Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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miércoles, 2 de julio de 2014

Consagración a la Virgen de los Treinta y Tres Oración de Juan Pablo II


¡Feliz porque has creído, Madre del Redentor!

Ante tu imagen sagrada, oh Virgen de los Treinta y Tres,
todo el pueblo del Uruguay,
que te reconoce como Madre y Patrona, 
se confía unánime a mis labios para ensalzarte:
“¡Feliz porque has creído!”, 
y con inefable gratitud te aclama Maestra de su fe. 
Tu mirada bondadosa acompaña los caminos de evangelización
y sostiene con amor solícito
la peregrinación de fe y de esperanza
de todo el Pueblo de Dios en esta sierra,
que en ti pone su confianza, a ti encomienda sus aspiraciones,
su futuro de paz, de progreso, de fidelidad a Cristo.

2. ¡Bendita entre las mujeres! ¡Bendito el fruto de tu seno!

Madre del Verbo de la vida, Virgen de Nazaret,
te encomiendo encarecidamente en este día
todas las familias del Uruguay.
Que sean felices afianzando más y más
el vínculo indisoluble y sagrado del matrimonio;
que sean benditas porque respetan la vida que nace,
como don que viene de Dios,
desde el mismo seno materno.
Haz que cada familia sea de veras una iglesia doméstica,
–a imagen de tu hogar de Nazaret–,
donde Dios esté presente
para hacer llevadero el yugo suave de su ley que es siempre amor,
y donde los hijos puedan crecer en sabiduría y gracia,
sin que les falte el alimento, la educación, el trabajo.
Que el amor de todos los uruguayos hacia ti,
se traduzca en respeto y promoción de la mujer,
ya que eres espejo de su vocación y dignidad,
con la Iglesia y en la sociedad.

3. ¡Virgen del Magnificat, fiel a Dios y a la humanidad!

Te ofrezco y pongo bajo tu amparo la Iglesia entera del Uruguay, 
los obispos y los sacerdotes, 
particularmente los recién ordenados, 
los religiosos y religiosas, 
los seminaristas y novicios 
y cuantos están dedicados 
al servicio de la evangelización 
y del progreso de este pueblo: 
los catequistas, los laicos comprometidos, los jóvenes. 
Tú que eres la imagen perfecta y viva de la libertad, 
de la unión indisoluble entre el amor de Dios 
y el servicio a los hermanos, 
entre la evangelización y la promoción humana, 
enséñanos a poner en práctica 
el amor preferencial de Dios por los pobres y humildes. 
Que toda la Iglesia del Uruguay,
bajo tu valiosa ayuda y ejemplo, 
trabaje sin descanso por implantar 
el Evangelio de las bienaventuranzas, 
garantía de libertad, de progreso, de paz; 
promueva la solidaridad con las demás naciones hermanas, 
y todos los uruguayos vivan en armonía y concordia, 
conscientes de ser hijos de Dios y hermanos en Cristo, 
sellados por el mismo Espíritu, 
miembros de la misma Iglesia 
e hijos tuyos, Madre del Redentor.

Amén.


Oración de Juan Pablo II en su viaje apostólico a Uruguay,Bolivia, Lima y Paraguay – Florida, Uruguay Domingo 8 de mayo de 1988

sábado, 1 de marzo de 2014

Juan Pablo II y la Virgen de los Treinta y Tres



La peregrinación espiritual que domingo tras domingo realizó el Papa Juan Pablo II durante el Año Mariano 1987/1988 visitando distintos lugares de veneración y culto a la Virgen María, este Domingo de mayo de 1988 no solo se trataba de una visita espiritual sino que visitaba en persona  el Santuario de la Virgen de los Treinta yTres,  patrona del Uruguay durante un viaje apostólicoa Uruguay, Bolivia, Lima y Paraguay.

En el Regina Caeli  el Papa anunciaba que: “La peregrinación espiritual que domingo tras domingo de este Año Mariano he ido realizando a los distintos lugares de veneración y culto a la Virgen María, esparcidos por todo el mundo, me trae hoy al Santuario de la Virgen de los Treinta y Tres, Patrona del Uruguay, en la ciudad de Florida, ante cuya imagen me postraré esta tarde, como etapa gozosa y obligada en el itinerario de este viaje pastoral. Allí contemplaré la santa imagen que atrae las miradas de todos los uruguayos e irradia dulzura y bondad; celebraré la Eucaristía y ordenaré nuevos sacerdotes para la Iglesia de Dios.”

