(primera parte de la oración – oración completa)
(fotografia de Nuestra Señora de Guadalupe en la capilla de la cripta vaticana Basílica San Pedro)
un blog pensado para un grupo de amigos que fue extendiéndose por el mundo. Gracias a todos por compartir!
(primera parte de la oración – oración completa)
“Desde que el indio Juan Diego hablara de la dulce Señora del Tepeyac,
Tú, Madre de Guadalupe, entras de modo determinante en la vida cristiana del
pueblo de México. No menor ha sido tu presencia en otras partes, donde tus
hijos te invocan con tiernos nombres…”
“Este pueblo, que afectuosamente te llama “ la Morenita ”. Este
pueblo –e indirectamente todo este inmenso continente - vive su unidad
espiritual gracias al hecho de que Tú eres la Madre. Una Madre que, con su
amor, crea, conserva, acrecienta espacios de cercanía entre sus hijos.
¡Salve, Madre de México!
¡Madre
de América Latina!
Permite pues que yo, Juan Pablo II, Obispo de Roma y Papa, junto con mis hermanos en el Episcopado que representan a la Iglesia de México y de toda la América Latina, en este solemne momento, confiemos y ofrezcamos a Ti, sierva del Señor, todo el patrimonio del Evangelio, de la Cruz, de la Resurrección, de los que todos nosotros somos testigos, apóstoles, maestros y obispos.
¡Oh Madre! Ayúdanos a ser fieles dispensadores de los grandes
misterios de Dios. Ayúdanos a enseñar la verdad que tu Hijo ha anunciado y a
extender el amor, que es el principal mandamiento y el primer fruto del
Espíritu Santo. Ayúdanos a confirmar a nuestros hermanos en la fe, ayúdanos a
despertar la esperanza en la vida eterna. Ayúdanos a guardar los grandes tesoros
encerrados en las almas del Pueblo de Dios que nos ha sido encomendado.
VIAJE A LA REPÚBLICA DOMINICANA,MÉXICO Y BAHAMAS
(de la Homilía del
Papa Juan Pablo II en el Santuario de la Virgen de Guadalupe, Santuario del
pueblo de México y de toda América Latina, con ocasión de la Inauguración de la
III Conferencia del Episcopado Latinoamericano - Sábado 27 de enero de 1979)
Como la gente de Polonia “veía a otros que creían las mismas cosas y ahora se atrevían a reconocerlo públicamente” ellos “redescubrieron su propia fuerza” y – al mismo tiempo – “descubrieron la debilidad del régimen”. El régimen, por su parte, cuya propaganda estaba calibrada enteramente a ningunear la importancia de la visita, y ante todo, ocultar el número de las entusiastas multitudes se daba buena cuenta de ello. Todas las mañanas de la visita papal, Stanislaw Kania, entonces miembro del Politburo comunista, se quejaba ante el Arzobispo Casaroli, quien acompañaba al Papa en su nuevo rol de Secretario de Estado, acerca de que había dicho el Papa el día anterior o que diría el día siguiente. Casaroli, por su parte, se mostraba moderadamente comprensivo pues suponía que el liderazgo polaco se apoyaba constantemente en Moscu, y al comentarle al Papa sus preocupaciones Juan Pablo II lo escuchaba amablemente y continuaba por el camino que había elegido. Según los informes y los análisis del los servicios de seguridad Casaroli pensaba que la peregrinación papal era “la coronación de la Ostpolitik (apertura al este) vaticana” Pero no es fácil asumir que ese hubiese sido el caso, pues esta visita del Papa a Polonia se debía exclusivamente al logro personal del papa polaco y los términos en que habló durante los nueve días no eran los términos de los diplomáticos papales.”
Cualquiera fuese la relación causal a la anterior Ostpolitik vaticana, la peregrinación papal de 1979 a Polonia fue un punto crucial, y sus ramificaciones comenzaron a brotar muy pronto. Lo que alguna vez el historiador Andrzej Paczkowki había dicho refiriéndose a los artistas “el éxodo de un mundo en censura” ahora había comenzado a surgir en toda Polonia.”
