Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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jueves, 11 de octubre de 2012

Evangelización, nueva evangelización y colegialidad a partir del Concilio Vaticano II (9) Benedicto XVI y el Año de la Fe



 “Con gran alegría, a los 50 años de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II” el Santo Padre Benedicto XVI da por iniciado el Año de la fe.  Después de saludar a los presentes le daba una bienvenida particular, saludándolos con “particular afecto” a quienes habían tenido la gracia de vivir en primera persona aquel momento memorable y justamente para rememorar el Concilio expresaba en su homilía “que la celebración se ha enriquecido con algunos signos específicos: la procesión de entrada, que ha querido recordar la que de modo memorable hicieron los Padres conciliares cuando ingresaron solemnemente en esta Basílica; la entronización del Evangeliario, copia del que se utilizó durante el Concilio; y la entrega de los siete mensajes finales del Concilio y del Catecismo de la Iglesia Católica, que haré al final, antes de la bendición. Estos signos no son meros recordatorios, sino que nos ofrecen también la perspectiva para ir más allá de la conmemoración. Nos invitan a entrar más profundamente en el movimiento espiritual que ha caracterizado el Vaticano II, para hacerlo nuestro y realizarlo en su verdadero sentido. Y este sentido ha sido y sigue siendo la fe en Cristo, la fe apostólica, animada por el impulso interior de comunicar a Cristo a todos y a cada uno de los hombres durante la peregrinación de la Iglesia por los caminos de la historia.”

Leyendo entre líneas creo que el Santo Padre ha querido subrayar una vez más que ha llegado la hora de los laicos invitándonos a vivir el Concilio en nuestras casas, en nuestras parroquias y en nuestro medio,  hacerlo nuestro compartiendo nuestra fe y nuestra esperanza y no olvidarnos de proclamar desde los tejados la buena nueva de que"tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el quecrea en él no perezca, sino que tenga vida eterna" (Jn 3, 16). 

“El Año de la fe que hoy inauguramos – proseguía el Santo Padre Benedicto XVI- está vinculado coherentemente con todo el camino de la Iglesia en los últimos 50 años: desde el Concilio, mediante el magisterio del siervo de Dios Pablo VI, que convocó un «Año de la fe» en 1967, hasta el Gran Jubileo del 2000, con el que el beato Juan Pablo II propuso de nuevo a toda la humanidad a Jesucristo como único Salvador, ayer, hoy y siempre. Estos dos Pontífices, Pablo VI y Juan Pablo II, convergieron profunda y plenamente en poner a Cristo como centro del cosmos y de la historia, y en el anhelo apostólico de anunciarlo al mundo. Jesús es el centro de la fe cristiana. El cristiano cree en Dios por medio de Jesucristo, que ha revelado su rostro. Él es el cumplimiento de las Escrituras y su intérprete definitivo. Jesucristo no es solamente el objeto de la fe, sino, como dice la carta a los Hebreos, «el que inició y completa nuestra fe» (12,2).
Invito leer la magnífica síntesis del Santo Padre Benedicto XVI de “aquel día esplendido del 11 de octubre de 1962” 

Tal como ya informara en este blog la Universidad Católica Argentina invita a vivir esta fiesta de la Iglesia participando de la la celebración que tendrá lugar en su sede de Puerto Madre esta tarde a las a18.45 (Salón Juan Pablo II, Alicia Moreau de Justo 1680,2do piso. 


miércoles, 10 de octubre de 2012

Evangelización, nueva evangelización y colegialidad a partir del Concilio Vaticano II (8) Benedicto XVI y el Año de la Fe




El 11 de octubre de 2011  el Santo Padre Benedicto XVI daba a conocer su Carta Apostólica en forma de Motu Proprio PORTA FIDEI, con la que se convoca el Año de la Fe, un año que llama a la renovación, a la conversión y a la caridad.  Allí el Santo Padre confirmaba que el 11 de octubre también se recuerdan “los veinte años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica,   promulgado por mi Predecesor, el beato Papa Juan Pablo II,[3] con la intención de ilustrar a todos los fieles la fuerza y belleza de la fe. Este documento, auténtico fruto del Concilio Vaticano II, fue querido por el Sínodo Extraordinario de los Obispos de 1985 como instrumento al servicio de la catequesis[4], realizándose mediante la colaboración de todo el Episcopado de la Iglesia católica”
"He pensado que iniciar el Año de la fe coincidiendo con el cincuentenario de la apertura del Concilio Vaticano II puede ser una ocasión propicia para comprender que los textos dejados en herencia por los Padres conciliares, según las palabras del beato Juan Pablo II, «no pierden su valor ni su esplendor. Es necesario leerlos de manera apropiada y que sean conocidos y asimilados como textos cualificados y normativos del Magisterio, dentro de la Tradición de la Iglesia. […] Siento más que nunca el deber de indicar el Concilio como la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX. Con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza»[9].
  “Deseamos que este Año suscite en todo creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza”. En ella el Santo Padre subraya especialmente la caridad  “El Año de la fe será también una buena oportunidad para intensificar el testimonio de la caridad. San Pablo nos recuerda: «Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de ellas es la caridad» (1 Co 13, 13)”  “La fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino.”.

