Llamados a ser santos

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“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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viernes, 5 de junio de 2026

Corpus Christi y la primera visita del Papa Juan Pablo II a la Argentina

 


En la Argentina celebramos la Fiesta de Corpus Christi el próximo domingo 7 de junio. 

Desde aquí acompañamos a España y a todo el pueblo español a la espera de la visita del Papa Leon XIV.  En 1982, Juan Pablo II fue el primer papa que vino a España y luego repitió visita en 1984, 1989, 1993 y 2003. Benedicto XVI estuvo en 2006, 2010 y 2011… Ahora, cuando llega León XIV, surge una gran pregunta: ¿qué queda del país que se encontraron Karol Wojtyla y Joseph Ratzinger respecto al que ahora abrazará Robert Prevost? Se pregunta Miguel Ángel Malavia y agrega. Entonces, “la Iglesia aún era una referencia relevante para amplios sectores de la población, aunque ya comenzaba una secularización que marcaría las décadas siguientes” Invito leer el articulo. 

Aquí nosotros recordamos aquel 10 de Junio de 1982 cuando vivíamos en vísperas de una visita algo inesperada, pero no por eso menos ansiada,  después de la carta que Juan Pablo II dirigió el25 de mayo a los fieles de la Argentina. 

Estuvo con nosotros tan solo dos días el11 y el 12 de junio de 1982, que recordamos con cariño y devoción y su homilía allí frente al monumento a los españoles - en un acto difícilmente repetible en la Argentina, pues fueron momentos únicos de emociones fuertes, honda preocupación y entusiasmo a la vez por la visita del Santo Padre. 

Hacia el final de su homilía en la Misa para la Nación Argentina Juan Pablo II nos dejaba  un mensaje de paz valedero para todos los tiempos y todas las generaciones: 

(Particularmente en estos momentos de tantos desencuentros y escenas de discordia en todo el mundo)

 “Queridos amigos: Ustedes han estado constantemente en mi ánimo durante estos días. He apreciado de manera particular su acogida y actitud. He visto en sus ojos la ardiente imploración de paz que brota de su espíritu.  Únanse también a los jóvenes de Gran Bretaña, que en los pasados días han aplaudido y sido igualmente sensibles a toda invocación de paz y concordia. A este propósito, muy gustoso les transmito un encargo recibido. Ya que ellos mismos me pidieron, sobre todo en el encuentro de Cardiff, que hiciera llegar a ustedes un sentido deseo de paz.

No dejen que el odio marchite las energías generosas y la capacidad de entendimiento que todos llevan dentro. Hagan con sus manos unidas - junto con la juventud latinoamericana, que en Puebla confié de modo particular al cuidado de la Iglesia - una cadena de unión más fuerte que las cadenas de la guerra. Así serán jóvenes y preparadores de un futuro mejor; así serán cristianos.”

Era sábado 12 de junio de 1982 y allí en Palermo celebrábamos por anticipado la Fiesta de Corpus Christi (del día siguiente domingo 13 de junio). La homilía del Santo Padre se centro en la conmemoración del misterio del amor del Cuerpo y Sangre del Señor, “el Santísimo Sacramento de la Nueva Alianza. El mayor tesoro de la Iglesia. El tesoro de la fe de todo el Pueblo de Dios.”

 “La solemnidad de este día – decía el santo Padre - nos invita a volver al cenáculo del Jueves Santo “¿Dónde está el lugar, en que pueda comer la Pascua con mis discípulos?”. Así preguntaron los discípulos de Jesús de Nazaret a un hombre que encontraron por el camino. Lo hicieron siguiendo las instrucciones del Maestro. Y también según las instrucciones “prepararon la Pascua”. Mientras comían, Jesús “tomó el pan y bendiciéndolo, lo partió, se lo dio y dijo: Tomad, esto es mi cuerpo . . .”.

En aquel momento, al obrar según su orden, ¿aparecerían quizás en su memoria las palabras que Jesús pronunció un día cerca de Cafarnaúm: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo; si alguno come de este pan vivirá para siempre”?

