Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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jueves, 16 de enero de 2025

Jan Tyranowski, el sastre místico, inspirador de Karol Wojtyla

 


Grandes cosas se le revelaron al joven Wojtyla cuando sus oídos se prestaron a la escucha de las palabras del sastre Jan Tyranowski y sus ojos se fijaron en el brillo de aquellos otros ojos. 

Ya como sacerdote maduro Karol Wojtyla lo cuenta en sus textos,  hablando no solo del sastre,  sino también del estudiante que lo escuchaba. La ciencia de Jan Tyranowski no estaba a la altura del joven Wojtyla;  Wojtyla no el maestro de Jan, sino Jan de Wojtyla. Jan comprendía sobre todo aquello que el hombre solamente recibe de Dios, o sea aquello que no se aprende en los libros.  Jan era un arbusto que ardía para Dios.  Miraba a Dios y Dios lo miraba a el.  La labor de Jan no sobresalía, pero  era muy grande la importancia de su ser de donde emanaba su forma de actuar, o sea el gran amor y la profundidad del conocimiento del hombre.  Ese sastre de un barrio periférico de Cracovia educaba a los jóvenes sin tener la mas mínima idea de que se trataba la educación.  Les daba a ellos aquello mismo que el experimentaba buscando a Dios. Les hablaba de su vida con Dios y en Dios. Les hablaba  - como escribe Wojtyla -  de una manera que nada tenía que ver con la perfección, y sin embargo sus palabras eran más adecuadas al misterio del hombre y de Dios que muchos elucubraciones académicas. No debe maravillarnos entonces que Jan haya influenciado tanto la manera de pensar y filosofar de Wojtyla. La persona y los actos de Jan Tranowski fueron la primera fuente inconsciente de inspiración para Persona y acto. Meditando junto a el sobre el hombre y sobre Dios, Karol Wojtyla vio como el hombre-persona es un evento del amor divino humano y de la verdad divino humana.  Es justamente esto que vemos de lejos y nunca directamente.

 Karol Wojtyla tomaba conocimiento de Jan y aprendía de él en momentos particulares, como por ejemplo aquella noche en la cual se quedaron,  junto a otros jóvenes,  para escucharlo mientras hablaba con expresiones poco sofisticadas de la intimidad del hombre con Dios. Aquella noche el estudiante Wojtyla escuchaba las “voces” que le llegaban mediante frases torpes en gramática pero con las cuales Jan Tyranowski se abria y se daba por entero.   Prestando oídos a las palabras de Jan sobre la convivencia con Dios, vio que le hombre es grande solo cuando es Epifanía de Dios.

 El sastre Tyranowski introdujo al joven Wojtyla en el mundo de la mística, en un tiempo en el cual arreciaba con furia y calculada precisión  la mentira del  nazismo alemán,  y el azote ruso ya había comenzado a pesar sobre los polacos. Tyranowski infundía en los jóvenes las fuentes místicas, en busca de  la libertad.  Con la ayuda de grandes místicos como San Juan de la Cruz y Luis Maria Grignon de Montfort, les enseñaba a conquistar la libertad a diario,  sin importar el precio a pagar. En el espacio de la experiencia de las personas, en comunión con otras, les enseñaba a leer la Biblia, la poesía y las obras de grandes pensadores. Sin recurrir a manuales. Iba por delante de ellos, aferrándose a la persona de Cristo, en el cual encontraban el «agua viva» (Jn 4,10),  que  apagaba su deseo de la realidad más lejana y al mismo tiempo la mas cercana al hombre.  Con su sola presencia, el sastre Jan le mostro a Wojtyla el sentido de estar ante el hombre. Como sacerdote, como obispo y después como Papa, Karol Wojtyla siempre tuvo presente este dialogo de los dones recibidos en aquel cuartito del sastre, en la convivencia pastoral con los estudiantes y con los profesores de Cracovia, de los cuales nació el así llamado “ambiente” (środowisko).

 (traducido de Stanislaw Grygiel: Dialogando con Giovanni Paolo II, Cantagalli, 2013)


viernes, 15 de noviembre de 2024

Karol Wojtyla visto desde el enigmático Vistula (Wisła)

 


(extraigo solo una pequeña parte del primer capitulo del libro de Rocco Buttiglione The thought of the man who became pope John Paul II (William Eerdmans Publishing Co. (El pensamiento de Karol Wojtyla, Encuentro, Madrid 1992) Desconozco la “historia” de este libro, pero tambien ésta parece interesante. Esta version lleva una introducción de Michael Novak de 1996 y un prefacio de Buttiglione mismo fechado 16 de octubre de 1978 donde en tres páginas brinda valiosísima información y bibliografía para seguir investigando. Mi texto está traducido del inglés)

“Stanislaw Grygiel fue amigo y estrecho colaborador de Karol Wojtyla desde que Wojtyla era profesor universitario y arzobispo de Cracovia. Grygiel escribió un libro titulado “Hombre visto desde el Vistula”. Quizás no fuese un muy buen titulo, pero es de profundo significado. No se es visto igual cuando se es visto desde el extremo de Europa occidental o desde los territorios que se extienden a lo largo del Vistula, en las grandes planicies delimitadas por el Oder, el Mar Báltico, y las montañas Tatra, limitando por el este con las repúblicas bálticas, Belarus, y Ucrania.   Grygiel me dijo en una oportunidad que el río Vistula separa y a la vez – paradójicamente - une el este con el oeste.

Aunque a veces pensemos distinto, Polonia pertenece a Europa Occidental: cuando nació la identidad nacional Polonia eligió la iglesia católica y la liturgia latina. Pagó cara esta elección pero nunca titubeó. Por otro lado, esta ubicada en el borde del Este y comparte con éste la herencia étnica y la lingüística eslava.. Precisamente debido a su ubicación el pueblo de Polonia habla el lenguaje de dos mundos espirituales, uniéndolos. La geografía misma de Polonia le permite una catolicidad particular – una apertura a la universalidad a la cual puede permanecer fiel solamente profundizando, antes que negando, su elección romana. Mirada “desde el Vistula” se levante ante nosotros una idea totalmente diferente de Oeste y del Este, con sus diferencias y sus uniones, sus significados peculiares y destinos comunes..



Hay una manera particular de considerar la historia mundial que surge de la experiencia especifica de la nacion polaca y su cultura, profundamente arraigada en la mente y el pensamiento de Karol Wojtyla. En su caso, no es un mero estado de ánimo sino un profundo y concienzudo análisis, a veces explícitamente expresado, siempre acompañando, como premisa implícita su propio enfoque a los mas diversos temas éticos, religiosos, teológicos y filosóficos. ..