George Weigel El final y el principio (Planeta, 2011)
Nada de lo ideado e intentado logró impedir que aquellos nueve
días entre el 2 y el 10 de junio de 1979 marcaran el momento crucial de los
treinta años de forcejeo con el comunismo de Karol Wojtyla, nueve días durante
los cuales la historia del siglo XX cambió su rumbo de manera
fundamental, gracias al encuentro religioso más multitudinario jamás
visto en la parte del mundo controlado por un gobierno comunista. Mientras un
nervioso Edward Gierek observaba desde lo alto del hotel sobre la Plaza de la
Victoria en Varsovia, Juan Pablo II celebraba Misa ante una enorme multitud
invocando el poder del Espíritu Santo para que “renovara la faz de la tierra –
de esta tierra”. A partir de entonces y hasta el momento que
en el aeropuerto secara sus lagrimas el 10 de junio al partir hacia Roma desde
el aeropuerto de Balice, Karol Wojtyla se mostro en todo momento como el
verdadero maestro de mentes y corazones de su gente a quienes devolvía su
autentica historia y cultura – su verdadera identidad. Sin referirse
jamás a temas de política o economía; y fuera de las cortesías habituales
durante las ceremonias de bienvenida y despedida, cumplió su misión
como si las autoridades de la republica del pueblo polaco sencillamente no
existieran, al menos no de manera significativa. Pero restaurando la
autentica identidad a un pueblo que había estado oprimido durante cuarenta años
– devolviéndole Polonia y a los polacos y devolviéndoles su propia
identidad de polacos – creó nuevas herramientas de resistencia que el comunismo
sencillamente no podría dominar.
Encendiendo la chispa de una revolución moral entre el 2 y el 10 de junio de 1979 Juan Pablo II entrego en manos de su pueblo la llave de su propia liberación; la clave del despertar de las conciencias. Y lo pudo hacer porque logró captar la esencia del drama moderno polaco, que conocía desde adentro. En su homilía en la Plaza de la Victoria recordó a sus compatriotas el heroísmo épico y la fe inquebrantable sustentada durante la insurrección de Varsovia en 1944 cuando Polonia fue abandonada por sus aliados occidentales y el ejército rojo se instalo a orillas del rio sin actuar. Y sin embargo, no obstante la destrucción de Varsovia después del alzamiento los polacos encontraron la figura de Cristo cargando la cruz, hallada en la destruida iglesia de la Santa Cruz. Y esa figura recordaba a Polonia lo que Juan Pablo II llamo “un solo criterio” – Jesucristo, la verdadera medida del hombre, de la libertad, de la historia.
Durante aquellos nueve días Juan Pablo II logró representar uno de los mayores acontecimientos de una figura pública durante el siglo veinte, debido a sus dotes personales únicas, debido inclusive a su talento instintivo de hacerle sentir a cada miembro de esa enorme multitud que le estaba hablando a cada uno en particular. Como aquella anécdota de Czestochowa ante una multitud de un millón de personas donde un minero al verse interrumpido por un colega le responde “cállate, no me hables cuando me está hablando mi Papa”.
George
Weigel: El final y el principio (Planeta, 2011),
Asi
comenta George Weigel en su libro El final y el principio (Planeta,
2011), esos días tan particulares, en época del régimen comunista duro,
plagado de espías en Polonia y en el Vaticano mismo; lamentablemente
alguno también entre los eclesiásticos. Épocas de misterios, traiciones y
temores. (traduzco de la versión en ingles)
A Edward Gierek no le resultó dominar la economía, pero este líder político comunista perspicaz sabía leer los sentimientos de sus compatriotas. Asi fue que, aconsejado por Leonid Brezhnev a principios de 1979 en negarle el permiso al Papa para volver a su patria, Gierek le respondió que eso era sencillamente imposible “por razones políticas”. “Bien”, respondió Brezhnev, haga como le parezca, pero guárdese de no lamentarlo despues.”
La idea original de Juan Pablo II era volver a Polonia en mayo de 1979 para poder celebrar el festejo anual en honor a San Estanislao, su predecesor en Cracovia, y simultáneamente presidir la solemne clausura del Sínodo de Cracovia cuyo compromiso era poner en práctica el Vaticano II en Polonia.
