Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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viernes, 21 de noviembre de 2008

El Magnificat del cardenal Eduardo Pironio


“Aprendió su fe en las rodillas de su madre, mujer de formación cristiana sólida, aunque sencilla, que supo imprimir en el corazón de sus hijos el genuino sentido evangélico de la vida” decía el Santo Padre Juan Pablo II en su homilía durante la misa en sufragio del Cardenal Eduardo Pironio el 7 de febrero de 1998 “testigo de la fe valiente que sabe fiarse de Dios, incluso cuando, en los designios misteriosos de su Providencia, permite la prueba” y agregaba “¿Cómo olvidar la gran aportación que dio a las celebraciones de las Jornadas mundiales de la juventud? Quisiera dar gracias públicamente aquí a este hermano nuestro, que me prestó una gran ayuda en el ejercicio de mi ministerio petrino”

“La puerta de su despacho siempre estaba abierta” supo ganarse amigos en Roma, donde a partir del llamado del Santo Padre Juan Pablo II en abril de 1984 se ocupo de la animación e los fieles laicos y fue incansable y entusiasta colaborador del Santo Padre en los encuentros con los jóvenes antes aún que comenzaran oficialmente las Jornadas Mundiales de la Juventud (la primera tuvo lugar en 1986)

Su testamento espiritual es un canto a la vida, un Magnificat :

“Ahora entro en la alegría de mi Señor, en la contemplación directa, cara a cara, de la trinidad. Hasta ahora peregriné lejos del Señor. Ahora lo veo tal cual El es. Soy feliz. ¡Magnificat! […]

¡Magnificat! Me pongo en el corazón de María, mi buena Madre, la Virgen fiel, para que me ayude a dar gracias al Padre ella pedir perdón por mis innumerables pecados.

¡Magnificat! Te doy gracias, Padre, por el don de la vida. ¡Que lindo es vivir! Tú nos hiciste, Señor, para la Vida. La amo, la ofrezco, la espero. Tú eres la Vida, como fuiste siempre mi Verdad y mi Camino.

¡Magnificat! Doy gracias al Padre por el don inapreciable de mi bautismo que me hizo hijo de Dios y templo vivo de la Trinidad […]

¡Magnificat! Agradezco al Señor por mi sacerdocio. Me he sentido extraordinariamente feliz de ser sacerdote y quisiera transmitir esta alegría profunda a los jóvenes de hoy, como mi mejor testamento y herencia….Mi vida sacerdotal estuvo siempre marcada por tres amores y presencias: El Padre, María Santísima, la Cruz. […]

¡Magnificat! Doy gracias a Dios por mi ministerio de servicio en el episcopado…He querido ser padre, hermano y amigo de los sacerdote,s religiosos y religiosas, de todo el Pueblo de Dios […]

Quero manifestar mi agradecimiento al Santo Padre, Juan Pablo II, por haberme confiado, en abril de 1984, la animación de los fieles laicos. De ellos depende la construcción de la civilización del amor […]


¡Magnificat! Doy gracias a Dios que por el Santo Padre Pablo VI, me ha llamado a servir a la Iglesia Universal en el privilegiado campo de la vida consagrada. Como los quiero a los Religiosos y Religiosas y a todos los laicos consagrados del mundo! […]

¡Magnificat! Agradezco al Señor el privilegio de la Cruz. Me siento felicísimo de haber sufrido mucho. Solo me duelo no haber sufrido bien y no haber saboreado siempre en el silencio de la cruz […]

¡Magnificat! Agradezco al Señor que me haya hecho comprender el Misterio de Maria en el Misterio de Jesús y que la Virgen haya estado tan presente en mi vida personal y en mi ministerio. A Ella le debo todo […]

¡Magnificat! Agradezco al señor que mi ministerio se haya desarrollado, casi siempre, de un modo privilegiado, al servicio de sacerdotes y seminaristas, de religiosos y religiosas, y ultimamente de los fieles laicos […]

¡Magnificat! Doy gracias a Dios por haber podido gastar mis pobres fuerzas y talentos en la entrega a los queridos laicos, cuya amistad y testimonio me han enriquecido espiritualmente. He querido mucho a la Acción Católica […]

Los dejo en el corazón de María, la Virgen pobre, contemplativa y fiel. ¡Ave María!
A Ella le pido: “Al final de este destierro muéstranos el fruto bendito de tu vientre, Jesús”.



martes, 25 de marzo de 2025

El Magnificat de Karol Wojtyla / Juan Pablo II

 


La trayectoria mariana de Karol Wojtyla marcada por el Magnificat de Maria tuvo sus orígenes en su Wadowice natal y se fortaleció en Cracovia.

Fue recién en la primavera de 1939,  despues de haber pasado por la escuela de espiritualidad de Jan Tyranowski y antes de ingresar al seminario, que volcó en palabras de poeta su amor a Ella, su Madre, en “Magnificat” que comienza así:

“Adora, alma mía, la gloria de tu Señor,
el Padre de la gran Poesía - tan lleno de bondad.

Él fortificó mi juventud con ritmo admirado,
mi canto, en yunque de roble, ha forjado.

Resuena, alma mía, con la gloria de tu Señor,
Hacedor del Saber Angelical - benévolo Hacedor.
- - -
Apuro hasta los bordes la copa de vino, con gratitud,
en Tu fiesta celestial -cual un siervo orante-,
porque embelesaste extrañamente mi juventud,
porque de un tronco de tilo tallaste una forma rozagante.

¡Tú eres el Maravilloso, el Escultor de santos tallados!
- Por mi camino hay muchos abedules y robles numerosos.
- Soy como un surco soleado, un campo sembrado,
como una arista joven y brusca de los Tatras rocosos. ”

El soneto permaneció desconocido durante muchos años; en español fue publicado en Madrid por la Fundación Universitaria CEU, en traducción del profesor Bogdan Piotrowski,  presentado y leído en Madrid durante la VII edición del Congreso Católicos y Vida Pública en noviembre de 2005.

Un Magnificat siempre vivo y presente en todos los senderos de la vida de Karol Wojtyla: cuando niño de rodillas ante Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, ante Ella en Kalwaria Zebrzydowska, el Santuario más importante de Cracovia; siempre presente en su corazón Nuestra Señora de Jasna Gora.


Maria, aquella que “nos acerca a Cristo: que nos dirige hacia el, si vivimos su misterio en Cristo” (Don y Misterio) contemplada como «signo de consuelo y de esperanza», que “correspondió plenamente con su «sí» a la voluntad divina” y “elevada al cielo, nos indica el camino hacia Dios” siempre invitándolo a seguir la preciosa estela de aquel “testamento espiritual”.


“En el Magníficat María celebra la obra admirable de Dios, inspirándose en la tradición del Antiguo Testamento, celebra con el cántico del Magníficat las maravillas que Dios realizó en ella”, decía el Santo Padre en la Audiencia general del 6 de noviembre de 1996.