El 12 de diciembre de 2011 en la solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe en la Santa Misa por América Latina el PapaBenedicto decía:  “Cuando la Iglesia se preparaba para recordar el quinto centenario de la plantatio de la Cruz de Cristo en la buena tierra del continente americano, el beato Juan Pablo II formuló en su suelo el programa de una evangelización nueva, nueva «en su ardor, en sus métodos, en su expresión» (cf. Discurso a la Asamblea del CELAM, 9 marzo 1983, III: AAS 75, 1983, 778). Desde mi responsabilidad de confirmar en la fe, también yo deseo animar el afán apostólico que actualmente impulsa y pretende la «misión continental» promovida en Aparecida, para que «la fe cristiana arraigue más profundamente en el corazón de las personas y los pueblos latinoamericanos como acontecimiento fundante y encuentro vivificante con Cristo» (V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Documento conclusivo, 13).

En el Instrumentum Laboris  del 19 de junio 2012  para la XIII Asamblea General Ordinaria “La Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana” comenzada el 7 de octubre pasado y que durara hasta el próximo 28 de octubre,   leemos “Si el plan de una nueva promoción de la acción evangelizadora de la Iglesia tiene sus últimas expresiones en las decisiones del Papa Benedicto XVI que hemos apenas evocado, los orígenes de dicho programa son más profundos y fundados: este plan ha animado el magisterio y el ministerio apostólico del Papa Pablo VI y del Papa Juan Pablo II. Más aún, el origen de todo este programa se encuentra en el Concilio Vaticano II” . Este Instrumentum Laboris se compone  de un Prefacio una Introducción, cuatro capítulos y una Conclusión. Allí se  “reafirma que “nueva evangelización significa dar razón de nuestra fe, comunicando el Logos de la esperanza al mundo que aspira a la salvación”.

La Presentación del Año dela Fe tuvo lugar el 21 de junio de este año  por parte de Mons. Rino Fisichella, presidente del Pontifico Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelizacion.  Mons. Fisichella, señaló que “Benedicto XVI en su Carta Apostólica “Porta fidei”, ha escrito que desde el inicio de su ministerio como Sucesor de Pedro ha tenido como máxima exigencia “redescubrir el camino de la fe para iluminar y poner cada vez en mayor evidencia la alegría y el renovado entusiasmo del encuentro con Cristo”. Es a la luz de este pensamiento que se ha convocado el año de la Fe, que coincide con el 50 aniversario de la inauguración del Concilio Vaticano II y el 20 aniversario de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica.  “La fe” y “la nueva evangelización”, son precisamente los pilares y los grandes desafíos que serán puestos a debate durante la XIIIª Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos.”Durante la intervención de MOns. Fischitella fue presentado el logo y el himno del evento e inaugurado el sito del Nuevo Año de la Fe, sitio con abundantes enlaces y detalles completos de los eventos que tendrán lugar durante el Año de la Fe. 

Evangelización, nueva evangelización y colegialidad a partir del Concilio Vaticano II (7) Benedicto XVI y el Año de la Fe



Estamos viviendo las vísperas de una gracia de la cual creo que aún no somos conscientes: el comienzo del Año de la Fe,  tan directamente ligado a la nueva evangelización,   que el Santo Padre Benedicto XVI anunciaba con estas palabras en la  Santa Misa para la Nueva Evangelización elDomingo 16 de octubre de 2011:  

“Precisamente para dar renovado impulso a la misión de toda la Iglesia de conducir a los hombres fuera del desierto —en el que a menudo se encuentran— hacia el lugar de la vida, la amistad con Cristo que nos da su vida en plenitud, quiero anunciar en esta celebración eucarística que he decidido convocar un «Año de la fe» que ilustraré con una carta apostólica especial. Este «Año de la fe» comenzará el 11 de octubre de 2012, en el 50º aniversario de la apertura del concilio Vaticano II, y terminará el 24 de noviembre de 2013, solemnidad de Cristo Rey del Universo. Será un momento de gracia y de compromiso por una conversión a Dios cada vez más plena, para reforzar nuestra fe en él y para anunciarlo con alegría al hombre de nuestro tiempo.”

El Santo Padre Benedicto XVI “heredo” de Juan Pablo II el afán apostólico por la nueva evangelización,  que a su vez se había inspirado en Pablo VI y en el Concilio Vaticano II.