Un aspecto del carácter tan distintivo de su pensamiento puede captarse en la manera que Juan Pablo II mencionara en varias oportunidades, especialmente durante su viaje a Polonia, el significado providencial de su elección como papa polaco en las vísperas de concluirse el segundo milenio de evangelización. En su homilía para la Misa celebrada en la Plaza de la Victoria en Varsovia fue explícito:

Mi peregrinación a la patria, en el año en que la Iglesia en Polonia celebra el IX centenario de la muerte de San Estanislao, ¿no es quizá un signo concreto de nuestra peregrinación polaca a través de la historia de la Iglesia: no sólo a través de los caminos de nuestra patria, sino también a través de los de Europa y del mundo? Dejo ahora aparte mi persona, pero no obstante debo junto con todos vosotros hacerme la pregunta sobre el motivo por el cual precisamente en el año 1978 (después de tantos siglos de una tradición muy estable en este campo) ha sido llamado a la Cátedra de San Pedro un hijo de la nación polaca, de la tierra polaca. De Pedro, como de los demás Apóstoles, Cristo exigía que fueran sus "testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta el extremo de la tierra" (Act 1. 8). Con referencia, pues, a estas palabras de Cristo, ¿no tenemos quizá el derecho de pensar que Polonia ha llegado a ser, en nuestros tiempos, tierra de un testimonio especialmente responsable? ¿Que precisamente de aquí —de Varsovia y también de Gniezno, de Jasna Góra, de Cracovia, de todo este itinerario histórico que tantas veces he recorrido en mi vida, y que en estos días aprovecho la ocasión para recorrerlo de nuevo— hay que anunciar a Cristo con gran humildad, pero también con convicción? ¿Que precisamente es necesario venir aquí, a esta tierra, siguiendo este itinerario, para captar de nuevo el testimonio de su cruz y de su resurrección? Pero, si aceptamos todo lo que en este momento me he atrevido a afirmar, ¡qué grandes deberes y obligaciones nacen de ello! ¿Seremos capaces?”


miércoles, 10 de abril de 2024

Stanislaw Grygiel: Homenaje al Papa poeta, San Juan Pablo II , compatriota, discípulo, amigo y filósofo

  


"Pienso continuamente en todo cuanto sigo con el corazón"

——

Pasarán y desaparecerán diversas abundancias,
Los tesoros y las potencias irán al aire,
los grandes complejos a la ruina,
De las cosas de este mundo quedarán solo dos,
solo dos: la poesía y la bondad… y nada más…
Hasta los conocimientos carentes de estas dos
se borrarán en el papel… (NORWID)

Was bleibet aber, stifen die Dichter (HÖLDERLIN)

Los textos poéticos de Karol Wojtyla nacieron en el esfuerzo de abrirse a la alteridad deseada por el hombre y en la experiencia del encarnarse de la Gracia en que culmina la verdad del drama de la existencia humana. Para decirlo filosóficamente, la res poética de Wojtyla refleja la misteriosa unión de los trascendentales verum, bonum y pulchrum, unión que representa la lógica primordial de todo ser y de manera especial del hombre. Esta lógica, vivida contemplativamente, indica al hombre la salida del laberinto de las opiniones y de los prejuicios sobre la factualidad de su ser. Siguiendo ese hilo de Ariadna que es el pulchrum, en el cual la par-ousia del verum y del bonum resplandece y nos llama al trabajo, el hombre existe como palabra poética y al mismo tiempo filosófica.

La dolorosa experiencia de la contingencia del propio ser expone al hombre a la luz de lo Invisible y de lo Inefable. Lanzándose a sí mismo con una gran pregunta en la dirección de la cual proviene esta luz, pregunta a la cual solo ese Otro Invisible e Inefable puede dar la respuesta, el hombre existe filosóficamente. Existir como semejante pregunta-desafío lanzada al Otro y esperar la respuesta significa pensar en el sentido más profundo del término. El pensamiento filosófico es dialógico. Quien plantea las interrogantes a las cuales está en condiciones de responder por sí solo no piensa, sino puramente construye objetos monológicamente.

Envuelto por la misteriosa luz de lo Invisible, el hombre descubre ser una historia que solo pueden narrar los símbolos y los mitos. En la sociedad en que la poesía del ser se ha apagado, el pensamiento desprendido del verum y el amor separado del bonum son sustituidos por el cálculo y por lo “cómodo”, que utilizan lo bello como mera decoración. Lo bello transformado en algo estético puramente formal no nos llama al trabajo para la Gracia, ya que semejante bello a nada nos llama.

Precisamente en este sentido entiendo las palabras de Hölderlin: Voll Verdienst, doch dichterisch wohnet der Mensch auf dieser Erde, y las de San Agustín: Fecisti nos ad te, Domine, et inquietum est cor nostrum donec requiescat in Te. En realidad, haciendo tantas cosas, el hombre está voll Verdienst, lleno de méritos. Sin embargo, doch, en el fondo, él habita poéticamente, dichterisch, en esta tierra, mirando, en la fronética [1] inquietud, lo Invisible e Inefable de donde todo proviene y hacia donde está orientado y proféticamente extendido su ser. El hombre habita poética y filosóficamente entre las cosas visibles en cuanto estas, dichas por lo Inefable e iluminadas por lo Invisible, también deben ser dichas bien y no mal, es decir, ben-ditas y no mal-ditas. Dentro de aquel que vislumbra lo Invisible en su reflejo en lo visible y dice bien todo cuanto es, tiene lugar el acto de la co-creación o —mejor dicho— el poiein.

En otras palabras, la persona humana existe como una intentio visible de lo Invisible. Los griegos la habrían llamado tónos. El hombre es tónos del Otro. Así, aquel que no existe poética y filosóficamente en esta tierra es un ser “desentonado”, a menudo a pesar de las apariencias. Recita la prosa de su propia inmanencia de acuerdo con la lógica que da comienzo a una cultura “desentonada”.

El poeta reside en el asombro provocado en él por lo bello de los seres, carácter bello que, reflejando la lógica del Otro, choca con la amenaza de aniquilación de esos seres; pero su existencia y su pensamiento, gracias al poiein que en ellos ocurre, no se detienen ante la muerte y no perecen en el dolor, sino salen del mismo aún más fuertes. De hecho, la poesía va más allá de lo visible que se desprende, abriendo al hombre al encuentro difícil con el Otro.

Wojtyla vivió a temprana edad la muerte de las personas más queridas. No es para nada extraño, entonces, que desde su juventud mirase a lo lejos, hacia las cosas inefables e invisibles. Ya en 1938, Wojtyla escribió, a los diecinueve años:

En tu blanca tumba
ya cerrada hace años
algo parece levantarse:
inexplicable como la muerte.
(EN TU TUMBA BLANCA) [2]

En su recuerdo poético de la muerte de un compañero de trabajo en la cantera resuena también la rabia en la cual crece el amor al hombre.

(…) El hombre llevó consigo la secreta estructura del mundo donde el amor prorrumpe a mayor altura si lo impregna en mayor medida la rabia.
(LA CANTERA, IV, 7)

En el asombro y en la rabia, el hombre crece como magna quaestio (San Agustín), desafiando a Dios en defensa del hombre. Precisamente en esta defensa se constituye y se desarrolla la filosofía en el sentido primordial del término.

