Llamados a ser santos

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“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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viernes, 17 de julio de 2026

Carmen Álvarez: “Wojtyła escribió ‘Jeremías’ para fortalecer la fe”

 


Drama teatral que Karol Wojtyła escribió cuando tenía 19 años, en la primavera de 1940. La teóloga Carmen Álvarez, profesora de la Universidad Eclesiástica San Dámaso y experta en la figura de san Juan Pablo II, explica la obra del joven Wojtyła a Omnes mediante una entrevista que lerealiza Francisco Otamendi, publicada el 7 de febrero de 2024.

Poco después del estallido de la II Guerra Mundial, en medio de una durísima situación de dolor y sufrimiento del pueblo polaco, Alemania y Rusia iniciaron con la ocupación una tremenda campaña de “despolonización”que tenía como fin borrar todo rastro de la cultura polaca y, especialmente, toda huella de sus raíces cristianas. 

Era el modo más eficaz de disolver la identidad nacional y el sentido de la patria en el pueblo polaco, con el fin de manipularlo más fácilmente, explica a Omnes Carmen Álvarez, editora de “Jeremías”, obra que por primera vez ha sido traducida al español de su original polaco. Se trata de una edición bilingüe de Didaskalos, precedida de un amplio estudio introductorio de la teóloga de San Dámaso y académica.

“Wojtyła escribe “Jeremías” para consolar a su pueblo, para alentar su esperanza y fortalecer su fe en Dios, pero también para reflexionar sobre ese sombrío momento histórico desde la visión cristiana de la historia y preguntarse por las causas de la caída de la nación”, añade Carmen Álvarez, que está presentando la obra en diversas diócesis españolas. La última, Sevilla.

Una situación análoga vivió el profeta Jeremías, que anunció la destrucción de Israel si el pueblo no volvía a ser fiel a la alianza establecida con Yahvé y a su identidad de pueblo elegido por Dios. De ahí el título de la obra.

Profesora, ¿cómo surgió su interés por las obras literarias de Karol Wojtyła​, y en concreto sobre “Jeremías”?



El redescubrimiento de estas obras surgió en el ámbito de una investigación. A raíz de la Tesis doctoral en filosofía que estoy realizando acerca de la obra literaria juvenil de Karol Wojtyła​ descubrí que las fuentes documentales estaban todas en polaco y que prácticamente no se conocían fuera de su país. Comprendí, entonces, que había que traducirlas y darlas a conocer. Hasta ahora los estudiosos de Karol Wojtyła​ teníamos como referencia una traducción en italiano de hace más de 20 años; sin embargo, creo que en esta edición en español hemos logrado notables mejoras de traducción y de interpretación.

Usted ha editado la obra teatral de su original polaco al español directamente.  

– Así es. Ha sido un trabajo conjunto con la traductora. Yo me he encargado de asumir toda la labor de edición, interpretación y revisión final de la obra. Se trata de una edición bilingüe, cuyo texto polaco respeta con suma fidelidad el manuscrito original, tal como Wojtyła​ lo escribió. La obra va precedida de un amplio estudio introductorio, en el que ofrezco algunas claves de lectura que ayuden al lector de habla hispana a introducirse en el contexto cultural e histórico de la nación polaca. Era necesario contextualizar la obra, la trama y los personajes para acercar esta obra al lector no familiarizado con la cultura eslava.

Hasta prácticamente el año 2020, cuando celebramos el centenario del nacimiento de san Juan Pablo II, no hemos logrado recopilar los textos originales de estas obras de juventud. De hecho, se conservan distintas versiones de una misma composición. Con motivo de esa efeméride, la diócesis de Cracovia constituyó un equipo de estudiosos y expertos que realizaron una búsqueda exhaustiva en bibliotecas y archivos, así como una difícil labor de crítica textual que ayudó a fijar los textos originales. Fruto de este arduo trabajo fue la publicación de tres volúmenes que recogen toda esta obra literaria juvenil en su original polaco. Con ella se abrió la puerta a la traducción y difusión de este gran tesoro literario que nos dejó el joven Karol Wojtyła.

Además, incluye un estudio introductorio, prácticamente otro libro, en el que habla de la huella de san Juan de la Cruz.

– El teatro de Karol Wojtyła es muy filosófico y conceptual, difícil de representar porque él lo concibe como un «teatro interior», más que como un teatro de entretenimiento o de recreación. De ahí que resulte muy interesante el análisis crítico e interno de la obra, pues ha sacado a la luz las raíces hispanas del primer pensamiento del joven Wojtyła. En su obra Jeremías, Wojtyła dialoga con la cosmovisión propia del Romanticismo, especialmente polaco, pero en la obra está presente también la huella de Calderón de la Barca, de Cervantes y su gran personaje, el Quijote. Además, se evocan las leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer y, sobre todo, es muy clara la huella de san Juan de la Cruz. 

Este dato es muy interesante porque todos los biógrafos de Juan Pablo II coinciden en afirmar que Wojtyła conoció a san Juan de la Cruz de la mano del laico Jan Leopold Tyranowski, a quien conoció en marzo de 1940. En la obra Jeremías la huella sanjuanista es muy clara y se trata de una obra que estaba ya escrita antes de ese encuentro con Tyranowski. 

