Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
Mostrando entradas con la etiqueta Intrigas y despertares. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Intrigas y despertares. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de junio de 2022

Aquellos 9 dias de Juan Pablo II en Polonia (1979) 3 de 3 – Intrigas y despertares

 


No fueron las multitudes – estimadas en 1/3 de la población - lo que más impresionaba sino el orden en que se movía tanta gente para ver a Juan Pablo II.  La Iglesia organizó cuadros de “guardias papales” para ayudar con el control del gentío (y para asegurarse el derecho de la Iglesia de conducir sus propios eventos).  Sin embargo la multitud no demandó mucho control, pues el llamado del Papa a la toma de conciencia creaba una atmósfera nueva, totalmente diferente al ritmo de vida bajo el totalitarismo. Según el disidente Adam Michnik “se trataba de gente que comúnmente se mostraba frustrada y agresiva haciendo fila en los mercados,  metamorfoseada ahora en un conjunto de gente alegre, feliz y llena de dignidad.” En un país donde la confianza había sido destruida debido a las provocaciones y manipulaciones por parte de las fuerzas del estado, los polacos ahora podían mirarse a los ojos y ver cuántos “nosotros” había entre ellos y cuántos eran los  “otros”  y comenzaron a tener confianza el uno en el otro nuevamente.   La sociedad civil se estaba recomponiendo, respiraba su existencia otra vez gracias a un papa que había llamado a Dios “desde las profundidades de este milenio” para que renovara el rostro de Polonia y le donara un nuevo renacer a la libertad.

Como la gente de Polonia “veía a otros que creían las mismas cosas y ahora se atrevían a reconocerlo públicamente” ellos “redescubrieron  su propia fuerza”  y – al mismo tiempo – “descubrieron la debilidad del régimen”. El régimen,  por su parte, cuya propaganda estaba calibrada enteramente a ningunear la importancia de la visita, y ante todo, ocultar el número de las entusiastas multitudes se daba buena cuenta de ello. Todas las mañanas de la visita papal, Stanislaw Kania, entonces miembro del Politburo comunista, se quejaba ante el Arzobispo Casaroli, quien acompañaba al Papa en su nuevo rol de Secretario de Estado, acerca de que había dicho el Papa el día anterior o que diría el día siguiente. Casaroli, por su parte, se mostraba moderadamente comprensivo pues suponía que el liderazgo polaco se apoyaba constantemente en Moscu,  y al comentarle al Papa sus preocupaciones Juan Pablo II lo escuchaba amablemente  y continuaba por el camino que había elegido.  Según los informes y los análisis del los servicios de seguridad Casaroli pensaba que la peregrinación papal era “la coronación de la Ostpolitik (apertura al este) vaticana” Pero no es fácil asumir que ese hubiese sido el caso, pues esta visita del Papa a Polonia se debía exclusivamente al logro personal del papa polaco y los términos en que habló durante los nueve días no eran los términos de los diplomáticos papales.”

 Cualquiera fuese la relación causal a la anterior Ostpolitik vaticana, la peregrinación papal de 1979 a Polonia fue un punto crucial,  y sus ramificaciones comenzaron a brotar muy pronto. Lo que alguna vez el historiador Andrzej Paczkowki había dicho refiriéndose a los artistas “el éxodo de un mundo en censura” ahora había comenzado a surgir en toda Polonia.”  

 George Weigel El final y el principio (Planeta, 2011)  

 

 



Aquellos 9 días de Juan Pablo II en Polonia (1979) – 2 de 3 Intrigas y despertares

 


