Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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martes, 1 de julio de 2025

Ut unum sint – Audacia y dificultades en la unidad de los cristianos - George Weigel (1 de 2)

 


El 25 de mayo de 1995, a tan solo dos meses después de haber firmado Evangeliium Vitae Juan Pablo II presenta una nueva encíclica Ut Unum Sint sobre el imperativo de la unidad de los cristianos. . El titulo (Que puedan ser uno) conmemoraba palabras del Papa Juan XXIII que murió en 1963 con estas palabras,  de Cristo para sus discípulos,  en sus labios.  

Durante 16 años el activismo ecuménico de Juan Pablo II fue encarnando la visión articulada por el Vaticano II en Lumen Gentium, 8 –– la Iglesia católica necesariamente involucraba a todos los cristianos, quienes de alguna manera estaban relacionados al catolicismo por su bautismo. Sin importar lo que pensaran de la Iglesia católica, la Iglesia católica  los consideraba hermanos y hermanas en Cristo.

(..)

Quedaba algo  mas por decir además de lo que ya se había dicho y hecho? Juan Pablo II evidentemente consideraba que si, y la encíclica – iniciativa personal del Papa, profundizaba el concepto católico del ecumenismo haciendo lo que fue considerado el ofrecimiento papal más audaz a la ortodoxia y al protestantismo después de las divisiones de 1054 y el siglo XVI.

Lo verdaderamente nuevo de Ut Unum Sint fue indudablemente el conjunto de señales que se enviaba a todo el mundo dentro de la Iglesia Católica. Aquellos que consideraron el  Vaticano II una moda pasajera fueron  claramente informados que estaban equivocados.   La primera encíclica dedicada enteramente al ecumenismo aclaraba que el compromiso ecuménico del catolicismo era irreversible. La encíclica también desafiaba a aquellos que se cobijaban cómodamente en el dialogo ecuménico post conciliar.  Ut unum sint solicita a los profesionales ecuménicos recuperar el sentido de urgencia del tema. La desunión cristiana dificultaba aun más la proclama de la Palabra y  la superación del  abismo de razas, etnicidad y nacionalismos que dividían un mundo conflictivo y en peligro. Si los cristianos no podían reparar la unidad de la Iglesia, mal posicionados estaban para trabajar en la unidad de la raza humana.  Juan Pablo II  le pidió a los católicos de todo el mundo reavivar el compromiso del ecumenismo tan altamente posicionado durante los primeros años después del Concilio y tristemente opacado después.

En Ut Unum Sint Juan Pablo II también llamaba la atención su enfoque ecuménico hacia la Ortodoxia. Acercándose el Gran Jubileo Juan Pablo II estaba decidido hacer todos los esfuerzos posibles para zanjar la brecha del siglo XI antes de fines del siglo XX. Ante las críticas y la oposición ortodoxa que había recibido en los 1990´s la encíclica  de Juan Pablo II seguía insistiendo que los ortodoxos son “iglesias hermanas” con quienes la iglesia católica busca entera unidad en una diversidad legitima. El modelo de cómo podía vivirse esa comunión podría encontrarse en la experiencia del primer milenio… la sugerencia parecía clara porque no podría el catolicismo y la ortodoxia volver al status quo pre  1054? De tal manera se asumía que no había temas doctrinales de división de iglesias entre Roma y el Este, pero eso parecía ser la convicción de Juan Pablo II, a pesar de que algunos católicos y ortodoxos pensaran lo contrario.

La encíclica también hablaba del intento de  unidad de los cristianos con las comunidades de la Reforma, quizás con menores posibilidades que las evidentes en el llamado del Papa a los ortodoxos y temas mayores sin resolver, por ej. La relación de las Sagradas Escrituras con la tradición,  la naturaleza de la Eucaristía, los ministerios apostólicos y sacerdotales, la autoridad de la Iglesia y Maria como icono de la Iglesia.