Pero, además, tanto en su obra Job, escrita en los primeros meses de ese mismo año 1940, como en sus primeras poesías, escritas en la primavera de 1939, encontramos también temas y elementos sanjuanistas. Por tanto, creo que habría que reformular el dato que aportan los biógrafos. El acercamiento de Karol Wojtyła a la figura, doctrina y simbólica poética de san Juan de la Cruz es mucho más temprano y podría situarse, incluso, en los años de su infancia en Wadowice, en los que visitó con frecuencia el Carmelo de la ciudad. Todo este trasfondo hispano del primer pensamiento de Wojtyła, que desconocíamos, lo estamos descubriendo ahora, gracias al estudio y traducción de estas obras literarias de juventud.

El contexto. Wojtyła escribe Jeremías en los primeros meses de 1940…

– Sí, cuando Polonia acaba de ser invadida por Alemania y Rusia. Es uno de los momentos más difíciles y oscuros de la historia de Polonia. Con la ocupación, tanto Alemania como Rusia iniciaron una tremenda campaña de «despolonización», que tenía como objetivo borrar cualquier rastro de la cultura polaca y, especialmente, toda huella de sus profundas raíces cristianas. Era el modo más eficaz de disolver la identidad nacional y el sentido de la patria en el pueblo polaco, con el fin de someterlo y manipularlo más fácilmente.

Wojtyła escribe Jeremías para consolar a su pueblo, para alentar su esperanza y fortalecer su fe en Dios, presente en la oscuridad de la prueba, pero también para reflexionar sobre ese sombrío momento histórico a la luz de la visión cristiana de la historia de las naciones. ¿Por qué ha caído Polonia?, se pregunta el autor. La trama de la obra y los diálogos de los personajes muestran cómo la caída de una nación tiene relación con la pérdida de su identidad cristiana y el abandono del orden moral querido por Dios.

¿Su destinatario es sólo el pueblo polaco?

Karol Wojtyła escribe su obra «Jeremías» en diálogo con la historia de Polonia, pero se equivocaría quien pensase que este drama teatral tiene como destinatario solo a la nación polaca. La obra tiene una proyección universal. Wojtyła no busca resolver la cuestión polaca, sino plantear, entre otras, la gran cuestión de la identidad nacional y, en consecuencia, invitar a cada hombre a reflexionar sobre su identidad personal a la luz de su origen. En realidad, cuando reflexiono sobre mi identidad nacional, al final me planteo también quién soy yo, quién es el hombre. Y es que la noción de patria no es una categoría política, ideológica o deportiva, sino que conforma a todo hombre desde su mismo origen. En las primeras raíces de mi identidad personal está Dios, la familia y la patria. 

Para Wojtyła, el destino de cada hombre está unido inseparablemente a la historia y al destino de la nación. Jeremías muestra ya cómo la cuestión de la identidad del hombre, que será un eje central en el magisterio de Juan Pablo II, está ya presente en el primer pensamiento de Karol Wojtyła.

Parece llamativa la advertencia del personaje Skarga, quien asume una misión profética, como Jeremías.

– La obra contiene una crítica sutil pero mordaz a los mitos nacionales que se difundieron con fuerza durante los años del Romanticismo polaco. Entre ellos, Wojtyła dialoga especialmente con el sarmatismo y el mesianismo, que servían para justificar ideológicamente la apropiación exclusivista del concepto de nación por parte de una minoría selecta y elitista. Eran las ideologías de una época que, al igual que las ideologías de hoy, imponían de forma violenta y forzada sus argumentos y el interés personal de unos pocos por encima de la verdad y del bien común de la nación o del bien individual del sujeto. 

En este sentido, es de suma actualidad el gran discurso que Wojtyła pone en boca de uno de los protagonistas del drama, el padre Pedro Skarga, y que ocupa todo el segundo acto del drama. Dirigiéndose a la nobleza polaca, la szlachta, que se consideraba como el verdadero pueblo elegido y la verdadera estirpe polaca, Skarga les amonesta duramente contra el incumplimiento de la Ley de Dios y la corrupción económica, política, moral y cultural que preparó lentamente la caída histórica de Polonia y su desaparición como nación en el siglo XVIII, durante la época de las particiones.

Lo mismo sucedió en la época del profeta Jeremías, que anunció la caída de Israel, porque se estaba apartando de su identidad de pueblo elegido y del cumplimiento de la alianza con Yahvé. Cuando una nación cae en la trampa de las ideologías y vende su cultura, su historia, su religión o su moral, tarde o temprano saborea su fracaso histórico y pierde la fuerza moral, histórica y social de su específica identidad.

 ¿Algún comentario adicional?

– Me parece significativo que la obra salga publicada en España, en un momento en que se plantea con fuerza la cuestión de la identidad nacional, y, además, en el marco del 45º aniversario de la elección de Juan Pablo II y del inicio de su pontificado, que hemos celebrado el pasado 16 de octubre de 2023. 

