Llamados a ser santos

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“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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lunes, 8 de junio de 2026

Juan Pablo II a los jóvenes: Poned la Eucaristía en el centro de vuestra vida


 Queridos jovenes:


Al volver a vuestra tierra poned la Eucaristía en el centro de vuestra vida personal y comunitaria: amadla, adoradla y celebradla, sobre todo el domingo, día del Señor.  Vivid la Eucaristía dando testimonio del amor de Dios a los hombres.

Os confío, queridos amigos, este don de Dios, el más grande dado a nosotros, peregrinos por los caminos del tiempo, pero que llevamos en el corazón la sed de eternidad. ¡Ojalá que pueda haber siempre en cada comunidad un sacerdote que celebre la Eucaristía! Por eso pido al Señor que broten entre vosotros numerosas y santas vocaciones al sacerdocio. La Iglesia tiene necesidad de alguien que celebre también hoy, con corazón puro, el sacrificio eucarístico. ¡El mundo no puede verse privado de la dulce y liberadora presencia de Jesús vivo en la Eucaristía!

Sed vosotros mismos testigos fervorosos de la presencia de Cristo en nuestros altares. Que la Eucaristía modele vuestra vida, la vida de las familias que formaréis; que oriente todas vuestras opciones de vida. Que la Eucaristía, presencia viva y real del amor trinitario de Dios, os inspire ideales de solidaridad y os haga vivir en comunión con vuestros hermanos dispersos por todos los rincones del planeta.

Que la participación en la Eucaristía fructifique, en especial, en un nuevo florecer de vocaciones a la vida religiosa, que asegure la presencia de fuerzas nuevas y generosas en la Iglesia para la gran tarea de la nueva evangelización.

Si alguno de vosotros, queridos jóvenes, siente en sí la llamada del Señor a darse totalmente a Él para amarlo “con corazón indiviso” (cf. 1 Co 7,34), que no se deje paralizar por la duda o el miedo. Que pronuncie con valentía su propio “sí” sin reservas, fiándose de Él que es fiel en todas sus promesas. ¿No ha prometido, al que lo ha dejado todo por Él, aquí el ciento por uno y después la vida eterna? (cf. Mc 10,29-30).”

(de la Santa Misa de clausura de la XII Jornada Mundial de la Juventud – Tor Vergata, 20 de agosto de 2000

jueves, 4 de junio de 2026

La Iglesia vive de la Eucaristía – Solemnidad de Corpus Christi

 


"Ecclesia de Eucharistia vivit":  La Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia. Ésta experimenta con alegría cómo se realiza continuamente, en múltiples formas, la promesa del Señor: « He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo » (Mt 28, 20); en la sagrada Eucaristía, por la transformación del pan y el vino en el cuerpo y en la sangre del Señor, se alegra de esta presencia con una intensidad única. Desde que, en Pentecostés, la Iglesia, Pueblo de la Nueva Alianza, ha empezado su peregrinación hacia la patria celeste, este divino Sacramento ha marcado sus días, llenándolos de confiada esperanza”

Son palabras tomadas de la carta encíclica sobre la Eucarística  Ecclesia de Eucharistia que el Papa Juan Pablo II firmaba el “Jueves santo, durante la misa in Cena Domini” . Esta solemnidad – decía con ocasión de la Fiesta de Corpus Christi  elaño 2003 recuerda aquella sugestiva celebración,  haciéndonos  revivir,  al  mismo tiempo, el intenso clima de la última Cena.

 

"Tomad, esto es mi cuerpo. (...) Esta es mi sangre" (Mt 14, 22-24). Escuchamos nuevamente las palabras de Jesús mientras ofrece a los discípulos el pan convertido en su Cuerpo, y el vino convertido en su Sangre. Así inaugura el nuevo rito pascual:  la Eucaristía es el sacramento de la alianza nueva y eterna.