La iniciativa más audaz de la encíclica de Juan Pablo II proponía a los cristianos ortodoxos y protestantes ayudarle a pensar como debería ser el pontificado que pudiera servirles en el futuro.   El ministerio del Obispo de Roma, decía, fue impuesto por Cristo como un ministerio de unidad para toda la Iglesia, La historia, errores humanos y el pecado transformaron ese ministerio en un signo de division…..   no obstante  la originalidad y audacia del ofrecimiento, Ut Unum Sint no recibió la atención de los medios que se le había dado a Evangelium Vitae. La audacia del ofrecimiento ecuménico de Juan Pablo II en Ut Unum Sint no fue respondida con la debida creatividad en las respuestas recibidas.

El protestantismo había cambiado dramáticamente desde el Vaticano II. Las comuniones con las cuales se había dialogado habían cambiado.-  El crecimiento del protestantismo entre evangélicos y pentecostales presentaba temas enteramente nuevos para las conversaciones ecuménicas entre católicos y protestantes. Estos temas no se habían tratado en Ut Unum Sint y muchos evangélicos en los Estados Unidos que admiraban la Evangelim Vitae y la promocionaron entusiasmados entre sus comunidades, se sintieron algo ignorados.

El ministerio del Obispo de Roma, escribe, en la intención de Cristo fue un ministerio de unidad para toda la Iglesia. Par algunos cristianos, admite Juan Pablo II, la memoria del papado “está marcada por recuerdos penosos. A tal extremo que nos sentimos responsables de eso, y me uno a mi predecesor PabloVI en pedir perdón”. A pesar de estos recuerdos, los cristianos de diferentes comuniones llegaron a comprender la importancia de un ministerio unificado al servicio de la iglesia universal, y algunos parecieron dispuestos a repensar el tema de la “primacía” del sucesor de Pedro en esos términos de ministerio unificador.  Juan Pablo II sintió una “responsabilidad particular” en avanzar en estos debates “siguiendo la solicitud que me fuera presentada de encontrar un camino de ejercitar una primacía que no debiera renunciar a lo que es esencial en su misión, y sin embargo abierta a nuevas situaciones. Tarea ingente – la llama – “que no podemos rechazar y que no puedo llevar a término solo.

Por lo tanto Juan Pablo II pide  “no podría la comunión real, aunque imperfecta, que existe entre nosotros”, sentar  las bases sobre las cuales los líderes cristianos y sus teólogos puedan trabajar para explorar el tipo de pontificado que podría servir a las necesidades de todos? El Obispo de Roma 941 años después del la desunión decisiva entre Roma y el Este, y 478 años después de la división de los cristianos occidentales y la Reforma luterana, pedía a sus hermanos y hermanas separados que le ayudaran a rediseñar el pontificado para el tercer milenio como servicio de unidad para toda la Iglesia de Cristo.

 (…)

(del capitulo 19 Only One World –la Unidad de los cristianos de Witness toHope - the biography of Pope John Paul II - George Weigel)

 



jueves, 18 de enero de 2018

Papa Francisco: No tengamos miedo a «dar una mano»

“Hermanos, Iquique es tierra de sueños —eso significa el nombre en aymara—; tierra que ha sabido albergar a gente de distintos pueblos y culturas. Gente que han tenido que dejar a los suyos, marcharse. Una marcha siempre basada en la esperanza por obtener una vida mejor, pero sabemos que va siempre acompañada de mochilas cargadas con miedo e incertidumbre por lo que vendrá. Iquique es una zona de inmigrantes que nos recuerda la grandeza de hombres y mujeres; de familias enteras que, ante la adversidad, no se dan por vencidas y se abren paso buscando vida. Ellos —especialmente los que tienen que dejar su tierra porque no encuentran lo mínimo necesario para vivir— son imagen de la Sagrada Familia que tuvo que atravesar desiertos para poder seguir con vida.

Esta tierra es tierra de sueños, pero busquemos que siga siendo también tierra de hospitalidad. Hospitalidad festiva, porque sabemos bien que no hay alegría cristiana cuando se cierran puertas; no hay alegría cristiana cuando se les hace sentir a los demás que sobran o que entre nosotros no tienen lugar (cf. Lc 16,19-31).

