Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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viernes, 12 de diciembre de 2025

Oracion del Papa Juan Pablo II a la “Morenita” de Guadalupe en su primer visita a Mexico en 1979

 (primera parte  de la oración – oración completa)


 (fotografia de Nuestra Señora de Guadalupe en la capilla de la cripta vaticana Basílica San Pedro) 

¡Oh Virgen Inmaculada
Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia!
Tú, que desde este lugar manifiestas
tu clemencia y tu compasión
a todos los que solicitan tu amparo;
escucha la oración que con filial confianza te dirigimos,
y preséntala ante tu Hijo Jesús, único Redentor nuestro.

Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso,
a Ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores,
te consagramos en este día todo nuestro ser y todo nuestro amor.
Te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos,
nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.

Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos;
ya que todo lo que tenemos y somos lo ponernos bajo tu cuidado,
Señora y Madre nuestra.

Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino
de una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia:
no nos sueltes de tu mano amorosa.

Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas,
te pedimos por todos los obispos, para que conduzcan a los fieles por senderos
de intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios y a las almas.

 México, enero de 1979.

 

¡Salve, Madre de México! ¡Madre de América Latina!

 



¡Salve, Madre de México!

“Desde que el indio Juan Diego hablara de la dulce Señora del Tepeyac, Tú, Madre de Guadalupe, entras de modo determinante en la vida cristiana del pueblo de México. No menor ha sido tu presencia en otras partes, donde tus hijos te invocan con tiernos nombres…”

“Este pueblo, que afectuosamente te llama “ la Morenita ”. Este pueblo –e indirectamente todo este inmenso continente - vive su unidad espiritual gracias al hecho de que Tú eres la Madre. Una Madre que, con su amor, crea, conserva, acrecienta espacios de cercanía entre sus hijos.

 ¡Salve, Madre de México!

¡Madre de América Latina!

Permite pues que yo, Juan Pablo II, Obispo de Roma y Papa, junto con mis hermanos en el Episcopado que representan a la Iglesia de México y de toda la América Latina, en este solemne momento, confiemos y ofrezcamos a Ti, sierva del Señor, todo el patrimonio del Evangelio, de la Cruz, de la Resurrección, de los que todos nosotros somos testigos, apóstoles, maestros y obispos. 

¡Oh Madre! Ayúdanos a ser fieles dispensadores de los grandes misterios de Dios. Ayúdanos a enseñar la verdad que tu Hijo ha anunciado y a extender el amor, que es el principal mandamiento y el primer fruto del Espíritu Santo. Ayúdanos a confirmar a nuestros hermanos en la fe, ayúdanos a despertar la esperanza en la vida eterna. Ayúdanos a guardar los grandes tesoros encerrados en las almas del Pueblo de Dios que nos ha sido encomendado.

 Te ofrecemos todo este Pueblo de Dios. Te ofrecemos la Iglesia de México y de todo el Continente. Te la ofrecemos como propiedad Tuya. Tú que has entrado tan adentro en los corazones de los fieles a través de la señal de Tu presencia, que es Tu imagen en el Santuario de Guadalupe, vive como en Tu casa en estos corazones, también en el futuro. Sé uno de casa en nuestras familias, en nuestras parroquias, misiones, diócesis y en todos los pueblos” 

VIAJE A LA REPÚBLICA DOMINICANA,MÉXICO Y BAHAMAS

(de la Homilía del Papa Juan Pablo II en el Santuario de la Virgen de Guadalupe, Santuario del pueblo de México y de toda América Latina, con ocasión de la Inauguración de la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano - Sábado 27 de enero de 1979)

 

 


domingo, 5 de junio de 2022

Aquellos 9 dias de Juan Pablo II en Polonia (1979) 3 de 3 – Intrigas y despertares

 


No fueron las multitudes – estimadas en 1/3 de la población - lo que más impresionaba sino el orden en que se movía tanta gente para ver a Juan Pablo II.  La Iglesia organizó cuadros de “guardias papales” para ayudar con el control del gentío (y para asegurarse el derecho de la Iglesia de conducir sus propios eventos).  Sin embargo la multitud no demandó mucho control, pues el llamado del Papa a la toma de conciencia creaba una atmósfera nueva, totalmente diferente al ritmo de vida bajo el totalitarismo. Según el disidente Adam Michnik “se trataba de gente que comúnmente se mostraba frustrada y agresiva haciendo fila en los mercados,  metamorfoseada ahora en un conjunto de gente alegre, feliz y llena de dignidad.” En un país donde la confianza había sido destruida debido a las provocaciones y manipulaciones por parte de las fuerzas del estado, los polacos ahora podían mirarse a los ojos y ver cuántos “nosotros” había entre ellos y cuántos eran los  “otros”  y comenzaron a tener confianza el uno en el otro nuevamente.   La sociedad civil se estaba recomponiendo, respiraba su existencia otra vez gracias a un papa que había llamado a Dios “desde las profundidades de este milenio” para que renovara el rostro de Polonia y le donara un nuevo renacer a la libertad.

