Llamados a ser santos

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“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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viernes, 22 de agosto de 2025

Los Papas del Concilio Vaticano II – (4 de 8) Juan XXIII – Luis Marin de San Martin, OSA

 


JUAN XXIII – La primavera del Papa Juan

 


La primera cuestión que se plantea es cómo un hombre tradicional como Roncalli, elegido por los cardenales a los 77 años de edad como papa de transición, fue capaz de poner en marcha tan formidable proceso renovador. ¿De dónde le vino la idea del Concilio? Una mirada superficial a su persona y a su historial no hacía presagiar ningún sobresalto. En efecto, cuando estuvo en Oriente como diplomático se le encontraba demasiado oscuro; de nuncio en París, demasiado hablador; de patriarca de Venecia, demasiado viejo ya. Sin embargo, una consideración más profunda nos hace ver que, en la personalidad de Roncalli, más allá de su innata cordialidad, de su afabilidad, de su religiosidad tradicional y de su perfil de prelado chapado a la antigua, se traslucía en todo momento la realidad de un auténtico creyente y de un verdadero hombre de Dios. Esta es la clave más importante para comprender las decisiones de Juan XXIII. Su lema episcopal, Oboedientia et pax, tomado del cardenal Cesare Baronio, aunque cambiando el orden de las palabras, mostraba todo un programa al que Roncalli tratará de ser fiel durante toda su vida: estar en comunión con la voluntad divina y en abandono completo a las mociones del Espíritu. Y esto también y muy especialmente en lo referido al Vaticano II, cuya idea el papa Juan siempre considerará una inspiración divina. El pensamiento de convocar un Concilio surgió en la mente del papa como resultado de una serie de elementos que interactuaron a lo largo de su vida y que se concretarán en los primeros momentos del pontificado joaneo. Creo que podemos resumirlos en tres principales: los estudios históricos, la experiencia de vida y los contactos personales. Veámoslos brevemente.

Los estudios históricos Aunque tenía el título de doctor en Teología, Angelo Giuseppe Roncalli fue siempre un apasionado de la Historia de la Iglesia, sobre todo la italiana de la época de la Contrarreforma, con san Carlos Borromeo como figura señera en la aplicación de los decretos de re forma del Concilio de Trento. Las referencias a san Carlos Borromeo en los escritos de Roncalli son constantes y la principal obra de investigación histórica de Roncalli fue la publicación de las Actas de la visita apostólica de san Carlos a Bérgamo, que terminó casi en los umbrales del pontificado16. Borromeo aparecía así como modelo de organización y reforma eclesial debido a su actividad en el Concilio de Trento y en la aplicación de las directrices conciliares a la diócesis de Milán17. Junto a esta influencia y como fuente de ella tenemos también el conocimiento sobre lo que supuso Trento, considerado como Concilio de reforma, con la fructífera renovación eclesial que trajo consigo a través de dos importantes medios: el Sínodo diocesano y la visita pastoral: Concilio, Sínodo, visita pastoral; ya tenemos aquí tres elementos de constante presencia en su actividad eclesiástica.

Su experiencia de vida.  Otra clave la encontramos en la propia y riquísima experiencia vital de Roncalli. En primer lugar las vivencias junto a monseñor Giacomo Maria Radini Tedeschi, obispo de Bérgamo, de quien fue secretario personal entre 1905 y 1914. A su lado conoció de forma práctica la actuación de un prelado en la estela reformista tridentina, no sólo en lo referido a la organización de un Sínodo diocesano y al programa de visitas pastorales, sino también en el contacto con la pastoral entendida en sentido amplio. El conocimiento de otras mentalidades y culturas debido a su actividad diplomática en Oriente y en Francia dotó a Roncalli de una gran apertura de mente y de una exacta valoración de las circunstancias históricas y eclesiales. Él mismo lo reconocía así en su lecho de muestre: «Ahora más que nunca, ciertamente más que en los siglos pasados, estamos llamados a servir al hombre en cuanto tal y no sólo a los católicos; a defender ante todo y en todas partes los derechos de la persona humana y no solamente los de la Iglesia católica [...].

(…)

Los contactos personales No cabe duda de que varias personas comentaron con Roncalli la posibilidad de y oportunidad de un Concilio para la Iglesia. La amistad mantenida con los cardenales Celso Costantini, autor de una propuesta de conciliar en tiempos de Pío XI y Francesco Borgongini Duca, presidente de la Comisión Central para la preparación de un posible Concilio en tiempos de Pío XII, hizo que muy probablemente comentaran el tema en varias ocasiones, por lo que Roncalli estuvo informado de las iniciativas tomadas. De igual forma también tuvo contacto con los cardenales Ernesto Ruffini y Alfredo Ottaviani, autores de otra propuesta conciliar y que afirmarán haber hablado del tema con Roncalli durante el cónclave que le eligió papa. Sea como fuere, también resulta evidente que el proyecto que el proyecto de Concilio del papa Juan será muy distinto del modelo propugnado por estos dos cardenales y que siempre manifestará haber tomado su decisión con toda libertad.

La decisión del papa sobre la convocatoria de un Concilio fue madurando desde lo que podía ser una posibilidad sugerente hasta desembocar en una certeza. El 30 de octubre de 1958 habló por primera vez del tema; el 2 de noviembre, tras una audiencia al cardenal Ruffini, el papa dejó escrita una anotación en un folio indicando que habían tocado este asunto en el transcurso del encuentro. Sin embargo, no será sino el 20 de enero de 1959, después de haberse reunido con el secretario de Estado, cardenal Domenico Tardini, cuando se aclaren todas las dudas para Juan XXIII. Ese día el papa escribió en su agenda: «Jornada albo segnanda lapillo …

(…)

El anuncio oficial lo hizo Juan XXIII el 25 de enero de 1959, jornada de clausura del octavario de oraciones por la unidad de los cristianos, en un consistorio tenido en la sala capitular de la basílica de San Pablo Extramuros, al que asistieron diecisiete cardenales de Curia. En su discurso, Juan XXIII hizo un triple anuncio: la convocatoria de un Sínodo para la diócesis de Roma, la revisión del Código de Derecho Canónico y la convocatoria de un Concilio para la Iglesia universal.