Siempre debo recordar: ¿soy un ser contingente?
Pero si está presente en mí la verdad, debe explotar.
No puedo negarla, me negaría a mí mismo.
(NACIMIENTO DE LOS CONFESORES, II, 2, 3)

(Si no funciona el enlace googlear Universidad Catolica de Chile, Revista Humanitas, Stanislaw Grygiel  Al poeta, a un año de su canonización )


martes, 25 de julio de 2023

Entrevista a Stanisław Grygiel – Włodzimierz Redzioch (2 de 2)

 




Filosofo, periodista, alumno de Karol Wojtyla en la universidad católica de Lublin, Stanislaw Grygiel reflexionaba sobre la figura de Juan Pablo II . Amigo personal del papa polaco y profesor de antropología filosófica en el Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia, Grygiel fue uno de los pensadores contemporáneos más agudos.  Nacido en 1934 en Zembrzyce (Polonia) se licencio en filosofía en la Pontificia Facultad de Filosofía de la Compañía de Jesus en Cracovia (1956) y en filología en la Universidad Jaguellonica (1961). Obtuvo su doctorado en Filosofia cuatro años después, bajo la supervisión y dirección de su tesis por el que mas tarde seria el Papa Juan PabloII. Entre 1962 y 1980 fue editor del mensual católico Znak. Tambien fue cofundador y director de la publicación trimestral Il Nuovo Aeropago. Grygiel falleció el 20 de febrero de este año a los 88 años.

 

 


De qué modo la falta de libertad religiosa en la Polonia comunista influía en los métodos pastorales de la Iglesia?

 

Al negar a la Iglesia toda forma de actividad pública, el régimen comunista paradójicamente la había obligado a vivir en las relaciones puramente personales.  Nuestro« estar juntos» lo debíamos ocultar, pues la policía trataba de obstaculizarlo e incluso de destruirlo. También gracias a esto, en la semiclandestinidad, las relaciones de amistad, de confianza reciproca, al hacerse cada vez más fuertes, nos revelaban la belleza de la Iglesia, una belleza que nos hacia libres de todo aquello que solo se puede poseer.  Dios se sirve también de aquellos que lo niegan.

 

Usted conoció en Cracovia la noticia de la elección de «su arzobispo» a la cátedra de Pedro y siguió las primeros meses de pontificado en Polonia.  ¿Que impacto tuvo la elección de Karol Wojtyla sobre la vida de los católicos polacos?

 

Sólo puedo repetir cosas ya sabidas. La primera reacción de los polacos fue de alegría, pero al alegrarse se dieron cuenta de las nuevas posibilidades que esa noche se habían abierto a su patria, a su Iglesia. Comprendieron que desde entonces en adelante la Iglesia ya no debería realizar su trabajo pastoral en la semiclandestinidad. Los católicos se volvieron más valientes y audaces: un signo elocuente de este cambio fueron las manifestaciones populares por las calles de las ciudades del país, que sin que nadie hubiera pedido permiso, duraron toda la noche del 16 de octubre de 1978.  Recuerdo las discusiones de aquella noche ocn mis amigos: estábamos convencidos de que las fronteras de Polonia con Occidente  se abrirían y que antes o después también políticamente Polonia saldría del bloque comunista. Antes se pensaba que el comunismo iba a durar aun generaciones, al ver como los intelectuales y los políticos occidentales se dejaban seducir por las palabras y por el dinero de la policía secreta soviética. ¡Cuántas veces precisamente ellos habían intentado convencernos de que debíamos adecuarnos al comunismo! Fue la primera peregrinación del Papa a Polonia en 1979 la que despertó en los polacos la esperanza un poco adormecida a causa de más de cuarenta años de comunismo. En suma, durante sus primeros años de pontificado comenzó a vislumbrarse la aurora de los tiempos nuevos, y no solo para Polonia.

 

Juan Pablo II llevo consigo a Roma todo su bagaje de experiencias pastorales. ¿Podría explicarnos como influyo este en su gran compromiso en el campo de la pastoral de la familia de los jóvenes,  de los ambientes intelectuales y políticos?

 

En Roma el cardenal Karol Wojtyla siguió estando con los demás como en Cracovia. No cambio nada en su comportamiento. No se imponía a nadie y, por otra parte, no se encerraba en lo que yo llamaría «aislamiento pontificio». Por esto podía absorber la fe, la esperanza y el amor de todos los que Dios encomendaba a su trabajo pastoral y expresar luego estos dones con la fuerza propia de la fe, de la esperanza y del amor de Pedro. No pronunciaba condenas, simplemente confesaba la fe de la Iglesia, procurando que todos llegaran a madurar, y él con ellos. Para Juan Pablo II la libertad del hombre era algo sagrado, algo que el había vivido y, por tanto, algo que había visto en la tinieblas de la ocupación de Polonia, primero por parte de los alemanes y, luego, de los rusos. Mirando el futro de la Iglesia aprovechaba cualquier ocasión para encontrarse con los matrimonios y sus familias. Su decisión de fundar el Instituto pontificio para estudios sobre el matrimonio y la familia fue profética.  Los que se habían habituado al aislamiento de los Pontífices se quedaron incuso escandalizados al asistir al abatimiento de las barreras erigidas en otro tiempo como símbolo de la dignidad petrina.  Juan Pablo II escribió numerosos textos Pero no era la palabra escrita lo que el trababa de da a los demás en todo buscad que subida se convirtiera en palabra, como Dios mismo lo había pensado para los demás.  Creo que el trabajo pastoral con frecuencia ha quedado ahogado por demasiado papel: hacer pastoral quiere decir apacentar, o sea, estar con el rebaño. Cristo no escribió ni siquiera una sola línea. El es la carta pastoral viva que nos envió el Dios vivo. Es él, y no un texto cualquiera, quien permanece con nosotros. A los hombres vivos Dios les manda hombres vivos, No es Dios de muertos.

 

¿Por qué Juan Pablo II se comprometió tanto en la promoción de los movimientos laicales?

 

Porque veía a la Iglesia como un gran movimiento, como un movimiento primordial Ya en Polonia había podido conocer algunos movimientos. Venían a nosotros, a escondidas, desde Occidente, representantes de varios movimientos, en particular de Comunión y Liberacon, de Notre Dame de Vie y de los Focolares. El metropolita de Cracovia cultivaba intensas relaciones con ellos. Recuerdo en particular la figura del padre Francesco Ricci de Forli. Tres años después de su muerte Pablo II me dijo: yo rezo or el padre Francesco Ricci cada dia durante la misa. Para el cardenal Wojtyla toda parroquia debería ser movimiento. De lo contrario no sería una parroquia viva. Para el cualquier grupo de personas reunidas en la Eucaristía celebrada por el sacerdote era movimiento eclesial Sin la presencia de la Eucaristía los movimientos no serian más que partidos políticos.