En su visita el Santo Padre le dirigía a Nuestra Señora, la Virgen de los Treinta y Tres  una plegaria que quería ser “la voz de todos los pueblos de América Latina y consagraba al Uruguay a su santa patrona.   
Juan Pablo II ya había visitado Uruguay el año anterior en 1987 en aquella larga y tan recordada visita apostólica  que cubría  Uruguay, Chile y Argentina con una duración total de casi dos semanas que culminaba con la inolvidable Jornada Mundial de la Juventud en Buenos Aires. 

La Virgen de los Treinta y Tres fue declarada Patrona del Uruguay por el Papa Juan XXIII, coronada solemnemente en  Piedra Alta  en 1961 y su Santuario se levanta ante la Plaza de la Asamblea.  El origen de la devoción está ligado a la gesta libertadora de los próceres uruguayos, pero el origen de la imagen es mucho más antiguo como podemos leer en la página de Javier  “Se trata de una talla en madera procedente de los talleres de las misiones que los Jesuitas tenían en el Paraguay a mediados del siglo XVIII. La imagen fue confeccionada en alguna de las fábricas guaraníes que florecían en estas famosas misiones.   La imagen permaneció en la capilla que los padres jesuitas atendían en el pueblo del Pintado y tiempo después, al trasladarse la población entera hacia lo que hoy es la ciudad de Florida, los vecinos llevaron consigo la querida imagen ante la que habían orado sus antepasados.”


En el sitio oficial dela Conferencia Episcopal del Uruguay  se señala que “cuando en  1825 se reúne la Asamblea de la Florida que redacta el Acta de la Declaratoria de la Independencia Nacional, presidida por el Pbro. Juan Francisco Larrobla resultó espontánea la visita de los asambleístas de Florida a la Virgen María venerada en un rancho contiguo al rancho de la Asamblea. Desde entonces aquella imagen de María, comienza a llamarse popularmente la “Virgen de los Treinta y Tres”,  que era el número de los asambleístas. 

martes, 31 de marzo de 2009

Juan Pablo II y Uruguay 1987


Estoy cumpliendo una deuda con el blog…. la visita del Santo Padre Juan Pablo II a Uruguay, Chile y Argentina de 1987 cuando estuvo casi dos semanas en esta parte del cono sur.
Su paso por Uruguay fue muy breve (solo 19 horas),pero volvería en 1988 y ambas visitas “dejaron su profunda huella en el ser y sentir de los uruguayos”.
Ya el primer dia de su visita dejò rondando su promesa que volverìa “en otra oportunidad no lejana”. Era la primera vez que besaba tierra uruguaya en una visita “tan llena de interés y calidez” que quedará sin duda grabada en la memoria histórica de este pueblo como una de sus páginas más luminosas y esperanzadoras” decian los Obispos en su Mensaje emitido en Montevideo en abril de 1987En su mensaje de bienvenida en el aeropuerto de Montevideo el Santo Padre subrayo el papel de Uruguay por su contribución en favor de la paz y el apoyo prestado para la superación del diferendo entre Argentina y Chile sobre la zona austral y expresó que consideraba un deber conmemorar en Montevideo el feliz resultado de aquella mediación.
Esa misma tarde visito el Palacio Taranco, donde el 8 de enero de 1979 se había firmado el “Tratado de Montevideo” evitando una insensata guerra entre “dos países, hermanos por su origen y raíces históricas, por su fe, su lengua y su geografía” entre los cuales “existían antiguas diferencias, que les llevaron en el año 1978 al borde de un conflicto armado”
En su encuentro con sacerdotes, religiosos y religiosas en la Catedral de Montevideo el mismo 31 de marzo, les invito “Remad mar adentro y echad vuestras redes para pescar” (Lc 5, 4) , y predicad la palabra a "tiempo y a destiempo" (2Tm 4, 1-2).

La celebración de la Eucaristía en la Explanada «Tres Cruces» al dia siguiente fue acompañada por un coro de 100 voces que entonaron al principio el Himno de la alegría, de Beethoven, y al final el Aleluya, de Haendel. En la homilía, el Santo Padre recordó nuevamente los momentos de la amenaza de guerra cuando con toda prisa encomendó a su enviado el Cardenal Antonio Samorè el papel de mediador, intervención que llevo al feliz Acuerdo de Montevideo.
Juan José Arteaga, embajador e historiador opino que los viajes que el Papa realizó en 1987 y 1988 llevaron al fin de un histórico conflicto entre religión y laicismo en Uruguay, marcando definidamente dos etapas. Mientras en la primera el laicismo fue combativo y anticatólico, en la segunda se convirtió en un marco de respeto y tolerancia.
“¡Gracias, Uruguay, por tu hospitalidad! Me despido con el propósito de volver otra vez. ¡Que la paz de Cristo dé en ti frutos abundantes de justicia y amor en la libertad!”
Asi se despedia Juan Pablo II de Uruguay el 1ro de abril de 1987.
La promesa del Santo Padre que volveria a Uruguay fue confirmada ya el 14 de diciembre de ese mismo año por los Obispos uruguayos quienes con profunda alegria comunicaban que el Papa Juan Pablo II "estará entre nosotros el 7, 8 y 9 del mes de mayo próximo, conformando asi una visita en dos etapas.

Mirando hacia atrás sinceras gracias al pueblo uruguayo por su invaluable ayuda y por habernos prestado su sensatez para que nuestras riñas no llegasen a convertirse en una lucha sin sentido entre pueblos hermanos.
Gracias!
Invito visitar:

viernes, 9 de mayo de 2008

Juan Pablo II y Uruguay - 20 años - 4


La actividad que el Santo Padre Juan Pablo II realizó durante su segunda visita a Uruguay entre los dias 7 y 9 de mayo de 1988 fue intensísima. Pensando ya en el 5to centenario de la llegada del cristianismo a Sud America en sus diferentes homilías subrayó la evangelización, la justicia y la dignidad humana.

En la Celebración de la Palabra en la Explanada del Barrio La Concordia, Melo el Santo Padre expresó “Yo no quiero anunciaros otra cosa, mas que a Cristo Redentor; a Jesucristo, el Hijo de Dios, que trabajó con sus manos, para enseñarnos cómo debemos comportarnos en nuestro esfuerzo por construir de modo solidario un mundo mejor”......aquel “hijo del carpintero” (Mt 13, 5), que pasó la mayor parte de su existencia terrena compartiendo la vida de cada día con sus hermanos los hombres y ocupando sus años como un trabajador”… “aquel Jesus que “sabe cómo una mujer mezcla la levadura y la harina para hacer el pan (cf. Mt 13, 33); cómo se remienda un vestido roto (cf. Lc 5, 36); cómo negocia un buscador de perlas (cf. Mt 13, 45-46) y también cuáles son las posibilidades de negociar con el propio dinero (cf. Ibíd. 25, 14-17). Asimismo al Señor no le resulta indiferente la suerte de los que están desocupados, a la espera de ser contratados para trabajar (cf. Mt 20, 1)

Con numerosas citas a la Encíclica Laborem Exercens, se refirió al esfuerzo humano, la laboriosidad, la actividad creadora, reiterando que “Mediante su trabajo (el hombre) participa en la obra del Creador y, según sus propias posibilidades, en cierto sentido, continúa desarrollándola y la completa, avanzando cada vez más en el descubrimiento de los recursos y de los valores encerrados en todo lo creado” (Ibíd. 25).

El trabajo no es, pues, algo que el hombre debe realizar sólo para ganarse la vida; es una dimensión humana que puede y debe ser santificada, para llevar a los hombres a que se cumpla plenamente su vocación de criaturas hechas a imagen y semejanza de Dios”.

“Todo trabajo es testimonio de la dignidad del hombre, de su dominio sobre la creación, y cualquier trabajo honrado es digno de aprecio! Llamó a “Instaurar una “civilización del trabajo” tarea que requiere la participación solidaria de toda la sociedad”. Destacó además “la importancia de valorar socialmente las funciones que con abnegación y entrega, desempeñan en sus casas, las madres de familia”.

Después del Regina Caeli tuvo lugar un encuentro con los obispos uruguayos en la Nunciatura Apostólica de Montevideo y mas tarde la Celebración eucarística y ordenaciones sacerdotales en Florida.

En su homilía de la Santa Misa en el «Parque Mattos Neto» el lunes 9 de mayo de 1988 se refirió nuevamente a la evangelización a “los quinientos años de evangelización… de la llegada de la “Buena Nueva” hasta lo que entonces eran “los confines de la tierra”…a los primeros evangelizadores, quienes “movidos por la fe en esas palabras de Cristo y por su amor a las almas, realizaron una labor admirable para acercar a Cristo a los pueblos recién conocidos”. Agradeció el “ trabajo denodado de tantos sacerdotes, religiosos y laicos y recordaba a todos aquellos que incansablemente han proclamado aquí la “Buena Nueva”, generación tras generación, reiterando que “El tiempo nuevo de evangelización se inicia por la conversión del corazón”…... “La evangelización, que tiene como proyección necesaria también la preocupación por el bienestar material del prójimo y por hallar remedio a sus necesidades, será eficaz si culmina en la práctica sacramental, que es el cauce por donde discurre la nueva vida que Cristo ofrece como fruto de la redención”, …... “La evangelización será “nueva en sus métodos” si cada uno de los miembros de la Iglesia se hace protagonista de la difusión del mensaje de Cristo “Todos los fieles” –os digo con palabras del Concilio Vaticano II– “tienen el deber de hacer apostolado, según su condición y capacidad” (Apostolicam actuositatem, 6). La evangelización es pues tarea de todos los miembros de la Iglesia. Cada hombre y cada mujer cristianos han de adquirir un sólido conocimiento de las verdades de Cristo –adecuado a su propia formación cultural e intelectual–, siguiendo las enseñanzas de la Iglesia. Cada uno ha de pedir al Espíritu Santo que le permita llevar el “alegre anuncio”, la “Buena Nueva”, a todos los ambientes en que se desarrolla su existencia.”
En la Ceremonia de despedida después de proceder a un brevisimo resumen de sus palabras en las varias homilías, agradeció al “pueblo de Uruguay, por la hospitalidad que has dado al Papa y por la acogida que has reservado a su palabra de sembrador de esperanza evangélica!” para partir desde el Aeropuerto de Carrasco de Montevideo hacia Bolivia.

Juan Pablo II y Uruguay - 20 años - 3


En el marco de la segunda visita pastoral a Uruguay del Santo Padre Juan Pablo II el 8 de mayo de 1988 tuvo lugar la Consagración a la Virgen de los Treinta y Tres. La Virgen, cuya fiesta central se celebra el 2do domingo de noviembre, es una pequeña talla barroca de la Asunción de la Virgen y procede de los talleres de las misiones que los Jesuitas tenian en el Paraguay. Tiene solo 35 cm de alto y porta desde 1857 una corona de oro y piedras preciosas. Fué coronada canónicamente en 1961, por concesión de Su Santidad Juan XXIII; quien al año siguiente la proclamó oficialmente "Patrona del Uruguay”

Consagración a la Virgen de los Treinta y Tres
Oración de Juan Pablo II
Florida, Uruguay
Domingo 8 de mayo de 1988

¡Feliz porque has creído, Madre del Redentor!
Ante tu imagen sagrada, oh Virgen de los Treinta y Tres,
todo el pueblo del Uruguay,
que te reconoce como Madre y Patrona,
se confía unánime a mis labios para ensalzarte:
“¡Feliz porque has creído!”,
y con inefable gratitud te aclama Maestra de su fe.
Tu mirada bondadosa acompaña los caminos de evangelización
y sostiene con amor solícito
la peregrinación de fe y de esperanza
de todo el Pueblo de Dios en esta sierra,
que en ti pone su confianza, a ti encomienda sus aspiraciones,
su futuro de paz, de progreso, de fidelidad a Cristo.

¡Bendita entre las mujeres! ¡Bendito el fruto de tu seno!
Madre del Verbo de la vida, Virgen de Nazaret,
te encomiendo encarecidamente en este día
todas las familias del Uruguay.
Que sean felices afianzando más y más
el vínculo indisoluble y sagrado del matrimonio;
que sean benditas porque respetan la vida que nace,
como don que viene de Dios,
desde el mismo seno materno.
Haz que cada familia sea de veras una iglesia doméstica,
–a imagen de tu hogar de Nazaret–,
donde Dios esté presente
para hacer llevadero el yugo suave de su ley que es siempre amor,
y donde los hijos puedan crecer en sabiduría y gracia,
sin que les falte el alimento, la educación, el trabajo.
Que el amor de todos los uruguayos hacia ti,
se traduzca en respeto y promoción de la mujer,
ya que eres espejo de su vocación y dignidad,
con la Iglesia y en la sociedad.

Juan Pablo II y el Uruguay - 20 años - 2


Leiamos en El Pais que las dos visitas del Santo Padre Juan Pablo II dejaron profunda huella en el ser y sentir de los uruguayos, quienes acompañaron todos los encuentros apostólicos convocados por el Santo Padre tanto en Montevideo como en el interior. El 31 de marzo de 1987 habia quedado marcado en la historia como la primera visita a Uruguay de la máxima autoridad de la Iglesia Católica. En esa ocasión, Juan Pablo desarrolló su misión apostólica exclusivamente en Montevideo.

Al celebrarse el año pasado los 20 años de esa primer visita (1987) se realizó en la Casa de Gobierno una muestra incluyendo objetos relacionados con la visita del Santo Padre. Se incluía tambien el documento original (pergamino grande) del acta del Palacio Taranco, que concluyó con una mediación exitosa del papa Juan Pablo II en el conflicto que mantenían los gobiernos de Argentina y Chile. Desde aquí agradecemos nuevamente a nuestros hermanos uruguayos por su generosa mediación y por tendernos una mano amiga en momentos difíciles.

Juan José Arteaga, embajador e historiador, comentó que los viajes que el Papa realizó en 1987 y 1988 se enmarcaron en una etapa de finalización del mundo bipolar, entendiendo que estas visitas a territorio uruguayo generaron el fin de un histórico conflicto entre religión y laicismo en el Uruguay, marcando definidamente dos etapas. Dijo que en la primera el laicismo fue combativo y anticatólico, y que en la segunda se convirtió en un marco de respeto y tolerancia.

Esta semana, al celebrarse los 20 años de la segunda visita de Juan Pablo II a Uruguay, se ha organizado en Melo, la diócesis de Cerro Largo y Treinta y Tres, a cargo de Monseñor Luís del Castillo, una muestra fotográfica, con imágenes que llegaron desde el Vaticano.

jueves, 8 de mayo de 2008

Juan Pablo II y el Uruguay 1988 - 20 años - 1

(foto visita ad limina obispos uruguayos, año 2000)
¡Orientales! ¡El Papa está en vuestra casa bajo el signo de la paz: la cruz de Cristo!

El 7 de mayo de 1988 el Santo Padre Juan Pablo II comenzaba un extenso viaje pastoral a Uruguay, Bolivia, Paraguay y Lima (Perú) que terminaría el 18 de mayo en Paraguay. Era su viaje apostólico Nro 37 y el segundo que realizaba Uruguay (*).

Continuaba - según sus palabras - la visita que habia “comenzado” el año anterior cuando habia prometido volver otra vez. Y esta vez venia para recorrer el pais en todas las direcciones. Venia “cargado de esperanza para anunciar a Cristo”. Queria acercarse de manera especial “a los que más sufren: a quienes carecen de los medios suficientes para sustentar su vida, a los que no tienen casa y a los desocupados; a los enfermos, a los minusválidos; a las familias divididas, a quienes les falta el cariño y la comprensión. A todos quisiera llegar con amor, para acompañarlos y ayudarlos”.

Ese mismo dia 7 de mayo de 1988 tuvo lugar la Celebración de la Palabra en el Estadio “Centenario”, donde en su homilía recordaba el Congreso Eucarístico de 1938 y el Año Mariano de 1954, y proclamaba un Año Eucarístico en el Año Mariano de la Iglesia universal - a pedido de los obispos uruguayos. A los padres y madres de familia les decía: “vosotros que amáis a vuestros hijos, que cuidáis de ellos con verdadera abnegación, tened presente que también debéis cuidar la vida que Cristo les ha dado en el Bautismo”. Y a los jóvenes les invitaba a “colaborar para construir una sociedad mas justa y más fraterna según la voluntad y el plan de Dios”.

Más tarde dirigió un discurso a las autoridades académicas, profesores y alumnos de la Universidad Católica Dámaso Antonio Larrañaga.

Anteriormente, durante el vuelo desde Roma a Montevideo, por medio de la Radio Vaticana, habia dirigido un mensaje - oración a los connacionales con motivo de la fiesta de San Estanislao que se celebraba en Polonia el dia siguiente el 8 de mayo, mostrándose preocupado por la situación en Polonia.

(*) Era la segunda vez que Juan Pablo II visitaba Uruguay y recordaba agradecido el acontecimiento histórico de la firma del acuerdo de Montevideo del año anterior, que sellaba el entendimiento entre Argentina y Chile por un diferendo que en 1978 los habia llevado al borde de un conflicto armado. Uruguay habia ofrecido entonces generosamente su suelo para la firma de ese Acuerdo en el Palacio Taranco y Juan Pablo II agradecia ese gesto de buena voluntad por un lado y por otro deseaba rendir público homenaje a la memoria del cardenal Antonio Samoré, que habia sido su Enviado Especial en aquella ocasión.

Invito visitar Mensaje de la Conferencia Episcopal Uruguaya publicado despues de la primer visita en 1987.