Como la gente de Polonia “veía a otros que creían las mismas cosas y ahora se atrevían a reconocerlo públicamente” ellos “redescubrieron  su propia fuerza”  y – al mismo tiempo – “descubrieron la debilidad del régimen”. El régimen,  por su parte, cuya propaganda estaba calibrada enteramente a ningunear la importancia de la visita, y ante todo, ocultar el número de las entusiastas multitudes se daba buena cuenta de ello. Todas las mañanas de la visita papal, Stanislaw Kania, entonces miembro del Politburo comunista, se quejaba ante el Arzobispo Casaroli, quien acompañaba al Papa en su nuevo rol de Secretario de Estado, acerca de que había dicho el Papa el día anterior o que diría el día siguiente. Casaroli, por su parte, se mostraba moderadamente comprensivo pues suponía que el liderazgo polaco se apoyaba constantemente en Moscu,  y al comentarle al Papa sus preocupaciones Juan Pablo II lo escuchaba amablemente  y continuaba por el camino que había elegido.  Según los informes y los análisis del los servicios de seguridad Casaroli pensaba que la peregrinación papal era “la coronación de la Ostpolitik (apertura al este) vaticana” Pero no es fácil asumir que ese hubiese sido el caso, pues esta visita del Papa a Polonia se debía exclusivamente al logro personal del papa polaco y los términos en que habló durante los nueve días no eran los términos de los diplomáticos papales.”

 Cualquiera fuese la relación causal a la anterior Ostpolitik vaticana, la peregrinación papal de 1979 a Polonia fue un punto crucial,  y sus ramificaciones comenzaron a brotar muy pronto. Lo que alguna vez el historiador Andrzej Paczkowki había dicho refiriéndose a los artistas “el éxodo de un mundo en censura” ahora había comenzado a surgir en toda Polonia.”  

 George Weigel El final y el principio (Planeta, 2011)  

 

 



Aquellos 9 días de Juan Pablo II en Polonia (1979) – 2 de 3 Intrigas y despertares

 


Nada de lo ideado e intentado logró impedir que aquellos nueve días entre el 2 y el 10 de junio de 1979 marcaran el momento crucial de los treinta años de forcejeo con el comunismo de Karol Wojtyla, nueve días durante los cuales la historia del siglo XX cambió su rumbo de manera fundamental,  gracias al encuentro religioso más multitudinario jamás visto en la parte del mundo controlado por un gobierno comunista. Mientras un nervioso Edward Gierek observaba desde lo alto del hotel sobre la Plaza de la Victoria en Varsovia, Juan Pablo II celebraba Misa ante una enorme multitud invocando el poder del Espíritu Santo para que “renovara la faz de la tierra – de esta tierra”. A partir de entonces y hasta el momento que en el aeropuerto secara sus lagrimas el 10 de junio al partir hacia Roma desde el aeropuerto de Balice, Karol Wojtyla se mostro en todo momento como el verdadero maestro de mentes y corazones de su gente a quienes devolvía  su autentica historia y cultura – su verdadera identidad.  Sin referirse jamás a temas de política o economía;  y fuera de las cortesías habituales  durante las ceremonias de bienvenida y despedida,  cumplió su misión como si las autoridades de la republica del pueblo polaco sencillamente no existieran, al menos no de manera significativa.  Pero restaurando la autentica identidad a un pueblo que había estado oprimido durante cuarenta años – devolviéndole Polonia y a los polacos  y devolviéndoles su propia identidad de polacos – creó nuevas herramientas de resistencia que el comunismo sencillamente no podría dominar.  

Encendiendo la chispa de una revolución moral entre el 2 y el 10 de junio de 1979 Juan Pablo II entrego en manos de su pueblo la llave de su propia liberación; la clave del despertar de las conciencias. Y lo pudo hacer porque logró captar la esencia del drama moderno polaco, que conocía desde adentro.   En su homilía en la Plaza de la Victoria recordó a sus compatriotas el heroísmo épico y la fe inquebrantable sustentada durante la insurrección de Varsovia en 1944 cuando Polonia fue abandonada por sus aliados occidentales y el ejército rojo se instalo a orillas del rio sin actuar. Y sin embargo, no obstante la destrucción de Varsovia después del alzamiento los polacos encontraron la figura de Cristo  cargando la cruz, hallada en la destruida iglesia de la Santa Cruz.  Y esa figura recordaba a Polonia lo que Juan Pablo II llamo “un solo criterio” – Jesucristo, la verdadera medida del hombre, de la libertad, de la historia.