Los comunistas conscientes de la fuerza simbólica de la fiesta (Estanislao había sido martirizado mientras defendía la libertad de la Iglesia), resistieron a pie firme y negaron de plano esa posibilidad de peregrinación en mayo. Pero acordaron, sin embargo, que la visita podría tener lugar al mes siguiente. Y después de arduas negociaciones Juan Pablo II acepto gustoso los 9 días de junio a cambio de los dos días en mayo; el programa incluía visitas a Gniezno y a Czestochowa, como así también Varsovia y Cracovia y la Iglesia, muy sabiamente, postergó la celebración de San Estanislao a Junio.
No obstante este tremendo error estratégico el régimen comunista polaco hizo lo imposible para impedir la visita del Papa y minimizar el impacto, en lo que la SB (Servicio de Seguridad) y los grandes del partido consideraron una “gigantesca operación limitativa de daños”, código denominado LATA’79 (VERANO ’79). Se movilizaron y dividieron los informantes dentro de la iglesia católica y el laicado en ocho categorías. El primer grupo, una elite que había tenido acceso al Cardenal Wojtyla en el pasado, incluía siete espías: DELTA, KAROL, MAREK, JUREKI, TUKAN, TRYBUN y LESZEK; JUREK un sacerdote, era miembro del comité que por parte de la Iglesia organizaba la peregrinación del Papa. Estos informantes y aquellos en otras categorías no solo debían proveer información. Su misión también era infiltrarse en los varios grupos católicos organizando comités para influir en sus decisiones en cuanto a la participación en la peregrinación del Papa. (por ej. Tratando de limitar y controlar l número de participantes argumentando la preocupación por la seguridad) Esta importante operación anti papal continuó durante los eventos mismos y así fueron designados 480 agentes en el Servicio de Seguridad (SB) para monitorear los eventos y causar cuanta dificultad pudieran durante los días de la visita del Papa en Cracovia (Junio 6 al 10)
El Servicio de Seguridad coordinaba las actividades antipapales junto con la STASI que había dispuesto varios cientos de agentes para monitorear a los visitantes extranjeros durante la visita del Papa. Se había organizado un equipo de trabajo especial con sede en Frankfurt y la SB dispuso números de teléfono especiales en Varsovia y Cracovia de manera que los agentes de STASI pudieran estar conectados directamente con las oficinas centrales en Berlin Este. Uno de los agentes de Stasi sacerdote polaco, con el apodo de JUNGE, quien tenía acceso directo al Papa y trabajaba mayormente para los servicios secretos de Berlin Este, más que para los servicios polacos. Toda la operación estaba coordinada por el principal de Stasi Joachim Wiegand, encargado de actividades anti católicas. Al mismo tiempo el jefe Markus Wolf, poseía su propia fuente de información en el Vaticano, ignorada por Wiegand: LICHTBLICK, el benedictino alemán Eugen Brammertz, registrado en la Stasi en 1960, pero que había tenido conexiones mucho antes. Brammertz trabajaba en Roma en la edición alemana de Osservatore Romano, el diario vaticano, y ocasionalmente para la Secretaria de Estado y habría tenido acceso a algunos de sus archivos.
Juan Pablo II y sus colaboradores más cercanos ignoraban los detalles de LATA 79 y las actividades paralelas e otros servicios de inteligencia comunistas, aunque seguramente presentían que sus viejos enemigos estarían al acecho. Años más tarde el secretario de Juan Pablo II recordaría sus preocupaciones.
Las autoridades de Varsovia no actuaban como polacos: de eso estamos seguros. Su determinación en esforzarse por lograr el perfil más bajo posible de la visita, su manipulación de la cobertura televisiva, sus esfuerzos por producir los obstáculos mas ridículos, especialmente en cuanto al servicio del transporte …todo eso no tenía nada que ver con las tradiciones de hospitalidad de los polacos. No hay dudas que las autoridades obedecían órdenes de Moscú y Praga. En realidad se sentían aterrados.
Weigel,Intrigas y despertares,1979,Viajes
Polonia, Primer viaje Juan Pablo II a Polonia