[…]

La santísima Eucaristía, resquicio del Paraíso que se abre aquí en la tierra, penetra las nubes de nuestra historia. Como rayo de gloria de la Jerusalén celestial, proyecta luz sobre nuestro camino (cf. Ecclesia de Eucharistia, 19).

 

"Ave, verum corpus natum de Maria Virgine":  ¡Salve, verdadero cuerpo de Cristo, nacido de María Virgen!

 

El alma se llena de asombro adorando este misterio tan sublime.

"Vere passum, immolatum in cruce pro homine". De tu muerte en la cruz, oh Señor, brota para nosotros la vida que no muere.

 

"Esto nobis praegustatum mortis in examine". Haz, Señor, que cada uno de nosotros, alimentado de ti, afronte con confiada esperanza todas las pruebas de la vida, hasta el día en que seas viático para el último viaje, hacia la casa del Padre.

 

"O Iesu dulcis! O Iesu pie! O Iesu, fili Mariae!", "¡Oh dulce Jesús! ¡Oh piadoso Jesús! ¡Oh Jesús, Hijo de María!". Amén.”

 


 

viernes, 19 de mayo de 2023

Juan Pablo II, un hombre eucarístico" - Slawomir Oder (2/2)

 


Recuerdo mi primer encuentro con el Santo Padre, cuando participe en el congreso que se llevo a cabo el 18 de junio de 1983 en Czestochowa.   Fue un encuentro de aquellos que, entrando repentinamente y con fuera en tu existencia, la descomponen, sembrando una semilla de inquietud tal que no puedes fingir que nada ha pasado y que tu vida sigue como antes. Aunque después del primer momento de entusiasmo intentas volver a la normalidad, tratando de archivar aquel encuentro entre otros vividos, la semilla arrojada permanece escondida y, en el momento oportuno, vuelve con toda su fuerza de convencimiento y de inquietud, desafiándote a abandonar la actitud de cobardía o de apatía e impulsándote a afrontar el desafío con coraje.

El Papa era valiente en afrontar las adversidades y los desafíos con coraje. Y fue el deseo de comunicarnos este coraje lo que le impulsó a dirigirnos estas palabras aquel lejano 18 de junio de 1983 enCzestochowa: “Sed exigentes con vosotros mismos aún cuando ninguno os exigirá nada”.  

Era fundamental para él “entrar y permanecer en el espacio del Santísimo Sacramento” Y era precisamente en este lugar, en este espacio de encuentro con Cristo amado, donde le Divino Escultor esculpía los trazos más hermosos, los más parecidos a Si, en lo profundo del corazón de Juan Pablo II.  Me viene a la mente eltono bromista que él asumió  en el curso del encuentro con los jóvenes durante la celebración del Gran Jubileo en Roma.  Hablando con ellos bromeaba y recordaba el dicho popular polaco “Z jakim przestajesz, takim sie stajesz” “Dime con quien andas y te diré quien eres” Se refería entonces a la juventud de sus interlocutores, que rejuvenecían su corazón.  Pero aquel dicho, expersion de la sabiduría popular, encontró su aplicación más profunda al final de los días de la peregrinación terrena de Juan Pablo II, cuando su sufrimiento lo introducía mayormente en el misterio de Cristo y la muerte cerraba la larga parábola de su calvario. El vivió en una profunda comunión con Cristo identificándose siempre mas con el misterio que celebraba como sacerdote.

Conocemos muchas imágenes del Papa, pero me parece que su personalidad queda expresada de manera más completa, madura, profunda y verdadera en la fotografía tomada en su capilla el último viernes Santo: el Papa enfocado por detrás, apoyado en la cruz que aprieta entre las manos, abrazándola tanto hasta ser una cosa con ella. “Ha cumplido la carrera”. Se ha convertido en testigo auténtico del amor de Dios. Llevo esta imagen en mi corazón como se lleva la foto de una persona amada.