El entonces cardenal Joseph Ratzinger  había hablado sobre  estructura y métodos de una nuevaevangelización y contenidos esenciales con ocasión del Jubileo de loscatequistas en el año 2000.   “Nueva evangelización no puede querer decir atraer inmediatamente con nuevos métodos, más refinados, a las grandes mesas que se han alejado de la Iglesia. No; no es esta la promesa de la nueva evangelización. Nueva evangelización significa no contentarse con el hecho de que del grano de mostaza haya crecido el gran árbol de la Iglesia universal, ni pensar que basta el hecho de que en sus ramas pueden anidar aves de todo tipo, sino actuar de nuevo valientemente, con la humildad del granito, dejando que Dios decida cuándo y cómo crecerá (cf. Mc 4, 26-29).”

De esta manera se vivenciaba ya en vida de Juan Pablo II esa  colegialidad vital para la Iglesia  que tanto pregonó el mismo Beato Juan Pablo II.   Benedicto  XVI no dudo en recordarlo en diversas oportunidades durante su propio pontificado reiterando  la necesidad y premura de una nueva evangelización.  

El 21 de septiembre de 2010 el Santo Padre Benedicto XVI instituyó el  Consejo para la promoción de la NuevaEvangelización, mediante el Motu Propio UBICUMQUE ET SEMPER.    Allí explicaba la relación del Concilio con la nueva evangelización, y como el Papa Pablo VI “observaba con clarividencia  que el compromiso de la evangelización «se está volviendo cada vez más necesario, a causa de las situaciones de descristianización frecuentes en nuestros días..”  Agregaba además Benedicto XVI “El venerable siervo de Dios Juan Pablo II puso esta ardua tarea como uno de los ejes en su vasto magisterio, sintetizando en el concepto de «nueva evangelización», que él profundizó sistemáticamente en numerosas intervenciones…”

En la lineamenta para el Sinodo de Obispos publicada el 2 de febrero de 2011 (XIII Asamblea General Ordinaria), además de las debidas instrucciones a los Obispos acerca de “La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”   podemos encontrar abundantes enlaces a documentos papales de Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI. 

miércoles, 18 de julio de 2012

Plegaria de Juan Pablo II por la Nueva Evangelización de América Latina - Evangelización, nueva evangelización y colegialidad a partir del Concilio Vaticano II Juan Pablo II (6)


(Zurbarán : Inmaculada Concepción)



María Santísima, Madre de nuestra América, 
por la predicación del Evangelio
nuestros pueblos conocen que son hermanos
y que Tú eres la Inmaculada y llena de gracia.

Con certeza filial sabemos
que en tu oído está el anuncio del ángel,
en tus labios, el cántico de alabanza,
en tus brazos, Dios hecho Niño,
en tu corazón, la cruz del Gólgota,
en tu frente, la luz y fuego del Espíritu Santo,
y bajo tus pies, la serpiente derrotada.

Madre nuestra Santísima,
en esta hora de Nueva Evangelización,
ruega por nosotros al Redentor del hombre;
que Él nos rescate del pecado
y de cuanto nos esclaviza;
que nos una con el vínculo de la fidelidad
a la Iglesia y a los Pastores que la guían.

Muestra tu amor de Madre a los pobres,
a los que sufren y a cuantos buscan el reino de tu Hijo.
Alienta nuestros esfuerzos por construir
el continente de la esperanza solidaria,
en la verdad, la justicia y el amor.

Agradecemos profundamente el don de la fe
y glorificamos contigo al Padre de las misericordias,
por tu Hijo Jesús, en el Espíritu Santo.
Amén.
(Beato Juan Pablo II en el Estadio de Santo Domingo 12 de octubre de 1984)

domingo, 15 de julio de 2012

Evangelización, nueva evangelización y colegialidad a partir del Concilio Vaticano II Juan Pablo II (5) Una nueva evangelización con la fuerza de la cruz


(las dos fotografías pertenecen a Martin Hudacek, joven escultor eslovaco)