El 28 de marzo de 1987 nos regaló la Encíclica Redemptoris Mater sobre la Bienaventurada Virgen Maria en la Vida de la Iglesia peregrina con 15 referencias al Magnificat.

En la Audiencia del 15 de febrero de 2006 el Santo Padre Benedicto XVI en relación directa al “largo itinerario que comenzó, hace exactamente cinco años, en la primavera del año 2001, mi amado predecesor el inolvidable Papa Juan Pablo II” (serie de catequesis sobre salmos y cánticos que comenzaba con la Audiencia del 28 de marzo de 2001) se refirió en preciosas palabras al “Cántico con el que se concluye idealmente toda celebración de las Vísperas: el Magníficat (cf. Lc 1, 46-55)”, que había sido cantado por el coro de la Capilla sextina, y en la Audiencia explicó “la estructura íntima de ese canto orante”

«Magníficat anima mea Dominum!» (Lc 1, 46)

 

Invito visitar:
Homilía de Juan Pablo II Clausura del XX Congreso Mariológico-Mariano Internacional
Cantico de la Virgen Maria «Magníficat» (Lc 1, 46-55)
Redemptoris Mater


 

 

lunes, 9 de octubre de 2023

Rosarium Virginis Mariae - el Santo Rosario

 


“Recitar el Rosario, en efecto, es en realidad contemplar con María el rostro de Cristo”

Magnificat anima mea Dominum!

 Octubre es el mes del Santo Rosario y “la Iglesia nos exhorta a reavivar en nuestro espíritu el amor a dicha plegaria mariana”

 “El Rosario está compuesto por veinte "misterios" (acontecimientos, momentos significativos) de la vida de Jesús y de María, divididos desde la publicación de la Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, en cuatro "rosarios". El primer "rosario" comprende los misterios gozosos (lunes y sábado), el segundo los luminosos (jueves), el tercero los dolorosos (martes y viernes) y el cuarto los gloriosos (miércoles y domingo). «Esta indicación no pretende limitar una conveniente libertad en la meditación personal y comunitaria, según las exigencias espirituales y pastorales y, sobre todo, las coincidencias litúrgicas que pueden sugerir oportunas adaptaciones» (Rosarium Virginis Mariae, n. 38).” (de El Santo Rosario – Los Santos Misterios )

En la Audiencia general del 16 de octubre de 2002 el Santo Padre Juan Pablo II anunciaba la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae dedicada a la oración del Rosario y a su meditación, y proclamaba el "Año del Rosario" desde octubre de 2002 hasta octubre de 2003. Aclaraba que lo hacia por varios motivos, no solo porque era el vigésimo quinto año de su pontificado, “sino también porque se celebra el 120° aniversario de la encíclica Supremi apostolatus officio, con la que, el 1 de septiembre de 1883, mi venerado predecesor el Papa León XIII comenzó la publicación de una serie de documentos dedicados precisamente al Rosario. Hay, asimismo, otra razón: en la historia de los grandes jubileos existía la buena costumbre de que, después del Año jubilar dedicado a Cristo y a la obra de la Redención, se convocaba uno en honor de María, para implorar de ella la ayuda con el fin de hacer que fructificaran las gracias recibidas.”

También anunciaba que en la carta apostólica proponía añadir otros cinco misterios que habia llamado "misterios de la luz" y que “comprenden la vida publica del Salvador, desde el bautismo en el Jordán hasta el inicio de la Pasión” En la carta nos presente su experiencia personal, y es una guia en el rezo y la meditacion del Rosario.

“El Rosario - decía el Santo Padre - aunque se distingue por su carácter mariano, es una oración centrada en la cristología. En la sobriedad de sus partes, concentra en sí la profundidad de todo el mensaje evangélico, del cual es como un compendio.[2] En él resuena la oración de María, su perenne Magnificat por la obra de la Encarnación redentora en su seno virginal. Con él, el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor. Mediante el Rosario, el creyente obtiene abundantes gracias, como recibiéndolas de las mismas manos de la Madre del Redentor”



En la carta apostólica el Santo Padre nos confìa : “Esta oración ha tenido un puesto importante en mi vida espiritual desde mis años jóvenes.... me ha acompañado en los momentos de alegría y en los de tribulación. A él he confiado tantas preocupaciones y en él siempre he encontrado consuelo. Hace veinticuatro años, el 29 de octubre de 1978, dos semanas después de la elección a la Sede de Pedro, como abriendo mi alma, me expresé así: «El Rosario es mi oración predilecta. ¡Plegaria maravillosa! Maravillosa en su sencillez y en su profundidad. [...] Se puede decir que el Rosario es, en cierto modo, un comentario-oración sobre el capítulo final de la Constitución Lumen gentium del Vaticano II, capítulo que trata de la presencia admirable de la Madre de Dios en el misterio de Cristo y de la Iglesia.”

Invito visitar:

Documentos de los Pontífices sobre el Santo Rosario

El Santo Rosario

Maria en los Misterios gloriosos – catequesis de Juan Pablo


 

miércoles, 29 de mayo de 2019

Mentorella Santuario Mariano escondido entre los montes prenestinos




“Desde la inauguración del Concilio Vaticano II he tenido posibilidad de residir en Roma varias veces, sea por los trabajos conciliares, sea por otras tareas qua me encomendaba el Papa Pablo VI.

En estas ocasiones de mi estancia en Roma he visitado con frecuencia el santuario de la Virgen de la Mentorella. Este lugar escondido entre los montes me atraía de modo especial. Desde él se puede abarcar y admirar la vista magnífica del paisaje italiano. Incluso unos días antes del último Cónclave estuve aquí. Y si hoy he deseado volver otra vez es por varias razones que ahora explicaré.

Antes quiero pedir disculpas a mis colaboradores, a las autoridades locales y a quienes se han ocupado de organizar y realizar este vuelo, porque mi venida les ha ocasionado una molestia más. Al mismo tiempo saludo cordialmente a los habitantes del vecino pueblo de Guadagnolo y a cuantos han acudido aquí de otras localidades cercanas. Saludo a los custodios de este santuario, los padres polacos de la Resurrección. y también al clero del contorno, con su obispo mons. Guglielmo Giaquinta.

En el Evangelio de San Lucas leemos que María, después de la anunciación, fue a la montaña para visitar a su parienta Isabel. Al llegar a Ain-Karim puso toda su alma en las palabras del cántico que la Iglesia recuerda cada día en Vísperas: «Magnificat anima mea Dominum, Mi alma glorifica al Señor». He deseado venir aquí, a estas montañas, a cantar el Magnificat siguiendo las huellas de María

Este es un lugar donde el hombre se abre a Dios de forma especial. Un lugar donde —lejos de todo y al mismo tiempo cerca de la naturaleza— se habla confidencialmente con Dios mismo. Se siente en lo más hondo algo que es la llamada personal del hombre. Y el hombre debe dar gloria a Dios Creador y Redentor; en cierto modo debe convertirse en voz de toda la creación para decir en su nombre Magnificat. Debe anunciar las magnalia Dei, las grandes obras de Dios y, a la vez, expresarse a sí mismo en esta relación sublime con Dios, porque en el mundo visible sólo él puede hacerlo.
En las temporadas de mi estancia en Roma, este lugar me ha ayudado mucho a orar. Y por esto he querido venir también hoy. La oración, que es expresión en distintos modos de la relación del hombre con el Dios vivo, es también la primera tarea y como el primer anuncio del Papa, del mismo modo que es el primer requisito de su servicio a la Iglesia y al mundo.

