Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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miércoles, 16 de julio de 2025

El espíritu carmelitano de Karol Wojtyla

 

El 7 de junio de 1979 Karol Wojtyla, ya como Papa Juan Pablo II en un  discurso muy emotivo demostraba el enorme cariño por su ciudad de origen y decía que llegaba “con gran emoción a la ciudad en que nací, a la parroquia en que fui bautizado y acogido para formar parte de la comunidad eclesial, al ambiente al que estuve vinculado durante 18 años de mi vida: desde el nacimiento hasta el examen de madurez.

  


(Izq. Santuario de San José, en el medio estatua en honor a San Rafael Kalinowski, al fondo convento carmelitano)

Evidentemente no hubo tiempo entonces en acercarse a su querido Santuario de San Jose, parte del Monasterio de los padres carmelitanos, que habían llegado a Wadowice en 1892 y entre  1897/1899 construyeron en “la colina” una iglesia y un monasterio. El arquitecto de la iglesia y prior de la comunidad carmelita había sido San Rafael Kalinowski. En esta Iglesia después de su primera comunión Karol recibió el escapulario de manos del padre Sebastián y la iglesia guarda uno de sus escapularios expuesto en un relicario como un preciado tesoro.

Fue recién durante su viaje de 1983 que pudo rendir el correspondiente  homenaje,  si bien no en Wadowice, sino en Cracovia,  beatificando al padre Rafael Kalinowski, aquel mártir del confesionario”,  que había comenzado su vida carmelitana tardíamente, a los 42 años,  y fue proclamado santo en Roma el 17 de noviembre de 1991, con ocasión de un aniversario por cierto significativo: el IV Centenario de la muerte de San Juan de la Cruz. 

Karol Wojtyla no solía hablar mucho de su propia vida  y de lo que le había acontecido, es por sus amigos, compañeros y maestros que han quedado registrados detalles.   Es así que en Boniecki (Kalendarium) leemos que después de haber sido consagrado obispo visitó su querido convento de “Na Gorce” (en la colina) en Wadowice y su visita quedo anotada en el Convento  con el siguiente comentario firmado por el padre carmelita Boguslaw Woznicki:  “Al visitar el seminario carmelitano ya como obispo auxiliar, inmediatamente después de su consagración, nos decía ” Me alegra compartir con ustedes mi devoción a la Virgen Maria, Madre del Escapulario. Siempre llevo el escapulario que recibí de manos del padre Sylvester el dia de mi primera comunión y si bien vivía casi pegado a la iglesia parroquial, siempre he permanecido muy unido a vuestra iglesia “en la colina” . Entre todos los servicios que encantaban a mi alma de niño, uno de los más preciados era la novena preparatoria a la fiesta de Nuestra Señora del Monte Carmelo, durante las vacaciones de verano. En aquellos días no solíamos irnos de vacaciones como ahora.  Yo pasaba mis vacaciones en Wadowice y nunca me perdía la novena durante los años que viví allí. A veces era difícil dejar los amigos, dejar las refrescantes olas del rio Skawa,  pero el poderoso toque de las campanas carmelitanas era más fuerte,  penetraba hasta el alma y así dejaba todo y partía.  Debo reconocer que yo vivía casi pegado a la iglesia de Wadowice, pero “creci” al amparo de la Iglesia de San José.     

Durante sus primeros años de vida en Cracovia fue Jan Tyranowski quien afirmó su devoción carmelitana introduciéndolo en los escritos de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa de Ávila, tal como Juan Pablo II reconoce en Don y Misterio.  Este sastre,  un laico contemplativo  (que formo un grupo de jóvenes llamado rosario viviente) introdujo a Karol a la espiritualidad carmelitana y sobre todo en el conocimiento del místico español San Juan de la Cruz. El sastre intuyó cuanto podía influir la vida de San Juan de la Cruz en este otro poeta,  y no se equivocó,  pues Karol Wojtyla estudiará el español para comprenderlo mejor y escribirá más tarde su obra doctoral  La fe segùn San Juan de la Cruz.  El traductor al español de la obra nos dice que en 1964, Karol Wojtyla encontrará en su camino universitario no al estudiante de Salamanca, sino al santo y al doctor de la Iglesia." 