Como María en Caná, busquemos aprender a estar atentos en nuestras plazas y poblados, y reconocer a aquellos que tienen la vida «aguada»; que han perdido —o les han robado— las razones para celebrar; Los tristes de corazón. Y no tengamos miedo de alzar nuestras voces para decir: «no tienen vino». El clamor del pueblo de Dios, el clamor del pobre, que tiene forma de oración y ensancha el corazón y nos enseña a estar atentos. Estemos atentos a todas las situaciones de injusticia y a las nuevas formas de explotación que exponen a tantos hermanos a perder la alegría de la fiesta. Estemos atentos frente a la precarización del trabajo que destruye vidas y hogares. Estemos atentos a los que se aprovechan de la irregularidad de muchos migrantes porque no conocen el idioma o no tienen los papeles en «regla». Estemos atentos a la falta de techo, tierra y trabajo de tantas familias. Y como María digamos: no tienen vino, Señor.
Como los servidores de la fiesta aportemos lo que tengamos, por poco que parezca. Al igual que ellos, no tengamos miedo a «dar una mano», y que nuestra solidaridad y nuestro compromiso con la justicia sean parte del baile o la canción que podamos entonarle a nuestro Señor. Aprovechemos también a aprender y a dejarnos impregnar por los valores, la sabiduría y la fe que los inmigrantes traen consigo. Sin cerrarnos a esas «tinajas» llenas de sabiduría e historia que traen quienes siguen arribando a estas tierras. No nos privemos de todo lo bueno que tienen para aportar.”

(Homilia Papa Francisco en la Santa Misa de la Virgen del Carmen, Campus Lobito, Iquique,  y Oración por Chile)

Papa Francisco: No confundir unidad con uniformidad

“Una de las principales tentaciones a enfrentar es confundir unidad con uniformidad. Jesús no le pide a su Padre que todos sean iguales, idénticos; ya que la unidad no nace ni nacerá de neutralizar o silenciar las diferencias. La unidad no es un simulacro ni de integración forzada ni de marginación armonizadora. La riqueza de una tierra nace precisamente de que cada parte se anime a compartir su sabiduría con los demás. No es ni será una uniformidad asfixiante que nace normalmente del predominio y la fuerza del más fuerte, ni tampoco una separación que no reconozca la bondad de los demás. La unidad pedida y ofrecida por Jesús reconoce lo que cada pueblo, cada cultura está invitada a aportar en esta bendita tierra. La unidad es una diversidad reconciliada porque no tolera que en su nombre se legitimen las injusticias personales o comunitarias. Necesitamos de la riqueza que cada pueblo tenga para aportar, y dejar de lado la lógica de creer que existen culturas superiores o culturas inferiores. Un bello «chamal» requiere de tejedores que sepan el arte de armonizar los diferentes materiales y colores; que sepan darle tiempo a cada cosa y a cada etapa. Se podrá imitar industrialmente, pero todos reconoceremos que es una prenda sintéticamente compactada. El arte de la unidad necesita y reclama auténticos artesanos que sepan armonizar las diferencias en los «talleres» de los poblados, de los caminos, de las plazas y paisajes. No es un arte de escritorio la unidad, ni tan solo de documentos, es un arte de la escucha y del reconocimiento. En eso radica su belleza y también su resistencia al paso del tiempo y de las inclemencias que tendrá que enfrentar.

La unidad que nuestros pueblos necesitan reclama que nos escuchemos, pero principalmente que nos reconozcamos, que no significa tan sólo «recibir información sobre los demás… sino recoger lo que el Espíritu ha sembrado en ellos como un don también para nosotros»[3]. Esto nos introduce en el camino de la solidaridad como forma de tejer la unidad, como forma de construir la historia; esa solidaridad que nos lleva a decir: nos necesitamos desde nuestras diferencias para que esta tierra siga siendo bella. Es la única arma que tenemos contra la «deforestación» de la esperanza. Por eso pedimos: Señor, haznos artesanos de unidad.”

(De la Homilía del Papa Francisco en la Santa Misa por el progreso de los  pueblos, aeródromo Maquehue, Temuco – 17 de enero de 2018)



(15-22 DE ENERO DE 2018)




miércoles, 26 de enero de 2011

Benedicto XVI : proseguir con pasión hacia la meta de la unidad


“Sabemos bien, que es aun lejana aquella unidad por la cual Cristo oró y que vemos reflejada en el retrato de la primera comunidad de Jerusalén.
La unidad a la cual Cristo, mediante su Espíritu, llama a la Iglesia no se realiza solamente en el plano de estructuras organizativas, sino que se configura, a un nivel mucho mas profundo, como unidad expresa “en la profesión de una sola fe, en la común celebración del culto divino, y en la concordia fraterna de la familia de Dios.” (Unitatis Redintegratio) La búsqueda del restablecimiento de la unidad entre cristianos divididos no puede, por lo tanto, reducirse a un mero reconocimiento de diferencias reciprocas y al logro de una convivencia pacifica: aquello a lo que anhelamos es la unidad por la cual Cristo mismo oró y que por su naturaleza se manifiesta en la comunión de la fe, de los sacramentos, del ministerio. El camino hacia esta unidad ha de percibirse como imperativo moral, respuesta a una llamada precisa del Señor. Por ello corresponde vencer la tentación de la resignación o el pesimismo, que es falta de confianza en la fuerza del Espíritu Santo. Nuestro deber es proseguir con pasión el camino hacia esta meta mediante un dialogo serio y riguroso a fin de profundizar el común patrimonio teológico, litúrgico y espiritual; mediante el conocimiento reciproco; la formación de nuevas generaciones y, ante todo, con la conversión del corazón y con la oración. Tal como lo declarara el Concilio Vaticano II, el “ santo propósito de reconciliar a todos los cristianos en la unidad de la única Iglesia de Jesucristo excede las fuerzas y la capacidad humana” y por eso ponemos nuestra esperanza ante todo “en la oración de Cristo por la Iglesia, en el amor del Padre para con nosotros y en la virtud del Espíritu Santo” (ibid.24)
(de la homilía del Santo Padre Benedicto XVI – Fiesta de la conversión de San Pablo Apóstol –Basilica de San Pablo Extramuros – 25 de enero 2011)

martes, 25 de enero de 2011

La conversión de san Pablo, nuestra conversión y el compromiso ecuménico




“En estos últimos años, la celebración de la conversión de san Pablo se ha transformado en la fiesta anual del compromiso ecuménico” decía el Papa Juan Pablo II en la homilía de la Misa de Clausura de la Semana de oración por la unidad de los cristianos que se celebraba en la Basílica romana de San Pablo extramuros el 25 de enero de 1997, y agregaba “ En Roma, como en todo el mundo, se reúnen los discípulos de Cristo de las diversas Iglesias y comunidades para elevar a Dios un coro de oraciones por la unidad de los cristianos. La relación de esta plegaria con la fiesta litúrgica de la conversión de san Pablo pone de relieve el hecho de que la unidad y la comunión de todos los cristianos sólo pueden alcanzarse recorriendo el camino de la conversión.”
Y al inicio del nuevo milenio expresaba “Al inicio de un nuevo milenio cristiano, en este año de gracia que nos invita a convertirnos más radicalmente al Evangelio, debemos dirigirnos con una súplica más apremiante al Espíritu, implorando la gracia de nuestra unidad”.
Si le echamos un vistazo a las actividades ecuménicas, declaraciones formales u otras referencias hechas por los papas Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II (entre sus documentos la Encíclica Ut unum sint sobre el Empeño Ecumenico) y agregamos los documentos de líderes de otras iglesias y comunidades eclesiales vemos claramente que la actividad de la Santa Sede al respecto es intensa y constante. Una comisión mixta nombrada por el Pontificio Consejo para la promoción de la unidad de los cristianos y la Comisión Fe y Constitución del Consejo Mundial de Iglesias se ocupa de hacer preparar el material correspondiente a la Semana de oración todos los años. Este año ha sido preparado basado en una propuesta de un grupo ecuménico de Jerusalén.

“¿Puede un cuerpo estar dividido? ¿Puede la Iglesia, cuerpo de Cristo, estar dividida? “ preguntaba el Papa Juan Pablo II en su homilía con ocasión de la apertura de la Puerta Santa de la Basílica de San Pablo Extramuros el 18 de enero del año 2000 invitándonos al compromiso, a la misión, a “esa oración que sigue dando fruto”, a una verdadera conversión, no de palabra, sino de actitudes en los tratos cotidianos con nuestros hermanos en la fe o con quienes profesan otras religiones, sin excluir aquellos que no creen.
“Ya desde los primeros concilios - decia - , los cristianos han profesado juntos: "creo en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica". Saben, con san Pablo, que hay un solo cuerpo, un solo Espíritu, como es una la esperanza a que han sido llamados: "Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está presente en todos" (Ef 4, 4-6).
Y agregaba como reflexión “Pero el restablecimiento de la unidad no es posible sin una conversión interior, porque el deseo de la unidad nace y madura de la renovación de la mente, del amor a la verdad, de la abnegación de sí mismos y de la libre efusión de la caridad. La conversión de corazón y la santidad de vida, la oración personal y comunitaria por la unidad, son el núcleo que constituye la fuerza y esencia del movimiento ecuménico. La aspiración a la unidad va acompañada de una profunda capacidad de "sacrificio" de lo que es personal, para disponer el alma a una fidelidad cada vez mayor al Evangelio. Prepararnos al sacrificio de la unidad significa cambiar nuestra mirada, dilatar nuestro horizonte, saber reconocer la acción del Espíritu, que actúa en nuestros hermanos, descubrir nuevos rostros de santidad, abrirnos a aspectos inéditos del compromiso cristiano.”

Nuestro esfuerzo cotidiano tiende a un “ecumenismo” auténtico en nuestro propio ambiente? En nuestra familia, barrio, parroquia? Para que podamos beneficiarnos todos porque “todo lo que el Espíritu realiza en los « otros » puede contribuir a la edificación de cada comunidad 65 y en cierto modo a instruirla sobre el misterio de Cristo. El ecumenismo auténtico es una gracia de cara a la verdad.” (Ut unum sint)

Acompañamos al Santo Padre Benedicto XVI con nuestras oraciones cuando nos dice que “la Iglesia católica prosigue con pasión el diálogo, intentando profundizar de modo serio y riguroso en el patrimonio teológico, litúrgico y espiritual común, y de afrontar con serenidad y empeño los elementos que aún nos dividen.”? y esta mañana en su discurso a la Delegación de la Iglesia evangélica luterana de Alemania expresaba “nuestro compromiso por la unidad solo puede producir frutos si encuentra sus raices en la oración común”.

Si reflexionamos seriamente, haciendo una profunda introspección, metiéndonos en nuestra conciencia, como miembros de un mismo cuerpo que es la Iglesia, verdaderamente queremos? buscamos? nos esforzamos? para alcanzar el “misterio de unidad, que es don de lo alto” cuando a veces ni siquiera miramos con simpatía a tal o cual orden religiosa o simplemente a otros grupos en el pequeño ámbito de nuestra parroquia o mas ampliamente de la diócesis o la región sencillamente porque no nos agrada o - peor aun - envidiamos su carisma, su capacidad de captación?

En un llamado a la unidad y a la conversión Juan Pablo II nos recordaba: “De la misma manera que Pablo de Tarso descubrió el verdadero camino que lleva a la salvación y comprendió que Cristo crucificado y resucitado había introducido en él al pueblo de Israel y a toda la humanidad, así también los cristianos deben tomar conciencia del hecho de que el camino de la salvación pasa a través de su unidad en Cristo, y que ésta exige de todos ellos un particular compromiso espiritual.”
En Septiembre de 2008 el Santo Padre Benedicto XVI desarrolló una serie de catequesis generales sobre San Pablo:

Audiencia General del 2 de julio 2008
Audiencia General del 27 de agosto 2008
En la Audiencia General del 3 de septiembre 2008

miércoles, 20 de octubre de 2010

Benedicto XVI - quien dijo que era un Papa no querido?

Me refiero a la visita del Santo Padre Benedicto XVI al Reino Unido - con estos comentarios con bastante atraso por cierto debido a mis vacaciones esos dias aunque algo ya postee - pero no quería dejar de recomendar algunos enlaces, agregandole un motivo adicional: mi eterno respeto y admiración por el Rev. Patrick Gould, pastor anglicano, esposo de una colega, pionero entre los suyos por su interés en la unión entre cristianos, cuando las posibilidades eran si no imposibles, absolutamente remotas. Desde su patria eterna seguramente habrá esbozado una sonrisa y acompañado al Santo Padre espiritualmente en cada uno de sus pasos.

Nuestro mundo tiene evidentemente tanta necesidad de acercamiento entre hermanos que hasta los medios mas hostiles (aunque no todos) han quedado impactados por la presencia del Papa Benedicto XVI en el Reino Unido, su llamado genuino de ecumenismo, su incesante búsqueda de unión, diálogo y comprensión. Este pontificado de Benedicto XVI nos lleva de sorpresa en sorpresa y supongo deja boquiabiertos a los representantes de la prensa, cuando todos esperaban un pontificado “transitorio” el Papa Benedicto nos esta llenando de riqueza.

Dejo aquí algunos enlaces de lo publicado en diferentes blogs los dias de la visita y posteriores, para quienes no lo han leido - no se lo pierdan!

En Forum Libertas leo que “El papa conquisto a todos en Gran Bretaña, a la multitud que lo siguió y a la prensa, en general a toda la prensa no solo británica sino internacional.”

En Scriptor que fue “Increíble la recepción de la prensa británica” Benedicto XVI: “¿Rottweiller? No, es un abuelo santo
sobre los prejuicios de la prensa y la realidad del viaje de Benedicto XVI al Reino Unido

Y Benedicto XVI y John Henry Newman, hoy, sobre la verdad y la conciencia

En La Buhardilla de Jerònimo El corazón hablo al corazón, desmintiendo todos los temores de la visita.

Y acerca de los resultados de su visita: “En Escocia: Notable aumento de participación en las Misas desde la visita del Santo Padre

El Papa Benedicto mismo, a su regreso, en la Audiencia General del 22 de septiembre hablo del viaje diciendo que “ Fue una visita oficial y, al mismo tiempo, una peregrinación al corazón de la historia….. un acontecimiento histórico, que ha marcado una nueva fase importante en el largo y complejo camino de las relaciones entre esas poblaciones y la Santa Sede.” Después de recibir una “cordial acogida” en todas partes expresò que el culmen de su visita al Reino Unido fue la beatificación del cardenal John Henry Newman, hijo ilustre de Inglaterra, que estuvo precedida y preparada por una vigilia especial de oración en un clima de profundo recogimiento. Alentò a la comunidad catòlica y le hablo “al corazón de todos los habitantes del Reino Unido, sin excluir a nadie, de la verdadera realidad del hombre, de sus necesidades más profundas y de su destino último.”

lunes, 11 de octubre de 2010

Benedicto XVI en el Reino Unido - necesidad de “diálogo de vida y diálogo de acción”


“Como seguidores de tradiciones religiosas diferentes que trabajamos juntos por el bien de toda la comunidad, ponemos de relieve la gran importancia de nuestra cooperación en común, que complementa el aspecto personal de nuestro continuo diálogo.”
[…]
En el plano espiritual, todos nosotros, por caminos diferentes, estamos personalmente comprometidos en un recorrido que da una respuesta al interrogante más importante: el relativo al sentido último de nuestra existencia humana. El anhelo por lo sagrado es la búsqueda de la cosa necesaria y la única que puede satisfacer las aspiraciones del corazón humano. En el siglo quinto, San Agustín describió esta búsqueda con las siguientes palabras: “Nos hiciste Señor para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” (Confesiones, libro I, 1). Cuando nos embarcamos en esta aventura, nos damos cuenta cada vez más de que la iniciativa no depende de nosotros, sino del Señor: no se trata tanto de que le buscamos a Él, sino que es Él quien nos busca a nosotros; más aún es quien ha puesto en nuestros corazones ese anhelo de Él.”
[…]
Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica ha dado especial relieve a la importancia del diálogo y la colaboración con los miembros de otras religiones. Y para que sea fecundo, es necesario que haya reciprocidad en cuantos dialogan y en los seguidores de otras religiones.
[…]
Este tipo de diálogo necesita llevarse a cabo en distintos niveles y no se debería limitar a discusiones formales. El diálogo de vida implica sencillamente vivir uno junto al otro y aprender el uno del otro de tal forma que se crezca en el conocimiento y el respeto recíproco. El diálogo de acción nos reúne en formas concretas de colaboración, y aplicamos nuestra dimensión religiosa a la tarea de la promoción del desarrollo humano integral, trabajando por la paz, la justicia y la utilización de la creación. Este tipo de diálogo puede incluir la búsqueda conjunta de maneras de defender la vida humana en todas sus etapas y también la manera de asegurar que no se excluya de la vida social la dimensión religiosa de individuos y comunidades. Después, en el ámbito de las conversaciones formales, existe no sólo la necesidad de coloquios teológicos, sino también la de compartir nuestra riqueza espiritual, hablando sobre nuestra experiencia de oración y contemplación y expresando la alegría mutua del encuentro con el amor divino.”

(Discurso del Santo Padre Benedicto XVI en su viaje apostólico al Reino Unido
– Encuentro con representantes del clero y fieles de otras religiones – Londres 17 de septiembre 2010)

lunes, 7 de diciembre de 2009

La unidad de los cristianos


"Ut unum sint! La llamada a la unidad de los cristianos, que el Concilio Ecuménico Vaticano II ha renovado con tan vehemente anhelo, resuena con fuerza cada vez mayor en el corazón de los creyentes
[…]
3. Con el Concilio Vaticano II la Iglesia católica se ha comprometido de modo irreversible a recorrer el camino de la acción ecuménica, poniéndose a la escucha del Espíritu del Señor, que enseña a leer atentamente los « signos de los tiempos ». Las experiencias que ha vivido y continúa viviendo en estos años la iluminan aún más profundamente sobre su identidad y su misión en la historia. La Iglesia católica reconoce y confiesa las debilidades de sus hijos, consciente de que sus pecados constituyen otras tantas traiciones y obstáculos a la realización del designio del Salvador. Sintiéndose llamada constantemente a la renovación evangélica, no cesa de hacer penitencia. Al mismo tiempo, sin embargo, reconoce y exalta aún más el poder del Señor, quien, habiéndola colmado con el don de la santidad, la atrae y la conforma a su pasión y resurrección."



sábado, 5 de diciembre de 2009

Juan Pablo II y el ecumenismo


«Juan Pablo II fue un gran cristiano europeo, que sintió la identidad de este continente desde el Adriático hasta los Urales, que percibió los confines espirituales antes que los políticos», subraya Monseñor Gnavi, director de la Oficina para el Ecumenismo, el Dialogo Interreligioso y los Nuevos Cultos de la Diócesis de Roma. .«La comunidad San Egidio – observa – encontró una gran sintonía con el papa Wojtyla y ha tejido relaciones profundísimas con las demás Iglesias y Comunidades eclesiàsticas, creando ocasiones especiales para cultivar el encuentro., Se identifico mucho con la intuición del Pontífice sobre el ecumenismo de las mártires, y por ello recibió el mandato de recoger los testimonios d la fe hasta el derramamiento de sangre también en las otras confesiones y de darles visibilidad en la Basílica de San Bartolomé.»
Por eso la entrada de la iglesia de la Isla Tiberina ha sido cruzada, en el transcurso de los años, por el Patriarca Ecuménico de Constantinopla Bartolomé I, por el Patriarca Ortodoxo de Rumania Teoctist, por el Primado de la Iglesia de Inglaterra Williams. Y es visitada a diario por fieles católicos, evangélicos, luteranos y ortodoxos. Todos ellos se encuentran allí, oran juntos con los jóvenes de la comunidad. «Con Juan Pablo II, San Egidio sintió el desafío de llevar el ecumenismo cristiano al corazón del mundo contemporáneo – afirmó Mons. Gnavi – especialmente el dialogo para la paz El “espíritu de Asis” recogió el testimonio de la jornada histórica del 27 de octubre de 1986 en la ciudad de San Francisco (la Jornada Mundial de oración por la paz promovida por el Papa Wojtyla, ayudando a las Iglesias y las comunidades a encontrarse en la caridad y la verdad con los mundos religiosos y culturas de otros, expresiones de mundos diversos».

Texto completo en ”El ecumenismo del amor, prioridad para San Egidio” escrito por Giulia Rocchi, publicado en Totus Tuus Nr 5, sept/pct 2009.
Invito leer el articulo de Jutta Graff Juan Pablo II y el ecumenismo