En los pocos días transcurridos desde el 16 de octubre, he tenido la suerte de oír de labios de personas autorizadas, palabras que confirman el despertar espiritual del hombre moderno. Estas palabras —y ello es significativo— las han pronunciado sobre todo seglares que desempeñan altos cargos en la vida política de varias naciones y pueblos. Han hablado muchas veces de las necesidades del espíritu humano, que no son inferiores a las del cuerpo. Y al mismo tiempo han señalado en primer lugar a la Iglesia como capaz de satisfacer esas ansias.

Lo que ahora digo sea una primera respuesta, humilde, a todo lo que he oído: la Iglesia ora, la Iglesia quiere orar, desea estar al servicio del don más sencillo y, a la vez, más espléndido del espíritu humano, que se realiza en la oración. En efecto, la oración es la expresión principal de la verdad interior del hombre, la primera condición de la auténtica libertad del espíritu.

La Iglesia ora y quiere orar para escuchar la voz interior del Espíritu divino, a fin de que El mismo pueda hablar en nosotros y con nosotros, con los mismos gemidos inenarrables de toda la creación.

La Iglesia ora y quiere orar para responder a las necesidades que nacen de lo más profundo del hombre, que a veces está sumamente agobiado y acosado por las condiciones contingentes de la vida diaria, por todo lo que es temporal, la debilidad, el pecado, el abatimiento, y una vida que parece no tener sentido. La oración da sentido a toda la vida en cada momento y en cualquier circunstancia.
Por ello el Papa, en cuanto Vicario de Cristo en la tierra, desea antes que nada unirse a cuantos tienden a la unión con Cristo en la oración, en cualquier sitio en que estén o se encuentren: como el beduino en la estepa, las carmelitas o los cistercienses en la clausura profunda, o el enfermo en la cama de un hospital en medio de los sufrimientos de la agonía, o un hombre en actividad, en la plenitud de la vida, o las personas oprimidas y humilladas... en todos los sitios.

La Madre de Cristo fue a la montaña a decir su Magnificat. Que el Padre. el Hijo y el Espíritu Santo acojan la oración del Papa en este santuario y conceda los dones del Espíritu a todos los que oran."




miércoles, 1 de abril de 2026

Peregrinación a Tierra Santa del Arzobispo Karol Wojtyla – carta a su Diócesis 1963 (1 de 4)

 

Concluida la segunda sesión del Concilio Vaticano II entre los días 5 y 15 de diciembre de 1963 el Arzobispo Karol Wojtyla viajo a Tierra Santa, conjuntamente con un grupo de obispos. Karol Wojtyla,  dotado de una generosidad intelectual inusual iba informando  a los pastores polacos sobre todo lo que acontecía en el Concilio y para llevar el Concilio a todas las parroquias e instituciones de su arquidiócesis lanzo un sínodo diocesano que el mismo clausuro ya siendo Papa.  Tal como solía hacerlo también compartió con ellos la vivencia de esta peregrinación a Tierra Santa mediante una carta que se transcribe traducida para este blog en cuatro partes:

“Este año después de la clausura de la 2da sesión del Concilio Vaticano II me fue dado participar,  conjuntamente con un grupo de obispos de diferentes países, en una peregrinación a Tierra Santa. Creemos que al estar trabajando en la renovación de la Iglesia durante el Concilio, debemos dirigirnos directamente a Cristo mismo, cuya Iglesia es Su Cuerpo Místico.  De allí el deseo de visitar los lugares donde El nació, vivió, enseño, actuó y finalmente sufrió, murió en la cruz, resucitó de los muertos y ascendió a los cielos.  Este deseo fue expresado el día de la clausura de la segunda sesión del Concilio el 4 de diciembre por el Santo Padre mismo, el Papa Pablo VI.  El anunció que el mes próximo emprenderá una peregrinación a la tierra natal de Nuestro Señor.  El anuncio se hizo realidad estos días.

 

La peregrinación del Santo Padre le dio un significado aun mayor a las peregrinaciones realizadas por los padres del Concilio a la Tierra Santa. Me refiero también a aquella en la cual me fue dado participar entre el 5 y el 15 de diciembre de 1963 junto a un grupo de obispos de Polonia. No consideré esta participación como un privilegio personal o privado, sino una gracia que me fuera concedida por la Providencia para ser compartida con otros.  Y es por eso que,  a poco de regresar de la sesión del Concilio y de Tierra Santa, quisiera compartir mis recuerdos  aun frescos de esta peregrinación, primero con ustedes,  mis hermanos en el sacerdocio. Quizás este puñado de recuerdos les sea útil en vuestro trabajo pastoral, quizás puedan utilizarlos para preparar vuestras lecciones o sermones para Navidad, el tiempo de la Cuaresma o para Pascuas.  De cualquier manera quisiera que vuestros ojos pudieran al menos vislumbrar por medio de esta carta aquello que me fue dado ver a mi y es mi deseo que también ustedes puedan verlo con vuestros propios ojos un día. Es algo que fortalece nuestra fe….

Nuestra peregrinación a la Tierra Santa no siguió la cronología de la vida de Cristo el Señor. Comenzamos en realidad en Jerusalén y terminamos en Galilea. En mi carta tratare de adaptar mi descripción a la cronología de la vida de Jesus partiendo de la secuencia de nuestra propia peregrinación.   Nuestro viaje a la tierra de Nuestro Señor comenzó en Egipto,  Así que comenzamos por la senda del Éxodo a la Tierra Prometida que el pueblo elegido  siguió en el Antiguo Testamento. En un precioso dia soleado pudimos simplemente ver este camino desde el aire: los desiertos de Egipto hasta las orillas del Mar Rojo, después las montañas de Sinaí y nuevamente el desierto, virtualmente sin señal alguna de vegetación. Nos acercamos a Jerusalén dibujando un amplio arco, y aterrizamos en el aeropuerto de Jerusalén (en el sector árabe)….


Al lado del Rio Jordan estaba el Monte Nebo, donde Moisés vio la Tierra prometida.  Seguramente en aquel tiempo se podía ver bien el oasis alrededor de Jericó.  Aun hoy esta ciudad es una excepción a la región desértica.  Casi todo el país desde Jerusalén hasta el Mar Muerto y el Jordán es tierra desolada y desértica. Jericó por otra parte es rica en vegetación.  Pudimos visitar y también ver las ruinas de la ciudad de los tiempos de la conquista por los judíos bajo la conducción de Josué.
Dejaremos por un momento esta parte de la peregrinación.