En Don y Misterio Juan Pablo II además nos cuenta que en Cracovia se “acrecentó su interés por la espiritualidad carmelitana….en la calle Rakowicka, había un monasterio de Padres Carmelitas Descalzos. Tenía contactos con ellos y una vez hice allí mis Ejercicios Espirituales, con la ayuda del P. Leonardo de la Dolorosa. Durante un cierto tiempo consideré la posibilidad de entrar en el Carmelo. Las dudas fueron resueltas por el Arzobispo Cardenal Sapieha, quien -con el estilo que lo caracterizaba- dijo escuetamente: "Es preciso acabar antes lo que se ha comenzado''. Y así fue. “

Su sentir con el Carmelo fue constante y viviente.  Cito aquí solo algunos ejemplos: su visita al Carmelo de Lisieux  donde en su discurso demostraba su profunda cercanía y admiración por la orden.  al igual que su visita en 1982 a las religiosas carmelitas de Avila,   como asi también  su discurso con ocasión del acto de clausura del IV centenario de la muerte de Santa Teresa. 

Invito leer el precioso escrito:  “Juan Pablo II y el Carmelo Teresiano” de  Jesus Castellanos Cervera 


 

jueves, 16 de enero de 2025

Jan Tyranowski, el sastre místico, inspirador de Karol Wojtyla

 


Grandes cosas se le revelaron al joven Wojtyla cuando sus oídos se prestaron a la escucha de las palabras del sastre Jan Tyranowski y sus ojos se fijaron en el brillo de aquellos otros ojos. 

Ya como sacerdote maduro Karol Wojtyla lo cuenta en sus textos,  hablando no solo del sastre,  sino también del estudiante que lo escuchaba. La ciencia de Jan Tyranowski no estaba a la altura del joven Wojtyla;  Wojtyla no el maestro de Jan, sino Jan de Wojtyla. Jan comprendía sobre todo aquello que el hombre solamente recibe de Dios, o sea aquello que no se aprende en los libros.  Jan era un arbusto que ardía para Dios.  Miraba a Dios y Dios lo miraba a el.  La labor de Jan no sobresalía, pero  era muy grande la importancia de su ser de donde emanaba su forma de actuar, o sea el gran amor y la profundidad del conocimiento del hombre.  Ese sastre de un barrio periférico de Cracovia educaba a los jóvenes sin tener la mas mínima idea de que se trataba la educación.  Les daba a ellos aquello mismo que el experimentaba buscando a Dios. Les hablaba de su vida con Dios y en Dios. Les hablaba  - como escribe Wojtyla -  de una manera que nada tenía que ver con la perfección, y sin embargo sus palabras eran más adecuadas al misterio del hombre y de Dios que muchos elucubraciones académicas. No debe maravillarnos entonces que Jan haya influenciado tanto la manera de pensar y filosofar de Wojtyla. La persona y los actos de Jan Tranowski fueron la primera fuente inconsciente de inspiración para Persona y acto. Meditando junto a el sobre el hombre y sobre Dios, Karol Wojtyla vio como el hombre-persona es un evento del amor divino humano y de la verdad divino humana.  Es justamente esto que vemos de lejos y nunca directamente.

 Karol Wojtyla tomaba conocimiento de Jan y aprendía de él en momentos particulares, como por ejemplo aquella noche en la cual se quedaron,  junto a otros jóvenes,  para escucharlo mientras hablaba con expresiones poco sofisticadas de la intimidad del hombre con Dios. Aquella noche el estudiante Wojtyla escuchaba las “voces” que le llegaban mediante frases torpes en gramática pero con las cuales Jan Tyranowski se abria y se daba por entero.   Prestando oídos a las palabras de Jan sobre la convivencia con Dios, vio que le hombre es grande solo cuando es Epifanía de Dios.

 El sastre Tyranowski introdujo al joven Wojtyla en el mundo de la mística, en un tiempo en el cual arreciaba con furia y calculada precisión  la mentira del  nazismo alemán,  y el azote ruso ya había comenzado a pesar sobre los polacos. Tyranowski infundía en los jóvenes las fuentes místicas, en busca de  la libertad.  Con la ayuda de grandes místicos como San Juan de la Cruz y Luis Maria Grignon de Montfort, les enseñaba a conquistar la libertad a diario,  sin importar el precio a pagar. En el espacio de la experiencia de las personas, en comunión con otras, les enseñaba a leer la Biblia, la poesía y las obras de grandes pensadores. Sin recurrir a manuales. Iba por delante de ellos, aferrándose a la persona de Cristo, en el cual encontraban el «agua viva» (Jn 4,10),  que  apagaba su deseo de la realidad más lejana y al mismo tiempo la mas cercana al hombre.  Con su sola presencia, el sastre Jan le mostro a Wojtyla el sentido de estar ante el hombre. Como sacerdote, como obispo y después como Papa, Karol Wojtyla siempre tuvo presente este dialogo de los dones recibidos en aquel cuartito del sastre, en la convivencia pastoral con los estudiantes y con los profesores de Cracovia, de los cuales nació el así llamado “ambiente” (środowisko).

 (traducido de Stanislaw Grygiel: Dialogando con Giovanni Paolo II, Cantagalli, 2013)


viernes, 27 de julio de 2012

Karol Wojtyla nos revela al “apóstol” Jan Tyranowski (4 de 4)




 “El fue un apóstol de la grandeza de Dios, de la belleza de Dios y de la trascendencia de Dios y lo habia aprendido de su guía espiritual San Juan de la Cruz. Dios existe dentro de nosotros no para que lo sofoquemos en los limites de nuestro espíritu humano;  Dios está dentro nuestro para apartarnos de nosotros hacia Su trascendencia sobrenatural. Ese además era el objetivo primordial del empeño de Jan.  En esto él era el más fuerte, el más claro, el más convincente, el más apostólico. Dios está dentro nuestro.  Jan lo sabía.  Con frecuencia podía encontrarse a Jan a orillas del Wisla, o en su propia casa, hablándoles a los jóvenes acerca de la esencia de las virtudes de Dios, los métodos de meditación o los misterios de los dones del Espíritu Santo. Estas charlas estaban lejos de ser perfectas, pero como ya hemos mencionado antes era en estas meditaciones donde se descubría la fuente de su fortaleza.  Si tuviésemos que  resumir el estilo apostólico de Jan, deberíamos decir que él no buscaba educarnos para ser meramente buenos,  no era moralista ni psicólogo.  El era un verdadero educador y teólogo. El era consciente de los dones depositados por la Gracia Divina en la profundidad del alma humana y quería hacer emerger esta gracia en el hombre. El quería descubrirla y ponerla en evidencia en cada uno de sus jóvenes discípulos. El quería ayudar a desarrollar este recurso en el hombre, un recurso que debemos seguir descubriendo…
La postrera experiencia de Jan para  nosotros fue su enfermedad y muerte. Pero agrego algunos datos más sobre su persona:
Este hombre no fue una ficción o un símbolo, sino un ser viviente real. Su nombre era Tyranowski. Jan Tyranowski. Vivio en Krakow, en Debniki, en la calle Rozana 15. Nació en 1900 y murió en marzo de 1947…Su familia era de típica clase media suburbana. Su padre y su hermano Eduardo murieron antes que él y su madre  cuando el yacía en su propio lecho de muerte. Es de notar que sus actitudes, por ejemplo la manera de usar su reloj, sus expresiones, todos los detalles que son el reflejo de un entorno social, eran totalmente acordes a ese ambiente.  La diferencia real y total estaba oculta en su interior, y era desde adentro que todas sus costumbres habituales cobraban un carácter particular.  Jan seguía su vida según el libro Mistyka del padre Semenenko. Más tarde San Juan de la Cruz y Santa Teresa del Niño Jesús llegaron a ser sus maestros por excelencia. No solamente sus maestros sino que lo llevaron a descubrirse a sí mismo, explicaron y justificaron toda su vida.
La muerte de Jan fue sin dudas una forma de sacrificio.  Jan enfrento la muerte concientemente, la deseaba y oraba por ella….(Karol Wojtyla, “El apóstol”, TP, 5/1949)  

(traducido de The Making of the Pope of the Millenium – Kalendarium of the Life of Karol Wojtyla,  de Adam Boniecki, MIC (Marian Press, 2000). El original en polaco fue publicado en 1983;  la traducción al  inglés -  ampliada y revisada -   en el 2000,  fue dedicada al Papa Juan Pablo  II al cumplir 80 años. ( “El apóstol”, un articulo sobre Jan Tyranowski,  segundo ensayo de  Karol Wojtyla(, contiene datos autobiográficos y  fue  publicado en Tygodnik Powsechny  en marzo de 1949)

sábado, 23 de junio de 2012

Karol Wojtyla nos revela al “apóstol” Jan Tyranowski (3 de 4)



"Y bien, quien era este Jan? Ya hemos dicho que fue un apóstol.  El Apostolado se percibe como una extensión y expansión de la contemplación de la persona hacia la sociedad en general, como una transferencia de los efectos de esa contemplación intima hacia los demás.  Jan era una persona profundamente  inclinada a la contemplación,  no pretendía ser un activista, ni era orador. En realidad para él todo el entorno de lo exterior era una obligación necesaria. Toda su vida, desde su más temprana edad,  era fiel testimonio que siempre trató de evitar la acción directa, un contacto directo con los demás.   Fue justamente por eso que en su juventud cambio de tarea: de su profesión de contador se convirtió en sastre en el negocio de su padre.  Al avanzar su padre en edad  el hermano mayor de Jan, Eduardo,  se hizo cargo del negocio.  Su círculo más íntimo se completaba con la madre, ya anciana.  En ese entorno Jan hallo la  tranquilidad y el aislamiento necesario del mundo;   después de un periodo de contemplación,  comprendió que este era su verdadero llamado.   Lo que él buscaba era aislarse con Dios, ese aislamiento que socialmente solo podía comprenderse desde el punto de vista del cristianismo. En el cristianismo, esta trascendencia es explicada por las enseñanzas del Cuerpo Místico de Cristo.

Pero porque Jan no entro en un monasterio?  Era una pregunta que debía escuchar a menudo. Sus respuestas nunca fueron del todo satisfactorias.  Parecería que Jan creía que la vida monástica sería demasiado difícil y exigente, colmada de responsabilidades.  De todas maneras aun  cuando el se aislaba del mundo permanecía en el.  Su vida, sin embargo, estaba dedicada a un profundo ascetismo, cuyos detalles es imposible describir aquí.   Hay abundante información que nos indica que Jan utilizaba todos los medios a su disposición para dominar su cuerpo.   Podría sospecharse que aun abusada de ello.  Pero el elemento principal de su vida interior, era, sin embargo, la contemplación.   Para el esto no significaba un análisis razonado de las verdades de Dios,  o un razonamiento puro. Su objetivo era enamorarse del sujeto por medio de la contemplación, su búsqueda no apuntaba a un ejercicio árido de la mente, sino a un ejercicio pleno del espíritu.

Hasta donde estos esfuerzos (que en momentos llegaban a cuatro horas de contemplación diaria) llevaron a Jan mas allá de la esfera de lo tangible, en qué medida se encontró el con la desconocida e insondable realidad de Dios – es algo que seguirá permaneciendo su exclusivo secreto. Quienes lo conocieron pueden juzgarlo por los resultados, por los frutos de su trabajo. Para Jan, la contemplación era una búsqueda directa de Dios, no un enfoque gradual a la visión sobrenatural del mundo afectada por el misterio de la Encarnación.  Este último aspecto, pareciera que estaba menos desarrollado en la vida intima de Jan.  El amor a Jesucristo, que era Dios, era para el como un puente hacia la trascendental realidad de Dios,  y no una forma sobrenatural de ver al mundo.  Su avance en encontrarse con Dios ocurría en medio de gran sufrimiento interno.  Esto solo podemos asumirlo en base a muchas expresiones de Jan.  Si bien el no era de hablar de sí mismo, a menudo hablaba de estos temas.  Era obvio que éstas eran las experiencias más significativas de su vida.

Imaginémonos ahora esos momentos.  Jan fue convocado al apostolado;  fue convocado, porque debido a su carácter solitario el por si mismo nunca hubiese ido a su encuentro.   Por temperamento el no era  un activista, jamás se imagino que podría influir en alguien.  (En general era el tipo de persona cuya medida plena  de valor social solo puede lograrse mediante un principio guía como lo es Cuerpo Místico)  Se disculpaba ante su confesor….”Pero no se hablar…” “No te preocupes” le respondería, “Dios te ayudará. No temas”   Y Jan se atrevió.   Debemos entender esto plenamente para comprender cuanto coraje sobrenatural necesitaba Jan para hacer lo que hizo.  Porque el era muy diferente a quienes servía.    EL camino que recorrió  muy diferente al de ellos.   Además no hablaba su lenguaje, no pensaba en sus términos; pero sobre todo  existía esa diferencia de nivel en cuanto a vida interior.  Por ello debió bajar al nivel de quienes servía y comenzar a aprender cosas que consideraba superfluas y sin valor.  Pero como pudo la vida interior de ellos, sus limitados conceptos de Dios, encontrarse con el fruto madura de su contemplación?  El se dio cuenta, sin embargo, que lo que era necesario era introducirlos al misterio mismo.  Antes de la guerra ya había sido miembro de la Acción católica; ocupo el cargo de secretario y cumplió con sus tareas con absoluta responsabilidad  evidente en todo nivel.   Pero entonces solo era un mero trabajador del apostolado. Aun no había madurado a la revelación apostólica de lo que iba acumulándose en su interior; aun no se había atrevido a desarrollar un apostolado audaz y personal.