(…)

«¡Mis venerables hermanos del Colegio cardenalicio! Pronunciamos ante vosotros, ciertamente temblando un poco de conmoción, pero a la vez con humilde resolución de propósito, el nombre y la propuesta de la doble celebración: de un Sínodo diocesano para la Urbe y de un Concilio general para la Iglesia universal [...]. Ellas conducirán felizmente a la deseada y esperada puesta al día del Código de Derecho Canónico».

(…)

El desarrollo de esta parte de la ponencia esta  subdividida en los siguientes apartados:

 

2.2.2. Comienza la andadura

 

2.3. Los trabajos preparatorios 2.3.1. Perfilar el Concilio

 

2.3.2. El Secretariado para la Unidad de los Cristianos

 

2.3.3. Hacia el aggiornamento de la Iglesia

 

2.4. La Primera Sesión 2.4.1. Gaudet Mater Ecclesia

 

2.4.2. Esperanzas y temores

 

2.4.3. Opciones y decisiones


2.4.4. La primera pausa

 

(…)

 

Juan XXIII sabía que posiblemente no le fuera dado asistir al término del Concilio: un cáncer en el estómago hacía presagiar un pronto final de su aventura terrena. Comenzó entonces a expresar una cierta preocupación por el futuro del Vaticano II, como pone de manifiesto el comentario hecho al P. Roberto Tucci, director de la Civiltà Cattolica, el 9 de febrero de 1963: «No me queda mucho tiempo de vida. Por tanto debo ser muy cuidadoso en cada cosa que hago, para evitar que el próximo cónclave sea un cónclave contra mí, porque entonces esto podría destruir las cosas que yo no he sido capaz de lograr». Sin embargo, los temores desaparecieron en los meses siguientes transformándose en una gran calma, incluso hasta el punto de que, ya en su lecho de muerte, pudo decir a los cardenales: «Estoy seguro de que se proveerá a la sucesión sin ningún esfuerzo; estoy seguro de que los obispos llevarán el Concilio a feliz conclusión». Juan XXII murió el 3 de junio de 1963, lunes de Pentecostés, a las 19,45 horas

Eneste enlace puede leerse el texto completo de

Concilio Vaticano II 40 años después  - Centro Teologico San Agustin 



viernes, 11 de octubre de 2024

Papa Juan XXIII

 


Hoy celebramos la memoria litúrgica de San Juan XXIII, recordando con especial cariño y profunda gratitud la ceremonia de canonización,junto a mi querido Juan Pablo II. El mismo momento en la historia, mismo lugar, mismo día, gente de todos los rincones del mundo en la bella Roma, una inundación de polacos, patria de Karol Wojtyla, obviamente también de italianos, de su terruño de Sotto il Monte, de sus amigos y conocidos. Preciosa experiencia personal que nunca olvidaré, hace año y medio……

Este mes también se conmemora un nuevo aniversario de la elección al pontificado de Juan XXIII, el Papa bueno, el Papa del rostro sonriente, que aportó una ráfaga de novedad que no se refería a la doctrina, sino más bien al modo de exponerla; era nuevo su modo de hablar y actuar, y era nueva la simpatía con que se acercaba a las personas comunes y a los poderosos de la tierra. Con ese espíritu convocó el Concilio ecuménico Vaticano II, con el que inició una nueva página en la historia de la Iglesia….una "intuición profética" (Juan Pablo II homilia de beatificacion 3 de septiembre 2000)de un Papa no tan joven (tenia entonces 77 años), quien a los pocos meses de haber aceptado la responsabilidad de ser Pastor de la Iglesia se embarcó en una tarea monumental al convocar el Concilio Vaticano II (1962-1965).

Como preparación a la canonización de Juan XXIII el 25 de abril de 2014 el Papa Francisco envió una carta a los coterráneos de Angelo Giuseppe Roncalli:

 Queridos amigos bergamascos:

 […] Sé cuánto queréis al Papa Juan XXIII, y cuánto él quería a su tierra. Desde el día de su elección al pontificado, el nombre de Bérgamo y de Sotto il Monte se hicieron familiares en todo el mundo, y aún hoy, a más de cincuenta años de distancia, estos son asociados a su rostro sonriente y a su ternura de padre.

Os invito a dar gracias al Señor por el gran don que fue su santidad para la Iglesia universal, y os aliento a custodiar la memoria del terreno en el cual ella germinó: un terreno hecho de profunda fe vivida en lo cotidiano, de familias pobres pero unidas por el amor del Señor, de comunidades capaces de compartir en la sencillez.

Cierto, a partir de entonces el mundo ha cambiado, y son nuevos también los desafíos para la misión de la comunidad cristiana. Sin embargo, esa heredad puede inspirar aún hoy una Iglesia llamada a vivir la dulce y consoladora alegría de evangelizar, a ser compañera de camino de cada hombre, «fuente del poblado» de la que todos pueden sacar el agua fresca del Evangelio. La renovación querida por el Concilio ecuménico Vaticano II abrió el camino, y es un gozo especial que la canonización del Papa Roncalli se realice junto a la del beato Juan Pablo II, que llevó adelante tal renovación durante su largo pontificado.[…]

 

 


martes, 11 de octubre de 2022

Juan Pablo II en el 40 aniversario de la muerte del Papa Juan XXIII

 


Hace cuarenta años moría el amado y venerado Papa Juan XXIII, al que tuve la alegría de proclamar beato, juntamente con el Papa Pío IX, el 3 de septiembre del año 2000.

El pensamiento vuelve espontáneamente al lunes 3 de junio de 1963:  aquella tarde, cuando miles de fieles de Roma y peregrinos acudieron a la plaza de San Pedro para estar lo más cerca posible de su amado Padre y Pastor, el cual, después de una larga y dolorosa enfermedad, dejaba este mundo.

A las siete de la tarde, en el atrio de la basílica vaticana, el cardenal Luigi Traglia, provicario de Roma, iniciaba la santa misa, mientras él, en su lecho convertido  en  altar,  consumaba su  sacrificio  espiritual, el  sacrificio  de toda su vida.

Desde la plaza de San Pedro, abarrotada de gente, se elevaba unánime hacia el cielo la oración de la Iglesia. Nos parece revivir aquellos momentos de intensa emoción:  las miradas de la humanidad entera se dirigían hacia la ventana del tercer piso del palacio apostólico. El final de aquella misa coincidió con la muerte del Papa bueno.

