Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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martes, 19 de agosto de 2025

El Papa Leon XIV en el Santuario de la Madonna delle Grazie en Mentorella.

 


El Papa Leon XIV ha visitado hoy el Santuario de la Madonna delle Grazie enMentorella,  localidad de Guadagnolo en Capranica, dentro de la dioceiss de Palestrina y se reunió con los religiosos Resurreccionistas polacos, quienes custodian el pequeño Santuario, tan querido por el Papa Juan Pablo II,  quen lo visitara ya antes como cardenal en varias ocasiones.  Era su “ermita secreta.”




A falta de sus queridos Tatry (Tatras) gustaba saborear esas escapadas hacia Mentorella recordando visitas anteriores cuando venía a Roma más ligero de carga, como sacerdote y  enviado polaco. Este lugar se transformo luego en  remanso y refugio espiritual en medio del trajinar diario en Roma,  donde podía encontrarse con su Madre Maria más a solas dentro o fuera del templo.


En este blog hay varios posts sobre ese precioso lugar que visitamos en 2011, como un emotivo trozo de  nuestra peregrinación,  con ocasión de la beatificación del Papa Juan Pablo II.



Y recuerdo nuestro propio periplo en llegar hasta alli,  al salir de la autopista, pasando por pueblitos de vida casi rústica,  cerca de Roma pero  lejos de su ruidosa vida cotidiana.  También para nosotras fue un respiro habernos alejado un poco de aquellos días de tanta actividad  y movimiento (durante la  beatificación de Juan Pablo II)  pero de tantas emociones,  que costaba almacenar todas de golpe y hacía falta alejarse un poco para saborearlas por entero.  Un regalo de Dios, inmerecido como todos sus regalos, que aun me cuesta asumir,  y no  me canso de agradecer.

Cuando llegamos el lugar estaba casi desierto,  hasta dudamos si podríamos  acceder a la iglesia y si encontraríamos a alguien. No tardamos en divisar al  padre Adam quien nos atendió con esmero y dedicación dándonos  instrucciones, consejos y programa del día.  Tendríamos tiempo para visitar tranquilamente el lugar y los alrededores, sentarnos a tomar algo y por la tarde en intimo recogimiento participar del santo rosario y la santa Misa con un grupo de personas que habían llegado al lugar.

Y  recuerdo también con mucha nitidez  nuestro regreso. La bruma que se levantó y envolvió el monte parecía haberse apoderado del lugar para  no dejarnos ir…Nos costó abandonar ese santo remanso y luego partimos casi a  tientas por aquellas serpentinas que a la ida no parecían tan temibles, tan largas como entonces y mucho más altas que a la ida. Toda una aventura. No obstante un dia mágico, enriquecido por sentimientos imposibles de explicar.

 Mentorella, siempre en mi recuerdo!  (de uno de mis posts)

 

 

lunes, 31 de marzo de 2025

Recordando a Juan Pablo II y su querida Mentorella

 


En estos días tan cercanos al aniversario de los 20 años de su partida, como olvidar esos momentos tan emotivos, tan  únicos en pos de descubrir el secreto que ligaba a Juan Pablo II a ese pequeño y por otra parte majestuoso lugar,  situado sobre un promontorio poco importante,  desde donde, sin embargo,  se divisa la grandeza de los montes prenestinos vecinos y donde Juan Pablo II solía sentarse para admirar las obras del Creador.

 


A falta de sus queridos Tatry (Tatras) gustaba saborear esas escapadas hacia Mentorella recordando visitas anteriores cuando venía a Roma más ligero de carga, como sacerdote y  enviado polaco. Este lugar se transformo luego en  remanso y refugio espiritual en medio del trajinar diario en Roma,  donde podía encontrarse con su Madre Maria más a solas dentro o fuera del templo.