Esto ocurrió más tarde.  Jan comprendió que Dios lo llamaba. Pero para el debió haber sido un salto largo y difícil…."

(traducido de The Making of the Pope of the Millenium – Kalendarium of the Life of Karol Wojtyla,  de Adam Boniecki, MIC (Marian Press, 2000). El original en polaco fue publicado en 1983;  la traducción al  inglés -  ampliada y revisada -   en el 2000,  fue dedicada al Papa Juan Pablo  II al cumplir 80 años.  “El apóstol”, un articulo sobre Jan Tyranowski,  segundo ensayo de  Karol Wojtyla(, contiene datos autobiográficos y  fue  publicado en Tygodnik Powsechny  en marzo de 1949)

jueves, 26 de abril de 2012

Karol Wojtyla nos revela al “apóstol” Jan Tyranowski (2 de 4)



“Pero era realmente necesario aceptar a Jan antes de aceptar lo que nos estaba transmitiendo? Jan sencillamente proclamaba la verdad acerca de la totalidad de la vida sobrenatural del hombre, que no es otra cosa que el cumplimiento de las riquezas de nuestra Fe.  Estas verdades  eran bien conocidas del catecismo, de libros, de sermones.  Es que Jan realmente  proclamaba algo nuevo?  Es justamente esto lo que Jan no hacía, no enseñaba, oficialmente.  Jan sencillamente cosechaba almas en el verdadero sentido de la palabra.   El quería que estas almas aceptaran las verdades de la religión de una manera fresca, nueva, no como prohibiciones o limitaciones.  El quería extraer de las bondades sobrenaturales que el sabia albergaban todas las almas, la forma real de la vida sobrenatural del hombre; una vida que por medio de la gracia de Dios, se hace participe en la vida de Dios.

Esa era la dificultad de su particular intento.  Imaginen,  en la medida de lo posible,  a estos jóvenes que juzgaban a Jan con escepticismo,   poseedores de un sentimiento superlativo de su autosuficiencia y arrogancia típica de su edad.  Y cada uno de ellos preguntaba: que quiere este hombre de mi?  Qué es lo que cree que me falta a mi?  Porque habían captado rápidamente que Jan exigía algo de ellos, de sus vidas, de sus convicciones, sus emociones, sus actitudes.  En primera instancia no era fácil determinar qué era lo que en realidad exigía. La verdad de una vida nueva, más plena, una verdad que Jan ya poseía y que les era totalmente desconocida.      No era cuestión de discursos o conferencias, de aprender algo nuevo, sino de reformar su vida y sus actitudes – una vida, que hasta entonces, les parecía bastante buena, virtualmente perfecta, inviolable, impermeable a influencias externas, especialmente ante  intento de la influencia de un hombre exageradamente piadoso y anciano. Cada uno de nosotros desafiábamos tenazmente la verdad de las palabras de Jan y nos resistíamos ante sus observaciones apuntaran a donde apuntasen ya fuera a la razón, emociones o otras fuentes.  Fue un duro y largo esfuerzo ,  durante el cual los procesos de la Gracia se activaron en estas almas jóvenes y  se fueron  complementando a través del contacto con la vida interior de este hombre bueno y sencillo. Su vida interior era como un ancla mas allá de sus palabras;  explicaba sus acciones, nos atraía a él a pesar de nuestras reservas y resistencia. Sus palabras a menudo nos ofendían, no porque fuesen inapropiadas, sino porque eran tan poco originales, porque nuestra auto estima se sentía lastimada por la magnitud del  abismo que separaba su vida interior de la  nuestra. El nos mostro a Dios mucho mas directamente que cualquier sermón o libros; el nos demostró que Dios no solamente podía ser estudiado, sino vivido. Pero ante todo, nos sorprendía con hechos. Indudablemente existe una gran diferencia entre lo que es proclamado por un apóstol y lo que es proclamado por cualquier otra persona. Ante todo hay una diferencia en la actitud y la receptividad del que escucha.  El apóstol debe  estar – y está preocupado por al menos un incipiente cambio en el que escucha.  Y este cambio no es consecuencia de  argumentos razonados, sino  el resultado de la Gracia que trasciende meras  palabras.  Y cuanto más difícil es convencer cuando el resultado deseado no es solamente la aceptación de la verdad, sino también el cambio del propio ego, que trasciende el yo.

Eso era lo que había de especial en Jan;  te hacía sentir que este hombre trascendía los procesos de gracia.    Reitero: nos sorprendía con el hecho consumado.  No obstante toda la resistencia, reservas o prejuicios ante sus palabras, la forma en que se expresaba,  los pensamientos que escribía sobre la vida interior (que en realidad consistían en copiar pasajes de libros sobre espiritualidad)  despertaba cierta necesidad de ceder a su verdad interior e imitar la vida que el mismo vivía y de la cual era apóstol.  Un teólogo podría objetar que tales conclusiones no son apropiadas  en cuanto que una influencia apostólica puede surtirse de carismas, de gracia gratuitamente otorgada por Dios, que en sí mismas aun no nos dicen nada acerca de la santidad de una persona en particular.   Pero el apostolado de Jan no estaba destinado a las masas.  Jan hacia su labor ante todo por medio de conversaciones individuales  y consultas, cuando no brindaba charlas, cuando no enseñaba, sino que todo lo alcanzó por medio de la gravedad que poseía su vida interior.”


(traducido de The Making of the Pope of the Millenium – Kalendarium of the Life of Karol Wojtyla,  de Adam Boniecki, MIC (Marian Press, 2000). El original en polaco fue publicado en 1983;  la traducción al  inglés -  ampliada y revisada -   en el 2000,  fue dedicada al Papa Juan Pablo  II al cumplir 80 años.  “El apóstol”, un articulo sobre Jan Tyranowski,  segundo ensayo de  Karol Wojtyla, contiene datos autobiográficos y  fue  publicado en Tygodnik Powsechny  en marzo de 1949.) 

domingo, 5 de febrero de 2012

Karol Wojtyla nos revela al “apóstol” Jan Tyranowski (1 de 4)


Se trata del segundo ensayo de Karol Wojtyla y fue  publicado en TygodnikPowsechny  en marzo de 1949. Era un artículo sobre Jan Tyranowski titulado “El apóstol” y contiene datos autobiográficos.   
Traduzco los trozos de ese texto, que fueron publicados  en The Making of the Pope of the Millenium – Kalendarium of the Life of Karol Wojtyla,  de Adam Boniecki, MIC (Marian Press, 2000). El original en polaco fue publicado en 1983;  la traducción al  inglés -  ampliada y revisada -   en el 2000,  fue dedicada al Papa Juan Pablo II al cumplir 80 años.    

“Creemos que es necesario recordar a Jan por diversas razones. Ante todo para refrescar la memoria de aquellos que lo conocieron;  por otra parte para fomentar aplicaciones creativas en la metodología apostólica católica. Porque en aquel grupo particular,  que por una variedad de razones debió dispersarse muy pronto, Jan jugaba un papel preponderante:  fue un apóstol en todo el sentido de la palabra.  Cuando el hablo por primera vez y aun la segunda en reuniones del grupo de aprendizaje religioso, todas los jóvenes presentes lo tomaron con gran reserva.  Esto en parte se debía a la obvia diferencia de edad (Jan estaba encaneciendo pese a sus apenas 40 años) pero mucho más por su manera de presentar los temas, una forma que parecía demasiado piadosa, de catecismo, nada original.  De manera que las primeras reuniones con Jan  crearon cierta distancia entre el y nosotros, actitud que parecía potenciada justamente por aquellos que luego más se acercarían a él. Pero no debiera sorprender que nuestra primera reunión resultase, aparentemente, tan desfavorable.   Entablábamos un acercamiento entre nosotros desde polos muy diferentes, no sabiendo nada el uno del otro. Además,  como jóvenes,  sin idea alguna que en la esfera de la religión, que todos profesábamos activamente, pudiesen existir las posibilidades que Jan nos revelaba.
En este punto nuestros recuerdos necesitan un comentario acerca de la metodología misma en presentar  estas memorias sobre él,  pues no es fácil recordar a este hombre, quien no puede ser comprendido bajo la luz de una mera recopilación de  acontecimientos de su vida. Para nosotros los acontecimientos no lo definían.  Los actos externos nunca podrían abarcar todo acerca de él.   Si todo contacto con una persona nos deja una impresión general, también nuestras impresiones y juicios sobre Jan fueron formados en base a nuestro contacto con él a lo largo de varios años.  
Nuestras impresiones de Jan partían de considerar a este hombre como un caballero mayor piadoso y de una convicción personal que estábamos frente a alguien que indudablemente era santo. De tal manera nuestra experiencia interna de Jan  cubrió toda nuestras resistencia y reservas, y su personalidad quedo grabada indeleblemente en nosotros.  Es esta la personalidad que es objeto de estos recuerdos, al igual que su humanidad transfigurada de tal manera que sus palabras y hechos eran tan solo un magro reflejo de ésta, porque sus palabras y hechos debían parecer muy comunes a cualquiera que no fuese transportado a la órbita de la vida interior de Jan.  No, Jan no podría ser conocido desde afuera, el debía ser captado y vivido desde adentro.
Nuestro camino en conocer a Jan fue tanto más difícil porque el nos traía un concepto de vida totalmente desconocido para nosotros. El quería acercar a quienes lo escuchaban a esta nueva vida. El fue el apóstol y el maestro de este concepto nuevo.   Y ésta es la esencia: el fue un apóstol.  Su presencia misma, testimoniaba la verdad que proclamaba.”
  

jueves, 20 de enero de 2011

Jan Tyranowski : una figura clave en la vida de Karol Wojtyla


Hablando de su parroquia salesiana en el barrio de Debniki en Cracovia, Juan Pablo II recuerda en su libro Don y Misterio aquel “ambiente y, en éste, de un personaje de quien recibí verdaderamente mucho en ese período. El ambiente era el de mi parroquia, dedicada a San Estanislao de Kostka, en Debniki, Cracovia. La parroquia estaba dirigida por los Padres Salesianos, los cuales un día fueron deportados por los nazis a un campo de concentración. Únicamente quedaron un viejo párroco y el inspector provincial, pues todos los demás fueron internados en Dachau. Creo que el ambiente salesiano ha tenido un papel importante en el proceso de formación de mi vocación. En el ámbito de la parroquia había una persona que se distinguía sobre las demás: me refiero a Jan Tyranowski. Era empleado de profesión, aunque había decidido trabajar en la sastrería de su padre. Afirmaba que su trabajo de sastre le hacía más fácil la vida interior. Era un hombre de una espiritualidad particularmente profunda. Los Padres Salesianos, que en aquel período difícil habían reemprendido con valentía la animación de la pastoral juvenil, le encargaron la tarea de establecer contactos con los jóvenes del círculo del llamado "Rosario vivo''. Jan Tyranowski llevó a cabo esta tarea no ciñéndose únicamente al aspecto organizativo, sino preocupándose también de la formación espiritual de los jóvenes que entraban en contacto con él. Aprendí así los métodos elementales de autoformación que se vieron después confirmados y desarrollados en el proceso educativo del seminario. Tyranowski, que se estaba formando en los escritos de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa de Ávila, me introdujo en la lectura, extraordinaria para mi edad, de sus obras.”


Y Rocco Buttiglione (*) habla de la influencia de Tyranowski en Wojtyla:


“Jan Tyranowski (**) fue un líder laico en la parroquia salesiana San Estanislao Kotska del barrio Debniki (Cracovia). Wojtyla lo conoció en 1940, probablemente el 20 de Febrero. Eran momentos de una aguda escasez de sacerdotes; muchos habían sido asesinados por los alemanes, otros se encontraban en prisión. Siete de los sacerdotes de la parroquia habían sido deportados a campos de concentración. El responsable de la parroquia era el Padre Jan Mazarski. Ante la crítica situación debió apoyarse en los laicos más de lo que solía hacerse. Tyranowski le fue de especial ayuda.
El padre Mazarski reunía a los jóvenes todos los domingos. Debatían sobre la razonabilidad de la fe cristiana, las objeciones comunes con las que se encontraban a diario, y discutían los temas teológicos que se iban presentando. Tyranowski siempre se distinguió en estas reuniones y pronto pasó a ocuparse formalmente de ellas. Este sastre de Debniki, sin estudios teológicos específicos, vivía un misticismo profundo y personal. Wojtyla recuerda que su forma de hablar era como la de los demás, lo que llamaba la atención en él era que las verdades doctrinales expresadas en diferentes manuales o textos en los que se basaba eran para el de practica diaria.
Habiendo constatado para si la verdad de la fe, Tyranowski no temía proponerle a la gente joven que debían reunirse para comprometerse juntos a vivir esta misma fe. El era el líder del “rosario viviente” en la parroquia – grupos de unos quince jóvenes (como los quince misterios del rosario ***) quienes se comprometían a una amistad enfocada hacia la perfección cristiana. Se comprometían a ayudarse mutuamente en las diferentes situaciones de la vida y ante todo a asumir la responsabilidad de caminar juntos hacia la perfección cristiana. Cada grupo de quince constituía una “corona viviente” del rosario. Tyranowski se encargaba de todas estas reuniones y era el formador general del grupo.
A Tyranowski le gustaba mucho la psicología y – a juzgar por lo que decían sus alumnos - su interés no sólo era teórico, tenía también notables aptitudes para poner en práctica esos conocimientos, dos elementos de su personalidad que vemos reflejados en la obra de Wojtyla.
El interés teológico de Tyranowski iba dirigido al misticismo, especialmente sus fuentes en el maestro de la espiritualidad francesa, Adolphe Alfred Tanquerey, y también a los grandes místicos carmelitanos, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Avila y Santa Teresa de Lisieux. Es probablemente debido a la influencia de Tyranowski que Wojtyla decidió su doctorado en teología sobre San Juan de la Cruz, y estaría profundamente influenciado por la espiritualidad carmelita, tanto que en determinado momento de su evolución espiritual, consideró entrar al Carmelo.


(*) Rocco Buttiglione: Karol Wojtyla The thought of the Man Who Became Pope John Paul II, William B. Erdmans Publ. Co. 1997, ch.2

(**) Wojtyla dedico su primer escrito publicado a Tyranowski: Apostol en Tygodnik Powszchny 5/35. Un recuerdo que incluye información autobiográfica.

(***) entonces eran quince, Juan Pablo II agrego cinco más los misterios luminosos (misterios de luz)

jueves, 14 de febrero de 2008

Karol Wojtyla y Jan Tyranowski


En febrero de 1940 Karol Wojtyla conoció a Jan Tyranowski, “ una persona que se distinguía sobre las demás… un hombre de una espiritualidad particularmente profunda” como dice Juan Pablo II en “Don y Misterio”.

El profesor Bogdan Piotrowski, gran conocedor de la persona y la obra de Karol Wojtyla/Juan Pablo II, es Doctor en Ciencias Humanas por la Universidad de Varsovia (Polonia) y Director del Departamento de Lengua y Literatura de la Universidad de La Sabana de Colombia, y comenta en Pensamiento y cultura, Vol 10 (2007) la relacion entre Jan Tyranowski y Karol Wojtyla.

El encuentro con este promotor de la formación mística entre los jóvenes le cambió la vida. Fue él quien le enseñó que no basta aprender de Dios sino que hay que vivir a Dios. Para el joven Karol, la realidad y la existencia adquirieron una nueva dimensión, aunque en algunos puntos no estaba plenamente de acuerdo con aquél. Más tarde escribió: “Parece que Jan subrayaba demasiado cierta separación de la vida, interpretada con demasiada rigidez. Por ejemplo, no disponía de una visión plena de asuntos sobrenaturales como el matrimonio y la labor creativa en lo profesional, lo social y lo cultural. En relación con la vida, el cristianismo es mucho más valiente que como él lo proyectaba” (25) Es importante señalar, igualmente, que fue Tyranowski quien por primera vez le habló a Wojtyła de san Juan de la Cruz (26). Es bien sabido que el místico español ejerció una gran influencia en la formación filosófica y en la concepción cultural y poética de Karol Wojtyła. El estudiante encontró en la creación de san Juan de la Cruz la respuesta a las preguntas fundamentales sobre la existencia y sobre los lazos de la realidad con Dios, pero también sobre la soledad en que se encontraba y que tuvo que vivir de manera muy intensa en los años de la ocupación hitleriana, experimentando permanentemente el temor, las amenazas y la penuria. No ha de extrañarnos que después sostuviese firmemente que hay que salvar lo terrenal para la eternidad. Las circunstancias históricas reclamaban lazos de cercanía con Él y la presencia de Dios.