Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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domingo, 29 de junio de 2025

Quien fue San Pablo?

 


SAN PABLO, APOSTOL PATRON DE LA CIUDAD DE ROMA

 

Judío de Tarso, en la actual Turquía, Saulo, ciudadano romano, culto, instruido en la escuela judía de Jerusalén, tenía una buena formación greco-helenista, conocía el griego y el latín. Hijo de un tejedor de tendales, había aprendido también el arte manufacturero del padre. Como muchos judíos de esa época, tenía un segundo nombre greco-latino: Pablo, elegido por una simple asonancia con su propio nombre. Impetuoso, valeroso y audaz, tenía buena capacidad dialéctica. Su personalidad emerge de los Hechos de los Apóstoles y de las 13 Cartas. No conoce a Jesús y es entre los primeros en perseguir a los cristianos, considerados como una secta peligrosa por derrotar. En las Escrituras es mencionado por primera vez en la narración de la lapidación de Esteban – primer mártir cristiano – en Jerusalén. Orgulloso sostenedor de la tradición judía, Saulo “trataba de destruir la Iglesia: entraba en las casas, tomaba hombres y mujeres y los metía a la cárcel” (Hech 8,3). Los discípulos lo temen y para huir de la persecución algunos se dispersan en varias ciudades, entre las cuales Damasco.

Por el camino a Damasco

Saulo se hace autorizar por el sumo sacerdote a llevar a juicio a los fugitivos a Jerusalén. “Y mientras iba caminando, al acercarse a Damasco, una luz que venía del cielo lo envolvió de improviso con su resplandor. Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». El preguntó: «¿Quién eres tú Señor?». «Yo soy Jesús, a quien tú persigues, le respondió la voz. Ahora levántate, y entra en la ciudad: allí te dirán qué debes hacer»” (Hech 9, 3-6). Fue acompañado a Damasco, donde por tres días, afectado por lo sucedido, no tomó “ni alimentos ni bebidas”. Al tercer día se presentó a él un tal Ananías al cual Dios, durante una visión, había pedido buscarlo y de imponerle las manos para que recuperara la vista. “Él es el instrumento que he escogido, para que lleve mi nombre ante las naciones, a los reyes y a los hijos de Israel; y yo le mostrare cuanto debe sufrir por mi nombre”, le fue revelado a Ananías. Pablo se hace bautizar, conoce la pequeña comunidad cristiana del lugar, se presenta en la Sinagoga y testimonia cuanto le ha sucedido. Comienza de aquí su apostolado. Se entretiene con los discípulos que se encuentran en Damasco, inicia a predicar con entusiasmo y enseguida llega a Jerusalén. Aquí conoce a Pedro y a los otros apóstoles que, después de una diferencia inicial, lo acogen y le hablan ampliamente de Jesús. Pablo los escucha, aprende las enseñanzas dejadas por el Maestro y fortalece su fe. Prosigue la predicación, pero se confronta con la hostilidad de tantos judíos y la perplejidad de diversos cristianos. Deja Jerusalén y regresa a Tarso, donde retoma el oficio de tejedor de tendales y continúa a dedicarse a la evangelización. Algunos años después Pablo, junto a Bernabé, entre los primeros judíos convertidos, llega a Antioquia e instaura estrechas relaciones con la comunidad cristiana.

Los viajes apostólicos

Después de una breve estadía en Jerusalén, desde Antioquía Pablo prosigue su misión entre los judíos y sobre todo entre los paganos – llamados “gentiles” – para otras metas. Tres son sus grandes viajes apostólicos. Durante el primero llega a Chipre y a diversas ciudades de Galacia, funda varias comunidades, luego regresa nuevamente a Antioquia y luego a Jerusalén, para discutir con los apóstoles si los convertidos del paganismo debían respetar o no los preceptos de la tradición judía. En el segundo viaje Pablo se dirige al sur de Galacia, luego a Macedonia y a Grecia. Se detiene en Corinto por más de un año y luego visita otras ciudades, entre las cuales Éfeso y Jerusalén, y se dirige nuevamente a Antioquia. Desde aquí parte para su tercer viaje. Se queda tres años en Éfeso, luego llega a Macedonia, Corinto y otras localidades, visita la comunidad que lo había acogido precedentemente y finalmente regresa a Jerusalén. Por motivo de las tensiones desarrolladas entre las comunidades que había fundado y los judeocristianos acerca de la observancia de algunas normas de la ley judía, se confronta con Santiago.