El estudio de la obra Jeremías me ha hecho recordar los viajes de Juan Pablo II a España, y, de una manera especial, aquel acto que tuvo en Santiago de Compostela, en noviembre de 1982, y aquel memorable discurso que Juan Pablo II dirigió a Europa: “Desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes. Reconstruye tu unidad espiritual, en un clima de pleno respeto a las otras religiones y a las genuinas libertades… Tú puedes ser todavía faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo”. 

A la luz de cuanto Karol Wojtyła trata en su obra Jeremías, creo que el Papa estaba anunciando ya la caída y el fracaso moral y cultural de Europa, tal como lo estamos viendo hoy, por apartarse de su identidad cristiana y del orden moral querido por Dios.

Presentacion de la obra teatral “Jeremias” Karol Wojtyla – Universidad Católica de Valencia 

 

jueves, 19 de marzo de 2026

Karol Wojtyla: comunión de la palabra con la Palabra (2 de 2

 



En el verano de 1938 se instalan con su padre en Cracovia, “su” ciudad,  - en una segunda y vital etapa de su vida - para que el joven Karol estudie filología polaca en la Universidad Jaguellonica. Y en esta etapa no debemos olvidarnos de aquel sastre místico Jan Tyranowski cuya influencia  fortaleció su vida espiritual.

Karol se siente atraído por el estudio de la lengua misma, que lo llevaria a “ horizontes completamente nuevos, por no decir en el misterio mismo de la palabra” esa palabra que “antes de ser pronunciada en el escenario, vive en la historia del hombre como dimensión fundamental de su experiencia espiritual. En última instancia, remite al insondable misterio de Dios mismo” (Don y Misterio). 

“A propósito de los estudios, deseo subrayar – agregaba - que mi elección de la filología polaca estaba motivada por una clara predisposición hacia la literatura. Sin embargo, ya durante el primer año, atrajo mi atención el estudio de la lengua misma. Estudiábamos la gramática descriptiva del polaco moderno y al mismo tiempo la evolución histórica de la lengua, con un particular interés por el viejo tronco eslavo.”

 

Si se puede hablar de una primera vocación,  la de Karol Wojtyla fue la palabra hablada, la palabra viva  acompañada de la palabra escrita desde la temprana época de Wadowice en primeros textos que nunca fueron publicados,  (Krzysztof Dybciak)  pero que recuerdan sus compañeros. Prosiguió escribiendo durante sus estudios en Cracovia;  en 1939 completo un volumen de poesía titulado El Libro Eslavo, sus primeros trabajos literarios conocidos poseen fuerte tenor patriótico. “De su correspondencia con Kotlarczyk extraemos  su admiración por los poetas románticos polacos, la filosofía de Cyprian Kamil Norwid, la poesía de Jan Kasprowicz, y el teatro de Stanislaw Wyspianski.  Su primer trabajo literario publicado fue Canción sobre al Dios oculto que apareció en 1946.  Los escritos de Wojtyla muestran la búsqueda insistente de sintetizar los multiples tipos de comunicación interhumana.  A partir de 1956  los problemas presentados en su poesía se amplían.  Es la época de su La canteraLa Iglesia”.  


 

 “Muchos de sus sermones – agrega Dybciak en su epílogo a la edición bilingüe de poesías publicada por Wydawnictvo Literackie - “han encontrado un lugar importante dentro de la literatura polaca y quizás dentro de la historia polaca.”  Recordemos sus homilías de Nowa Huta, las homilías de Navidad, de Corpus Christi, sus homilías en defensa de los derechos  de los ciudadanos, por la libertad, la dignidad del hombre (tema que luego sería el corazón de su primera encíclica Redemptor Hominis.   El estudio y el análisis de su palabra escrita promete ser  demandante y largo y si  agregamos sus clases en la Universidad Católica de Lublin que exigen cierta preparación.  (Invito leer  Lafilosofía personalista de Karol Wojtyla de Juan Manuel Burgos)    nos encontramos ante una lectura nada fácil,  como nos anticipa Burgos.

 “El redescubrir la palabra a través de los estudios literarios y lingüísticos, me acercaba al misterio de la Palabra, de esa Palabra a la cual nos referimos cada día en la oración del Ángelus: ''La Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros'' (Jn 1, 14). Comprendí más tarde que los estudios de filología polaca preparaban en mí el terreno para otro tipo de intereses y de estudios. Predisponían mi ánimo para acercarme a la filosofía y a la teología. “(Don y Misterio)   

Cito aquí solo dos textos de su obra literaria, dos momentos de una misma llamada (con toda una vida de por medio):

El primero un “comienzo” El Magnificat escrito en primavera-verano de 1939.   Un esbozo de su devoción mariana, un canto de gloria, de gracias, de bendiciones de un “servidor orante”  “joven roca sobre el Tatra inclinada” ansioso que su patria se transforme en una “abierta sementera” (la futura chispa de la Divina Misericordia?)  