2. "Este  lecho es un altar; el altar exige una víctima:  ¡heme aquí! Ofrezco  mi  vida  por  la Iglesia, por la continuación del Concilio ecuménico, por la paz del mundo y por la unión de los cristianos" (Discorsi, Messaggi, Colloqui del Santo Padre Giovanni XXIII, V, p. 618).

"Ecce adsum!", ¡Heme aquí! El pensamiento sereno de la muerte había acompañado durante toda su vida al Papa Juan, el cual, en la hora del adiós, proyectaba su mirada al futuro y a las expectativas del pueblo de Dios y del mundo. Con tono emocionado, afirmaba que el secreto de su sacerdocio radicaba en el Crucifijo, siempre conservado celosamente frente a su lecho. "En las largas y frecuentes conversaciones nocturnas —afirmaba— el pensamiento de la redención del mundo me ha parecido más urgente que nunca". "Esos brazos abiertos —añadía— dicen que ha muerto por todos, por todos; nadie queda excluido de su amor, de su perdón" (ib.).

No es difícil captar en estas breves palabras el sentido de su ministerio sacerdotal, totalmente dedicado a hacer que se conociera y amara "lo que más vale en la vida:  Jesucristo bendito, su santa Iglesia, su Evangelio" (ib., 612). Hasta el final latió en él este anhelo. "Mi jornada terrena —concluía el beato Juan XXIII— se acaba; pero Cristo vive y la Iglesia continúa su misión; las almas, las almas:  ut unum sint, ut unum sint..." (ib., 619),

Menos de dos meses antes, el 11 de abril, Juan XXIII había publicado el documento más célebre de su magisterio:  la encíclica Pacem in terris, que he recordado varias veces durante este año. Toda la vida de este inolvidable Pontífice fue un testimonio de paz. Su pontificado fue una altísima profecía de paz, que encontró en la Pacem in terris su plena manifestación, casi un testamento público y universal.

"Es sobremanera necesario —escribió— que en la sociedad contemporánea todos los cristianos sin excepción sean como centellas de luz, viveros de amor y levadura para toda la masa. Efecto que será tanto mayor cuanto más estrecha sea la unión de cada alma con Dios. Porque la paz no puede darse en la sociedad humana si primero no se da en el interior de cada hombre" (Parte V:  AAS 55 [1963] 302).

Para ser centellas de luz es preciso vivir en contacto permanente con Dios. Este venerado predecesor mío, que dejó su impronta en la historia, recuerda también a los hombres del tercer milenio que el secreto de la paz y de la alegría está en la profunda y constante comunión con Dios. El Corazón del Redentor es el manantial del amor y de la paz, de la esperanza y de la alegría.

Nuestro recuerdo del amado Papa Juan se transforma así en oración:  Que interceda desde el cielo para que también nosotros, como él, podamos confesar al final de nuestra existencia que únicamente hemos buscado a Cristo y su Evangelio.

María —a la que solía invocar con la hermosa jaculatoria Mater mea, fiducia mea!— nos ayude a perseverar con la palabra y con el ejemplo en el compromiso de testimoniar la paz para contribuir a la edificación de la civilización del amor.  

(Juan Pablo II Audiencia General 4 de junio de 2003)

Juan XXIII: Es necesario orar por la paz

 


La Encíclica de Juan XXIII,  Pacem in Terris, que Juan Pablo II llamara “el documento más célebre de su magisterio” terminaba con este consejo tan necesario y tan actual… "Es necesario orar por la paz"

 Las enseñanzas que hemos expuesto sobre los problemas que en la actualidad preocupan tan profundamente a la humanidad, y que tan estrecha conexión guardan con el progreso de la sociedad, nos las ha dictado el profundo anhelo del que sabemos participan ardientemente todos los hombres de buena voluntad; esto es, la consolidación de la paz en el mundo.

Como vicario, aunque indigno, de Aquel a quien el anuncio profético proclamó Príncipe de la Paz[70], consideramos deber nuestro consagrar todos nuestros pensamientos, preocupaciones y energías a procurar este bien común universal. Pero la paz será palabra vacía mientras no se funde sobre el orden cuyas líneas fundamentales, movidos por una gran esperanza, hemos como esbozado en esta nuestra encíclica: un orden basado en la verdad, establecido de acuerdo con las normas de la justicia, sustentado y henchido por la caridad y, finalmente, realizado bajo los auspicios de la libertad.

(…)

Para que la sociedad humana constituya un reflejo lo más perfecto posible del reino de Dios, es de todo punto necesario el auxilio sobrenatural del cielo…. con preces suplicantes a Aquel que con sus dolorosos tormentos y con su muerte no sólo borró los pecados, fuente principal de todas las divisiones, miserias y desigualdades, sino que, además, con el derramamiento de su sangre, reconcilió al género humano con su Padre celestial, aportándole los dones de la paz: Pues El es nuestra Paz, que hizo de los pueblos uno... Y viniendo nos anunció la paz a los de lejos y la paz a los de cerca[71].

 En la sagrada liturgia de estos días resuena el mismo anuncio: Cristo resucitado, presentándose en medio de sus discípulos, les saludó diciendo: «La paz sea con vosotros. Aleluya». Y los discípulos se gozaron viendo al Señor[72]. Cristo, pues, nos ha traído la paz, nos ha dejado la paz: La paz os dejo, mi paz os doy. No como el mundo la da os la doy yo[73]./p>

Pidamos, pues, con instantes súplicas al divino Redentor esta paz que El mismo nos trajo. Que El borre de los hombres cuanto pueda poner en peligro esta paz y convierta a todos en testigos de la verdad, de la justicia y del amor fraterno. Que El ilumine también con su luz la mente de los que gobiernan las naciones, para que, al mismo tiempo que les procuran una digna prosperidad, aseguren a sus compatriotas el don hermosísimo de la paz. Que, finalmente, Cristo encienda las voluntades de todos los hombres para echar por tierra las barreras que dividen a los unos de los otros, para estrecharlos vínculos de la mutua caridad, para fomentar la recíproca comprensión, para perdonar, en fin, a cuantos nos hayan injuriado. De esta manera, bajo su auspicio y amparo, todos los pueblos se abracen como hermanos y florezca y reine siempre entre ellos la tan anhelada paz.

