Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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viernes, 21 de noviembre de 2025

Catequesis del Papa Francisco sobre la oración

 



"La oración es el aliento de la fe, es su expresión más adecuada. Como un grito que sale del corazón de los que creen y se confían a Dios", decía el Papa Francisco al iniciar esta serie de 38 catequesis que comenzaron el pasado 6 de mayo de 2020. Repasando pasajes y personajes del Antiguo y Nuevo Testamento, actualiza el significado y la vivencia de rezar.

A continuación, la recopilación de catequesis ordenadas cronológicamente:

6 de mayo de 2020: 1. El misterio de la oración

13 de mayo de 2020: 2. La oración del cristiano

20 de mayo de 2020: 3. El misterio de la creación

27 de mayo de 2020: 4. La oración de los justos

3 de junio de 2020: 5. La oración de Abraham

10 de junio de 2020: 6. La oración de Jacob

17 de junio de 2020: 7. La oración de Moisés

24 de junio de 2020: 8. La oración de David

7 de octubre de 2020: 9. La oración de Elías

14 de octubre de 2020: 10. La oración de los Salmos (1)

21 de octubre de 2020: 11. La oración de los Salmos (2)

28 de octubre de 2020: 12. Jesús hombre de oración

4 de noviembre de 2020: 13. Jesús, maestro de oración

11 de noviembre de 2020: 14. La oración perseverante

18 de noviembre de 2020: 15. La Virgen María, mujer de oración

25 de noviembre de 2020: 16. La oración de la Iglesia naciente

2 de diciembre de 2020: 17. La bendición

9 de diciembre de 2020: 18. La oración de súplica

16 de diciembre de 2020: 19. La oración de intercesión

30 de diciembre de 2020: 20. La oración de acción de gracias

Fuente: Humanitas, Chile, para consultar sobre el año 2021 (18 catequesis mas)


 

sábado, 13 de septiembre de 2025

Juan Pablo II, el “vínculo misterioso de amor” de Kalwaria Zebrzydowska y su despedida en una oración (3 de 3)

 "Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y, después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce Virgen María! Dirige, oh Señora de las gracias, tu mirada a este pueblo que desde hace siglos permanece fiel a ti y a tu Hijo.



Dirige la mirada a esta nación, que siempre ha puesto su esperanza en tu amor de Madre.
Dirige a nosotros la mirada, esos tus ojos misericordiosos, y obtennos lo que tus hijos más necesitan.
Abre el corazón de los ricos a las necesidades de los pobres y de los que sufren.
Haz que los desempleados encuentren trabajo.
Ayuda a los que se han quedado en la calle a encontrar una vivienda.
Dona a las familias el amor que permite superar todas las dificultades.
Indica a los jóvenes el camino y las perspectivas para el futuro.
Envuelve a los niños con el manto de tu protección, para que no sufran escándalo.
Anima a las comunidades religiosas con la gracia de la fe, de la esperanza y de la caridad.
Haz que los sacerdotes sigan las huellas de tu Hijo dando cada día la vida por las ovejas.
Obtén para los obispos la luz del Espíritu Santo, para que guíen la Iglesia en estas tierras hacia el reino de tu Hijo por un camino único y recto.
Madre santísima, nuestra Señora de Kalwaria, obtén también para mí las fuerzas del cuerpo y del espíritu, para que pueda cumplir hasta el fin la misión que me ha encomendado el Resucitado.
En ti pongo todos los frutos de mi vida y de mi ministerio; a ti encomiendo el destino de la Iglesia; a ti entrego mi nación; en ti confío y te declaro una vez más: Totus tuus, Maria! Totus tuus. Amén.

 

(de la homilía del Papa Juan Pablo II en el Santuario de Kalwaria)

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sábado, 8 de febrero de 2025

El arte de la oración y la pedagogía de la santidad

 


En la en la catequesis del 28 de marzo de 2001  sobre los Salmos en la tradición de la Iglesia, Juan Pablo II nos recordaba:


“En la 
carta apostólica Novo millennio ineunte expresé el deseo de que la Iglesia se distinga cada vez más en el "arte de la oración", aprendiéndolo siempre de nuevo de los labios mismos del divino Maestro (cf. n. 32), compromiso que ha de vivirse sobre todo en la liturgia, fuente y cumbre de la vida eclesial.”

Y en la carta apostólica citada leemos “Nuestras comunidades cristianas tienen que llegar a ser auténticas « escuelas de oración », (
33) donde el encuentro con Cristo no se exprese solamente en petición de ayuda, sino también en acción de gracias, alabanza, adoración, contemplación, escucha y viveza de afecto hasta el « arrebato» del corazón”[…] “ Es preciso aprender a orar” … como los primeros discípulos: « Señor, enséñanos a orar » (Lc 11,1)” […] En la plegaria se desarrolla ese diálogo con Cristo que nos convierte en sus íntimos: « Permaneced en mí, como yo en vosotros » (Jn 15,4). Esta reciprocidad es el fundamento mismo, el alma de la vida cristiana y una condición para toda vida pastoral auténtica“[…] “Una oración intensa, pues, que sin embargo no aparta del compromiso en la historia: abriendo el corazón al amor de Dios, lo abre también al amor de los hermanos, y nos hace capaces de construir la historia según el designio de Dios”.


En la misma carta apostólica 
(32) Juan Pablo II subraya la importancia de la oración en la pedagogía de la santidad, recordándonos que esa “ « vocación universal a la santidad » ese « alto grado » de la vida cristiana ordinaria” ese “don de santidad” personal que se da a cada bautizado” hay que descubrirlo. Y agrega - “También es evidente que los caminos de la santidad son personales y exigen una pedagogía de la santidad verdadera y propia, que sea capaz de adaptarse a los ritmos de cada persona” y “para esta pedagogía de la santidad es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la oración”

 

lunes, 3 de febrero de 2025

Benedicto XVI : Arte y oración

 


Me permito transcribir completo este precioso texto  de la Audiencia General del Papa Benedicto XVI titulado Arte y Oracion, ofrecido en la Plaza de la Libertad de Castelgandolfo.

“Durante este período, más de una vez he llamado la atención sobre la necesidad que tiene todo cristiano de encontrar tiempo para Dios, para la oración…. El Señor mismo nos ofrece muchas ocasiones para que nos acordemos de él. Hoy quiero reflexionar brevemente sobre uno de estos canales que pueden llevarnos a Dios y ser también una ayuda en el encuentro con él: es la vía de las expresiones artísticas, parte de la «via pulchritudinis» —«la vía de la belleza»— de la cual he hablado en otras ocasiones y que el hombre de hoy debería recuperar en su significado más profundo.

Tal vez os ha sucedido alguna vez ante una escultura, un cuadro, algunos versos de una poesía o un fragmento musical, experimentar una profunda emoción, una sensación de alegría, es decir, de percibir claramente que ante vosotros no había sólo materia, un trozo de mármol o de bronce, una tela pintada, un conjunto de letras o un cúmulo de sonidos, sino algo más grande, algo que «habla», capaz de tocar el corazón, de comunicar un mensaje, de elevar el alma. Una obra de arte es fruto de la capacidad creativa del ser humano, que se cuestiona ante la realidad visible, busca descubrir su sentido profundo y comunicarlo a través del lenguaje de las formas, de los colores, de los sonidos. El arte es capaz de expresar y hacer visible la necesidad del hombre de ir más allá de lo que se ve, manifiesta la sed y la búsqueda de infinito. Más aún, es como una puerta abierta hacia el infinito, hacia una belleza y una verdad que van más allá de lo cotidiano. Una obra de arte puede abrir los ojos de la mente y del corazón, impulsándonos hacia lo alto.

Pero hay expresiones artísticas que son auténticos caminos hacia Dios, la Belleza suprema; más aún, son una ayuda para crecer en la relación con él, en la oración. Se trata de las obras que nacen de la fe y que expresan la fe. Podemos encontrar un ejemplo cuando visitamos una catedral gótica: quedamos arrebatados por las líneas verticales que se recortan hacia el cielo y atraen hacia lo alto nuestra mirada y nuestro espíritu, mientras al mismo tiempo nos sentimos pequeños, pero con deseos de plenitud… O cuando entramos en una iglesia románica: se nos invita de forma espontánea al recogimiento y a la oración. Percibimos que en estos espléndidos edificios está de algún modo encerrada la fe de generaciones. O también, cuando escuchamos un fragmento de música sacra que hace vibrar las cuerdas de nuestro corazón, nuestro espíritu se ve como dilatado y ayudado para dirigirse a Dios. Vuelve a mi mente un concierto de piezas musicales de Johann Sebastian Bach, en Munich, dirigido por Leonard Bernstein. Al concluir el último fragmento, en una de las Cantatas, sentí, no por razonamiento, sino en lo más profundo del corazón, que lo que había escuchado me había transmitido verdad, verdad del sumo compositor, y me impulsaba a dar gracias a Dios. Junto a mí estaba el obispo luterano de Munich y espontáneamente le dije: «Escuchando esto se comprende: es verdad; es verdadera la fe tan fuerte, y la belleza que expresa irresistiblemente la presencia de la verdad de Dios». ¡Cuántas veces cuadros o frescos, fruto de la fe del artista, en sus formas, en sus colores, en su luz, nos impulsan a dirigir el pensamiento a Dios y aumentan en nosotros el deseo de beber en la fuente de toda belleza! Es profundamente verdadero lo que escribió un gran artista, Marc Chagall: que durante siglos los pintores mojaron su pincel en el alfabeto colorido de la Biblia. ¡Cuántas veces entonces las expresiones artísticas pueden ser ocasiones para que nos acordemos de Dios, para ayudar a nuestra oración o también a la conversión del corazón! Paul Claudel, famoso poeta, dramaturgo y diplomático francés, en la basílica de «Notre Dame» de París, en 1886, precisamente escuchando el canto del Magníficat durante la Misa de Navidad, percibió la presencia de Dios. No había entrado en la iglesia por motivos de fe; había entrado precisamente para buscar argumentos contra los cristianos, y, en cambio, la gracia de Dios obró en su corazón.

Queridos amigos, os invito a redescubrir la importancia de este camino también para la oración, para nuestra relación viva con Dios. Las ciudades y los pueblos en todo el mundo contienen tesoros de arte que expresan la fe y nos remiten a la relación con Dios. Por eso, la visita a los lugares de arte no ha de ser sólo ocasión de enriquecimiento cultural —también esto—, sino sobre todo un momento de gracia, de estímulo para reforzar nuestra relación y nuestro diálogo con el Señor, para detenerse a contemplar —en el paso de la simple realidad exterior a la realidad más profunda que significa— el rayo de belleza que nos toca, que casi nos «hiere» en lo profundo y nos invita a elevarnos hacia Dios. Termino con la oración de un Salmo, el Salmo 27: «Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo» (v. 4). Esperamos que el Señor nos ayude a contemplar su belleza, tanto en la naturaleza como en las obras de arte, a fin de ser tocados por la luz de su rostro, para que también nosotros podamos ser luz para nuestro prójimo. Gracias.”

BenedictoXVI, Audiencia General, Plaza de la Libertad Castelgandolfo, 31 de agosto de2011

martes, 18 de julio de 2023

El verdadero amor se aprende sobre todo rezando.

 


En una publicación de Totus Tuus (boletín mensual de la Postulación de la Causa de Juan Pablo II) su entonces director (el Boletin dejo de publicarse) Angelo Zema, escribía en el editorial sobre el valor que Karol Wojtyla siempre le dio a la familia:

 Perdió a su madre a los nueve años, al hermano mayor a los 12; cuando tenía 21 perdió también a su padre. Y a pesar de no haber crecido en una familia completa, Karol Wojtyla creyó siempre en la familia, en la gran fuerza del amor humano que es capaz de expresar. Sabemos cuántas veces lo escribió, dijo y comunico con su persona entera, en la constante atención a las familias de todo el mundo.

Me he preguntado siempre sobre esto, que en cierto sentido es un “misterio”, y me y me temo que los psicólogos y otros expertos se encontrarían en dificultad para dar una respuesta adecuada. A este sufrimiento de Wojtyla niño y adolescente, y a su amor por la familia y a la confianza en la familia, no es suficiente acercarse racionalmente, como nos acostumbran las ciencias humanas. Aquí se ve, con claridad, la constante presencia de Otro. La compañía de  un Padre, misericordioso y fiel, y de una Madre, que lo han acompañado toda la vida, desde los primeros años;  y se ve también por otra parte la filial adhesión de Karol al misterio, comenzando por la intensa vida de oración, por la intima confianza con la Familia de Dios.

Nos lo confirman, por si fuera necesario, las palabras del cardenal Stanislaw Dziwisz, por decenios fiel colaborador de Juan Pablo II, en ocasión de la primera sesión del Tribunal de Cracovia (4 de noviembre 2005) para la causa de beatificación y canonización; “El Santo Padre estuvo siempre, desde su infancia hasta el último instante de su vida, de rodillas ante la majestad de Dios. Estar de rodillas ante Dios significa tener conciencia de Su infinita grandeza, y al mismo tiempo de Su cercanía al hombre…. El amor a la oración lo aprendió en la casa paterna y en concreto de su padre cuya vida, después de la muerte prematura de su esposa, se transformó aun mas en una vida de constante oración..”. Cuando el hijo se despertaba por la noche, encontraba a su padre arrodillado, asi como lo encontraba también en la iglesia parroquial (Juan Pablo II Don y misterio)

En la casa paterna y en la parroquia, Kaol Wojtyla cultivó siempre aquella devoción mariana, que, como todos sabemos, lo acompaño hasta el final.

 (…)

Del valor de la oración en familia, Juan Pablo II habló en numerosas ocasiones, en particular en la Carta a las familias   «El “verdadero amor” se aprende – escribió en ese documento – sobre todo rezando. La oración, en efecto, implica siempre una especie de retiro interior con Cristo en Dios… Solamente en un semejante retiro actúa el Espíritu Santo, fuente de verdadero amor» EL cardenal Dziwisz ha subrayado que en el corazón del Pontífice quedaron grabadas profundamente las palabras de San Anselmo: «Os alimento de lo mismo que vivo yo.» Y de oración alimento a todas las familias.  

 (…)

Juan Pablo II alimentó a las familias con su fe eucarística. Ahora desde la casa del Padre, estamos seguros que la nutre con su oración.

Angelo Zema, TotusTuus Nr 4, julio agosto 2006

viernes, 21 de abril de 2023

Benedicto XVI: La oración como escuela de la esperanza (3 de 3)

 


Para que la oración produzca esta fuerza purificadora debe ser, por una parte, muy personal, una confrontación de mi yo con Dios, con el Dios vivo. Pero, por otra, ha de estar guiada e iluminada una y otra vez por las grandes oraciones de la Iglesia y de los santos, por la oración litúrgica, en la cual el Señor nos enseña constantemente a rezar correctamente.

 

El Cardenal Nguyen Van Thuan cuenta en su libro de Ejercicios espirituales cómo en su vida hubo largos períodos de incapacidad de rezar y cómo él se aferró a las palabras de la oración de la Iglesia: el Padrenuestro, el Ave María y las oraciones de la Liturgia[27].

 

En la oración tiene que haber siempre esta interrelación entre oración pública y oración personal. Así podemos hablar a Dios, y así Dios nos habla a nosotros. De este modo se realizan en nosotros las purificaciones, a través de las cuales llegamos a ser capaces de Dios e idóneos para servir a los hombres.

 

Así nos hacemos capaces de la gran esperanza y nos convertimos en ministros de la esperanza para los demás: la esperanza en sentido cristiano es siempre esperanza para los demás. Y es esperanza activa, con la cual luchamos para que las cosas no acaben en un « final perverso ». Es también esperanza activa en el sentido de que mantenemos el mundo abierto a Dios. Sólo así permanece también como esperanza verdaderamente humana.

 (Benedicto XVI Carta Enciclica Spe Salvi, 34)

Benedicto XVI: La oración como escuela de la esperanza (2 de 3)

 


Agustín ilustró de forma muy bella la relación íntima entre oración y esperanza en una homilía sobre la Primera Carta de San Juan. Él define la oración como un ejercicio del deseo. El hombre ha sido creado para una gran realidad, para Dios mismo, para ser colmado por Él. Pero su corazón es demasiado pequeño para la gran realidad que se le entrega. Tiene que ser ensanchado. « Dios, retardando [su don], ensancha el deseo; con el deseo, ensancha el alma y, ensanchándola, la hace capaz [de su don] ».

Agustín se refiere a san Pablo, el cual dice de sí mismo que vive lanzado hacia lo que está por delante (cf. Flp 3,13). Después usa una imagen muy bella para describir este proceso de ensanchamiento y preparación del corazón humano. « Imagínate que Dios quiere llenarte de miel [símbolo de la ternura y la bondad de Dios]; si estás lleno de vinagre, ¿dónde pondrás la miel? » El vaso, es decir el corazón, tiene que ser antes ensanchado y luego purificado: liberado del vinagre y de su sabor. Eso requiere esfuerzo, es doloroso, pero sólo así se logra la capacitación para lo que estamos destinados[26].

Aunque Agustín habla directamente sólo de la receptividad para con Dios, se ve claramente que con este esfuerzo por liberarse del vinagre y de su sabor, el hombre no sólo se hace libre para Dios, sino que se abre también a los demás. En efecto, sólo convirtiéndonos en hijos de Dios podemos estar con nuestro Padre común.

Rezar no significa salir de la historia y retirarse en el rincón privado de la propia felicidad. El modo apropiado de orar es un proceso de purificación interior que nos hace capaces para Dios y, precisamente por eso, capaces también para los demás. En la oración, el hombre ha de aprender qué es lo que verdaderamente puede pedirle a Dios, lo que es digno de Dios. Ha de aprender que no puede rezar contra el otro. Ha de aprender que no puede pedir cosas superficiales y banales que desea en ese momento, la pequeña esperanza equivocada que lo aleja de Dios. Ha de purificar sus deseos y sus esperanzas. Debe liberarse de las mentiras ocultas con que se engaña a sí mismo: Dios las escruta, y la confrontación con Dios obliga al hombre a reconocerlas también. «

¿Quién conoce sus faltas? Absuélveme de lo que se me oculta », ruega el salmista (19[18],13). No reconocer la culpa, la ilusión de inocencia, no me justifica ni me salva, porque la ofuscación de la conciencia, la incapacidad de reconocer en mí el mal en cuanto tal, es culpa mía. Si Dios no existe, entonces quizás tengo que refugiarme en estas mentiras, porque no hay nadie que pueda perdonarme, nadie que sea el verdadero criterio. En cambio, el encuentro con Dios despierta mi conciencia para que ésta ya no me ofrezca más una autojustificación ni sea un simple reflejo de mí mismo y de los contemporáneos que me condicionan, sino que se transforme en capacidad para escuchar el Bien mismo.

 

 (Benedicto XVI Carta Enciclica Spe Salvi, 33)


Benedicto XVI: La oración como escuela de la esperanza (1 de 3)

 


Un lugar primero y esencial de aprendizaje de la esperanza es la oración. Cuando ya nadie me escucha, Dios todavía me escucha. Cuando ya no puedo hablar con ninguno, ni invocar a nadie, siempre puedo hablar con Dios.

Si ya no hay nadie que pueda ayudarme –cuando se trata de una necesidad o de una expectativa que supera la capacidad humana de esperar–, Él puede ayudarme[25].

Si me veo relegado a la extrema soledad...; el que reza nunca está totalmente solo. De sus trece años de prisión, nueve de los cuales en aislamiento, el inolvidable Cardenal Nguyen Van Thuan nos ha dejado un precioso opúsculo: Oraciones de esperanza. Durante trece años en la cárcel, en una situación de desesperación aparentemente total, la escucha de Dios, el poder hablarle, fue para él una fuerza creciente de esperanza, que después de su liberación le permitió ser para los hombres de todo el mundo un testigo de la esperanza, esa gran esperanza que no se apaga ni siquiera en las noches de la soledad.

 

(Benedicto XVI Carta Enciclica Spe Salvi, 32)

 

lunes, 2 de enero de 2023

Konrad Krajewski: La vida de Juan Pablo II estaba entretejida de oración

 


Estar con Juan Pablo II quería decir vivir en el Evangelio, estar dentro del Evangelio.

En los últimos años de mi servicio a su lado me di cuenta de que la belleza siempre va unida al sufrimiento. No se puede tocar a Jesus sin tocar la cruz: el Pontífice estaba tan probado, se puede decir martirizado por el sufrimiento, pero así era sumamente bello, en cuanto que con alegría ofrecía todo lo que recibió de Dios y con alegría devolvía a Dios todo lo que de él había recibido. De hecho, la santidad – como decía la madre Teresa de Calcuta – no significa solo que nosotros ofrecemos todo a Dios, sino también que Dios toma de nosotros todo lo que nos ha dado.

Juan Pablo II no se avergonzaba del Evangelio. Vivía según el Evangelio. Resolvía según el Evangelio todos los problemas del mundo y de la Iglesia. Según el Evangelio construyo toda su vida interior y exterior.

El misterio de Juan Pablo II, es decir, su belleza, se expresa muy bien a través de la oración del Papa Clemente XI que se encontraba en los antiguos breviarios: «Quiero todo lo que quieres tu, lo quiero porque lo quieres tu, lo quiero como y cuando lo quieres tu» Quien pronuncia estas palabras con el corazón llega a ser como Jesus que, humilde, se esconde en la hostia y se ofrece para ser consumido. Quien hace suyas estas palabras comienza a vivir con espíritu de adoración al Santísimo Sacramento.

Trece días después de su elección, el Papa se dirigió, con algunos de sus colaboradores, a la Mentorella,  cerca de Roma, donde se encuentra el santuario de la Madre de las Gracias. Pregunto a sus compañeros de viaje: «¿Qué es mas importante para el Papa en su vida, en su trabajo?» Le sugirieron: «Quizás la unidad de los cristianos, la paz en Oriente Medio, la destrucción del telón de acero…»  Pero el respondió: «Para el Papa lo más importante es la oración»

En mi país existe este proverbio:« El rey está desnudo ante los ojos de sus servidores.» Cuanto más íbamos conociendo a Juan Pablo II, tanto más convencidos estábamos de su santidad, lo veíamos en todo momento de su vida. El no ocultaba a Dios.

Si quisiera indicar lo que es mas importante para la vida sacerdotal y para cada uno de nosotros, mirándolo a el podría decir no ocultar a Dios en la propia vida, sino, al contrario, mostrarlo y ser signo visible de su presencia. A Dios nadie lo ha visto jamás, pero Juan Pablo II lo hizo visible a traes de su vida.

Cuando oraba yo tenía la impresión de que se arrojaba a los pies de Jesus. Cuando oraba, en su rostro era visible su abandono total en Dios. La vida de Juan Pablo II estaba entretejida de oración. Siempre tenía entre sus dedos el rosario, con el que se dirigía a Maria confirmando su Totus tuus.

 

( parcial del  artículo publicado en L Osservatore Romano 1 de mayo 2011)  

 

sábado, 24 de abril de 2021

La oración del Padre nuestro, compendio de todo el Evangelio

 


1. Con la encarnación del Verbo de Dios la historia de la plegaria conoce un cambio decisivo. En Jesucristo el cielo y la tierra se tocan, Dios se reconcilia con la humanidad y el diálogo entre la criatura y su Creador se reanuda plenamente.

Jesús es la propuesta definitiva del amor del Padre y, al mismo tiempo, la respuesta plena e irrevocable del hombre a las expectativas divinas. Por tanto él, Verbo encarnado, es el único mediador que presenta a Dios Padre todas las oraciones sinceras que suben del corazón humano.

Así, pues, la petición que los primeros discípulos formularon a Jesús se convierte también en nuestra petición: "Señor, enséñanos a orar'' (Lc 11, 1).

2. Como a ellos, Jesús nos "enseña" también a nosotros. Lo hace, sobre todo con el ejemplo. ¿Cómo no recordar la conmovedora oración con la que se dirige al Padre ya desde el primer momento de la encarnación? "Al entrar en este mundo, dice: Sacrificio y oblación no quisiste; pero me has formado un cuerpo... Entonces dije: ¡He aquí que vengo ―pues de mí está escrito en el rollo del libro― a hacer, oh Dios, tu voluntad!" (Hb 10, 5. 7).

Después no hay momento importante de la vida de Cristo que no esté acompañado por la oración. Al comienzo de su misión pública el Espíritu Santo baja sobre él que, después de haber sido "bautizado, estaba en oración" (Lc 3, 21 s.). Sabemos gracias al evangelista Marcos que Jesús, en el momento de empezar la predicación en Galilea "de madrugada cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración" (1, 35). Antes de la elección de los Apóstoles "se fue al monte a orar, y se pasó la noche en la oración" (Lc 6, 12). Y de igual modo antes de la promesa del primado a Pedro, Jesús, según el relato de Lucas, "estaba orando a solas" (9, 18). Jesús oró también en el momento de la transfiguración, cuando su gloria se irradió en el monte antes de que en el Calvario las tinieblas se hicieran más densas (cf. Lc 9, 28-29).

Particularmente reveladora es la oración con la cual, durante la última cena, Jesús eleva al Padre sus sentimientos de amor, de alabanza, de súplica y de abandono confiado (cf. Jn 17). Son los mismos sentimientos que vuelven a aflorar en el huerto de Getsemaní (cf. Mt 26, 39. 42) y en la cruz (cf. Lc 23, 46), desde cuya altura Jesús nos ofrece el ejemplo de aquella última y conmovedora invocación: "Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen" (Lc 23, 34).

3. Jesús nos enseña a rezar también con su palabra. Para subrayar la "necesidad de orar siempre, sin desfallecer", nos dice la parábola del juez injusto y de la viuda (cf. Lc 18, 1-5). Luego recomienda: "Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil" (Mt 26, 41). E insiste: "Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá" (Mt 7, 7-8).

A los discípulos deseosos de una guía concreta, Jesús les enseña también la fórmula del Padre nuestro (Mt 6, 9-13; Lc 11, 2-4), que llegará a ser, a lo largo de los siglos, la plegaria típica de la comunidad cristiana. Ya Tertuliano la calificaba como breviarium totius evangelii, "un compendio de todo el Evangelio" (De oratione, 1). En ella Jesús entrega la esencia de su mensaje. Quien reza de modo consciente el padrenuestro, "se compromete" con el Evangelio; en efecto, no puede dejar de aceptar las consecuencias que derivan para su vida del mensaje evangélico, del cual la "oración del Señor" es su expresión más auténtica.

(Juan Pablo II Audiencia General 23 de septiembre 1992)

viernes, 30 de octubre de 2020

La oración como medida de madurez cristiana

 


Sin embargo la Santa Comunión por más frecuente que sea, que se convierta en frecuente,  siempre es un momento en nuestra vida. Para conocer, entonces, que significa la religión en la perspectiva de Dios, que cosa es el Cristianismo desde la  perspectiva de Dios y de Cristo, para acercarnos constantemente a ello, sencillamente es necesaria la oración.  No es posible comprender el Evangelio, a Cristo, al Cristianismo, encontrarse con este Dios que nos busca, sin oración.   Aun si estudiase a fondo la Summa teologica de Santo Tomas y  leyese de continuo las Sagradas Escrituras pero no orase, podría faltar ese encuentro con este Dios vivo, el Dios del Evangelio, Cristo, en toda la vida.

Un método sencillo,  básico para conocer a Dios vivo, experimentar el encuentro con Dios es precisamente la oración.  Por eso Cristo ha dicho algo que suena enigmático: es necesario orar siempre. Sin cansarse jamás (Lc 18,1)  Y nosotros oramos siempre?  Probablemente ya hace bastante tiempo que nuestra madre nos enseñó a rezar. Y repetimos esas oraciones, quizás no siempre con la suficiente regularidad. A veces si, otras no.  A la mañana   las rezamos, a la tarde no lo hacemos, o quizás a la tarde si y no por las mañanas.

Estas formulas de oraciones son una manera de orar,  pero son una oración momentánea. En cambio Cristo nos ha dicho que es necesario orar siempre.  No sabemos muy bien como afrontar este pedido de Cristo,  pero cómo “siempre”?  Estoy tan ocupado.  Y no solo ocupado, dedicado ademas a otras cosas. Como puedo entonces orar siempre?

Podemos considerar estas palabras de Cristo, como un deber imposible de realizar.  Sin embargo puedo intentar realizarlo, y entonces resultará que en el fondo todo es oración, (todo) puede serlo.  En realidad hay una oración de todas las cosas. Si el hombre reflexiona sobre esta frase de Cristo, entonces descubrirá que todas las cosas oran de algún modo. Ora la naturaleza en toda su existencia; oran las obras de las manos humanas, aun cuando su  oración sea tácita.  Ora también la naturaleza del hombre. Solo que la oración de todas las cosas es tácita. No formulada! Pero el hombre trata de formularla, precisamente entrando en contacto con todas estas cosas.. Y se puede percibir. . Si se descubre esto, se descubre la presencia de Dios en todas partes, y entonces la petición  de Cristo se acerca a nosotros.   Oramos a través de todo. No hay cuestión de nuestra vida, no hay ocupación, no hay esfuerzo que no sea posible hacerlo elevando una oración. Y esto sucede en función de la madurez cristiana que crece en nosotros, de la madurez del corazón, de la madurez de la oración. La madurez cristiana es madurez de la oración.  

(Karol Wojtyla Ejercicios espirituales para los artistas “El Evangelio y el arte” , 16-18 abril 1962 en la Iglesia de la Santa Cruz en Cracovia)

sábado, 4 de abril de 2020

Juan Pablo II y la oraciòn (4 de 4) La Liturgia de las Horas (3) Salmos y cànticos





La “energía del Espiritu Santo”
En la Audiencia General del miércoles 4 de abril de 2001, antes de comentar el comentario de los salmos y cánticos de las Laudes, el Siervo de Dios Juan Pablo II continuaba con la reflexión introductoria iniciada en la catequesis anterior invitándonos a redescubrir también nosotros como “la Iglesia fue definiendo progresivamente este compromiso específico suyo de oración realizada de acuerdo con las diversas fases del día” invitándonos para ello “remontarnos a los primeros tiempos de la comunidad apostólica”
“Al cantar los salmos – expresa Juan Pablo II - el cristiano experimenta una especie de sintonía entre el Espíritu presente en las Escrituras y el Espíritu que habita en él por la gracia bautismal.

 Más que orar con sus propias palabras, se hace eco de los "gemidos inenarrables" de los que habla san Pablo (cf. Rm 8, 26), con los cuales el Espíritu del Señor impulsa a los creyentes a unirse a la invocación característica de Jesús: "¡Abbá, Padre!" (Rm 8, 15; Ga 4, 6)”. “Tan seguros estaban los antiguos monjes de esta verdad – continuaba Juan Pablo II - que ni se preocupaban de cantar los salmos en su lengua materna, les bastaba la convicción de que eran, de algún modo, "órganos" del Espíritu Santo. Estaban convencidos de que por su fe los versículos de los salmos les proporcionaban una "energía" particular del Espíritu Santo.
Invito visitar el Directorio Franciscano con enlaces a todas las catequesis de la serie de  Salmos y cánticos de Juan Pablo II, con comentarios adicionales.

Juan Pablo II y la oraciòn (3 de 4) La Liturgia de las Horas (2) Oracion de la Iglesia



“orar sin cesar”
Antes de comenzar el comentario de los salmos y cánticos de las Laudes, en la Catequesis del 4 de abril de 2001 el Santo Padre Juan Pablo II completaba la reflexión introductoria iniciada en la  catequesis anterior  resaltando la importancia y presencia del Espíritu Santo. Además de la presencia del Espíritu Santo – expresa el Santo Padre - “otra dimensión importante es la de la acción sacerdotal que Cristo realiza en esta oración, asociando a sí a la Iglesia su esposa” y destaca que los discípulos de Jesús descubrieron algunos salmos particularmente adecuados para determinados momentos del día, de la semana o del año, viendo en ellos un sentido profundo en relación con el misterio cristiano. A este respecto cita luego palabras de san Cipriano "Es necesario orar al inicio del día para celebrar con la oración de la mañana la resurrección del Señor. Eso corresponde a lo que una vez el Espíritu Santo indicó en los Salmos con estas palabras: "Rey mío y Dios mío. A ti te suplico, Señor, por la mañana escucharás mi voz, por la mañana te expongo mi causa y me quedo aguardando" (Sal 5, 3-4). (...) Luego, cuando se pone el sol y declina el día, es preciso hacer nuevamente oración. En efecto, dado que Cristo es el verdadero sol y el verdadero día, en el momento en que declinan el sol y el día del mundo, pidiendo en la oración que vuelva a brillar sobre nosotros la luz, invocamos que Cristo nos traiga de nuevo la gracia de la luz eterna" (De oratione dominica, 35: PL 39, 655).

Y continúa enfatizando y explicando la importancia y el sentido de la oración en cualquier momento del dia: “La oración cristiana nace, se alimenta y se desarrolla en torno al evento por excelencia de la fe: el misterio pascual de Cristo. De esta forma, por la mañana y por la tarde, al salir y al ponerse el sol, se recordaba la Pascua, el paso del Señor de la muerte a la vida. El símbolo de Cristo "luz del mundo" es la lámpara encendida durante la oración de Vísperas, que por eso se llama también lucernario. Las horas del día remiten, a su vez al relato de la pasión del Señor, y la hora Tertia también a la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. Por último, la oración de la noche tiene carácter escatológico, pues evoca la vigilancia recomendada por Jesús en la espera de su vuelta (cf. Mc 13, 35-37). Al hacer su oración con esta cadencia, los cristianos respondieron al mandato del Señor de "orar sin cesar" (cf. Lc 18, 1; 21, 36; 1 Ts 5, 17; Ef 6, 18), pero sin olvidar que, de algún modo, toda la vida debe convertirse en oración.
A este respecto escribe Orígenes: “Ora sin cesarqioen une oración a las obras y obras a la oración” (Sobre la oración XII,2: PG 11, 452 c).”

Juan Pablo II y la oraciòn (2 de 4) La Liturgia de las Horas (1) Salmos y Cánticos



"orar sin cesar" (cf. Lc 18, 1; 21, 36; 1 Ts 5, 17; Ef 6, 18), pero sin olvidar que, de algún modo, toda la vida debe convertirse en oración. A este respecto escribe Orígenes: “Ora sin cesar quien une oración a las obras y obras a la oración”  (Sobre la oración XII, 2:PG 11, 452) Catequesis 4 de abril 2001) 
Al "arte de la oración" el Siervo de Dios Juan Pablo II lo consideraba un “compromiso”, llamando a prestarle mayor atención pastoral a la promoción de la Liturgia de las Horas, como “oración de todo el pueblo de Dios (cf. ib., 34)”.
Con la audiencia del 28 de marzo de 2001 comenzaba una serie de catequesis que se extendería durante todo un año (con algunas interrupciones) sobre los salmos y los cánticos propuestos en la oración matutina de las Laudes, deseando “estimular y ayudar a todos a orar con las mismas palabras utilizadas por Jesús y presentes desde hace milenios en la oración de Israel y en el de la Iglesia.”
En la audiencia Juan Pablo II explicaba que “podríamos introducirnos en la comprensión de los salmos por diversos caminos sugestivos y de niveles altísimos. Sin embargo, el objetivo era “destacar el significado religioso de los salmos, mostrando cómo, aun habiendo sido escritos hace muchos siglos por creyentes judíos, pueden ser usados en la oración de los discípulos de Cristo. Para ello nos serviremos de los resultados de la exégesis, pero a la vez veremos lo que nos enseña la Tradición, y sobre todo escucharemos lo que nos dicen los Padres de la Iglesia” quienes “con profunda penetración espiritual, supieron discernir y señalar que Cristo mismo, en la plenitud de su misterio, es la gran "clave" de lectura de los salmos. Estaban plenamente convencidos de que en los salmos se habla de Cristo.

Jesús resucitado se aplicó a sí mismo los salmos, cuando dijo a los discípulos: "Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí" (Lc 24, 44). Los Padres añaden que en los salmos se habla de Cristo, o incluso que es Cristo mismo quien habla. Al decir esto, no pensaban solamente en la persona individual de Jesús, sino en el Christus totus, en el Cristo total, formado por Cristo cabeza y por sus miembros. Así nace, para el cristiano, la posibilidad de leer el Salterio a la luz de todo el misterio de Cristo. Precisamente desde esta perspectiva se descubre también la dimensión eclesial, particularmente puesta de relieve por el canto coral de los salmos….. tomados, desde los primeros siglos, como oración del pueblo de Dios”.

fotos tomadas de la pagina del Directorio Franciscano con una preciosa y cuidadosa recopilacion de textos de los salmos enlazados con las catequesis de Juan Pablo II, que invito visitar.

viernes, 3 de abril de 2020

Juan Pablo II y la oracion (1 de 4)



Hablar de la vida de oración de Karol Wojtyla / Juan Pablo II requeriría analizar toda su vida desde su natal Wadowice hasta su despedida en Roma. Ese amor por la oración lo traía de la casa paterna y lo había aprendido de su padre, cuya vida después de la muerte prematura de su esposa, se transforma.... aún más en una vida de constante oración…. 
Cuando Karol despertaba de noche, veía a su padre de rodillas, tal como lo veía siempre en la iglesia parroquial…
Karol, al ejemplo de su padre,   durante los intervalos de estudio acostumbraba ir a otra habitación para rezar…. según nos confiaba el cardenal Dziwisz. La suya, agregaba su fiel secretario,  fue una 
“vida intensa y profunda de oración que incluía diversas formas de conversación con Dios: desde la oración más simple de niño hasta la oración de las horas de sacerdote, y la contemplación.
Tanto en Cracovia como en el Vaticano Karol Wojtyla fué fiel a las diversas prácticas de piedad: la meditación diaria, la adoración del Santísimo Sacramento, el rosario, el Angelus, las letanías al Sagrado Corazón de Jesús, a la Virgen y a todos los Santos.  Jamás abreviaba, nunca las recitaba apurado; la oración tenia para él precedencia ante las demás ocupaciones. 
De Papa confesó que nunca había abandonado la oración del breviario. Le habían quedado profundamente grabadas en el corazón las palabras de San Anselmo: “"Os alimento con lo que yo mismo vivo". Como sacerdote era consciente que el “nuestro ministerio de la palabra consiste en manifestar lo que primero ha sido preparado en la oración.”, que ” las verdades anunciadas deben descubrirse y hacerse propias en la intimidad de la oración y de la meditación.” (En el XXX aniversario del decreto Presbyterorum Ordinis, 27.10.1995)”
Desde pequeño oraba ante la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en la nave lateral de la iglesia parroquial;  mas tarde en el convento de los padres carmelitanos allí “sobre la colina” de la calle Karmelicka, donde a los 10 años se inscribió en la cofradía y le fue impuesto el escapulario que llevó siempre, y cuando fue manchado con sangre aquel 13 de mayo de 1981 encargó uno nuevo a los padres carmelitanos de la Iglesia de Santa Maria in Traspontina en Roma.
Con su padre iba a orar al Santuario de Kalwaria Zebrzydowska ante la imagen de la Virgen y continuaban orando por los senderos del Calvario. Alli volvería a menudo como Arzobispo de Cracovia y mas tarde Cardenal.  Y al 
 Santuario de la Virgen Madre y Reina de todos los polacos de Jasna Gora. 
Despues de la mudanza, junto a su padre, de Wadowice a Cracovia,  cerca de la iglesia de San Estanislalo Kostka, donde conoció a Jan Tyranowski, comenzó su “Rosario viviente” y profundizó su devoción a la Virgen, cautivado por los escritos de Luigi Maria Grignon de Montfort.
Cuando era Obispo de Cracovia oraba en la capilla hasta las 11 y allí mismo escribía…
En sus poesías nos dejo preciosos versos que son un himno al Amor compuesto por suplicas, plegarias y meditaciones que nos llevan a unirnos a ese mundo tan suyo, pero que el supo compartir donándose por entero. Recordamos algunas: el Magnificat, la Canción sobre el Dios oculto, El Cántico al esplendor del agua, La Madre, La Iglesia, la Peregrinación a los Santos Lugares, las Meditaciones... que otra cosa son sino expresiones poéticas de aquella oración opus gloriae que se extendió durante todos los días y momentos de su vida!
Ante el Umbral de la esperanza (la conversación de Juan Pablo II con Vittorio Messori) contiene dos capítulos que se refieren a la oración (2 y 3) “Nosotros empezamos a rezar con la impresión de que es una iniciativa nuestra: en cambio, es siempre una iniciativa de Dios en nosotros” 
“Se puede y se debe rezar de varios modos, como la Biblia nos enseña…hay que rezar con “gemidos inefables”, para entrar en el ritmo de las súplicas del Espíritu mismo. 
Hay que implorar para obtener el perdón, integrándose en el profundo grito de Cristo Redentor Y a través de todo esto hay que proclamar la gloria. La oración siempre es un opus gloriae” “El hombre alcanza la plenitud de la oración no cuando se expresa principalmente a si mismo, sino cuando permite que en ella se haga mas plenamente presente el propio Dios” 
“La oración es una búsqueda de Dios pero es también revelación de Dios”
“En la raiz de su incansable acción apostólica esta claramente la intensidad y la profundidad de la oración” decía el cardenal Camilo Ruini en su discurso de apertura del proceso de investigación diocesana en San Giovanni in Laterano en Roma el 28 de junio de 2005 y recordaba lo que Juan Pablo II mismo había dicho el 29 de octubre de 1978 durante su visita al Santuario Della Mentorella. “La oración, que es expresión en distintos modos de la relación del hombre con el Dios vivo, es también la primera tarea y como el primer anuncio del Papa, del mismo modo que es el primer requisito de su servicio a la Iglesia y al mundo.”
Y Joaquín Navarro-Valls decía en una entrevista “su relación especial con la oración, a la que diariamente dedicaba varias horas", "una parte fundamental de su vida", era “Uno de los rasgos de la personalidad de Juan Pablo II que más fascinaba” Y en otra entrevista al preguntársele “-¿Cómo reza el Papa?” respondía “ -A juzgar por la imagen exterior, con una intensidad de fe que explica muchas cosas de su pontificado”…
Finalmente es imposible no recordar su “paso de la vida a la vida” y aquella oración universal - que entre lágrimas y rezos se elevaba en un Magnificat de agradecimiento envolviendo la plaza San Pedro y extendiendo el eco a todos los rincones del mundo aquel primer sábado de mes vìsperas del Domingo de la Misericordia de 2005! Y las emotivas palabras de entonces cardenal Joseph Ratzinger en su homilía “ El amor de Cristo fue la fuerza dominante en nuestro amado Santo Padre; quien lo ha visto rezar, quien lo ha oído predicar, lo sabe. Y así, gracias a su profundo enraizamiento en Cristo pudo llevar un peso, que supera las fuerzas puramente humanas; Ser pastor del rebaño de Cristo, de su Iglesia universal.

(En este enlace podemos rezar ante la tumba de Juan Pablo II en la Basilica San Pedro)