 

Quienes tuvieron la suerte de ser huéspedes de Juan Pablo II notaban que en el apartamento del Papa se respiraba el aire de familia. El pontífice no solo se rodeaba de secretarios, religiosas y colaboradores, sino también de muchos viejos amigos que frecuentaban el apartamento pontificio a mendo con sus familiares Su familia era una de las que el Papa acogía. ¿Qué recuerda de esos encuentros?

 

La sencillez y la bondad del Papa. Los diálogos con el eran intercambios de dones, el nos donaba la presencia de su persona y nosotros, al recibirla, teníamos la sensación de haberle donado la nuestra. Esperaba a los demás, los buscaba. Era para los demás. Y era un hombre fiel. Precisamente gracias a esta fidelidad para con los demás, con su ayuda él aprendió la verdad de la alianza que por amor dos personas establecen para siempre. Con el mismo respeto ofrecía su tiempo a los adultos y a los niños. Una vez durante una cena con él, mi hijo, que tenía entonces ocho años, me daba puntapiés por debajo de la mesa para darme a entender que ya quería volver a casa. El Santo Padre se percató de ello y le pregunto: «¿Qué te parece a ti?».  Mi hijo, con sinceridad, respondió:  «Me estoy aburriendo. l Quisiera volver a casa». Y el Papa dijo: «Tienes razón. Yo te invite a mi casa y no me estoy ocupando de ti. Discúlpame.» Y desde ese momento hasta el fin de la velada se puso a jugar y a bromear con el. Para mí fue una lección sobre lo que significa vivir para los demás y ser su pastor.

 

¿Que echa de menos de Juan Pablo II?

 

Nada, salvo de vez en cuando su presencia física. Todo lo que era esencial y propio de su persona sigue presente. Su muerte no destruyó nada. Nuestro diálogo continúa. En el corazón de la Iglesia, es decir, en la Eucaristía, no hay muertos.


(Fuente: L´Osservatore romano, 1 de mayo 2011)


lunes, 24 de julio de 2023

Entrevista a Stanisław Grygiel – Włodzimierz Redzioch (1 de 2)

 


Filosofo, periodista, alumno de Karol Wojtyla en la universidad católica de Lublin, Stanislaw Grygiel reflexionaba sobre la figura de Juan Pablo II . Amigo personal del papa polaco y profesor de antropología filosófica en el Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia, Grygiel fue uno de los pensadores contemporáneos más agudos.  Nacido en 1934 en Zembrzyce (Polonia) se licencio en filosofía en la Pontificia Facultad de Filosofía de la Compañía de Jesus en Cracovia (1956) y en filología en la Universidad Jaguellonica (1961). Obtuvo su doctorado en Filosofia cuatro años después, bajo la supervisión y dirección de su tesis por el que mas tarde seria el Papa Juan PabloII. Entre 1962 y 1980 fue editor del mensual católico Znak. Tambien fue cofundador y director de la publicación trimestral Il Nuovo Aeropago. Grygiel falleció el 20 de febrero de este año a los 88 años.

 

Para comprender la actitud de Juan Pablo II respecto de los laicos es preciso conocer la actividad pastoral de Karol Wojtyla, primero sacerdote y luego obispo de Cracovia. Usted, profesor, estuvo muy unido al futuro Pontífice por lazos de amistad. Que es preciso conocer sobre el trabajo pastoral de Wojtyla con los laicos en Polonia?

 

La vida y el trabajo del hombre no sólo dependen de él, sino también del humus, que está constituido por la historia, el ambiente y la cultura. Ya se ha dicho mucho sobre la historia y la cultura polacas, sin las cuales no se puede comprender ni la persona de Juan Pablo II ni su acción pastoral. En cambio, es poco conocido el ambiente de Cracovia, las personas decisivas en su vida. Ante todo conviene recordar la figura de Jan Pietraszko, gran sacerdote y obispo, hoy siervo de Dios, que de alguna manera mostró al joven sacerdote Wojtyla el camino que lleva a los jóvenes.  El propio Juan Pablo II lo testimonió en el telegrama que envió a Cracovia al morir el obispo: «Tú me has abierto el camino que lleva a ellos». Recuerdo una cena con el Papa, y con el obispo Pieraszko, que le había llevado como regalo su último libro. En cierto momento, el Papa le dijo: «Obispo Jan, yo aprendo la teología de ti». Monseñor Pietraszko quedó sorprendido y al salir del apartamento pontifico nos pregunto a mi y a mi mujer: « El Papa lo dijo en serio, o bromeaba? Mis libros son para los párrocos». Pero el Papa, párroco del mudno entero, no había hablado en broma. Pietraszko fue uno de los más grandes maestros de la fe que la Iglesia polaca tuvo en el siglo pasado.

 

¿En qué consistía el método pastoral de monseñor Pietraszko?

 

No tenía ningún método conceptualmente elaborado. Sencillamente, estaba siempre presente entre nosotros, los jóvenes, en la iglesia y fuera de ella. Oraba con nosotros, comía con nosotros, meditaba con nosotros, se divertía con nosotros. Al mirarlo, veíamos en él un modo muy atractivo de estar en el mundo. Fascinados, buscábamos la fuente de la que él, de rodillas, sacaba agua. De un sacerdote que no está de rodillas se puede aprender a beber de botellas de productos elaborados, artificiales, pero nunca a beber agua pura de manantial.  Son ellos dos, Juan Pablo II y el obispo Pietraszko, quienes me hicieron ver cómo la cultura consiste en saber  cultivar la tierra en la que el hombre crece y madura para «resucitar», según la expresión de un gran poeta polaco a menudo citado por ellos, Cyprian Kamil Norwid.  La cultura, nos decían, no se reduce a la erudición. Más aun, no hay nada más peligroso para la sociedad que los eruditos sin la cultura que lleva a «resucitar».  La cultura o es pascual o no es cultura.  Gracias al modo como ellos estaban con nosotros nació una profunda amistad para siempre, no sólo entre ellos y nosotros, sino también entre nosotros mismos.  En esta amistad la ayuda, o si se prefiere, el trabajo pastoral era reciproco. Ellos ayudaban a los jóvenes y los jóvenes les ayudaban a ellos a buscar a Dios y a caminar hacia él.  El agricultor crece y madura juntamente con las plantas encomendadas a su cultivo. Esto lo sabían  muy bien nuestros dos obispos. Entre los amigos no hay barreras. Ellos estaban siempre accesibles y disponibles para nosotros. Podíamos ir a ellos cuando quisiéramos. Se podía llamar a su puerta incluso de noche. Las ovejas no piden audiencia a sus pastores, los siguen de dia y de noche. Si no pueden hacerlo, es signo de que son ovejas sin pastor.

 

Usted hablaba de la pastoral de la juventud, pero el futuro Pontífice se ocupaba también de las familias, de los estudiantes, de los intelectuales.