Por último, deseando… que esta paz penetre en la grey que os ha sido confiada…, a todos los fieles cristianos y nominalmente a aquellos que secundan con entusiasmo estas nuestras exhortaciones…

 


 

domingo, 11 de octubre de 2015

San Juan XXIII


Hoy celebramos la memoria litúrgica de San Juan XXIII, recordando con especial cariño y profunda gratitud la ceremonia de canonización,junto a mi querido Juan Pablo II. El mismo momento en la historia, mismo lugar, mismo día, gente de todos los rincones del mundo en la bella Roma, una inundación de polacos, patria de Karol Wojtyla, obviamente también de italianos, de su terruño de Sotto il Monte, de sus amigos y conocidos. Preciosa experiencia personal que nunca olvidaré, hace año y medio……

Como preparación a la canonización de Juan XXIII el 25 de abril de 2014 Papa Francisco envió una carta a los coterráneos de Angelo Giuseppe Roncalli:

Queridos amigos bergamascos:
Acercándose el día de la canonización del beato Juan XXIII, sentí el deseo de enviar este saludo a vuestro obispo Francesco, a los sacerdotes, religiosos y religiosas, a los fieles laicos de la diócesis de Bérgamo, pero también a todos aquellos que no pertenecen a la Iglesia y a toda la comunidad civil bergamasca.
Sé cuánto queréis al Papa Juan XXIII, y cuánto él quería a su tierra. Desde el día de su elección al pontificado, el nombre de Bérgamo y de Sotto il Monte se hicieron familiares en todo el mundo, y aún hoy, a más de cincuenta años de distancia, estos son asociados a su rostro sonriente y a su ternura de padre.
Os invito a dar gracias al Señor por el gran don que fue su santidad para la Iglesia universal, y os aliento a custodiar la memoria del terreno en el cual ella germinó: un terreno hecho de profunda fe vivida en lo cotidiano, de familias pobres pero unidas por el amor del Señor, de comunidades capaces de compartir en la sencillez.
Cierto, a partir de entonces el mundo ha cambiado, y son nuevos también los desafíos para la misión de la comunidad cristiana. Sin embargo, esa heredad puede inspirar aún hoy una Iglesia llamada a vivir la dulce y consoladora alegría de evangelizar, a ser compañera de camino de cada hombre, «fuente del poblado» de la que todos pueden sacar el agua fresca del Evangelio. La renovación querida por el Concilio ecuménico Vaticano II abrió el camino, y es un gozo especial que la canonización del Papa Roncalli se realice junto a la del beato Juan Pablo II, que llevó adelante tal renovación durante su largo pontificado.
Estoy seguro que también la sociedad civil podrá encontrar siempre inspiración en la vida del Papa bergamasco y en el ambiente que lo generó, buscando modalidades nuevas y acordes a los tiempos para edificar una convivencia basada en los valores perennes de la fraternidad y la solidaridad.
Queridos hermanos y hermanas, confío mi mensaje al «Eco di Bergamo», donde el joven sacerdote don Angelo Roncalli fue un apreciado colaborador. Cuando más tarde el ministerio le llevó lejos, él recibía siempre las páginas del «Eco», voz y referencia de su tierra. Os pido que recéis por mí, mientras os aseguro mi recuerdo y oración por todos vosotros, especialmente por los que sufren y los enfermos —recordando el hospital de la ciudad que han querido dedicar al Papa Juan XXIII— y por el seminario diocesano, tan querido por él. En la inminencia de las fiestas pascuales os envío a todos la bendición apostólica. (fuente: Osservatore Romano)

 Biografia muy completa en el sitio de Franciscanos.org


sábado, 28 de junio de 2014

San Juan XXIII y San Juan Pablo II: Gracias y Gloria a dos pontífices santos






Gracias y gloria a ti, Papa Juan, que convocando el Concilio Vaticano II diste nuevo impulso de juventud a la Iglesia.

Gracias y gloria a ti, Juan Pablo II, que dedicaste tu magisterio a traducir el Concilio Vaticano II en vida de la Iglesia, Pueblo de Dios.

Gracias y gloria a ti, Papa Juan, que en tu primera encíclica, Ad Petri Cathedram (29 de junio de 1959), esbozaste en tres palabras el programa de tu pontificado: “Verdad, unidad, paz”.

Gracias y gloria a ti, Juan Pablo II, que con las encíclicas Veritatis splendor(6 de agosto de 1993) y Fides et ratio(14 de septiembre de 1998) diste respuesta al relativismo moral y mostraste la convergencia entre razón y fe en la búsqueda de la verdad.

Gracias y gloria a ti, Papa Juan, que dedicaste tu segunda encíclica, Sacerdotii nostri primordia (1º de agosto de 1959), al culto y al ejemplo del Santo Cura de Ars, en el centenario de su muerte.

Gracias y gloria a ti, Juan Pablo II, que durante el Peregrinaje en Francia, el 6 de octubre de 1986, en Ars, confiaste al Santo Cura el llamado a las vocaciones sacerdotales.

Gracias y gloria a ti, Papa Juan, que en la tercera encíclica, Grata recordatio (26 de septiembre de 1959), invitaste a los fieles a recitar el Rosario para las misiones y para la paz.

Gracias y gloria a ti, Juan Pablo II, que con la encíclica Redemptoris Mater(25 de marzo de 1987) comunicaste a los fieles tu amor por la Virgen, y con la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae(16 de octubre de 2002) agregaste los Misterios luminosos a la recitación del Rosario.

(leer completo en Humanitas)  

martes, 15 de octubre de 2013

La devoción mariana de los Papas



Probablemente sea una sorpresa para muchos – lo fue para mí – el hecho que el Papa Pio XII haya sido el Papa que más cartas encíclicas le ha dedicado a Maria : 8 cartas. El Papa Pacelli fue el primer Pontífice que, respondiendo al pedido de la Virgen Maria en Fátima,  consagró el mundo al Corazón Inmaculado deMaría, el 31 de octubre de 1942,  mediante un radio mensaje titulado “Una oración por la consagración de la Iglesia y del género humano al Corazón Inmaculado de María.” Donde expresaba a su comienzo  “Reina del Santísimo Rosario, auxilio de los cristianos, refugio del género humano, vencedora de todas las batallas de Dios! Te suplicamos postrándonos ante tu trono, seguros de obtener misericordia y de recibir las gracias y la ayuda necesaria para hacerle frente a las calamidades presentes, no por nuestros méritos, de los cuales no presumimos, sino únicamente merced a la inmensa bondad de tu corazón materno.”