En la Vigilia de la JMJ 1987 en Buenos Aires  presidia el encuentro la gran cruz que había encabezado todas las ceremonias del Año Santo de la redención y que el Domingo de Resurrección el Papa entregara a los jóvenes, diciéndoles: “Queridísimos jóvenes, al final del Año Santo os confío el signo mismo de este Año Jubilar. ¡La cruz de Cristo! Llevadla por el mundo como señal del amor de nuestro Señor Jesucristo a la humanidad, y anunciad a todos que sólo en Cristo muerto y resucitado está la salvación y la redención”.
En esa misma Vigilia el Papa respondía a los jóvenes:   “Me habéis preguntado cuál es el problema de la humanidad que más me preocupa. Precisamente éste: pensar en los hombres que aún no conocen a Cristo, que no han descubierto la gran verdad del amor de Dios. Ver una humanidad que se aleja del Señor, que quiere crecer al margen de Dios o incluso negando su existencia. Una humanidad sin Padre, y por consiguiente, sin amor, huérfana y desorientada, capaz de seguir matando a los hombres que ya no considera como hermanos, y así preparar su propia autodestrucción y aniquilamiento. Por eso, mis queridos jóvenes  quiero de nuevo comprometeros hoy a ser apóstoles de una nueva evangelización para construir la civilización del amor”.
Juan Pablo II recordaba a los jóvenes que el  12 de octubre de 1984 en la Celebración de la Palabra en Santo Domingo  había entregado a los Presidentes de las Conferencias Episcopales de este continente sendas reproducciones de aquella primera cruz, clavada en tierra americana.  Quería, con ese gesto, despertar una nueva evangelización, que demuestre la fuerza de la cruz en la renovación de todo hombre y de todas las realidades que forman parte de su existencia.


“Con la fuerza de la cruz que hoy es entregada a los obispos de cada nación; con la antorcha de Cristo en tus manos llenas de amor al hombre, parte, Iglesia de la nueva evangelización. Así podrás crear una nueva alborada eclesial. Y todos glorificaremos al Señor de la Verdad con la plegaria que recitaban al alba los navegantes de Colón:

“Bendita sea la luz 

y la Santa Veracruz 
y el Señor de la Verdad 
y la Santa Trinidad.

Bendita sea el alba 

y el Señor que nos la manda. 
Bendito sea el día 
y el Señor que nos lo envía”. Amén.”


Con motivo del V centenario del comienzo de la Evangelización en América se llevo a cabo en el Vaticano un Simposio acerca de la historia de la Evangelización del Nuevo Mundo. En su discurso ante este Simposio decía el papa Juan Pablo II: 

"Este Simposio tiene lugar antes de la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano que, durante el próximo mes de octubre, tratará en Santo Domingo sobre una nueva estrategia evangelizadora para el futuro. La citada Conferencia tendrá como tema «Nueva Evangelización, Promoción humana, Cultura cristiana», poniendo al Redentor del hombre y Señor de la historia en el centro de su programa evangelizador: «Jesucristo ayer, hoy y siempre» (Cf. Heb 13, 8)…..El Simposio está encuadrado en el marco sugestivo de este venturoso año 1992, en el que se cumple el V Centenario del comienzo de la Evangelización de América.”

El 12 de octubre de 1992 el Papa Juan Pablo II en su viaje apostólico a Santo Domingo (9 al 15 de octubre) inauguraba aquella IVConferencia General del Episcopado Latinoamericano que se reunía  “para perfilar las líneas maestras de una acción evangelizadora que ponga a Cristo en el corazón y en los labios de todos los latinoamericanos”,   “para celebrar a Jesucristo, para dar gracias a Dios por su presencia en estas tierras de América, donde hace ahora 500 a os comenzó a difundirse el mensaje de la salvación”. Aclaraba, sin embargo el Papa que “La evangelización propiamente dicha, sin embargo, comenzó con el segundo viaje de los descubridores, a quienes acompañaban los primeros misioneros.”  Agregaba tan bien elementos para las Conferencia: “En sus deliberaciones y conclusiones, esta Conferencia ha de saber conjugar los tres elementos doctrinales y pastorales, que constituyen como las tres coordenadas de la nueva evangelización: Cristología, Eclesiología y Antropología.”  El capitulo II de su discurso habla expresamente de la Nueva evangelización  

En el punto 10. Decía: “La novedad de la acción evangelizadora a que hemos convocado afecta a la actitud, al estilo, al esfuerzo y a la programación o, como propuse en Haití, al ardor, a los métodos y a la expresión.[30] Una evangelización nueva en su ardor supone una fe sólida, una caridad pastoral intensa y una recia fidelidad que, bajo la acción del Espíritu, generen una mística, un incontenible entusiasmo en la tarea de anunciar el Evangelio. En lenguaje neotestamentario es la «parresía» que inflama el corazón del apóstol.[31] Esta «parresía» ha de ser también el sello de vuestro apostolado en América. Nada puede haceros callar, pues sois heraldos de la verdad. La verdad de Cristo ha de iluminar las mentes y los corazones con la activa, incansable y pública proclamación de los valores cristianos.
  