Durante aquellos nueve días Juan Pablo II logró representar uno de los mayores acontecimientos de una figura pública durante el siglo veinte,  debido a sus dotes personales únicas, debido inclusive a su talento instintivo de hacerle sentir a cada miembro de esa enorme multitud que le estaba hablando a cada uno en particular.  Como aquella anécdota de Czestochowa ante una multitud de un millón de personas donde un minero al verse interrumpido por un colega le responde “cállate, no me hables cuando me está hablando mi Papa”.

 

George Weigel: El final y el principio (Planeta, 2011),  

 


Aquellos 9 días de Juan Pablo II en Polonia (1979) – 1 de 3 Intrigas y despertares

 


Asi comenta George Weigel en su libro El final y el principio (Planeta, 2011),  esos días tan particulares, en época del régimen comunista duro,  plagado de espías en Polonia y en el Vaticano mismo; lamentablemente alguno también entre los eclesiásticos. Épocas de misterios, traiciones y temores.  (traduzco de la versión en ingles)

A Edward Gierek no le resultó dominar la economía,  pero este líder político comunista  perspicaz sabía leer los sentimientos de sus compatriotas.  Asi fue que,  aconsejado por Leonid Brezhnev a principios de 1979 en negarle el permiso al Papa para volver a su patria, Gierek le respondió que eso era sencillamente imposible “por razones políticas”. “Bien”, respondió Brezhnev, haga como le parezca, pero guárdese de no lamentarlo despues.”

La idea original de Juan Pablo II era volver a Polonia en mayo de 1979 para poder celebrar el festejo anual en honor a San Estanislao, su predecesor en Cracovia, y simultáneamente presidir la solemne clausura del Sínodo de Cracovia cuyo compromiso era poner en práctica el Vaticano II en Polonia. 

Los comunistas conscientes de la fuerza simbólica  de la fiesta (Estanislao había sido martirizado mientras defendía la libertad de la Iglesia), resistieron a pie firme y negaron de plano esa posibilidad de peregrinación en mayo. Pero acordaron, sin embargo, que la visita podría tener lugar al mes siguiente. Y después de arduas negociaciones Juan Pablo II acepto gustoso los 9 días de junio a cambio de los dos días en mayo;  el programa incluía visitas a Gniezno y a Czestochowa, como así también  Varsovia y Cracovia y la Iglesia,  muy sabiamente,  postergó la celebración de San Estanislao a Junio.

No obstante este tremendo error estratégico el régimen comunista polaco hizo lo imposible para impedir la visita del Papa y minimizar el impacto, en lo que la SB (Servicio de Seguridad) y los grandes del partido consideraron una “gigantesca operación limitativa de daños”, código denominado LATA’79 (VERANO ’79). Se movilizaron y dividieron los informantes dentro de la iglesia católica y el laicado en ocho categorías.  El primer grupo, una elite que había tenido acceso al Cardenal Wojtyla en el pasado, incluía siete espías: DELTA, KAROL, MAREK, JUREKI, TUKAN, TRYBUN y LESZEK; JUREK un sacerdote, era miembro del comité que por parte de la Iglesia organizaba la peregrinación del Papa.  Estos informantes y aquellos en otras categorías no solo debían proveer  información. Su misión también era infiltrarse en los varios grupos católicos organizando comités para influir en sus decisiones en cuanto a la participación en la peregrinación del Papa.  (por ej. Tratando de limitar y controlar l número de participantes argumentando la preocupación por la seguridad) Esta importante operación anti papal continuó durante los eventos mismos y así fueron designados 480 agentes en el Servicio de Seguridad (SB)   para monitorear los eventos y  causar cuanta dificultad pudieran durante los días de la visita del Papa en Cracovia (Junio 6 al 10)

El Servicio de Seguridad coordinaba las actividades antipapales junto con la STASI  que había dispuesto varios cientos de agentes para monitorear a los visitantes extranjeros durante la visita del Papa. Se había organizado  un equipo de trabajo especial con sede en Frankfurt y la SB dispuso números de teléfono especiales en Varsovia y Cracovia de manera que los agentes de STASI pudieran estar conectados directamente con las oficinas centrales en Berlin Este.  Uno de los agentes de Stasi  sacerdote polaco, con el apodo de JUNGE,  quien tenía acceso directo al Papa y trabajaba mayormente para los servicios secretos de Berlin Este, más que para los servicios polacos.  Toda la operación estaba coordinada  por el principal de Stasi Joachim Wiegand, encargado de actividades anti católicas.   Al mismo tiempo el jefe Markus Wolf, poseía su propia fuente de información en el Vaticano, ignorada por  Wiegand: LICHTBLICK, el benedictino alemán Eugen Brammertz, registrado en la Stasi en 1960, pero que había tenido conexiones mucho antes. Brammertz trabajaba  en Roma en la edición alemana de Osservatore Romano, el diario vaticano, y ocasionalmente para la Secretaria de Estado y habría tenido acceso a algunos de sus archivos.