La devoción a María de Juan XXIII se revela en el “Diario del alma”,   donde “recoge las anotaciones espirituales que fue tomando Angelo Roncalli a lo largo de casi setenta años, desde su entrada en el seminario hasta su muerte, cuando ya no era Angelo Roncalli sino el papa Juan XXIII.”   El Papa Juan XXIII confió el Concilio Vaticano II a partir de la inauguración misma  a María: ¡Oh María, auxilio de los cristianos, auxilio de los obispos, de cuyo amor recientemente hemos tenido peculiar prueba en tu templo de Loreto, donde quisimos venerar el misterio de la Encarnación! Dispón todas las cosas hacia un éxito feliz y próspero y, junto con tu esposo San José, con los santos Apóstoles Pedro y Pablo, con los santos Juan, el Bautista y el Evangelista, intercede por todos nosotros ante Dios.”

Promulgada la Constitución DogmáticaLumen Gentium el 21 noviembre de 1964, Pablo VI declaró a la Virgen María “Madre de la Iglesia” y el 2 de febrero de 1974 firmó la exhortación apostólica Marialis Cultus,    “para la recta ordenación y desarrollo del culto a la Santísima Virgen Marìa.”   “La Iglesia católica, - dice el Papa Pablo VI allí - basándose en su experiencia secular, reconoce en la devoción a la Virgen una poderosa ayuda para el hombre hacia la conquista de su plenitud. Ella, la Mujer nueva, está junto a Cristo, el Hombre nuevo, en cuyo misterio solamente encuentra verdadera luz el misterio del hombre, (124) como prenda y garantía de que en una simple criatura —es decir, en Ella— se ha realizado ya el proyecto de Dios en Cristo para la salvación de todo hombre.”
  

La devoción mariana del Beato Juan Pablo II nace en el seno de su familia en su pueblonatal Wadowice,  y ante la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de su parroquia; se desarrolla en sus peregrinaciones a los Santuarios marianos más emblemáticos de Polonia,  Nuestra Señora de Jasna Gora  y Kalwaria Zebrzydowska - para citar solo algunos ejemplos – se expresa plenamente en su lema episcopal y apostólico Totus Tuus y podría ser el tema para todo un tratado.  Su amor y devoción a María fue un tesoro anidado en su corazón, que en 1978 llevó a Roma y que no abandonaría jamás. Ya siendo Papa  le dedicó  su Carta EncíclicaRedemptoris Mater , que  “desarrolla y actualiza la enseñanza del Concilio Vaticano II contenida en el capítulo VIII de la Constitución dogmática Lumen gentium sobre la Iglesia”; con ocasión del año Mariano 1987/1988 nos regaló, especialmente a las mujeres, su  Carta Apostólica Mulieris Dignitatem sobre la dignidad y la vocación de la mujer; y el 16 de octubre de 2002 la Cartaapostólica Rosarium Virginis Mariae  sobre el Rosario donde dice:  “El Rosario  es una oración orientada por su naturaleza hacia la paz, por el hecho mismo de que contempla a Cristo, Príncipe de la paz y «nuestra paz» (Ef 2, 14). Quien interioriza el misterio de Cristo –y el Rosario tiende precisamente a eso– aprende el secreto de la paz y hace de ello un proyecto de vida. Además, debido a su carácter meditativo, con la serena sucesión del Ave Maria, el Rosario ejerce sobre el orante una acción pacificadora que lo dispone a recibir y experimentar en la profundidad de su ser, y a difundir a su alrededor, paz verdadera, que es un don especial del Resucitado (cf. Jn 14, 27; 20, 21).”  El Beato Juan Pablo II consagró al mundo al Inmaculado Corazón de María en dos oportunidades: durante el Ángelus del 16 de octubre de 1983   y con ocasión del Jubileo de los Obispos  el  8 de octubre del año 2000
  
En continuidad con su predecesor, Benedicto XVI en cada audiencia, discurso y homilía  hablaba a los fieles de  María, al igual que en sus viajes apostólicos a los Santuarios Marianos.  En su viaje apostólico a su natal Baviera el Papa Benedicto renovaba el Acto de Consagración deBaviera a la Virgen María.  Y durante el mismo viaje  expresaba:  “De María aprendemos la bondad y la disposición a ayudar, pero también la humildad y la generosidad para aceptar la voluntad de Dios, confiando en él, convencidos de que su respuesta, sea cual sea, será lo mejor para nosotros.”   En el discurso final del rezo del Santo Rosario en el Santuario de Nuestra Señora de Aparecidanos recordaba que : “A través de los ciclos de meditación del Rosario, el divino Consolador quiere introducirnos en el conocimiento de Cristo, que brota de la fuente límpida del texto evangélico. Por su parte, la Iglesia del tercer milenio se propone dar a los cristianos la capacidad de "conocer el misterio de Dios, en el cual están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia" (Col 2, 2-3). María santísima, la Virgen pura y sin mancha, es para nosotros escuela de fe destinada a guiarnos y a fortalecernos en el camino que lleva al encuentro con el Creador del cielo y de la tierra.

La devoción mariana del Papa Francisco nos es aún más conocida.  Los argentinos sabemos que fue el entonces sacerdote jesuita Jorge Bergoglio quien introdujo la devoción en la Argentina a la Virgen que desata los nudos, a aquella a quien se dirigió en  la reciente Oraciónmariana en la Plaza San Pedro . Recordamos, también con cierta nostalgia sus tradicionales homilías con ocasión de las peregrinacionesjuveniles al Santuario de Nuestra Señora de Luján.

El 24 de julio de este año en Brasil,en Aparecidael Papa Francisco recordaba que “al día siguiente de mi elección como Obispo de Roma fui a la Basílica de Santa María la Mayor, en Roma, con el fin de encomendar a la Virgen mi ministerio y expresaba “Hoy he querido venir aquí para pedir a María, nuestra Madre, el éxito de la Jornada Mundial de la Juventud, y poner a sus pies la vida del pueblo latinoamericano.”
Durante su visita a la Virgen de Bonariaen Cagliari el Papa Francisco reiteraba su devoción mariana:  “En el camino, a menudo difícil, no estamos solos, somos muchos, somos un pueblo, y la mirada de la Virgen nos ayuda a mirarnos de modo fraterno entre nosotros. ¡Mirémonos de modo más fraterno! María nos enseña a tener esa mirada que busca acoger, acompañar, proteger. Aprendamos a mirarnos unos a otros bajo la mirada maternal de María.”