 


Y recuerdo nuestro propio periplo en llegar hasta alli,  al salir de la autopista, pasando por pueblitos de vida casi rústica,  cerca de Roma pero  lejos de su ruidosa vida cotidiana.  También para nosotras fue un respiro habernos alejado un poco de aquellos días de tanta actividad  y movimiento (durante la  beatificación de Juan Pablo II)  pero de tantas emociones,  que costaba almacenar todas de golpe y hacía falta alejarse un poco para saborearlas por entero.  Un regalo de Dios, inmerecido como todos sus regalos, que aun me cuesta asumir,  y no  me canso de agradecer.

Cuando llegamos el lugar estaba casi desierto,  hasta dudamos si podríamos  acceder a la iglesia y si encontraríamos a alguien. No tardamos en divisar al  padre Adam quien nos atendió con esmero y dedicación dándonos  instrucciones, consejos y programa del día.  Tendríamos tiempo para visitar tranquilamente el lugar y los alrededores, sentarnos a tomar algo y por la tarde en intimo recogimiento participar del santo rosario y la santa Misa con un grupo de personas que habían llegado al lugar.

Y  recuerdo también con mucha nitidez  nuestro regreso. La bruma que se levantó y envolvió el monte parecía haberse apoderado del lugar para  no dejarnos ir…Nos costó abandonar ese santo remanso y luego partimos casi a  tientas por aquellas serpentinas que a la ida no parecían tan temibles, tan largas como entonces y mucho más altas que a la ida. Toda una aventura. No obstante un dia mágico, enriquecido por sentimientos imposibles de explicar.

 Mentorella, siempre en mi recuerdo!

 

    

miércoles, 29 de mayo de 2019

Mentorella Santuario Mariano escondido entre los montes prenestinos




“Desde la inauguración del Concilio Vaticano II he tenido posibilidad de residir en Roma varias veces, sea por los trabajos conciliares, sea por otras tareas qua me encomendaba el Papa Pablo VI.

En estas ocasiones de mi estancia en Roma he visitado con frecuencia el santuario de la Virgen de la Mentorella. Este lugar escondido entre los montes me atraía de modo especial. Desde él se puede abarcar y admirar la vista magnífica del paisaje italiano. Incluso unos días antes del último Cónclave estuve aquí. Y si hoy he deseado volver otra vez es por varias razones que ahora explicaré.

Antes quiero pedir disculpas a mis colaboradores, a las autoridades locales y a quienes se han ocupado de organizar y realizar este vuelo, porque mi venida les ha ocasionado una molestia más. Al mismo tiempo saludo cordialmente a los habitantes del vecino pueblo de Guadagnolo y a cuantos han acudido aquí de otras localidades cercanas. Saludo a los custodios de este santuario, los padres polacos de la Resurrección. y también al clero del contorno, con su obispo mons. Guglielmo Giaquinta.

En el Evangelio de San Lucas leemos que María, después de la anunciación, fue a la montaña para visitar a su parienta Isabel. Al llegar a Ain-Karim puso toda su alma en las palabras del cántico que la Iglesia recuerda cada día en Vísperas: «Magnificat anima mea Dominum, Mi alma glorifica al Señor». He deseado venir aquí, a estas montañas, a cantar el Magnificat siguiendo las huellas de María

Este es un lugar donde el hombre se abre a Dios de forma especial. Un lugar donde —lejos de todo y al mismo tiempo cerca de la naturaleza— se habla confidencialmente con Dios mismo. Se siente en lo más hondo algo que es la llamada personal del hombre. Y el hombre debe dar gloria a Dios Creador y Redentor; en cierto modo debe convertirse en voz de toda la creación para decir en su nombre Magnificat. Debe anunciar las magnalia Dei, las grandes obras de Dios y, a la vez, expresarse a sí mismo en esta relación sublime con Dios, porque en el mundo visible sólo él puede hacerlo.
En las temporadas de mi estancia en Roma, este lugar me ha ayudado mucho a orar. Y por esto he querido venir también hoy. La oración, que es expresión en distintos modos de la relación del hombre con el Dios vivo, es también la primera tarea y como el primer anuncio del Papa, del mismo modo que es el primer requisito de su servicio a la Iglesia y al mundo.

