Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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viernes, 14 de agosto de 2026

San Maximiliano Kolbe, mártir y servidor de Maria Inmaculada

 


«Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13).

En la Audiencia del 2 de septiembre de 1998 el Papa Juan Pablo II explicaba esta “cima de amor, alcanzada por Cristo crucificado” diciendo que “nadie puede llegar sin la ayuda del Paráclito.” Y agregaba “Más aún, santo Tomás de Aquino escribió que la «ley nueva» es la misma gracia del Espíritu Santo, que nos ha sido dada mediante la fe en Cristo (cf. Summa Theol., I-II, q. 106, a. 1, conclusio et ad 2). Esta «ley nueva» de libertad y amor está personificada en Jesucristo, pero, al mismo tiempo, con total dependencia de él y de su redención, se expresa en la Madre de Dios”

Kolbe no ofreció su vida por casualidad. Su “dar la vida" se convirtió en un “signo de victoria”. Fue su amor hasta el extremo, “inspirado en la Inmaculada, a la que confiaba su amor por Cristo y su deseo del martirio. En el misterio de la Inmaculada Concepción se desvelaba a los ojos de su alma aquel mundo maravilloso y sobrenatural de la gracia de Dios ofrecida al hombre. La fe y las obras de toda la vida del padre Maximiliano indican que entendía su colaboración con la gracia como una milicia bajo el signo de la Inmaculada Concepción. La característica mariana es particularmente expresiva en la vida y en la santidad del padre Kolbe. Con esta señal quedó marcado todo su apostolado, tanto en su patria como en las misiones. En Polonia y en Japón fueron centro de este apostolado las especiales ciudades de la Inmaculada «Niepokalonów», polaco, «Mugenzai no Sono», japonés”

(de la Homilía de Juan Pablo II en la Misa de Canonización 10 de octubre 1982)


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jueves, 14 de agosto de 2025

San Maximiliano Kolbe: El amor a la Inmaculada centro de su vida espirituial.

 


«Te saludo, llena de gracia, el Señor es contigo» (Lc 1, 28). 

Mientras estas palabras del saludo del Ángel resuenan suavemente en nuestro alma, deseo dirigir la mirada: junto con vosotros, queridos hermanos y hermanas, sobre el misterio de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María con los ojos espirituales de San Maximiliano Kolbe. El dedicó todas las obras de su vida y de su vocación a la Inmaculada. Y por eso en este año, en el que ha sido elevado a la gloria de los Santos: él está mucho más cerca en la Solemnidad de la Inmaculada de quien amo definirse «militante».

El amor a la Inmaculada fue, en efecto, el centro de su vida espiritual, el fecundo principio animador de su actividad apostólica. El modelo sublime de la Inmaculada iluminó y guió su intensa existencia sobre los caminos del mundo e hizo de su muerte heroica en el campo de exterminio de Auschwitz un espléndido testimonio cristiano y sacerdotal. Con la intuición del santo y la finura del teólogo, Maximiliano Kolbe meditó con agudeza extraordinaria el misterio de la Concepción Inmaculada de María a la luz de la Sagrada Escritura, del Magisterio y de la Liturgia de la Iglesia, sacando admirables lecciones de vida. Ha sido para nuestro tiempo profeta y apóstol de una nueva «era mariana», destinada a hacer brillar con fuerte luz en el mundo entero a Cristo y su Evangelio.

Esta misión que él llevó adelante con ardor y dedicación, «lo clasifica —como afirmó Pablo VI en la homilía para su Beatificación— entre los grandes Santos y los espíritus videntes que han comprendido, venerado y cantado el Misterio de María» (lnsegnamenti di Paolo VI, IX, 1971, p. 909). Asimismo, conocedor de la profundidad inagotable del misterio de la Concepción Inmaculada, para la que «las palabras humanas no son capaces de expresar Aquella que ha llegado a ser verdadera Madre de Dios» (Gli escritti di Massimiliano Kolbe, eroe di Oswiecjm e Beato della Chiesa, Vol. 3, Edizione Cittá di Vita, Firenze, 1975, v. III, p. 690), su mayor dolor era que la Inmaculada no fuera suficientemente conocida y amada a imitación de Jesucristo y como nos enseña la tradición de la Iglesia y el ejemplo de los Santos. En efecto, amando a María, nosotros honramos a Dios que la elevó a la dignidad de Madre de su propio Hijo hecho Hombre y nos unimos a Jesucristo que la amó como Madre; no la amaremos nunca como El la amó: «Jesús ha sido el primero en honrarla como su Madre y nosotros debemos imitarle también en esto. No renunciemos nunca a igualarle en el amor con que Jesús la amó» (Ibidem v. 11, p. 351). El amor a María, afirma el P. Maximiliano, es el camino más sencillo y más fácil para santificamos, realizando nuestra vocación cristiana. El amor de que habla no es, en verdad, sentimentalismo superficial, sino que es esfuerzo generoso es donación de toda la persona, como él mismo nos demostró con su vida de fidelidad evangélica hasta su muerte heroica.

(Dela Homilia del Papa Juan Pablo II en la Basilica de Santa Maria la Mayor el 8de diciembre de 1982)

 

San Maximiliano Maria Kolbe

 


Hoy 14 de agosto, recordamos a San Maximiliano Maria Kolbe, significativamente en la vigilia de la Fiesta de la Asunción de la Virgen Maria, aniversario de su muerte, “sacrificio de amor, que dió su vida en el campo de concentración de Auschwitz, ofreciéndose por otro prisionero al que no conocía, un padre de familia!” (Juan Pablo II: ¡Levantaos, Vamos!)

Kolbe, un santo que “como pocos, había sido penetrado por el misterio de la divina elección de María. Su corazón y su pensamiento se concentraron de forma particular en torno al «nuevo comienzo», que fue en la historia de la humanidad –por obra del Redentor– la Inmaculada Concepción de la Madre de su encarnación terrena.