Juan Pablo II y sus colaboradores más cercanos ignoraban los detalles de LATA 79 y las actividades paralelas e otros servicios de inteligencia comunistas,  aunque seguramente presentían que sus viejos enemigos estarían al acecho. Años más tarde el secretario de Juan Pablo II recordaría sus preocupaciones.

Las autoridades de Varsovia no actuaban como polacos: de eso estamos seguros. Su determinación en esforzarse por lograr el perfil más bajo posible de la visita, su manipulación de la cobertura televisiva, sus esfuerzos por producir los obstáculos mas ridículos, especialmente en cuanto al servicio del transporte …todo eso no tenía nada que ver con las tradiciones de hospitalidad de los polacos. No hay dudas que las autoridades obedecían órdenes de Moscú y Praga. En realidad se sentían aterrados.

 

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viernes, 31 de mayo de 2019

40 años desde el primer viaje de Juan Pablo II a su tierra natal


Se cumplen 40 años desde aquel viaje tan deseado por el propio Papa y tan esperado por sus compatriotas.  El 2 de junio de 1979 llegaba a su tierra natal un Papa polaco.
Karol Wojtyla fue recibido en el aeropuerto de Varsovia  por el jefe de Estado polaco, Henryk Jablonski, el cardenal primado de Polonia su amigo, maestro y consejero  (por más que muchos dijeran lo contrario) Stefan Wysznski y los obispos de las diócesis de Polonia. Cuando descendió del avión todas las campanas de las iglesias de Varsovia comenzaron a repicar al mismo tiempo.  Si bien todos los movimientos se llevaron a cabo en perfecto orden  y el Papa le dijera al número uno del régimen comunista polaco, Edward Gierek que la visita debía servir para la paz y el conocimiento entre los pueblos,  flotaba una creciente tensión,  entusiasmo y ansias de liberación entre la multitud. A lo largo del recorrido millares de personas vitoreaban al Papa tirándole pétalos de flores.
El cardenal Stanislaw Dziwisz, su fiel secretario, comentaba recientemente que aquel viaje fue como una inspiración para la liberación de toda la región de Europa central y Oriental. Su elección había sido un shock para el mundo y más aun para toda la parte que estaba bajo el dominio del sistema comunista.

El arzobispo Mokrzycki comenta acerca de sus viajes que el no lo demostraba, pero regresaba a casa….eran contactos con la tierra, los amigos y lugares de su juventud que había tenido que dejar años atrás.  Y después del primero cada viaje se hacía más sereno y gozoso. Estaba entre su gente…
Y los encuentros en la calle Franciszkanska en Cracovia hicieron historia como las visitas más cordiales y espontaneas. Mantenía charlas vespertinas con quienes después ni lo dejaban dormir. …cantaban, rezaban y seguían esperando. Nunca los defraudo. Aparecía, hacia bromas y también el cantaba.

Encendiendo la chispa de una revolución moral entre el 2 y el 10 de junio de 1979 Juan Pablo II entrego en manos de su pueblo la llave de su propia liberación; la clave del despertar de las conciencias. Y lo pudo hacer porque logró captar la esencia del drama moderno polaco, que conocía desde adentro.   En su homilía en la Plaza de la Victoria recordó a sus compatriotas el heroísmo épico y la fe inquebrantable sustentada durante la insurrección de Varsovia en 1944 cuando Polonia fue abandonada por sus aliados occidentales y el ejército rojo se instalo a orillas del rio sin actuar. Y sin embargo, no obstante la destrucción de Varsovia después del alzamiento los polacos encontraron la figura de Cristo  cargando la cruz, hallada en la destruida iglesia de la Santa Cruz.  Y esa figura recordaba a Polonia lo que Juan Pablo II llamo “un solo criterio” – Jesucristo, la verdadera medida del hombre, de la libertad, de la historia.