Nada de lo ideado e intentado logró impedir que aquellos nueve días entre el 2 y el 10 de junio de 1979 marcaran el momento crucial de los treinta años de forcejeo con el comunismo de Karol Wojtyla, nueve días durante los cuales la historia del siglo XX cambió su rumbo de manera fundamental,  gracias al encuentro religioso más multitudinario jamás visto en la parte del mundo controlado por un gobierno comunista. Mientras un nervioso Edward Gierek observaba desde lo alto del hotel sobre la Plaza de la Victoria en Varsovia, Juan Pablo II celebraba Misa ante una enorme multitud invocando el poder del Espíritu Santo para que “renovara la faz de la tierra – de esta tierra”. A partir de entonces y hasta el momento que en el aeropuerto secara sus lagrimas el 10 de junio al partir hacia Roma desde el aeropuerto de Balice, Karol Wojtyla se mostro en todo momento como el verdadero maestro de mentes y corazones de su gente a quienes devolvía  su autentica historia y cultura – su verdadera identidad.  Sin referirse jamás a temas de política o economía;  y fuera de las cortesías habituales  durante las ceremonias de bienvenida y despedida,  cumplió su misión como si las autoridades de la republica del pueblo polaco sencillamente no existieran, al menos no de manera significativa.  Pero restaurando la autentica identidad a un pueblo que había estado oprimido durante cuarenta años – devolviéndole Polonia y a los polacos  y devolviéndoles su propia identidad de polacos – creó nuevas herramientas de resistencia que el comunismo sencillamente no podría dominar.  

Encendiendo la chispa de una revolución moral entre el 2 y el 10 de junio de 1979 Juan Pablo II entrego en manos de su pueblo la llave de su propia liberación; la clave del despertar de las conciencias. Y lo pudo hacer porque logró captar la esencia del drama moderno polaco, que conocía desde adentro.   En su homilía en la Plaza de la Victoria recordó a sus compatriotas el heroísmo épico y la fe inquebrantable sustentada durante la insurrección de Varsovia en 1944 cuando Polonia fue abandonada por sus aliados occidentales y el ejército rojo se instalo a orillas del rio sin actuar. Y sin embargo, no obstante la destrucción de Varsovia después del alzamiento los polacos encontraron la figura de Cristo  cargando la cruz, hallada en la destruida iglesia de la Santa Cruz.  Y esa figura recordaba a Polonia lo que Juan Pablo II llamo “un solo criterio” – Jesucristo, la verdadera medida del hombre, de la libertad, de la historia.

Durante aquellos nueve días Juan Pablo II logró representar uno de los mayores acontecimientos de una figura pública durante el siglo veinte,  debido a sus dotes personales únicas, debido inclusive a su talento instintivo de hacerle sentir a cada miembro de esa enorme multitud que le estaba hablando a cada uno en particular.  Como aquella anécdota de Czestochowa ante una multitud de un millón de personas donde un minero al verse interrumpido por un colega le responde “cállate, no me hables cuando me está hablando mi Papa”.

 

George Weigel: El final y el principio (Planeta, 2011),  

 


Aquellos 9 días de Juan Pablo II en Polonia (1979) – 1 de 3 Intrigas y despertares

 


Asi comenta George Weigel en su libro El final y el principio (Planeta, 2011),  esos días tan particulares, en época del régimen comunista duro,  plagado de espías en Polonia y en el Vaticano mismo; lamentablemente alguno también entre los eclesiásticos. Épocas de misterios, traiciones y temores.  (traduzco de la versión en ingles)

A Edward Gierek no le resultó dominar la economía,  pero este líder político comunista  perspicaz sabía leer los sentimientos de sus compatriotas.  Asi fue que,  aconsejado por Leonid Brezhnev a principios de 1979 en negarle el permiso al Papa para volver a su patria, Gierek le respondió que eso era sencillamente imposible “por razones políticas”. “Bien”, respondió Brezhnev, haga como le parezca, pero guárdese de no lamentarlo despues.”

La idea original de Juan Pablo II era volver a Polonia en mayo de 1979 para poder celebrar el festejo anual en honor a San Estanislao, su predecesor en Cracovia, y simultáneamente presidir la solemne clausura del Sínodo de Cracovia cuyo compromiso era poner en práctica el Vaticano II en Polonia. 

