Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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domingo, 8 de abril de 2012

La tumba está vacía



Imagen de Wikipedia

 “Si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía es también vuestra fe" (1 Co 15, 14).” 


 “La tumba está vacía. Es un testigo silencioso del acontecimiento central de la historia humana:  la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Durante casi dos mil años la tumba vacía ha dado testimonio de la victoria de la Vida sobre la muerte. Con los Apóstoles y los evangelistas, con la Iglesia de todos los tiempos y lugares, también nosotros damos testimonio  y proclamamos:  "¡Cristo resucitó! Una  vez  resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte no tiene ya señorío sobre él" (cf. Rm 6, 9).


"Mors et vita duello conflixere mirando; dux vitae mortuus, regnat vivus" (Secuencia pascual latina Victimae paschali). El Señor de la vida estaba muerto; ahora reina, victorioso sobre la muerte, fuente de vida eterna para todos los creyentes.”



FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN A TODOS !!

ALELUYA, ALELUYA!

sábado, 7 de abril de 2012

En espera junto a la tumba del Mesías




Imagen del sitio del Santuario del Santo Sepulcro, que invito visitar – Custodia Franciscana en Tierra Santa


 “Extraordinaria Vigilia de una noche extraordinaria. Vigilia, madre de todas las Vigilias, durante la que la Iglesia entera permanece en espera junto a la tumba del Mesías, sacrificado en la Cruz. La Iglesia espera y reza, escuchando las Escrituras que recorren de nuevo toda historia de la salvación. 
        Pero en esta noche no son las tinieblas las que dominan, sino el fulgor de una luz repentina, que irrumpe con el anuncio sobrecogedor de la resurrección del Señor. La espera y la oración se convierten entonces en un canto de alegría: "Exultet iam angelica turba caelorum... Exulte el coro de los Ángeles"!. 
¡Oh Vigilia penetrada de esperanza, que expresas en plenitud el sentido del misterio! ¡Oh Vigilia rica en símbolos, que manifiestas el corazón mismo de nuestra existencia cristiana! Esta noche todo se resume prodigiosamente en un nombre, el nombre de Cristo resucitado. 

Esta Vigilia nos introduce en un día que no conoce el ocaso. Día de la Pascua de Cristo, que inaugura para la humanidad una renovada primavera de esperanza. 
       
 "Haec dies quam fecit Dominus: exsultemus et laetamur en ea - Éste es el día que ha hecho el Señor: regocijémonos y exultemos de alegría." 
¡Alleluya!"

(Beato Juan Pablo II – homilía en la Vigilia Pascual SábadoSanto, 14 de abril de 2001)


FELIZ Y SANTA PASCUA A TODOS!!

viernes, 6 de abril de 2012

Juan Pablo II “Cristo en la Cruz un sufrimiento que destruye y consume el mal con el fuego del amor”


(mi foto hacia el Monte Krizevac, Medjugorje, 2009) 


(mi foto Monte Krizevac, Medjugorje, 2009)