En uno de los comentarios personales más emocionantes, mas sentidos y mas realistas Gian Franco Svidercoschi, amigo y admirador del Papa lo recuerda asi en su libro Un Papa que no mere, la herencia de Juan Pablo II (Ediciones San Pablo, 2011)
“Principios de junio de 1979. El primer regreso de Juan Pablo II a su patria. Un papa, es más, un papa polaco, entraba por primera vez en el corazón del imperio soviético. La Misa, justo después de su llegada, en la plaza de la Victoria, donde tenían lugar las grandiosas manifestaciones del régimen. Y una homilía llena de «palabras» que esa gente no oía públicamente desde hacía años. «Sin Cristo no es posible entender la historia de Polonia». Los aplausos duraron más de diez minutos, una eternidad. Y también los dirigentes comunistas los habían oído en la televisión, incrédulos, atónitos
El día después, por la mañana temprano, tuvo lugar el encuentro con los universitarios. A esa hora Varsovia era de una belleza impresionante, fantástica. Por una parte, la iglesia de Santa Ana, una de las más activas en el apoyo a las familias de los perseguidos; y por otra parte, el sol que estaba saliendo sobre el Vístula. Todos tenían un nudo en la garganta: el Papa y los jóvenes. Y al final, como si hubiera estado preparado, aunque en absoluto fue así, los jóvenes todos juntos levantaron hacia el Papa las pequeñas cruces de madera que llevaban en la mano
Desde entonces esa imagen se me quedó grabada en la memora, en el corazón. Cuando unos meses después tuve ocasión de hablar con Juan Pablo II y él me preguntó qué era lo que más me había impresionado de ese viaje, respondí enseguida: «¿El encuentro con los universitarios!». Me miró sorprendido: «Y no la Misa en la plaza de la Victoria? ¿El discurso de Gniezno? ¿Czestochowa? ¿Y la visita a Oswiecim, al campo de Auschwitz, o al menos a Cracovia?» Y yo cada vez respondía: «No!, los universitarios». «Pero porqué?» «Yo estaba en medio de los jóvenes, vi cómo lloraban. Vi con qué ímpetu, un ímpetu que venía de dentro, levantaron sus pequeñas cruces hacia usted». El Papa sonrió. Quizás no estaba de acuerdo, pero había entendido mi punto de vista.
Realmente del encuentro con los universitarios me quedé con la que podían ser, por así decir, sus implicaciones políticas. Ese día intuí como las nuevas generaciones polacas estaban ya completamente vacunadas del comunismo, de sus seducciones propagandísticas, y consecuentemente, que era previsible que en Polonia en algún momento ocurriría algo.
Me había quedado en la superficie. No había comprendido que la respuesta de esos jóvenes no sólo iba dirigida a un Papa hijo de su misma tierra que, volviendo allí para encontrarse con ellos, para animarlos, los habría sostenido así en sus batallas futuras por la libertad, por la democracia. Por el contrario, esa respuesta era ante todo de agradecimiento a quien, probablemente por primera vez en su vida, les había hablado de Dios, más aun, les había revelado el rostro de Dios Padre.  Un Dios misericordioso, compasivo, humilde, un Dios que está siempre dispuesto a abrir los brazos del perdón, un Dios que es portador de esperanza, de alegría. Y de la verdadera libertad. Entonces en ese mar de las cruces de los universitarios en Varsovia, había signos de un «misterio» que descubriría veintisiete años después, en el momento de la muerte de Juan Pablo II. Porque creo que en esa increíble multitud que había llegado a la plaza de San Pedro se podía finalmente captar el significado real, profundo, del «misterio Wojtyla»: un Papa que, por su fe, por cómo había llevado a cabo su misión, por sus dotes humanas, por su carisma, fue intérprete e instrumento de la paternidad divina, y supo así mostrar al hombre de hoy el rostro de Dios, el rostro humano de Dios.

En realidad, el clima del país había cambiado raedicalmente. Ya nada volvaria a ser como había sido…(Norman Davies)