Hacia el martirio

Acusado por los judíos de haber predicado contra ley y de haber introducido en el templo un pagano convertido es arrestado, pero, bajo proceso, Pablo, en calidad de ciudadano romano, se apela al emperador y es transferido a Roma. Luego llega a estar en la cárcel en Cesarea y diversas etapas en otras ciudades. En Roma, donde se encuentra también Pedro, entra en contacto con la comunidad cristiana. Liberado por la falta de pruebas, luego, prosigue con su misión. Es arrestado una vez más bajo Nerón; condenado a muerte por el tribunal romano, es decapitado en la Via Ostiense, mientras Pedro, es crucificado en la colina Vaticana. La tradición refiere que el martirio de Pedro y Pablo ha ocurrido el mismo día: el 29 de junio del año 67. En sus tumbas surgen la Basílica de San Pedro y la Basílica de San Pablo fuera de los Muros.

(Fuente: Vatican News)

jueves, 31 de octubre de 2013

El Papa Francisco celebra Misa frente a la tumba de Juan Pablo II


Hoy mi querido Papa argentino Francisco, ha celebrado Misa en la capilla de San Sebastián, donde bajo el altar está la tumba de  mi maestro, mi inspirador,  el Beato Juan Pablo II. Como me hubiese gustado estar presente!  Comenta Rome Reports que cada semana un grupo de sacerdotes polacos celebra Misa frente a la tumba de Juan Pablo II.  Hoy fue sorpresa para algunos – aunque no mera casualidad – que el Papa Francisco celebrara Misa allí. Mañana es el aniversario de la ordenación sacerdotal de KarolWojtyla el lro de noviembre de 1946, y al día siguiente, el día de los fieles difuntos, el aniversario de su primera Misa en la cripta de San Leonardo de la Catedral de Wawel en Cracovia. 

El Papa Francisco, al terminar su homilía sobre San Pablo Dos iconos una pregunta, terminaba a su vez preguntando: mi amor a Dios es tan fuerte como el de Pablo o mi corazón es un corazón tibio como el de Jerusalén? Y pedía que el Señor por intercesión del Beato  Juan Pablo II nos ayude a responder a esta pregunta. 

Texto del comentario y  la homilía publicada en el sitio de la Santa Sede (fuente Osservatore Romano – en mi traducción al español)  
Dos iconos y una pregunta. El Papa Francisco las ha propuesto esta mañana,  jueves 31 de octubre, en la misa celebrada sobre la tumba del beato Juan Pablo II en la capilla de San Sebastián de la Basílica vaticana. Junto al Santo Padre concelebraron otros sacerdotes, en gran parte polacos, entre los cuales se encontraba el limosnero pontificio, monseñor Konrad Krajewski.
Comentando las lecturas del día de la carta a los Romanos (8, 31-39) y el Evangelio de San Lucas (13,31-35) el Papa pronuncio la siguiente homilía:


En estas lecturas  hay dos cosas que impresionan: Primero la seguridad de Pablo: «Nadie puede alejarme del amor de Cristo». Pero amaba tanto al Señor – porque lo había visto, lo había encontrado, el Señor le había cambiado la vida – tanto lo amaba que decía que nada podría alejarlo de Él.  Precisamente este amor al Señor fue el centro mismo de la vida de Pablo. En las persecuciones, en las enfermedades, en las traiciones,  todo lo que él vivió, todas esas cosas que le ocurrieron en su vida, nada  pudo alejarlo del amor de Cristo. Era el centro de su vida, la referencia: el amor de Cristo.  Y sin el amor de Cristo, sin vivir de este amor, reconocerlo, nutrirse de aquel amor, no se puede ser cristiano: el cristiano, el que se siente mirado por el Señor, con aquella mirada tan bella, amado por el Señor y amado hasta el fin.  Siente….el cristiano siente que su vida ha sido salvada por la sangre de Cristo. Y es esto lo que hace el amor: esta relación de amor. Eso es lo primero que me impresiona tanto. La otra cosa que me impresiona es esta tristeza de Jesús, cuando mira hacia Jerusalén. «Pero tu Jerusalén, que no has comprendido el amor». No ha comprendido la ternura de Dios, con aquella imagen tan bella, que dice Jesús. No comprender el amor de Dios: lo contrario de lo que sentía Pablo. Pero si, Dios me ama, Dios nos ama, pero es una cosa abstracta, es algo que no me toca el corazón y yo me arreglo en la vida como puedo.  Allí no hay fidelidad. Y el llanto del corazón de Jesús sobre Jerusalén es esto: «Jerusalén tú no eres fiel; tú no has dejado amarte, y te has fiado de tantos ídolos que te prometían todo, te decían que te darían todo, después te han abandonado»   El corazón de Jesús, el sufrimiento del amor de Jesús: un amor no aceptado, no recibido. Estos dos iconos hoy: el de Pablo que permanece fiel hasta el final al amor de Jesús, allí encuentra la fuerza para seguir adelante, para soportar todo.  El se siente débil, se siente pecador, pero tiene la fuerza de aquel amor de Dios, en aquel encuentro que ha tenido con Jesucristo.  Por otro lado, la ciudad y el pueblo infiel, no fiel, que no acepta el amor de Jesús, o peor aún, eh?   Que vive este amor a medias: un poco si, otro poco no, según las propias conveniencias.  Miremos a Pablo con su coraje que procede de este amor, y miremos a Jesús que llora sobre aquella ciudad, que no es fiel.   Miremos la fidelidad de Pablo y la infidelidad de Jerusalén y en el centro miremos a Jesús, su corazón, que nos ama tanto.   Que podemos hacer? La pregunta: me parezco mas a Pablo o a Jerusalén?  Mi amor a Dios es tan fuerte como el de Pablo o mi corazón es un corazón tibio como el de Jerusalén?  Que el Señor por intercesión del Beato Juan Pablo II, nos ayude a responder esta pregunta. Así sea!

sábado, 26 de enero de 2013

Los grandes eventos del Año de la Fe con Benedicto XVI



Ayer 25 de enero,  el día de la memoria de la conversión de San Pablo Apóstol el Santo Padre Benedicto XVI presidió,  en la Basílica de San Pablo Extramuros en Roma,  las tradicionales Vísperas Ecuménicas,  como conclusión de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.  

Con esta celebración ecuménica de ayer por la tarde que forma parte de los grandes eventos del Año de la Fe iniciaba la serie de grandes eventos que tendrán lugar este año 2013.  El Año de la Fe concluirá el 24 de noviembre próximo.

La comunión en la misma fe es la base del ecumenismo decía el Santo Padre Benedicto XVI en su homilía.  La unidad, en realidad, es un don de Dios inseparable de la fe;  lo expresa de manera eficaz san Pablo: «Hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, así como hay una misma esperanza, a la que ustedes han sido llamados, de acuerdo con la vocación recibida. Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo.  Hay un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, lo penetra todo y está en todos.» (Ef 4,4-6)

La homilía del Santo Padre por ahora solo está en versión italiana en el sitio de la Santa Sede,  pero seguramente en los próximos días podrá encontrarse aquí   en español o dentro de las homilías del Santo Padre en este sitio. 