«El significado de Madre –escribía– lo sabemos, pero el de Madre de Dios no lo podemos comprender con la inteligencia, con la mente limitada. Sólo Dios mismo comprende perfectamente qué significa “Inmaculada”... La Inmaculada Concepción está llena de misterios consoladores» (M. Kolbe, Carta del 12 de abril de 1933).

Maximiliano Kolbe penetró en este misterio de forma particularmente profunda, particularmente sintética: no de forma abstracta, sino a través del vivo contexto de Dios-Trinidad, Dios que es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y a través del vivo contexto de los designios salvíficos de Dios para el mundo. Escuchemos de nuevo sus palabras: «Busquemos cada vez más, cada día más, acercarnos a la Inmaculada; de este modo nos acercaremos cada vez más al Sacratísimo Corazón de Jesús, a Dios Padre, a toda la Santísima Trinidad, porque ninguna criatura está tan cercana a Dios como la Inmaculada. Así acercaremos también todos los que nos son cercanos en el corazón a la Inmaculada y al buen Dios» (M. Kolbe, Carta desde Nagasaki, 6 de abril de 1934). (de la homilia de Juan Pablo II en Niepokalanów, la Ciudad de la Inmaculada, complejo fundado por el P. Kolbe en 1927, Niepokalanów ese lugar donde, en continua obediencia al Espíritu de verdad, a ejemplo de la Inmaculada, el hombre se iba formando día a día, de manera que el Santo superase al hombre no sólo en función de la vida y del apostolado, sino también en función de una muerte de mártir «por el hermano»”.

Decia el Papa  Benedicto en su audiencia del 13de agosto de 2008 de Maximiliano María Kolbe. “Aparentemente su existencia se podría considerar una derrota, pero precisamente en su martirio resplandece el fulgor del amor que vence las tinieblas del egoísmo y del odio. A San Maximiliano Kolbe se le atribuyen las siguientes palabras que habría pronunciado en el pleno furor de la persecución nazi: "El odio no es una fuerza creativa: lo es sólo el amor". El generoso ofrecimiento que hizo de sí en cambio de un compañero de prisión, ofrecimiento que culminó con la muerte en el búnker del hambre, el 14 de agosto de 1941, fue una prueba heroica de amor.”

Maximiliano Maria Kolbe fue beatificado por el Santo Padre Paolo VI el 17 de octubre de 1971, en presencia del hombre a quien Kolbe le habia salvado la vida, y del Cardenal Karol Wojtyla.

 


D
efinido por el Papa Pablo VI como un "mártir del amor", Kolbe ofreció su vida a cambio de un padre de familia, Franciszek Gajowniczek, que más tarde recordaría aquellos dramáticos momentos con estas palabras: "Kolbe se salió de la fila, arriesgándose a morir al instante, para pedir al Lagerfhurer que me sustituyera. Era impensable que la propuesta fuera aceptada, de hecho era mucho más probable que el sacerdote se sumara a los diez seleccionados para morir juntos de hambre y sed. ¡Pero no! En contra del reglamento, Kolbe me salvó la vida".

Maximiliano Maria Kolbe fue proclamado santo y mártir el 10 de octubre de 1982 por Juan Pablo II, en presencia del hombre a quien le habia salvado la vida.

San Maximiliano Kolbe, patrono de los radioaficionados




 

 

viernes, 2 de mayo de 2025

El horror, el santo y nuestros días (4 de 4)




Auschwitz/Oswiecim – Maximiano Kolbe

“Sería erróneo convertir la figura de Kolbe en un símbolo de rendimiento ante el opresor, o de rehusar enfrentarse al mal por medios de este mundo. Esta posición seria más propia del ethos protestante (refiriéndose a las enseñanzas de Dietrich Bonhoeffer)  pero contrario al espíritu de un pueblo que recuerda con veneración las victimas de tantas luchas sangrientas por la independencia de su patria, bajo la guía espiritual del Cardenal Stefan Wyszynski, el capellán de los insurgentes de Varsovia.  En sus actividades dentro de la iglesia y la sociedad la espiritualidad del padre Kolbe siempre estuvo marcada por  virilidad y  espíritu cortés.   Sería suficiente recordar el titulo de su diario, Rycerz Niepokalanej, El Caballero de la Inmaculada, cuya tirada superaba los 800.000  ejemplares en Polonia antes de la guerra.                                                                                                                                                                                                                                            

El mensaje de Kolbe es de un equilibrio católico integral: el oprimido puede y debe luchar por la justicia con armas de este mundo pero la verdadera victoria es la victoria espiritual, y es la que recupera y reconstruye la verdad en uno mismo y en los demás.  Es solamente con la mirada fija puesta en esta victoria que es posible evitar cruzar inadvertidamente el límite hacia la injusticia y perder de vista las razones humanas que convierten la lucha en digna y noble. Kolbe no tiene nada que ver en las consecuencias de secularización (que algunos suponen pueden surgir del pensamiento de Bonhoeffer.) Su vida demuestra que en esta tormentosa era de la historia del hombre, es cada vez mas imperiosa la capacidad del hombre por la humanización a fin de que el corazón humano no se rinda ante la barbarie.

 

Si tratamos de abreviar en pocas palabras el dictamen sobre la historia contemporánea que surge de lo que hemos tratado de exponer podemos decir que el conflicto que marca la historia contemporánea es un conflicto por o contra la imagen cristiana de lo humano.   Existieron varias formas de totalitarismos que intentaron construir una ciudad sin Dios en la cual (no obstante sus ocasionales reclamos humanísticos) el hombre se halla inexorablemente reducido a ser  un mero instrumento del poder. En vista de este conflicto fundamental,  en cierto sentido,  todos los demás esfuerzos son secundarios. Nuestra intención no es minimizar la lucha  que divide clases y naciones sino argumentar que estos conflictos pueden resolverse de manera equitativa, justa y humana solamente si están orientados por una visión cristiana del hombre: de otra manera terminan por provocar un aumento de injusticia y finalmente la  auto destrucción de la humanidad.