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sábado, 14 de enero de 2017

Polonia 1979 Después del viaje del Juan Pablo II ya nada sería igual…


La visita del Papa a Polonia en junio de 1979 era esperada con una creciente mezcla de ansiedad y cierto recelo. Ningún polaco, católico o comunista, podía ocultar el orgullo ante el hecho que uno de sus compatriotas alcanzara el trono de San Pedro.  Después de décadas de humillaciones nacionales, este sentido de orgullo derribaba cualquier creencia, a tal punto que impedía  al ideólogo más empedernido dejar de aceptar al huésped más subversivo en la historia del partido.   Pero al mismo tiempo las autoridades del partido debían preocuparse que la ocasión no se prestase a que elementos hostiles provocasen desordenes y por lo tanto llevaran al régimen a una respuesta violenta.
De hecho, la visita del Papa se convirtió en una de las manifestaciones más exultantes jamás vivida.  Millones de polacos independientemente de edad o convicción, se lanzaron con un fervor libre de ataduras a las calles de Varsovia y Cracovia para darle la bienvenida a un verdadero líder espiritual. A aquellos que nunca han vivido cautivos bajo regímenes totalitarios les cuesta comprender  como puede darse una explosión de tanta emoción.  Pero para una nación que jamás había visto un programa televisivo sin previa censura, que nunca se les había permitido participar en demostraciones públicas y espontáneas de sus sentimientos, que había visto manipular y dominar sus opiniones genuinas, el momento de realización deslumbrante había llegado. El Papa por su parte fue la discreción encarnada. No pronunció palabra alguna de  crítica encubierta o reproche. Solo hablo de amor, perdón, fe y hermandad.  Pero su sola presencia fue electrizante.  En un segundo les enseño a sus compatriotas la diferencia entre la autoridad genuina,  que podían sentir en sus corazones, y los falsos reclamos del partido gobernante  que les había sido impuesto. Estas cosas ocurren.  Primero debido a la duración de la visita, más de treinta millones de hombres, mujeres y niños se maravillaban ante las misas papales y el progreso deslumbraba sus hogares.  Por otra parte, la Iglesia se ocupo de organizar auxiliares que mantuvieran a la muchedumbre bajo control,  opacando así al mismísimo control policial y militar, cuyo rol de mantenimiento de de la ley y el orden resulto superfluo.  Además, Edward Gierek y sus camaradas  de repente eran vistos como una pandilla de inútiles.  En un repentino influjo de realidad se derrumbo su talla.  Dejaban de ser el Politburó (máximo órgano ejecutivo del partido)  todopoderoso polacopra ser vistos como meros títeres pretensiosos de un poder extranjero; sin embargo trataban de mantener el mejor rostro posible. Todo el mundo era consciente de esto.
Después que el Papa partió, el régimen trato por todos los medios de restaurar el status quo ante.  La enorme cruz, que había sido erigida y permaneció durante una semana en la Plaza de la Victoria de Varsovia, fue desmantelada. Los pabellones, que albergaban las masas papales fueron quitados.  Los programas televisivos volvieron a ignorar la religión.     Los presentadores pretendían que todo había vuelto a la normalidad, o sea a lo anormal. En realidad, el clima del país había cambiado radicalmente. Ya nada volvería a ser como había sido.


Norman Davies: God´s playground, a History of Poland, Columbia University Press. 

sábado, 5 de marzo de 2016

Profesar públicamente la fe

“…todos los fieles, en virtud del propio bautismo y del sacramento de la confirmación, tienen que profesar públicamente la fe recibida de Dios por medio de la Iglesia, difundirla y defenderla como verdaderos testigos de Cristo (cf. Lumen gentium, 11). O sea, están llamados a la evangelización, que es un deber fundamental de todos los miembros del Pueblo de Dios (cf. Ad gentes, 35), tengan o no tengan particulares funciones vinculadas más íntimamente con los deberes de los Pastores (Apostolicam Actuositatem, 24)”


Ser maestros de la verdad

“Como Pastores tenéis la viva conciencia de que vuestro deber principal es el de ser maestros de la verdad. No de una verdad humana y racional, sino de la Verdad que viene de Dios; que trae consigo el principio de la auténtica liberación del hombre: “conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Jn 8, 32); esa verdad que es la única en ofrecer una base sólida para una “praxis” adecuada.”

[…]

De vosotros, Pastores, los fieles de vuestros países esperan y reclaman ante todo una cuidadosa y celosa transmisión de la verdad sobre Jesucristo. Esta se encuentra en el centro de la evangelización y constituye su contenido esencial: “No hay evangelización verdadera mientras no se anuncie el nombre, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios” (ib., 22).

[…]

Maestros de la verdad, se espera de vosotros que proclaméis sin cesar, y con especial vigor en esta circunstancia, la verdad sobre la misión de la Iglesia, objeto del Credo que profesamos, y campo imprescindible y fundamental de nuestra fidelidad. El Señor la instituyó como comunidad de vida, de caridad, de verdad (cf. Lumen gentium, 9) y como cuerpo, pléroma y sacramento de Cristo en quien habita toda la plenitud de la divinidad (cf. ib., 7).

VIAJE A LA REPÚBLICA DOMINICANA, MÉXICO Y BAHAMAS (del Discurso del Santo Padre Juan Pablo II en la inauguración de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano - Puebla, MéxicoDomingo 28 de enero de 1979)


1979, Mexico, Bahamas, verdad, Republica Dominicana

Fidelidad en la unidad

“Pidamos, hermanos, al Señor Jesús que El nos dé la fidelidad a El, la fidelidad en la unidad que ha querido para nosotros, para que el mundo crea.”