El creyente sabe que la presencia del mal está siempre acompañada por la presencia del bien, de la gracia. San Pablo escribió: «No hay proporción entre la culpa y el don: si por la culpa de uno murieron todos, mucho más, gracias a un solo hombre, Jesucristo, la benevolencia y el don de Dios desbordaron sobre todos» (Rm 5, 15). Estas palabras siguen siendo actuales en nuestros días. La Redención continúa. Donde crece el mal, crece también la esperanza del bien. En nuestros tiempos, el mal ha crecido desmesuradamente, sirviéndose de los sistemas perversos que han practicado a gran escala la violencia y la prepotencia. No me refiero ahora al mal cometido individualmente por los hombres movidos por objetivos o motivos personales. El del siglo xx no fue un mal en edición reducida, «artesanal», por llamarlo así. Fue el mal en proporciones gigantescas, un mal que ha usado las estructuras estatales mismas para llevar a cabo su funesto cometido, un mal erigido en sistema. Pero, al mismo tiempo, la gracia de Dios se ha manifestado con riqueza sobreabundante. No existe mal del que Dios no pueda obtener un bien más grande.  No hay sufrimiento que no sepa convertir en camino que conduce a Él. Al ofrecerse libremente a la pasión y a la muerte en la Cruz, el Hijo de Dios asumió todo el mal del pecado. El sufrimiento de Dios crucificado no es sólo una forma de dolor entre otros, un dolor más o menos grande, sino un sufrimiento incomparable. Cristo, padeciendo por todos nosotros, ha dado al sufrimiento un nuevo sentido, lo ha introducido en una nueva dimensión, en otro orden: en el orden del amor. Es verdad que el sufrimiento entra en la historia del hombre con el pecado original. El pecado es ese «aguijón» (cf. 1 Co 15, 55-56) que causa dolor e hiere a muerte la existencia humana. Pero la pasión de Cristo en la cruz ha dado un sentido totalmente nuevo al sufrimiento y lo ha transformado desde dentro. Ha introducido en la historia humana, que es una historia de pecado, el sufrimiento sin culpa, el sufrimiento afrontado exclusivamente por amor. Es el sufrimiento que abre la puerta a la esperanza de la liberación, de la eliminación definitiva del «aguijón» que desgarra la humanidad. Es el sufrimiento que destruye y consume el mal con el fuego del amor, y aprovecha incluso el pecado para múltiples brotes de bien.
Todo sufrimiento humano, todo dolor, toda enfermedad, encierra en sí una promesa de liberación, una promesa de la alegría: «Me alegro de sufrir por vosotros», escribe san Pablo (Col 1, 24). Esto se refiere a todo sufrimiento causado por el mal, y es válido también para el enorme mal social y político que estremece el mundo y lo divide: el mal de las guerras, de la opresión de las personas y los pueblos; el mal de la injusticia social, del desprecio de la dignidad humana, de la discriminación racial y religiosa; el mal de la violencia, del terrorismo y de la carrera de armamentos. Todo este sufrimiento existe en el mundo también para despertar en nosotros el amor, que es la entrega de sí mismo al servicio generoso y desinteresado de los que se ven afectados por el sufrimiento.
En el amor, que tiene su fuente en el Corazón de Jesús, está la esperanza del futuro del mundo. Cristo es el Redentor del mundo: «Nuestro castigo saludable vino sobre él, sus cicatrices nos curaron» (Is 53, 5).

 (Juan Pablo II : MEMORIA E IDENTIDAD - Conversaciones al filo de dos milenios, en traducción de Bogdan Piotrowski)

sábado, 31 de marzo de 2012

Sí, Jesucristo es el Señor. Juan Pablo II con los jóvenes JMJ 1987 Argentina (18)


Creemos en Jesucristo nuestro Señor.
Queridos jóvenes amigos – nos preguntaba el beato Juan Pablo II aquel Domingo de Ramos en 1987 durante la Jornada Mundial de la Juventud en Buenos Aires -  ¿Por qué este día, Domingo de Ramos, se ha convertido en vuestra Jornada?
Esto ha ocurrido poco a poco: desde hace tiempo, este día atraía y reunía, sobre todo en Roma, a muchos jóvenes peregrinos.


Quizá de este modo habéis querido sumaros a los jóvenes y a las jóvenes de Jerusalén, “pueri hebraeorum”, que asistieron a la llegada de Jesús para las fiestas. Habéis querido asumir su entusiasmo, que se expresaba en las palabras ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