Los comunistas conscientes de la fuerza simbólica  de la fiesta (Estanislao había sido martirizado mientras defendía la libertad de la Iglesia), resistieron a pie firme y negaron de plano esa posibilidad de peregrinación en mayo. Pero acordaron, sin embargo, que la visita podría tener lugar al mes siguiente. Y después de arduas negociaciones Juan Pablo II acepto gustoso los 9 días de junio a cambio de los dos días en mayo;  el programa incluía visitas a Gniezno y a Czestochowa, como así también  Varsovia y Cracovia y la Iglesia,  muy sabiamente,  postergó la celebración de San Estanislao a Junio.

No obstante este tremendo error estratégico el régimen comunista polaco hizo lo imposible para impedir la visita del Papa y minimizar el impacto, en lo que la SB (Servicio de Seguridad) y los grandes del partido consideraron una “gigantesca operación limitativa de daños”, código denominado LATA’79 (VERANO ’79). Se movilizaron y dividieron los informantes dentro de la iglesia católica y el laicado en ocho categorías.  El primer grupo, una elite que había tenido acceso al Cardenal Wojtyla en el pasado, incluía siete espías: DELTA, KAROL, MAREK, JUREKI, TUKAN, TRYBUN y LESZEK; JUREK un sacerdote, era miembro del comité que por parte de la Iglesia organizaba la peregrinación del Papa.  Estos informantes y aquellos en otras categorías no solo debían proveer  información. Su misión también era infiltrarse en los varios grupos católicos organizando comités para influir en sus decisiones en cuanto a la participación en la peregrinación del Papa.  (por ej. Tratando de limitar y controlar l número de participantes argumentando la preocupación por la seguridad) Esta importante operación anti papal continuó durante los eventos mismos y así fueron designados 480 agentes en el Servicio de Seguridad (SB)   para monitorear los eventos y  causar cuanta dificultad pudieran durante los días de la visita del Papa en Cracovia (Junio 6 al 10)

El Servicio de Seguridad coordinaba las actividades antipapales junto con la STASI  que había dispuesto varios cientos de agentes para monitorear a los visitantes extranjeros durante la visita del Papa. Se había organizado  un equipo de trabajo especial con sede en Frankfurt y la SB dispuso números de teléfono especiales en Varsovia y Cracovia de manera que los agentes de STASI pudieran estar conectados directamente con las oficinas centrales en Berlin Este.  Uno de los agentes de Stasi  sacerdote polaco, con el apodo de JUNGE,  quien tenía acceso directo al Papa y trabajaba mayormente para los servicios secretos de Berlin Este, más que para los servicios polacos.  Toda la operación estaba coordinada  por el principal de Stasi Joachim Wiegand, encargado de actividades anti católicas.   Al mismo tiempo el jefe Markus Wolf, poseía su propia fuente de información en el Vaticano, ignorada por  Wiegand: LICHTBLICK, el benedictino alemán Eugen Brammertz, registrado en la Stasi en 1960, pero que había tenido conexiones mucho antes. Brammertz trabajaba  en Roma en la edición alemana de Osservatore Romano, el diario vaticano, y ocasionalmente para la Secretaria de Estado y habría tenido acceso a algunos de sus archivos.

Juan Pablo II y sus colaboradores más cercanos ignoraban los detalles de LATA 79 y las actividades paralelas e otros servicios de inteligencia comunistas,  aunque seguramente presentían que sus viejos enemigos estarían al acecho. Años más tarde el secretario de Juan Pablo II recordaría sus preocupaciones.

Las autoridades de Varsovia no actuaban como polacos: de eso estamos seguros. Su determinación en esforzarse por lograr el perfil más bajo posible de la visita, su manipulación de la cobertura televisiva, sus esfuerzos por producir los obstáculos mas ridículos, especialmente en cuanto al servicio del transporte …todo eso no tenía nada que ver con las tradiciones de hospitalidad de los polacos. No hay dudas que las autoridades obedecían órdenes de Moscú y Praga. En realidad se sentían aterrados.

 

Weigel,Intrigas y despertares,1979,Viajes Polonia, Primer viaje Juan Pablo II a Polonia