El Papa Benedicto XVI recordó “con cuanta devoción él celebraba la Santa Misa, centro de cada una de sus jornadas. Y Cuanto tiempo transcurría en adorante y silenciosa oración ante el sagrario. En los últimos meses la enfermedad lo asemejó cada vez más a Cristo sufriente. Conmueve el pensar cómo, en la hora de la muerte, el unió el ofrecimiento de la propia vida a la de Cristo, en la Santa Misa que se celebraba junto a su lecho” (Angelus, Castel Gandolfo, 4 de septiembre de 2005) 

 Queridos amigos, concluyendo mi reflexión quisiera desear a todos, mientras descubrimos en la Eucaristía la riqueza del amor de Dios, vivir sabiéndonos amados por Dios, como verdaderos hijos Suyos, recibiendo la fuerza que nos impulsa a volar alto, hacia la santidad, es decir, hacia la plenitud de la medida de la vida cristiana ordinaria, celebrando con toda nuestra vida el Mysterium fideicomo sacerdotes profetas  y reyes. Sea este nuestro modo de custodiar el testamento espiritual de Juan Pablo II y de pagar la deuda de amor. Sea ésta nuestra respuesta a la invitación que nos dejó en el Mane nobiscum Domine: “Llevad al encuentro con Jesus escondido bajo los velos eucarísticos todo el entusiasmo de su edad, de su esperanza, de su capacidad de amar (Mane nobuscum 31) 

 

Juan Pablo II, un hombre eucarístico" - Slawomir Oder (1/2)

 


Toda la enseñanza doctrinal de Juan Pablo II se desarrolla alrededor de la Eucaristia, centro vital en torno al cual se recoge para alimentar la fe y el entusiasmo (Mane nobiscum 4)  con el fin de llegar a su celebración mas vivía y sentida de la cual “surja una existencia cristiana transformada por el amor” (Mane nobiscum 29)

 De las innumerables intervenciones del papa Juan Pablo II sobre el tema de la Eucaristía se pueden individuar cinco grandes hilos temáticos: El Papa enseña que:

 - La Eucaristía es el sacramento de la vida eterna, del acercamiento de Dios y de su amor que abre al hombre la prospectiva que va más allá de la muerte; es, además, un sálido fundamento de la reconciliación entre los hombres y camino seguro hacia el Reino de Dios.

- El segundo grupo temático contempla la Eucaristía como sacrificio de la Cruz, como el verdadero Pan y la verdadera Bebida para la vida en Dios, que sacia el hambre y la sed más profunda del corazón humano y lo colma de paz; es el sacramento del amor de Dios: fuente de la radical transformación del corazón humano por la acción del Espíritu Santo que produce los frutos de alegría y de santidad. Mediante la estrecha unión entre la Eucaristía y el sacramento de la reconciliación, Aquella puede ser considerada vía de la conversión del hombre y de su regeneración.

 La Eucaristía en relación a la Iglesia es sacramento que la edifica y la nutre: “Ecclesia de Eucaristia vivit”. El sacrificio eucarístico es fundamento de la comunidad eclesial, centro y culmen de su vida sacramental. En el contexto de estas reflexiones el Papa torna frecuentemente a considerar la relación que existe entre la Eucaristía y cada miembro particular del Cuerpo Místico de Cristo en el ejercicio del sacerdocio común y el rol específico e insustituible del sacerdote, el único que obra “in persona Christi”. Este rol específico de cada sacerdote lo pone en una situación de particular responsabilidad en relación al Misterio que celebra y en relación al pueblo de Dios. Es, de hecho, una gran labor y un servicio fundamental en el confronto de la comunidad el introducirla en el Misterio del Sacrificio, en el Misterio del Amor, en el Misterio de la Presencia, en el Misterio de la Comunión. Por otra parte, todos los miembros de la comunidad eclesial están llamados a descubrir la riqueza de los tesoros espirituales presentes en la Eucaristía que Esta difunde en la vida de la iglesia doméstica, en la relación entre los cónyuges, en el tejido social dentro del cual la Iglesia vive y al progreso del cual contribuye. En este contexto la Eucaristía se convierte en el fundamento más profundo de la solidaridad entre los hombres.

 Un puesto especial ocupa el aspecto ecuménico da la enseñanza pontificia sobre la Eucaristìa. “Quanta est nobis via?” pregunta el Papa en la enciclica “Utunum sint” sobre el ecumenismo. Esta pregunta pone a la comunidad eclesial delante de la urgencia de dejarse guiar del Espíritu Santo, el único que puede resolver las dificultades humanamente irresolvibles. Esta necesidad es tanto más urgente cuanto más la Iglesia se encuentra delante a los interrogativos del mundo acerca de las razones de la “pretensión” cristiana. De hecho, “sólo la Iglesia reconciliada eucarísticamente podrá ser signo – sacramento de la unidad de todo el género humano y de la paz en el mundo” (Discurso durante el encuentro ecuménico en Varsovia 8/06/1987).  

- El último de los grandes hilos temáticos relativos a la Eucaristía considera las indicaciones práctico – pastorales que ofrecen nuevos y reproponen antiguos instrumentos de expresión y de profundización de la fe en la Presencia real de Cristo en el Santìsimo Sacramento. El culto eucarístico encuentra, de hecho, su variada expresión en las visitas, adoraciones, exposiciones, celebración de horas santas, “cuarenta horas”, procesiones eucarísticas y en la celebración de los congresos eucarísticos. Sin embargo, todas estas formas de expresión de la fe eucarística presuponen y exigen la forma más común del culto eucarístico: la plena participaciòn a la Misa dominical. La viva y autèntica piedad eucarística hace nacer, como recuerda el Papa, “el estilo sacramental de la vida cristiana” (Cfr. Dominicae cenae)."

Y es precisamente el profundo y radical estilo eucarístico de la vida de Juan Pablo II lo que constituye la atracción irresistible de su personalidad. Es precisamente en cuanto hombre autentico y auténticamente empeñado en vivir el estilo sacramental de su vida, que el Papa puede proponer metas altas y empeñativas.  Los horizontes que el Papa abre  a los hombres están enraizados en la certeza de las potencialidades escondidas en el hombre en cuanto hijo de Dios, redimido por Cristo, que ”lo amó hasta el extremo” y lo llamó a la comunión con Dios y a la santidad de vida.

La solidaridad de Dios alcanzó su culmen cuando se entregó a Si mismo al hombre y por el hombre. Y es esto el infinito don de la Eucaristía: Cristo Es el don que hace al hombre deudor y creativo; es el don que construye nuestra humanidad y nos de la fuerza que nos impulsa, porque “el hombre se hace fuerte por la conciencia de sus fines, por la conciencia de ser amado. Para tener la fuerza que me empuja, tengo que estar seguro de ser amado. La Eucaristía significa esta conciencia: yo soy amado”…Krakow, 10 de junio de 1987, Encuentrocon los jóvenes) 

martes, 16 de mayo de 2023

La Iglesia vive de la Eucaristía

 


Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia. Esta experimenta con alegría como se realiza continuamente, en múltiples formas, la promesa del Señor: «He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20); en la sagrada Eucaristía, por la transformación del pan y el vino en el cuerpo y en la sangre del Señor, se alegra de esta presencia con una intensidad única.[…].

 

Con razón ha proclamado el Concilio Vaticano II que el Sacrificio eucarístico es «fuente y cima de toda la vida cristiana». «La Sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan de Vida, que da la vida a los hombre por medio del Espíritu Santo» Por tanto la mirada de la Iglesia se dirige continuamente a su Señor, presente en le Sacramento del altar, en el cual descubre la plena manifestación de su inmenso amor.

 

[…] El Cenáculo es el lugar de la institución de este Santísimo Sacramento. Allí Cristo tomo en sus manos el pan, lo partió y lo dio a los discípulos diciendo: «Tomad y comed todos e él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros» (Mt 26,23; Lc 22,19, 1 Co ll,24). Después tomo en sus manos el cáliz del vino y les dijo: «Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados.» (Mc 14,24: Lc 22,20; 1 Co 11,25 [..]

 

Aquellas palabras se habrían aclarado plenamente sólo al final del Triduum sacrum, es decir, el lapso que va de la tarde del jueves hasta la mañana del domingo En esos días se enmarca el mysterium paschale; en ellos se inscribe también el mysterium eucharisticum.

 

Cuando pienso en la Eucaristía, mirando mi vida de sacerdote, de Obispo y de sucesor de Pedro, me resulta espontaneo recordar tantos momentos y lugares en los que he  tenido la gracia de celebrarla. Recuerdo la iglesia parroquial de Niegowicz donde desempeñé mi primer encargo pastoral, la colegiata de san Florián en Cracovia, la catedral del Wawel, la basílica de san Pedro y muchas basílicas e iglesias de Roma y del mundo entero. He podido celebrar la Santa Misa en capillas situadas ne senderos d en montaña, a orillas de los lagos, en las riberas del mar; la he celebrado sobre altares construidos en estadios, en las plazas de las ciudades… Estos escenarios tan variados de mi celebraciones eucarísticas me hacen experimentar intensamente su carácter universal y, por así decir, cósmico.  ¡Si, cósmico! Porque también cuando se celebra sobre el pequeño altar de una iglesia en el campo, la Eucaristía se celebra, en cierto sentido sobre el altar del mundo. Ella une el cielo y la tierra. Abarca e impregna toda la creación.

 

[…] Verdaderamente la Eucaristía es «mysterium fidei», misterio que supera nuestro pensamiento y puede ser acogido solo en la fe, como a menudo recuerdan las catequesis patrísticas sobre este divino sacramento.  «No veas – exhorta san Cirilo de Jerusalén – en el pan y en el vino meros y naturales elementos, porque le Señor ha dicho expresamente que son su cuerpo y su sangre: la fe te lo asegura, aunque los sentidos te sugieran otras cosa.l […]

 

Puesto que la Eucaristía es misterio de fe, que supera de tal manera nuestro entendimiento que nos obliga al más puro abandono a la palabra de Dios, nadie como Maria puede ser apoyo y guía en una actitud como esta […]

 

La Eucaristia se nos ha dado para que nuestra vida sea, como la de Maria, toda ella un magníficat!

 

(Juan Pablo II de la Introduccion a la Encíclica Ecclesia de Eucharistia)

 

martes, 19 de julio de 2022

Eucaristia, el verdadero centro de la vida del Papa Wojtyla – Slawomir Oder

 


«Dejadme arrodillar. Aquí está Jesus». Con estas palabras, una persona muy cercana a Juan Pablo II recordaba la última procesión del Corpus Domini en la que participó el Pontífice antes de volver a la casa del Padre.

Su cuerpo estaba gravemente probado por la enfermedad que progresaba, su palabra era a veces difícil de entender, pero su mirada penetrante, profunda, iluminada por la luz de la fe permanecía atenta y vigilante en la presencia del Señor. No quería, no podía permanecer sentado ante Jesus Eucaristía, desbaratando así el plan de los premurosos ceremonieros que, teniendo en cuenta la debilidad física del Papa, habían preparado un sillón para que, sentado, acompañase, con un poco menos de dolor, la procesión hasta la basílica de Santa Maria la Mayor.

Es una imagen simbólica, como lo es la del último Vía Crucis que recuerda a Juan Pablo II agarrado a la Cruz, icono de su pontificado: de rodillas, ante el Maestro presente en le Santísimo Sacramento. ¡La Eucaristia, centro de su vida”.

Como no recordar la mesita en la capilla de la casa del obispo en la calle Franciszkanska en Cracovia, su “despacho privado” , donde trabajaba, oraba, tomaba decisiones de gobierno, donde sentía el latido del corazón de Cristo y donde hacia crecer y perfeccionar su amor al Señor!. En su libro ¡Alzaos, Vamos! Recordaba en este modo aquel lugar: «La capilla en casa, tan cerca, que era suficiente alargar la mano para alcanzarla, es el privilegio del obispo, pero es para él, al mismo tiempo, un gran compromiso. La capilla está tan cerca para que en la vida del obispo todo – la predicación, las decisiones, la pastoral – tenga inicio a los pies de Cristo, escondido en el Santísimo Sacramento»

¡De rodillas, o muchas veces postrado en tierra, ante el Señor! Hay algo particularmente auténtico y conmovedor en esta actitud, en este movimiento espiritual del hombre al mismo tiempo cercano a la gente y propenso hacia la trascendencia de Dios: una tensión constante por llevar a todos los que tenia en su corazón hacia Aquel que es el termino ultimo de todo ser viviente punto de encuentro y de unidad del género humano.

No debe, pues, sorprender que la Eucaristia haya sido centro de la vida de Juan Pablo II y el maravilloso prisma a través del cual escrutaba al hombre, a la Iglesia, la historia del mundo.

No puede no llamar la atención que su última encíclica esté dedicada a este tema tan vital: Ecclesia de Eucharistia.  ¡Es casi como su testamento, la entrega a la Iglesia de lo que consideraba mas precioso, de lo que constituía el hilo conductor de su entera existencia, el ardor de su empuje misionero, la determinación de su compromiso ecuménico, la esencia de su sacerdocio!

La celebración eucarística era para el la medida suprema de ladeuda de amor que le hombre, viviendo un estilo de vida eucarístico, puede intentar de restituir en un acto de amor y de justicia. Habla de ello en el libro Don y Misterio«En la Eucaristía, Cristo devuelve al Padre todo lo que de Él proviene. Se realiza así un profundo misterio de justicia por parte de la creatura hacia el Creador. Es necesario que el hombre haga honor al Creador ofreciendo, con un acto de agradecimiento y de alabanza, todo lo que de Él ha recibido. El hombre no puede perder el sentido de esta deuda, que él solamente, entre todas las otras realidades terrestres, puede reconocer y saldar como creatura hecha a imagen y semejanza de Dios.»

Toda la vida de Juan Pablo II, hombre y sacerdote, fue un acto de justicia realizado con la fuerza del amor. «Debitor factus sum», como anotaba al inicio de su pontificado. Esta profunda espiritualidad eucarística no podía pasar inobservada a quien tenía la posibilidad de frecuentarlo y ha dado de ello un testimonio autorizado. Durante el encuentro con los fieles en ocasión del Ángelus, recordando la figura de su predecesor, el Papa Benedicto XVI  decía asi: «Con cuanta devoción celebraba la santa Misa, centro de sus jornadas. Y cuanto tiempo transcurría en adoración, silencioso, ante el Sagrario! En los últimos meses, la enfermedad lo asemejo cada vez más a Cristo doloroso. Impresiona pensar que, en la hora de la muerte, el haya unido el ofrecimiento de la propia vida a la de Cristo en la Misa que se celebraba junto a su lecho (Ángelus 4/9/2005) .  

Meditando sobre su unión con la Eucaristía, Juan Pablo II indicaba en esa la clave de lectura para descubrir el sentido de lo que acontece en la vida del hombre y el horizonte de esperanza para quien inicia el camino fascinante del “Mysterium fidei”, con el que el sacerdote invita a los fieles después de las palabras de la transubstanciación en la celebración de la Santa Misa, haciendo realmente presente al Señor en medio de su Iglesia: « Hablo de esto desde le lugar al que me ha conducido el amor de Cristo Salvador – explica Juan Pablo II – pidiéndome salir de mi tierra para llevar, a todas partes, fruto con su gracia, un fruto destinado a permanecer (Jn 15,16).Haciéndome eco de las palabras de nuestro Maestro y Señor, repito pues a cada uno de vosotros  [Alzaos, vamos! Caminemos fiándonos de Cristo Será Él quien nos acompañe en el camino, hasta la meta que solo El conoce»,