Aquel día santo, en el Cenáculo, ¿se dieron quizá cuenta de que había llegado el tiempo del cumplimiento de aquella promesa hecha junto a Cafarnaúm, promesa que a tantos parecía muy difícil de aceptar?

Cristo dice: “Tomad, éste es mi cuerpo . . .”, dándoles a comer el Pan. Este Pan se convierte en su Cuerpo, Cuerpo que al día siguiente será entregado en el sacrificio de la cruz. Cuerpo martirizado que destilará Sangre.

Cristo en el cenáculo toma el cáliz, y después de haber dado gracias se lo da a beber diciendo: “Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos”.

Bajo la especie del vino los discípulos reciben la Sangre del Señor, y al mismo tiempo participan de la nueva y Eterna Alianza, que es estipulada con la Sangre del Cordero de Dios.

La fiesta del “Corpus Christi” - solemnidad de la Eucaristía - es, al mismo tiempo, la fiesta de la Nueva y Eterna Alianza, que Dios ha sellado con la humanidad en la Sangre de su Hijo.”

 

(de la Misa para la Nación Argentina – homilía de  Juan Pablo II - BuenosAires, 12 de junio de 1982)

 

miércoles, 15 de junio de 2022

Corpus Christi 1982 Juan Pablo II en la Argentina

 




Era sábado 12 de junio de 1982 y allí en Palermo celebrábamos por anticipado la Fiesta de Corpus Christi (del día siguiente domingo 13 de junio) durante aquella brevísima visita del Santo Padre Juan Pablo II que había venido para suplicar por la paz entre nosotros,  en ese momento histórico doloroso el venia “impulsado por el amor de Cristo y por la solicitud impelente que, como Sucesor del Príncipe de los Apóstolos, debo a la Iglesia una y universal, que se encarna en todos los pueblos, naciones y culturas, para anunciar la salvación en Jesucristo y la comunión de destino que todo hombre tiene bajo un Padre común...  simplemente un encuentro del padre en la fe con los hijos que sufren; del hermano en Cristo que muestra nuevamente a Este como camino de paz, de reconciliación y esperanza.”

 La homilía del Santo Padre, en la Misa allí frente al monumento a los españoles,  ya en su despedida de aquel viaje de tan solo dos días, se centro en la conmemoración del misterio del amor del Cuerpo y Sangre del Señor, “el Santísimo Sacramento de la Nueva Alianza. El mayor tesoro de la Iglesia. El tesoro de la fe de todo el Pueblo de Dios”.

 La solemnidad de este día – decía el santo Padre - nos invita a volver al cenáculo del Jueves Santo “¿Dónde está el lugar, en que pueda comer la Pascua con mis discípulos?”. Así preguntaron los discípulos de Jesús de Nazaret a un hombre que encontraron por el camino“. Lo hicieron siguiendo las instrucciones del Maestro. Y también según las instrucciones “prepararon la Pascua”. Mientras comían, Jesús “tomó el pan y bendiciéndolo, lo partió, se lo dio y dijo: Tomad, esto es mi cuerpo…” En aquel momento, al obrar según su orden, ¿aparecerían quizás en su memoria las palabras que Jesús pronunció un día cerca de Cafarnaúm: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo; si alguno come de este pan vivirá para siempre”?

 Aquel día santo, en el Cenáculo, ¿se dieron quizá cuenta de que había llegado el tiempo del cumplimiento de aquella promesa hecha junto a Cafarnaúm, promesa que a tantos parecía muy difícil de aceptar?

Cristo dice: “Tomad, éste es mi cuerpo . . .”, dándoles a comer el Pan. Este Pan se convierte en su Cuerpo, Cuerpo que al día siguiente será entregado en el sacrificio de la cruz. Cuerpo martirizado que destilará Sangre.

Cristo en el cenáculo toma el cáliz, y después de haber dado gracias se lo da a beber diciendo: “Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos”.