 

Es bien fácil establecer como esta visión de historia contemporánea difiere de aquella que se halla mas divulgada entre nosotros – la idea que las raíces de la crisis de la civilización europea, que nos ha cargado con terribles y continuos ciclos de guerras mundiales, debe buscarse en la esfera de la economía, en la lucha entre clases y entre naciones. Lo que se vislumbra en primer plano y ocupa mayormente nuestra atención es la lucha entre las diferentes formas de totalitarismo moderno. Sin dudas, el caos de intereses conflictivos nos vuelve sordos a la pacifica resistencia de todos aquellos que rechazan renunciar a su dignidad humana y, en lugar de ponerse de un lado u otro de estas formas de totalitarismos que compiten entre si por la dominación mundial, buscan construir una alternativa.

 

Polonia se ha visto envuelta en dos de las formas más violentas de totalitarismos modernos, y frente a estas adversidades reafirmó otra visión del hombre creando una oposición esencialmente moral.  En septiembre de 1939 las estructuras físicas del estado polaco se rindieron inmediatamente ante la superioridad alemana. Sin embargo, los nazis no lograron destruir la resistencia moral del pueblo.  Exterminaron a los intelectuales  y mataron una sexta parte   de los sacerdotes con la intención de destruir la conciencia espiritual de la nación. La resistencia moral se reconstruyo a si misma alrededor de la presencia de testigos de la iglesia católica y, por medio de ella, por algunos grandes hombres de fe. Ya hemos hablado del padre Maximiliano Kolbe. En este contexto, debemos mencionar también al cardenal Sapieha, arzobispo metropolitano de Cracovia, figura gigante de obispo y sacerdote y símbolo de la resistencia espiritual, en cuya esfera de influencia maduró la vocación sacerdotal del joven Karol Wojtyla.

 

Guiada por otra gran figura de sacerdote y obispo, el Cardenal Stefan Wyszyński, la iglesia también se opuso al totalitarismo comunista a través de su propia resistencia moral anclada en la visión del hombre como “imagen visible del Dios invisible”.  Este testigo estimuló la conciencia de la gente. Englobaba la voluntad de continuar la lucha por la verdad y la libertad, y al mismo tiempo mantenía viva la conciencia que más importante que la reforma política del régimen dominante es la reforma de la conciencia – el redescubrimiento,  individual y comunitario, de una perseverancia esencial y una constante humanidad frente a los reclamos del poder. Los hechos de Danzig en 1979, la protesta pacífica y firme de todo un pueblo en defensa de la verdad y el derecho, habla de una manifestación practica de una inclinación espiritual nueva, de la cual habla,  quizás en el testimonio más lúcido que se haya escrito,  Józef Stanisław Tischner en su The Ethics of Solidarity.”

 

Traducido de Rocco Buttiglione:  KAROL WOJTYLA – The thought of the man who became Pope por (William B. Erdman Publishing Co. 1997

 

El horror, el santo y nuestros días (3 de 4)

 



(peregrinaciòn  a Auschwitz durante el Congreso de la Misericordia en Cracovia, 2011)

 

Auschwitz/Oswiecim – Maximiliano Kolbe

 

“Reflexionemos por un momento sobre estas palabras. Auschwitz es un lugar construido para la destrucción del hombre, para el aniquilamiento de su dignidad. El poder, por cierto,  no puede matar a todos los hombres porque los necesita como sirvientes e instrumentos.  Pero para garantizarse estos instrumentos primero debe aniquilar su dignidad, su auto estima. En el campo de exterminio, el hombre es reducido a pura animalidad, y de acuerdo a la destrucción programada de su personalidad espiritual se demuestra científicamente que no conlleva valores superiores sino que es tan solo un animal levemente mas evolucionado que los demás.  Es como un mono entrenado que puede ser domesticado, pero que está siempre dispuesto a regresar a la ley de la jungla. Desde ese punto de vista  la humanidad no consiste en lo que es mas profundo en el hombre sino en lo que es más superficial. Observando la brutalidad de las victimas  (y la de sus asesinos) cada uno de ellos se ve forzado a pensar en su dimensión más profunda y en que podría convertirse en cualquier momento en caso que ofendiera a los poderes existentes o si no se mostrase totalmente obediente a sus órdenes.   El fin último del campo de extermino es, en cierta manera, metafísico: muestra que los valores humanos en cuyo nombre sería posible desafiar al poder no existen, porque el hombre solo es materia sujeta a coerción por medios materiales cualquiera fuese su fin. Por lo tanto, si en el hombre no hay verdad ni justicia, si solo se trata de palabras huecas, entonces,  en principio,  la razón de toda oposición al poder totalitario desaparece. Entonces cualquier posible oposición debiera radicar – si así pudiera – tan solo en el plano de la fuerza.  Precisamente por esta razón y en virtud de la profundidad metafísica que responde al horror de Auschwitz, el testimonio del padre Kolbe no es mero testimonio sino una victoria.  Porque al sacrificar su vida convierte en inútil el campo de exterminio: lo anula espiritualmente mostrando al mismo tiempo que la humanidad es lo más profundo que existe en el hombre. Es más fundamental para él y le pertenece más íntimamente que el instinto de supervivencia y cualquier otra tendencia que el hombre tiene en común con otros animales. En el lugar construido para el aniquilamiento del hombre, para la negación de su naturaleza espiritual, Kolbe muestra la esencia de la grandeza humana.

 

Ningún éxito de la alianza anti nazi puede anular lo que ocurrió  en Auschwitz,  ningún castigo para con los asesinos puede equipararse con el sufrimiento de víctimas inocentes. No es posible borrar Auschwitz o lugares de muerte similares de la historia humana. Pero el padre Kolbe impregnó de una profundidad inesperada la lectura de su significado.  Porque esos lugares son los la cruz de Cristo sobre la cual gime el hombre contemporáneo.  El cristiano sabe que, vivido en el espíritu de Cristo, como participación de su sufrimiento y su testimonio para el hombre, son lugares de victoria fundamental del hombre y para el hombre.