 

He dicho que los dos obispos crecían y maduraban juntamente con los jóvenes. Pero los jóvenes se casaban, y en consecuencia, ellos tuvieron que aprender a estar con los matrimonios, y luego con sus hijos, que consideraban como nietos espirituales.  Don Wojtyla comenzó su actividad pastoral con los jóvenes monaguillos en la parroquia de San Florián en Cracovia. Con el tiempo, los jóvenes se transformaron en profesores, médicos, abogados. Al igual que Pietraszko, también él se vio entonces obligado a ejercer la pastoral de los profesores, de los médicos, de los abogados de los jueces, etc.  De este modo, extendiendo su acción pastoral estos obispos nuestros tuvieron la oportunidad de comprender de modo originario, a través de la realidad viva más que a través de libros, lo que significa el término «laicado». Sobre todo bebieron «en la fuente»  la verdad del matrimonio, de la familia.

 

¿No se pueden enseñar estas cosas en el seminario?

 

A vivir se aprende viviendo. A hacer haciendo. El problema es si los superiores del seminario saben o no saben estar juntamente con sus seminaristas. Si saben cultivar la tierra en la que ellos mismos y los seminaristas tienen la posibilidad de crecer y madurar. La pastoral no es una teoría, sino una convivencia. Las teorías son para aprenderlas de memoria. La pastoral exige la sabiduría que nace en los hombres presentes mutuamente. El conocimiento de las teorías incluso puede obstaculizar la presencia recíproca d personas, o sea, las teorías de la pastoral pueden destruir la pastoral misma. Sobre la pastoral se puede discutir, organizar congresos, publicar muchos documentos, pero la verdadera pastoral es el intercambio de dones entre el sacerdote y el fiel. Esto Wojtyla lo sabía muy bien.

 

(Fuente: L´Osservatore romano, 1 de mayo 2011)

 

jueves, 21 de abril de 2022

Que es la patria?

 

Finalizando una conversación con el cardenal Wojtyla un día allá por los años ´70  el cardenal se refirió al destino de los polacos emigrados con estas palabras: «Es un gran mal desarraigar al hombre de su tierra natal ». 

A los polacos dispersos por el mundo le diría mas tarde desde Roma: «El desarraigo representa una enfermedad social peligrosa.» El desarraigo de la patria constituye un drama espiritual del hombre. Es sobre este drama que se lamenta el salmista:

 


 Llorando nos sentábamos junto a los ríos de Babilonia pensando en Sion.

En los sauces de las orillas teníamos colgadas nuestras cítaras.

Allí nuestros carceleros nos pedían cantos,

 y nuestros opresores, alegría:

«¡Canten para nosotros un canto de Sión!».

 ¿Cómo podíamos cantar un canto del Señor

en tierra extranjera?

 Si me olvidara de ti, Jerusalén,

que se paralice mi mano derecha (Sal 136 1-5)

 

Los políticos europeos desarraigan a los europeos de su patria. Ahora son hombres políticos de Europa, pero no son políticos europeos.

Que cosa es entonces la patria?  

Si alguien le hubiese preguntado a Juan Pablo II, cuando iba hacia Viena que era la patria? – hubiera respondido: “Es el lugar adonde descansar y morir del modo más  agradable –

La patria es la herencia paterna, fruto del trabajo de los padres. Trabajando con ellos enriquecemos la humanidad que nos ha sido confiada. La logramos en las tradiciones de la morada paterna, íntimamente ligada con el nombre y el apellido que llevamos. Los políticos que condenan a los ciudadanos a emigrar espiritualmente de la patria, cometen un crimen espiritual contra la humanidad. Hanna Malewska,una gran figura moral y cultural en Polonia bajo la dominación de los comunistas escribió: «El hombre exilado pierde al mismo tiempo las ideas, la casa y la razón.»

Juan Pablo II nunca se sintió un exiliado,  «porque estando fuera de mi patria, permanentemente en Roma y a veces fuera de Roma, estoy sin embargo muy cerca de mi patria»  les decía a los polacos en Nigeria en su visita del 16 de febrero de 1982.

El no se sentía exiliado porque  las raíces de su patria estaban enraizadas en la eternidad,  presente en todo tiempo y en todo lugar.  

 

Cuando yo pienso, cuando digo: Patria

Me estoy expresando a mi mismo, y me enraizo

Y el corazón me dice que ella es la frontera oculta

Que va de mi hacia los otros hombres

Para abrazarlos a todos en un pasado

Mas antiguo que cada uno de nosotros…

Y de ese pasado – cuando yo pienso: Patria-

Emerjo para encerrarla en mí como un tesoro,

Y sin cesar me acucia el ansia

De cómo engrandecerla

De cómo ensanchar el espacio

Que mi patria habita

 (Karol Wojtyla: “Cuando yo  pienso en la Patria”)

 

(traducido de Stanislaw Grygiel: Dialogando con Giovanni Paolo I, Cantagalli, 2013)

viernes, 1 de noviembre de 2019

El precioso don de la verdad y la libertad



Juan Pablo II nunca dejo de recordar que cuando los hombres  se olvidan de la verdad y su conciencia, “se olvida” en ellos la libertad y,  en consecuencia,  se pierde la capacidad de distinguir el bien del mal.    La distinguen solo los hombres responsables, o sea aquellos que responden al Amor.  En Persona y acto Karol Wojtyla habla de la verdad del hombre y de su libertad,  o sea poseerse a sí mismo, que quiere decir poseer la idoneidad de darse a sí mismo a los demás, cuando su amor los llama a ser amor.  La dramática belleza de la verdad y la libertad la canta en el poema Cuando yo pienso: Patria. El deseo de la verdad del bien y lo bello conduce al acto de la creación, en el cual Dios ve que todo aquello que sus ojos encendieron a su existencia es muy bello y muy bueno, y conduce al Juicio Final, en el cual se rendirá cuenta si el hombre ha cumplido la justicia del Amor. En la comunión con el Rostro (theos) de Dios Karol Wojtyla hacia de su propia vida una obra de arte, buscando que fuera digna respuesta al Amor con el cual la belleza de Su Palabra lo llamaba a la labor,   para resurgir. En toda bella obra de arte, pero ante todo en aquella cuando el hombre es hombre, la invisible belleza eterna de Dios se convierte de alguna manera en algo visible en el tiempo, se refleja en ello en la historia del hombre que se extiende entre el Principio y el Fin, como el cielo estrellado se refleja en las aguas del lago.  Al final veremos hasta qué punto ha sido enturbiado el reflejo del cielo estrellado en nuestras aguas.   

La libertad no se posee como se poseen los objetos comprados. Todos los días hay que luchar por la libertad. Es así que hay que luchar por el amor y su belleza, es así que hay que luchar por la verdad y el bien. Es fácil perderlos y con ellos perderse a si mismo.  «La libertad, la pagas con todo tu ser – por eso llamaras libertad  a aquella, que mientras la pagas, te ayuda a poseerte a ti mismo siempre de nuevo»  El antiguo epigrama que demanda de la libertad- quid sit veritas? Debería también extenderse a la pregunta sobre la libertad – quid sit libertas?  La respuesta debería sonar veritas atque libertas sunt vir qui adest. La verdad y la libertad se producen en el profético ad-sum! De  persona a persona, en su parusía.  De allí la parousia de Dios para todos los hombres. Por medio de la comunión en la presencia reciproca de los hombres se desanuda el camino que conduce a la Comunión con el Padre y con su Palabra filial, o sea al Principio de la verdad y la libertad, que ocurren en la historia, y al Final en la cual encontraran su consumación.