Quien desee leer algo más sobre la historia del CELAM recomiendo leer estas dos conferencias del 17 de mayo del año 2005 en Lima:
Perspectiva teológica en las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano en el marco de los 50 años del CELAM, una conferencia de S.E. Estanislao Esteban Karlic 17 de mayo de 2005. 
Recapitulando los 50 años del CELAM en el camino hacia la V Conferencia del Dr. GuzmánCarriquiry L

viernes, 13 de julio de 2012

Evangelización, nueva evangelización y colegialidad a partir del Concilio Vaticano II - Juan Pablo II (4)



Fue recién en su viaje apostólico a América Central, que ante la Asamblea del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) Juan Pablo hablo oficialmente en este continente de una “renovada evangelización”….”no de re-evangelización, pero sí de una evangelización nueva. Nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión.” 

El Papa esbozó brevemente lospresupuestos fundamentales para la nueva evangelización”  que se refería en primer término a los ministros ordenados y como segundo aspecto a los laicos.  Y agregaba un elemento  importante su firme y clara actitud frente al documento de Puebla.  “Una luz que podrá orientar la nueva evangelización –y es el tercer aspecto– deberá ser la del documento de Puebla, consagrado a ese tema, en cuanto impregnado de la enseñanza del Vaticano II y coherente con el Evangelio. En este sentido es necesario que se difunda y eventualmente se recupere la integridad del mensaje de Pueblasin interpretaciones deformadas, sin reduccionismos deformantes ni indebidas aplicaciones de unas partes y eclipse de otras.”  Había sido informado de problemas graves que clamaban por una  “nueva evangelización” y los hizo notar en la apertura de la XIX asamblea general del CELAM en1983.como motivo de su viaje apostólico a América Central.


Juan Pablo II volvió a hablar de la nueva evangelización en la celebraciónde Santo Domingo en su homilía del 12 de octubre de 1984,      alli donde se plantó la primera cruz, se celebró la primera Misa y se rezó la primera Avemaría

En el apartado “Tras las huellas de los evangelizadores” el Papa recordaba que “Ya en el primer viaje apostólico de mi pontificado dije que quería pasar por Santo Domingo, “siguiendo la ruta que, al momento del descubrimiento del continente, trazaron los primeros evangelizadores” (Ioannis Pauli PP. II, Allocutio ad Reipublicae Praesidem et ad civiles et ecclesiasticas Auctoritates in urbe Dominicopoli habita, die 25 ian. 1979: Insegnamenti di Giovanni Paolo II, II (1979) 124).  Por su parte, el Episcopado latinoamericano, en el Documento de Puebla, tuvo presente el evento de los 500 años de la evangelización y el reto que suponía para la Iglesia en este continente («Evangelización y religiosidad popular», Puebla , II cap. II, 3. 3). También durante el viaje apostólico a España, indiqué en Zaragoza que el V centenario del descubrimiento y evangelización de América era un acontecimiento al que la Iglesia no podía faltar (Ioannis Pauli PP. II, Caesaraugustae, allocutio in honorem Beatae mariae Virginis habita, 3, die 6 nov. 1982: Insegnamenti di Giovanni Paolo II, V, 3 (1982) 1179) .   Pero sobre todo, en el encuentro que tuve con el CELAM en la catedral de Puerto Príncipe (Haití), el mes de marzo del pasado año, decía que este centenario debíais celebrarlo con una “mirada de gratitud a Dios, por la vocación cristiana y católica de América Latina, y a cuantos fueron instrumentos vivos y activos de la evangelización. Mirada de fidelidad a vuestro pasado de fe. Mirada hacia los desafíos del presente y a los esfuerzos que se realizan. Mirada hacia el futuro, para ver cómo consolidar la obra iniciada”. Obra que debía ser “una evangelización nueva: nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión” (Ioannis Pauli PP. II, Allocutio in Portu Principis, ad Episcopos Consilii Episcopalis Latino-Americani sodales, habita, III, die 9 mar. 1983: Insegnamenti di Giovanni Paolo II, VI, 1 (1983) 698). En esa misma línea ha tenido el propósito de moverse el CELAM, al subrayar recientemente que la celebración del centenario “que queremos preparar con años de anticipación, significa tanto el reconocimiento agradecido a quienes implantaron y transmitieron la fe en este continente, como el compromiso de mantener y aumentar esta insigne herencia” (CELAM, Mensaje ante los 500 años del descubrimiento y evangelización de América Latina).” 

jueves, 12 de julio de 2012

Evangelización, nueva evangelización y colegialidad a partir del Concilio Vaticano II Juan Pablo II (3)