Bajo la especie del vino los discípulos reciben la Sangre del Señor, y al mismo tiempo participan de la nueva y Eterna Alianza, que es estipulada con la Sangre del Cordero de Dios.

La fiesta del “Corpus Christi” - solemnidad de la Eucaristía - es, al mismo tiempo, la fiesta de la Nueva y Eterna Alianza, que Dios ha sellado con la humanidad en la Sangre de su Hijo.”

 

(de la homilía en la Misa para la Nacion Argentina – 12 dejunio de 1982) 

 

Viaje apostolico a laArgentina 


domingo, 12 de junio de 2022

40 años de la primera visita del Papa Juan Pablo II a la Argentina

 


Hoy recordamos el viaje de Juan Pablo II a la Argentina en momentos sumamente difíciles, fuera de programa,  pero la Providencia hizo lo suyo.

Teniendo programado su viaje a Gran Bretaña en momentos tan delicados y de conflicto el Pastor de la Iglesia Universal no quiso dejar de visitarnos. Venia “en nombre de la paz en momentos dolorosos de nuestra historia”

Llego el 11 de junio de 1982 y partiría al día siguiente 12 de junio, pero nos dejo recuerdos imborrables, que nunca olvidaremos.

Y nos dejo su lema  “No tengáis miedo” profundamente grabado en nuestros corazones.

 

Gracias San Juan Pablo II, padre, maestro, pastor y amigo!

 

Sitio de la Santa Sede Juan Pablo II visita apostólica a la Argentina

 

 

domingo, 10 de junio de 2012

Fiesta de Corpus Christi y los 30 años de la primera visita del Beato Juan Pablo II a la Argentina



En la Argentina se celebra hoy la Fiesta de Corpus Christi. 
En 1982 el 10 de Junio vivíamos en vísperas de una visita casi inesperada, pero no por eso menos ansiada,  después de la carta que Juan Pablo II dirigió el25 de mayo a los fieles de la Argentina. 

Estuvo con nosotros tan solo dos días el11 y el 12 de junio de 1982, que recordamos con cariño y devoción en este post  junto a su homilía allí frente al monumento a los españoles - en un acto difícilmente repetible en la Argentina, pues fueron momentos únicos de emociones fuertes, honda preocupación y entusiasmo a la vez por la visita del Santo Padre. 

Hacia el final de su homilía en la Misapara la Nación Argentina Juan Pablo II nos dejaba  un mensaje de paz valedero para todos los tiempos y todas las generaciones: 
(particularmente en estos momentos que vuelven los desencuentros, y se van repitiendo las escenas de discordia)

 “Queridos amigos: Ustedes han estado constantemente en mi ánimo durante estos días. He apreciado de manera particular su acogida y actitud. He visto en sus ojos la ardiente imploración de paz que brota de su espíritu.  Únanse también a los jóvenes de Gran Bretaña, que en los pasados días han aplaudido y sido igualmente sensibles a toda invocación de paz y concordia. A este propósito, muy gustoso les transmito un encargo recibido. Ya que ellos mismos me pidieron, sobre todo en el encuentro de Cardiff, que hiciera llegar a ustedes un sentido deseo de paz.
No dejen que el odio marchite las energías generosas y la capacidad de entendimiento que todos llevan dentro. Hagan con sus manos unidas - junto con la juventud latinoamericana, que en Puebla confié de modo particular al cuidado de la Iglesia - una cadena de unión más fuerte que las cadenas de la guerra. Así serán jóvenes y preparadores de un futuro mejor; así serán cristianos.”

Era sábado 12 de junio de 1982 y allí en Palermo celebrábamos por anticipado la Fiesta de Corpus Christi (del día siguiente domingo 13 de junio). La homilía del Santo Padre se centro en la conmemoración del misterio del amor del Cuerpo y Sangre del Señor, “el Santísimo Sacramento de la Nueva Alianza. El mayor tesoro de la Iglesia. El tesoro de la fe de todo el Pueblo de Dios.”