«La libertad es una conquista continua, no basta solo con poseerla?  Nos viene como un regalo. Pero se la mantiene luchando. Regalo y lucha se inscriben en nuestros mapas secretos, y sin embargo, evidentes.» 

Todos hemos recibido el don impagable de la vida, por eso es aun más apreciado el don de la verdad y el de la libertad.  El drama de cada hombre se desanuda en la tensión entre el don de la vida y el don de la verdad y de la libertad. Pero el don de la verdad y de la libertad es necesario pagarlo con el don de la vida. Con ninguna otra cosa,  porque cualquiera que fuese tiene un precio bien determinado. Por eso la vida por la verdad y la libertad es inseparable del heroísmo. En ello se revela la belleza del hombre – de aquel “sacerdote aun no consciente”. De modo particular se revela en el heroísmo del sacerdote de la Eucaristía.

« La verdad es una forma de amor» dice Juan Pablo II a los jóvenes durante uno de los encuentros mundiales de la juventud. La verdad de hecho es la belleza del amor.  Asi como el amor, también la verdad se expresa con el trabajo real, o sea con el servicio a los demás, y con el silencio real más que con las palabras. No debemos maravillarnos que los hombres que viven de una manera tan real, quiere decir aquellos que aman a los demás y les sirven en silencio real, no se arrodillan ni delante a la política ni a la economía. Todo aquello que tiene un precio lo ceden a cambio de la verdad, de la libertad, de la belleza,  que solo pueden consolar al hombre despertando en él la esperanza de no perder al final nada de aquello pagado para conquistarla.  Todo le rendirá ciento por ciento (Mt 19,29).

La belleza de la verdad y del bien que surgen del amor se confía a los hombres sencillos. A los hombres doctos se le confía solo cuando ellos “olvidan” sus construcciones eruditas y se convierten a la sencillez de aquello que no tiene precio. Una vez, en la oscuridad de un atardecer tardío, mi madre, una campesina sencilla,  escuchaba conmigo los Nocturnos de Chopin.  Cuando el piano se silencia me dice sólo esto. «Esta música es tan triste que puede llegar a consolar también a un hombre triste».  En esos momentos el hombre dirige la evolución del universo según las leyes pensadas en el misterio del Principio. Son momentos en los cuales Dios nos revela a los ojos de los hombres un fragmento de Su belleza que le da a la vida el sentido y el valor que no tiene precio. Para esos momentos pascuales de la belleza Juan Pablo II ha escrito su correspondiente antropología. La ha escrito como hombre y como sacerdote  y ante todo con la vida, y solo en segundo término con las palabras.

Stanislaw Gryegel : Dialogando con Juan Pablo II, Cantagalli, 2013

sábado, 26 de octubre de 2019

Quien fue Juan Pablo II?



Nadie, excepto Dios, conoce la verdadera respuesta. Solo Dios es quien piensa creativamente cada hombre. Nadie lo conoce plenamente menos aun el propio ser indicado por su nombre,  pues nadie conoce el contenido de aquello que desea y que decide en su ser la persona.  El  nombre de la persona no es un concepto.  Este nombre no significa cualquier cosa, no indica  la dirección en cuya dimensión existe el hombre, guiado por su propio deseo de mayor bondad y belleza. Según San Tomas de Aquino el nombre de la persona indica el amor que se da en el espacio que se extiende en la “gran pregunta” (magna questio – gran enigma - de San Agustin) del misterio del Principio al Fin.  Miramos a la persona siempre – por así decirlo – desde atrás. Vemos las huellas dejadas en el camino recorrido en dirección al Futuro. Vemos las acciones con las cuales la persona entra en el laborioso amor de los otros para,  juntos  con ellos,  edificar una casa familiar a todos.

El hombre recibe el nombre de aquellos que lo aman laboriosamente y a cuya llamada debe responder del mismo modo.  Lo recibe de aquellos en los cuales se fija su mirada.  Me atrevería decir que el nombre proviene de la escucha entusiasta que la persona presta a otra persona (ex auditu),  del mirar fijamente a aquel de quien proviene el don del amor por la otra persona. En este fijarse en la otra persona  se le revela al hombre algo primordial, aquello de su vida que se reconduce y todo lo cual continúa existiendo no obstante ya haber pasado.

En la tradición de la casa familiar que son los hombres, uno para el otro, nacen en ellos las obligaciones morales, que de hecho no se identifican con las costumbres que en aquel momento permean en la sociedad. Las obligaciones morales se identifican,  en cambio,  con los llamados con los cuales el amor llama al amor. El amor es amor en cuanto compromete al amor, y respondiendo a su llamada crece progresivamente.  Las obligaciones morales sustentan en el hombre la esperanza de encontrar en el Amor la salvación que le ha sido prometida y que el espera.

La persona mora en la otra persona en la medida en que juntas construyen una casa común. Es en este estar juntos que consiste la esencia misma del trabajo del hombre. Por eso, a la pregunta “Quien fue Juan Pablo II”? responderé sin dudar que él fue una persona que se revelaba en sus actos,  con los cuales edificaba,  junto a otros,  la casa familiar, y es justamente en este edificar juntos con los otros una casa familiar que es necesario buscar la respuesta a la pregunta quien fue.  Según Karol Wojtyla es en los actos que se revela la persona. Los actos muestran cual es el mensaje de una persona a las otras personas. Ser persona significa ser enviado (missio).

Es la buena «forma del amor» - que llama al hombre al trabajo. Lo bueno revela en el hombre el estupor y la maravilla. Lo entusiasma por la vida en este mundo según una lógica que no es de este mundo, lo entusiasma a transformar la propia vida en una obra de gran poesía (poiein). Haciendo así, el hombre penetra el sentido de la existencia en esta tierra y comprende así todo con el corazón y la mente.  Se transforma en amigo de la sabiduría, filo-sofos.  La luz de lo bueno le permite mirar de modo racional el mundo y a si mismo. Libera sus ojos “incapaces”(Lc, 24,16)  a causa de la razón que fijada en sí misma en este modo se mueve a tientas con ayuda del bastón que es su cálculo, y es por eso la razón calculadora (ratio significa el cálculo y deriva del ver reor, reri – calcular)

En 1977 el Cardenal Karol Wojtyla dicto una conferencia que trataba sobre las fuentes de su visión de la vida humana y la cultura. Una de estas se inspiraba en el poema de Cypriano Kamil NOrwid (1821-1883) Promethidion. Creo poder decir que en esta Obra Karol Wojtyla encontró una confirmación de su antropología. (*)  Las palabras de Norwid:

«Forma del amor y lo bello […]
Lo bello para entusiasmar
El trabajo – el trabajo para resurgir.»

constituyen la clave, en la dirección de la historia de la vida del hombre,  que se compone de un estar juntos armónico y termina en la resurrección de la persona en la persona para la cual ella trabaja. La lucha con la muerte,  no en nombre del honor sino por la resurrección,  crea la cultura de la fe, de la esperanza y del amor. En esta lucha está naciendo la cultura de la verdad del hombre.