Llegamos a Nazaret en Galilea. Esta ciudad está situada sobre las márgenes de una montaña y esta predominantemente habitada por árabes  si bien dentro del estado de Israel. El destino de nuestra peregrinación era la Gruta de la Anunciación, donde bajo el altar principal dice: "Hic Verbum caro factum est". La gruta está ubicada en el lugar de la casa de la Virgen Maria. Cerca de allí, a unos 200 mts hacia el norte, hay un segundo santuario de Nazaret construido en la Casa de José. Esta es la casa donde Jesus vivió después del regreso de Egipto y aquí paso los 30 años de su vida oculta junto a Maria y su Protector. Sobre esta gruta (donde vivía la Sagrada Familia) hay una iglesia. Sobre la Gruta de la Anunciación se está construyendo una iglesia moderna con las contribuciones de católicos de todo el mundo.


Después de la Anunciación Maria fue a visitar a su prima Isabel,  esposa de Zacarías, que esperaba un hijo - El Precursor del Salvador. El lugar donde vivían Isabel y Zacarías, la casa de Juan el Bautista, está ubicada en Ain Karem, unos 20 kms al sur de Jerusalén.  Para llegar hasta la casa de Isabel después de la Anunciación  Maria debió recorrer una distancia de unos 100 kms.  Hoy en Aim Karem hay dos santuarios. Uno en la Casa de San Juan Bautista y el otro fue construido para conmemorar la Visitación.   En la pared frente a la Iglesia está escrito el Magnificat  en varios idiomas, también en polaco. La ciudad de Ain Karem está situada en la región montañosa. Ambos santuarios están construidos sobre la ladera. De la Iglesia de la Visitación hay una hermosa vista.  Al lado de la Iglesia de la Visitación hay un monasterio de monjas ortodoxas rusas.


Los Evangelios nos dicen que antes del nacimiento de Jesus, Maria y José fueron a Belén para obedecer el llamado al censo convocado por las autoridades. Si ellos siguieron el camino de Nazaret debieron recorrer más de 100 kms porque Belén esta en Judea, una región rocosa y montañosa,  a unos 15 kms de Jerusalén.

 Pasamos la noche del 8 al 9 de diciembre en la Basílica de la Natividad, celebrando Misas desde medianoche hasta las 05.30am. A las 5.30 comienzan sus oficios los ortodoxos. El altar que conmemora el momento del nacimiento de Cristo les pertenece a ellos, mientras que el altar contiguo conmemorando la puesta del recién nacido en el pesebre les pertenece a los católicos.  Adoramos el misterio de la Natividad de Dios y besamos el lugar donde Dios llego al mundo; celebramos misas en el altar del “Praesepe”.  Estuvimos en una cueva de piedra que en un tiempo dio refugio a la Santísima Virgen y a San José.  Sobre la gruta esta la iglesia que fue construida por el emperador Justiniano y que pertenece a los ortodoxos griegos. Los católicos han construido otra iglesia que hoy está custodiada por los franciscanos, tal como la mayoría de los santuarios en Tierra Santa. Los ortodoxos armenios tienen una capilla en la Iglesia superior.


Debo agregar que los obispos polacos cantaron algunos villancicos en la gruta a pedido del anciano sacerdote Borkowski – un franciscano polaco que ha estado trabajando en Tierra Santa por décadas.

 


 (Basilica de la Natividad)



A unos 3 kms del santuario de la Natividad esta la iglesia de los pastores -un santuario franciscano que conmemora el lugar donde los ángeles se le aparecieron a los pastores trayéndoles la buena nueva del nacimiento del Hijo de Dios.  En los alrededores de Belén, tal como en otros lugares de Judea, aun se puede ver pastoreo en una tierra pobre. Esta región es inhóspita y yerma.  No podíamos dejar de pensar que Dios había elegido una tierra pobre, en la cual "los suyos no le recibieron".  Hoy la mayoría de  los pobladores son musulmanes árabes y judíos. Los cristianos son minoría.


En Belén, a poca distancia del santuario de la Natividad, a unos 300 ms, esta la Gruta de los Magos - el lugar que conmemora la adoración de los tres Magos del Este. El sitio de la adoración no fue el mismo que el sitio donde tuvo lugar el nacimiento pues los Evangelios nos dicen que la Santísima Virgen Maria y San José, después del nacimiento, se mudaron a una casa. Los Evangelios dicen que los magos "entraron a la casa" (Mt, 2,11). Desde allí la Sagrada Familia debió huir a Egipto.. En los alrededores de Belén recordamos la matanza de los niños inocentes ordenada por Herodes.


La historia de la Natividad nos llevo desde Belén a Jerusalén…   Belén no está lejos de Jerusalén -  es posible hacer el viaje de ida y vuelta en el día. Solo Belén fue testigo – si bien desconocido – de los primeros días y semanas de la vida de Cristo.  Belén también fue testigo de los primeros días y semanas de la maternidad de Maria.   Estos momentos se recuerdan en la Grota Lactis. Según la tradición en este lugar la Santa Madre amamanto a Jesús con su leche y una gota de su leche maternal cayó sobre el suelo. La tradición sigue vigente desde tiempo inmemorial y las mujeres que sufren la falta de leche maternal hacen su peregrinación a este lugar – y lo hacen tanto las mujeres cristianas como las musulmanas – a pedirle a Maria su ayuda. Debemos recordar que los musulmanes veneran a Jesus como profeta que precedió a Mahoma. Es por ello que las mujeres musulmanas le profesar devoción a la Madre de Jesus”

miércoles, 11 de junio de 2014

Homilía premonitoria del cardenal Karol Wojtyla en octubre de 1978


Pablo VI fue siempre amigo fiel de Polonia. Preocupado por la situación y consciente del esfuerzo de la Iglesia polaca en su empeño por apoyar y sostener el espíritu de su pueblo durante los años de comunismo,  comprendía las dificultades que debía enfrentar la Iglesia detrás de la “cortina”.  Como Obispo de Roma y Pastor universal quizás fue uno de los Papas que menos “gozó” de su pontificado. Debió llevar adelante el Concilio Vaticano II y enfrentar las postrimerías no del  todo gratas. George Weigel llegó a decir que el pontificado fue un calvario para él. Pero para la iglesia polaca siempre tuvo un lugar preferencial en su corazón. 