El segundo: un “legado”  El triptico romano escrito ya desde la sede de Pedro.   “Un sorprendente poemario que a Karol Wojtyla se le ha escapado del alma – ¡a sus 82 años y bajo la blanca túnica de Sumo Pontífice!”   

El primero la expresión de una vocación incipiente? que algunos llaman tardía ? No lo sabremos pues el mismo Juan Pablo II al hablar de ella nos dice: “En los comienzos….¡El misterio! ¿Cuál es la historia de mi vocación sacerdotal? La conoce sobre todo Dios.”

Al elegir el lugar para celebrar sus primeras Misas no lo duda: la cripta de San Leonardo en la catedral de Wawel porque “Quería destacar mi particular vínculo espiritual con la historia de Polonia, de la cual la colina del Wawel representa casi una síntesis emblemática.”  

Pero no sólo eso. Había, en esa elección, una especial dimensión teológica.

“Como he dicho, fui ordenado el día anterior, en la Solemnidad de Todos los Santos, cuando la Iglesia expresa litúrgicamente la verdad de la Comunión de los Santos -Communio Sanctorum-. Los Santos son aquellos que, habiendo acogido en la fe el misterio pascual de Cristo, esperan ahora la resurrección final.  También las personas, cuyos restos reposan en los sarcófagos de la catedral del Wawel, esperan allí la resurrección. Toda la catedral parece repetir las palabras del Símbolo de los Apóstoles: "Creo en la resurrección de los muertos y en la vida eterna''. Esta verdad de fe ilumina la historia de las Naciones. Aquellas personas son como "los grandes espíritus" que guían la Nación a través de los siglos. No se encuentran allí solamente soberanos junto con sus esposas, u obispos y cardenales; también hay poetas, grandes maestros de la palabra, que han tenido una importancia enorme para mi formación cristiana y patriótica.”

En Piekary decía: “La fe es la Palabra de Dios Viviente hablada al hombre. Eso es todo? No, es solo la fuente. La fe es la respuesta del hombre viviente dada al Dios viviente;  con la mente, con el corazón, con la vida entera. El hombre viviente responde al Dios viviente en la fe….La Fe comienza en la Palabra de Dios y se expresa en la palabra del hombre.” (Karol Wojtyla en Piekary) 

Hay diversas maneras  para analizar exhaustiva y profundamente la rica herencia escrita y de vida de Karol Wojtyla/Juan Pablo II, pero en  ningún caso deberán  omitirse los comienzos mismos en su natal Wadowice.    El mismo lo decía durante su visita de 1999  “aquí, en esta ciudad de Wadowice, comenzó todo para mí: la vida, la escuela, los estudios, el teatro... y el sacerdocio.

 

Invito consultar en el sitio de la Santa Sede:

Breve biografía

Pre pontificado 

Pontificado  

 

A partir de allí los caminos y recursos que se abren son múltiples,  variados, extensos…..  


Karol Wojtyla: comunión de la palabra con la Palabra (1 de 2)

 


Si le preguntáramos a Karol Wojtyla en qué preciso momento de su vida la “palabra” se encontró con la “Palabra” quizás no pudiera respondernos con exactitud y con una profunda mirada de asombro nos haría comprender que de alguna manera para él siempre estuvieron íntimamente ligadas en la vida diaria, en la oración…...

Y sin embargo, si insistiéramos en los detalles…. cuándo se había producido ese especial  “punto de fusión”, esa comunión   - si la hubo - seguramente nos invitaría recordar momentos lejanos, pero siempre vivos, de su infancia en Wadowice, testigo de sus primeros pasos, sus primeras palabras y «las primeras inclinaciones»,  su “seminario doméstico” sobre la calle Koscielna,   desde cuya ventana  “veía la meridiana y el lema: «El tiempo huye, la eternidad espera» sobre el muro lateral de la iglesia parroquial, a un “salto” nomás de su ventana en la casa paterna;  a sus padres Emilia y Karol– especialmente a su padre – quien quedo a cargo de los hijos después de la muerte de su madre y a su hermano si bien 14 años mayor que Karol;   al profesor de religión, el padre Edward Zacher;   al capellán   Figlewicz, maestro de catequesis, confesor y más tarde su director espiritual. (a quien volvió a encontrar en Cracovia),  a sus compañeros de escuela (por quienes nos enteramos como Karol de a momentos se escapaba para rezar de rodillas al ejemplo de su padre) …. a la visita del cardenal Sapieha y a sus sabias y proféticas palabras….a  Mieczyslaw Kotlarczyk,  creador del «teatro de la palabra»”,   ese profesor de literatura polaca que soñaba con sacar adelante un teatro de la palabra interior,  con quien Karol compartió su pasión por el teatro en Wadowice y después en Cracovia. Un “teatro diferente, más escuchado que visto como espectáculo, un teatro de la palabra”, “limitando la escenografía al máximo y centrando su arte en la palabra”.

 


Uno tras otro fueron momentos y personas que iban formando un inusual mosaico de múltiples facetas que generaron en Karol su fascinación por la palabra,  una palabra viva, un espacio que el joven custodiaba celosa y respetuosamente,  sin tener  conciencia quizás de  la riqueza y la amplitud del extraordinario don que poseía y que el gozaba enormemente.