 

Para comprender mejor el pensamiento de Juan Pablo II, debemos prestar atención al texto polaco de su discurso porque en un punto la traducción (al ingles) no es enteramente fiel. Cuando nuestra traducción dice “se lleva a cabo una victoria particular para la fe” las palabras exactas que el Santo Padre pronunciara son: “dokonalo sie szczegolne zwycietwo czlowieka przez wiare” – literalmente, “se lleva a cabo una victoria particular del hombre por medio de la fe”.  Lo que se conquista, por medio de Kolbe, no es la fe cristiana sino el hombre, el hombre que por medio de la fe llega a la total posesión de su propia humanidad.  Esta posesión coincide con el reconocimiento que su propia verdad humana es un don que brota continuamente de la misericordia de Dios.  En el campo, el hombre como tal experimenta la prueba de la cruz, pero es la fe la que le permite superar la prueba, para recuperar completa y definitivamente, por medio de la prueba, su propia verdad y su dignidad humana.”

 

Traducido de Rocco Buttiglione:  KAROL WOJTYLA – The thought of the man who became Pope por (William B. Erdman Publishing Co. 1997) 

 

  

 


El horror, el santo y nuestros días (2 de 4)

 


Auschwitz/Oswiecim -  Maximiliano Kolbe  

 

Traducido de Rocco Buttiglione:  KAROL WOJTYLA – The thought of the man who became Pope por (William B. Erdman Publishing Co. 1997)

 

“Adorno le adjudica esta imagen al sobreviviente judío, que fácilmente podría aplicarse a la raza aria y relacionar el destino de las victimas con el de los asesinos. (13) Cuando la fuerza es enteramente disociada de la justicia, el homo sapiens no logra reivindicar elevarse más allá de la mera animalidad alegando su capacidad de acceder a un orden superior de valores.  

La pregunta de Adorno – si aun es posible hacer filosofía después de Auschwitz, básicamente si aun es posible ser humano – no ha encontrado respuesta en la cultura contemporánea.  Sin embargo ha sido encarada por Juan Pablo II, primero implícitamente en su encíclica  RedemptorHominis,  y  explícitamente en su homilía en la Misa celebrada en la explanada de Brzezinska el 7 de junio de 1979. Esta homilía esta centrada en una figura fascinante que gozara de gran prestigio en la vida eclesiástica y cultural polaca antes de la guerra. El padre Kolbe, encarcelado en el campo de exterminio fue consuelo y ayuda constante para sus compañeros, un recordatorio viviente de su dignidad humana, violada en ese lugar.  Durante una represalia Kolbe se ofreció a ir a la cámara de gas en reemplazo de un compañero, padre de familia númerosa, aceptando el desafío de ser condenado a morir de hambre.  Karol Wojtyla siempre practico  gran devoción por   San Maximiliano M. Kolbe.  Para Juan Pablo II fue el modelo de estos tiempos difíciles, no solamente por su propia estatura espiritual, sino también por el significado particular que, en la Providencia de Dios, asume su sacrificio.  Porque es en ello que radica la respuesta a la fundamental pregunta filosófica: Si es posible y cómo ser humano después del horror de la guerra.  Esta respuesta no es fruto de una reflexión abstracta,  sucede a un hecho y busca neutralizar la memoria del sufrimiento, sino que es una respuesta cuyo testigo ha sido sellado con sangre.

Desde el comienzo, en su homilía dedicada la figura del padre Kolbe, Juan Pablo II acoge la opinión de Adorno en el significado de Auschwitz de nuestra época, pero lo revierte. El comienza así:

"...Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Jn 5, 4)

Estas palabras de la Carta de San Juan me vienen a la mente y me llegan al corazón, cuando me encuentro, junto con vosotros, en este lugar donde se ha llevado a cabo una particular victoria del ser humano mediante la fe. Por la fe que hace nacer el amor de Dios y del prójimo, el único amor, el amor supremo que está dispuesto a “dar la vida por sus amigos” (Jn 15, 13; cf. 10, 11). Una victoria pues por el amor que hace viva la fe hasta el extremo del último y definitivo testimonio…..La victoria mediante la fe y el amor la consiguió este hombre en este lugar, construido para la negación de la fe –de la fe en Dios y de la fe en el hombre– y para aplastar radicalmente no sólo el amor, sino todos los signos de la dignidad humana, de la humanidad. En este lugar del terrible estrago……el P. Maximiliano Kolbe, ofreciéndose voluntariamente a sí mismo a la muerte, en el búnker del hambre, por un hermano, consiguió una victoria espiritual, similar a la del mismo Cristo.”

(13)  Adorno:  Negative dialects, pp 327-28)

 


 

El horror, el santo y nuestros días (1 de 4)

 

Traducido de Rocco Buttiglione:  KAROL WOJTYLA – The thought of the man who became Pope por (William B. Erdman Publishing Co. 1997)



 (fotografia de Auschwitz.org)  

 Auschwitz/Oswiecim -  Maximiliano Kolbe   

 “El campo de concentraciòn de Oswiecim, el pueblo polaco que los alemanes llamaron Auschwitz , es el símbolo más elocuente del horror de la guerra por un lado,  y por otro la culminación de la cultura del inmanentismo. En un universo que expulsa a Dios,  el respeto al hombre es nulo.  El hombre se torna un simple objeto, similar a otros objetos naturales, a merced de la voluntad de poder de otros hombres. Así cualquiera, acorde a su propio proyecto de vida, trata a otros como si fuese una herramienta.   De esta manera cualquier hombre se transforma en objeto del proyecto de otros hombres y  la vida social se convierte en un escenario de instrumentalización reciproca donde triunfa el principio darwiniano de “supervivencia del más apto”. (que Spencer aplicó a la especie humana). El hecho de que el mismo error que testimonia Auschwitz haya sido reproducido en un entorno político radicalmente diferente, muestra como la gran división que atraviesa la historia contemporánea – aquella que se opone radicalmente a  matanzas y victimas -  influencia nuestra manera de pensar acerca de los seres humanos.    La antítesis radica en la posición de aquellos que  - aunque persiguieran su propio interés - aun respetan cierta medida de verdad y justicia,  y aquellos que no aceptan límites en su carrera hacia el poder.

El horror de Auschwitz es tan inmenso que necesariamente debe tener un significado filosófico. No se trata solo del número de víctimas y de su horrenda manera de morir.  Auschwitz es el símbolo de la humillación del hombre que, bajo diferentes (aunque no menos emblemáticas) formas, no cesa de repetirse en nuestro tiempo.  Se nutre de una profunda desviación espiritual, que debemos comprender en sus raíces si queremos ponerle fin a la barbarie.

Nadie ha enfrentado estas cuestiones más frecuente y profundamente que Theodore Adorno. El se pregunta si después de Auschwitz aun es posible escribir poesía o filosofía. Porque el mundo al cual pertenece Auschwitz es un mundo sin alma, y las actividades espirituales que perduran solo sirven para equipararlo con una apariencia de legitimidad que contradice vergonzosamente su realidad. Si la II Guerra Mundial marca la catástrofe del inmanentismo ético, es precisamente en Auschwtiz donde el dogma fundamental de la filosofía de la historia, la manifestación paralela de justicia y fuerza, se contradice de la manera más cruenta.  Y la victoria militar de los Aliados no alcanza para refutar este juicio. Uno de los principales vencedores en la guerra mantuvo en su propio país un sistema Gulag a la altura de un comandante de campo Nazi.  Más aun a fin de obtener la victoria, las fuerzas Aliadas causaron la muerte de cientos de miles de inocentes en Hiroshima y Nagasaki.  Mas allá de cierto nivel parecería que la fuerza casi inevitablemente se separa de la justicia.(1) La historia humana, una vez orientada hacia un progreso definitivo, se enfrenta con la amenaza de la destrucción.  Aunque no haya golpeado todas las ciudades y destruido vidas humanas, arrasó con los valores y la conciencia que debiera animar aquellas vidas.  El drama del hombre moderno consiste en haber sobrevivido físicamente su propia extinción espiritual.”

  

(1)   Simone Weil, citando a Homero, dice que “la justicia vuela de los vencedores”    

 

 

 

jueves, 30 de enero de 2025

El infierno de Auschwitz (y otros) y la 2da guerra mundial (3 de 5) La gloria de los mártires

 


(placa en Auschwitz - traducción texto): 

Auschwitz fue el campo de concentración y muerte nazi alemán mas grande.

En los años 1940-1945, los nazis deportaron al menos 1.300.000 personas a Auschwitz:

1.100.000 judíos

140.000 - 150.000 polacos

23.000 romaníes (gitanos) 

15.000 prisioneros de guerra soviéticos

25.000 prisioneros de otros grupos étnicos.

1.100.000 de estas personas murieron en Auschwitz;  aproximadamente 90% de las víctimas eran judíos  Las SS asesinaron a la mayoría de ellos en las cámaras de gas.

 

“La lista de nombres sería interminable. Sólo unos pocos son conocidos. Pero a todos los une la experiencia de haber padecido la muerte por el hecho de ser cristianos. Una experiencia trágica, pero que se convierte n gloriosa si se considera desde la perspectiva de una vida marcada por la radicalidad evangélica.

 

Sería suficiente recordar al padre Maximiliano Kolbe, asesinado en Auschwitz, en el bloque número 11, tras haber asumido el puesto de un condenado a muerte. O al salesiano Jozef Kowalski,(*)  de la parroquia de Debniki, la de Wojtyla, al que golpearon y ahogaron por negarse a pisotear su rosario. O al prior del convento de Carmelitas Descalzos de Czerna, Alfonso Mazurek, (*) muerto a causa de los golpes recibidos. Para no continuar con la enumeración, quizás baste recordar que el campo de Dachau fue en algún momento el monasterio más grande del mundo, tal era el número de religiosos allí deportados.

 

Con todo , desde aquel 27 de enero de 1945, desde le momento en que aquellos cuatro soldados ucranianos lo descubrieron, es inevitable unir el recuerdo de los lager nazis con la Shoah, con la masacre planificada de los hijos de Israel solamente por le hecho de que eran judíos. Al igual que es inevitable ver en Auschwitz el «lugar» que simboliza de manera absoluta el desprecio del hombre, la dignidad de la persona humana.

 

También lo veía así Karol, que perdió así a muchos de sus conocidos, de sus amigos hebreos. Como las mujeres de la familia Kluger, o dos compañeros del Instituto, Zweig y Selinger, que murieron ahogados en un río de Siberia, donde habían sido deportados. “

 

 

* Beatificados por el Papa Juan Pablo II el  13 de junio de 1999 en Varsovia.

Gian Franco Svidercoschi: Historia de Karol, 121/122, Ediciones Internacionales Universitarias, Madrid

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miércoles, 14 de agosto de 2024

A los 83 años del martirio de San Maximiliano Kolbe

El cardenal Stanislaw Dziwisz, arzobispo metropolitano emérito,  presidio hoy la Santa Misa en el altar junto al bloque 11 del antiguo campo de concentración Auschwitz alemán. Este 83 aniversario de San Maximiliano Kolbe conto con la participación de decenas de sacerdotes,  la presencia de Zdzisława Włodarczyk, ex prisionera de Auschwitz, el obispo auxiliar de Cracovia Robert Chrząszcz,  los obispos Roman Pindel y Ludwig Schick y el Provincial de los Franciscanos Conventuales de Cracovia Padre Mariusz Kozioł, OFMConv. A la oración en el lugar conmemorativo asistieron, también el padre Ryszard Żuber, OFMConv, presidente nacional de los Caballeros de la Inmaculada Concepción, el decano de Oświęcim, el p. Mariusz Kiszczak, director del Centro para el Diálogo y la Oración de Oświęcim, el p. Dariusz Chrostowski, sacerdotes de la diócesis de Bielsko-Żywiec y de la archidiócesis de Cracovia, y las hermanas Serafitas de Oświęcim;  representantes de autoridades  provinciales, distritales y locales,  y empleados de la sucursal del Instituto de la Memoria Nacional en Cracovia.

 



Los reunidos para la liturgia fueron recibidos por el obispo de Bielsko-Żywiec, Roman Pindel , quien anteriormente había llegado en procesión con las reliquias del mártir desde la iglesia en el centro de Oświęcim hasta el antiguo campo,  y la orden franciscana deposito flores ante el muro de la muerte en la historica plaza y en la celda donde fue martirizado San Maximiliano.

 

En su homilía, el metropolitano retirado de Cracovia recordó la trágica historia de Auschwitz, un lugar que simboliza el mal extremo que se manifestó en el brutal pisoteo de la dignidad humana. Señaló la inmensidad del sufrimiento infligido a personas inocentes. Al mismo tiempo, señaló que San Maximiliano Kolbe fue un hombre que enfrentó este mal. “Desde una perspectiva humana, estaba indefenso en este lugar, no significaba nada, al igual que sus compañeros de miseria, los prisioneros del Campo de concentración Auschwitz-Birkenau.  Su única arma fue el amor en dar la vida." 

El cardenal describió el campo alemán de Auschwitz como un intento de crear un mundo sin Dios, dominado por personas que desprecian a los demás por su raza, nacionalidad o idioma. También señaló que el mensaje de San Maximiliano sigue siendo válido. “Sin duda hoy el santo estaría en la primera fila de los defensores de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, condenaría el pisoteo de la dignidad y los derechos humanos y nos pediría que nos pongamos del lado de los pobres, los débiles y los marginados de la vida social. Sin duda nos pediría que no sucumbamos a las tentaciones del egoísmo, del hedonismo y del estilo de vida consumista"

En las palabras al final de la Santa Misa El arzobispo de Bamberg, Ludwig Schick, comentó que desde hace 15 años viene cada año a Oświęcim para participar en talleres con la Fundación Maximiliano Kolbe bajo el lema "La reconciliación después de un pasado turbulento". “Nos reunimos aquí con unos 40 jóvenes de todo el mundo, en un lugar de horror y terror donde más de un millón de personas fueron tratadas inhumanamente y asesinadas. Visitamos los dos campos, escuchamos las opiniones de los supervivientes de los campos de concentración y pensamos en la reconciliación para un futuro mejor, la justicia y la paz….  Recordó que hoy en muchos lugares se ignora la dignidad humana y los derechos humanos. “Hay guerras en curso, por ejemplo en Ucrania, la Franja de Gaza y Sudán. El racismo y el genocidio no han terminado. Para que todas las personas vivan en paz, muchas personas bien intencionadas deben esforzarse hoy y en el futuro para convertir a las personas a un solo Dios, la reconciliación y la paz. Aunque he estado en Auschwitz tantas veces, siempre me sorprende la crueldad que se muestra aquí. La inhumanidad de quienes participaron en la máquina de matar de Auschwitz es incomprensible. Esto debería prohibirse a toda costa y debería hacerse todo lo humanamente posible para que algo así no vuelva a suceder", agegó.

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El padre Maximiliano Kolbe fue transportado a Oświęcim el 28 de mayo de 1941 y encarcelado en KL Auschwitz, donde recibió el número 16670. Durante el pase de lista en la plaza del campo, diez personas fueron seleccionadas para morir porque un prisionero se había escapado del campo. El padre Maximilianho salió de la fila y se dirigió en alemán al Lagerführer Karl Fritzsch, pidiéndole que ocupara el lugar de su compañero de prisión desconocido, Franciszek Gajowniczek, quien suplicó clemencia y le explicó que tenía una familia. Por no cumplir las normas, un sacerdote podía ser fusilado inmediatamente o unirse al condenado. Sin embargo, los alemanes aceptaron la petición del sacerdote.

Los historiadores no han podido determinar la fecha exacta de este acontecimiento basándose en relatos de testigos presenciales, pero una de las fechas más mencionadas es el 29 de julio de 1941. Fue entonces cuando diez personas fueron elegidas para morir porque un prisionero escapó del bloque. El padre Kolbe pasó los últimos días de su vida agonizando en la celda número 18 del sótano del bloque 11, donde fue trasladado con un grupo de otros prisioneros marcados para la muerte. Los presos recuerdan que los condenados a morir de hambre inicialmente cantaban y rezaban. Después de unos días, las voces que salían de la celda cesaron. Los alemanes retiraron sucesivamente los cuerpos de los muertos posteriores. El padre Kolbe fue el último en morir, tras recibir una inyección de ácido fénico. Como recuerda el traductor del bloque que sobrevivió al campo, Brunon Borgowiec: “El padre Kolbe estaba sentado en el suelo, apoyado contra la pared, con los ojos abiertos. Su cuerpo estaba limpio y radiante”.

 El 17 de octubre de 1971el Papa Pablo VI declaró beato al padre Maximiliano Kolbe y el 10 de octubre de1982, el Papa Juan Pablo II incluyó al padre Maximiliano entre los santos mártires de la Iglesia católica.

 

 Fuente: EKAI

viernes, 7 de octubre de 2022

Se cumplen 40 años de la canonización del padre Maximiliano Maria Kolbe «mártir del amor» (10 de octubre de 1982)

 


Se cumplen 40 años de la canonización del padre Maximiliano Maria Kolbe  «mártir del amor» (10 de octubre de 1982)

 

Hacia finales de julio de 1941, después que los prisioneros, destinados a morir de hambre, habían sido puestos en fila por orden del jefe del campo, este hombre, Maximiliano María Kolbe, se presentó espontáneamente, declarándose dispuesto a ir a la muerte en sustitución de uno de ellos. Esta disponibilidad fue aceptada, y al padre Maximiliano, después de dos semanas de tormentos a causa del hambre, le fue quitada la vida con una inyección mortal, el 14 de agosto de 1941.

Todo esto sucedía en el campo de concentración de Auschwitz (Oswiecim), , entre ellas la Sierva de Dios Edith Stein (la carmelita sor Teresa Benedicta de la Cruz), [fue canonizada por Juan Pablo II el 11 de octubre de 1998]. La desobediencia al mandamiento de Dios creador de la vida: «No matarás», causó en ese lugar la inmensa hecatombe de tantos inocentes. En nuestros días, pues, nuestra época ha quedado así horriblemente marcada por el exterminio del hombre inocente.

 

El padre Maximiliano Kolbe, prisionero del campo de concentración, reivindicó, en el lugar de la muerte, el derecho a la vida de un hombre inocente Franciszek Gajowniczek [presente en la ceremonia de canonizacion] El padre Kolbe reivindicó su derecho a la vida, declarando la disponibilidad de ir él mismo a la muerte en su lugar, ya que ese hombre era un padre de familia y su vida era necesaria para sus seres queridos. De este modo, el padre Maximiliano María Kolbe reafirmó así el derecho exclusivo del Creador sobre la vida del hombre inocente y dio testimonio de Cristo y del amor. Así, escribe, en efecto, el Apóstol Juan: «En esto hemos conocido la caridad: en que Él dio su vida por nosotros; y nosotros debemos dar nuestra vida por nuestros hermanos» (1 Jn 3,16).

 

El padre Maximiliano, al que la Iglesia venera ya como «Beato» desde 1971, al dar su vida por un hermano, se asemeja a Cristo de manera particular.

 

(…)

 

La inspiración de toda su vida fue la Inmaculada, a la que confiaba su amor por Cristo y su deseo del martirio. En el misterio de la Inmaculada Concepción se desvelaba a los ojos de su alma aquel mundo maravilloso y sobrenatural de la gracia de Dios ofrecida al hombre. La fe y las obras de toda la vida del padre Maximiliano indican que entendía su colaboración con la gracia como una milicia bajo el signo de la Inmaculada Concepción. La característica mariana es particularmente expresiva en la vida y en la santidad del padre Kolbe. Con esta señal quedó marcado todo su apostolado, tanto en su patria como en las misiones. En Polonia y en Japón fueron centro de este apostolado las especiales ciudades de la Inmaculada («Niepokalonów», polaco, «Mugenzai no Sono», japonés)

 

(..)

Los hombres miraban lo que sucedía en el campo de «Auschwitz» (Oswiecim). Y, aunque a sus ojos les parecía que «moría» un compañero de su tormento, aunque humanamente podían considerar su «partida de este mundo» como «una desgracia», sin embargo, en su conciencia ésta no era simplemente «la muerte».

Maximiliano no murió, «dio la vida... por el hermano».


(de la Homilía de Juan Pablo II el día de la canonización) 

 

 

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sábado, 6 de febrero de 2021

San Maximiliano Maria Kolbe patrono de Malopolska durante 2021

 


El Voivodato de Malopolska (la pequeña Polonia) ha establecido que San Maximiliano Maria Kolbe sea el patrón del año 2021 porque este año se conmemora el80 aniversario de su muerte en el campo de concentración nazi KL Auschwitz.

 Durante la homilíapronunciada en Łódź en 1987, Juan Pablo II recordó al santo:

“Aquí en Łódź y en la cercana Pabianice, se crió en una familia de clase trabajadora - entre padres y hermanos profundamente creyentes - el pequeño Raymond Kolbe, más tarde testigo de gran amor, santo mártir, padre Maksymilian Maria. El primer santo polaco del segundo milenio. Siendo aún un niño, descubrió la vocación de vivir en la Orden de St. Francisco y, fiel a la llamada de Dios, como sacerdote y misionero, desarrolló muchas actividades apostólicas. Se dedicó con energía inagotable a la obra de evangelización, utilizando los medios de comunicación social disponibles para hablar a la gente sobre Cristo y su Madre Inmaculada en Italia, Japón y Polonia. 

"Juan Pablo II ha subrayado repetidamente la importancia de la persona de Maximiliano Kolbe para Polonia y los polacos, así como su enorme influencia en la formación del sentido de libertad y el valor de la vida humana. Maksymilian Maria Kolbe fue beatificado por el Papa Pablo VI el 17 de octubre de 1971, como el primer mártir polaco de la Segunda Guerra Mundial. En ese momento, nadie pensaba que ese arzobispo de  Cracovia, que rezaba  muchas veces en el corredor de la muerte del franciscano, lo elevaría a la gloria de los altares el 10 de octubre de 1982.

 Durante la Santa Misa enNiepokalanów,  el Santo Padre dijo:

¿Qué significa que el amor es más fuerte que la muerte? También significa: "No te dejes vencer por el mal, sino vence el mal con el bien", según las palabras de San Pablo (Rm 12, 21). Estas palabras traducen la verdad sobre el acto, realizado en Oswiecim por el padre Maximiliano, en diferentes dimensiones: en la dimensión de la vida cotidiana, pero también en la dimensión del tiempo, en la dimensión del difícil momento histórico, en la dimensión del siglo XX, y puede ser incluso en el de los tiempos venideros.

Reunidos en Niepokalanów para la gran acción de gracias nacional tras la elevación a la gloria de los altares de San Maximiliano María, compatriota nuestra, testigo de nuestro siglo difícil, mártir, primer santo del linaje polaco en el segundo milenio, deseamos enriquecer la herencia cristiana polaca con la conmovedora elocuencia del acto que realizó en Oswiecim: "No te dejes vencer por el mal, / sino vence el mal con el bien".

 "Nadie tiene mayor amor que este: dar la vida por sus amigos" ( Jn 15, 13): así dice Jesús, despidiéndose de los apóstoles en el Cenáculo, antes de ir hacia la pasión y la muerte. . “Hemos pasado de muerte a vida, porque amamos a nuestros hermanos”, repetirá el apóstol Juan después de su Maestro en su primera Carta ( 1 Jn 3, 14 ). Y concluirá: “De aquí hemos llegado a conocer el amor: dio su vida por nosotros; por tanto, también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos ( 1 Jn 3,16 ).