Cada vez que Karol Wojtyla iba a Roma, Pablo VI lo recibía en audiencia. El Papa lo apreciaba mucho. Lo apreciaba por su profunda espiritualidad, el coraje apostólico, la formación cultural, su serenidad de espíritu y también  por la fidelidad y la lealtad que siempre le demostrara.  El mismo Pablo VI confirmó esta amistad al confiarle la prédica de los ejercicios espirituales en el Vaticano para la Cuaresma de 1976. (Dziwisz)

Después del fallecimiento de Papa Pablo VI el 6 de agosto de 1978,  todo se sucedió  muy rápidamente, increíblemente marcado por fechas y coincidencias.  Albino Luciani quien eligió llamarse Juan Pablo I fue elegido Sumo Pontífice el 26 de agosto cuando toda Polonia celebraba la fiesta litúrgica de su Santa Patrona y Reina: Nuestra Señora de Jasna Gora (Czestochowa).
Su pontificado duró tan solo 33 días! (26 de agosto al 28 de septiembre 1978)

Fue Mucha, el chofer del cardenal Wojtyla,  quien le comunico la noticia de su muerte al cardenal cuando estaba almorzando. Mucha comentó: “Escuché un fuerte ruido. Al recibir la noticia algo se le cayó de las manos al Cardenal.
El cardenal Dziwisz comenta en su libro Una vida con Karol que el cardenal Wojtyla nunca comentó los particulares del conclave y tampoco en privado hablo de la sucesión del Papa Luciani….  Al enterarse de la noticia se recluyó en su habitación y en la capilla. En la homilía de la Santa Misa en sufragio celebrada en la Basílica Mariacka en el centro de Cracovia dijo: “No sabemos qué significa esta muerte para la Sede de Pedro. No sabemos qué quiere decirle Cristo a la Iglesia y al mundo con esta muerte”….. En la biografía de Weigel podemos leer que esta muerte afecto notablemente al cardenal Wojtyla. Su amigo Stanislaw Malysiak recordaba que veía en él un hombre en lucha consigo mismo. El cardenal acababa de cumplir el 20º aniversario de su ordenación episcopal y había escrito su poema “Estanislao” horas después de haber muerto Juan Pablo I. Dijo que lo hacía para “pagar mi deuda con Cracovia”. Presentimientos de una responsabilidad  en puertas? 


Cuando lo acompañó al aeropuerto el chofer le dijo…. Buen viaje Eminencia, y hasta pronto!     El Cardenal, después de un profundo y triste suspiro respondió “nunca se sabe”. Estas palabras impresionan fuerte en boca de Karol Wojtyla. Casi proféticas. Extrañas también las de su secretario Stanislaw Dziwisz “Recen por el cardenal Wojtyla, recen para que regrese a Cracovia”

El 7 de octubre ya en Roma el cardenal Wojtyla se “refugió” en el Santuario de Mentorella y al dia siguiente en la iglesia polaca de San Estanislao concelebró la Santa Misa con el cardenal Wyszynski. Esta fue su última homilía “oficial” (Boniecki) antes de ser elegido Papa.  Por lo emotiva se siente como una homilía “premonitoria”, como si él mismo estuviera preguntándose si estaba en condiciones de asumir tremenda responsabilidad “para que el fruto del pontificado de Juan Pablo I continúe”. El pontificado de aquel Papa elegido significativamente el dia de Nuestra Señora de Jasna Gora había sido para él como un preludio….. y las palabras del cardenal Wyszinski “si te eligen debes aceptar….llevarás a la Iglesia al tercer milenio…la advertencia que Nuestra Señora de Jasna Gora le había concedido un tiempo prudencial para consumar su Magnificat personal y eclesial.

Esta fue su homilía basada en el texto de Juan,  21 de aquel 8 de octubre durante la Santa Misa (traducido de The making of the Pope of the Millennium – Kalendarium of the Life of Karol Wojtyla  - Adam Boniecki, MIC,  publicado por Marians of the Immaculate Conception, USA)

“La sede apostólica está nuevamente de duelo. Vive rezando por el alma del querido Juan Pablo I los 9 días de duelo. Toda la Iglesia está de duelo, la Iglesia de Polonia de duelo. Rezamos en nuestras catedrales, nuestros santuarios, en nuestros templos, en toda nuestra tierra. Y hoy rezamos reunidos aquí en Roma en la Iglesia de San Estanislao, en este predio que su fundador el cardenal Stanislaw Hozjusz quiso que fuese de unión entre la Santa Sede y nuestra comunidad polaca para compartir gozos y pesares.
Cristo dijo de si mismo que El es la piedra angular. La piedra angular del edificio. La Iglesia es una viña y al mismo tiempo un edificio. No hace mucho tiempo que el Papa Juan Pablo I fue llamado a esta viña, para identificarse con las palabras una vez  dichas a Pedro: “Tu eres la Roca”.  Porque la Iglesia es a la vez una viña y un edificio.  Necesita fundamentos. Y así Juan Pablo I fue llamado para ser el fundamento de ese edificio en la Iglesia – el Reino de Dios en la tierra. Esto ocurrió el  26 de agosto de este año. Hace seis semanas. Ocurrió en la Fiesta de Nuestra Señora de Jasna Gora en nuestra tierra polaca.
Cuando pensamos en la sorprendente manera en que Juan Pablo I fue llamado, debemos volver al primer llamado, el llamado dirigido a Simón, a quien Nuestro Señor le dio el nombre de Pedro; a aquel llamado definitivo después de la Resurrección  cuando Cristo le preguntó tres veces. “«Simón, hijo de Juan, ¿me amas?».  y Pedro le contesto: “Si, Señor tu sabes que te amo” Y Cristo le pregunto nuevamente “«¿me amas más que estos?».