(del discurso del Papa Juan Pablo II a los participantes en un encuentro ecuménico – Puebla, México Domingo 28 de enero de 1979)



jueves, 7 de enero de 2016

Desde México a todas las familias de Latinoamérica

“Para cada familia en particular el Papa quisiera poder decir una palabra de aliento y de esperanza. Vosotras, familias que podéis disfrutar del bienestar, no os cerréis dentro de vuestra felicidad; abríos a los otros para repartir lo que os sobra y a otros les falta. Familias oprimidas por la pobreza, no os desaniméis y, sin tener el lujo por ideal, ni la riqueza como principio de felicidad, buscad con la ayuda de todos superar los pesos difíciles en la espera de días mejores. Familias visitadas y angustiadas por el dolor físico o moral, probadas por la enfermedad o la miseria, no acrecentéis a tales sufrimientos la amargura o la desesperación, sino sabed amortiguar el dolor con la esperanza.

El ser humano no se agota en la sola dimensión terrestre

“Habéis elegido como método de vida el seguimiento de unos valores que no son los meramente humanos, aunque también éstos debéis estimar en su justa medida. Habéis optado por el servicio a los demás por amor de Dios. No olvidéis nunca que el ser humano no se agota en la sola dimensión terrestre. Vosotras, como profesionales de la fe y expertas en el sublime conocimiento de Cristo (cf. Flp 3, 8), abridles a la llamada y dimensión de eternidad en la que vosotras mismas debéis vivir.”

sábado, 28 de noviembre de 2015

Juan Pablo II a los sacerdotes y religiosos de México

“Sois sacerdotes y religiosos; no sois dirigentes sociales, líderes políticos o funcionarios de un poder temporal. Por eso os repito: “No nos hagamos la ilusión de servir al Evangelio si tratamos de 'diluir' nuestro carisma a través de un interés exagerado hacia el amplio campo de los problemas temporales” (Discurso al clero de Roma, 9 de noviembre de 1978) .No olvidéis que el liderazgo temporal puede fácilmente ser fuente de división, mientras el sacerdote debe ser signo y factor de unidad, de fraternidad. Las funciones seculares son el campo propio de acción de los laicos que han de perfeccionar las cosas temporales con el espíritu cristiano (cf. Apostolicam actuositatem, 4)”
(del Encuentro del Santo Padre Juan Pablo II con los sacerdotes diocesanos y religiosos en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe 27 de enero de 1979)


jueves, 3 de septiembre de 2015

Virgo fidelis, Virgen fiel


“De entre tantos títulos atribuidos a la Virgen, a lo largo de los siglos, por el amor filial de los cristianos, hay uno de profundísimo significado: Virgo fidelis, Virgen fiel. ¿Qué significa esta fidelidad de María? ¿Cuáles son las dimensiones de esa fidelidad?
La primera dimensión se llama búsqueda. María fue fiel ante todo cuando, con amor se puso a buscar el sentido profundo del designio de Dios en Ella y para el mundo. “ Quomodo fiet?: ¿Cómo sucederá esto? ”, preguntaba Ella al Ángel de la Anunciación. Ya en el Antiguo Testamento el sentido de esta búsqueda se traduce en una expresión de rara belleza y extraordinario contenido espiritual: “buscar el rostro del Señor”. No habrá fidelidad si no hubiere en la raíz esta ardiente, paciente y generosa búsqueda; si no se encontrara en el corazón del hombre una pregunta, para la cual sólo Dios tiene respuesta, mejor dicho, para la cual sólo Dios es la respuesta.
La segunda dimensión de la fidelidad se llama acogida, aceptación. El quomodo fiet se transforma, en los labios de María, en un fiat. Que se haga, estoy pronta, acepto: éste es el momento crucial de la fidelidad, momento en el cual el hombre percibe que jamás comprenderá totalmente el cómo; que hay en el designio de Dios más zonas de misterio que de evidencia; que, por más que haga, jamás logrará captarlo todo. Es entonces cuando el hombre acepta el misterio, le da un lugar en su corazón así como “María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lc 2, 19; cf. ib. 3, 15). Es el momento en el que el hombre se abandona al misterio, no con la resignación de alguien que capitula frente a un enigma, a un absurdo, sino más bien con la disponibilidad de quien se abre para ser habitado por algo –¡por Alguien!– más grande que el propio corazón. Esa aceptación se cumple en definitiva por la fe que es la adhesión de todo el ser al misterio que se revela.
Coherencia, es la tercera dimensión de la fidelidad. Vivir de acuerdo con lo que se cree. Ajustar la propia vida al objeto de la propia adhesión. Aceptar incomprensiones, persecuciones antes que permitir rupturas entre lo que se vive y lo que se cree: esta es la coherencia. Aquí se encuentra, quizás, el núcleo más intimo de la fidelidad.
Pero toda fidelidad debe pasar por la prueba más exigente: la de la duración. Por eso la cuarta dimensión de la fidelidad es la constancia. Es fácil ser coherente por un día o algunos días. Difícil e importante es ser coherente toda la vida. Es fácil ser coherente en la hora de la exaltación, difícil serlo en la hora de la tribulación. Y sólo puede llamarse fidelidad una coherencia que dura a lo largo de toda la vida. El fiat de María en la Anunciación encuentra su plenitud en el fiat silencioso que repite al pie de la cruz. Ser fiel es no traicionar en las tinieblas lo que se aceptó en público.”