(para este post me inspiré en el artículo de Luz Erika Limachi  de Radio Vaticana –Vatican News, pero prácticamente solo en el título y en cierta manera en la secuencia)

lunes, 30 de septiembre de 2013

Juan Pablo II a ser canonizado por Francisco, otro “Papa de la misericordia”



“Con alegría y gozo, venerables hermanos, juzgando que pueden ser venerados por toda la Iglesia los beatos Juan XXIII y Juan Pablo II,  por la autoridad de Dios Omnipotente, de los Santos Pedro y Pablo he decidido que Juan XXIII y Juan Pablo II el día 27 del mes de abril del año 2014 sean incorporados al árbol de los santos”  
anunciaba hoy en latín el Papa Francisco,  durante el Consistorio Ordinario Público para la Canonización de los Beatos Papas Juan XXIII y Juan Pablo II.

Qué emoción! Finalmente confirmada la fecha: el Domingo de la Misericordia 2014 (27 de abril!)
Canonización del Papa de la Misericordia Juan Pablo II, quien instituyó la fiesta de la Divina Misericordia,  por otro Papa de la Misericordia Francisco.

Serán tres Domingos de la Misericordia que quedarán marcados a fuego en este blog.
Domingo de la Misericordia 2005: muere Juan Pablo II (el inicio de este blog  fue en 2007, pero el verdadero “nacimiento” ocurrió aquellos momentos tan especiales de abril del 2005)
Domingo de la Misericordia 2011: beatificación Juan Pablo II
Domingo de la Misericordia 2014: canonización de Juan Pablo II junto a Juan XXIII;   el Papa que se “atrevió” a poner en marcha el Concilio Vaticano II,  junto a un gran discípulo, maestro del Concilio Vaticano II y organizador del “Concilio polaco” : el Sínodo de Cracovia    para reproducir la experiencia del Concilio y brindar a los fieles de la arquidiócesis la oportunidad de leer y analizar los documentos del Concilio.

La emoción es aún mayor pensando que la canonización estará presidida por un Papa argentino: el Papa Francisco, cuyo lema episcopal se identifica con la Divina misericordia

“Miserando atque eligendo” , un Papa que no pierde oportunidad de hablar de la misericordia y que en la reciente entrevistarealizada por el sacerdote jesuita Antonio Spadaro expresara:

“Soy alguien que ha sido mirado por el Señor. Mi lema “Miserando atque eligendo” es algo que, en mi caso, he sentido siempre muy verdadero. … el gerundio miserando me parece intraducible tanto en italiano como en español. A mi me gusta traducirlo con otro gerundio que no existe: misericordiando”  

 “Los ministros de la Iglesia deben ser ante todo ministros de  misericordia!

“Hay que acompañar con misericordia. Cuando sucede asi el Espiritu Santo inspira al sacerdote la palabra oportuna”

“El confesionario no es una sala de tortura, sino aquel lugar de misericordia en el que el Señor nos empuja a hacer lo mejor que podamos.”

Gracias Papa Francisco!
Gracias Benedicto XVI!

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Y Oder (postulador de la causa de beatificación y canonización de Juan Pablo II)  

viernes, 27 de septiembre de 2013

La herencia de la « Pacem in terris »


Este año se han cumplido 50 años de aquella Encíclica histórica del Beato Juan XXIII, la « Pacem interris » sobre la paz entre todos los pueblos que ha de fundarse en la verdad, la justicia, el amor y la libertad. 

El recuerdo se hace más vivo recordando la reciente Vigilia por la paz celebrada en Roma el pasado 7 de septiembre con el Papa Francisco arrodillado ante Maria invocando la ayuda de Dios, bajo la mirada materna del icono original de la Salus populi romani, Reina de la paz.

Todo el mundo oro por la paz,  pero la paz no es definitiva. Esta « tarea sin duda gloriosa » (Pacem in terris, V: l.c., 301-302) no ha concluido a pesar de todos los grandes adelantos científicos y tecnológicos.     La paz es como la libertad, hay que seguir conquistándola a diario.

“El compromiso continúa – decía el Papa Francisco en el llamamiento terminado el Ángelus del 8 de septiembre pasado, al día siguiente de la Vigilia – “¡Sigamos con la oración y con las obras de paz! Les invito a seguir rezando para que cese inmediatamente la violencia y la devastación en Siria y para que se trabaje con renovado empeño por una justa solución al conflicto fratricida. Pidamos también por los otros países de Oriente Medio, especialmente por el Líbano, para que encuentre la anhelada estabilidad y siga siendo modelo de convivencia; por Irak, para que la violencia sectaria deje paso a la reconciliación; y por el proceso de paz entre israelitas y palestinos, para que avance con determinación y audacia. Pidamos también por Egipto, para que todos los egipcios, musulmanes y cristianos, se comprometan a construir juntos la sociedad buscando el bien de toda la población.  ¡La búsqueda de la paz es un camino largo y requiere paciencia y perseverancia! ¡Sigamos rezando!”

En su Mensaje para la XXXVI Jornada Mundial de laPaz, cercana ya a la celebración de los 30 años de la publicación de la Encíclica de Juan XXIII, el Papa Juan Pablo II nos presenta el contexto histórico en el cual fue escrita y nos brinda un detallado análisis de su contenido y de la visión precursora del Papa Juan XXIII.  Ya entonces, además del férreo régimen comunista que dominaba gran parte de Europa,  existía la dramática situación de  Oriente Medio y de Tierra Santa. 

viernes, 5 de julio de 2013

Canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII en la misma fecha?




Bueno finalmente se ha dado fin a las especulaciones. Es que cada vez que el Santo Padre recibía en audiencia al cardenal Angelo Amato las expectativas iban creciendo y todos esperabamos ansiosamente la noticia,  que finalmente llego.  Según información directa del VISnews,
esta mañana el Santo Padre Francisco, recibió nuevamente en audiencia al cardenal Angelo Amato, S.D.B., prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y durante esta, tan esperada audiencia,  el Papa ha autorizado a la Congregación a promulgar el decreto concerniente al milagro atribuido a la intercesión del Beato Juan Pablo II. Confirmado pues, falta solamente la fecha, que se fijara en septiembre: se habla de diciembre concluido el Año de la Fe.