 

 

domingo, 14 de agosto de 2016

El misterio de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María con los ojos espirituales de San Maximiliano Kolbe.


Rubens: Inmaculada de Wikipedia

“ «Te saludo, llena de gracia, el Señor es contigo» (Lc 1, 28).
Mientras estas palabras del saludo del Ángel resuenan suavemente en nuestro alma, deseo dirigir la mirada: junto con vosotros, queridos hermanos y hermanas, sobre el misterio de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María con los ojos espirituales de San Maximiliano Kolbe. El dedicó todas las obras de su vida y de su vocación a la Inmaculada. Y por eso en este año, en el que ha sido elevado a la gloria de los Santos: él está mucho más cerca en la Solemnidad de la Inmaculada de quien amo definirse «militante».
El amor a la Inmaculada fue, en efecto, el centro de su vida espiritual, el fecundo principio animador de su actividad apostólica. El modelo sublime de la Inmaculada iluminó y guió su intensa existencia sobre los caminos del mundo e hizo de su muerte heroica en el campo de exterminio de Auschwitz un espléndido testimonio cristiano y sacerdotal. Con la intuición del santo y la finura del teólogo, Maximiliano Kolbe meditó con agudeza extraordinaria el misterio de la Concepción Inmaculada de María a la luz de la Sagrada Escritura, del Magisterio y de la Liturgia de la Iglesia, sacando admirables lecciones de vida. Ha sido para nuestro tiempo profeta y apóstol de una nueva «era mariana», destinada a hacer brillar con fuerte luz en el mundo entero a Cristo y su Evangelio.
Esta misión que él llevó adelante con ardor y dedicación, «lo clasifica —como afirmó Pablo VI en la homilía para su Beatificación— entre los grandes Santos y los espíritus videntes que han comprendido, venerado y cantado el Misterio de María» (lnsegnamenti di Paolo VI, IX, 1971, p. 909). Asimismo, conocedor de la profundidad inagotable del misterio de la Concepción Inmaculada, para la que «las palabras humanas no son capaces de expresar Aquella que ha llegado a ser verdadera Madre de Dios» (Gli escritti di Massimiliano Kolbe, eroe di Oswiecjm e Beato della Chiesa, Vol. 3, Edizione Cittá di Vita, Firenze, 1975, v. III, p. 690), su mayor dolor era que la Inmaculada no fuera suficientemente conocida y amada a imitación de Jesucristo y como nos enseña la tradición de la Iglesia y el ejemplo de los Santos. En efecto, amando a María, nosotros honramos a Dios que la elevó a la dignidad de Madre de su propio Hijo hecho Hombre y nos unimos a Jesucristo que la amó como Madre; no la amaremos nunca como El la amó: «Jesús ha sido el primero en honrarla como su Madre y nosotros debemos imitarle también en esto. No renunciemos nunca a igualarle en el amor con que Jesús la amó» (Ibidem v. 11, p. 351). El amor a María, afirma el P. Maximiliano, es el camino más sencillo y más fácil para santificamos, realizando nuestra vocación cristiana. El amor de que habla no es, en verdad, sentimentalismo superficial, sino que es esfuerzo generoso es donación de toda la persona, como él mismo nos demostró con su vida de fidelidad evangélica hasta su muerte heroica.”

viernes, 7 de diciembre de 2012

La Milicia de la Inmaculada de San Maximiliano Kolbe – entrevista de Zenit a Fray Jarosław Wysoczański OFM


En una breve entrevista que Jose Antonio Varela Vidal hace para Zenit con motivo de las vísperas de la festividad de la Inmaculada a Fray Wysoczanski  éste nos cuenta de los comienzos de la Milicia y nos habla de la visión de san Maximiliano Kolbe en tiempos difíciles y de su amor a Maria.


Hay que decir – responde Fray Wysoczanski - que la Milicia nace de la idea de san Maximiliano Kolbe, quien sabía leer los signos de los tiempos, y encontrar una respuesta evangélica de cómo ser Iglesia. Así escoge este amor y la consagración a la Virgen María como un camino a seguir. Hay que recordar que nace desde los frailes, algunos ilustres como el padre Stefano Ignudi, también es importante el rol del padre espiritual de Maximiliano Kolbe, el jesuita Alessandro Basile que era confesor del santo padre. San Maximiliano consulta con él y con los frailes, quienes consultaban a su vez con sus padres espirituales para empezar la obra. Así un día, en un lugar del convento que aún existe en Roma, y que se puede visitar hoy en la Casa Kolbe, ellos se encontraron para escribir los estatutos de la Milicia de la Inmaculada.

¿Cuáles fueron esas reglas?
--Padre Wysoczański: Todo comienza con la consagración a la Virgen María, y después hay una invitación a rezar todos los días dicho acto de la consagración, así como llevar la Medalla Milagrosa. Luego hay una estructura muy simple, que actualmente tiene presencia en 60 países. Es un movimiento que abarca a los laicos, y justamente la presidenta es una laica consagrada italiana.

En los escritos de Maximiliano María Kolbe, ¿se puede encontrar ya la devoción a María?
--Fray Wysoczański: Sí. Para él, la Virgen María es el motor, y está siempre en el centro de su estilo de vida sencillo, muy pobre, pero también con este ímpetu de difundir su mensaje, y a través de ella a Jesús por todo el mundo. San Maximiliano Kolbe ama a la Virgen María, pero siempre en un contexto misionero; por eso organiza un gran convento en Niepokalanów, en Polonia. Así, en poco tiempo, ya con 700 frailes en el convento, deja la obra en manos de otros y parte para Asia. Es interesante que tantos años atrás, él tuviera su mirada puesta en un continente que necesitaba tanto de Jesús y de María.