miércoles, 26 de enero de 2011

Benedicto XVI : proseguir con pasión hacia la meta de la unidad


“Sabemos bien, que es aun lejana aquella unidad por la cual Cristo oró y que vemos reflejada en el retrato de la primera comunidad de Jerusalén.
La unidad a la cual Cristo, mediante su Espíritu, llama a la Iglesia no se realiza solamente en el plano de estructuras organizativas, sino que se configura, a un nivel mucho mas profundo, como unidad expresa “en la profesión de una sola fe, en la común celebración del culto divino, y en la concordia fraterna de la familia de Dios.” (Unitatis Redintegratio) La búsqueda del restablecimiento de la unidad entre cristianos divididos no puede, por lo tanto, reducirse a un mero reconocimiento de diferencias reciprocas y al logro de una convivencia pacifica: aquello a lo que anhelamos es la unidad por la cual Cristo mismo oró y que por su naturaleza se manifiesta en la comunión de la fe, de los sacramentos, del ministerio. El camino hacia esta unidad ha de percibirse como imperativo moral, respuesta a una llamada precisa del Señor. Por ello corresponde vencer la tentación de la resignación o el pesimismo, que es falta de confianza en la fuerza del Espíritu Santo. Nuestro deber es proseguir con pasión el camino hacia esta meta mediante un dialogo serio y riguroso a fin de profundizar el común patrimonio teológico, litúrgico y espiritual; mediante el conocimiento reciproco; la formación de nuevas generaciones y, ante todo, con la conversión del corazón y con la oración. Tal como lo declarara el Concilio Vaticano II, el “ santo propósito de reconciliar a todos los cristianos en la unidad de la única Iglesia de Jesucristo excede las fuerzas y la capacidad humana” y por eso ponemos nuestra esperanza ante todo “en la oración de Cristo por la Iglesia, en el amor del Padre para con nosotros y en la virtud del Espíritu Santo” (ibid.24)
(de la homilía del Santo Padre Benedicto XVI – Fiesta de la conversión de San Pablo Apóstol –Basilica de San Pablo Extramuros – 25 de enero 2011)

martes, 25 de enero de 2011

La conversión de san Pablo, nuestra conversión y el compromiso ecuménico




“En estos últimos años, la celebración de la conversión de san Pablo se ha transformado en la fiesta anual del compromiso ecuménico” decía el Papa Juan Pablo II en la homilía de la Misa de Clausura de la Semana de oración por la unidad de los cristianos que se celebraba en la Basílica romana de San Pablo extramuros el 25 de enero de 1997, y agregaba “ En Roma, como en todo el mundo, se reúnen los discípulos de Cristo de las diversas Iglesias y comunidades para elevar a Dios un coro de oraciones por la unidad de los cristianos. La relación de esta plegaria con la fiesta litúrgica de la conversión de san Pablo pone de relieve el hecho de que la unidad y la comunión de todos los cristianos sólo pueden alcanzarse recorriendo el camino de la conversión.”
Y al inicio del nuevo milenio expresaba “Al inicio de un nuevo milenio cristiano, en este año de gracia que nos invita a convertirnos más radicalmente al Evangelio, debemos dirigirnos con una súplica más apremiante al Espíritu, implorando la gracia de nuestra unidad”.
Si le echamos un vistazo a las actividades ecuménicas, declaraciones formales u otras referencias hechas por los papas Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II (entre sus documentos la Encíclica Ut unum sint sobre el Empeño Ecumenico) y agregamos los documentos de líderes de otras iglesias y comunidades eclesiales vemos claramente que la actividad de la Santa Sede al respecto es intensa y constante. Una comisión mixta nombrada por el Pontificio Consejo para la promoción de la unidad de los cristianos y la Comisión Fe y Constitución del Consejo Mundial de Iglesias se ocupa de hacer preparar el material correspondiente a la Semana de oración todos los años. Este año ha sido preparado basado en una propuesta de un grupo ecuménico de Jerusalén.