Aparentemente se dará una maravillosa coincidencia pues no se trata solo de la canonización del beato Juan Pablo II (Karol Józef Wojtyla) sino también de la canonización del Beato Juan XXIII (Angelo Giuseppe Roncalli), quien convoco el Concilio Vaticano II, si bien en este caso el Papa Francisco, segun Rome Reports ha hecho una importante excepcion en el procedimiento y ha decidido hacerlo santo a pesar de que no se ha presentado el milagro necesario. 

Como le gustaba decir a Juan Pablo II los designios divinos son imprevisibles. Ser canonizado al mismo tiempo que el inspirador y profético iniciador del Concilio Vaticano II Juan XXIII seria una coincidencia casi profética. Vittorio Messori en Ante el Umbral de la Esperanza llama a la participación de Karol Wojtyla en el Concilio una extraordinaria y providencial aventura en cuyas sesiones “(desde la primera a la última) Karol Wojtyla tuvo siempre un papel siempre activo y relevante. Juan Pablo II mismo no se ha cansado de reconfirmar que “hubo acontecimientos en la Iglesia que han dejado una huella profunda “dando el impulso necesario para efectuar cambios de considerable importancia para el presente y, se espera, también para el futuro del Pueblo de Dios. Entre ellos descuella sin duda el Concilio Vaticano II (1962-1965), con las iniciativas que puso en marcha: la reforma litúrgica, la constitución de nuevos organismos pastorales, el gran impulso misionero, el compromiso en el campo ecuménico y el diálogo interreligioso, por citar sólo las más destacadas.”(Memoria e Identidad) Su participación, sin embargo, no se limito a ser parte activa y pensante de las deliberaciones sino que puso todo su empeño en hacer partícipe de esas reflexiones y deliberaciones a toda la Iglesia polaca, clero y pueblo.

“La experiencia del Concilio – decía el cardenal Camilo Ruini - fue decisiva para el Episcopado de Cracovia y para el Pontificado de Karol Wojtyła, completando armoniosamente toda su formación y experiencia anteriores. Permaneció esculpida en él la convicción de que el Vaticano II es "el acontecimiento clave de nuestra época" (Discurso al clero romano del 14 de febrero de 1991) “Para poner en práctica el Concilio y permitir a toda la Archidiócesis revivir este acontecimiento, el Arzobispo Wojtyła…. convocó el Sínodo de Cracovia el 8 de mayo de 1972, después de un año de intensos preparativos: fue un Sínodo con una participación extraordinaria y cautivadora, que duró siete años y lo concluyó el mismo Juan Pablo II el 8 de junio de 1979, en el IX centenario de San Estanislao”(de uno de mis posts El Sinodo de Cracovia)

 
Un detalle para la anécdota: al morir Juan Pablo II fue enterrado en la cripta vaticana en el lugar donde antes se encontraba el cuerpo de Juan XXII, que fue luego trasladado a un altar dentro de la Basílica Vaticana. Pero “presidiendo” la tumba del Papa polaco quedaba la placa del Papa Bueno del Concilio. De alguna manera habían quedado unidos, cercanos en un principio a la tumba de San Pedro y la fuerte impronta del Concilio Vaticano II, esa excelsa intuición de aggiornamento de Juan XXIII (que concluyera Pablo VI) , una insondable fuente de riqueza espiritual que la Iglesia sigue explorando. Ahora los cuerpos de ambos beatos reposan dentro de la Basílica Vaticana, a la espera de su canonización.

Y otro para la historia:
El Beato Juan Pablo II será canonizado por un Papa argentino! el Papa Francisco que en su homilía en la Misa en memoria de Juan Pablo II el 4 de abril de 2005 expresara:

“Recordamos a un hombre coherente que una vez nos dijo que este siglo no necesita de maestros, necesita de testigos, y el coherente es un testigo. Un hombre que pone su carne en el asador y avala con su carne y con su vida entera, con su transparencia, aquello que predica.

En el día de la proclamación de esta coherencia obediencial en la encarnación del Verbo miramos a este coherente. Este coherente que por pura coherencia se embarró las manos, nos salvó de una masacre fraticida; este coherente que gozaba tomando a los chicos en brazos porque creía en la ternura. Este coherente que más de una vez hizo traer a los hombres de la calle, acá decimos linyeras, de la Plaza Risorgimento para hablarles y darles una nueva condición de vida. Este coherente que cuando se sintió bien de salud pidió permiso para ir a la cárcel a hablar con el hombre que había intentado matarlo.

Es un testigo. Termino repitiendo sus palabras: "Lo que necesita este siglo no son maestros son testigos". Y en la encarnación del Verbo, Cristo es el testigo fiel. Hoy vemos en Juan Pablo una imitación de este testigo fiel. Y agradecemos que haya terminado su vida así, coherentemente, que haya terminado su vida siendo simplemente eso: UN TESTIGO FIEL.

miércoles, 6 de junio de 2012

Evangelización, nueva evangelización y colegialidad a partir del Concilio Vaticano II - Juan Pablo II (1)



Concilio es colegialidad :  Decia el Papa Juan Pablo II en su Audiencia general del 7 de febrero de 1979) “El Concilio es la expresión más plena de la colegialidad del ministerio episcopal en la Iglesia. “La Constitución Dogmática Lumen gentium utiliza precisamente la expresión corpus episcopale (cuerpo episcopal), cuando habla de la colegialidad de los obispos” 
Juan Pablo II hablo incansablemente de la imperiosa necesidad de colegialidad en la Iglesia. Lo reiteró en sus libros Cruzando el umbral de la esperanza (XXVI Una cualidad renovada) y en ¡Levantaos! ¡Vamos!  (3ª sección  compromiso ético y social) y le dedicó un capítulo entero a la colegialidad episcopal. Las visitas Ad limina Apostolorum y sus encuentros y contactos con los obispos eran para él  “un motivo de particular aliento”