En los pocos días transcurridos desde el 16 de octubre, he tenido la suerte de oír de labios de personas autorizadas, palabras que confirman el despertar espiritual del hombre moderno. Estas palabras —y ello es significativo— las han pronunciado sobre todo seglares que desempeñan altos cargos en la vida política de varias naciones y pueblos. Han hablado muchas veces de las necesidades del espíritu humano, que no son inferiores a las del cuerpo. Y al mismo tiempo han señalado en primer lugar a la Iglesia como capaz de satisfacer esas ansias.

Lo que ahora digo sea una primera respuesta, humilde, a todo lo que he oído: la Iglesia ora, la Iglesia quiere orar, desea estar al servicio del don más sencillo y, a la vez, más espléndido del espíritu humano, que se realiza en la oración. En efecto, la oración es la expresión principal de la verdad interior del hombre, la primera condición de la auténtica libertad del espíritu.

La Iglesia ora y quiere orar para escuchar la voz interior del Espíritu divino, a fin de que El mismo pueda hablar en nosotros y con nosotros, con los mismos gemidos inenarrables de toda la creación.

La Iglesia ora y quiere orar para responder a las necesidades que nacen de lo más profundo del hombre, que a veces está sumamente agobiado y acosado por las condiciones contingentes de la vida diaria, por todo lo que es temporal, la debilidad, el pecado, el abatimiento, y una vida que parece no tener sentido. La oración da sentido a toda la vida en cada momento y en cualquier circunstancia.
Por ello el Papa, en cuanto Vicario de Cristo en la tierra, desea antes que nada unirse a cuantos tienden a la unión con Cristo en la oración, en cualquier sitio en que estén o se encuentren: como el beduino en la estepa, las carmelitas o los cistercienses en la clausura profunda, o el enfermo en la cama de un hospital en medio de los sufrimientos de la agonía, o un hombre en actividad, en la plenitud de la vida, o las personas oprimidas y humilladas... en todos los sitios.

La Madre de Cristo fue a la montaña a decir su Magnificat. Que el Padre. el Hijo y el Espíritu Santo acojan la oración del Papa en este santuario y conceda los dones del Espíritu a todos los que oran."




jueves, 19 de mayo de 2016

Mentorella: La ermita secreta de Karol Wojtyła (2 de 2)

(continuación de 1 / 2)


¿Por qué Juan Pablo II se enamoró de este lugar?
Mentorella, en el período estivo o durante el fin de semana, está siempre lleno de peregrinos. Durante el otoño o el invierno e incluso durante la semana no hay nadie, se convierte en un eremitorio: muchas veces por la mañana dejamos la puerta de la iglesia entreabierta y por la tarde nos la encontramos como la dejamos, porque no ha venido nadie. EL Papa amaba este lugar, porque podía rezar tranquilamente. No hay ruido. Venìa cuando ya había terminado la estación de caza (en esta región se cazan jabalíes y pájaros) y entonces podía caminar tranquilamente por las montañas. Este era el único momento en que el Santo Padre podía descansar completamente. Por este motivo, el Santuario de la Mentorella se llama la ermita secreta de Juan Pablo II.
La característica particular del Santuario es esta: aquí no hay horario de apertura ni de cierre, este es el lugar donde el peregrino puede llamar siempre al timbre en cualquier momento y pedir confesión, o una conversación. Las visitas del Santo Padre a la Mentorella no estaban programadas, porque el sabía muy bien que aquí había siempre alguien para acoger al Pontífice. Aquí, el se sentía como en su casa.
Mentorella es un lugar difícil para quien no lo ama, porque aquí no es fácil trabajar. Pero de vez en cuando viene el Papa y esto compensa nuestros sacrificios y premia nuestra constancia.