Sin embargo, el entusiasmo dura poco. Puede acabarse en un solo día. En cambio, el Domingo de Ramos nos introduce en todos los sucesos de la Semana Santa, en el misterio total de Jesucristo: en su entrega hasta la muerte en la cruz por obediencia al Padre, en el anonadamiento del Hijo que, siendo igual al Padre, ha asumido la condición de siervo hasta sus últimas consecuencias.
Se podría decir que los jóvenes habéis sido atraídos por la cruz de Cristo; que vuestro entusiasmo, precedido por los “pueri hebraeorum” y expresado también con el “¡Hosanna... Bendito el que viene en nombre del Señor!”, adquiere ante el misterio pascual todo su significado. Alabando al Profeta de Galilea, Jesús de Nazaret, proclamáis a la vez vuestra fe en Jesucristo Dios y Hombre, Redentor del hombre y del mundo.
Sí. El Domingo de Ramos nos introduce en el misterio total de Jesucristo, es decir, en el misterio pascual, en el que todas las cosas alcanzan su culminación, y en el que se reconfirma plenamente la verdad de las palabras y de las obras de Jesús de Nazaret. En este misterio se revela también hasta qué punto “Dios es amor” (cf. 1Jn 4, 8); y a la vez, adquirimos conciencia de la verdadera dignidad del hombre, rescatado con el precio de la Sangre del Hijo de Dios, y destinado a vivir eternamente con El en su amor.
Nosotros hemos reconocido y creído en el amor que Dios nos tiene” (Ibíd., 4, 16). Así se expresa San Juan en el texto que meditaremos como lema de esta Jornada mundial de la Juventud. Queridos jóvenes: Celebrad siempre en vuestra vida el misterio pascual de Jesús, acogiendo en vuestros corazones el don del amor de Dios: “Me ha amado y se ha entregado por mi” (Ga 2, 20). Empapados por la fuerza divina del amor, comprometed vuestras energías juveniles en la construcción de la civilización del amor.
Guiados por el “sentido de la fe” seguid, al mismo tiempo, la voz de aquello que en el corazón humano y en la conciencia es lo más profundo y lo más noble, de aquello que corresponde a la verdad interior del hombre y de su dignidad. Así seréis capaces de entender la lógica divina, capaces de superar las pobres razones humanas, y penetraréis en la dimensión nueva del amor que Cristo nos ha manifestado.
 ¡Acercaos a Cristo, Redentor del hombre! Ese es el sentido que tiene vuestra presencia … hoy en esta gran avenida de la capital argentina. Es Cristo quien os atrae, es El quien os llama. Y junto a Jesucristo, nuestra Madre Santa María, que ha venido desde su santuario de Luján para estar con nosotros. A Ella os encomiendo al final de esta celebración. Sé muy bien todo lo que Nuestra Señora de Luján significa para vosotros, jóvenes argentinos, como meta de vuestras peregrinaciones anuales, a las que concurrís en gran número, llenos de devoción a la Madre de Dios, con manifiesta generosidad y esperanza.
[]
Dejaos abrazar por el misterio del Hijo del hombre, por el misterio de Cristo muerto y resucitado. ¡Dejaos abrazar por el misterio pascual!
Dejad que este misterio penetre, hasta el fondo, en vuestras vidas, en vuestra conciencia, en vuestra sensibilidad, en vuestros corazones, de modo que dé el verdadero sentido a toda vuestra conducta.
El misterio pascual es misterio salvífico, creador. Sólo desde el misterio de Cristo puede entenderse plenamente al hombre; sólo desde Cristo muerto y resucitado puede el hombre comprender su vocación divina y alcanzar su destino último y definitivo.
Dejad, pues, que el misterio pascual actúe en vosotros. Para el hombre, y especialmente para el joven, es esencial conocerse a sí mismo, saber cuál es su valor, su verdadero valor, cuál es el significado de su existencia, de su vida, saber cuál es su vocación. Sólo así puede definir el sentido de su propia vida.
 Sólo acogiendo el misterio pascual en vuestras vidas podréis “responder a cualquiera que os pida razón de la esperanza que está en vosotros” (1P 3, 15). Sólo acogiendo a Cristo, muerto y resucitado, podréis responder a los grandes y nobles anhelos de vuestro corazón.
¡Jóvenes: Cristo, la Iglesia, el mundo esperan el testimonio de vuestras vidas, fundadas en la verdad que Cristo nos ha revelado!
¡Jóvenes: El Papa os agradece vuestro testimonio, y os anima a que seáis siempre testigos del amor de Dios, sembradores de esperanza y constructores de paz!
“Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6, 68).
Aquel que se entregó a Sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte de cruz, El solo tiene palabras de vida eterna.
Acoged sus palabras. Aprendedlas. Edificad vuestras vidas teniendo siempre presentes las palabras y la vida de Cristo. Más aún: aprended a ser Cristo mismo, identificados con El en todo.”


Invito visitar el blog Juan Pablo II en la Argentina con textos completos y audios de su visita.