Garantizar la paz

“Garantizar la paz a todos los habitantes de nuestro planeta quiere decir buscar, con toda la generosidad y dedicación, con todo el dinamismo y perseverancia de que son capaces los hombres de buena voluntad, todos los medios concretos aptos a promover las relaciones pacíficas y fraternas, no sólo en el plano internacional, sino también en el plano de los distintos continentes y regiones, donde será a veces más fácil conseguir resultados que, no por ser limitados, serán menos importantes. Las realizaciones de paz en el plano regional constituyen en efecto un ejemplo y una invitación para la entera comunidad internacional.”



Guadalupe y Czestochowa destinos espirituales semejantes


“Considero un hecho providencial el que mis primeros pasos fuera de Italia, fuera de Roma, durante mi pontificado, me han traído precisamente aquí, a esta tierra donde sus habitantes, ciudadanos cristianos y católicos, han sufrido tanto por Cristo; esto nos une con ellos; también ellos lo sienten y lo manifiestan. Sin duda la mayor parte de ellos no conocen la historia de Polonia, como nosotros no conocemos la de México…… pero sienten que entre ellos y nosotros hay un vínculo espiritual, como una semejanza de destino espiritual; y la Madre de Dios del santuario de Guadalupe nos recuerda vivamente a nuestra Madre de Dios de Jasna Gora. Y por eso hoy, esperando peregrinar al santuario de la Madre de Dios de Guadalupe, vivo los mismos sentimientos que cuando iba —y espero que en un futuro no lejano podré ir todavía— al santuario de la Madre de Dios de Jasna Gora en Czestochowa.”



lunes, 29 de junio de 2015

Sean ricos en humanidad

“He querido venir aquí precisamente porque se trata de una zona pobre, para que tuvierais la oportunidad – como justo derecho - de estar con el Papa. El ve en vosotros una presencia más viva del Señor, que sufre en los hermanos más necesitados, que sigue proclamando bienaventurados a los pobres de espíritu, a quienes padecen por la justicia y son puros de corazón, trabajan por la paz, son compasivos y mantienen la esperanza en el Cristo Salvador.
Pero al invitaros a cultivar esos valores espirituales y evangélicos, deseo haceros pensar en vuestra dignidad de hombres y de hijos de Dios. Quiero alentaros a ser ricos en humanidad, en amor a la familia, en solidaridad con los demás. A la vez, os animo a desarrollar cada vez más las posibilidades que tenéis de lograr una mayor dignificación humana y cristiana.”


Si habéis encontrado a Cristo, vivid a Cristo, vivid con Cristo





“Sucede a veces que nuestra sintonía de fe con Jesús permanece débil o se hace tenue –cosa que el pueblo fiel nota enseguida, contagiándose por ello de tristeza - porque lo llevamos dentro, sí, pero confundido a la vez con nuestras propensiones y razonamientos humanos (cf ib., 15) sin hacer brillar toda la grandiosa luz que El encierra para nosotros…”.
“…Una cosa es clara… la fe en Cristo resucitado no es resultado de un saber técnico o fruto de un bagaje científico (cf. 1Co 1, 26). Lo que se nos pide es que anunciemos la muerte de Jesús y proclamemos su resurrección (S. Liturgia). Jesús vive.”

“…Si habéis encontrado pues a Cristo, ¡vivid a Cristo, vivid con Cristo! Y anunciadlo en primera persona, como auténticos testigos: “para mí la vida es Cristo” (Flp 1, 21)…”.



“…Es preciso que los hombres vean en nosotros a los dispensadores de los misterios de Dios (cf. 1Co 4, 1), testigos creíbles de su presencia en el mundo. Pensemos frecuentemente que Dios no nos pide, al llamarnos, parte de nuestra persona, sino toda nuestra persona y energías vitales, para anunciar a los hombres la alegría y la paz de la nueva vida en Cristo y guiarlos a su encuentro. Para ello sea nuestro afán primero buscar al Señor, y una vez encontrado, comprobar dónde y cómo vive, quedándonos con El todo el día (cf. Jn 1, 39). Quedándonos con El de manera especial en la Eucaristía, donde Cristo se nos da, y en la oración, mediante la cual nos damos a El”