Dime a quien has escogido como amigo y te diré quien eres – dice el proverbio. Con quienes construía la “casa” Juan Pablo II?  Sobre que tradición del “trabajo” construía para transmitirlo a los demás? La respuesta a esta pregunta indica,  de alguna manera, quien era él.

Juan Pablo II compartía su vida sobre todo con los laicos.  Fue con ellos que desde los años de su juventud hasta el fin de su vida construía la casa común. Junto a ellos entraba al trabajo de las grandes figuras de la historia polaca, que siempre han debido luchar por la libertad y aprender a sufrir por ella. Al mismo tiempo como sacerdote y como obispo había entrada a la tradición de tres grandes pastores de la Iglesia de Cracovia. En tierra polaca la historia de la Polonia coincide con la historia de la Iglesia en la lucha por la libertad y en el sufrimiento por ella.

(*) La experiencia moral llamada por Wojtyla praxis de la persona, difiere de la praxis propuesta por los marxistas. La praxis de la persona es la experiencia del amor que llama y obliga al amor, mientras la praxis marxista vive de a lucha con el enemigo indispensable para la supervivencia de los sistemas basados en la ideología marxista. 

(traducido de Dialogando con Giovanni Paolo II de Stanislaw Grygiel, Cantagalli, 2013)



miércoles, 11 de septiembre de 2019

Pontificio Instituto Juan Pablo II Roma –Aldo Maria Valli entrevista a Stanisław Grygiel (2 de 2)


(El Profesor Grygiel y su esposa Ludmila)


A la luz de lo que está sucediendo en el Instituto Juan Pablo II, muchos tienen la impresión de que el magisterio del papa Wojtyła, sobre todo en lo que atañe a las cuestiones de moral familiar, ha quedado arrinconado en la buhardilla, donde se ponen las cosas que ya no sirven. ¿Comparte este juicio?

No lo comparto, aunque humanamente podría parecer así. La Iglesia vive de la fe del pueblo, de la que cada Pedro es custodio. Los teólogos pueden ayudarle o no a comprender esta fe, pero él es el garante de la fidelidad de la Iglesia a la Palabra del Hijo del Dios vivo. Los teólogos pueden interrumpir la Tradición e intentar hacerlo todo desde el inicio. Alejados del Principio en el que se basa el Evangelio, pueden inventar nuevas interpretaciones del propio Evangelio para que sea aceptable para el mundo posmoderno. Sin embargo, antes o después, el corazón del hombre orientado al Amor que es Dios se despertará, y gritará que ya no puede vivir lejos de la casa del Padre.
La sabiduría que procede de Dios permanece para siempre. La estupidez que procede del hombre pasa, dejando que el hombre dependa no de la verdad, sino de los vientos. Una tarde, el santo padre Juan Pablo II me puso entre las manos la carta que le había escrito un teólogo moralista muy conocido en el mundo. Este teólogo le pedía al papa que cambiara la ética de la vida matrimonial, en caso contrario, según este teólogo, la Iglesia perdería fieles. «¿Qué piensas de esto?», me preguntó el papa. Le respondí, tal vez demasiado bruscamente: «Ha escrito una estupidez». El papa me miró y al cabo de unos instantes me dijo: «Es verdad, pero ¿quién se lo dice?».

Es una opinión bastante difundida que Amoris laetitia representa un alejamiento verdadero de la enseñanza precedente. El profesor Seifert ha hablado incluso de una «bomba atómica» que corre el riesgo de destruir todo el edificio moral católico. ¿Cuál es su opinión a este respecto?

Al no ser teólogo, no quiero dar un juicio. Soy un simple creyente y como tal puedo y debo confesar que me siento identificado con este texto sólo parcialmente. Mi experiencia del amor es más evangélica que sociológica y psicológica. El que desea conocer la naturaleza humana, es decir, su ser orientado a Dios, debe contemplar a los santos y, sobre todo, al Hijo del Dios vivo, convertido en hombre en el seno de la Virgen Madre, María. Describir los trastornos matrimoniales y sexuales no es cumplir el mandamiento que dice «Id al mundo y predicad el Evangelio».
En estos días me vienen a la mente a menudo las palabras de Cristo, según las cuales «cualquiera» que abandone a su esposa y tome otra mujer comete adulterio (cf. Jn 2, 25). Él lo dice de cada hombre, sin excepción. Lo dice porque sabe qué hay dentro del hombre. Si es verdad que hoy en algunos casos no es adulterio, como algunos doctos teólogos afirman, significa que Cristo no sabe qué hay dentro del hombre. Por lo tanto, no es Dios. «Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?» (Lc 18, 8).  Este documento, si fuera más breve, sería más expresivo y tal vez más claro y adecuado a las palabras del Evangelio: «Sì, sì – no, no». En cambio, una nota a pie de página ofusca todo su contenido.
Si tuviera que hablar de Juan Pablo II a un joven de hoy, ¿cómo presentaría, en pocas palabras, al papa santo?

Juan Pablo II le diría a un joven de hoy las mismas palabras que dijo al pueblo en la plaza de San Pedro el día de su entronización: «¡No tengáis miedo!». Le llevaría al acto de la creación y al acto del Juicio Final, porque sólo a la luz del Principio y del Fin el hombre puede entrever la verdad a la que está orientado. Contemplaría junto al joven de hoy la belleza del Amor que es Dios e intentaría despertar en él el amor, para que este joven pueda ponerse en manos de Dios. Creo que la experiencia de la belleza de la persona humana, de la belleza de su amor, indica el camino que puede llevar a un joven de hoy a Dios. Tal vez por esto el maligno intenta golpear mortalmente el amor humano y a todos aquellos que, atraídos por él, con valentía, sin miedo, revelan su verdad. El maligno espera (es su única esperanza) destruir el fundamento del matrimonio y de la familia y, a fin de cuentas, también el de la Iglesia, atacando al amor divino-humano. La carta de sor Lucía al cardenal Carlo Caffarra habla de esto de manera clara y contundente.
Profesor, ¿tiene futuro la familia cristiana, fundada en el matrimonio?
Cada hombre, cada matrimonio, cada familia tiene ante sí un futuro a condición de que confíen en la verdad. «La verdad os hará libres», dijo Cristo. La libertad, que es el resultado de confiar en la verdad, representa el futuro hacia el que anhela el corazón humano. No hay que defender la verdad. Esta se defiende sola. Los que se confían en los juegos y los cálculos humanos perderán todo, aunque primero parezca que han ganado todo. Los hombres que confían en la verdad no buscan los éxitos de este mundo. Buscan la victoria eterna. Por ello, ya desde hoy participan en ella. La persona humana puede ser eliminada, la comunión en la que vive puede ser a veces destruida, pero la verdad nunca será vencida, porque es invencible.