“¿Puede un cuerpo estar dividido? ¿Puede la Iglesia, cuerpo de Cristo, estar dividida? “ preguntaba el Papa Juan Pablo II en su homilía con ocasión de la apertura de la Puerta Santa de la Basílica de San Pablo Extramuros el 18 de enero del año 2000 invitándonos al compromiso, a la misión, a “esa oración que sigue dando fruto”, a una verdadera conversión, no de palabra, sino de actitudes en los tratos cotidianos con nuestros hermanos en la fe o con quienes profesan otras religiones, sin excluir aquellos que no creen.
“Ya desde los primeros concilios - decia - , los cristianos han profesado juntos: "creo en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica". Saben, con san Pablo, que hay un solo cuerpo, un solo Espíritu, como es una la esperanza a que han sido llamados: "Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está presente en todos" (Ef 4, 4-6).
Y agregaba como reflexión “Pero el restablecimiento de la unidad no es posible sin una conversión interior, porque el deseo de la unidad nace y madura de la renovación de la mente, del amor a la verdad, de la abnegación de sí mismos y de la libre efusión de la caridad. La conversión de corazón y la santidad de vida, la oración personal y comunitaria por la unidad, son el núcleo que constituye la fuerza y esencia del movimiento ecuménico. La aspiración a la unidad va acompañada de una profunda capacidad de "sacrificio" de lo que es personal, para disponer el alma a una fidelidad cada vez mayor al Evangelio. Prepararnos al sacrificio de la unidad significa cambiar nuestra mirada, dilatar nuestro horizonte, saber reconocer la acción del Espíritu, que actúa en nuestros hermanos, descubrir nuevos rostros de santidad, abrirnos a aspectos inéditos del compromiso cristiano.”

Nuestro esfuerzo cotidiano tiende a un “ecumenismo” auténtico en nuestro propio ambiente? En nuestra familia, barrio, parroquia? Para que podamos beneficiarnos todos porque “todo lo que el Espíritu realiza en los « otros » puede contribuir a la edificación de cada comunidad 65 y en cierto modo a instruirla sobre el misterio de Cristo. El ecumenismo auténtico es una gracia de cara a la verdad.” (Ut unum sint)

Acompañamos al Santo Padre Benedicto XVI con nuestras oraciones cuando nos dice que “la Iglesia católica prosigue con pasión el diálogo, intentando profundizar de modo serio y riguroso en el patrimonio teológico, litúrgico y espiritual común, y de afrontar con serenidad y empeño los elementos que aún nos dividen.”? y esta mañana en su discurso a la Delegación de la Iglesia evangélica luterana de Alemania expresaba “nuestro compromiso por la unidad solo puede producir frutos si encuentra sus raices en la oración común”.

Si reflexionamos seriamente, haciendo una profunda introspección, metiéndonos en nuestra conciencia, como miembros de un mismo cuerpo que es la Iglesia, verdaderamente queremos? buscamos? nos esforzamos? para alcanzar el “misterio de unidad, que es don de lo alto” cuando a veces ni siquiera miramos con simpatía a tal o cual orden religiosa o simplemente a otros grupos en el pequeño ámbito de nuestra parroquia o mas ampliamente de la diócesis o la región sencillamente porque no nos agrada o - peor aun - envidiamos su carisma, su capacidad de captación?

En un llamado a la unidad y a la conversión Juan Pablo II nos recordaba: “De la misma manera que Pablo de Tarso descubrió el verdadero camino que lleva a la salvación y comprendió que Cristo crucificado y resucitado había introducido en él al pueblo de Israel y a toda la humanidad, así también los cristianos deben tomar conciencia del hecho de que el camino de la salvación pasa a través de su unidad en Cristo, y que ésta exige de todos ellos un particular compromiso espiritual.”
En Septiembre de 2008 el Santo Padre Benedicto XVI desarrolló una serie de catequesis generales sobre San Pablo:

Audiencia General del 2 de julio 2008
Audiencia General del 27 de agosto 2008
En la Audiencia General del 3 de septiembre 2008