Vivia aquella etapa de su vida “cuando la vocación sacerdotal no estaba aún madura” , período en que “estaba fascinado sobre todo por la literatura, en particular por la dramática, y por el teatro”, el “teatro de la palabra viva”. (Don y Misterio), palabra viva que había tomado forma en Wadowice. Ese mismo amor por el teatro lo llevaría mas tarde a una encrucijada, también a algunas incomprensiones de parte de sus compañeros quienes viendo las extraordinarias dotes de Karol-actor no lograban comprender su decisión de optar por otro camino impregnado de la Palabra. 

Años más tarde el mismo Juan Pablo II admite en Don y Misterio que “aquella experiencia teatral  ha quedado profundamente grabada en mi espíritu, a pesar de que en un cierto momento de mi vida me di cuenta que, en realidad, no era esa mi vocación”. 

“El teatro para Wojtyla no es una mera escenificación superficial de alguna historia sino es un lugar privilegiado en el que la vida se vuelve palabra y la palabra se vuelve vida.” (Guerra-Lopez) 

Palabra viva que se fue transformando en misterio...

 

viernes, 31 de enero de 2014

El «arma» de la palabra


(otra vez una semana sin PC!)


“Tan sólo tres meses después que los nazis invadieron Polonia  una de las primeras decisiones del Gobernador general fue, precisamente la de prohibir cualquier actividad artística o literaria. La reacción de los polacos fue inmediata. Ya sabían perfectamente, por la propia experiencia histórica, que la muerte de su cultura habría supuesto de manera inmediata su propio fin. De modo que florecieron iniciativas diversas y todas, naturalmente, en la clandestinidad.
El más conocido de los grupos teatrales que surgieron entonces fue Estudio 39.... Karol era muy activo...

La representación de aquella tarde iba a ser en una casa de la margen izquierda del Vístula. Lo mejor era cambiar siempre de ese sitio, y elegir cada vez una vivienda lo más alejada posible de la de la vez anterior.  De este modo, aunque la Gestapo tuviera una lista aproximada de las direcciones, no lo tendría tan fácil como para sorprenderles in fraganti. Hacía ya rato que los actores habían llegado, de uno en uno. Lo mismo hicieron los espectadores, que nunca pasaban de quince, y siempre eran personas no sólo conocidas, sino también elegidas e invitadas expresamente. Además. Había que ir con pies de plomo por la calle para no toparse con ninguna patrulla, pues si alguien era detenido por la calle después del toque de queda, corría el riesgo de ser deportado a un campo de concentración.

No se filtraba ni un rayo de luz al exterior. Habían cerrado herméticamente las contraventanas y habían sellado las ventanas. La verdad es que dentro el salón también estaba a oscuras, con solo un par de velas colocadas sobre una mesilla. Esa era toda la escenografía de aquel teatro de vanguardia,  con unos decorados reducidos a su mínima expresión, mientras se daba una importancia preeminente a la palabra, y sobre todo, al modo en quela palabra era declamada e interpretada. Habían programado un poema épico de Adam Mickiewicz, Pan Teadeusz, la representación máxima del Romanticismo polaco. Para quien no lo conozca, un estilo a la Ilíada o a la La Jerusalén liberada (…).

La apasionante representación iba sobre ruedas, gracias también a los magníficos actores. Todos se habían metido tan de lleno en el papel de sus personajes, que habían logrado dibujarlos en la conciencia de los espectadores. Estupenda Halina, la pareja de Karol en las representaciones de Wadowice, así como las dos nuevas, Danuta y Krystyna. Y fantástico el joven Wojtyla, con su declamación llena de tensión y de una dicción perfecta. De repente, fuera, en la calle, se oyó por el megáfono de un vehículo militar que se había parado justo debajo de las ventanas el siguiente aviso – fortísimo, imperioso, intimidatorio «El cuartel general de la Wehrmacht comunica que los ejércitos alemanes están a punto de entrar en la ciudad de Moscú…»  Se trataba sólo de propaganda. Así era la estrategia nazi: hacer creer que eran invencibles machacando psicológicamente al adversario, infundiéndole temor y creando un clima generalizado de amenaza y terror. Algo como una descarga eléctrica sacudió a los espectadores de la sala. No era el miedo, porque si estaban allí sabían perfectamente el riesgo que corrían. Duró una imperceptible fracción de segundo, un instante.  El actor no se había inmutado lo más mínimo, no había hecho pausa alguna. Karol seguía declamando como si no pasara nada, sin acelerar el ritmo de los versos. Había llegado sin distraerse al estallido final del Pan Tadeusz, la llamada a la guerra: «Es la guerra! Hermanos, ¿Hay que luchar esta guerra por Polonia!»

Actores y espectadores se percataron realmente entonces de lo que estaba pasando. No era algo simbólico, ni algo sucedido en los tiempos de Mickiewicz.  La Polonia de esos días, la Polonia ocupada por los nazis tampoco se había rendido al nuevo opresor, había resistido y reaccionaba con coraje para defender su memoria, su cultura, en definitiva, su propia identidad nacional.
Eso mismo era lo que Karol sentía en su ánimo, y lo que, como polaco y como patriota, se empeñaba en vivir cada día. Cuando se había mudado de Wadowice a Cracovia empezó enseguida a hacer teatro. (….) Karol era muy activo. Aunque estaba presente por todas partes, acabó afiliándose a la Unia, esto es, la Unión. Se trataba de una organización clandestina de inspiración cristiana que trabajaba tanto en el frente de la resistencia al nazismo, como en el de la proyección de futuro, planeando una nueva sociedad civil, un nuevo Estado. El movimiento estaba articulado en diversos niveles (….)

Y tenía prevista también una resistencia de tipo cultural, precisamente porque defendiendo la palabra, salvaguardando su lengua estarían luchando por la libertad, por la independencia de su nación. Quien deseaba entrar en la Unia, tenia que prestar un juramento solemne de fidelidad. Karol lo hizo, identificándose plenamente con aquellos ideales, en especial con los de tipo «combativo» (…)
Al final lograron sacar adelante la vieja idea de Kotlarczyk, un teatro rapsódico, es decir, un teatro de la profundidad interior, de la palabra viva, en el que más que mirar simplemente el espectáculo, se escuchara, y sobre todo, un teatro que repropusiera en sus rasgos más esenciales, las tradiciones culturales de Polonia.
Se trataba, en consecuencia, no sólo de un nuevo género artístico, sino de una forma nueva de lucha, tal como la entendían los fundadores de la Unia. Por tanto, la dedicación teatral no era un fin en si mismo, sino todo un instrumento de contraposición al nazismo.  «Una protesta – decía Kotlarczyk – contra el exterminio de la cultura polaca sobre su propio suelo» 

(Svidercoschi, Gian Franco: Historia de Karol, Ediciones Internacionales Universitarias, Madrid, pgs 63,64


domingo, 10 de febrero de 2013

Karol Wojtyla: la comunión de la palabra con la Palabra (2 de 2) Introducción





En el verano de 1938 se instalan con su padre en Cracovia, “su” ciudad,  - en una segunda y vital etapa de su vida - para que el joven Karol estudie filología polaca en la Universidad Jaguellonica. Karol se siente atraído por el estudio de la lengua misma, que lo llevaria a “ horizontes completamente nuevos, por no decir en el misterio mismo de la palabra” esa palabra que “antes de ser pronunciada en el escenario, vive en la historia del hombre como dimensión fundamental de su experiencia espiritual. En última instancia, remite al insondable misterio de Dios mismo” (Don y Misterio).   “A propósito de los estudios, deseo subrayar – agregaba - que mi elección de la filología polaca estaba motivada por una clara predisposición hacia la literatura. Sin embargo, ya durante el primer año, atrajo mi atención el estudio de la lengua misma. Estudiábamos la gramática descriptiva del polaco moderno y al mismo tiempo la evolución histórica de la lengua, con un particular interés por el viejo tronco eslavo.”


Si se puede hablar de una primera vocación,  la de Karol Wojtyla fue la palabra hablada, la palabra viva  acompañada de la palabra escrita desde la temprana época de Wadowice en primeros textos que nunca fueron publicados,  (Krzysztof Dybciak)  pero que recuerdan sus compañeros. Prosiguió escribiendo durante sus estudios en Cracovia;  en 1939 completo un volumen de poesía titulado El Libro Eslavo, sus primeros trabajos literarios conocidos poseen fuerte tenor patriótico. “De su correspondencia con Kotlarczyk extraemos  su admiración por los poetas románticos polacos, la filosofía de Cyprian Kamil Norwid, la poesía de Jan Kasprowicz, y el teatro de Stanislaw Wyspianski.  Su primer trabajo literario publicado fue Canción sobre al Dios oculto que apareció en 1946.  Los escritos de Wojtyla muestran la búsqueda insistente de sintetizar los multiples tipos de comunicación interhumana.  A partir de 1956  los problemas presentados en su poesía se amplían.  Es la época de su La cantera, La Iglesia”.  

 “Muchos de sus sermones – agrega Dybciak en su epílogo a la edición bilingüe de poesías publicada por Wydawnictvo Literackie - “han encontrado un lugar importante dentro de la literatura polaca y quizás dentro de la historia polaca.”  Recordemos sus homilías de Nowa Huta, las homilías de Navidad, de Corpus Christi, sus homilías en defensa de los derechos  de los ciudadanos, por la libertad, la dignidad del hombre (tema que luego sería el corazón de su primera encíclica Redemptor Hominis.   El estudio y el análisis de su palabra escrita promete ser  demandante y largo y si  agregamos sus clases en la Universidad Católica de Lublin que exigen cierta preparación.  (Invito leer  Lafilosofía personalista de Karol Wojtyla de Juan Manuel Burgos)    nos encontramos ante una lectura nada fácil,  como nos anticipa Burgos.

 “El redescubrir la palabra a través de los estudios literarios y lingüísticos, me acercaba al misterio de la Palabra, de esa Palabra a la cual nos referimos cada día en la oración del Ángelus: ''La Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros'' (Jn 1, 14). Comprendí más tarde que los estudios de filología polaca preparaban en mí el terreno para otro tipo de intereses y de estudios. Predisponían mi ánimo para acercarme a la filosofía y a la teología. “(Don y Misterio)   

Cito aquí solo dos textos de su obra literaria, dos momentos de una misma llamada (con toda una vida de por medio):

El primero un “comienzo” El Magnificat escrito en primavera-verano de 1939.   Un esbozo de su devoción mariana, un canto de gloria, de gracias, de bendiciones de un “servidor orante”  “joven roca sobre el Tatra inclinada” ansioso que su patria se transforme en una “abierta sementera” (la futura chispa de la Divina Misericordia?)  


El segundo: un “legado”  El Tríptico romano, escrito ya desde la sede de Pedro.   “Un sorprendente poemario que a Karol Wojtyla se le ha escapado del alma – ¡a sus 82 años y bajo la blanca túnica de Sumo Pontífice!”   

El primero la expresión de una vocación incipiente? que algunos llaman tardía ? No lo sabremos pues el mismo Juan Pablo II al hablar de ella nos dice: “En los comienzos….¡El misterio! ¿Cuál es la historia de mi vocación sacerdotal? La conoce sobre todo Dios.”



Al elegir el lugar para celebrar sus primeras Misas no lo duda: la cripta de San Leonardo en la catedral de Wawel porque “Quería destacar mi particular vínculo espiritual con la historia de Polonia, de la cual la colina del Wawel representa casi una síntesis emblemática.”  Pero no sólo eso. Había, en esa elección, una especial dimensión teológica. Como he dicho, fui ordenado el día anterior, en la Solemnidad de Todos los Santos, cuando la Iglesia expresa litúrgicamente la verdad de la Comunión de los Santos -Communio Sanctorum-. Los Santos son aquellos que, habiendo acogido en la fe el misterio pascual de Cristo, esperan ahora la resurrección final.  También las personas, cuyos restos reposan en los sarcófagos de la catedral del Wawel, esperan allí la resurrección. Toda la catedral parece repetir las palabras del Símbolo de los Apóstoles: "Creo en la resurrección de los muertos y en la vida eterna''. Esta verdad de fe ilumina la historia de las Naciones. Aquellas personas son como "los grandes espíritus" que guían la Nación a través de los siglos. No se encuentran allí solamente soberanos junto con sus esposas, u obispos y cardenales; también hay poetas, grandes maestros de la palabra, que han tenido una importancia enorme para mi formación cristiana y patriótica.”

En Piekary decía: “La fe es la Palabra de Dios Viviente hablada al hombre. Eso es todo? No, es solo la fuente. La fe es la respuesta del hombre viviente dada al Dios viviente;  con la mente, con el corazón, con la vida entera. El hombre viviente responde al Dios viviente en la fe….La Fe comienza en la Palabra de Dios y se expresa en la palabra del hombre.” (Karol Wojtyla en Piekary) 

Hay diversas maneras  para analizar exhaustiva y profundamente la rica herencia escrita y de vida de Karol Wojtyla/Juan Pablo II, pero en  ningún caso deberán  omitirse los comienzos mismos en su natal Wadowice.    El mismo lo decía durante su visita de 1999 “aquí, en esta ciudad de Wadowice, comenzó todo para mí: la vida, la escuela, los estudios, el teatro... y el sacerdocio.

Invito consultar en el sitio de la Santa Sede:

A partir de allí los caminos y recursos que se abren son múltiples,  variados, extensos…..  

lunes, 12 de abril de 2010

"Wojtyla, el musical" en Buenos Aires


A pocos días del estreno de "Wojtyla, el musical - de Lolek a Juan Pablo II" Tito Garabal, creador y conductor del programa “Claves para un mundo mejor”, “siempre preocupado por transmitirnos un mensaje que nos haga crecer, nos cuenta de este desafío y de cuales son sus objetivos e ilusiones con esta gran apuesta” (ver entrevista)

Estreno:
15 de abril, en el
Teatro del Globo
Marcelo T. de Alvear 1155
Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Tel: (011) 4816-3307

“Wojtyla, el Musical - de Lolek a Juan Pablo II”
un espectáculo con más de 20 artistas en escena, música original de Ángel Mahler y dirigida por James Murray. La obra es una producción de Areópago Asociación Civil, que ya puso en escena “Teresa, el musical”. Según se explica en la convocatoria, la puesta musical recrea “la vida de Karol Wojtyla antes de ser nombrado como Juan Pablo II. Sus pasiones, sus amores, sus caminos y las adversidades que tuvo que afrontar para ser fiel a sus valores y seguir a su corazón”. (AICA)

viernes, 22 de agosto de 2008

Karol Wojtyla y el Teatro Rapsódico

Juliusz Slowacki

En su visita a Wadowice en 1999 el Santo Padre Juan Pablo II recordaba a “Mieczyslaw Kotlarczyk, como quien “creó el «teatro de la palabra»” y en Don y Misterio
expresa “En aquella época estuve en contacto con el teatro de la palabra viva, que Mieczyslaw Kotlarczyk había fundado y continuaba animando en la clandestinidad”.
Otros hablan que él había sido cofundador. Así lo expresan Bogdan Piotrowski, George Weigel y también las autoridades polacas mismas en Crónica Cultural.
“Al final de los años escolares, el joven Karol conoció al también joven profesor de literatura polaca Mieczyslaw Kotlarczyk, quien hacía poco había sustentado, en la Universidad Jagellona, su tesis doctoral, la cual versaba sobre el teatro. Luego desarrolló con él una entrañable amistad, y ambos fundaron el Teatro Rapsódico, donde crearon un nuevo género dramático que despertó la admiración hasta de los especialistas, además de fervorosos aplausos de los espectadores. Se conservan reveladoras cartas que le mandaba desde Cracovia el joven Wojtyła a su amigo de Wadowice. Junto a Mieczyslaw Kotlarczyk fundó en agosto de 1941 el Teatro Rapsódico, donde, a pesar de la prohibición de las autoridades nazis, ambos montaban periódicamente espectáculos con otros amigos. Se reunieron más de cien veces para ensayar. Limitando la escenografía al máximo y centrando su arte en la palabra, con apoyo musical, el grupo logró preparar diez títulos y ofrecer, en la clandestinidad absoluta, veintidós puestas en escena, presentadas en los apartamentos de diferentes amigos, por razones de seguridad. A las representaciones acudían amigos de los artistas, pero también personalidades de la vida cultural de Cracovia. El primer drama, Król- Duch [El rey-espíritu], del vate romántico Juliusz Slowacki, fue representado el 1o. de noviembre de 1941, y Wojtyła tuvo el papel protagónico del rey Boleslao el Temerario27. La obra se volvió a presentar cuatro veces. Pero ya el 14 de febrero del año siguiente se estrenó Beniowski. El joven Karol, visto su compromiso y apreciadas sus dotes, siempre interpretaba papeles principales. En la lista de estrenos de la época de la guerra del Teatro Rapsódico también aparecen títulos como Hymny [Himnos] y Wesele [Boda] de Wyspianski, Portret artysty [Retrato del artista] de Norwid, Pan Tadeusz [Don Tadeo] de Mickiewicz y Samuel Zborowski de Slowacki. Aclaremos que varios espectáculos, a pesar de haber sido preparados por el grupo, nunca se estrenaron: fragmentos de prosa, Lalka [Muñeca] de B. Prus, Quo vadis de H. Sienkiewicz, Popioly [Cenizas] de S. Zeromski, Chlopi [Campesinos] de W. Reymont en 1941-1942, Boska Komedia [La divina comedia] de Dante Alighieri en 1944 y Milosierdzie [Misericordia] y Straszne dzieci [Hijos terribles] de K. H. Rostworowski en 1944-194528. En condiciones absolutamente adversas, la palabra polaca, aunque desterrada del teatro y perseguida por el enemigo, defendía su razón de ser y mantenía viva la llama de su espíritu”. (Bogdan Piotrowski)

George Weigel expresa que “él ayudó a fundar el grupo clandestino de teatro, el Teatro Rapsódico, cuya intención era mantener viva la memoria cultural de Polonia – mantener vivo un aspecto crucial de la cultura polaca a fin de asegurar los fundamentos de un orden político democrático terminada la guerra”

Y en Crónica Cultural leemos “Con motivo del 60 aniversario de la creación en Cracovia del Teatro Rapsódico, uno de cuyos fundadores y actores fue el joven Karol Wojtyla, el ministro de Cultura y Patrimonio Nacional, Andrzej S. Zielinski, dirigio el pasado 22 de agosto al papa Juan Pablo II una carta en la que lamenta la actitud de los ministros de Cultura del régimen comunista respecto a este teatro. El Teatro Rapsódico fue creado el 22 de agosto de 1941 en la clandestinidad por la agrupación política católica "Union" como una manifestación de la resistencia espiritual contra el ocupante aleman. La dirección del teatro fue confiada a Mieczyslaw Kotlarczyk. En el elenco había seis personas (Karol Wojtyla, Juliusz Kydrynski, Wojciech Zukrowski, Krystyna Debowska, Danuta Michalowska y Tadeusz Ostaszewski). En 1966, con motivo del 25 aniversario del teatro, el arzobispo de Cracovia Karol Wojtyla oficio en la catedral de Wawel una misa por los rapsodas, lo cual fue, según dice en su carta el ministro Andrzej S. Zielinski, "una de las causas del cierre del teatro". El arzobispo Wojtyla intervino en junio de 1967 ante el entonces ministro de Cultura para que el teatro no fuese liquidado, pero su intervención no surtio efecto. En el 60 aniversario del Teatro Rapsódico, el ministro Andrzej S. Zielinski asistió a una misa oficiada en Cracovia por el cardenal Franciszek Macharski y a otros actos conmemorativos”