Publicado por Aldo Maria Valli en su blog Duc in altum.
Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana.

Pontificio Instituto Juan Pablo II Roma –Aldo Maria Valli entrevista a Stanisław Grygiel (1 de 2)


(el Profesor Grygiel y su esposa Ludmila)
Aldo María valli realiza una entrevista exclusiva con el profesor Stanisław Grygiel, filósofo polaco, gran amigo de san Juan Pablo II y hasta hace poco, antes de su despido, docente en el Pontificio Instituto teológico fundado precisamente por el papa Wojtyła.
Una entrevista muy amplia, en la que el profesor Grygiel habla del caso que le ha visto implicado, pero sobre todo, explica cuál es, en su opinión, la naturaleza de la crisis actual de la Iglesia y pronuncia palabras muy claras: «La Iglesia actual necesita un Moisés que, llevado por la ira del Dios misericordioso, con el que habla en la montaña, incendie todo los becerros de oro en cuya adoración el pueblo, con el permiso de muchos pastores, busca la felicidad».
Profesor Grygiel, usted, a propósito de la teología actualmente dominante, ha hablado de «pragmatismo teológico». ¿Qué quiere usted decir con esta expresión y cuáles son los objetivos de dicho pragmatismo?
El principio marxista en la manera de pensar es: la praxis precede al y decide sobre el logos, es decir, la verdad. Así ha dado un vuelco no sólo a la vida intelectual del mundo occidental, sino también a la vida de la Iglesia católica. Recuerdo los años 1966-1967, en los que viví en la Universidad Católica de Leuven, en Bélgica, y muchas lecciones de teología y filosofía que seguían este principio. El resultado fue una teología pragmática y una pastoral igualmente pragmática, que no parte de la Persona de Cristo, sino de la descripción sociológica de los distintos comportamientos humanos. Si la mayoría se divorcia, entonces… Muchos teólogos y, sobre todo, muchos pastores en la Iglesia católica se olvidan de hablar con el Hijo del Dios vivo. Les falta la fe en el sentido de la confianza en la Persona de Cristo y, en consecuencia, la fe en el hombre.
La Unión Soviética, al no ser capaz de conquistar Europa occidental con medios militares, intentó penetrar la mentalidad de los intelectuales, para someterla a las órdenes de los señores de este mundo. Lo consiguió a la perfección, como vemos hoy en día, mientras vivimos las desastrosas consecuencias de esa astuta acción de los agentes comunistas y de sus «idiotas útiles» occidentales.
Sabemos que usted ha sido despedido, junto con otros docentes, del Instituto Juan Pablo II sobre el Matrimonio y la Familia. Más allá de su caso particular, ¿qué nos enseña este caso? ¿Por qué esta revolución?
No puedo esconder mi dolor, provocado por el hecho de que el Instituto fundado por san Juan Pablo II haya sido abolido hace dos años. El despido de los profesores representa un acto coherente con esta decisión, por eso no me sorprende. Lamento sólo la confusión a la que han sido arrastrados los estudiantes, y en la que se sienten perdidos. Alguien deberá rendir cuentas un día. San Juan Pablo II preparó con fervor y pasión a los primeros profesores para esta gran misión. Unos meses antes de la fundación del Instituto nos invitó a su apartamento para meditar juntos sobre la situación en la que se encontraba no sólo la Iglesia, sino también el mundo. Quiso crear un Instituto en el que la teología surgiera de la experiencia moral de la persona humana y de la Palabra Divina en la que la verdad del hombre ha sido plenamente revelada. No hay que maravillarse, entonces, que en esa época meditáramos rezando, y rezáramos meditando. Ante Dios y ante el hombre que arde por Él, como ardía la zarza en la montaña en el país de Moria, hay que arrodillarse. En caso contrario, no se comprenderán «el universo y la historia» (cf. Redemptor hominis, n. 1).
Confieso que no llego a comprender por qué razón quienes han ejecutado la decisión papal de abolir el Instituto fundado por san Juan Pablo II hablan de profundización, expansión y ampliación de la enseñanza de Juan Pablo II. No se renueva la casa destruyéndola, incluidos sus fundamentos. Sería mejor hablar clara y francamente según el mandamiento del Evangelio: «Que vuestro hablar sea sí, sí, no,no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno» (Mt 5, 37).
Usted me pregunta: ¿por qué esta revolución? Las razones y los motivos tal vez las revelen los historiadores. Dios, en cambio, los juzgará. Toda revolución parte de cero y llega al punto del que parte. Siempre y por doquier, el revolucionario acaba como empieza: tal es el principio, tal es el fin. Yo veo la situación que se ha creado hoy como un momento de conflicto en marcha entre las dos visiones del hombre. Karol Wojtyła parte de la Palabra de Dios y de la experiencia moral de la persona humana. Por consiguiente, para él son«categorías» fundamentales la verdad que surge del acto de la creación y la mentira que el hombre comete cuando «crea» sus propias verdades. Precisamente por esto la experiencia de la persona humana tiene carácter moral, es decir, consiste en vivir las acciones como buenas o como malas. El «pragmatismo» es una negación total del «centro del universo y de la historia», es decir, del Hijo del Dios vivo.
La Iglesia católica está viviendo un periodo de confusión, marcado por profundas divisiones. ¿Cómo juzga usted la situación?
La Iglesia católica, abriéndose al mundo, se ha encontrado en la situación que atraviesa el mundo posmoderno, marcado por el «pragmatismo». La teología y la filosofía posmodernas se reducen al juego de opiniones (predicados) y ya no miran al hombre como la magna quaestio de san Agustín. La pregunta sobre el sentido de la vida desaparece y su lugar es ocupado por la pregunta sobre la felicidad horizontalmente entendida. Los teólogos y los filósofos para los que la teología y la filosofía son sólo juegos de opinión, no se arrodillan ante Dios, sino ante sus propios productos. Juegan sus cartas, se adoran a sí mismos. Sin embargo, de esta manera corren el riesgo de permanecer víctimas de los estafadores.
La Iglesia actual necesita un Moisés que, llevado por la ira del Dios misericordioso, con el que habla en la montaña, incendie todo los becerros de oro en cuya adoración el pueblo, con el permiso de muchos pastores, busca la felicidad. El nuevo Moisés provocará en las mentes y en los corazones la verdad del amor grabada en las Tablas y por muchos olvidada. La economía de la salvación puede vivir en el caos sólo hasta cierto punto. La ira misericordiosa de Dios tomará la palabra.
Publicado por Aldo Maria Valli en su blog Duc in altum.
Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana.