Llamados a ser santos

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“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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martes, 1 de julio de 2025

Ut unum sint – Audacia y dificultades en la unidad de los cristianos - George Weigel (2 de 2)

 


Una vision adelantada a su tiempo. 

Las mayores dificultades en el dialogo ecuménico occidental ya se habían dado antes que UtUnum Sint  se firmara.  El 4 de abril de 1995, el Secretario General del Congreso Mundial de Iglesias Dr. Konrad Raiser, dio una conferencia en el Centro Pro Unione de Roma, proponiendo lo que  el llamo un  “cambio paradigmático” en ecumenismo. Finalizando el segundo milenio, “un apartheid de hecho entre ricos y pobres” y”una degradación progresiva de toda la ecoesfera” requerían de un “urgente reordenamiento de la agenda ecuménica.”  Era hora, argumentaba Raiser de “dar vuelta la página sobre  esfuerzos pasados y concentrar todas nuestras energías en enfocarlas a temas del presente y futuro a la luz de la Palabra de Cristo”. Ese era el imperativo ecuménico contemporáneo.

El movimiento ecuménico tal concebido a partir de la Conferencia Misional de Edinburgo en 1910 –reunificación de los cristianos sobre las bases de una doctrina y practica consensuada – había llegado a su fin según el lider del Consejo Mundial de Iglesias, heredero insitucional dela iniciativa de 1910.  Lo que importaba eran las políticas ideológicas. La lucha  contra el calentamiento global era para las Iglesias más importante que  los debates acerca de nuestra visión ante Dios: la redistribución de ingresos resulto ser un tema cristiano más importante que la celebración de la Cena del Señor juntos. En la medida en que e reflejaba un sentimiento generalizado dentro de las autoridades representadas en el Consejo Mundial de Iglesias,  la conferencia de Konrad Raiser en Roma podría ser vista en el futuro como el fin del viejo ecumenismo. El movimiento ecuménico presentado en Ut Unum Sint era entonces el único movimiento ecuménico global que aún perseguía el objetivo original.

Un mes después de la publicación de Ut Unum Sint el patriarca ecuménico Bartolomé visitó Roma para la fiesta de San Pedro y San Pablo el 29 de junio y participó de la Misa solemne celebrada por el Papa en el altar papal en la Basílica de San Pedro. Durante la liturgia de la Palabra, Bartolomé y Juan Pablo II,  sentados uno al lado del otro,  en sendas sillas presidenciales frente al altar. El Evangelio se canto en Latín y en Griego y ambos presentaron sus homilías… en el Evangelio de Lucas Juan Pablo II  le recordó a Bartolomé que la misión de los primeros discípulos se centraba en estos términos: “El los envió de dos en dos “ (Lucas 10.,1)  

No presentaba un mensaje el texto? No sugería que “Cristo también los enviaba de dos en dos como mensajeros del Evangelio al Este y al Oeste?  “No podemos permanecer separados” insistió el Papa.

El Patriarca Bartolomé no respondió directamente a este requerimiento audaz. Su homilía sugería que no estaba preparado para comprometerse públicamente a la proposición de que se trataba de meras cuestiones de jurisdicciones las que separaban a los  ortodoxos y a la “vieja Roma”  como proponía Ut Unum Sint.   Ladeclaración conjunta firmada por el Papa y el Patriarca Ecumenico la tarde del29 de Junio decía que “un testimonio común de fe” era “particularmente apropiado en las vísperas del tercer milenio”.  Pero su declaración que el Gran Jubileo seria celebrado como “nuestro peregrinar hacia una real unidad” parecía señalar que la visión de Juan Pablo II para el milenio de Este y Oeste reunificados no llegaría a cumplirse según sus tiempos.

Sin embargo los testimonios y actos simbólicos de reconciliación continuaron avanzando en la agenda ecuménica de Juan Pablo II. El Viernes Santo el camino de la  cruz celebrado por el Papa en el Coliseo de Roma fue un nuevo acto ecuménico a mediados de los 1990. Las meditaciones para cada estación del Via Crucis de 1994 fueron preparadas por el Patriarca ecuménico. Las meditaciones de 1995 fueron escritas por la Hermana Minke de Vries, priora de las Hermanas de Grandchamp, una comunidad de monjas reformistas de la tradición calvinista. Y en 1997 las meditaciones fueron preparadas por Karekin I Sarkissian, Catolicos de todos los armenios y líder del la Iglesia Apostólica Armenia, con quien el Papa firmo una Declaración cristológica conjunta en diciembre de 1996.  . 

Juan Pablo II   trato por todos los medios de zanjar las animosidades religiosas que databan de  siglos con Europa del Este. Pero no todo se daba como hubiera planeado. Los planes para la canonización de Jan Sarkander, un mártir católico durante las guerras religiosas de comienzos del siglo 17 en Moravia, encontraron fuerte resistencia por parte de  los protestantes checos. Los líderes protestantes le enviaron cartas en duros términos al  Papa y al cardenal Cassidy argumentando que  Jan Sarkander habría querido influir a la fuerza en aéreas protestantes. Tanto Juan Pablo II como Cassidy demostraron,  tras exhaustiva investigación,  que Sarikander nunca había estado envuelto en violencias contra los protestantes, y que su canonización se realizaba en honor a su fiel dedicación sacerdotal, que le costó la vida.

La situación se mantuvo volátil  hasta que Juan Pablo II llegara a la Republica Checa el 20 de mayo. En la ceremonia de bienvenida, hizo llegar un especial saludo a sus amados hermanos en Cristo, los representantes de las distintas iglesias y comunidades cristianas y subrayó que había venido a Bohemia y Moravia como “peregrino de paz y amor”  Aquella tarde hablando a los jóvenes en el santuario mariano de Svatý Kopeček les dijo que el martirio de Sarkander  “tiene una extraordinaria elocuencia ecuménica” hablándoles a los cristianos separados de su mutua “responsabilidad por el pecado de la división” y de la importancia de la oración por el perdón de los pecados. “Sin dudas estamos en deuda unos con otros”, concluyó, reconociendo que el endeudamiento era el comienzo de la reconciliación. Durante toda su peregrinación a Bohemia y Moravia, el Papa pidió perdón por los errores de los católicos habían cometido en la historia de las tierras checas y perdonó a los protestantes por el daño que le habían hecho a los católicos.  Dos meses más tarde, en una peregrinación a Eslovaquia durante la cual canonizó a tres sacerdotes martirizados durante las guerras religiosas Juan Pablo II incluyo en su itinerario  el 2 de julio una visita al monumento en Košiče, para honrar a los calvinistas martirizados en 1687, debido a su rechazo en convertirse al catolicismo por  la fuerza.

Para 1997 fue resuelta una situación embarazosa y difícil  gracias al esfuerzo de Juan Pablo II y al líder local de Praga el Cardenal Miloslaw Vlk, quien había alabado públicamente el testimonio cristiano del reformador y héroe nacional checo Jan Hus, quemado en la hoguera por los católicos en 1415. Cuando el Papa regreso a la Republica Checa en abril de 1997,uno de los herederos de Hus, Pavel Czerny, líder de los Hermanos bohemios de la iglesia evangélica, participo con Juan Pablo II en un servicio ecuménico en la catedral de San Vito en Praga, conmemorando el milenio del martirio de San Adalberto,  primer evangelista de Bohemia.  En una ceremonia el 27 de abril el Papa reconoció el testimonio común a Cristo de  protestantes y católicos  bajo la persecución comunista.  En esos testimonios, dijo encontramos el coraje para perdonar y derribar las barreras de la sospecha y de la desconfianza recíprocas, para edificar la nueva civilización del amor” en la nueva democracia checa.  

El dialogo de anglicanos y católicos romanos continúo demostrando que era mas fácil romper las barreras de prejuicios de siglos que atravesar acuerdos teológicos. Cuando el arzobispo de Canterbury, George Carey, llego al Vaticano en Diciembre de 1996, Juan Pablo II admitió,  en observaciones al arzobispo y a su entorno,  que “los pasos a dar quizás no estén del todo claros para nosotros”.   Si bien, continuó, “estamos aquí para comprometernos a seguir  intentándolo”. Luego invito a sus hermanos y hermanas de comunión anglicana a reflexionar sobre los motivos y razones de las posiciones expresadas. Ordinatio sacerdotalis fue una de esas “posiciones” como así también la invitación de pensar en el ejercicio de una primacía papal que pudieran aceptar los anglicanos. Juan Pablo II evidentemente asumió que la invitación no había sido respondida muy satisfactoriamente. 

El estancamiento en el dialogo anglicano católico romano, la inhabilidad ortodoxa  de responder con una única voz a los constantes pedidos de Juan Pablo II por la reconciliación del milenio y el abandono del ecumenismo fundado teológicamente que pregonaba Konrad Raiser en su conferencia de 1995 –  hechos concretos  de la vida ecuménica de los 1990 – agregados a la probabilidad que pocos  católicos habían internalizado la visión del catolicismo ecuménico de Lumen Genitim  que comprometía a todos,    evidenciaba que Ut unum sint expresaba una visión adelantada a su tiempo, una visión a largo plazo en la historia.  Juan Pablo II reconocía que quizás habría algo de romanticismo  en el inmediato post conciliar  acerca de las posibilidades de una reconciliación eclesial pronta y completa dentro de Occidente y entre Este y Oeste. .Pero Ut Unum Sint  pide a los católicos romanos perseguir ese objetivo fiel y concienzudamente,  en la convicción que esto es lo que Cristo desea para su Iglesia. No será un camino fácil. Juan Pablo  II insistió que debe continuarse.

  (George Weigel: Witness of Hope, del capitulo 19 Only One World – A visión ahead of its time)

Ut unum sint – Audacia y dificultades en la unidad de los cristianos - George Weigel (1 de 2)

 


El 25 de mayo de 1995, a tan solo dos meses después de haber firmado Evangeliium Vitae Juan Pablo II presenta una nueva encíclica Ut Unum Sint sobre el imperativo de la unidad de los cristianos. . El titulo (Que puedan ser uno) conmemoraba palabras del Papa Juan XXIII que murió en 1963 con estas palabras,  de Cristo para sus discípulos,  en sus labios.  

Durante 16 años el activismo ecuménico de Juan Pablo II fue encarnando la visión articulada por el Vaticano II en Lumen Gentium, 8 –– la Iglesia católica necesariamente involucraba a todos los cristianos, quienes de alguna manera estaban relacionados al catolicismo por su bautismo. Sin importar lo que pensaran de la Iglesia católica, la Iglesia católica  los consideraba hermanos y hermanas en Cristo.

(..)

Quedaba algo  mas por decir además de lo que ya se había dicho y hecho? Juan Pablo II evidentemente consideraba que si, y la encíclica – iniciativa personal del Papa, profundizaba el concepto católico del ecumenismo haciendo lo que fue considerado el ofrecimiento papal más audaz a la ortodoxia y al protestantismo después de las divisiones de 1054 y el siglo XVI.

Lo verdaderamente nuevo de Ut Unum Sint fue indudablemente el conjunto de señales que se enviaba a todo el mundo dentro de la Iglesia Católica. Aquellos que consideraron el  Vaticano II una moda pasajera fueron  claramente informados que estaban equivocados.   La primera encíclica dedicada enteramente al ecumenismo aclaraba que el compromiso ecuménico del catolicismo era irreversible. La encíclica también desafiaba a aquellos que se cobijaban cómodamente en el dialogo ecuménico post conciliar.  Ut unum sint solicita a los profesionales ecuménicos recuperar el sentido de urgencia del tema. La desunión cristiana dificultaba aun más la proclama de la Palabra y  la superación del  abismo de razas, etnicidad y nacionalismos que dividían un mundo conflictivo y en peligro. Si los cristianos no podían reparar la unidad de la Iglesia, mal posicionados estaban para trabajar en la unidad de la raza humana.  Juan Pablo II  le pidió a los católicos de todo el mundo reavivar el compromiso del ecumenismo tan altamente posicionado durante los primeros años después del Concilio y tristemente opacado después.

En Ut Unum Sint Juan Pablo II también llamaba la atención su enfoque ecuménico hacia la Ortodoxia. Acercándose el Gran Jubileo Juan Pablo II estaba decidido hacer todos los esfuerzos posibles para zanjar la brecha del siglo XI antes de fines del siglo XX. Ante las críticas y la oposición ortodoxa que había recibido en los 1990´s la encíclica  de Juan Pablo II seguía insistiendo que los ortodoxos son “iglesias hermanas” con quienes la iglesia católica busca entera unidad en una diversidad legitima. El modelo de cómo podía vivirse esa comunión podría encontrarse en la experiencia del primer milenio… la sugerencia parecía clara porque no podría el catolicismo y la ortodoxia volver al status quo pre  1054? De tal manera se asumía que no había temas doctrinales de división de iglesias entre Roma y el Este, pero eso parecía ser la convicción de Juan Pablo II, a pesar de que algunos católicos y ortodoxos pensaran lo contrario.

La encíclica también hablaba del intento de  unidad de los cristianos con las comunidades de la Reforma, quizás con menores posibilidades que las evidentes en el llamado del Papa a los ortodoxos y temas mayores sin resolver, por ej. La relación de las Sagradas Escrituras con la tradición,  la naturaleza de la Eucaristía, los ministerios apostólicos y sacerdotales, la autoridad de la Iglesia y Maria como icono de la Iglesia.

La iniciativa más audaz de la encíclica de Juan Pablo II proponía a los cristianos ortodoxos y protestantes ayudarle a pensar como debería ser el pontificado que pudiera servirles en el futuro.   El ministerio del Obispo de Roma, decía, fue impuesto por Cristo como un ministerio de unidad para toda la Iglesia, La historia, errores humanos y el pecado transformaron ese ministerio en un signo de division…..   no obstante  la originalidad y audacia del ofrecimiento, Ut Unum Sint no recibió la atención de los medios que se le había dado a Evangelium Vitae. La audacia del ofrecimiento ecuménico de Juan Pablo II en Ut Unum Sint no fue respondida con la debida creatividad en las respuestas recibidas.

El protestantismo había cambiado dramáticamente desde el Vaticano II. Las comuniones con las cuales se había dialogado habían cambiado.-  El crecimiento del protestantismo entre evangélicos y pentecostales presentaba temas enteramente nuevos para las conversaciones ecuménicas entre católicos y protestantes. Estos temas no se habían tratado en Ut Unum Sint y muchos evangélicos en los Estados Unidos que admiraban la Evangelim Vitae y la promocionaron entusiasmados entre sus comunidades, se sintieron algo ignorados.

El ministerio del Obispo de Roma, escribe, en la intención de Cristo fue un ministerio de unidad para toda la Iglesia. Par algunos cristianos, admite Juan Pablo II, la memoria del papado “está marcada por recuerdos penosos. A tal extremo que nos sentimos responsables de eso, y me uno a mi predecesor PabloVI en pedir perdón”. A pesar de estos recuerdos, los cristianos de diferentes comuniones llegaron a comprender la importancia de un ministerio unificado al servicio de la iglesia universal, y algunos parecieron dispuestos a repensar el tema de la “primacía” del sucesor de Pedro en esos términos de ministerio unificador.  Juan Pablo II sintió una “responsabilidad particular” en avanzar en estos debates “siguiendo la solicitud que me fuera presentada de encontrar un camino de ejercitar una primacía que no debiera renunciar a lo que es esencial en su misión, y sin embargo abierta a nuevas situaciones. Tarea ingente – la llama – “que no podemos rechazar y que no puedo llevar a término solo.

Por lo tanto Juan Pablo II pide  “no podría la comunión real, aunque imperfecta, que existe entre nosotros”, sentar  las bases sobre las cuales los líderes cristianos y sus teólogos puedan trabajar para explorar el tipo de pontificado que podría servir a las necesidades de todos? El Obispo de Roma 941 años después del la desunión decisiva entre Roma y el Este, y 478 años después de la división de los cristianos occidentales y la Reforma luterana, pedía a sus hermanos y hermanas separados que le ayudaran a rediseñar el pontificado para el tercer milenio como servicio de unidad para toda la Iglesia de Cristo.

 (…)

(del capitulo 19 Only One World –la Unidad de los cristianos de Witness toHope - the biography of Pope John Paul II - George Weigel)

 



miércoles, 1 de junio de 2022

Dominus Iesus —Jesús es el Señor— "el camino, la verdad y la vida" (Jn 14, 6).

 

(Imagen de Wikimedia MateuszOpasiński)

El Señor Jesús, antes de ascender al cielo, confió a sus discípulos el mandato de anunciar el Evangelio al mundo entero y de bautizar a todas las naciones: « Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado » (Mc 16,15-16); « Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo » (Mt 28,18-20; cf. también Lc 24,46-48; Jn 17,18; 20,21; Hch 1,8).

La misión universal de la Iglesia nace del mandato de Jesucristo y se cumple en el curso de los siglos en la proclamación del misterio de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y del misterio de la encarnación del Hijo, como evento de salvación para toda la humanidad. Es éste el contenido fundamental de la profesión de fe cristiana: « Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador de cielo y tierra [...].

La Iglesia, en el curso de los siglos, ha proclamado y testimoniado con fidelidad el Evangelio de Jesús. Al final del segundo milenio, sin embargo, esta misión está todavía lejos de su cumplimiento.2 Por eso, hoy más que nunca, es actual el grito del apóstol Pablo sobre el compromiso misionero de cada bautizado: « Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. Y ¡ay de mí si no predicara el Evangelio! » (1 Co 9,16). Eso explica la particular atención que el Magisterio ha dedicado a motivar y a sostener la misión evangelizadora de la Iglesia, sobre todo en relación con las tradiciones religiosas del mundo.3

Teniendo en cuenta los valores que éstas testimonian y ofrecen a la humanidad, con una actitud abierta y positiva, la Declaración conciliar sobre la relación de la Iglesia con las religiones no cristianas afirma: « La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y las doctrinas, que, por más que discrepen en mucho de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres ».4 Prosiguiendo en esta línea, el compromiso eclesial de anunciar a Jesucristo, « el camino, la verdad y la vida » (Jn 14,6), se sirve hoy también de la práctica del diálogo interreligioso, que ciertamente no sustituye sino que acompaña la missio ad gentes, en virtud de aquel « misterio de unidad », del cual « deriva que todos los hombres y mujeres que son salvados participan, aunque en modos diferentes, del mismo misterio de salvación en Jesucristo por medio de su Espíritu ».5 Dicho diálogo, que forma parte de la misión evangelizadora de la Iglesia,6 comporta una actitud de comprensión y una relación de conocimiento recíproco y de mutuo enriquecimiento, en la obediencia a la verdad y en el respeto de la libertad.

(de la Introducción a la  Declaración Dominus Iesus, sobre la unicidad y la universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia -  Congregación para la Doctrina de la Fe) 

Al respecto de esta Declaración comentaba  el Papa Emérito Benedicto XVI en  Accanto a Giovanni Paolo II  :

 Uno de los principales problemas de nuestro trabajo en los años que fui Prefecto, fue el esfuerzo por llegar a una correcta comprensión del ecumenismo. También en este caso se trata de una cuestión de doble filo: por un lado se asegura con toda urgencia el deber de trabajar por la unidad y abrir caminos que conduzcan a ello y por el otro se hace necesario rechazar falsas concepciones de la unidad, que llevaran a la fe a través de atajos que la debilitaran. Con respecto a ello han aparecido documentos sobre varios aspectos del ecumenismo. Entre ellos, aquel que suscitó fuertes reacciones fue la Declaración Dominus Jesus del 2000, que resume los elementos irrenunciables de la fe católica.

 

Y Sandro Magister en un articulo en Chiesa:   

“Para minimizar su autoridad, los opositores solían atribuir la paternidad de la "Dominus Jesus" sólo al prefecto de la congregación para la doctrina de la fe, sin una real aprobación por parte del Papa. Pues bien, es precisamente la plena concordia entre él y Juan Pablo II al publicar la "Dominus Iesus" lo que el "Papa emérito" reivindica… Ante el torbellino que se había creado alrededor de la "Dominus Iesus", Juan Pablo II me dijo que en el Ángelus tenía la intención de defender inequívocamente el documento. Me invitó a escribir un texto para el Ángelus que fuera irrefutable y que no permitiera una interpretación distinta. Tenía que emerger de manera del todo incuestionable que él aprobaba el documento incondicionalmente.
Preparé, por tanto, un breve discurso; no quería, sin embargo, ser demasiado brusco, por lo que intenté expresarme con claridad, pero sin dureza. Después de leerlo, el Papa me preguntó de nuevo: "¿Realmente es lo bastante claro?" Respondí que sí.”

Transcribo aquí la parte del texto del Ángelus de Juan Pablo II, citado : 

En la cumbre del Año jubilar, con la declaración Dominus Iesus —Jesús es el Señor—, que aprobé de forma especial, quise invitar a todos los cristianos a renovar su adhesión a él con la alegría de la fe, testimoniando unánimemente que él es, también hoy y mañana, "el camino, la verdad y la vida" (Jn 14, 6). Nuestra confesión de Cristo como Hijo único, mediante el cual nosotros mismos vemos el rostro del Padre (cf. Jn 14, 8), no es arrogancia que desprecie las demás religiones, sino reconocimiento gozoso porque Cristo se nos ha manifestado sin ningún mérito de nuestra parte. Y él, al mismo tiempo, nos ha comprometido a seguir dando lo que hemos recibido y también a comunicar a los demás lo que se nos ha dado, porque la verdad dada y el amor que es Dios pertenecen a todos los hombres.

Con el apóstol san Pedro confesamos que "en ningún otro nombre hay salvación" (Hch 4, 12). La declaración Dominus Iesus, siguiendo las huellas del Vaticano II, muestra que con ello no se niega la salvación a los no cristianos, sino que se señala que su fuente última es Cristo, en quien están unidos Dios y el hombre. Dios da la luz a todos de manera adecuada a su situación interior y ambiental, concediéndoles su gracia salvífica a través de caminos que sólo él conoce (cf. Dominus Iesus, VI, 20-21). El documento aclara los elementos cristianos esenciales, que no obstaculizan el diálogo, sino que muestran sus bases, porque un diálogo sin fundamentos estaría destinado a degenerar en palabrería sin contenido.

Eso mismo vale también en lo que atañe a la cuestión ecuménica. Si el documento, con el Vaticano II, declara que "la única Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia católica", no quiere expresar con ello poca consideración por las demás Iglesias y comunidades eclesiales. Esta convicción va acompañada por la conciencia de que esto no es mérito humano, sino un signo de la fidelidad de Dios, que es más fuerte que las debilidades humanas y los pecados, confesados de modo solemne ante Dios y ante los hombres al inicio de la Cuaresma. Como afirma la Declaración, la Iglesia católica sufre por el hecho de que verdaderas Iglesias particulares y comunidades eclesiales, con elementos valiosos de salvación, están separadas de ella.

El documento expresa así, una vez más, el mismo anhelo ecuménico que inspira mi encíclica Ut unum sint. Espero que esta Declaración, que tanto aprecio, después de tantas interpretaciones equivocadas, cumpla finalmente su función clarificadora y, al mismo tiempo, de apertura. María, que el Señor en la cruz nos encomendó a todos como Madre, nos ayude a crecer juntos en la fe en Cristo, Redentor de todos los hombres, en la esperanza de la salvación, ofrecida por Cristo a todos, y en el amor, que es signo de los hijos de Dios.

“Accanto a Giovanni Paolo II. Gli amici e i collaboratori raccontano” con una contribución exclusiva del Papa emérito Benedicto XVI, editado por Wlodzimierz Redzioch, Ediciones Ares, Milan, 2014)


viernes, 25 de junio de 2021

Miroslaw Mroz : No existe ecumenismo sin profundidad espiritual (2 de 2)

 


A la temática de la unidad de los cristianos está dedicada también gran parte de una precedente encíclica del Papa, publicada en 1985 en ocasión del 1100 aniversario de la obra evangelizadora de los santos Cirilo y Metodio, la Enciclica Slaworum Apostoli.   En ella Juan Pablo II ha subrayado la historia relación entre las misiones y la credibilidad de la predicación de la Iglesia, que está llamada a la vida en la unidad visible. La Iglesia no puede aceptar divisiones entre sus hijos pues esas, en el contexto de la obra evangelizadora, aparecen como motivo de escándalo ante el mundo. El Papa es consciente de que alcanzar la plena universalidad requiere la apertura del ánimo, la comprensión reciproca, la disponibilidad a colaborar en el ámbito del intercambio de los bienes culturales y espirituales.

 Ser cristiano – operador de la comunión en la Iglesia y en la sociedad – aparece una atarea superior a las fuerzas humanas y por este motivo Juan Pablo II no teme recordar que la unidad que significa encuentro en la verdad y en el amor es en primer lugar un don del Espíritu Santo. No sorprende, por tanto, la exhortación del Pontífice para que la Iglesia renueve en su interior el consentimiento y la fraternidad, supere incomprensiones y desconfianzas recíprocas y, encontrando la solución a los conflictos y a las dificultades en el reconocimiento común de la verdad, de al mundo un ejemplo de convivencia justa y pacífica, basada en el respeto reciproco y en la inviolable libertad (SA,30).

  Las tensiones que nacen entre la unidad de la fe de la Iglesia y las diversidades que nacen de la riqueza cultural de los modos de vivirla aparecen como un elemento constante e incluso enriquecedor. Como si percibiese del ejemplo de la misión de los santos Cirilo y Metodio el modo mejor para custodiar la unidad en lo que es esencial en la fe, es el amor por Cristo y por la Iglesia.  Es Cristo, en efecto, quien reúne a sus fieles y es El su Señor.

Juan Pablo II, consciente del deseo de los cristianos de unidad, no se cansaba de promover el nuevo modo de mirar el camino ecuménico y de leer atentamente los signos de los tiempos. El Papa, amaestrado por la historia de  la Iglesia, aun reconociendo y confesando la propia debilidad, se sentía llamado a la renovación evangélica y a la búsqueda de los nuevos caminos de unidad.  No ponía en duda que fuese el testimonio de los santos – y en modo particular de los mártires del s. XX, pertenecientes no solo a la Iglesia católica sino también a las otras comunidades eclesiales, a dar un ejemplo nuevo capaz de recortar y apresurar el camino de la unidad.   En este contexto el recuerdo de la Encarnación, celebrado en el gran jubileo de 2000, ha motivado al Papa a reclamar, escribiendo la Enciclica Ut unum sint, la atención de todos los creyentes en Cristo sobre la urgencia de superar los muros de las divisiones y de las desconfianzas y de dar testimonio definitivo de la unidad. Es la fuerza del Evangelio que llama a todos los discípulos de Cristo a reconocer los errores cometidos y a buscar las vías que pueden llevar a la unidad tan deseada. El Papa comprendía esta obra como imperativo de la conciencia iluminada por la fe y guidada por la caridad.

 Varias veces Juan Pablo II puso en guardia ante el falso ecumenismo. No se puede entender el movimiento ecuménico como “unificación a daño de la verdad” (US, 18) o como “Fáciles acuerdos” (US 36). Este “falso irenismo” (US 79)  constituiría una negación de los esfuerzos en el camino de la unidad y no el verdadero progreso.

El Papa era consciente de que “el ecumenismo de los expertos” tenía que encontrar su actuación en el “ecumenismo de la conversión” (US, 15). No existe el autentico ecumenismo sin la profundidad espiritual, sin  una ardiente oración, sin un sentir ecuménico común. El intenso dialogo teológico tiene que ser sostenido por un examen de conciencia profundo, que lleve a superar las incomprensiones, falass interpretaciones y prejuicios (US, 11). Cada una de las partes de este dialogo ha cedido a la tentación de caminar por cuent apropia, y por eso, la verdadera comunión  eclesial es posible solo a través de una radical conversión al Evangelio.

 Juan Pablo II observa estupendamente que en este largo y difícil proceso de la construcción de la unidad está implicado también el “ecumenismo de los santos”. La presencia universal de los santos constituye para Juan Pablo II  una prueba de que la futura comunión plena de todos los cristianos es posible. El Papa sugiere con fuerza que los cristianos están más unidos cuantos más santos son: a través de la presencia de los santos, los cristianos experimental la nostalgia de la unidad y se sienten atraídos recíprocamente. Juan Pablo II muestra el rostro espiritual del camino ecuménico que, no por medio de gestos espectaculares, sino por medio del re-descubrimiento de las sólidas y profundas bases, construye la unidad duradera de la Iglesia.

 

(Publicado en Totus Tuus, Nr 5 sept/oct 2009)

 

Miroslaw Mroz : No existe ecumenismo sin profundidad espiritual (1 de 2)

 


No solo atentos observadores del pontificado de Juan PabloII, sino, en práctica también todos aquellos que tuvieron la posibilidad de entrar en contacto con su magisterio, percibieron claramente el carácter prioritario que el mismo dio a la cuestión ecuménica. 

El programa ecuménico estaba muy presente en varios escritos y también en algunos actos del Santo Padre, pero en alguna manera se extendía a  todas sus actividades. Seria suficiente recordar el programa de preparación de la Iglesia al Gran Jubileo de 2000 para darse cuenta de la constancia y determinación de Juan Pablo II en guiar a la Iglesia pro el camino de la unidad de los cristianos.

La tensión hacia la unidad perdida constituyó, desde el inicio de su pontificado, una de las prioridades pastorales y encontró su expresión en la Encíclica dedicada al ecumenismo, Ut unum sint, 

publicada en 1995. Según la enseñanza del Concilio Vaticano II, la Iglesia católica ha emprendido de modo irrevocable el camino de la búsqueda de la unidad y Juan Pablo, participando en los trabajos del mismo, ha leído los signos de los tiempos y se ha comprometido fuertemente en un proceso para alcanzar las metas de los padres conciliares.  La encíclica Ut unum sint podría ser considerada seguramente un cualificado comentario pontificio al decreto conciliar sobre el ecumenismo Unitatis redintegratio (1964) 

Uno de los primeros viajes apostólicos, llevados a cabo ennoviembre de 1979, tuvo como meta la capital del cristianismo oriental, Constantinopla, donde el Pontífice, con palabras llenas de esperanza, hablaba de las intenciones de la Iglesia católica de reconstruir la plena comunión y de volver a encontrar la verdadera fraternidad entre todas las Iglesias y comunidades cristianas, que, por desgracia, permanecen aun divididas por discordias doctrinales. Al Patriarca Dimitriosk jefe de honor del mundo ortodoxo, a quien dirigía su discurso, el Papa hizo una pregunta dramática: “Es licito que permanezcamos aun divididos?” y esta pregunta se manifestaba como una garantía de la intensificación de los esfuerzos emprendidas en la via de la comunión.

 Considerada la grande implicación personal del Papa en la obra del ecumenismo, se comprende el carácter comprometido del mensaje de la Encíclica Ut unum sint dirigida a todos los cristianos, invitándolos fuertemente a dar todos los pasos posibles para cumplir el testamento de Cristo, que el evangelio de Juan nos ha transmitido que sean una sola cosa (Jn 17,21)  Es unidad, en efecto, no es una cualidad secundaria de la comunidad de los discípulos de Cristo, sino que constituye el elemento central de la obra de Cristo y pertenece a la esencia de la Iglesia (US,9)

 

(Publicado en Totus Tuus, Nr 5 sept/oct 2009)

sábado, 26 de enero de 2013

Los grandes eventos del Año de la Fe con Benedicto XVI



Ayer 25 de enero,  el día de la memoria de la conversión de San Pablo Apóstol el Santo Padre Benedicto XVI presidió,  en la Basílica de San Pablo Extramuros en Roma,  las tradicionales Vísperas Ecuménicas,  como conclusión de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos.  

Con esta celebración ecuménica de ayer por la tarde que forma parte de los grandes eventos del Año de la Fe iniciaba la serie de grandes eventos que tendrán lugar este año 2013.  El Año de la Fe concluirá el 24 de noviembre próximo.

La comunión en la misma fe es la base del ecumenismo decía el Santo Padre Benedicto XVI en su homilía.  La unidad, en realidad, es un don de Dios inseparable de la fe;  lo expresa de manera eficaz san Pablo: «Hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, así como hay una misma esperanza, a la que ustedes han sido llamados, de acuerdo con la vocación recibida. Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo.  Hay un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, lo penetra todo y está en todos.» (Ef 4,4-6)

La homilía del Santo Padre por ahora solo está en versión italiana en el sitio de la Santa Sede,  pero seguramente en los próximos días podrá encontrarse aquí   en español o dentro de las homilías del Santo Padre en este sitio. 

jueves, 6 de septiembre de 2012

XX Congreso ecuménico Internacional de espiritualidad ortodoxa, Bose, Italia


Naturalmente,  este blog  trata de recordar  y promover (a veces me encuentra inspirada, otras no tanto) una mínima parte de la magna obra realizada por el Beato Juan Pablo II, pero este post  está  dedicado a rendirle un homenaje especial  y significativo pues   el Iconode Kazan que Juan Pablo II guardo en sus habitaciones con tanto celo, devoción y respeto  y que fuera devuelto solemnemente a  Rusia,   es una fiel expresión de ese fuerte anhelo de unión ecuménica del Papa. Tan solo pensando en  su enorme deseo incumplido de visitar la sufrida Rusia, su intensa búsqueda de comunión entre Oriente yOccidente su anhelo “que la Iglesia en este continente debe respirar «con dos  pulmones»….para poder llegar más plenamente a la riqueza de la Revelación”(Memoria e Identidad)  nos acercan aún más a esta XX edición del Congreso Ecuménico Internacional de espiritualidad ortodoxa que comenzó ayer y concluirá el próximo sábado 8 de septiembre 2012.


El encuentro  de este año cuyo tema es “El hombre custodio de lo creado”  está,  por otra parte,  íntimamente ligado al Monasterio de Bose,   no solo por sus reglas y principios sino también  porque el  Prior y fundador de la comunidad de Bose,  Enzo Bianchi, 



 formó parte de la comitiva oficial del Vaticano que el 28 de agosto del año 2004 entregaba - por expreso deseo del Beato Juan Pablo II - al Patriarca de Moscú Alexis II el Santo Icono de la Madre de Dios de Kazan. «Esta antigua imagen de la Madre del Señor – decía el Santo Padre en su discurso antes de la partida -  expresará a Su Santidad Alexis II y al venerado Sínodo de la Iglesia ortodoxa rusa el afecto que el Sucesor de Pedro siente por ellos y por todos los fieles que les han sido encomendados. Expresará su estima por la gran tradición espiritual que conserva la santa Iglesia rusa. Expresará el deseo y el firme propósito del Papa de Roma de avanzar juntamente con ellos por el camino del conocimiento mutuo y de la reconciliación, para apresurar el día de la plena unidad de los creyentes por la que nuestro Señor Jesucristo oró ardientemente (cf. Jn 17, 20-22).


El presente encuentro en Bose, cuyo programa puede verse en la pagina del Monasterio está abierto a todos y “participan  metropolitanos y obispos de las Iglesias ortodoxas y de la Iglesia católica, entre ellos el cardenal Roger Etchegaray, vice-decano del Colegio Cardenalicio; el arzobispo Antonio Mennini, nuncio apostólico en Gran Bretaña; el obispo Mansueto Bianchi, de Pistoia (Italia), presidente de la Comisión para el ecumenismo y el diálogo interreligioso de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI); representantes de la Iglesia de Inglaterra y de la Reforma, del Consejo ecuménico de las Iglesias y del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, junto con teólogos, patrólogos y científicos de todo el mundo. Durante cuatro días de encuentros y debates abiertos al público, los relatores profundizarán la dimensión teológica y espiritual de la relación del ser humano con el ambiente que lo circunda, interrogándose sobre los valores inspiradores de decisiones responsables frente a la crisis ecológica, causada por los hombres, que comporta heridas irreversibles para la vida del planeta. (VISnews120906).  
Son numerosos los mensajes recibidos apoyando la iniciativa.

Enzo Bianchi recordaba en la introducción al encuentro que la custodia y la defensa de lo creado se ha constituido en uno de los temas presentes en las meditaciones de los cristianos, un tema al cual se dedica también cuidadosa atención por parte de todas las iglesias,  un tema en el cual el ecumenismo encuentra la posibilidad de aunar experiencias en una etapa que en muchos aspectos no es fácil.  Muchas iglesias ya han elevado su voz denunciando los “pecados contra la naturaleza” e invitan a los cristianos y a todos los hombres a repensar su relación con la creación.”

Ya lo decía Juan Pablo II el 1º de enero de 1990  en su Mensaje para la celebración de la XXIII Jornada Mundial de la Paz “Paz con Dios Creador, Paz con toda la creación”   “La crisis ecológica pone en evidencia la urgente necesidad moral de una nueva solidaridad, especialmente en las relaciones entre los Países en vías de desarrollo y los Países altamente industrializados. Los Estados deben mostrarse cada vez más solidarios y complementarios entre sí en promover el desarrollo de un ambiente natural y social pacífico y saludable.”……” Hay pues una urgente necesidad de educar en la responsabilidad ecológica: responsabilidad con nosotros mismos y con los demás, responsabilidad con el ambiente. Es una educación que no puede basarse simplemente en el sentimiento o en una veleidad indefinida. Su fin no debe ser ideológico ni político, y su planteamiento no puede fundamentarse en el rechazo del mundo moderno o en el deseo vago de un retorno al «paraíso perdido». La verdadera educación de la responsabilidad conlleva una conversión auténtica en la manera de pensar y en el comportamiento. A este respecto, las Iglesias y las demás Instituciones religiosas, los Organismos gubernamentales, más aún, todos los miembros de la sociedad tienen un cometido preciso a desarrollar. La primera educadora, de todos modos, es la familia, en la que el niño aprende a respetar al prójimo y amar la naturaleza.” 

La comunidad de Bose es una pequeña comunidad monástica en busca de Dios, que vive en celibato, en comunión fraterna y en obediencia al Evangelio.   Vive en pobreza y soledad  que “es la primera realidad que se descubre entrando en comunidad”;   trabajando: “Tu trabajaras porque los padres y los apóstoles han trabajado para vivir del trabajo de sus propias manos, porque no te es licito hacerte servir por los demás, porque el trabajo es la colaboración a la creación conforme a la Sabiduría de Dios, porque debes testimoniar tu solidaridad con los hombres, trabajando junto a ellos” (Regla de Bose 21.23-24) Y vive en oración porque “Cristo está en ti y tú debes encontrarlo en ti con la oración. Si verdaderamente quieres vivir en presencia de Dios, necesitas de una oración silenciosa, personal, oculta, aquella que Jesús te dejara de ejemplo (Regla de Bose, 9.19.2.36) 


Actualmente la comunidad cuyo Prior y fundador es Enzo Bianchi, cuenta con unos 85 miembros. Nació a partir de los encuentros en 1963 de jóvenes universitarios torineses (de Torino) que compartían sus reuniones leyendo juntos las Escrituras, en oración y  participando de la Eucaristía. En ese contexto algunos miembros del grupo fueron madurando la idea de una vocación comunitaria en el celibato. Entonces el Hermano Enzo decide elegir un lugar propio, apartado de Torino, que sirviese  de referencia a todos aquellos que quisieran iniciar una vida fraterna.  Se encontró una pequeña casa en Bose, en la comuna de Magnano, entre la gran morena de Ivrea y Biella, y allí comenzaron a organizar su trabajo reparando (a ejemplo de San Francisco de Asis?)  la cercana iglesia románica de San Segundo.   


A partir de  1993 se ha constituido en centro para profundizar temas de vida espiritual, de cristianos de oriente y occidente, pertenecientes a la iglesia ortodoxa de la reforma, a la iglesia católica y a la iglesia de Inglaterra; “se ha convertido y quiere seguir siéndolo esencialmente en una experiencia de escucha fraterna”  

martes, 25 de enero de 2011

La conversión de san Pablo, nuestra conversión y el compromiso ecuménico




“En estos últimos años, la celebración de la conversión de san Pablo se ha transformado en la fiesta anual del compromiso ecuménico” decía el Papa Juan Pablo II en la homilía de la Misa de Clausura de la Semana de oración por la unidad de los cristianos que se celebraba en la Basílica romana de San Pablo extramuros el 25 de enero de 1997, y agregaba “ En Roma, como en todo el mundo, se reúnen los discípulos de Cristo de las diversas Iglesias y comunidades para elevar a Dios un coro de oraciones por la unidad de los cristianos. La relación de esta plegaria con la fiesta litúrgica de la conversión de san Pablo pone de relieve el hecho de que la unidad y la comunión de todos los cristianos sólo pueden alcanzarse recorriendo el camino de la conversión.”
Y al inicio del nuevo milenio expresaba “Al inicio de un nuevo milenio cristiano, en este año de gracia que nos invita a convertirnos más radicalmente al Evangelio, debemos dirigirnos con una súplica más apremiante al Espíritu, implorando la gracia de nuestra unidad”.
Si le echamos un vistazo a las actividades ecuménicas, declaraciones formales u otras referencias hechas por los papas Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II (entre sus documentos la Encíclica Ut unum sint sobre el Empeño Ecumenico) y agregamos los documentos de líderes de otras iglesias y comunidades eclesiales vemos claramente que la actividad de la Santa Sede al respecto es intensa y constante. Una comisión mixta nombrada por el Pontificio Consejo para la promoción de la unidad de los cristianos y la Comisión Fe y Constitución del Consejo Mundial de Iglesias se ocupa de hacer preparar el material correspondiente a la Semana de oración todos los años. Este año ha sido preparado basado en una propuesta de un grupo ecuménico de Jerusalén.

“¿Puede un cuerpo estar dividido? ¿Puede la Iglesia, cuerpo de Cristo, estar dividida? “ preguntaba el Papa Juan Pablo II en su homilía con ocasión de la apertura de la Puerta Santa de la Basílica de San Pablo Extramuros el 18 de enero del año 2000 invitándonos al compromiso, a la misión, a “esa oración que sigue dando fruto”, a una verdadera conversión, no de palabra, sino de actitudes en los tratos cotidianos con nuestros hermanos en la fe o con quienes profesan otras religiones, sin excluir aquellos que no creen.
“Ya desde los primeros concilios - decia - , los cristianos han profesado juntos: "creo en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica". Saben, con san Pablo, que hay un solo cuerpo, un solo Espíritu, como es una la esperanza a que han sido llamados: "Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está presente en todos" (Ef 4, 4-6).
Y agregaba como reflexión “Pero el restablecimiento de la unidad no es posible sin una conversión interior, porque el deseo de la unidad nace y madura de la renovación de la mente, del amor a la verdad, de la abnegación de sí mismos y de la libre efusión de la caridad. La conversión de corazón y la santidad de vida, la oración personal y comunitaria por la unidad, son el núcleo que constituye la fuerza y esencia del movimiento ecuménico. La aspiración a la unidad va acompañada de una profunda capacidad de "sacrificio" de lo que es personal, para disponer el alma a una fidelidad cada vez mayor al Evangelio. Prepararnos al sacrificio de la unidad significa cambiar nuestra mirada, dilatar nuestro horizonte, saber reconocer la acción del Espíritu, que actúa en nuestros hermanos, descubrir nuevos rostros de santidad, abrirnos a aspectos inéditos del compromiso cristiano.”

Nuestro esfuerzo cotidiano tiende a un “ecumenismo” auténtico en nuestro propio ambiente? En nuestra familia, barrio, parroquia? Para que podamos beneficiarnos todos porque “todo lo que el Espíritu realiza en los « otros » puede contribuir a la edificación de cada comunidad 65 y en cierto modo a instruirla sobre el misterio de Cristo. El ecumenismo auténtico es una gracia de cara a la verdad.” (Ut unum sint)

Acompañamos al Santo Padre Benedicto XVI con nuestras oraciones cuando nos dice que “la Iglesia católica prosigue con pasión el diálogo, intentando profundizar de modo serio y riguroso en el patrimonio teológico, litúrgico y espiritual común, y de afrontar con serenidad y empeño los elementos que aún nos dividen.”? y esta mañana en su discurso a la Delegación de la Iglesia evangélica luterana de Alemania expresaba “nuestro compromiso por la unidad solo puede producir frutos si encuentra sus raices en la oración común”.

Si reflexionamos seriamente, haciendo una profunda introspección, metiéndonos en nuestra conciencia, como miembros de un mismo cuerpo que es la Iglesia, verdaderamente queremos? buscamos? nos esforzamos? para alcanzar el “misterio de unidad, que es don de lo alto” cuando a veces ni siquiera miramos con simpatía a tal o cual orden religiosa o simplemente a otros grupos en el pequeño ámbito de nuestra parroquia o mas ampliamente de la diócesis o la región sencillamente porque no nos agrada o - peor aun - envidiamos su carisma, su capacidad de captación?

En un llamado a la unidad y a la conversión Juan Pablo II nos recordaba: “De la misma manera que Pablo de Tarso descubrió el verdadero camino que lleva a la salvación y comprendió que Cristo crucificado y resucitado había introducido en él al pueblo de Israel y a toda la humanidad, así también los cristianos deben tomar conciencia del hecho de que el camino de la salvación pasa a través de su unidad en Cristo, y que ésta exige de todos ellos un particular compromiso espiritual.”
En Septiembre de 2008 el Santo Padre Benedicto XVI desarrolló una serie de catequesis generales sobre San Pablo:

Audiencia General del 2 de julio 2008
Audiencia General del 27 de agosto 2008
En la Audiencia General del 3 de septiembre 2008

miércoles, 20 de octubre de 2010

Benedicto XVI - quien dijo que era un Papa no querido?

Me refiero a la visita del Santo Padre Benedicto XVI al Reino Unido - con estos comentarios con bastante atraso por cierto debido a mis vacaciones esos dias aunque algo ya postee - pero no quería dejar de recomendar algunos enlaces, agregandole un motivo adicional: mi eterno respeto y admiración por el Rev. Patrick Gould, pastor anglicano, esposo de una colega, pionero entre los suyos por su interés en la unión entre cristianos, cuando las posibilidades eran si no imposibles, absolutamente remotas. Desde su patria eterna seguramente habrá esbozado una sonrisa y acompañado al Santo Padre espiritualmente en cada uno de sus pasos.

Nuestro mundo tiene evidentemente tanta necesidad de acercamiento entre hermanos que hasta los medios mas hostiles (aunque no todos) han quedado impactados por la presencia del Papa Benedicto XVI en el Reino Unido, su llamado genuino de ecumenismo, su incesante búsqueda de unión, diálogo y comprensión. Este pontificado de Benedicto XVI nos lleva de sorpresa en sorpresa y supongo deja boquiabiertos a los representantes de la prensa, cuando todos esperaban un pontificado “transitorio” el Papa Benedicto nos esta llenando de riqueza.

Dejo aquí algunos enlaces de lo publicado en diferentes blogs los dias de la visita y posteriores, para quienes no lo han leido - no se lo pierdan!

En Forum Libertas leo que “El papa conquisto a todos en Gran Bretaña, a la multitud que lo siguió y a la prensa, en general a toda la prensa no solo británica sino internacional.”

En Scriptor que fue “Increíble la recepción de la prensa británica” Benedicto XVI: “¿Rottweiller? No, es un abuelo santo
sobre los prejuicios de la prensa y la realidad del viaje de Benedicto XVI al Reino Unido

Y Benedicto XVI y John Henry Newman, hoy, sobre la verdad y la conciencia

En La Buhardilla de Jerònimo El corazón hablo al corazón, desmintiendo todos los temores de la visita.

Y acerca de los resultados de su visita: “En Escocia: Notable aumento de participación en las Misas desde la visita del Santo Padre

El Papa Benedicto mismo, a su regreso, en la Audiencia General del 22 de septiembre hablo del viaje diciendo que “ Fue una visita oficial y, al mismo tiempo, una peregrinación al corazón de la historia….. un acontecimiento histórico, que ha marcado una nueva fase importante en el largo y complejo camino de las relaciones entre esas poblaciones y la Santa Sede.” Después de recibir una “cordial acogida” en todas partes expresò que el culmen de su visita al Reino Unido fue la beatificación del cardenal John Henry Newman, hijo ilustre de Inglaterra, que estuvo precedida y preparada por una vigilia especial de oración en un clima de profundo recogimiento. Alentò a la comunidad catòlica y le hablo “al corazón de todos los habitantes del Reino Unido, sin excluir a nadie, de la verdadera realidad del hombre, de sus necesidades más profundas y de su destino último.”

lunes, 11 de octubre de 2010

Benedicto XVI en el Reino Unido - necesidad de “diálogo de vida y diálogo de acción”


“Como seguidores de tradiciones religiosas diferentes que trabajamos juntos por el bien de toda la comunidad, ponemos de relieve la gran importancia de nuestra cooperación en común, que complementa el aspecto personal de nuestro continuo diálogo.”
[…]
En el plano espiritual, todos nosotros, por caminos diferentes, estamos personalmente comprometidos en un recorrido que da una respuesta al interrogante más importante: el relativo al sentido último de nuestra existencia humana. El anhelo por lo sagrado es la búsqueda de la cosa necesaria y la única que puede satisfacer las aspiraciones del corazón humano. En el siglo quinto, San Agustín describió esta búsqueda con las siguientes palabras: “Nos hiciste Señor para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” (Confesiones, libro I, 1). Cuando nos embarcamos en esta aventura, nos damos cuenta cada vez más de que la iniciativa no depende de nosotros, sino del Señor: no se trata tanto de que le buscamos a Él, sino que es Él quien nos busca a nosotros; más aún es quien ha puesto en nuestros corazones ese anhelo de Él.”
[…]
Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica ha dado especial relieve a la importancia del diálogo y la colaboración con los miembros de otras religiones. Y para que sea fecundo, es necesario que haya reciprocidad en cuantos dialogan y en los seguidores de otras religiones.
[…]
Este tipo de diálogo necesita llevarse a cabo en distintos niveles y no se debería limitar a discusiones formales. El diálogo de vida implica sencillamente vivir uno junto al otro y aprender el uno del otro de tal forma que se crezca en el conocimiento y el respeto recíproco. El diálogo de acción nos reúne en formas concretas de colaboración, y aplicamos nuestra dimensión religiosa a la tarea de la promoción del desarrollo humano integral, trabajando por la paz, la justicia y la utilización de la creación. Este tipo de diálogo puede incluir la búsqueda conjunta de maneras de defender la vida humana en todas sus etapas y también la manera de asegurar que no se excluya de la vida social la dimensión religiosa de individuos y comunidades. Después, en el ámbito de las conversaciones formales, existe no sólo la necesidad de coloquios teológicos, sino también la de compartir nuestra riqueza espiritual, hablando sobre nuestra experiencia de oración y contemplación y expresando la alegría mutua del encuentro con el amor divino.”

(Discurso del Santo Padre Benedicto XVI en su viaje apostólico al Reino Unido
– Encuentro con representantes del clero y fieles de otras religiones – Londres 17 de septiembre 2010)

domingo, 14 de febrero de 2010

Monasterio de Chevetogne, respirar la unidad entre silencio y oración


“Hay un lugar en la provincia belga de Namur, a medio camino entre Bruselas y Luxemburgo, donde cada día se trabaja en silencio para unir a los cristianos: es el monasterio de Chevetogne.


Rasgo peculiar de la comunidad es de hecho la apertura a las grandes tradiciones de oración litúrgica de Oriente y de Occidente, aunque al sonido de las campanas que llaman a la oración, ortodoxos y católicos entren cada grupo en una iglesia distinta unos en la latina de paredes desnudas y otros en la bizantina profusamente pintada al fresco. Gestos que se repiten desde la recitación matutina de laudes a las vísperas de la tarde, para terminar, entrada la noche, con la oración de completas. Gestos que, sin embargo, no hablan de separación. Simplemente los monjes de esta congregación de rito eslavo son contrarios al proselitismo: su objetivo s eliminar toda hostilidad, mientras se sigue siendo lo que es. […]Estructuras separadas, pero con el único objetivo del abrazo ecuménico, reconocido por el Concilio como una de las principales metas (Unitatis redintegratio) “un camino irreversible” según dijo Juan Pablo II en la encíclica Ut unum sint.


Todo comenzó en los años veinte, cuando en l Colegio Pontificio San Anselmo de Roma, el padre Lambert Beaudoin, monje de la abadía de Mont Cesar de Lovaina, atraído por la espiritualidad del Oriente cristiano, pensó en crear un monasterio que tuviese como objetivo la aproximación de las Iglesias.. […] Cuarenta años de diálogo… que no obtuvieron su reconocimiento hasta 1965. En esa fecha, el Concilio ofreció al mundo los documentos en los que se entregaba a la causa del ecumenismo, y éstos dieron relieve al compromiso del padre Beaudoin, aquel que, anticipándose había sabido ver lejos, creyendo posible la unificación el pueblo de Dios.”

(tomado del articulo Chevetogne, respirar la unidad entre silencio y oración de Mariaelena Finessi, publicado en la la revista Totus Tuus Nro 5 sept/oct 2009




lunes, 7 de diciembre de 2009

La unidad de los cristianos


"Ut unum sint! La llamada a la unidad de los cristianos, que el Concilio Ecuménico Vaticano II ha renovado con tan vehemente anhelo, resuena con fuerza cada vez mayor en el corazón de los creyentes
[…]
3. Con el Concilio Vaticano II la Iglesia católica se ha comprometido de modo irreversible a recorrer el camino de la acción ecuménica, poniéndose a la escucha del Espíritu del Señor, que enseña a leer atentamente los « signos de los tiempos ». Las experiencias que ha vivido y continúa viviendo en estos años la iluminan aún más profundamente sobre su identidad y su misión en la historia. La Iglesia católica reconoce y confiesa las debilidades de sus hijos, consciente de que sus pecados constituyen otras tantas traiciones y obstáculos a la realización del designio del Salvador. Sintiéndose llamada constantemente a la renovación evangélica, no cesa de hacer penitencia. Al mismo tiempo, sin embargo, reconoce y exalta aún más el poder del Señor, quien, habiéndola colmado con el don de la santidad, la atrae y la conforma a su pasión y resurrección."