En el texto del Evangelio de Juan podemos sentir el estremecimiento del corazón del apóstol, cuando respondió, “Señor, Tu lo sabes todo. Tu sabes que te amo”! Una pregunta  difícil y muy exigente.  Probablemente entre todos los apóstoles fue Pedro el que mejor comprendió que esta pregunta excedía los límites de lo humano. Por eso tembló al responder. Cuando respondió “Señor, Tu sabes que te amo”  se entregaba al amor de Aquel que le planteaba la pregunta.
Cundo miro hacia atrás, en la perspectiva de estas últimas seis semanas, al hecho que ocurrió el 26 de agosto en la Capilla Sixtina, creo que en aquel momento tuvo lugar una conversación similar a aquella de Cristo con Simón Pedro. La sucesión de Pedro, el llamado a la responsabilidad del Pontificado, también conlleva un llamado al mayor amor, a un amor muy especial. Y siempre cuando Cristo le dice a  un hombre “ven, sígueme”, El le pregunta cómo le pregunto a Simón Pedro: “Me amas mas que ellos”? Y luego el corazón del hombre debe estremecerse. El corazón de Simón tembló y el corazón de Albino Luciani tembló antes de asumir el nombre de Juan Pablo I. El corazón humano debe estremecerse, porque en esta pregunta hay una exigencia: Tú debes amar!. Tú debes amar más que los demás, si te es confiado todo el rebaño, si estás listo para “«Apacienta mis ovejas» y cumplir con el llamado y la misión de Pedro.
El texto de Juan continúa. Cristo dice algunas palabras enigmáticas. Se las dice a Pedro: “cuando eras joven tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo… otro te atará y te llevará a donde no quieras».  Palabras  misteriosas, enigmáticas…. El Evangelista agrega que con estas palabras Cristo preanunció de que manera Pedro glorificaría a Dios con su muerte.
Entonces, en este llamado, dirigido a Pedro por Cristo después de Su Resurrección, Cristo ordena “Ven sígueme” posee un doble significado.  Es un llamado al servicio y un llamado a morir.
En el caso de Juan Pablo I, ambos llamados del Evangelio de Juan se habían cumplido. Ya sabemos con qué muerte glorificaría su vida. Ahora esta muerte queda detrás.
Cristo le dijo a Pedro: “Cuando seas anciano…”  para nuestro entendimiento, en términos humanos – Juan Pablo I no llego a anciano. Un mes de pontificado. Pero este mes bastaría.  Bastaría no acorde a cálculos humanos, no según cálculos de duración, no a una escala  de tiempo humano ni de historia humana.  Bastaría según aquellas significativas palabras de Cristo “Me amas?”
Este mes de pontificado era suficiente como tiempo de amor.
Y mirando al hombre que el 26 de agosto tomo el nombre de Juan Pablo I, y posando nuestra mirada sobre todos sus días – los 33 días de pontificado – creemos que bastó. Porque el amor tiene estimaciones diferentes, obedece a leyes diferentes. En cierto sentido, con respecto al amor, las leyes del tiempo son suspendidas, como lo son las leyes de este mundo, las leyes de las cosas materiales. El amor puede consumarse en poco tiempo. Una vez en acción – una acción basta.  Puede llegar a un final, como dicen las Escrituras “en un corto lapso vivió mucho tiempo..”  Es verdad que el amor que Juan Pablo expresó aquel 26 de agosto y luego los 33 días de su pontificado no quedó plasmado en documentos que guíen el pensamiento de la Iglesia y de toda la humanidad. No encontró expresión en su trabajo pastoral, en viajes apostólicos.  No le fue dado celebrar ni siquiera una Misa ante la tumba de San Pedro. Todo esto no ocurrió. Pero, en cierto sentido, el amor no necesita nada de esto. Puede expresarse sin ello.  Y Nuestro Señor, conversando con Pedro al comienzo de su primer pontificado no pidió nada más que amor: “Me amas”? Ese es el único tema que debemos tener presente en todo pontificado y en toda vida humana.
También es verdad que la historia de la Iglesia no tendrá muchos hechos que registrar bajo el nombre de Juan Pablo I. Desde una perspectiva humana – y la historia es perspectiva humana – este será un pontificado sencillo, privado de grandes documentos y grandes hechos.  Desde un punto de vista humano (y la historia está sujeta a las leyes de los puntos de vista humanos) este pontificado quedará bajo la sombra de Juan y Pablo. Pero hoy comprendemos un poco mejor porque eligió estos nombres. Quizás porque ya entonces sabia que quedaría en la sombra de estos dos nombres, de estos dos grande pontificados: de Juan y de Pablo. Esto es historia. También es la historia de la Iglesia.
Pero el Libro de la Vida se escribe según otras leyes. No sabernos que palabras se utilizaran para registrar el pontificado de 33 días de Juan Pablo I en el Libro de la Vida. Solo podemos asumir, basados en lo que hemos escuchado, lo que hemos sentido – que la respuesta dada a la pregunta de Cristo “Me amas?” fue particularmente ardiente. Hasta podemos suponer que fue tan ardiente, que el corazón humano no pudo resistir. Porque el amor de Dios es mayor que el del corazón humano. Y a veces es expresado en la muerte de una persona.
Estamos en el mes de octubre. Toda la Iglesia está unida en el rosario. El rosario es rezado por muchos pueblos diferentes. Nuestros compatriotas lo rezan. También nosotros lo rezamos. Queremos dejar relacionada la persona de Juan pablo I en este rosario, una persona tan querida por nosotros, que nos dejara hace pocos días. La iglesia esta apenada. Mientras lo velamos, vamos pasando las cuentas del rosario con nuestros dedos y los misterios del santo Rosario en nuestros pensamientos.  Toda la Iglesia, especialmente la Iglesia de Polonia, saluda a este Papa elegido el día de Nuestra Señora de Jasna Gora, rezando el rosario.
Cristo nos habla en la liturgia de hoy.  Estas son palabras  tomadas  de su mensaje en la Sala superior.  En sus palabras dirigidas a los apóstoles. Cristo dijo: “No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero.” En esta oración eucarística, en este Sacrificio Eucarístico, queremos agradecer a Cristo que, con su vida, con su corto pontificado, su siervo Juan Pablo I, expresó tan claramente la verdad de estas palabras al mundo: “No has sido tú quien me has elegido, sino que fui yo quien te elegí”. Y siguiendo estas palabras de Cristo, deseamos se cumplan hasta el final. Que vayas y des fruto, y que el fruto sea duradero.

En este Santo sacrificio recemos para que el fruto de estos 33 años de pontificado de Juan Pablo I continúe.”

viernes, 26 de abril de 2019

Camilo Ruini: Breve biografia de Karol Wojtyla (1 de 4)



(presentada en la Sesión de apertura de la investigación diocesana sobre la vida, virtudes y fama de santidad del Siervo de Dios Juan Pablo II, en la Basílica de San Juan de Letrán el 28 de junio de 2005)

Los primeros veinte años: un talento extraordinario que va madurando a través de experiencias durísimas. 
Karol Józef Wojtyła nace en Wadowice el 18 de mayo de 1920, hijo de Karol y de Emilia Kaczorowska, padres profundamente católicos, y es bautizado el 20 de junio del mismo año en la iglesia parroquial de Wadowice.
Hacía poco que Polonia había recobrado su unidad e independencia y tan solo dos meses después, el 16 y 17 de agosto, supo defenderla victoriosamente para si y para Europa, rechazando la invasión de la Armada roja en la batalla llamada “milagro del Vistola”  (Wisła). Menciono este hecho porque le permite al niño y adolescente Karol crecer y formarse en un contexto social y cultural serenamente inclinado al catolicismo, y porque personalmente he escuchado a Juan Pablo II recordar en múltiples ocasiones, conmovido y con  inmensa gratitud,  el “milagro del Vistola”.  
En septiembre de 1926 Karol, llamado familiarmente Lolek, comienza a frecuentar la escuela elemental. Más tarde,  s sus nueve años, el 13 de abril de 1929, pierde la madre, fallecida por una enfermedad a tan solo 45 años de edad. Un mes más tarde recibe la primera comunión. En 1930 pasa a la escuela media, en el colegio secundario estatal de Wadowice y elige la rama neoclásica. El 5 de diciembre de 1932 Karol sufre otra perdida, con la muerte de su hermano mayor Edmund, joven médico que fallece curando enfermos durante una epidemia de escarlatina. Queda solo con el padre y a partir de allí guiado por una vida en la cual la oración ocupa un lugar preponderante mientras va creciendo en el estudio, pero también en el juego, la alegría y el deporte.  Otra persona que contribuirá en la formación cristiana de Karol fue el padre Kazimierz Figlewicz, un joven sacerdote que a partir de 1930 enseñaba catecismo en la escuela de Wadowice y en la parroquia reunia a los monaguillos, entre ellos a Karol.   El pequeño Karol se confesaba con el.  Karol lo admiraba y llegaron a entablar una estrecha relación.  El sacerdote lo consideraba un joven muy vivaz, de gran talento, muy lúcido y buenísimo.
Karol es formado con particular amor a la Virgen Maria y una profunda devoción al Espiritu Santo, características que quedaran grabadas profundamente en su alma y a las cuales permanece fiel durante toda su vida.  Su vida religiosa es fortalecida con una asidua oración personal, la frecuencia a los sacramentos, diferentes practicas de piedad y en particular los peregrinaciones a los santuarios marianos, pero también  con su participación en las asociaciones católicas: en la vigilia de la Asunción del 1934 entra a formar parte del Sodalicio Mariano de su parroquia y dos años más tarde es nombrado presidente.
Por otra parte ya a partir de 1934 Karol comienza a participar de las representaciones dramáticas, y dos años más tarde comienza una intensa colaboración con el Director teatral de vanguardia Mieczysław Kotlarczyk,  un enamorado del teatro y profundamente creyente.
EL 3 de mayo de 1938 Karol recibe el sacramento de la confirmación, y el 27 del mismo mes se recibe en el liceo: para la ceremonia de entrega de diplomas es invitado a pronunciar el discurso de despedida.  En agosto del mismo año se muda con el padre a Cracovia, para inscribirse en la facultad de filosofía de la Universita Jaguellonica, y seguir los cursos de filología polaca. Como escribe el mismo en su libro Don y Misterio, esta etapa de su vida introduce al futuro Juan Pablo II en el “misterio mismo de la palabra”.
El estallido de la II Guerra Mundial, iniciada con la invasión a Polonia, el 1 de septiembre de 1939, cambia sin embargo radicalmente el curso de la vida de Karol. En la primavera de aquel año ya había terminado de escribir el volumen de poesía, entonces inéditas, Salmo rinascimental/Libro eslavo, del cual forma parte el himno Magnificat, en el cual decia: 
Apuro hasta los bordes cáliz de rojo vino
En la mesa celeste – tu servidor orante –
Gracias te rinde, Padre, mi juventud bendita,
Tus manos la formaron del corazón de un tilo.
Tu el mas prodigioso escultor de santos.
Son palabras profundamente emotivas y nos hablan mucho de su vida, de su profundidad espiritual,  la comprensión de si mismo y el genio poético del joven Wojtyla, pero también proféticamente, como la Providencia, fue esculpiendo su figura y su persona a través de los dramas e imprevistos de la historia.
La Universidad Jaguellonica fue obligada a interrumpir los cursos en septiembre de 1940. Para evitar su deportación a Alemania el joven Karol comenzó a trabajar como operario en una cantera de piedra asociada con el establecimiento químico Solvay; establecimiento que lo emplearía directamente un año más tarde.  En La cantera de piedra, poema escrito en 1956,  describe esta experiencia que influyo profundamente en el y en el conocimiento de la realidad y las dificultades de la vida y la solidaridad entre los hombres. Allí escribe “toda la grandeza del trabajo bien hecho es grandeza del hombre”.
El 18 de febrero de 1941 muere el padre, que había estado enfermo hacia tiempo..  Karol pierde asi la ultima, y fuertísima relación y afecto familiar.  Mas tarde recordara:  “Nunca me había sentido tan solo como en aquella noche en vela y oración” no obstante la presencia de un amigo.
La vida en la Polonia ocupada era terriblemente dura, la Iglesia era sistemáticamente perseguida y muchísimos sacerdotes fueron asesinados o llevados prisioneros. Sin embargo, aun en tal situación, el joven Wojtyla no solo continúa escribiendo sino que compone dramas que se leerían en el “teatro rapsódico” clandestino, fortaleciendo así la resistencia moral a la opresión nazi y la identidad espiritual y cultural polaca. Pero la experiencia religiosa la profundiza en contacto con Jan Tyranowski, un santo de fina espiritualidad y un autentico formador de jóvenes, quien lo introduce en la lectura de los grandes místicos carmelitas san Juan de la Cruz y santa Teresa de Avila, y el encuentro con el Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen de san Luis Maria Grignion de Montfort, que lo lleva a comprender más profundamente el vinculo entre Maria y Cristo.  De allí su moto de confianza mariano Totus Tuus, autentico emblema de toda su vida,  no solo de su episcopado. Los peregrinos al santuario mariano de Kalwaria contribuyeron a delinear este itinerario de oración y de contemplación, que habrían orientado los pasos del joven Karol hacia el sacerdocio.
(traducido de: Camillo Ruini  Alla sequela di Cristo Giovanni Paolo II il Servo dei Servi di Dio, Cantagalli, Siena, feb 2007)

jueves, 23 de marzo de 2023

El fundamento de la santidad de Maria: su profunda humildad y el Magnificat

 


(Paolo de Matteis Anunciacion - Wikipedia)

 

La profunda fe de la Virgen en las palabras de Dios se refleja con nitidez en el cántico del Magnificat:  "Proclama mi alma la grandeza del Señor; se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava" (Lc 1, 46-48).

Con este canto María muestra lo que constituyó el fundamento de su santidad:  su profunda humildad. Podríamos preguntarnos en qué consistía esa humildad. A este respecto, es muy significativa la "turbación" que le causó el saludo del ángel:  "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo" (Lc 1, 28). Ante el misterio de la gracia, ante la experiencia de una presencia particular de Dios que fijó su mirada en ella, María experimenta un impulso natural de humildad (literalmente de "humillación"). Es la reacción de la persona que tiene plena conciencia de su pequeñez ante la grandeza de Dios. María se contempla en la verdad a sí misma, a los demás y el mundo.

Su pregunta:  "¿Cómo será eso, pues no conozco varón?" (Lc 1, 34) fue ya un signo de humildad. Acababa de oír que concebiría y daría a luz un niño, el cual reinaría sobre el trono de David como Hijo del Altísimo. Desde luego, no comprendió plenamente el misterio de esa disposición divina, pero percibió que significaba un cambio total en la realidad de su vida. Sin embargo, no preguntó:  "¿Será realmente así? ¿Debe suceder esto?". Dijo simplemente:  "¿Cómo será eso?". Sin dudas ni reservas aceptó la intervención divina que cambiaba su existencia. Su pregunta expresaba la humildad de la fe, la disponibilidad a poner su vida al servicio del misterio divino, aunque no comprendiera cómo debía suceder.

Esa humildad de espíritu, esa sumisión plena en la fe se expresó de modo especial en su fiat:  "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, 38). Gracias a la humildad de María pudo cumplirse lo que cantaría después en el Magnificat:  "Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:  su nombre es santo" (Lc 1, 48-49).

A la profundidad de la humildad corresponde la grandeza del don. El Poderoso realizó por ella "grandes obras" (Lc 1, 49), y ella supo aceptarlas con gratitud y transmitirlas a todas las generaciones de los creyentes. Este es el camino hacia el cielo que siguió María, Madre del Salvador, precediendo en él a todos los santos y beatos de la Iglesia.

 (Juan Pablo II Audiencia General 1 de noviembre de 2000)

 

viernes, 3 de abril de 2020

Juan Pablo II y la oracion (1 de 4)



Hablar de la vida de oración de Karol Wojtyla / Juan Pablo II requeriría analizar toda su vida desde su natal Wadowice hasta su despedida en Roma. Ese amor por la oración lo traía de la casa paterna y lo había aprendido de su padre, cuya vida después de la muerte prematura de su esposa, se transforma.... aún más en una vida de constante oración…. 
Cuando Karol despertaba de noche, veía a su padre de rodillas, tal como lo veía siempre en la iglesia parroquial…
Karol, al ejemplo de su padre,   durante los intervalos de estudio acostumbraba ir a otra habitación para rezar…. según nos confiaba el cardenal Dziwisz. La suya, agregaba su fiel secretario,  fue una 
“vida intensa y profunda de oración que incluía diversas formas de conversación con Dios: desde la oración más simple de niño hasta la oración de las horas de sacerdote, y la contemplación.
Tanto en Cracovia como en el Vaticano Karol Wojtyla fué fiel a las diversas prácticas de piedad: la meditación diaria, la adoración del Santísimo Sacramento, el rosario, el Angelus, las letanías al Sagrado Corazón de Jesús, a la Virgen y a todos los Santos.  Jamás abreviaba, nunca las recitaba apurado; la oración tenia para él precedencia ante las demás ocupaciones. 
De Papa confesó que nunca había abandonado la oración del breviario. Le habían quedado profundamente grabadas en el corazón las palabras de San Anselmo: “"Os alimento con lo que yo mismo vivo". Como sacerdote era consciente que el “nuestro ministerio de la palabra consiste en manifestar lo que primero ha sido preparado en la oración.”, que ” las verdades anunciadas deben descubrirse y hacerse propias en la intimidad de la oración y de la meditación.” (En el XXX aniversario del decreto Presbyterorum Ordinis, 27.10.1995)”
Desde pequeño oraba ante la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en la nave lateral de la iglesia parroquial;  mas tarde en el convento de los padres carmelitanos allí “sobre la colina” de la calle Karmelicka, donde a los 10 años se inscribió en la cofradía y le fue impuesto el escapulario que llevó siempre, y cuando fue manchado con sangre aquel 13 de mayo de 1981 encargó uno nuevo a los padres carmelitanos de la Iglesia de Santa Maria in Traspontina en Roma.
Con su padre iba a orar al Santuario de Kalwaria Zebrzydowska ante la imagen de la Virgen y continuaban orando por los senderos del Calvario. Alli volvería a menudo como Arzobispo de Cracovia y mas tarde Cardenal.  Y al 
 Santuario de la Virgen Madre y Reina de todos los polacos de Jasna Gora. 
Despues de la mudanza, junto a su padre, de Wadowice a Cracovia,  cerca de la iglesia de San Estanislalo Kostka, donde conoció a Jan Tyranowski, comenzó su “Rosario viviente” y profundizó su devoción a la Virgen, cautivado por los escritos de Luigi Maria Grignon de Montfort.
Cuando era Obispo de Cracovia oraba en la capilla hasta las 11 y allí mismo escribía…
En sus poesías nos dejo preciosos versos que son un himno al Amor compuesto por suplicas, plegarias y meditaciones que nos llevan a unirnos a ese mundo tan suyo, pero que el supo compartir donándose por entero. Recordamos algunas: el Magnificat, la Canción sobre el Dios oculto, El Cántico al esplendor del agua, La Madre, La Iglesia, la Peregrinación a los Santos Lugares, las Meditaciones... que otra cosa son sino expresiones poéticas de aquella oración opus gloriae que se extendió durante todos los días y momentos de su vida!
Ante el Umbral de la esperanza (la conversación de Juan Pablo II con Vittorio Messori) contiene dos capítulos que se refieren a la oración (2 y 3) “Nosotros empezamos a rezar con la impresión de que es una iniciativa nuestra: en cambio, es siempre una iniciativa de Dios en nosotros” 
“Se puede y se debe rezar de varios modos, como la Biblia nos enseña…hay que rezar con “gemidos inefables”, para entrar en el ritmo de las súplicas del Espíritu mismo. 
Hay que implorar para obtener el perdón, integrándose en el profundo grito de Cristo Redentor Y a través de todo esto hay que proclamar la gloria. La oración siempre es un opus gloriae” “El hombre alcanza la plenitud de la oración no cuando se expresa principalmente a si mismo, sino cuando permite que en ella se haga mas plenamente presente el propio Dios” 
“La oración es una búsqueda de Dios pero es también revelación de Dios”
“En la raiz de su incansable acción apostólica esta claramente la intensidad y la profundidad de la oración” decía el cardenal Camilo Ruini en su discurso de apertura del proceso de investigación diocesana en San Giovanni in Laterano en Roma el 28 de junio de 2005 y recordaba lo que Juan Pablo II mismo había dicho el 29 de octubre de 1978 durante su visita al Santuario Della Mentorella. “La oración, que es expresión en distintos modos de la relación del hombre con el Dios vivo, es también la primera tarea y como el primer anuncio del Papa, del mismo modo que es el primer requisito de su servicio a la Iglesia y al mundo.”
Y Joaquín Navarro-Valls decía en una entrevista “su relación especial con la oración, a la que diariamente dedicaba varias horas", "una parte fundamental de su vida", era “Uno de los rasgos de la personalidad de Juan Pablo II que más fascinaba” Y en otra entrevista al preguntársele “-¿Cómo reza el Papa?” respondía “ -A juzgar por la imagen exterior, con una intensidad de fe que explica muchas cosas de su pontificado”…
Finalmente es imposible no recordar su “paso de la vida a la vida” y aquella oración universal - que entre lágrimas y rezos se elevaba en un Magnificat de agradecimiento envolviendo la plaza San Pedro y extendiendo el eco a todos los rincones del mundo aquel primer sábado de mes vìsperas del Domingo de la Misericordia de 2005! Y las emotivas palabras de entonces cardenal Joseph Ratzinger en su homilía “ El amor de Cristo fue la fuerza dominante en nuestro amado Santo Padre; quien lo ha visto rezar, quien lo ha oído predicar, lo sabe. Y así, gracias a su profundo enraizamiento en Cristo pudo llevar un peso, que supera las fuerzas puramente humanas; Ser pastor del rebaño de Cristo, de su Iglesia universal.

(En este enlace podemos rezar ante la tumba de Juan Pablo II en la Basilica San Pedro)