En su inauguración de la III ConferenciaGeneral del Episcopado Latinoamericano en Puebla, ante la presencia de representantes del Episcopado de todo el continente latinoamericano,  el Papa Juan Pablo II  puso especial énfasis en la evangelización (utilizó 18 veces el termino) sin referirse nunca a “nueva”,   basándose frecuentemente en la Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi de Pablo VI y haciendo referencia a la II Conferencia  realizada en Bogotá, cuyo tema había sido “El presente y el futuro de la evangelización en América Latina”.   
En su alocución en Puebla el Papa Juan Pablo II decía: “La Conferencia que ahora se abre, convocada por el venerado Pablo VI, confirmada por mi inolvidable predecesor Juan Pablo I y reconfirmada por mí como uno de los primeros actos de mi Pontificado, se conecta con aquella, ya lejana, de Río de Janeiro que tuvo como su fruto más notable el nacimiento del CELAM. Pero se conecta aún más estrechamente con la II Conferencia de Medellín, cuyo décimo aniversario conmemora. En estos diez años, cuánto camino ha hecho la humanidad, y con la humanidad y a su servicio, cuánto camino ha hecho la Iglesia. Esta III Conferencia no puede desconocer esa realidad. Deberá, pues, tomar como punto de partida las conclusiones de Medellín, con todo lo que tienen de positivo, pero sin ignorar las incorrectas interpretaciones a veces hechas y que exigen sereno discernimiento, oportuna crítica y claras tomas de posición.”
Resaltaba, a su vez Juan Pablo II,  la “importancia de las sesiones del Sinodo de Obispos “sobre todo la del año 1974 centrada sobre la Evangelización, cuyas conclusiones ha recogido después, de modo vivo y alentador, la Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi de Pablo VI”. Se mantenía el tema de la Conferencia que había fijado el Santo Padre Pablo VI : “El presente y el futuro de la evangelización en América Latina”

viernes, 8 de junio de 2012

Evangelización, nueva evangelización y colegialidad a partir del Concilio Vaticano II Juan Pablo II (2)



(la imagen es del sitio Moj Papiez)

La asi llamada “nueva evangelización” comienza “oficialmente” en Nowa Huta, pero como presentarla?   Nueva? antigua?   Ni lo uno, ni lo otro, sencillamente es continuidad y colegialidad pese a todos los embates de todos los tiempos,  la evangelización es el corazón de la Iglesia en diferentes momentos de la historia humana   yendo a las raíces mismas del cristianismo.  Sin embargo el término “nueva evangelización” fue “presentado”  como tal por el Beato Juan Pablo II,  enraizado en San Pablo, e inspirado en el  Concilio Vaticano II.   El cardenal Stanislaw Dziwisz en Mi vida con Karol cap. 23 “Una nueva evangelización”  dice:  “ Él era un hombre del Concilio. Siempre partía del Concilio para trazar las líneas de desarrollo de la vida y la misión de l Iglesia….más adelante dice “La nueva evangelización, que luego sería uno de los signos distintivos del pontificado de Juan Pablo II……era preciso regresar a las fuentes de la fe para que la misión evangelizadora volviese a ser dinámica e incisiva.  Pero además de esta obligación – que es el deber prioritario de la Iglesia y de todo cristiano, que debe evangelizar allá donde viva – existía también una especial predisposición de Karol Wojtyla que yo definiría como «frescura evangélica»”   Esa “frescura evangélica ya la había demostrado mucho antes en Cracovia, en su manera particular de ejerjcer la docencia, en su trabajo con los jóvenes, sus recorridas por la diócesis, sus “diálogos” con el poder sin claudicar de sus principios, su generosidad intelectual al compartir toda la información del Concilio con sus sacerdotes, instalando el Sínodo de Cracovia para que se extendiese a toda la Iglesia.”
“La nueva cruz de madera ha surgido no lejos de aquí, exactamente durante las celebraciones del milenario. Con ella hemos recibido una señal: que en el umbral del nuevo milenio —en esta nueva época, en las nuevas condiciones de vida—, vuelve a ser anunciado el Evangelio. Se ha dado comienzo a una nueva evangelización, como si se tratara de un segundo anuncio, aunque en realidad es siempre el mismo. La cruz está elevada sobre el mundo que avanza.
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No se puede disociar la cruz del trabajo humano. No se puede separar a Cristo del trabajo humano. Y esto se confirma aquí en Nowa Huta. Este ha sido el principio de la nueva evangelización, en los albores del nuevo milenio del cristianismo en Polonia. Este nuevo comienzo lo hemos vivido juntos y lo he llevado conmigo, desde Kraków a Roma, como una reliquia.
[]
De la cruz en Nowa Huta ha comenzado la nueva evangelización: la evangelización del segundo milenio. Esta iglesia lo testimonia y lo confirma. Ella ha nacido de una viva y consciente fe, y es necesario que continúe sirviendo a esta fe.”

Tal como lo confirma su secretario el Obispo Karol Wojtyla Obispo ya la traía consigo a la Sede de Pedro, solo que por algún motivo  se   “guardó” el término para anunciarlo en su patria, y nada menos que allí, en ese suburbio de Cracovia  donde “en 1949 los soviéticos decidieron construir ese “paraíso obrero”, planeado para ser un lugar sin Dios”  “Alli Karol Wojtyla  “se enfrentó al poder temporal con una fuerza divina, marcada a fuego, un espíritu casi aguerrido, que no menguaría, guiado por un obispo que sostenía que “la libertad le es dada al hombre como una tarea. No solo debe poseerla, sino también conquistarla” Y fue conquistada.(ver mis posts Nowa Huta) .
   Como decía el Santo Padre Benedicto XVI “esta ardua tarea fue uno de los ejes de su vasto magisterio”. La traía incorporada de su amada Cracovia consciente que su patria necesitaba un “aggiornamento” , una liberación de la carga que el comunismo iba dejando a su paso, y una firme puesta en marcha de los resultados del Sínodo de Obispos que el mismo había inaugurado el   8 de mayo de 1972 como “implementación local del Vaticano II…para llevar el Concilio a todas las parroquias e instituciones de su arquidiócesis, con el propósito de reproducir la experiencia del Concilio y brindar a los fieles la oportunidad de leer y analizar los documentos del Concilio”. Una expresión de  generosidad pastoral e intelectual sin límites.  Un Sìnodo cuya clausura fue luego presidida por el  Santo Padre Juan Pablo II el 22 de junio de 1983 en la Catedral de Wawel.   (de mis posts Sinodo de Cracovia) 

miércoles, 6 de junio de 2012

Evangelización, nueva evangelización y colegialidad a partir del Concilio Vaticano II - Juan Pablo II (1)



Concilio es colegialidad :  Decia el Papa Juan Pablo II en su Audiencia general del 7 de febrero de 1979) “El Concilio es la expresión más plena de la colegialidad del ministerio episcopal en la Iglesia. “La Constitución Dogmática Lumen gentium utiliza precisamente la expresión corpus episcopale (cuerpo episcopal), cuando habla de la colegialidad de los obispos” 
Juan Pablo II hablo incansablemente de la imperiosa necesidad de colegialidad en la Iglesia. Lo reiteró en sus libros Cruzando el umbral de la esperanza (XXVI Una cualidad renovada) y en ¡Levantaos! ¡Vamos!  (3ª sección  compromiso ético y social) y le dedicó un capítulo entero a la colegialidad episcopal. Las visitas Ad limina Apostolorum y sus encuentros y contactos con los obispos eran para él  “un motivo de particular aliento”

No obstante tantas malas interpretaciones y dificultades pre, durante y post conciliares tanto la evangelización como la  “nueva evangelización” están íntimamente ligadas con la colegialidad  y el Concilio Vaticano II. Es más casi podríamos decir que su éxito en gran medida depende de ello: colegialidad y continuidad iluminada por el Espíritu Santo, algo que no siempre se tiene presente y sin embargo es fundamental.   Fortalecer, transformar, renovar el alma, darle nueva vida al espíritu de la Iglesia era y sigue siendo una tarea ciclópea, con mayor o menor grado de éxito según la época y las personas.  Las últimas etapas históricas de alguna manera se fueron dando naturalmente siempre “dirigidas” por la Providencia: la inspiración divina del Papa  Juan XXIII en llamar a un Concilio cuando se lo creía demasiado anciano  para gobernar a la Iglesia:  su desafío desbordó toda expectativa. Si bien no pudo concluirlo,  el Concilio encontró en el Papa Pablo VI un fiel continuador y maestro inspirador del beato Juan Pablo II. Para el Obispo Wojtyla,  férreo defensor del Concilio,  además fuente inspiradora para que mediante su proverbial generosidad intelectual aplicara la metodología en la Iglesia polaca: extrapoló lo vivido en el Concilio a su patria. Una tarea en general poco conocida :el  Sínodo de Cracovia. 
Para sorpresa dentro de círculos eclesiásticos y de la Curia romana misma, en febrero de 1962 el Beato Juan XXIII por inspiración divina anunciaba el Concilio Vaticano II  y el 11 de octubre del mismo año  mediante un Motu proprio fija la fecha de la solemne apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II :   algo que había estado “largo tiempo madurando en nuestra alma”. Era el pre anuncio de esta “nueva evangelización “:  “Los frutos que ardientemente deseamos de esta celebración son, sobre todo, éstos – decía - : Que la Iglesia, esposa de Cristo, pueda vigorizar aún más sus divinas energías y extender su benéfica influencia sobre las almas de los hombres en la máxima extensión”.
Durante el Concilio hubo indudablemente  momentos difíciles,  dudas,  controversias…entre obispos de todo el mundo procedentes de diferentes culturas no era de extrañar. Además Europa recién se recuperaba  de las postrimerías de una guerra que la había dejado debilitada y a occidente no le resultaba  fácil  imaginarse lo que ocurría del otro lado de la cortina ni dentro ni fuera de la Iglesia. El Concilio fue ocasión de descubrimiento, conocimiento y aceptación entre oriente y occidente, aunque las etapas fueron lentas,  se fueron dando paulatinamente y aún continúan.   Pero, sin lugar a dudas,  fue un momento en que dos polos europeos se encontraron y se encontraron de tal manera que pasados algunos años de experiencias domesticas tenaces y audaces el 16 de octubre de 1978 fue elegido un Papa “llamado de un país lejano..., lejano pero muy cercano siempre por la comunión en la fe y tradición cristiana.”  Un papa eslavo : Juan Pablo II.
Tampoco faltaron incomprensiones y malas interpretaciones de este lado del Atlántico: el tercer mundo, la teología de la liberación……pero seguía vigente  el sueño del Santo Padre Pablo VI en Evangelii Nuntiandi del 8 de diciembre de 1975 (Encíclica sobre la Evangelización de los Pueblos) donde en brevísimas palabras resumía los objetivos del Concilio Vaticano II :   “hacer a la Iglesia del siglo XX más apta todavía para anunciar el Evangelio a la humanidad de este siglo.”
“Edificando sobre el trabajo del Concilio, el Papa Pablo VI dedicó los largos y con frecuencia difíciles años de su pontificado a la tarea de evangelización.  Dice Mons. James P. Keleher, Arzobispo de Kansas,  en su presentación sobre la Misión evangelizadora de la Iglesia y agrega que hay tres elementos en esta misión:  Una misión ad intra, dirigida a los católicos, una segunda: ad extra, invitando a todos, cualquiera sea su origen y condición… y una tercera a todas las culturas humanas. 
Resumiendo brevemente la “historia”  de la evangelización dice Juan Pablo II en Cruzando el Umbral de la esperanza . “La evangelización  no es solamente la enseñanza viva de la Iglesia, el primer anuncio de la fe (kérygma) y la instrucción, la formación en la fe (la catequesis), sino que es también todo el vasto esfuerzo de reflexión sobre la verdad revelada, que se ha expresado desde el comienzo en la obra de los Padres de Oriente y de Occidente y que, cuando hubo que confrontar esa verdad con las elucubraciones gnósticas y con las varias herejías nacientes, fue polémica.    Evangelización ha sido la actividad de los diversos concilios. Probablemente, en los primeros siglos, si no hubiese tenido lugar el encuentro con el mundo  helénico, habría bastado con el Concilio de Jerusalén, que celebraron los mismos apóstoles hacia el año 50 (cfr. Hechos de los Apóstoles, 15). Los sucesivos concilios ecuménicos surgieron de la necesidad de expresar la verdad de la fe revelada con un lenguaje comunicativo y convincente para los hombres que vivian en el ámbito de la civilización helénica. Todo esto forma parte de la historia de la evangelización, una historia que se ha desarrollado en el encuentro con la cultura de cada época. A los Padres de la Iglesia debe reconocérseles un papel fundamental en la evangelización del mundo, además de en la formación de las bases de la doctrina teológica y filosófica durante el primer milenio. Cristo había dicho: «Id y predicad por todo el mundo» (Marcos 16,15). A medida que el mundo conocido por el hombre se engrandecía, también la Iglesia afrontaba nuevas tareas de evangelización.

En un artículo dedicado a la enseñanza paulina, titulado La evangelización y el hombreinterior,  escrito cuando aún era Arzobispo de Cracovia,  Karol Wojtyla decía que la epístola de San Pablo a los Corintios constituye un magnífico documento sobre la evangelización en los primeros tiempos…un texto que permite además identificar la problemática humana que se encuentra en la base de la obra de la Evangelización”  “La evangelización - agregaba - está siempre orientada al Reino que no es de este mundo, y que al mismo tiempo da el sentido definitivo al desarrollo del mundo y a la historia del hombre” y afirmaba que “el verdadero centro de la evangelización es fortalecer el hombre interior por medio de la fe y del amor de Cristo.”

“La Iglesia existe para evangelizar, es decir, para anunciar a todos que «Dios es amor» y hacer que cada uno se pueda encontrar con él. El segundo Sínodo plenario renovó este compromiso en la línea del concilio Vaticano II y a la luz de los signos de los tiempos, llamando a todos los creyentes a una generosa corresponsabilidad. La evangelización no es creíble si, como cristianos, no nos amamos los unos a los otros, según el mandamiento del Señor. “ (JPII Audiencia General 23 de junio de 1999 después de su viaje a Polonia – una audiencia que merece leerse completa, no tiene desperdicio. Juan Pablo II despliega allí el innegable amor que conserva por su tierra natal y los lazos que lo unen a ella)