“La solemnidad de este día – decía el santo Padre - nos invita a volver al cenáculo del Jueves Santo “¿Dónde está el lugar, en que pueda comer la Pascua con mis discípulos?”. Así preguntaron los discípulos de Jesús de Nazaret a un hombre que encontraron por el camino. Lo hicieron siguiendo las instrucciones del Maestro. Y también según las instrucciones “prepararon la Pascua”. Mientras comían, Jesús “tomó el pan y bendiciéndolo, lo partió, se lo dio y dijo: Tomad, esto es mi cuerpo . . .”.
En aquel momento, al obrar según su orden, ¿aparecerían quizás en su memoria las palabras que Jesús pronunció un día cerca de Cafarnaúm: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo; si alguno come de este pan vivirá para siempre”?
Aquel día santo, en el Cenáculo, ¿se dieron quizá cuenta de que había llegado el tiempo del cumplimiento de aquella promesa hecha junto a Cafarnaúm, promesa que a tantos parecía muy difícil de aceptar?
Cristo dice: “Tomad, éste es mi cuerpo . . .”, dándoles a comer el Pan. Este Pan se convierte en su Cuerpo, Cuerpo que al día siguiente será entregado en el sacrificio de la cruz. Cuerpo martirizado que destilará Sangre.
Cristo en el cenáculo toma el cáliz, y después de haber dado gracias se lo da a beber diciendo: “Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos”.
Bajo la especie del vino los discípulos reciben la Sangre del Señor, y al mismo tiempo participan de la nueva y Eterna Alianza, que es estipulada con la Sangre del Cordero de Dios.
La fiesta del “Corpus Christi” - solemnidad de la Eucaristía - es, al mismo tiempo, la fiesta de la Nueva y Eterna Alianza, que Dios ha sellado con la humanidad en la Sangre de su Hijo.”



martes, 8 de mayo de 2012

Juan Pablo II y Nuestra Señora de Lujan en dos momentos diferentes



Hoy la Argentina le rindió homenaje a su Santa Patrona Nuestra Señora de Lujan y celebró los 125 años de su coronación,  el 8 de mayo de 1887. 

El Beato Juan Pablo II oró ante Nuestra Señora de Lujan en las dos visitas apostólicas 
   
Dos visitas y dos momentos muy diferentes:

En 1982  : la Argentina en pleno conflicto con Gran Bretaña, una página negra en la historia argentina. Un viaje muy breve,  una ocasión muy triste. 

En 1987 : otra Argentina,  un mundo diferente, una Argentina pacificada y reconciliada.  Un día de inmensa alegría y Consagraciónde la Argentina a la Virgen de Lujan,  con ocasión de la Clausura de la Jornada Mundial de la Juventud en Buenos Aires. 
Aquel día la Virgen misma - como privilegio especial - había venido a su encuentro para estar allí sobre la Avenida 9 de Julio junto al Papa en medio de los jóvenes de la Argentina y del mundo. 

viernes, 13 de junio de 2008

Juan Pablo II recordando su visita a la Argentina 1982


El domingo 13 de junio de 1982, a su regreso del breve viaje apostólico a la Argentina el Santo Padre Juan Pablo II nos recordaba en el Angelus:

1. En la carta que dirigí, el 25 del pasado mes de mayo, a los queridísimos hijos e hijas de Argentina, les decía: "Es bien conocida mi predilección por vuestro país y por toda América Latina... Hondamente preocupado por la causa de la paz y movido por el amor a vosotros... desearía dirigirme incluso directamente desde Gran Bretaña a Argentina, y allí, entre vosotros y con vosotros, elevar la misma plegaria por la victoria de la justa paz sobre la guerra. Abrigo la esperanza de que pronto os uniréis al Papa en el santuario de la Madre de Dios en Luján, consagrando vuestras familias y vuestra patria católica al Corazón maternal de la Madre de Dios" (n. 4).
2. Hoy, en la oración del "Ángelus", deseo, juntamente con vosotros, presentes en la plaza de San Pedro, dar gracias a la Providencia Divina, porque me ha permitido realizar la promesa hecha en la carta a la nación argentina, escrita antes del viaje apostólico a Inglaterra, Escocia y Gales…...
…..La participación jubilosa y, a la vez, profunda en las celebraciones litúrgicas ha demostrado la sensibilidad cristiana con que el pueblo argentino ha sabido captar mis intenciones, igual que sucedió también durante mi visita pastoral a Gran Bretaña.
3. La breve visita a Argentina se ha centrado era torno a la liturgia del Corpus Christi, que, en este caso, se celebró ayer (sábado) en Buenos Aires. La Misa celebrada la tarde del día anterior, en el santuario de la Madre de Dios en Luján, fue una preparación para esta liturgia eucarística.
Dios ha elevado al hombre en la cruz de su Hijo, y le fortifica en los caminos de la vida ―incluso cuando esos caminos son los más difíciles y estar; llenos de sufrimiento― mediante el Sacramento de la Nueva y Eterna Alianza, esto es, con el manjar de su Cuerpo y de su Sangre.
Hemos meditado sobre esta verdad juntamente con nuestros hermanos y hermanas en Argentina, juntamente con el clero y el Episcopado, tanto de la misma Argentina, como también de varios países de América Latina, ante todo en el santuario mariano de Luján y, luego, en Buenos Aires, en el mismo lugar donde, el año 1934, se celebró el Congreso Eucarístico Internacional, presidido por el Legado Pontificio, cardenal Eugenio Pacelli, que llegó a ser después Papa Pío XII…...
….4. "La Iglesia, aun conservando el amor hacia cada nación particular, no puede menos de tutelar la unidad universal, la paz y la comprensión mutua... La Iglesia no deja de testimoniar la unidad de la gran familia humana y busca los caminos que ponen de manifiesto tal unidad, por encima de divisiones trágicas. Son los caminos que conducen a la justicia, al amor y a la paz" (Carta a la nación argentina, n. 5).

jueves, 12 de junio de 2008

Juan Pablo II en la Argentina 11-12 de junio 1982 (2)


Sábado 12 de junio de 1982 Juan Pablo II en Buenos Aires


Fueron tan solo dos días que estuvo entre nosotros pero las multitudes que convocó darían envidia a más a de uno. El, sin embargo, no cesó de recordarnos que solo venía a unir su voz y su súplica a la nuestra, que había venido porque tenia prisa en confirmar con su presencia el profundo afecto por nosotros y en compartir con nosotros su anhelo de paz y concordia entre los hombres del mundo entero. Así se expresó en el encuentro con los obispos en la curia metropolitana de Buenos Aires donde, entre otros, meditó con ellos algunos puntos de Lumen Gentium. “La paz verdadera – les dijo – tiene que ser el fruto maduro de una lograda integración de patriotismo y universalidad….Pero no olvidemos nunca: la Iglesia debe ser forma mundi, también en el plan de la paz y de la reconciliación. Por eso, un Pastor de la Iglesia no puede callar el verbum reconciliationis, ni dispensarse del ministerium reconciliationis tambien para el mundo, en el cual las fracturas y divisiones, odios y discordias rompen constantemente la unidad y la paz. No lo hará con los instrumentos de la política, sino con la palabra humilde y convincente del Evangelio”
Después de saludar a la multitud desde los balcones de la Curia arzobispal se dirigió en “papamóvil” hasta Palermo, donde junto al Monumento a los españoles, plaza unida a la memoria del XXXII Congreso Eucarìstico Internacional del año 1934, se había levantado un gigantesco altar cubierto donde lo esperaba una verdadera multitud. Alli concelebro la Santa Misa. Era Domingo de Corpus Christi y en su homilía recordó algunas palabras del día anterior y las enlazo con la solemnidad “en el Santuario de la Madre de Dios en Luján, santuario de la nación argentina, hemos meditado, siguiendo la palabra de la liturgia, sobre el misterio de la elevación del hombre en la cruz de Cristo. Desde lo alto de la cruz llegan a cada uno de nosotros las palabras: “Mujer, he ahí a tu hijo” - “He ahí a tu Madre”; y hemos escuchado estas palabras en los corazones, como preparación a la solemnidad de hoy: La solemnidad del santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. …. La solemnidad de este día nos invita a volver al cenáculo del Jueves Santo….” No pudo dejar de dirigirles unas palabras a los jóvenes, que - según se dijo- eran gran mayoria : “No dejen que el odio marchite las energías generosas y la capacidad de entendimiento que todos llevan dentro. Hagan con sus manos unidas- junto con la juventud latinoamericana, que en Puebla confié de modo particular al cuidado de la Iglesia – una cadena de unión más fuerte que las cadenas de la guerra. “

Finalizada la Misa y no obstante el difícil momento que atravesaba la Argentina naturalmente se produjo una explosion de entusiasmo, aplausos y vítores al Santo Padre que lo fueron acompañando por las calles de Buenos Aires y por las autopistas que lo condujeron al Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Después de una conversación a solas con el Presidente Galtieri, de unos 20 minutos, el Santo Padre pronunció el discurso de despedida. Agradeció “las cordiales y vistosas manifestaciones de afecto recibidas al cruzar vuestras plazas, avenidas – 9 de Julio y Rivadavia – sobre todo y ante todo vuestra presencia en los lugares de oración….Con un hasta pronto! Me despido de todos, bendiciendo a cada argentino, sobre todo a los enfermos y a los que sufren o lloran por las victimas de la guerra. Dios bendiga a Argentina, Dios bendiga a América Latina. Dios bendiga al mundo”.


En ese encuentro en Palermo tuvimos (como grupo) una de esas experiencias que pertenecen al tesoro de los recuerdos imborrables marcados por la incógnita de lo inexplicable. Vestidos otra vez con nuestros trajes regionales llegamos algo tarde por el caos en el tránsito. Tratando de llegar hasta donde fuera posible nos acercamos cuanto pudimos por el lado de la Avenida Libertador. Allí nos enteramos que la entrada para las “visitas” e “invitados” era por la calle Sarmiento. No eramos ni lo uno ni lo otro, ni teníamos entradas siquiera. De todas maneras literalmente volamos esos cientos de metros y llegamos apresurados, nerviosos al lugar de la entrada. Como nos vieron en trajes regionales nadie nos detuvo – habrán pensado…. un grupo de polacos que llega tarde….y les puedo asegurar que el traje regional polaco y el esloveno en nada se parecen. Una vez franqueada lo que era la entrada, primero logramos caminar y adelantarnos un poco hasta que una inundación de gente literalmente se nos vino encima. Era como si nos estuviese empujando una topadora, lo curioso que ni siquiera sabíamos hacia donde nos empujaban. Pero ellos sí lo sabían porque bien pronto nos encontramos en la parte trasera del altar. Allí, debo admitir, que también nosotros hicimos nuestros esfuerzos en dar la vuelta y llegar hasta la parte delantera. Obviamente nos perdimos, nos separamos…pero valía la pena pues de repente me encontré en las primeras filas debajo del altar donde Juan Pablo II oficiaría la Misa. Y de allí si que no me movía nadie ni lo cambiaba por ninguna entrada, salvo que tuviese el honor de estar allá arriba a los costados del altar.


Dios te bendiga Mensajero de la Paz…..Argentina, Argentina …junto a ti siempre estará!

miércoles, 11 de junio de 2008

Juan Pablo II en la Argentina 11-12 de junio 1982 (1)