Cuál es la particularidad de los santuarios construidos entre montañas?
El Papa venía aquí tras las huellas de Marìa para cantar su magníficat. Marìa fue a visitar a su prima Isabel atravesando las montañas – explica el padre Adam. Grandes hombres como Benito, Francisco y otros eligieron entre las montañas el lugar donde pudieron encontrar a Dios, lejos de la gente, pero al mismo tiempo cerca del mundo. En aquellas ermitas pudieron rezar y meditar para después volver al trabajo y poder transmitir a los demás todo lo que habían recibido de Dios. Precisamente por este motivo, aquí Juan Pablo II anunció su primer y trascendente mensaje como Papa, sobre la importancia de la oración en la vida cristiana. No olvidaremos nunca su visita oficial a la Mentorella, en octubre de 1978.

Después de la muerte de Juan Pablo, se ha notado un aumento de peregrinos a este santuario?
Si, al día siguiente a su muerte, la Mentorella se llenó de peregrinos, como atestigua el libro de recuerdos, que recoge millares de firmas:  agradecimientos, súplicas, pensamientos. Los peregrinos unen la visita a la tumba de Juan Pablo II a la visita a la Mentorella. Caminan sobre las huellas de Karol Wojtyła. Vienen para poder rezar por él pero también para poder vivir sus mismas emociones y preguntan por los lugares que más le gustaban. A menudo no tengo nada que explicar…


El 29 de octubre de 2005 vino el Papa Benedicto VI. Este es el inicio de la continuación de las visitas de los Papas a la Mentorella.

Paso las hojas amarillentas de los libros de recuerdos del Santuario de la Mentorella. Delicadamente me encuentro con la firma de Karol Wojtyła y leo su dedicatoria: “Vengo aquí todos los años y cada vez con más gusto. Santuario de la Virgen y maravilla de aquel lugar atraen…”
Sobre la Mentorella cae la sombra al atardecer, mientras sopla un viento fresco Con la mirada hacia las cimas de las montañas, les sonrío, como hacía Karol Wojtyla. Ligeramente abierta, la puerta del Santuario me invita a la oración ates de irme. Me arrodillo ante la imagen de la Virgen de las Gracias: “Dale, Señor, el descanso eterno”.

Aleksandra Zapotoczny

Totus Tuus, Nro 5, septiembre 2006

lunes, 16 de mayo de 2016

Mentorella: La ermita secreta de Karol Wojtyła (1 de 2)



Vino aquí, y seguramente se enamoró enseguida del lugar, porque encontró un lugar lleno de un maravilloso amor, un lugar que se puede definir la Casa de María. Por eso volvía aquí a menudo, volvía a pie, subiendo por los senderos de la montaña después de haber dejado el coche a algunos km de distancia de Santuario. Volvía para estar con nuestra comunidad. Volvió aquí poco antes del Cónclave para pedir la protección y la bendición de la Virgen, para poder hacer una justa elección. Y cuando fue elegido Papa, enseguida, lo antes posible, solamente trece días después de la elección, vino para dar gracias y repetir: “Todo tuyo”.

Así recuerda el Padre Adam Otrebski de la Congregación de los Resurreccionistas – encargada desde 1997 de la custodia del Santuario de la Mentorella de las Gracias, a 35 kms de Roma – las muchas visitas de Juan Pablo II al Santuario.   Mentorella es un lugar estupendo y especial, donde el hombre se siente más cerca de Dios, de la naturaleza, de su prójimo y de si mismo.

Karol Wojtyla vino aquí más de 30 veces como cardenal – continúa el padre Adam – pero a la Mentorella vino también siendo obispo – consultor del Concilio Vaticano II. El Car. Stanislaw Dziwisz, su ex secretario, cuenta que cada vez que el Papa sentía la necesidad de una oración particular, por una intención especial, deseaba ir a rezar fuera del Vaticano, y venía precisamente aquí, a la Mentorella. Durante el cargo del padre Adam como custodio del Santuario, tuvieron lugar dos visitas privadas de Juan Pablo II a la Mentorella.
Siempre sin avisar previamente, sólo al último momento: “Padre Rector, tiene 45 minutos de tiempo? Porque el Papa está llegando al Santuario desde la montaña”, así ocurrió en 1997, cuando un policía anunció la excepcional visita al padre Adam, el cual había sido nombrado superior de la comunidad religiosa polaca de la Mentorella hacía solo un mes y medio.



Juan Pablo II venía al santuario después de  haber paseado por las montañas. Cuando era Cardenal, venía desde Capránica Prenestina, a doce km de distancia, o bien desde Pisoniano, recorriendo aquellos senderos de montaña, que hoy llevan su nombre. La visita a la Iglesia, un saludo a Jesús y María,y el encuentro con la Comunidad, pero después de haberse puesto otra vez sus zapatos, pues para recorrer las montañas llevaba calzado apropiado.

En qué momentos del día venía aquí el Papa?
Siempre durante la comida – esta hora es la mejor para un sacerdote – bromea el padre Adam – pero Karol Wojtyla no tenía ningún momento especial, porque aquí se sentía como un peregrino y como se sabe, un peregrino no necesita muchas coas. Acepta saciar el hambre con lo que encuentra en la mesa. La única vez que vino siendo cardenal y se quedó a dormir aquí era su onomástico, y comió una tortilla. Aquí hay siempre huevos, porque en los conventos es frecuente tener gallinas…..obviamente en el gallinero, no en el convento – precisa el padre Adam.

El Papa, divertido, al final de la cena añadió: “Hasta ahora nunca había festejado mi santo en un modo tan solemne….”

Con emoción observo la llave en la puerta, el padre Adam está abriendo la habitación donde se alojó Karol Wojtyla. Las fotos confirman el relato del padre Adam. Los mismos muebles, la ventana. Hay una preciosa imagen de Karol Wojtyla que está mirando desde la ventana, hacia las magníficas montañas a las que envía una sonrisa.

El padre Adam continúa su relato: obviamente el Papa transcurría la mayor parte del tiempo aquí, rezando en la Iglesia. Tenía el breviario, su libro y algo para escribir. Se sentaba ante la Virgen, y cuando podía no dejaba de arrodillarse. Aquí pasaba su tiempo. En esos momentos la iglesia permanecía cerrada a todos y nadie podría molestar la meditación del Pontífice.

viernes, 10 de junio de 2011

Mentorella

(vista del Santuario desde el promontorio donde esta ubicado el altar)




Mentorella….mi querida Mentorella, para mi intimamente asociada, desde el 2005, a Juan Pablo II. Es uno de los santuarios más antiguos de Italia (el año pasado celebro su jubileo de los 1500 años), que después de una época de abandono fue puesto en manos de los sacerdotes resurreccionistas en 1857. Se cree que fue una de las 12 abadías fundadas por San Benito, quien vivió alli en una cueva durante dos años. La Imagen de madera de Nuestra Señora es de mediados del siglo XIII.

Se trata de un Santuario pequeño (me lo imaginaba mas grande) enclavado en una pequeña hondonada/reparo de los Montes Prenestinos a 1000 mts de altura, rodeado de naturaleza que invita a la reflexión y al silencio.
Era el pequeño “refugio” de Karol Wojtyla/Juan Pablo II y es fácil imaginar su predilección: Un santuario mariano cercano a Roma, custodiado por sacerdotes polacos, un remanso de paz en medio de una naturaleza privilegiada reunía todas las condiciones para que el Beato Juan Pablo II se recogiera en oración durante horas (según nos confió el padre Adam).


Era una visita que nos habíamos prometido y que habíamos intentado hacer por transporte público, sin éxito. Es recomendable ir en auto (o alquilarlo).
Ni bien terminadas las celebraciones de la beatificación pudimos regalarnos el viaje a este lugar sagrado que tanto recuerda al Beato Juan Pablo II. Si bien los mapas indican 46 kms (no se ponen de acuerdo en cuanto a la distancia) desde Roma el ultimo tramo se alarga por el camino zigzagueante de montaña. Después de pasar por pequeños poblados prolijamente dispuestos es emocionante llegar al objetivo y visitar con respeto y en silencio la pequeña iglesia, la sacristía llena de fotografías que recuerdan a Juan Pablo II, el altar elevado sobre un promontorio ….e imaginarse al Papa celebrando Misa….invitando a la oración, a la reflexión, a su devoción a la Virgen Maria, a momentos de silencio y de recogimiento….Estar allí es compartir un poco esos momentos y guardarlos en el corazón.



(imagen de madera de Nuestra Señora de las Gracias de Mentorella)
Si bien nos decían que la Iglesia cierra a mediodía, permaneció abierta (supongo que debido a las celebraciones de beatificación) asi que pudimos realizar la visita sin ningún apuro.
Por la tarde junto al padre Adam y unas pocas personas rezamos el Rosario y participamos de la Misa (el altar principal con la fotografia de Juan Pablo II "descubierta" durante la beatificacion)


y luego emprendimos el regreso a Roma, que tuvo su particularidad de misterio….fue toda una odisea bajar por ese camino en serpentinas en medio de una espesa neblina…….


(un hallazgo interesante! en el salon de ventas vendian posters de Juan Pablo II con la imagen de Maria Auxiliadora de los eslovenos - tomada durante su visita a Eslovenia -despues comprendi! es una fotografia del polaco Grzegorz Galazka, el fotografo de la foto oficial de la beatificacion)

(cuando llegamos habia un grupo de polacos a quienes el padre Adam explicaba la historia de la Iglesia)

lunes, 29 de octubre de 2007

Santuario de la Mentorella


En su primera peregrinación fuera de Roma, el 29 de octubre de 1978 Karol Wojtyla, ya como Juan Pablo II, se trasladaba al Santuario de la Mentorella de las Gracias, a 35 kms Roma. Salía de su escoltado “encierro vaticano” y volvía a aquellos montes Prenestinos - con un cierto aire a su querida Polonia, pues el Santuario esta a cargo de los Padres Resurreccionistas polacos, orden fundada en el siglo XIX .

No le era un lugar extraño, había estado alli en numerosas oportunidades cuando era cardenal, buscando la paz y el sosiego de este rincón escondido tan cerca de Roma. Ahora regresaba, ya como pastor del rebaño universal, volvía a esa atmósfera de recogimiento a caminar tranquilamente, a orar y comunicarse con su Madre Maria, cantar el Magnificat y renovar ante Ella su “Todo tuyo”.

Estaba nuevamente allí, en esa ermita secreta adonde queria regresar ahora que era romano porque “la primera tarea del Papa es la oración…. ‘Este lugar me ha ayudado mucho a orar. Y por esto he querido también venir hoy. La oración, que es expresión de la relación del hombre con Dios vivo, es también la primera tarea y como el primer anuncio del Papa, del mismo modo que es el primer requisito de su servicio a la Iglesia y al mundo’..

Comenta el padre Adam Otrebski “el Papa transcurría la mayor parte del tiempo aquí, rezando en la iglesia. Tenía el breviario, su libro y algo para escribir. Se sentaba ante la Virgen, y cuando podía no dejaba de arrodllarse. Aquí pasaba su tiempo”… “…el papa amaba este lugar….no hay ruido….era el único momento que el Santo Padre podía descansar completamente… “el Papa venia aquí tras las huellas de María para cantar su magnificat. .. Maria fue visitar a su prima Isabel atravesando las montañas – explica el padre Adam. Grandes hombres… eligieron entre las montañas como el lugar donde pudieron encontrar a Dios, lejos de la gente, pero al mismo tiempo cerca del mundo. …donde pudieron rezar y meditar para después volver al trabajo y poder transmitir a los demás todo lo que habian recibido de Dios” (Totus Tuus, septiembre 2006)