Slawomir Oder, Postulador de la causa de beatificación y canonización de Juan Pablo II (Publicado en Totus Tuus, revista de la Postulacion, Nr 6, Dic 2010/Enero 2011)

jueves, 28 de marzo de 2013

Juan Pablo II : Una existencia «eucarística» aprendida de María



El último Jueves Santo antes de su partida el Beato Juan Pablo II le regalaba  a los sacerdotes su habitual (y última) Carta,  tal como lo venía haciendo desde elcomienzo de su pontificado;  la primera en 1979, las excepciones en 1980 y 2003 (*)

Era el Año de la Eucaristía y la Carta la enviaba desde el Policlínico Gemelli,   “enfermo entre los enfermos, uniendo en la Eucaristía mi sufrimiento al de Cristo.”

Esa última Carta a los sacerdotes “el Jueves Santo, día del amor de Cristo llevado « hasta el extremo » (Jn 13, 1), día de la Eucaristía, día de nuestro sacerdocio” terminaba con un apartado en dos párrafos dedicados a su amadísima Madre Maria y a su estrecha relación con la Eucaristía.

“ Como he recordado en la Encíclica Ecclesia de Eucharistia (cf. nn. 53-58), la Santísima Virgen tiene una relación muy estrecha con la Eucaristía. Lo subrayan, aun en la sobriedad del lenguaje litúrgico, todas las Plegarias eucarísticas. Así, en el Canon romano se dice: «Reunidos en comunión con toda la Iglesia, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor». En las otras Plegarias eucarísticas, la veneración se transforma en imploración, como, por ejemplo, en la Anáfora II: «Con María, la Virgen Madre de Dios [...], merezcamos [...] compartir la vida eterna».
Al insistir en estos años, especialmente en la Novo millennio ineunte (cf. nn. 23 ss.) y en la Rosarium Virginis Mariae (cf. nn. 9 ss.), sobre la contemplación del rostro de Cristo, he indicado a María como la gran maestra. En la encíclica sobre la Eucaristía la he presentado también como «Mujer eucarística» (cf. n. 53). ¿Quién puede hacernos gustar la grandeza del misterio eucarístico mejor que María? Nadie cómo ella puede enseñarnos con qué fervor se han de celebrar los santos Misterios y cómo hemos estar en compañía de su Hijo escondido bajo las especies eucarísticas. Así pues, la imploro por todos vosotros, confiándole especialmente a los más ancianos, a los enfermos y a cuantos se encuentran en dificultad. En esta Pascua del Año de la Eucaristía me complace hacerme eco para todos vosotros de aquellas palabras dulces y confortantes de Jesús: « Ahí tienes a tu madre » (Jn 19, 27).


 (*) En 1980 la Carta Dominicae Cenae dedicada a todos los Obispos de la Iglesia sobre el Misterio y el Culto de la Eucaristía 

El jueves Santo del 2003 la Encíclica Ecclesia de Eucharistia sobre la Eucaristía en su relación con la Iglesia.

Su última Carta a los sacerdotes fue efectivamente en el 2005 – Año de la Eucaristía, pero además al Año de la Eucaristía octubre 2004/octubre 2005  había dedicado su Carta ApostólicaMane Nobiscum Domine  dirigida al Clero y a los fieles. 

domingo, 10 de junio de 2012

Fiesta de Corpus Christi y los 30 años de la primera visita del Beato Juan Pablo II a la Argentina



En la Argentina se celebra hoy la Fiesta de Corpus Christi. 
En 1982 el 10 de Junio vivíamos en vísperas de una visita casi inesperada, pero no por eso menos ansiada,  después de la carta que Juan Pablo II dirigió el25 de mayo a los fieles de la Argentina. 

Estuvo con nosotros tan solo dos días el11 y el 12 de junio de 1982, que recordamos con cariño y devoción en este post  junto a su homilía allí frente al monumento a los españoles - en un acto difícilmente repetible en la Argentina, pues fueron momentos únicos de emociones fuertes, honda preocupación y entusiasmo a la vez por la visita del Santo Padre. 

Hacia el final de su homilía en la Misapara la Nación Argentina Juan Pablo II nos dejaba  un mensaje de paz valedero para todos los tiempos y todas las generaciones: 
(particularmente en estos momentos que vuelven los desencuentros, y se van repitiendo las escenas de discordia)

 “Queridos amigos: Ustedes han estado constantemente en mi ánimo durante estos días. He apreciado de manera particular su acogida y actitud. He visto en sus ojos la ardiente imploración de paz que brota de su espíritu.  Únanse también a los jóvenes de Gran Bretaña, que en los pasados días han aplaudido y sido igualmente sensibles a toda invocación de paz y concordia. A este propósito, muy gustoso les transmito un encargo recibido. Ya que ellos mismos me pidieron, sobre todo en el encuentro de Cardiff, que hiciera llegar a ustedes un sentido deseo de paz.
No dejen que el odio marchite las energías generosas y la capacidad de entendimiento que todos llevan dentro. Hagan con sus manos unidas - junto con la juventud latinoamericana, que en Puebla confié de modo particular al cuidado de la Iglesia - una cadena de unión más fuerte que las cadenas de la guerra. Así serán jóvenes y preparadores de un futuro mejor; así serán cristianos.”

Era sábado 12 de junio de 1982 y allí en Palermo celebrábamos por anticipado la Fiesta de Corpus Christi (del día siguiente domingo 13 de junio). La homilía del Santo Padre se centro en la conmemoración del misterio del amor del Cuerpo y Sangre del Señor, “el Santísimo Sacramento de la Nueva Alianza. El mayor tesoro de la Iglesia. El tesoro de la fe de todo el Pueblo de Dios.”

“La solemnidad de este día – decía el santo Padre - nos invita a volver al cenáculo del Jueves Santo “¿Dónde está el lugar, en que pueda comer la Pascua con mis discípulos?”. Así preguntaron los discípulos de Jesús de Nazaret a un hombre que encontraron por el camino. Lo hicieron siguiendo las instrucciones del Maestro. Y también según las instrucciones “prepararon la Pascua”. Mientras comían, Jesús “tomó el pan y bendiciéndolo, lo partió, se lo dio y dijo: Tomad, esto es mi cuerpo . . .”.
En aquel momento, al obrar según su orden, ¿aparecerían quizás en su memoria las palabras que Jesús pronunció un día cerca de Cafarnaúm: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo; si alguno come de este pan vivirá para siempre”?
Aquel día santo, en el Cenáculo, ¿se dieron quizá cuenta de que había llegado el tiempo del cumplimiento de aquella promesa hecha junto a Cafarnaúm, promesa que a tantos parecía muy difícil de aceptar?
Cristo dice: “Tomad, éste es mi cuerpo . . .”, dándoles a comer el Pan. Este Pan se convierte en su Cuerpo, Cuerpo que al día siguiente será entregado en el sacrificio de la cruz. Cuerpo martirizado que destilará Sangre.
Cristo en el cenáculo toma el cáliz, y después de haber dado gracias se lo da a beber diciendo: “Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos”.
Bajo la especie del vino los discípulos reciben la Sangre del Señor, y al mismo tiempo participan de la nueva y Eterna Alianza, que es estipulada con la Sangre del Cordero de Dios.
La fiesta del “Corpus Christi” - solemnidad de la Eucaristía - es, al mismo tiempo, la fiesta de la Nueva y Eterna Alianza, que Dios ha sellado con la humanidad en la Sangre de su Hijo.”