El 11 de junio de 1982 la Argentina, en conflicto con Gran Bretaña por las Islas Malvinas, recibía expectante la primera visita de Santo Padre Juan Pablo II, el Mensajero de la Paz. (vendria por segunda vez en abril de 1987)
Todo habia sucedido rápidamente. La Argentina estaba en guerra, en una guerra cruel como lo son todas, insensata, increíble y despareja. Su visita nos ayudó a reflexionar. No permaneció mucho tiempo entre nosotros pero removió nuestros cimientos, nos hizo sentir su presencia y nos demostró su amistad, que con el tiempo se hizo más profunda. Su “¡No tengáis miedo!” se hizo carne en nosotros al abrirnos su corazón, consolarnos y alentarnos con sus palabras, sus gestos y sus homilías y presentarnos también sus exigencias por una paz, que una vez lograda, debe ser defendida a diario. Fue una toma de conciencia definitiva en un conflicto que habìa comenzado el 2 de abril y ya contaba con alrededor de 900 muertos y 1700 heridos de ambos lados, un preludio a la paz que llegó el 14 de junio, pocos dias después de su visita.

El Santo Padre tenia programada su visita a Gran Bretaña desde hacia tiempo. Desatado el conflicto, con paternal delicadeza, decidió efectuar, fuera de todo programa y sin preparación alguna, una visita fugaz a la Argentina. Ya nos lo habia anticipado con su carta fechada 25 de mayo que comenzaba diciendo: “A los queridos hijos e hijas de la Nación Argentina: Os escribo por mi propia mano porque siento que debo repetir el gesto paternal del Apóstol Pablo hacia sus hijos, abrazándolos en la fe”
Esta visita constituyó, según opinión de numerosos testigos argentinos y extranjeros, un “acontecimiento nunca visto en el país” y una de las mayores concentraciones de gente en sus visitas hasta ese momento.
El 11 de Junio el avión que lo traía aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, donde fue recibido por autoridades eclesiásticas y gubernamentales. En su saludo inicial nos expresaba que venia “impulsado por el amor de Cristo y por la solicitud impelente, que como Sucesor del Principe de los apóstoles, debo a la Iglesia una y universal”. Nos anticipó que su visita seria breve pero que venia a invocar la paz de Cristo sobre todas las victimas del conflicto bélico entre Argentina y Gran Bretaña.
A su paso desde el aeropuerto hacia la ciudad a pesar del frio invierno, fue saludado con desbordante entusiasmo. En la catedral metropolitana lo esperaban sacerdotes, seminaristas, religiosos, religiosas y miembros de movimientos eclesiales, junto con los obispos argentinos y presidentes de las conferencias episcopales de Latinoamérica. Luego de orar ante el Santísimo Sacramento, pronunció una alocución recordando a los presentes que venia para orar con nosotros por todas las víctimas, a orar por la paz y por una digna y justa solución del conflicto armado. En la Casa Rosada (la Casa de gobierno), fue recibido por el Presidente y tuvo un encuentro con los miembros de la Junta Militar . Antes de retirarse el Santo Padre se asomó al balcón para saludar a la inmensa muchedumbre que colmaba la Plaza de Mayo.
Poco después de las 14 el Santo Padre inició su viaje al Santuario de Luján, a 70 kilómetros de Buenos Aires; los primeros 20 km aproximadamente en papamóvil por la Avenida Rivadavia. A la altura de la estacion de Ramos Mejia tambien estabamos los eslovenos vestidos con trajes regionales agitando nuestros pañuelos blanco/amarillos en su honor.. Es una de las primeras vivencias fuertes relacionadas con Juan Pablo II que recuerdo. La otra fue al dia siguiente..
Ante la imagen de la Virgen de Lujan, Patrona de la Argentina, Juan Pablo II oró por la paz y le ofrendó la «Rosa de Oro» que le había traído desde Roma. Concelebró la Misa con los cardenales, obispos y sacerdotes presentes, ante una multitud calculada en una cifra cercana a las 700.000 personas. Juan Pablo II pronunció una homilía en la que nos exhortó a imitar a Cristo y meditar sobre su misterio y a saber ser hijos e hijas de su Madre, particularmente en los momentos difíciles y los momentos de mayor responsabilidad, pidió por los muertos en la guerra con Gran Bretaña y por la rápida terminación del conflicto. La homilía concluyo con una Consagración de las familias y la nación a la Reina de la Paz.