruebas diarias. María, la Virgen de los Dolores y testigo silenciosa del gozo de la Resurrección, os ayude a seguir a Cristo crucificado y a descubrir en el misterio de la cruz el sentido pleno de la vida. ¡Alabado sea Jesucristo!”

 

 (Homilía del Santo Padre Juan Pablo II en la Misa del Domingo de Ramos – XI Jornada Mundial de la Juventud- Domingo 4 de abril de 2004


 

viernes, 31 de marzo de 2023

Domingo de Ramos “Quien es Jesucristo”?

 


“El relato de la pasión del Señor nos acompaña hoy hasta el momento en que el cuerpo de Jesús, muerto en la cruz, queda puesto en un sepulcro de piedra. Y, sin embargo, la liturgia de hoy quiere introducirnos más profundamente en el misterio pascual de Jesucristo. Por eso, el texto conciso de la segunda lectura, tomado de la Carta de San Pablo a los Filipenses, es clave para descubrir, en el trasfondo de los acontecimientos de la Semana Santa, la plena dimensión del misterio divino.

 ¿Quién es Jesucristo

podríamos preguntarnos de nuevo, como aquellos que lo vieron entrar en Jerusalén.

Jesucristo, “siendo de naturaleza divina, no consideró como presa codiciada el ser igual a Dios. Por el contrario, se anonadó a Sí mismo tomando la forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres” (Flp 2, 6-7).

Jesucristo es por tanto verdadero Dios, Hijo de Dios, el cual, habiendo asumido la naturaleza humana, se hizo hombre. Vivió sobre esta tierra como Hijo del hombre. Y en El, precisamente en cuanto Hijo del hombre, tuvo cumplimiento la figura del Siervo de Yavé, anunciado por Isaías.”

 

(JuanPablo II Domingo de Ramos 1987 – JMJ Buenos Aires)

"Queremos ver a Jesús" (Jn 12, 21), la Cruz de los jovenes y el Domingo de Ramos

 

(imagen de Wikimedia)

Revisando los textos de los Mensajes de Juan Pablo II a los jóvenes para las JMJ encuentro  este Discurso del 1 de abril de 2004 como preparaciónpara la  XIX JMJ diocesana y celebrada en Roma el Domingo de Ramos 2004, en lo que fue su última Jornada. No puedo quitarle nada, la cita es textual del sitio de la Santa Sedesolo he omitido los saludos dirigidos a las autoridades locales y la referencia a un Foro juvenil que se realizaría en Roma en octubre. Un discurso para leer detenidamente y volver a leer….

1. "Queremos ver a Jesús" (Jn 12, 21). Es la petición que algunos "griegos", que habían acudido a Jerusalén para la Pascua, dirigen a Felipe. El Maestro, advertido de este deseo, comprende que ha llegado su "hora". La "hora" de la cruz, de la obediencia al Padre siguiendo la suerte del grano de trigo que, cayendo en tierra, se pudre y muere para producir fruto. 

Para Jesús ha llegado también la "hora" de la gloria. La "hora" de la pasión, muerte, resurrección y ascensión al cielo. La "hora" en que entregará su vida para recobrarla de nuevo y donarla a todos. La "hora" en que, en la cruz, vencerá el pecado y la muerte en beneficio de toda la humanidad. 

También nosotros estamos llamados a vivir esa "hora", para ser "honrados" juntamente con él por el Padre. 

[…]

2. Hace veinte años, al concluir el Año santo de la Redención, entregué a los jóvenes la cruz, el madero en el que Cristo fue elevado de la tierra y vivió la "hora" para la cual había venido al mundo. Desde entonces esa cruz, peregrinando de una Jornada de la juventud a otra, está recorriendo el mundo sostenida por los jóvenes y anuncia el amor misericordioso de Dios, que sale al encuentro de todas sus criaturas para restituirles la dignidad perdida a causa del pecado. 

Gracias a vosotros, queridos amigos, millones de jóvenes, al mirar esa cruz, han cambiado su existencia, comprometiéndose a vivir como auténticos cristianos. 

3. Amadísimos jóvenes, permaneced unidos a la cruz. Mirad la gloria que os espera también a vosotros. ¡Cuántas heridas sufre vuestro corazón, a menudo causadas por el mundo de los adultos! Al entregaros una vez más idealmente la cruz, os invito a creer que somos muchos los que confiamos en vosotros, que Cristo confía en vosotros y que sólo en él está la salvación que buscáis.

¡Cuán necesario resulta hoy renovar el modo de acercarnos a los jóvenes para anunciarles el Evangelio! Ciertamente, debemos replantear nuestra propia situación para evangelizar el mundo juvenil, pero con la certeza de que también hoy Cristo desea que lo vean, de que también hoy quiere mostrar a todos su rostro. 

4. Queridos jóvenes, no tengáis miedo de emprender caminos nuevos de entrega total al Señor y de misión; sugerid vosotros mismos cómo llevar hoy la cruz al mundo. 

[…]

Alimentados con la Eucaristía, unidos a la Iglesia y aceptando vuestras cruces, haced que explote en el mundo vuestra carga de fe y anunciad a todos la misericordia divina. 

5. En este camino, no tengáis miedo de fiaros de Cristo. Ciertamente, amáis el mundo, y hacéis bien, porque el mundo fue creado para el hombre. Sin embargo, en un determinado momento de la vida, es preciso hacer una opción radical. Sin renegar de nada de lo que es expresión de la belleza de Dios y de los talentos recibidos de él, hay que ponerse de parte de Cristo, para testimoniar ante todos el amor de Dios. 

A este respecto, me complace recordar la gran atracción espiritual que ejerció en la historia de mi vocación la figura del santo fray Alberto, Adam Chmielowski -así se llamaba-, que no era sacerdote. Fray Alberto era pintor de gran talento y cultura. Pues bien, en un determinado momento de su vida, rompió con el arte, porque comprendió que Dios lo llamaba a tareas mucho más importantes. Se trasladó a Cracovia, para hacerse pobre entre los más pobres, entregándose al servicio de los desheredados. En él encontré un gran apoyo espiritual y un ejemplo para alejarme de la literatura y del teatro, para la elección radical de la vocación al sacerdocio. Después, una de mis mayores alegrías fue elevarlo al honor de los altares, como, anteriormente, dedicarle una obra dramática:  "Hermano de nuestro Dios". 

Mirad que seguir a Cristo no significa renunciar a los dones que nos concede, sino elegir un camino de entrega radical a él. Si llama a este camino, el "sí" resulta necesario. Por tanto, no tengáis miedo de entregaros a él. Jesús sabe cómo debéis llevar hoy su cruz en el mundo, para colmar las expectativas de muchos otros corazones jóvenes. 

6. ¡Cómo han cambiado los jóvenes de hoy con respecto a los de hace veinte años! ¡Cómo ha cambiado el contexto cultural y social en el que vivimos! Pero Cristo, no, él no ha cambiado. Él es el Redentor del hombre ayer, hoy y siempre.   Así pues, poned vuestros talentos al servicio de la nueva evangelización, para recrear un entramado de vida cristiana. 

El Papa está con vosotros. Creed en Jesús, contemplad su rostro de Señor crucificado y resucitado, un rostro que muchos quieren ver, pero que, a menudo, está velado por nuestro escaso celo por el Evangelio y por nuestro pecado. 

Oh Jesús amado, oh Jesús buscado, revélanos tu rostro de luz y de perdón! ¡Míranos, renuévanos, envíanos!  Muchísimos jóvenes te esperan y, si no te ven, no podrán vivir su vocación, no podrán vivir por ti y contigo, para renovar el mundo bajo tu mirada, dirigida al Padre y, al mismo tiempo, a nuestra pobre humanidad. 

7. Amadísimos amigos, con creatividad siempre nueva, inspirada por el Espíritu Santo en la oración, seguid llevando juntos la cruz que os entregué hace veinte años.   Los jóvenes de entonces han cambiado, como también  yo  he cambiado, pero vuestro corazón, como el mío, tiene siempre sed de verdad, de felicidad, de eternidad y, por tanto, es siempre joven. Esta tarde pongo nuevamente mi confianza en vosotros, esperanza de la Iglesia y de la sociedad.

 ¡No tengáis miedo! Llevad por doquier, a tiempo y a destiempo (cf. 2 Tm 4, 2), la fuerza de la cruz, para que todos, también gracias a vosotros, puedan seguir viendo y creyendo en el Redentor del hombre. Amén.

  

(Encuentro de Juan Pablo II con los jóvenes d ela Diócesis deRoma como preparación para la XIX Jornada Mundial de la Juventud -  jueves 1 de abril de 2004)

 

 

sábado, 9 de abril de 2022

Domingo de Ramos y la Pasion del Señor

 




“Benedictus, qui venit in nomine Domini... Bendito el que viene en nombre del Señor”


 

“Los ritos del domingo de Ramos reflejan el júbilo del pueblo que espera al Mesías, pero, al mismo tiempo, se caracterizan como liturgia "de pasión" en sentido pleno. En efecto, nos abren la perspectiva del drama ya inminente, que acabamos de revivir en la narración del evangelista san Marcos. También las otras lecturas nos introducen en el misterio de la pasión y muerte del Señor. Las palabras del profeta Isaías, a quien algunos consideran casi como un evangelista de la antigua Alianza, nos presentan la imagen de un condenado flagelado y abofeteado (cf. Is 50, 6). El estribillo del Salmo responsorial: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?", nos permite contemplar la agonía de Jesús en la cruz (cf. Mc 15, 34).


Sin embargo, el apóstol san Pablo, en la segunda lectura, nos introduce en el análisis más profundo del misterio pascual: Jesús, "a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz" (Flp 2, 6-8). En la austera liturgia del Viernes santo volveremos a escuchar estas palabras, que prosiguen así: "Por eso Dios lo exaltó sobre todo, y le concedió el nombre que está sobre todo nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en el abismo, y toda lengua proclame: ¡Jesucristo es Señor!, para gloria de Dios Padre" (Flp 2, 9-11).


La humillación y la exaltación: esta es la clave para comprender el misterio pascual; ésta es la clave para penetrar en la admirable economía de Dios, que se realiza en los acontecimientos de la Pascua”

 En la liturgia del domingo de Ramos comenzando el nuevo milenio no podian faltar los jóvenes. El domingo de Ramos se había convertido a partir de 1984, en la fiesta anual de los jóvenes, quienes a partir de aquella primera jornadacomenzada en Roma, siguieron peregrinando a lo largo y ancho del mundo acompañados por un Pastor incansable, padre amable, defensor de la verdad y la justicia, amigo de todos, en especial de aquellos que más sufren en el cuerpo y en el alma.  

Aquí en la Argentina no olvidaremos nunca las inolvidables Jornadas de 1987 cuando el Santo Padre Juan Pablo II el Domingo 12 de abril clausuraba la JMJ con la celebración de la Misa del Domingo de Ramos en la avenida 9 de Julio, ante el altar de la auténtica imagen de la Virgen de Lujan, que el dia anterior los jóvenes habian traído en procesión. Era, además, la primera vez en la historia moderna del papado, que el Santo Padre no celebraba la fiesta de Ramos en Roma.

 

sábado, 13 de abril de 2019

Domingo de Ramos de 1987 Clausura de la JMJ en Buenos Aires



En la homilía del Domingo de Ramos de 1987, día de clausura de la Jornada Mundial de la Juventud en Buenos Aires, homilíaque sin dudas debe leerse completa, el Papa Juan Pablo II nos decía:
“Dejaos abrazar por el misterio del Hijo del hombre, por el misterio de Cristo muerto y resucitado. ¡Dejaos abrazar por el misterio pascual
Dejad que este misterio penetre, hasta el fondo, en vuestras vidas, en vuestra conciencia, en vuestra sensibilidad, en vuestros corazones, de modo que dé el verdadero sentido a toda vuestra conducta.
El misterio pascual es misterio salvífico, creador. Sólo desde el misterio de Cristo puede entenderse plenamente al hombre; sólo desde Cristo muerto y resucitado puede el hombre comprender su vocación divina y alcanzar su destino último y definitivo.
Dejad, pues, que el misterio pascual actúe en vosotros. Para el hombre, y especialmente para el joven, es esencial conocerse a sí mismo, saber cuál es su valor, su verdadero valor, cuál es el significado de su existencia, de su vida, saber cuál es su vocación. Sólo así puede definir el sentido de su propia vida.
Sólo acogiendo el misterio pascual en vuestras vidas podréis “responder a cualquiera que os pida razón de la esperanza que está en vosotros” (1P 3, 15). Sólo acogiendo a Cristo, muerto y resucitado, podréis responder a los grandes y nobles anhelos de vuestro corazón.
¡Jóvenes: Cristo, la Iglesia, el mundo esperan el testimonio de vuestras vidas, fundadas en la verdad que Cristo nos ha revelado!
¡Jóvenes: El Papa os agradece vuestro testimonio, y os anima a que seáis siempre testigos del amor de Dios, sembradores de esperanza y constructores de paz!
“Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6, 68)
Aquel que se entregó a Sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte de cruz, El solo tiene palabras de vida eterna
Acoged sus palabras. Aprendedlas. Edificad vuestras vidas teniendo siempre presentes las palabras y la vida de Cristo. Más aún: aprended a ser Cristo mismo, identificados con El en todo.

sábado, 31 de marzo de 2012

Sí, Jesucristo es el Señor. Juan Pablo II con los jóvenes JMJ 1987 Argentina (18)


Creemos en Jesucristo nuestro Señor.
Queridos jóvenes amigos – nos preguntaba el beato Juan Pablo II aquel Domingo de Ramos en 1987 durante la Jornada Mundial de la Juventud en Buenos Aires -  ¿Por qué este día, Domingo de Ramos, se ha convertido en vuestra Jornada?
Esto ha ocurrido poco a poco: desde hace tiempo, este día atraía y reunía, sobre todo en Roma, a muchos jóvenes peregrinos.


Quizá de este modo habéis querido sumaros a los jóvenes y a las jóvenes de Jerusalén, “pueri hebraeorum”, que asistieron a la llegada de Jesús para las fiestas. Habéis querido asumir su entusiasmo, que se expresaba en las palabras ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

Sin embargo, el entusiasmo dura poco. Puede acabarse en un solo día. En cambio, el Domingo de Ramos nos introduce en todos los sucesos de la Semana Santa, en el misterio total de Jesucristo: en su entrega hasta la muerte en la cruz por obediencia al Padre, en el anonadamiento del Hijo que, siendo igual al Padre, ha asumido la condición de siervo hasta sus últimas consecuencias.
Se podría decir que los jóvenes habéis sido atraídos por la cruz de Cristo; que vuestro entusiasmo, precedido por los “pueri hebraeorum” y expresado también con el “¡Hosanna... Bendito el que viene en nombre del Señor!”, adquiere ante el misterio pascual todo su significado. Alabando al Profeta de Galilea, Jesús de Nazaret, proclamáis a la vez vuestra fe en Jesucristo Dios y Hombre, Redentor del hombre y del mundo.
Sí. El Domingo de Ramos nos introduce en el misterio total de Jesucristo, es decir, en el misterio pascual, en el que todas las cosas alcanzan su culminación, y en el que se reconfirma plenamente la verdad de las palabras y de las obras de Jesús de Nazaret. En este misterio se revela también hasta qué punto “Dios es amor” (cf. 1Jn 4, 8); y a la vez, adquirimos conciencia de la verdadera dignidad del hombre, rescatado con el precio de la Sangre del Hijo de Dios, y destinado a vivir eternamente con El en su amor.
Nosotros hemos reconocido y creído en el amor que Dios nos tiene” (Ibíd., 4, 16). Así se expresa San Juan en el texto que meditaremos como lema de esta Jornada mundial de la Juventud. Queridos jóvenes: Celebrad siempre en vuestra vida el misterio pascual de Jesús, acogiendo en vuestros corazones el don del amor de Dios: “Me ha amado y se ha entregado por mi” (Ga 2, 20). Empapados por la fuerza divina del amor, comprometed vuestras energías juveniles en la construcción de la civilización del amor.
Guiados por el “sentido de la fe” seguid, al mismo tiempo, la voz de aquello que en el corazón humano y en la conciencia es lo más profundo y lo más noble, de aquello que corresponde a la verdad interior del hombre y de su dignidad. Así seréis capaces de entender la lógica divina, capaces de superar las pobres razones humanas, y penetraréis en la dimensión nueva del amor que Cristo nos ha manifestado.
 ¡Acercaos a Cristo, Redentor del hombre! Ese es el sentido que tiene vuestra presencia … hoy en esta gran avenida de la capital argentina. Es Cristo quien os atrae, es El quien os llama. Y junto a Jesucristo, nuestra Madre Santa María, que ha venido desde su santuario de Luján para estar con nosotros. A Ella os encomiendo al final de esta celebración. Sé muy bien todo lo que Nuestra Señora de Luján significa para vosotros, jóvenes argentinos, como meta de vuestras peregrinaciones anuales, a las que concurrís en gran número, llenos de devoción a la Madre de Dios, con manifiesta generosidad y esperanza.
[]
Dejaos abrazar por el misterio del Hijo del hombre, por el misterio de Cristo muerto y resucitado. ¡Dejaos abrazar por el misterio pascual!
Dejad que este misterio penetre, hasta el fondo, en vuestras vidas, en vuestra conciencia, en vuestra sensibilidad, en vuestros corazones, de modo que dé el verdadero sentido a toda vuestra conducta.
El misterio pascual es misterio salvífico, creador. Sólo desde el misterio de Cristo puede entenderse plenamente al hombre; sólo desde Cristo muerto y resucitado puede el hombre comprender su vocación divina y alcanzar su destino último y definitivo.
Dejad, pues, que el misterio pascual actúe en vosotros. Para el hombre, y especialmente para el joven, es esencial conocerse a sí mismo, saber cuál es su valor, su verdadero valor, cuál es el significado de su existencia, de su vida, saber cuál es su vocación. Sólo así puede definir el sentido de su propia vida.
 Sólo acogiendo el misterio pascual en vuestras vidas podréis “responder a cualquiera que os pida razón de la esperanza que está en vosotros” (1P 3, 15). Sólo acogiendo a Cristo, muerto y resucitado, podréis responder a los grandes y nobles anhelos de vuestro corazón.
¡Jóvenes: Cristo, la Iglesia, el mundo esperan el testimonio de vuestras vidas, fundadas en la verdad que Cristo nos ha revelado!
¡Jóvenes: El Papa os agradece vuestro testimonio, y os anima a que seáis siempre testigos del amor de Dios, sembradores de esperanza y constructores de paz!
“Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6, 68).
Aquel que se entregó a Sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte de cruz, El solo tiene palabras de vida eterna.
Acoged sus palabras. Aprendedlas. Edificad vuestras vidas teniendo siempre presentes las palabras y la vida de Cristo. Más aún: aprended a ser Cristo mismo, identificados con El en todo.”


Invito visitar el blog Juan Pablo II en la Argentina con textos completos y audios de su visita.