No obstante tantas malas interpretaciones y dificultades pre, durante y post conciliares tanto la evangelización como la  “nueva evangelización” están íntimamente ligadas con la colegialidad  y el Concilio Vaticano II. Es más casi podríamos decir que su éxito en gran medida depende de ello: colegialidad y continuidad iluminada por el Espíritu Santo, algo que no siempre se tiene presente y sin embargo es fundamental.   Fortalecer, transformar, renovar el alma, darle nueva vida al espíritu de la Iglesia era y sigue siendo una tarea ciclópea, con mayor o menor grado de éxito según la época y las personas.  Las últimas etapas históricas de alguna manera se fueron dando naturalmente siempre “dirigidas” por la Providencia: la inspiración divina del Papa  Juan XXIII en llamar a un Concilio cuando se lo creía demasiado anciano  para gobernar a la Iglesia:  su desafío desbordó toda expectativa. Si bien no pudo concluirlo,  el Concilio encontró en el Papa Pablo VI un fiel continuador y maestro inspirador del beato Juan Pablo II. Para el Obispo Wojtyla,  férreo defensor del Concilio,  además fuente inspiradora para que mediante su proverbial generosidad intelectual aplicara la metodología en la Iglesia polaca: extrapoló lo vivido en el Concilio a su patria. Una tarea en general poco conocida :el  Sínodo de Cracovia. 
Para sorpresa dentro de círculos eclesiásticos y de la Curia romana misma, en febrero de 1962 el Beato Juan XXIII por inspiración divina anunciaba el Concilio Vaticano II  y el 11 de octubre del mismo año  mediante un Motu proprio fija la fecha de la solemne apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II :   algo que había estado “largo tiempo madurando en nuestra alma”. Era el pre anuncio de esta “nueva evangelización “:  “Los frutos que ardientemente deseamos de esta celebración son, sobre todo, éstos – decía - : Que la Iglesia, esposa de Cristo, pueda vigorizar aún más sus divinas energías y extender su benéfica influencia sobre las almas de los hombres en la máxima extensión”.
Durante el Concilio hubo indudablemente  momentos difíciles,  dudas,  controversias…entre obispos de todo el mundo procedentes de diferentes culturas no era de extrañar. Además Europa recién se recuperaba  de las postrimerías de una guerra que la había dejado debilitada y a occidente no le resultaba  fácil  imaginarse lo que ocurría del otro lado de la cortina ni dentro ni fuera de la Iglesia. El Concilio fue ocasión de descubrimiento, conocimiento y aceptación entre oriente y occidente, aunque las etapas fueron lentas,  se fueron dando paulatinamente y aún continúan.   Pero, sin lugar a dudas,  fue un momento en que dos polos europeos se encontraron y se encontraron de tal manera que pasados algunos años de experiencias domesticas tenaces y audaces el 16 de octubre de 1978 fue elegido un Papa “llamado de un país lejano..., lejano pero muy cercano siempre por la comunión en la fe y tradición cristiana.”  Un papa eslavo : Juan Pablo II.
Tampoco faltaron incomprensiones y malas interpretaciones de este lado del Atlántico: el tercer mundo, la teología de la liberación……pero seguía vigente  el sueño del Santo Padre Pablo VI en Evangelii Nuntiandi del 8 de diciembre de 1975 (Encíclica sobre la Evangelización de los Pueblos) donde en brevísimas palabras resumía los objetivos del Concilio Vaticano II :   “hacer a la Iglesia del siglo XX más apta todavía para anunciar el Evangelio a la humanidad de este siglo.”
“Edificando sobre el trabajo del Concilio, el Papa Pablo VI dedicó los largos y con frecuencia difíciles años de su pontificado a la tarea de evangelización.  Dice Mons. James P. Keleher, Arzobispo de Kansas,  en su presentación sobre la Misión evangelizadora de la Iglesia y agrega que hay tres elementos en esta misión:  Una misión ad intra, dirigida a los católicos, una segunda: ad extra, invitando a todos, cualquiera sea su origen y condición… y una tercera a todas las culturas humanas. 
Resumiendo brevemente la “historia”  de la evangelización dice Juan Pablo II en Cruzando el Umbral de la esperanza . “La evangelización  no es solamente la enseñanza viva de la Iglesia, el primer anuncio de la fe (kérygma) y la instrucción, la formación en la fe (la catequesis), sino que es también todo el vasto esfuerzo de reflexión sobre la verdad revelada, que se ha expresado desde el comienzo en la obra de los Padres de Oriente y de Occidente y que, cuando hubo que confrontar esa verdad con las elucubraciones gnósticas y con las varias herejías nacientes, fue polémica.    Evangelización ha sido la actividad de los diversos concilios. Probablemente, en los primeros siglos, si no hubiese tenido lugar el encuentro con el mundo  helénico, habría bastado con el Concilio de Jerusalén, que celebraron los mismos apóstoles hacia el año 50 (cfr. Hechos de los Apóstoles, 15). Los sucesivos concilios ecuménicos surgieron de la necesidad de expresar la verdad de la fe revelada con un lenguaje comunicativo y convincente para los hombres que vivian en el ámbito de la civilización helénica. Todo esto forma parte de la historia de la evangelización, una historia que se ha desarrollado en el encuentro con la cultura de cada época. A los Padres de la Iglesia debe reconocérseles un papel fundamental en la evangelización del mundo, además de en la formación de las bases de la doctrina teológica y filosófica durante el primer milenio. Cristo había dicho: «Id y predicad por todo el mundo» (Marcos 16,15). A medida que el mundo conocido por el hombre se engrandecía, también la Iglesia afrontaba nuevas tareas de evangelización.

En un artículo dedicado a la enseñanza paulina, titulado La evangelización y el hombreinterior,  escrito cuando aún era Arzobispo de Cracovia,  Karol Wojtyla decía que la epístola de San Pablo a los Corintios constituye un magnífico documento sobre la evangelización en los primeros tiempos…un texto que permite además identificar la problemática humana que se encuentra en la base de la obra de la Evangelización”  “La evangelización - agregaba - está siempre orientada al Reino que no es de este mundo, y que al mismo tiempo da el sentido definitivo al desarrollo del mundo y a la historia del hombre” y afirmaba que “el verdadero centro de la evangelización es fortalecer el hombre interior por medio de la fe y del amor de Cristo.”

“La Iglesia existe para evangelizar, es decir, para anunciar a todos que «Dios es amor» y hacer que cada uno se pueda encontrar con él. El segundo Sínodo plenario renovó este compromiso en la línea del concilio Vaticano II y a la luz de los signos de los tiempos, llamando a todos los creyentes a una generosa corresponsabilidad. La evangelización no es creíble si, como cristianos, no nos amamos los unos a los otros, según el mandamiento del Señor. “ (JPII Audiencia General 23 de junio de 1999 después de su viaje a Polonia – una audiencia que merece leerse completa, no tiene desperdicio. Juan Pablo II despliega allí el innegable amor que conserva por su tierra natal y los lazos que lo unen a ella)